Advertencia: Este episodio tiene ALTO CONTENIDO SEXUAL que menores de edad NO pueden leer, ya están avisados. No me hago responsable de lo que pase después.
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Capítulo 7: Fuego y Pasión
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El mundo está absorto de lo que a ti y a mí nos une, del fuego que nos consume al ser víctimas de la soledad ardiente.
Nos quemamos la piel en cada beso, en cada caricia, en cada roce que despierta pasión.
Somos almas perdidas que buscan un cálido refugio.
Somos uno solo ante la presencia del amor.
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Sus ojos observaban el fuego de la chimenea encendida, tal vez por la atracción y fuerza con que las llamas ardían, y no por otra cuestión emocional como empezaba a creer Sakura. En una encorvada posición de rodillas cruzadas y brazos reposando sobre sus muslos, Naruto continuó ido, ignorante de aquella mirada color jade que lo veía desde atrás. Sakura estaba de pie y con una toalla rodeando su antebrazo, hechizada ante el espectáculo. El Séptimo no era consciente de lo hermoso que lucía con su espalda desnuda, pantalón naranja, cabello mojado (y por consiguiente adherido a su frente), rostro serio y mirada ausente.
Hubo una leve presión en su pecho.
Lo amaba.
No existía duda de que lo quería como una adolescente enamorada, quizá más.
—Naruto —llamó despacio, él giró a verla con los orbes brillando, ilusionado—. He traído esto, lamento no poder conseguirte otras mejores —dijo al estirar una toalla blanca de pequeño tamaño, Naruto la agarró y entre ambos hubo un roce de manos—. Estás... helado.
El rubio sonrió.
—No te preocupes, Sakura-chan. Estar aquí me servirá.
—No es bueno que tu temperatura baje tanto —murmuró, preocupada. Echó un vistazo a la amplia sala pero a simple vista no halló nada, volvió su mirada a la Naruto y suspiró, poniendo ambas manos en su cintura—. De haber sabido que esto pasaría habría metido las medicinas en mi equipaje, no tengo algo para resfriados.
—Yo sí.
—¿Donde?
El ninja agrandó su sonrisa y extendió una mano hacia ella, moviendo la cabeza hacia sus piernas —No es medicamento, sino un método antiguo que yo mismo inventé. Acércate a mí, Sakura-chan. Acompáñame un rato.
La médico entrecerró los ojos, desconfiada —¿En qué locura andas pensando?
—En nada malo, solo quiero tenerte junto a mí.
El sonrojo de Sakura fue involuntario, al igual que resultó imposible no aceptarle el ofrecimiento. Colocó su mano sobre la de él, Naruto la atrajo con un sencillo tirón, incentivándola a tomar lugar en medio de sus extremidades inferiores. Sakura se sentó con la espalda pegada al torso de Naruto, entrelazó sus dedos (porque en ningún momento soltaron las palmas del otro) y vio directo a la chimenea, respirando aliviada. Uzumaki descansó la barbilla en el hombro femenino.
El contacto piel con piel la hizo estremecer.
—Estás muy frío, Naruto.
—¿Te molesta? —cuestionó en su oído.
El aliento le sofocó la oreja.
—No, solo me preocupa. No cuento con los implementos necesarios en caso de que enfermes.
—No hace falta, Sakura-chan.
La chica rió con suavidad —Baka, a ti nunca te ha importado tu salud, siempre te arriesgas por los demás.
—Ya extrañaba tus regaños, dattebayo.
Besó la nuca femenina y comenzó a olfatear su melena, cerrando los ojos. Sakura negó.
—Es la verdad, ¿o acaso ya olvidaste todo el sufrimiento que has pasado?
—No, no lo he olvidado. Es solo que prefiero no recordar eso.
La alegre expresión de Sakura terminó desapareciendo.
—Yo en cambio lo tengo siempre presente.
—¿Porque?
—Porque soy la causante del dolor que has vivido, si no te hubiese pedido que trajeras a Sasuke-kun de vuelta... hubiera evitado mucho sufrimiento.
Naruto no estuvo de acuerdo.
—Lo que sucedió no es de tu responsabilidad, yo decidí ir en busca del teme, nadie me obligó —suspiró contra sus hebras rosadas, liberó la mano de Sakura y le llevó a su rostro, forzando a que lo mirara—. Tú no tienes la culpa de nada, tu menos que nadie.
Sakura vio sus ojos azules tan cerca que no supo la respuesta, salvo una pregunta que quería formular desde hace tiempo y que por azares del destino empezaba a recordar.
—¿Porque te enamoraste de mí?
—¿Eh?
—Quiero saber porque te fijaste en mí, y no en otra mujer.
El rubio hizo un mohín al torcer los labios, una pose que no lo veía emplear de años atrás.
—Es difícil contestarte, 'ttebayo.
—Baka.
—Está bien, trataré de explicártelo con palabras simples, Sakura-chan —murmuró al verse derrotado por sus ojos verdes, que en un modo casi automático, brillaron con escandalo al compartir mirada con él—. Tú eres todo lo que yo he soñado, incluso más de lo que esperaba encontrar en una chica. Yo me enamoré de ti desde el primer día en que te vi, sentí mi corazón saltar, te amé completa y lo sigo haciendo. Eres increíble, la mejor kunoichi, amiga, mujer, hija, compañera, todo. Tú eres la mejor y la más hermosa de todas —se detuvo un segundo al presenciar la emotividad de Sakura, parecía conmocionada, feliz. Él le apretó los dedos con cariño, había olvidado que sus manos seguían unidas—. Me encantas, me fascinas, me gustas como a nada en el mundo. Amo tus ojos, tus cejas, tu piel, tu boca, tu cuerpo entero, pero más que todo tus sentimientos. Adoro la forma en que tratas a la gente, tu sonrisa, tu alegría, tu carisma, tu profesionalismo. Eres la indicada, la única, la que querré siempre junto a mí.
Para cuando acabó ya Sakura tenía los orbes vidriados, una sonrisa de total sinceridad y las pupilas dilatadas. Naruto quiso agregar algo más.
—Tu frente es tan hermosa que me dan ganas de besarla, tus labios me enloquecen, me vuelven loco, Sakura-chan.
La joven borró aquella facción que mostró segundos antes y adoptó una posición de absoluta perplejidad, frunciendo las cejas.
Molesta.
Enojada.
Entró en cólera.
—Así que fuiste tú, eh.
Naruto parpadeó —¿Yo qué?
Y justo en ese momento una bofetada contra su mejilla lo mandó lejos, estrellándolo con la pared.
Sakura se levantó con una vena latiendo en su frente, rechinó los dientes y alzó el puño hacia él.
Pura furia.
—¡¿Tienes idea de lo que significó eso para mí, Naruto?! ¡Respóndeme!
El rubio apenas la escuchaba.
—S-sakura-chan, ¿y ahora porque me pegas?
—¡Por baka! ¡Porque ese día me sentí la chica más privilegiada del planeta al creer que Sasuke-kun elogiaba mi frente grande! Y ahora me entero que fuiste tú y no él —Su rabia creció todavía más—. Eres un tonto.
Con esfuerzo y la nuca doliendo, Naruto abandonó el suelo, mantuvo la palma en su cabeza y caminó hasta ella, intentado remediarlo. Sakura no lucía muy comprensiva que digamos. En sus ojos había llamas ardientes.
—Perdón por no decírtelo antes, yo era pequeño en ese entonces, no quería que me rechazaras.
Sakura bufó —Aun actúas como niño.
—Lo lamento. —susurró con tono lastimero, hombros decaídos a causa del desánimo.
Ella lo miró y sonrió enternecida, negando con la cabeza. El rubio continuaba siendo infantil.
—Ya, tampoco es para que me armes una escena de cachorro arrepentido, no te odiaré por eso.
—¿Lo dices enserio, Sakura-chan?
—Sí, tonto.
Naruto rascó su nuca con una sonrisa boba en los labios —Haces que te ame más, dattebayo —musitó, tomándola del rostro y depositando un beso en su boca, cariñoso como de costumbre.
Por inercia Sakura ubicó las palmas en los abdominales masculinos, notando luego que Naruto hervía en calentura y seguía oliendo a lluvia, rompió el ósculo y lo vio de cerca. Ambas frentes unidas.
—Estás ardiendo en fiebre, Naruto.
Él negó —Me siento bien, a tu lado siempre lo estoy, Sakura-chan.
—Debo revisarte ahora.
—No tienes porque.
Sakura condujo su mano a la muñeca de Naruto, la palpó unos segundos y creó distancia, jalándolo mientras retrocedía. Naruto la observó con intensidad.
—Vamos a la recamara.
No contestó, ella lo guió en silencio por el estrecho pasillo, viendo de soslayo que Naruto lucía ansioso, tal vez inquieto. Ambos llegaron a la puerta del cuarto y entraron sin pronunciar palabra, cuando Sakura volteó hacia él, Naruto miró sus labios y después sus ojos, indicando lo evidente.
Quería besarla.
Robar su aliento y no soltarla jamás.
Sakura lo contempló a escasos centímetros, hizo un esfuerzo inmenso por contenerse y no comerle la boca a besos, suspiró fuerte, clavando sus orbes en los de él. Por momentos creía no resistir. La proximidad le estaba costando todo su autocontrol.
—Acuéstate en la cama, te bajaré la fiebre con pañuelos y agua fría.
El chico afirmó.
Fue a paso lento al colchón y recostó su cuerpo a un lado de la orilla, la vio saliendo del cuarto y volver con una taza grande de líquido transparente que podía asegurar era agua, intercambiaron miradas, presos de la tensión.
Él la deseaba con locura, ella intentaba no caer en tentación. Uno ardiendo por el otro y viceversa.
Demasiada atracción.
—Te pondré esto en la frente, trata de no moverte o será en vano.
—Hay mil maneras en que puedes curarme, Sakura-chan —propuso con los ojos brillando, pupilas dilatadas que no abandonaron el rostro femenino en ningún instante, y la perforaban cada vez más—. Solo debes darme un beso, ya lo demás es obra mía.
Los pómulos de Sakura enrojecieron furiosos, negó en un cabeceo, mostrando una pequeña sonrisa que, para remediar, era de pura coquetería oculta. El corazón de Naruto palpitó desbocado.
—Siempre supe que tu viaje con Jiraiya-sama no tendría buenos resultados, baka pervertido.
—Me enseñó muchas cosas.
—De sus libros, supongo —murmuró al extraer la toalla mojada, la colocó sobre la frente masculina, pensando en apartarse rápido, lástima que Naruto fue más veloz y la retuvo de la cintura al agarrarla desprevenida, fusionando ambos troncos. Sus caras quedaron muy cerca, nerviosismo total—. Naruto, contrólate o no sanarás hoy.
—Yo sé que lo quieres tanto o más que yo, Sakura-chan, no te niegues a esto que sentimos —La mujer puso las manos encima de su pecho como modo de alejamiento, pero Naruto, consciente de sus puntos débiles, arrastró las palmas a su nuca y cuello, besando la piel que estaba por debajo de su mandíbula. Sakura en respuesta le sujetó de los cabellos, tirando y revolviéndolos con desenfreno. El joven la vio cerrar los ojos desde su posición, la tenía montada sobre su cuerpo con una pierna a cada lado; cubierta por un fino camisón rosa y desprendiendo aroma a cerezos, vulnerable ante su tacto—. Quisiera comerte toda.
Debido a la comprometedora postura, y a que Naruto traía empapado el pantalón, Sakura pudo sentir la erección crecer bajo la tela, rozar su plano vientre. Mordió sus propios labios y agitó la cabeza, tratando de negarse placer. Él parecía el fuego mismo.
Fogoso.
Caliente.
Sofocante.
Un pecado irresistible.
—E-espera... Naruto, aun tienes fiebre.
—No importa.
—S-sí, sí importa —Hasta colocó ambas extremidades en el cabecero de la cama y se aferró al tubo, dispuesta a no ceder, pero Naruto sabía de eso y la estrechó entre sus brazos desnudos, subiendo poco a poco a su mentón—. Por kami... d-detente ya, Naruto.
La fricción de sus pechos contra los formados pectorales la estaban encendiendo, creyó arder de deseo, de pasión no consumada, excitada por él.
—Permíteme continuar, Sakura-chan. Nada más un poquito, por favor.
Deslizó los labios entreabiertos hacia su boca, ansiando devorarla. Sakura percibió el aliento tibio chocando contra su mejilla y giró el rostro, acariciando su boca con la de él. Se vieron a los ojos por un momento, en medio de la magia, encanto y dulzura, la lujuria terminó ganando lugar. Ella prefería morir a no vivir esa sensación. Lo traía bajo su dominio.
Naruto adivinó lo que pensaba.
—Yo te pertenezco, soy tuyo, siempre lo he sido.
Algo creció dentro de Sakura, quizás un sentimiento, la emoción, el autoestima, la esperanza, tal vez un oscuro deseo, no lo sabía a ciencia cierta, pero lo que Naruto sí aseguraba es que su mirada no era la misma. Había un brillo, una luz, un destello sin igual.
Seducida.
Sakura estaba en su máximo límite.
Iba a perder la noción de la realidad. No existía Sasuke, Hinata, la Aldea, nada, únicamente el ardor que hacía hervir sus venas y regresaba en ese preciso instante, fuerte como nunca antes. Los pómulos teñidos de un rosa oscuro.
La exasperación aumentando.
—Haré que no te queden energías para ninguna otra mujer, Naruto.
El rubio juraba jamás haberla oído hablar tan enserio.
Cortó espacio y la besó con una pasión ardiente, sorprendido ante la forma que Sakura correspondía a sus caricias, profundizando, bebiendo de sus labios la fuente de agua dulce. Sakura llevó las manos a su rostro y buscó desesperada su lengua, para luego unirlas en una especie de enredo que los dejaría pronto sin aire, carentes de aliento. Los dedos del chico, largos y morenos, rozaron con insistencia el vuelo de la bata rosada, alzándola y tocando la piel de las nalgas de Sakura que, para su suerte, tembló junto a la caricia y calentó a raíz de su tacto, erizándole los finos vellos corporales. Un gemido resbaló a su garganta. Sakura trataba de mantener aunque fuese un mínimo de control.
Falló en el intento.
Naruto puso ambas manos sobre la tela de su prenda interior y la fue jalando hacia abajo, mientras en un movimiento rápido, casi inesperado, dirigió su boca al tirante de la bata, tomándolo entre los dientes. Ella se excitó todavía más con el sonido del beso roto y decidió sembrar ósculo tras ósculo en la línea de su pómulo, descendiendo cada vez más hacia su cuello, sitio en que lo mordió con suavidad y siguió saboreando, presa de su olor. Ese innato perfume de Naruto, dulce y salado, degustándolo con afán. El rubio, satisfecho de haberle sacado la tanga, acomodó su cintura de modo que la latente erección estuviera bajo su sexo, y ambos compartieran un poco de eso que a él lo andaba matando. El calor. Fiebre. Deseo.
Sakura detuvo el camino de besos ensalivados que iba marcando a su paso, ubicó las palmas en sus pectorales y creó distancia, enderezando la espalda. Lo vio desde su altura, hechizada. El golpeteo de su corazón subía y bajaba de ritmo, incluso el abdomen se le contraía y volvía a su forma natural, expuesta como nunca creyó estarlo antes. Sus ojos brillaban más de lo usual, casi como luceros en una noche oscura. El chico, objeto único de su mirada, la agarró de las muñecas e hizo a sus manos pasear de arriba abajo sobre su propio torso, incentivándola a tocar. A que también dejase huellas húmedas con sus labios hinchados. Una locura.
Demencia.
Un gesto de extrema provocación.
Para su deleite y pleno gozo, Sakura se quitó la bata al sacársela por la cabeza, su cuerpo semidesnudo, víctima de la helada brisa que entró sacudiendo todo, terminó por estremecer al toque de los dedos masculinos contra su piel. Blanco como la nieve, caliente como la lava. El volcán hizo erupción.
Un ajustado brassier de copa negra y encaje, que empleaba sus funciones al presionarle los pechos, fue la siguiente prenda que descartaron las manos de Naruto, ásperas al igual que una roca vieja, pero grandes para no ser confundidas por ninguna otra. Unos redondos y medianos senos obtuvieron la atención del rubio, quien pese a no soportar la ansiedad y endurecimiento de su miembro, optó por ir con gentileza y no estropear el hermoso momento, acariciándolos primero. Los abarcaba con su palma y masajeaba, tomando el erecto pezón entre sus dedos, repitió el proceso una y otra vez, atento a los gemidos de Sakura. Ella cerró los ojos y soltó quejidos con total abandono, despegando los labios. Naruto la miró a la cara.
Un rayó iluminó el cielo y las luces dejaron de alumbrar.
No había luz, tampoco electricidad.
La habitación cayó en penumbras.
—Abre tus ojos, Sakura-chan.
Error.
La aludida elevó los parpados y le dedicó la más hermosa de las miradas, inclinando el troco hacia él. Pronto no existió espacio que los apartara, Naruto deslizó las manos por sus muslos, la levantó para que quedara unos centimetros más arriba, la vio buscando su propia boca. Sakura lo besó con intensidad; saboreando, enredando su lengua con la de él por décima vez, hambrienta como nadie. El joven correspondió entusiasta, profundo, tratando de premiarla. De manera inesperada Sakura rompió el ósculo, descendió al pecho masculino y tocó la tetilla de Naruto, soplando después contra ella. Naruto cruzó las palmas detrás de su nuca y la observó actuar, sin comprender a que iba. Parecía tramar algo.
Sacó la lengua y lamió el pezón del chico, pegó sus labios a él, succionó despacio.
Las mejillas de Naruto enrojecieron.
—S-sakura-chan, ¿qué haces, dattebayo?
De repente jaló con fuerza.
—¡Sakura-chan!
Cierto, aquel era un punto sensible y no debía ser maltratado, pero es que lucía tan atractivo entre toda esa piel bronceada, que Sakura no resistió las ganas y lo hizo, perdiendo la cordura. Lo miró a modo de disculpa y continuó bajando, encontrándose con unos abdominales perfectamente moldeados, rellenos, justo del tamaño que requería. Abrió la boca e intentó cogerlos entre sus dientes, pero la respiración agitada de Naruto, junto al sudor que humedecía su epidermis, imposibilitó la tarea y la obligó a retroceder, sintiendo su mirada recorriéndola. Por inercia los ojos de Sakura acabaron fijos en el pantalón, en el bulto que resaltaba, en el trozo de carne que esperaba por ella.
—Tú...
¿Así sonaba voz? ¿Desde cuando hablaba tan bajito?
—Me quitaré esto en un segundo, dattebayo.
Sakura lo detuvo apenas notó que pretendía desabrochar la pretina del pantalón.
—No —dijo con firmeza, apartó las extremidades del kitsune y sujetó el filo de la prenda, viendo sus ojos azules. A él lo recorrió un escalofrío—. Yo quiero desnudarte a mi manera.
¡Dios!
—Puedes hacerme lo que quieras, Sakura-chan.
Y en definitiva, aquella no era una propuesta cualquiera.
[…]
¿Cómo fue que acabaron en tan indecorosa situación?
Sakura le había dicho que ella misma lo desnudaría, hasta lo miró con deseo, ¿entonces porque él seguía de pie frente a la cama y desnudo enteramente?
La respuesta estaba en que Sakura quería verlo completo, transpirando. Quizás esa era una fantasía.
¿Pero con qué propósito?
—¿Sakura-chan?
La mujer lo veía con excesiva adoración, presa de la conmoción, de sensaciones ardientes, devorándolo con la mirada. Estaba arrodillada sobre un extremo del colchón, justo delante de Naruto. Estiró el brazo y movió los dedos, llamando a su amante.
Él caminó hasta tenerla cerca.
Sakura pasó los brazos por encima de sus hombros, se abrazó a su cuello, Naruto la rodeó por la cintura.
—Necesito que me prometas algo.
—Lo que sea, Sakura-chan.
Frotó su mejilla contra la de él y lo encaró, ojos azules que brillaban en la oscuridad.
—Júrame que me amarás siempre, solo a mí, Naruto.
El chico afirmó y le agarró del rostro, la acercó, idiotizado ante su presencia.
Se besaron con pasión; lento, suave, profundo, disfrutando como nunca. Naruto la cargó sin problemas y ambos terminaron en medio de la cama, pegados, con las piernas femeninas rodeándolo y él apoyando los codos a cada lado de su cabeza, volvieron a compartir un ósculo húmedo, mojado en saliva. Ella sintió su miembro llenarla, entrar desde afuera y ocupar todo el espacio que había en su interior, incluso hasta más. Duro, fogoso. Grande. Un golpeteo en su bajo vientre exigía movimiento. Naruto la estaba enloqueciendo.
Una.
Dos.
Tres, cuatro.
El rubio comenzó a embestirla, ni muy rápido ni muy lento, empleando solo movimientos directos y seguidos, firmes, seguros, oyó un gemido y volteó a verla, sosteniendo la mirada. Fue hacia atrás, luego la penetró más hondo. Sakura comprimió los labios para no gritar de éxtasis, ladeó la cara, tratando de sobrellevar la presión de ahí abajo. Sentía sus paredes internas ardiendo, cerradas al miembro de Naruto, propensas a un orgasmo que no demoraría en llegar. Buscó desesperada una almohada o sabana que arrugar, pero antes de que pudiese hallarla, Naruto sujetó sus muñecas y las acomodó por encima de su rosada melena, entrando con mayor fuerza. El impacto de sus sexos iba creciendo.
Naruto estaba descontrolado.
Quince.
Veinte.
Treinta y cinco.
Sakura perdió la cuenta.
—Na... mmmm —Y aquello la prendía, mordió sus propios labios y echó la cabeza para atrás, arqueando la espalda—. N-naruto.
Como si no fuera suficiente escucharla gemir, Naruto le soltó las extremidades y bajó el rostro a sus senos, tomando uno con su boca y otro con la mano, atendiéndolos a ambos. Lo chupó tan ansioso que sus mejillas flaquearon.
—N-naruto, Naru... to.
Pasó las manos por sus muslos hasta las rodillas, dobló las piernas de Sakura y la pegó a su propia cadera, mejorando el ángulo de penetración. Iba al eje exacto, al muro final, hasta el tope. Completamente dentro. Sin salida ni devolución.
—Ay. —sollozó ella, con los pómulos colorados y la frente perlada en sudor, arrugando la tela de su bata que por casualidad encontró a un lado.
Naruto suavizó la fricción, optando por ir con delicadeza y no lastimarla. Buscó su boca y la besó. Tierno. Amoroso. Pidiendo perdón.
La ninja correspondió al tacto y abrazó el tronco masculino, lista para seguir.
Él la amó más.
[…]
Era de día.
Tsunade asintió y entregó los informes a Ino, satisfecha por el trabajo.
—Has mejorado en cuanto a análisis sanguíneo, vas bien por ahora.
Ino sonrió —¿Lo dice enserio, Tsunade-sama?
—¿Cuando he bromeado? —preguntó, elevando una ceja.
—Nunca.
—...
—¿Requiere de otra cosa que no sea esto? Quiero aprender más.
—No es necesario, tú ya haces una buena labor, además, Sakura vendrá en pocos días.
Ino suspiró —Sí, es cierto.
—Puedes marcharte, ve y sigue trabajando.
—Sí, enseguida —dijo al emplear una reverencia, giró y emergió de la oficina, sosteniendo varias carpetas en los brazos. Extrajo su celular a mitad de camino, seleccionó un contacto y escribió un mensaje, mandándolo después.
Sonrió.
"Enorme favor me debes, frentezota".
Su mueca creció.
[…]
Fastidiosa.
El resplandor del sol en pleno amanecer le iluminó de lleno la cara, generando una molestia que la obligó a tallarse los parpados y evitar la luz directa, víctima de los rayos anaranjados. Por eso despertó de su sueño cobijador. Parpadeó dos veces, terminó de abrir los ojos al sentir la almohada en lugar de un cuerpo, vio un espacio vacío, volteó a todas las direcciones en busca de la presencia masculina, hallando solo la recamara y sus pertenencias. ¿En dónde estaba ese baka? Sakura escuchó ruidos venir de la cocina y respiró aliviada, dejando aparte la ansiedad. Echó una miradita a su aspecto, ¡había dormido desnuda!, cierto que hacía calor y todo lo demás, pero el motivo de su rubor era otro. Ella y Naruto tuvieron intimidad la noche completa.
Sin descanso.
Sin parar.
Seguido hasta la madrugada.
La cama era desastre total.
Sakura suspiró, negó con la cabeza y caminó al baño, sosteniendo la sabana que cubría en mayor parte su desnudez. Entró al cubículo, cerró la puerta, miró su propio reflejo en el espejo y tragó saliva. Parecía una misma gata recién levantada. La melena toda despeinada, los labios pálidos, chupetones en el cuello, ¿acaso sus ojos brillaban? La joven se vio obligada a eliminar distancia y verificar que sus jade sí lucían más intensos de lo normal, para su mismo asombro. Deslizó un dedo por las marcas rojizas anexadas a su piel, corroborando el origen de todas ellas. Naruto las había puesto allí. Y junto a eso vinieron recuerdos recientes de lo que sucedió la noche pasada; las caricias, los gestos, las muecas, sus gemidos.
Los pómulos le enrojecieron al rememorar como terminó el acto... y la forma en que lo desnudó.
Sus dedos delinearon el borde del pantalón, tentando a la suerte, Sakura, consciente de lo que hacía, desabrochó el botón y apartó las manos enseguida, viéndolo desesperado. Naruto puso los codos como base para mantener el torso inclinado hacia delante, deseoso de ver lo que Sakura tenía preparado para él. Sus miradas coincidieron.
Ella llevó las manos a cada extremo de su cadera y tiró la prenda hacia abajo, retirando también el bóxer, Naruto respiró sofocado, impaciente por tenerla. Al no vislumbrar nada por la oscuridad de la habitación, Sakura tanteó el vientre de Naruto y jadeó sorprendida al encontrar un bulto, una especie de faro que latía bajo su tacto pidiendo atención. Identificó el miembro masculino pese a las penumbras, lo movió de arriba abajo, siguiendo sus propios instintos y los roncos gemidos de él. Naruto la detuvo y negó con la cabeza, manteniendo los ojos cerrados.
Iba a estallar.
—N-no, Sakura-chan, hoy no.
—¿Porque?
Naruto la vio —Harás que acabe pronto, y yo necesito hacerte el amor toda la noche. Dejemos eso para otro día, 'ttebayo.
—Sí.
—Pídeme lo que sea que yo lo hago.
Los orbes jade volvieron a brillar ilusionados —Desvístete para mí, Naruto —solicitó, conduciendo una mano a la boca del rubio, una vez ahí; el Uzumaki separó los labios y succionó su dedo, bañándolo en saliva. Sakura mordió sus comisuras, lo miró a los ojos—. Te quiero ver desnudo al pie de la cama.
—¿Para qué?
—No preguntes, solo hazlo.
Jamás revelaría que amaba contemplarlo encuerado, que la encendía su piel morena, que la sangre le hervía por sentir esos músculos apretándola, que era un delito desearlo tanto. Nunca lo sabría. No. Sakura pretendía mantenerlo en secreto, en su mente, en sus recónditos pensamientos. Al igual que sus otras fantasías más.
¿En qué demonios estaba pensando cuando llevó a cabo esa idea? Sakura reconoció la verdad: había perdido la razón al caer en sus brazos, en sus redes ardientes, en la laguna de lava que definía como sus besos. Loca. Desenfrenada.
Actuaba con desinhibición.
Suspiró cansada, agarró el cepillo de dientes y dentífrico, bostezando. Comenzó el aseo de su cavidad bucal y recordó los ósculos de Naruto, aquellos que la dejaron sin aliento. Embobada. Ansiosa.
Profundizó de una manera tan apasionada e intensa que ella creyó ahogarse, incluso cuando él trataba de darle oportunidades para inhalar, Sakura prefería reanudar el beso y saborear su aroma de nuevo, sosteniéndolo por la nuca. Era una lucha incansable de voluntades y deseos ocultos, una llamarada que los consumía en su totalidad. Ambos, sudorosos y exhaustos, intercambiaron otro ósculo superior a los demás que terminaría agotándolos a los dos; Naruto unió su lengua a la de Sakura y batalló dentro de su boca, intentado ganar campo, pero la chica, hambrienta como jamás imaginó estarlo antes, ladeó el rostro a un ángulo contrario y aspiró sus labios, quedando el inferior entre sus dientes.
Naruto la volvió a embestir.
—Ah. —gimió arañándolo, Naruto soltó un quejido al percibir el ardor de unas uñas rasgando su espalda. La poseyó más suave, sujetando su cabeza.
Sakura lo abrazó por debajo de las axilas, maravillada, tocó la piel a su alcance y sintió los músculos de Naruto en plena contracción, lo cual la excitó más. Elevó el rostro (que estaba retenido por las manos masculinas) y atrapó el lóbulo de su oreja entre los labios, aspirándolo con ternura. Comenzó a repartir ósculos mojados por la longitud del cuello de Naruto, mordiendo y succionando repetidas veces, él incrementó la velocidad del vaivén y buscó su boca, la besó con desesperación. No descansaba ni un segundo, siempre hallaba la forma de estar en todos lados, haciendo que perdiera su sano juicio. Naruto era un hombre extremadamente apasionado, entregado, complaciente... y muy fogoso. Caliente.
Con apenas una sábana cubriéndoles lo necesario (de la cadera hacia abajo), la pareja de amantes siguió intercambiando caricias, gestos, roces, ósculos, miradas, incluso hasta el aliento. Duraban muchos minutos con los labios unidos, jugando a comerse. Ella tenía las piernas alrededor de él, firme, flexionadas, empleando un encierro total. Naruto pegó su frente a la de Sakura, bajando la rapidez de sus embestidas y viéndola sudar. Su cabello, amarillo como el mismo sol, le caía encima de la cara al igual que gotitas resbalando a su barbilla. Humedecido. Empapado. Sedoso. La médico cerró los ojos y mordisqueó sus propios labios, víctima de una punzada que la aturdía desde hace rato. Estaba agotada. Ya debían reposar. Su cuerpo lo pedía.
—N-naruto.
Él la sostuvo de la cintura y se movió con urgencia, generando en ambos una sensación que conocían, que marcaba el límite de sus fuerzas. De repente paró, respiró hondo y la vio con sus orbes brillando, como quien da la sentencia final. Sakura le devolvió la mirada, sí, pero de mayor intensidad, de más luz. Naruto retrocedió sin salir por completo de su interior, tomó impulso (aprovechando que la retenía de la cadera) y la penetró una última vez, causando la llegada del orgasmo, el temblor de Sakura y un ronco gemido por parte suya.
Ella no toleró la presión en su bajo vientre, por eso gritó y sollozó despacio, presa del calor. Un líquido la recorría por dentro. Su mente quedó en blanco.
—Sakura-chan. —llamó Naruto, logrando que volviera a la tierra y saliera de su trance. A la joven le costó bastante renunciar a ese éxtasis, enfocó la vista al pestañear tres veces y sonrió enternecida, jadeando todavía. Naruto la miró, preocupado.
—Estoy bien, me siento... p-perfecta —Y no era mentira, por su santa madre que decía la verdad. Sakura solo requería de unos minutos para recuperar la conciencia, el sentido de la realidad. Lo atrajo de las mejillas y le besó, manteniendo la cercanía al romper la conexión—. Te amo, Naruto. Te amo. —suspiró contra sus labios.
Él se echó a un lado y la abrazó con cariño, oliendo su melena. El rostro de Sakura estaba oculto entre sus pectorales.
—Yo más, dattebayo —dijo apretándola, exhaló largo y cansado, sonriendo feliz. Parpadeó ante el movimiento de unas piernas cruzando las suyas. Alzó la cabeza, tratando de verla—. ¿Sakura-chan?
—...
—¿Me oyes, Sakura-chan?
Inclinó más la cara y la observó dormida, "creo que me excedí". Le acomodó unas hebras por detrás de la oreja, besó su frente y la acobijó.
Aquella noche era la segunda vez que dormían juntos, no como compañeros ni amigos, sino como la pareja de enamorados que eran. Otra... de muchas más que pasarían a partir de ahora.
Inolvidable.
Maravilloso.
Mágico.
Los pómulos de Sakura enrojecieron, ¿que había sido todo eso? ¿Desde cuándo ellos se deseaban así? Esa manera tan ardiente de hacer el amor la dejó exhausta, la llevó al paraíso, a un mundo de sensaciones exquisitas. Deliciosas. Acabó rendida al placer que le despertaba él. Naruto era fuego, uno que la calcinaría de seguir en ese plan, pero entonces debía admitir que ella también lo era, no con Sasuke, sino con Naruto. El Uzumaki provocaba en su interior lo que ningún otro conseguía, ni siquiera su esposo. Resopló aun ruborizada y abandonó el baño, yendo a la cocina.
Un aroma flotaba en medio de la sala.
—Huele riquísimo —murmuró, intrigada, caminó hasta la área de dónde provenía el olor. Naruto, de espaldas y con un delantal amarrado a la cadera, meneaba de un lado a otro las verduras que había cortado con anterioridad, silbando contento. La joven arqueó ambas cejas—. No sabía que cocinabas, Naruto.
Él volteó a verla y dejó la cuchara en el sartén, andando hacia ella —Sakura-chan, buenos días —saludó antes de besarla, Sakura puso las manos en su abdomen y correspondió al tierno gesto, feliz de tenerlo—. Preparo un desayuno nutritivo, ¿tienes hambre?
La medico asintió.
—Muchísima, ¿qué es lo que sazonas?
—Ve y compruébalo tú misma, dattebayo.
Sakura se acercó a las estufas encendidas e identificó una olla de agua hirviendo, un sartén con huevos fritos, otro con carne condimentada y en el mesón la tostadora de pan. Sonrió divertida.
—Baka, ¿no te parece demasiada comida? Solo somos nosotros.
—Supuse que dirías eso —habló riendo, rascó su nuca con la mano vendada y la vio negar como de costumbre—. Yo tengo bastante hambre y tú también, además, esto no es solo para el desayuno. Hay cosas del almuerzo ya hechas.
—Todo luce sabroso.
Naruto la abrazó desde atrás y olfateó su cabello —Tú hueles mejor, Sakura-chan.
—Eres un pervertido. —insultó sonrojada.
—Quiero preguntarte algo y necesito que me respondas con la verdad —susurró bajito, ella giró el rostro para mirarlo y el rubio la vio a los ojos, buscando algún indicio de mentira—. Anoche cuando hicimos el amor... yo... ¿fui muy brusco, te lastimé?
—¿Porque lo mencionas?
—No lo sé, es una duda que tengo, dattebayo.
Sakura lo miró con dulzura —No, no me hiciste daño, tu eres incapaz de lastimarme. Lo que me ocurrió es normal.
—¿A qué te refieres?
—Es una condición del cuerpo al pasar meses sin tener intimidad, mi... genital vuelve a su tamaño normal, por eso es que me dolió un poco, pero no fue tu culpa.
—Me preocupaba haberte causado mal.
—Te repito que no, ya estoy bien, mejor que nunca.
Él llevó la palma a la mejilla femenina y la acarició, viendo a Sakura de cerca —Te amo cada vez más.
—No tanto como te estoy queriendo yo, Naruto.
Cortó espacio y lo besó en la boca con las ganas de siempre, con el deseo que ardía en su pecho y la consumía al estar al lado de Naruto. El chico la hizo voltear y entreabrió los labios, esperando la iniciativa. En respuesta, Sakura lo sujetó de la nuca y profundizó.
Los dos amándose con locura.
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[…]
N/A: Asdjksda xD Creo que me pasé, esos lemon fueron muy explícitos y largos, justo como quería. Me siento satisfecha conmigo misma. La estadía en esa cabaña sigue, así que como ya supondrán, las escenas hot continúan en el siguiente capítulo titulado "Enamorados". Ah, y también tendremos momentos melosos. Gracias por todo.
Hasta la próxima, Shoseiki.
