La Victoria.

Toda muestra de buen gusto estaba decorando el salón, del techo pendían cortinas tan finas que parecían danzar en el aire, por las ventanas se filtraba la pálida luz de las estrellas haciendo que las baldosas del suelo produjeran un fulgor titilante.

Las mesas estaban decoradas con viandas repletas de diversos platillos, perfectamente ordenadas, el color verde predominaba en ellas de distintos tonos, las copas relucían siendo llenadas por una fuente de interminable licor, que dejaba un aroma suave.

Pero ni todo el esplendor contenido entre los muros del palacio se comparaba con ese lugar que veía en su mente, ¿como sería el refugio?, ¿vería restos de la infancia de Elrond al llegar a él?, todo esto lo hacía sonreír mientras recorría el salón, regresando los saludos reverenciales de la corte.

-Esta noche se le ve de muy buen humor-la voz de Elric lo interrumpió, luego de las formalidades, respondió con seguridad.

-¿como no estarlo?, ha sido una maravillosa victoria-la suya por supuesto.

-Tiene razón, esto será muy beneficioso para nuestro reino, se han conquistado tierras prósperas, además me alegra poder pasar algunos minutos en su compañía, sin su celador aquí es mas fácil poder acercarse.

Ese resultaba un mote interesante, se lo mencionaría al soldado la próxima vez que lo viera.

-Bueno parece tomar muy seriamente sus funciones-parecía que lo defendía y no quería sonar sospecho-al igual que yo, sin embargo aunque tomo muy enserio mi preparación, agradezco infinitamente que su majestad haya decidido darle tiempo libre, creo que hasta los guardias severos tienen derecho a celebrar la victoria de nuestro reino.

-Brindo por eso su majestad-chocaron las copas, sonriendo, esa sin duda sería una velada agradable.

-¡Thranduil!-la voz del rey lo hizo voltear, le dedico una reverencia, disculpándose con Elric y se marchó a su lado.

Pasó el resto de la noche siendo presentado con embajadores, sabía que al rey poco le importaba que se inmiscuyera en asuntos de política, solo quería tenerlo alejado del resto de la corte.

El demostraba su interés de la mejor manera permitida por sus modales, pero de vez en cuando dedicaba una mirada llena de añoranza a la mesa donde los jóvenes parecían divertirse, a pesar de que habían pasado un par de siglos desde su llegada, no lograba acostumbrarse, aún deseaba llevar la vida de un elfo normal, entonces a su mente llegaron las amargas palabras dichas por su padre, no era un elfo normal; pero sonrío, existía un ser a quien no le importaba, que lo amaba de la misma forma intensa que su corazón lo hacía.

La fiesta se prolongo hasta muy entrada la madrugada, como era costumbre, el soberano había descuidado de más su forma de beber, aunque su amante se aseguro de mantener su copa siempre llena, el vino en abundancia parecía poder acallar su libido con mayor rapidez, sin embargo ya en la habitación, reclamo los derechos sobre su protegido, una sola vez, el plan había resultado o al menos una parte de él.

Thranduil se había quedado atrapado debajo de su cuerpo, con su enorme falo muy dentro de su ser, trato de moverlo, pero este parecía reaccionar para entrar y salir de nuevo, por lo que mejor se quedo quieto, no deseaba que lo siguiera poseyendo; suspiro mientras escuchaba sus ronquidos, llevo su mirada hacia la pintura detrás de la cual se ocultaba un pasaje secreto, lo que más deseaba era liberarse para poder recorrerlo y llegar a ese lugar donde podía estar entre los brazos de Elrond, últimamente pensaba mucho en él, más de lo usual, al punto de imaginarse formando una familia con el soldado, dándole un hijo, viviendo juntos en su refugio, lejos del palacio que lo encarcelaba y el rey que lo sometía, negó como si con ello pudiese alejar esos pensamientos, era idílico pero la realidad era que no deseaba tener hijos de nadie, solo quería ser un elfo como todos los otros.

Los días continuaban pasando en medio de su rutina, el rey parecía decidido a permanecer mas tiempo del usual en casa lo cual evitaba que pudiera estar con el castaño por mucho tiempo a solas, en la mayoría de sus breves encuentros, terminaba muy acalorado y ansioso, aunque no había sido suyo debido a lo adolorido de su cuerpo, Leav era demasiado exigente con sus lecciones nocturnas y algo aún mas extraño le pasaba. Las bayas de las que gustaba el rey, eran tan acidas que dejaban un extraño sabor contra la lengua al grado de adormecer los labios, pero desde hacia un par de semanas le parecían deliciosas, de modo que había comenzado a consumirlas en grandes cantidades y esto hacia que se sintiera un poco enfermo.

Aquella mañana decidió dejarlas de lado para comer algo mas dulce, eso le quitaría el sabor salado que dejara entre sus labios el rey. Finalmente se marcharía, por lo que sus esperanzas de ir al refugio en el bosque se agotaban, desde la noche que acepto no le había mencionado nada al respecto y el temía que insistir con el asunto resultara en una negativa.

-Elrond-el soldado se acerco, arrodillándose ante su rey-mi protegido desea dar un paseo por los bosques, el día de hoy quedara dispensado de sus deberes, deberán volver al caer la tarde, estoy confiando algo demasiado valioso entre tus manos.

Thranduil bajo la mirada a su plato, tomo una baya de las mas ácidas para poder fingir un gesto de molestia, ocultar su emoción de otra manera le habría sido imposible.

-Me siento honrado al ser merecedor de su confianza majestad, le cuidaré con mi vida, si me lo permite haré los preparativos necesarios.

Cuando el rey se hubo marchado, Thranduil se preparo a consciencia, tomo un baño usando sus fragancias habituales, no debería llamar demasiado la atención, pero deseaba estar lo mas presentable posible, se coloco la túnica mas modesta que poseía, era de un tono oscuro, pero con joyas que le recorrían la silueta, cepillo su cabello, sujetándolo en una coleta para soltarlo de nuevo, estaba demasiado nervioso, pero Elrond no lo parecía tanto; frente a los otros era evidente que se comportasen con una aberración mutua, pero ya habían recorrido una buena sección del camino boscoso y el seguía sin decir palabra, salvo en las breves ocasiones que le mencionaba un cambio de dirección.

Habían llegado a una pequeña colina desde la cual podía notarse parte del bosque principal que rodeaba el castillo, Thranduil dejo de lado sus preocupaciones para disfrutar del aire puro, tenía un extraño sabor a libertad.

Tan preocupado estaba por los sentimientos del soldado que había olvidado por completo que se trataba del único momento que había salido del castillo, los siglos hacían que aquel bosque solo fuese mas espeso, pero reconocía todo detalle del camino principal como si apenas ayer lo hubiese recorrido.

-es realmente hermoso-cerro los ojos para sentir la brisa golpeando contra su rostro, pero su acompañante guardo el mismo hermetismo, carraspeo un par de veces para que le viera, indicándole con señas sutiles que debían moverse fuera del camino principal.

Dejaron los caballos muy bien protegidos en una choza que la vegetación camuflaba a la perfección y después bajaron por un sendero inexistente, esquivando ramas, raíces entre otros obstáculos.

Parecía que todo lugar al que iba con Elrond tenían esa peculiaridad, era como una búsqueda, porque al igual que las historias en sus libros, Thranduil esperaba encontrarse una recompensa; así fue, vio surgir de la nada ese lugar, una amplia cabaña, mas bien un pequeño castillo de madera, abrigado por el corazón del bosque, con las ramas de los arboles ensortijándose alrededor del techo, las ventanas con brillantes cristales, pero con enredaderas que ocultaban casi por completo el interior.

El soldado avanzo, cediéndole paso al abrir la puerta, dejando ante sus ojos un tesoro jamás concebido, no lleno de joyas o riquezas como en palacio, sino con todos aquellos tesoros cotidianos, con las paredes llenas de trofeos de cacería, figuras de madera, utensilios de cristal que refractaban la luz en gamas multicolor, muebles hechos con troncos viejos, cubiertos con pelajes de animales, todo en aquel lugar parecía estar lleno de lo que le fascinaba en Elrond, quien por cierto permanecía muy callado.

Thranduil se acerco vivaz hacia él, lo abrazo, poniéndose en puntas para poder darle un casto beso, no pareció recibir buena respuesta, aunque eso no lo desalentó.

-al fin estamos aquí, no puedo creerlo.

El mayor se alejo, dándole la espalda.

-me alegra que le guste, he cumplido con mi promesa de traerlo.

El joven elfo estaba desconcertado, no solía mostrarse tan frío con él a menos que estuviesen frente a otros, pero el lugar en el que se hallaban le parecía de lo más privado, a no ser que...

-¿estas molesto por algo?, yo creí que si lograba conseguir permiso para venir aquí, eso te haría feliz.

El joven volteo mostrando su gesto mas que severo.

-¿y a que precio?

Tuvo una sensación muy desagradable que parecía lastimarle el pecho.

-eso no es justo, tu ya conoces mi posición, dijiste que no te importaba, ¿estabas mintiendo?-de pronto se sintió extraño, culpable incluso, pero pareciera que su acompañante le había leído la mente ya que se acerco para tomarle de las manos, acariciándolas, tratando de tranquilizarlo.

-no lo entiende.

El menor le vio, en sus ojos podía notarse un brillo de tristeza.

-explícame, no quiero que tu me desprecies Elrond.

El guardia beso sus manos con adoración, porque ni el mismo comprendía muy bien el porque de sus acciones, aunque estaba seguro se debían a que verlo con otro le causaba unos celos terribles, pero siendo justos todo aquello era de su conocimiento desde un principio y había decidido arriesgarse.

-yo no quisiera que deba hacer cosas indeseables por mi causa, le amaría siempre, inclusive a la distancia, pero no merezco que se sacrifique por mí.

El menor le beso para impedirle seguir hablando.

-no quiero que vuelvas a sugerir algo como eso, yo te amo Elrond y haría gustoso cualquier cosa por ti, por estar contigo, soy tan feliz de poder tener este lugar, nuestro lugar, porque no necesito nada mas que a tú, siempre a mi lado-su mirada fue hacia la suya, un gesto decidido lo acompañaba-quiero yacer contigo.

Aquello arrancó una leve sonrisa en el guardia.

-mi señor, nosotros ya hemos...

Un tono carmesí inundo las mejillas de Thranduil con suma rapidez, mientras recordaba sus encuentros.

-pero siempre a escondidas y yo...

No logro terminar la oración, fue innecesario, su amante lo tomó entre sus brazos, resultaba increíble como sus besos tenían el poder de ahuyentar las dudas y temores.

-Entonces, lo haremos como desee, prepararé un lugar lo más adecuado posible.

Thranduil asintió, regalándole una caricia en ese rostro que ahora podía disfrutar a placer, le parecía un regalo que detrás de sus rasgos severos estuviera la mas cálida sonrisa, egoístamente pensaba reservada solo para él.

-te amo Elrond.

Mientras bajaba la mirada refugiando su rostro avergonzado contra la calidez de su pecho, sentía que se trataba del ser mas feliz del mundo.

Los preparativos fueron algo acelerados, porque su tiempo juntos sería muy limitado, pero no por ello le brindo menos encanto a la ocasión.

Thranduil estaba nervioso como nunca, parecía que aquel sentimiento recorría todo su ser, ya que sentía temblar sus piernas a cada paso, no se trataba de temor a lo desconocido, su cuerpo conocía muy bien los placeres de la carne, además Elrond era delicado con él, muy amoroso; pero de cierta forma sentía que algo era distinto en esta ocasión.

Las puertas que separaban la habitación del pequeño salón se abrieron, dejándole ver al otro elfo como jamás lo había hecho, vestía una hermosa túnica dorada, sin las elaboradas telas y joyas que poseían las propias, pero aún así le pareció estar viendo a un príncipe como en una de sus historias, además como tal se portaba con suma caballerosidad, extendiendo su mano para pedir la suya, besando el dorso, mientras lo guiaba hacía el interior.

Al entrar, el rubio pudo sentir el aroma emanando de la madera y las flores que se habían dispuesto alrededor de la cama cuya simplicidad le daban a todo un encanto sublime.

-Es algo sencillo, espero sea de su agrado.

La mirada del menor trataba de grabarse cada detalle.

-Es perfecto, tal como tú lo eres para mí-el beso le impidió seguir hablando, cosa que agradeció, ya que su euforia sin duda le habría hecho decir incoherencias y resultaría imperdonable arruinar tan bello momento.

Las manos de Elrond habilidosas como siempre, se deshicieron de sus ropas, mostrándole a plena luz por vez primera su lánguida desnudez, aún tenía marcas amoratadas debido a las rudas caricias del rey, pero el castaño hacía que desaparecieran, suplantándolas con suaves besos, que incrementaban el ritmo de su respiración.

En sus encuentros, el guardia siempre se desnudaba solo, pero ahora permitió que las temblorosas manos de su amante lo despojasen de su atuendo, hasta entonces el menor no había caído en la cuenta de lo mucho que le provocaba su cercanía, y tampoco se había percatado de que no era el único que conservaba marcas, el torso de su acompañante era surcado por cicatrices de distintos tamaños, las cuales acaricio con suavidad, dedicándoles apenas un roce con las yemas de sus dedos.

-¿son dolorosas?-el castaño se sintió muy enternecido por su preocupación.

-ya no más, son de hace mucho tiempo y aún cuando fuesen recientes, dudo que cualquier medicina les hiciera mejor que la caricia de sus manos.

La calidez anidaba de nuevo las mejillas de Thranduil, siempre decía cosas que lo hacían sentir avergonzado, pero también lo situaban en un lugar donde no existía nada más que su mirada, la conexión que compartían, porque aunque no lo dijera, podría jurar que aquel guardia lo amaba con la misma intensidad.

Porque solo él podía hacerlo sentir tan apasionada calidez, arrodillar su orgullo de tal forma que solo desease complacerlo.

Mientras era suavemente recostado sobre aquel lecho, y sus piernas separadas, un deseo sincero llegó a su mente, aquella sería una experiencia inolvidable, la primera vez para él, porque realmente sentía que así debía ser, yacer con la persona que decidiera, quien provocara que su cuerpo se estremeciera con el mas leve roce, para quien el placer significara navegar en un profundo mar lleno de nuevas sensaciones compartidas, eso debía significar hacer el amor.

Una de sus manos tomaba esos cabellos, animándolo a darle cabida a si miembro erguido entre sus finos labios, mientras la otra, se aferraba tanto a las sabanas como para permanecer consciente de que su realidad era esa, gemir para su amante, sin miedo a ser descubierto, dejándole degustar esa parte tan sensible, ahogando su miembro entre las caricias incandescentes de su boca.

El orgasmo le llego con tal naturalidad que le fue imposible separarse, termino por llenarle la boca, pero contrario a él, parecía dominar la situación pues no desperdició una sola gota, le resultó muy erótico verlo relamerse al haber probado su esencia.

No se detuvo a pensar demasiado en ello, pronto estuvo expuesto a la voracidad de su lengua y sus dedos en su entrada, removiéndose ansiosos, haciéndolo jadear necesitado.

-por...favor...Elrond...¡no más!.

El guardia era incapaz de negararse a sus deseos, pronto sus piernas estaban sobre sus hombros y la punta húmeda de su hombría le rozaba, con gusto suplicaría por tenerlo dentro, pero no fue necesario, lo entretuvo con besos mientras entraba con lentitud pero firmeza, sin embargo Thranduil terminó por cortar el contacto, quería gemir para él con plenitud y para su sorpresa Elrond fue quizá más ruidoso.

Le sonrió en medio de gemidos entrecortados, podría jurar que su amante se dejaba llevar por la pasión como nunca; en el techo de la habitación habían colgantes hechos con pedazos de espejos y en ambos podían notarse sus gestos mientras Elrond lo penetraba y los de este mientras gemía, era una expresión que jamás olvidaría, cuya contemplación se vio forzado a dejar de lado cuando este golpeó el punto exacto en su próstata, el placer fue tal que las lagrimas llenaron sus orbes y sus manos se aferraron con tal fuerza que termino dejando marcas en su piel.

-Mi...señor...

Era incapaz de hablar, pero asintió, porque sabía lo que significaba y deseaba realmente entregarse a él, sentirse uno, tanto que inconscientemente lo apretó entre sus entrañas, arqueándose y estremeciéndose al sentir como ese último embiste lo llenaba por completo.

-¡Elrond!.

Temblaba, cada poro de su piel se había entregado, no supo cuanto tiempo permaneció abrazado a él, dejándose traer poco a poco a la realidad por medio de suaves caricias, y ver su sonrisa fue lo mejor que podría haberle pasado.

-Te amo Elrond...

Deseaba que nunca más tuviesen que volver al castillo, quedarse refugiados en aquel sitio, alejados de todo, amándose por la eternidad, pero la fantasía debía terminar.

Le dolió que saliera de su cuerpo, aunque no físicamente; el guardia había preparado un baño para él, y lavar su semilla fue como borrar lo sucedido, pero siempre lo tendría en su memoria, juntó con los demás que construirían, quizá eran sueños infantiles, pero ahora estaba plenamente convencido de que tenía un brillante futuro con Elrond.

Una vez preparado salió a su encuentro, el guardia de nuevo vestía el uniforme, pero seguía siendo su príncipe.

-Debemos partir ahora, mi señor.

El menor avanzó hasta llegar para darle un beso, al que no se negó.

-Si así debe ser-lo abrazó, prometiéndose que pronto volverían, sin importar lo que tuviera que hacer.

El camino de regreso le pareció infinitamente corto, a esa hora, los cortesanos vagaban por los pasillos, así que tomaron una ruta más desolada, no lo suficiente para que avanzará tomando la mano de su amante, pero si para que no debiera esconder su alegría salvo cuando debía responder algún saludo, podía leer en estos las miradas desdeñosas pero nunca le habían importado menos, ya estaban por la última sección y talvez cuando llegaran a la privacidad de sus habitaciones podían fundirse de nuevo en un beso.

Pensando en ello acelero el pasó, pero su mente se quedó en blanco al ver a quien allí lo esperaba.

-Bienvenido Thranduil, ¿disfrutaste tu paseo?.

Asintió como toda respuesta, pero el rey se acercó, tomándolo entre sus brazos para besarlo con posesividad, sin importarle si Elrond los veía.