07.-Bomba

A/N: Post-Rebellion


La culpaban.

A estas alturas, probablemente el 80% -si es que no la totalidad- de la responsabilidad referente a la salud mental y física de Madoka recaía en ella. Toda la angustia, todos los llantos, todas las crisis nerviosas. El ser la crisis nerviosa.

No necesitaba que se lo dijeran, lo tenía claro. Pero también tenía clarísimo el que Miki Sayaka no tenía por qué negarle la entrada a la habitación de Madoka. Era esa chica, precisamente, la que había vuelto las cosas más difíciles.

Madoka había detonado como una bomba.

¿Hace cuánto había empezado la cuenta atrás?

¿Un año? ¿Dos? ¿Desde el principio?

Homura sabía lo inestable que se ponía la chica a su alrededor. No la culpaba, ella misma sentía una sensación particularmente extraña alrededor de Madoka cuando pasaban tiempo juntas, pero nunca le puso cabeza a ello porque se trataba de algo simplemente normal considerando las circunstancias.

Sin embargo, Madoka buscaba.

Era un tira y afloja constante, aun luego de tres años.

Intentó no causar problemas porque Madoka era Madoka, después de todo, y odiaba estar causándole molestias a los demás. Se adaptó pronto, y tal como Homura esperó, hicieron migas con Sayaka ni bien pasado el primer mes.

...Pero esa amistad se fue torciendo con el paso del tiempo.

Sayaka no parecía encajar por completo en el mundo de Homura y se convirtió en una persona con permanente guardia arriba, frustrada y de malhumor. Una molestia inconsciente le taladraba la cabeza constantemente cada día, cada segundo. Había veces en que la ignoraba, acostumbrada a su presencia, pero estando junto a Madoka esta parecía obligarla a poner atención. Aun durante todo este tiempo, no lograba entender qué era lo que le irritaba tanto sobre algunas actitudes de Madoka, sobre Homura, sobre Madoka y Homura. Pero, como fuera, comenzó a molestarle ver a su mejor amiga inactiva o menospreciándose a sí misma.

Le molestaba, en especial, porque no la veía hacer nada para cambiar la situación si lo consideraba tan así.

Sayaka se decía a sí misma que no debía meterse tanto en los asuntos de Madoka, que era su vida, después de todo, y debía vivirla al ritmo que prefiriera. Pero no, por más que lo pensara, no lograba dejarla en paz y hoy era un fantasma permanente tras las acciones de la chica.

Necesitaba que se moviera, que hiciera algo.

Y Madoka hacía cosas, pero no las suficientes, o no las apropiadas para cumplir los estándares de Sayaka.

Palabras como "inútil", "perezosa", "dejada", aparecían en raras ocasiones, pero lo hacían.

Palabras como "necia", "ciega", "desconsiderada", aparecían también en momentos de tensión, específicamente cuando Homura se mostraba en el mapa.

Y bueno... Por otro lado, estaba su extraña relación con Homura. No era una que podría definirse claramente y eso era algo que mantenía siempre en el borde a Madoka. Como mucho, podría encasillarse en el estereotipo de más que amigos, menos que amantes. Abrazos ocasionales, duraderos, llenos de una necesidad que ninguna podría describir. Besos fugaces, culposos, forzados a veces, y otros terriblemente dulces.

Homura también presionaba.

Tenía clara la forma en que atrapaba a Madoka con unas cuantas palabras, como la conflictuaba con sus peticiones. Pero eran requerimientos necesarios a sus ojos, nada de lo que pudiera arrepentirse porque se trataba de su propio bien. La forzaba, casi al igual que Sayaka, a hundirse en actividades, en afirmar su autoestima de esa forma, empujarla a aceptar las citas de los chicos que se le habían declarado a través del tiempo.

Todas cosas para alejarla, que se desapegara, porque, aunque se le hiciera un infierno la cabeza el pensar que ella misma era la que provocaba que Madoka se marchitara en los momentos en que la iba a dejar a dichas citas porque creía que a Homura no le importaba; que sus encuentros ocasionales no eran más que eso, encuentros, a pesar de todo eso, sabía que era lo que debía hacer por su bienestar.

Y debido a eso podía aceptar la mayor parte de la culpa. Porque, aunque Sayaka era más dura con sus maneras, Madoka se partía cada vez más por su deseo de conocer más a Homura, de estar más cerca, de que la aceptaran.

Ambas chicas vieron los síntomas, pero la cuenta regresiva ya había empezado, con todo y que intentaron retrasar el contador al bajar las exigencias.

Ya era muy tarde y el detonante final, fue, en definitiva, una fuerte discusión con Homura.

La bomba explotó en forma de un horrible ataque de pánico que la llevó directo al hospital.

Así que, por indicaciones del doctor e insistencia de Junko, Madoka pasaría los días libre de responsabilidades, en reposo. A su madre no le hacía mucha ilusión recibir visitas luego de lo que había ocurrido, pero sabía que su hija ya no era una niña y debía saber tomar sus propias decisiones, también. Además, ella seguía muy, demasiado ocupada en su empresa y no podía quedarse en casa.

Aire. Madoka se ahogaba con aire, con las palabras, algo le hacía un nudo que acababa en manotazos desesperados para que alguien la socorriera y le ayudara a respirar. Y Madoka jamás, jamás le había dado un manotazo antes.

"¡Despierta de una vez!"

De mala gana tuvo que irrumpir en la habitación, donde Sayaka la recibió feroz en su expresión, solo que imposible de intimidar por lo hinchados que tenía los ojos. Bastó una mano apoyada en su espalda nada más para guiarla hacia la puerta, y aunque fue con insultos de variados tipos y colores, consiguió que saliera.

"¿Cuándo pasó?" Ya cerrada la puerta, y recobrado el silencio, se sentó a los pies de la cama sin fingir que no estaba preocupada. Era una preocupación severa, eso sí, no para lamentarse y lloriquear como Sayaka, sino para orientarse en qué hacer para solucionar el problema.

"Esta mañana. Sayaka-chan se asustó porque estaba cocinando, y dejé caer las bandejas…" Madoka se veía sonriente, tranquila incluso, aunque con la voz rasposa como si tuviera un resfriado. "Creyó que alguna pudo caerme en la cabeza."

"¿Hay algo que falte? ¿Quieres que cocine yo?"

"No, ya papá se encargó. Tuvo que acompañar a Tatsuya buena parte del día, así que no quería preocuparlo con cosas como cocinar... Pero ya ves, tampoco pude." Madoka movía las manos constantemente en su regazo, un claro signo de lo ansiosa que se encontraba a pesar de lo calmado de su semblante. Ella parpadeó varias veces y de pronto estiró una mano para ponerla sobre el dorso de la de Homura. "De hecho, quería pedirte otro favor..."

Desde esa mañana, Madoka amanecía en cama e incapaz de levantarse a hacer más. Cuando llegó a un nivel donde Sayaka le gritaba hasta cuando estaba en cama, en su peor estado, tuvieron que recurrir a una Mami quedándose y siendo la única que podía subir la voz como para callar a la muchacha. Homura tenía que admitirlo, no era de esperarse de una apariencia tan comúnmente relajada, pero no quería meterse a la mala con Mami si fue capaz de aquello.

Siguiendo la petición de la chica, Homura cumplió su trato de llevarle rosas todos los días junto con una grulla de papel. Dejaba una, dos, un ramo a veces. Las mantenía bien cortadas, en jarrones, y las que compraba especialmente sin espinas quedaban en las manos de Madoka, donde su nariz pudiera sentirles el aroma tan suave que traían. Ofreció lirios, si es que le agradaba el perfume, y tras una semana fueron variando las flores a lirios, azucenas, margaritas… Incluso, si encontraba alguna bonita en el camino, la traía y se la enredaba al cabello de la otra, donde Madoka podía sonreír en su nido de flores sintiéndose parte de ellas.

"¡No está muerta, pedazo de idiota! ¡Deja de traerle flores como si se tratara de su funeral!"

"Última advertencia. Las callaré a la fuerza de ser necesario."

Madoka pasaba los días enteros en cama, pero contenta cuando Mami venía especialmente a ayudar a limpiar los pétalos viejos, cambiar el agua de la verdadera ciudad de vasos, jarrones, todo donde pudiese poner agua y flores dentro, y ordenar las grullas que comenzaban a formar una numerosa pila junto a los osos de felpa que adornaban el escritorio.

Homura tuvo la sorpresa de encontrar hasta a Sayaka ayudando, ajustando una flor de hibisco que Madoka había pedido especialmente en su cabello. Cuando las otras dos terminaron, claro, tuvo su tiempo a solas con ella, donde podían conversar cosas cotidianas, algo donde Homura buscaba que no pensara en nada que pudiera alterarle. Ese día era la excepción, puesto que sin quererlo terminaron hablando de las flores, de las grullas y de su constante pedir.

"Algún día espero recordar bien por qué me gusta tenerlas alrededor. Tengo un sueño muy nítido en donde debo ir en busca de chicas, todas siempre en estados deplorables. Es un deber muy importante, esa sensación me da..."

Cuando llegaba ello, Homura observó, Madoka apretó las sábanas en sus puños, su pulso tembloroso, pero con voz decidida.

"Una chica me dejaba cada día, sin falta, una rosa y grullas que colgaban de un árbol en un sector apartado de la ciudad. Yo iba a verla esforzarse cada vez que podía, y con algo de suerte y de fe, llegaba a tiempo todas las noches."

"¿No sería aquello, una paga, nada más...? Por todo lo que hacías, un reconocimiento."

"Quizás, pero... En mi sueño, nadie sabía de mi existencia. Aparentemente, solo ella me reconocía. No puedo recordar el por qué, pero se sentía natural, era algo que debía ser así."

Hubo algo en su sonrisa y en esa mirada a las rosas que mantenía junto a la cabecera de la cama, y Homura sintió un impulso muy extraño por atrapar una de esas manos y tranquilizarla. Lo hizo, de hecho, más rápido de lo que pudo recordar, y Madoka dejó escapar un sollozo.

"A ella nunca le importó si yo era inútil, ¿sabías?"

Un apretón, un asentir, y caían las lágrimas.

"Ella me quería, tal cual."

Tras dejarla llorando, tras la amarga noche de la cual salió derrotada, Homura debió irse frustrada a surcar los cielos.

Las bombas...

La bomba de Madoka le estaba afectando más de lo que esperó.

Lo recordaba, por supuesto que lo hacía. Aquellos días en que se aferraba desesperadamente al recuerdo de Madoka. Esos días en que escuchó sobre la famosa leyenda de las Mil Grullas. Recordaba esa ilusión infantil, que sabía era estúpida, pero que la mantenía con algo de cordura, de que si juntaba las mil grullas su deseo se haría realidad.

Ver a Madoka una vez más.

Deseos.

Soltó una risa amarga, tratando de ignorar el torrente de lágrimas que había desatado.

Pensar que las cosas habían cambiado tanto como para que Madoka la considerara personas diferentes... Pero era mejor así, ¿no? Madoka no debía recordar, y el que soñara ese tipo de cosas ya era lo suficientemente malo.

Quedaban más de 900 grullas aun.

Quizás esa sería su propia, silenciosa cuenta regresiva.

¿Qué deseo pediría Madoka cuando el momento llegara?

Ascendió velozmente, pero llegado a cierto punto, se detuvo de golpe y se dejó caer de espaldas. Si algo mantenía en común con su yo de ese entonces, era que se mantenía reclusa en una jaula; las alas no podían llevarla más allá, ni entonces ni ahora.

¿Qué había estado haciendo durante estos años?

La felicidad de Madoka solo se hacía cada vez más lejana.

Deshizo su transformación, consciente de que lo que hacía era innecesario e inútil.

Cerro los ojos. ¿A cuántas brujas había eliminado a base de disparos y bombas en el pasado?

Y ahora ella... La única bomba capaz de destruirla, una y otra vez...

"...que Homura-chan re-..." Susurró una voz en sus oídos.

"¿Que yo...?"

"...seo que Homura-chan regrese por..."

"Que regresara, ¿por...?"

"...por..."

Daba igual, porque...

ya

no

podía

regre-

boom.


A/N:

Esto fue un vent, orz. Quizás quedó un poco extraño y amargo en relación a otros, pero la palabra es destructiva y no encontré modo de voltearlo, al menos no ahora.

Lo de las grullas está MUY trillado, pero el tener a Madoka así me recordó un poco a la escena mental que me da la leyenda cada vez que la leo.

Me ando obligando a escribir chicuelos, el ánimo me tiene bloqueada así que sacar esto en dos noches fue sorpresivo, la verdad.

A los revieeews… Laryssa acá tienes más suffering!

Mi Madoki por ahí se manifestó uvu yo te loveo más cosi. -gay-

Tomoyin Madoka sí golpeó el árbol literalmente y bueno, fue simbólico, too. Y nah, nadie mata a Madoki uvu ya hice el cuento aparte, originals, me saqué pendientes en general, solo me quedan cosas de estudio pero el ánimo me tiene en estado vegetal, im sowwy.

Lord, lo de los colgantes… Sí, es que KnM monopolizó la simbología del sol y la luna en el mundillo yuri, siempre que ocupo referencias así pienso en las niñas esas pero no está inspirado de ahí. Espero que el consejín le sirva en el futuro entonces, tómelo para toda relación humana en todo caso, corazón.

Mi Lucifer, haha, qué sería sho sin tus reviews bíblicos, los hamo mucho uvu estoy casi segura que ya te lo pseudo respondí por interno, no por completo, pero destaco el que amé mucho que en general la escena de Madoka comiendo la naranja haya logrado el efecto de emocionar, es como lo que me dejó más orgullosa cuando leí los reviews por primera vez uvu. Lamento no responder a todo, pero para variar escribo esto de madrugada, haha.

¡Gente nueva! Lonely Wolf, me alegra que te haya gustado el fic de los pastelillos uvu ese es pura y sucia azúcar, así que me alegra que disfrutaras la ternura de las pequeñas babus. Gracias por su review.

Whethy anon, gracias! Muy amable usted.

Akemi Walker, acá le actualizo. Este cap es corto en relación a los otros, tendrá que tenerme paciencia porque ando pseudo muerta así que tengo el horno de fics averiado. Gracias por pasarse y sus lindas palabras, ojalá y este le guste también.

Eso es todo, de nuevo gracias por pasarse a leer y los bonitos cumplidos, son todos muy cosis.

Espero que estén muy bien, hasta la próxima.

Danny out.