Capítulo 6: "Luna Vieja"
Como era de esperar todo el mundo hablaba de lo ocurrido en el partido incluso tres días después del partido, cuando salí de la enfermería.
Malfoy no había vuelto a visitarme después del beso.
Mi padre si, y había sido un tanto extraño.
Me sentía tan trastornada.
A penas recordaba lo ocurrido, todo era como una ligera bruma, y hasta me preguntaba si había sido una alucinación.
Pero su lejanía me extrañaba, y me hacía cuestionarme que había sido real.
Aún sentía el tacto de sus labios sobre los míos, con el reflejo de la luna llena sobre sus ojos grises.
Pero por otra parte, tenía mil razones para odiarme y pocas para besarme.
Pero me había salvado…
Me sentía bastante traicionada por mí misma, porque había tenido que admitirme que tenía sentimientos por Malfoy.
No podía seguir negándolo más tiempo, no aceptar el problema sólo lo hacía más grande. Si no ves la grieta de un barco, jamás podrás taparla. Punto.
Mi primera clase en la mañana, después de mi trágica victoria y accidente, me acerqué con mi amiga Dionne y la despedí tristemente, mientras ella tomaba asiento al lado de la estúpida de Amber Zabini, y yo en un banco, en el cuál aún no estaba el origen de todos mis males.
Justo cuando lo pensaba cayó junto a mí.
Se sentó extendido en el banco y ni me saludo.
A veces los aristócratas estos no tenían ni un solo modal, sinceramente.
El profesor Slughorn entró justo después.
-Buenos días, alumnos, hoy les traigo unas muestras de dos pociones de las que halaremos.
-Alguien sabe cuál es esta poción.
La miré brevemente. Tenía un tono nacarado y un vapor ascendiendo en aspírales.
La reconocí.
Alcé la mano perezosamente.
-Es amortentia, profesor.
-Muy bien, Señorita Weasley, Acérquese un momento.-Dijo.-Esta poción es uno de los filtros de amor más fuertes, claro que no crea amor real solo una fuerte obsesión o fanatismo.
-Huele distinta según lo que nos atraiga.-Murmuré casi para mí, acercando mi cabeza al vapor del caldero.
-Exacto señorita, ¿Qué olores puede distinguir?
Estaba completamente inmersa en el olor de la poción.
-A mentolado, a ropa limpia, y a… a… café.
Entonces caí en la cuenta. A mí no me gustaba nada el café, ni tampoco es que me encantara la menta. Pero si sabía con que persona podía relacionar ese olor.
Nuestros ojos se encontraron.
Los aparté abochornada.
Malfoy siempre olía a menta. Tal vez el champú que usaba o su loción para el afeitado eran de menta. O ambas. Y le encantaba el café, además.
Mierda, joder, esto solo lo confirmaba más si es que aún hacía falta confirmarlo, mis sentimientos por Malfoy se me habían ido de las manos.
Tenía que ponerlos en orden ya.
-Bien, todos podrán olerla al final de la clase. Puede sentarse, Señorita Weasley.
Malfoy no me habló durante la clase, que para mi alivio fue toda teórica.
Slughorn nos enseñó otros filtros de amor. Y relacionados.
Parecía que la casa Slytherin conspiraba contra mí, hasta la maldita clase tenía que ir de amor. Y yo tenía que estar sentada obligatoriamente al lado de Scorpius Malfoy. Para colmo de mis desgracias, creo que estaba enamorada de él.
Incluso el hecho de pensarlo me puso tensa. Y permanecí el resto de la clase tensa, ni siquiera me moví cuando todos mis compañeros se acercaron a oler la poción.
Aunque le eché un vistazo a Malfoy, se había levantado mientras hablaba con Albus.
Cuando el vapor de la poción les inundó, él se quedó pétreo.
Y entonces me miró.
¿Qué diablos significaba eso?
Salí con Dionne de clase.
-Hay uno de los olores que no entiendo, Rose.-Me decía mi amiga.
Justo cuando chocamos contra mi primo y Malfoy.
-¿Me has perdonado?-Le pregunté a mi primo batiendo exageradamente las pestañas.
Albus me miró dulcificando su cara y dijo:
-No es a mí a quién debes disculpas.
Le miré atontada.
Ya sabía que no me quedaba otra que hablar con Malfoy, pero estaba aterrada.
Dionne y Albus me miraban atentamente, la mirada de Malfoy en cambio a pesar de ser fría, parecía contener algo que no lograba comprender.
No podía hablar con Malfoy con tanta gente mirando.
-Malfoy, ¿Podemos hablar un momento?
No sé porque le batí a él las pestañas ya que él solía parecer inmune a mi poder hasta cuando le tocaba.
Malfoy se encogió de hombros en respuesta.
¿Por qué era tan capullo?
-Bueno, nosotros nos vamos,-Dijo Dionne incomoda, tomando a mi primo del codo.- os vemos luego.
Se marcharon de allí.
Y yo miré a Malfoy nerviosa.
-¿Por qué no hablas?-Le dije de más mal humor del que tenía intención de usar.
-Se supone que tienes que hablar tú, Weasley, qué eres la que me lo has pedido.
-Eres imposible.
-Estás loca.
-Yo no estoy loca, está bien, lo lamento, haberte hecho eso del cabeza de puerco, pero tú llevaste a esa estúpida a mi mesa.-Dije atropelladamente.
-O sea,-Dijo arrastrando las palabras.-que era una escena de celos, eso ya lo sabía Weasley.
-¡No era una escena de celos!-me indigné.- Esa estúpida es una purista y me odia solo porque soy…
-Porque eres Rose Weasley, la reina de Gryffindor.-Dijo, usando un tono mordaz que me hirió.- Eso ya está muy desfasado, gatita, hasta para ti.
Tenía ganas de gritar, llorar, chillarle y pisotearle.
¿Cómo pude pensar que estaba enamorada de él? Era un ser odioso.
-Siempre estás rumiando acerca de lo grande que eres, Weasley, eso sólo te hace ser más tú y estoy seguro que para muchos será atractivo pero no para mí, eres una niñata creída, Weasley.
Jamás en mi vida me había hablado así ningún hombre.
Nadie. Nunca.
Cómo podía venir este maldito Slytherin al que había olido en la amortentia hacia un segundo, a decirme todo esto.
Mis sentimientos me traicionaron nuevamente y mis ojos se llenaron de lágrimas.
-Yo sólo te quería dar las gracias, por salvarme, pero no hace falta que me salves nunca más.
-Venga Weasley, en serio has cambiado tus berrinches por lloriqueos, madura un poco, a mí no puedes manipularme como a todos esos bobos.
Le miré enfadada, y aunque unas cuantas lágrimas me cruzaron el rostro, yo le crucé la cara a él.
-Pequeña perr… esta es tú forma de
darme las gracias por salvarte la vida.-me gruñó.
Me había tomado de los antebrazos. Y me acercó a la esquina del corredor.
-Me has insultado.-le grité con los ojos llenos de lágrimas.
Hundió la cabeza en mi cuello.
-Canela, azafrán y cuál es el tercer olor…-Murmuró sombríamente.
¿Se refería a mi perfume?
-Cardamomo.-dije con voz ahogada.
Aspiró fuerte, y la piel, de todo el cuerpo, se me puso de gallina.
¿Podría ser que Malfoy me hubiese olido en su poción?
No, Malfoy no era como los demás, él no me toleraba, siempre le frustraba mi personalidad, y me trataba como si fuese una pobre niña estúpida.
A pesar de lo que me había prometido a misma. Mis deseos de embaucar a Malfoy, superaban las expectativas de mi papi.
Me acerqué disimuladamente a él. Y coloqué mi frente contra su pecho.
-Ya me he disculpado contigo, no tienes que ser tan malo.
Mi voz salió ñoña.
-No empieces con tus artimañas, Pecosa.-Me dijo.
Am, pero ya no estaba tan molesto conmigo, lo notaba.
-No estoy haciendo nada.
-Weasley, podrás haberte disculpado, pero sé cómo piensas. Te escuché hablando con tu padre, volví a verte a la enfermería y os escuché.
¿Malfoy había vuelto a ir a verme después del beso? Nunca pensé que llegó a escuchar lo que yo hablé con mi padre.
Me acordé.
Mi padre llegó a la mañana siguiente de mi accidente de Quidditch y me dijo que mi madre no había podido venir por el trabajo. Típico.
Estaba de lo más intranquila después del beso de Malfoy. Y el hecho de que mi padre supiera oclumancia no ayudaba mucho al asunto. Aunque siendo sincera, dudaba que la practicase conmigo.
Me miró solemnemente como si estuviera haciendo un gran esfuerzo por parecer serio.
-Dime hija, la profesora McGonagall me dijo que el… que el hijo de Malfoy, te salvó de caer en el partido, y que por eso ganasteis, y que insistió en quedarse contigo en la noche.
-¿Y qué, papi?
-No sé, me parece extraño que ese Malfoy esté siempre para salvarte, si según tú no os lleváis bien, no es la primera vez que te salva, ¿No es cierto?-Me dijo convencido.
Le tomé la mano a mi padre. Y le miré firmemente.
-No me llevo bien con él.-Le dije intentando sonar lo más sincera posible.- es sólo… que siempre me cuida porque soy la prima de Albus, y sabe que si me pasara algo y él no lo evitara, él no se lo perdonaría.
Eso sonaba bastante factible.
-No sé, -Dijo mi padre.- no me convence que siempre esté cerca de ti, no quiero enterarme de que mantenéis una… relación.
Le miré intensamente.
-Papá, es en serio.-No podía dejar que papá se formara ideas, si además ni siquiera yo sabía lo que sentía por Malfoy.- Jamás saldría con un Malfoy. Y mucho menos de esa manera. Vamos papá, estamos hablando de Scorpius Malfoy, soy Rose Weasley, tu hija, esos apellidos no quedan en la misma frase.
Salí de mi ensoñación cuando la voz de Malfoy me dijo al oído:
-Estás perdidamente enamorada de mí, lo cuál es gracioso, Weasley,-Me dijo descaradamente.- porque siempre intentas hacer creer lo contrario usando mi apellido. Eres una consentida, y me quieres tanto porque soy el único que te lo dice a la cara.
¿A la cara? Ni que nadie hablara a mis espaldas…
Cómo se atrevía a decirme eso el muy descarado, arrogante, estúpido… se creía que yo era una niña tontita como esas que andaban detrás de él. Tal vez incluso se atrevía a compararme con la desgraciada de Zabini.
-No estoy enamorada de ti, Malfoy.
-Vamos, Weasley, te mueres de celos de que me acerque a otra, y estás aquí babeando por mí.
Maldito arrogante creído de…
-Y si tan enamorada estoy de ti, Malfoy,-Mascullé fríamente.- ¿cómo es que voy a asistir al baile de Navidad con Frank Longbottom?
Me miró impactado por unos segundos.
Tiempo que aproveché para alejarme de él.
-No estés tan sorprendido, Malfoy.
Y me alejé de Scorpius Malfoy lo más dignamente que pude.
¿Con Frank Longbottom? Vale, bien, era lo primero que se me había ocurrido, es cierto que ni siquiera le había dejado entablar conversación conmigo, y obviamente no era cierto que iba con él al baile de Navidad.
Pero eso lo solucionaría mañana, ahora no podía pensarlo.
Tenía bastante con el hecho de haber aceptado mis sentimientos por Malfoy, y habérselos negado a la cara en el mismo día.
