Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es ItIsRaining, yo sólo traduzco.


Un Compendio de Pensamientos

Capitulo 7

En los raros momentos en que algo vital para tu existencia se encuentra en riesgo, te haces más consciente de lo que te rodea. Le llaman flashbulb memory. Todos tus sentidos se encienden a la vez como si estuvieras tomando una foto. Algo jala violentamente tus entrañas y ves todo a tú alrededor y nada en absoluto a la vez. Recuerdo el sonido de la canción cardenal cortado por mi grito de angustia que atravesó todo el vecindario. Recuerdo la fragante brisa de verano y el sol caer sobre el perfecto día a setenta y tantos grados. Recuerdo que eran cerca de las 10:05 de la mañana. Recuerdo la ropa que llevaba – una falda corta café y una blusa con una chaqueta de punto color índigo. Recuerdo el sonido del golpeteo de pisadas en la casa, y luego en la hierba. Recuerdo que no era capaz de abrir la puerta de mi camioneta, intentando y no encontrando la manija por que no estaba viendo y era incapaz de descubrir a que lado debía girarse. Pero en realidad, no vi nada de eso. En verdad, todo lo que recuerdo es que finalmente salí de la camioneta y vi a Edward en el suelo, mirando en mi dirección mientras yo me acercaba a él.

En mi estado de pánico, no podía entender lo que le estaba pasando. Estaba acostado ahí, pero no en realidad. Su cuerpo temblaba espasmódicamente y sus ojos estaban bien abiertos, su frente arrugada. Intenté llegar a él, con todas mis fuerzas, alguien me detuvo con un brazo, la señora Cullen. El padre de Edward le puso sus agitados brazos a los lados e intentó enderezar sus piernas.

Entonces de repente, se detuvo. Edward dejo de moverse, dejo de hacer algo. Sus ojos se cerraron y todo su cuerpo se relajó. Mi corazón se tambaleó; estaba inconciente. Entonces escuché gritos, alguien diciéndome que llamara a una ambulancia. No podía moverme, no podía entender las palabras. La señora Cullen entró a la casa corriendo, presumiblemente para encontrar un teléfono ya que yo no era útil. Gateé sobre mis manos y rodillas hacía Edward donde su padre lo había puesto de costado. Después de unos minutos, lo puso en una posición sentado con la espalda contra su pecho. La cabeza de Edward se dejó caer hacía atrás en su hombro.

Estiré la mano y toque su mejilla. Estaba tan cálido.

"Bella, tranquila. Shhh," dijo alguien.

Entonces, sentí las lágrimas golpear mis brazos y muslos. Debí haber estado sollozando en voz alta.

No sabía que hacer. No podía encontrar las palabras para preguntar que era lo que estaba sucediendo. Toqué su cabello, una y otra vez, pasando mis manos a través de él y masajeando su cuero cabelludo, intentando ofrecerle algo de consuelo.

Luego, la ambulancia llego.

Siempre las ves pasar junto a ti. Te apartas durante unos segundos mientras pasan, puede que te preguntes que sucedió, cuán grave estaba herido alguien. Entonces, la intersección queda libre y sigues manejando, te olvidas de todo por que tienes una cita a la que vas a llegar tarde.

¿Alguna vez una ambulancia ha llegado para ti? Son realmente ruidosas. Desconcertantes.

El paramedico salió de la ambulancia y habló rápidamente con los padres de Edward mientras lo aseguraban en la camilla. Palabras como 'respiración' y 'anestesia' volaban a mí alrededor. Vi como subían con cuidado su cuerpo inerte a la parte trasera con lágrimas cayendo por mí rostro.

El señor Cullen se subió después de él y su madre camino alrededor para sentarse enfrente. El paramedico que había estado ayudando a Edward miró en mi dirección por un momento, suspiro, luego agarro mi mano y me llevo a la parte trasera con él y el padre de Edward. Lo miré con gratitud, y él intentó darme una sonrisa tranquilizadora.

Miré el rostro de Edward todo el camino al hospital. Esta durmiendo, me dije a mí misma. Es tan hermoso. Lo amo. Te amo.

El paramedico y el señor Cullen me miraron. Debí decir eso en voz alta. No me importaba.

Tomaron sus signos vitales e intentaron estabilizarlo mientras yo veía sin poder hacer nada. Aunque sabía que el padre de Edward era un doctor, me di cuenta que no participaba en ayudar a su hijo. Me pregunté si eso era alguna regla, que no podía ayudar por la labilidad emocional. Mirándolo ahora, entendía como eso podría ser un problema. Sus ojos se veían vacíos como si intentara evitar que una gran emoción saliera a la superficie. Cuando el paramedico ya no pudo hacer más, el señor Cullen deslizó su mano en la de Edward y acercó su frente a ella, recargando los codos en la superficie de la camilla.

Levanté la mano y agarre la otra mano de Edward ahí donde estaba. Y nos sentamos a cada lado de él por el resto del camino, sólo rezando para que él regresara.

Mi amigo el paramedico no pudo hacer nada por mí cuando llegamos al hospital. Los padres de Edward no pudieron hacer nada por mí. Tuve que quedarme en la sala de espera mientras ellos se llevaban a Edward. Solamente familia, no amigos. Podría gritar que estaba enamorada de él, que no podría soportar el estar lejos de él y quería, pero no hubieran sido capaces de ayudar. Protocolo.

Me senté en una silla del lobby y esperé. Por horas.

Era domingo en la noche. Mañana tenía escuela. No me importaba. Estoy sintiendo un patrón.

Por unas cuantas horas más pensé en como otras cosas tampoco importaban.

Café. Suelos de madera café. Techos de café claro. Sillas modernas cafés. Una enfermera pasó por allí. Matorrales café oscuro.

Era un hospital hermoso. En verdad. Focos atmosféricos estaban alineados en el techo, iluminando el suelo de madera y el pasillo por el que había desaparecido Edward que parecía extenderse por millas. La ventana que cubría la pared que estaba frente a mí se abría a un patio con altos y gruesos árboles de arce y un resplandeciente estanque. Apuesto a que tenían pescados de koi en ese estanque. Me recordaba al jardín que Edward y yo habíamos encontrado junto a la escuela.

Y entonces, estaba llorando de nuevo. Por frustración, por preocupación, por angustia. No sabía lo que estaba pasando. Le había dicho que lo amaba. Me dijo que también me amaba. Eso era todo lo que sabía. Era natural que el día después de la confesión, su cuerpo colapsara.

Deje de llorar después de un rato por que me di cuenta que estaba sintiendo pena por mí misma, y no era correcto cuando Edward estaba en alguna esquina de este hospital, lejos de mí, incapaz siquiera de moverse.

Me pregunté que le estarían haciendo. Si tenía frío, no había forma de que él se los dijera. ¿Alguien lo habría cubierto con una manta, sólo en caso? De repente, sentía pánico. Muchísimas cosas podrían ir mal, él podría estar herido, y no ser capaz de decirle a alguien. Dios, esperaba que no tuviera frío.

Otra enfermera paso frente a mí. La detuve y me miró con simpatía.

Lo odié.

Le pregunté si sabía algo sobre Edward Cullen, que él había llegado hace algunas horas. Sacudió la cabeza y me dijo que lo sentía, pero que podría intentar revisar en que habitación estaba para ver su podría localizar a algún miembro de su familia.

Entonces, levanté la vista hacía ella. Su gafete decía 'Kindred'. Su cabello rubio fresa estaba sujeto en una cola de caballo. Me miró, expectante, pero fue paciente. Asentí, mis ojos llenos de lágrimas que no se derramarían.

"Gracias," dije cuando se iba.

Se giró y me sonrío y entonces continuó hacía el escritorio principal.

Miré la manecilla de la hora girar alrededor del gran reloj antiguo al menos dos veces, contando cada minuto que la otra manecilla marcaba. Nadie vino.

Comencé a contar los paneles de madera del suelo de la habitación en la que estaba sentada: 98. Las luces del techo: 24. El número de personas en sillas de ruedas que entraban o salían por las grandes puertas automáticas: 13.

Charlie me llamo. Cuando me di cuenta de que mi celular estaba sonando fue demasiado tarde y perdí la llamada. Me llamo de nuevo y esta vez si respondí.

"Bella, ¿Dónde estas?" su tono era interrogativo pero firme.

El mío fue sin emoción alguna. "Estoy en el hospital."

"¿Estas donde? ¿Qué paso?" casi grito.

"Papá, estoy bien, no soy yo… es Edward," susurré la última parte.

"Bella, ¿Qué esta pasando?"

Le dije todo lo que sabía. Edward tuvo un ataque. Edward estaba inconsciente. Edward estaba en el hospital. Nadie me decía absolutamente nada.

Él me dijo que venía en camino.

Y entonces esperé algo más.

Se me ocurrió al azar que tenía que trabajar mañana. Le mande un mensaje a Mallory y le dije que tomara mi turno si es que tenía. Ni siquiera pregunté. No me importaba.

Miré la pared beige por un rato. Entonces, el aleteo de las aves alrededor de los árboles del patio. Miré en la dirección en que se habían llevado a Edward y miré a los enfermeros ir y venir.

Me pregunté a donde irían todos ellos, por que caminaban tan lentamente y por que no cada uno de ellos se apresuraba hacía la habitación de Edward.

Me pregunté donde estaría justo ahora. ¿Es que acaso estaba en el mismo piso que yo? Incluso en su estado de inconsciencia, ¿sentía que yo estaba aquí en el hospital, esperándolo? Esperaba que sí.

"Hola niña."

El saludo de Charlie me saco de mis pensamientos. Ni siquiera lo había escuchado acercarse. Debió pasar más tiempo del que me di cuenta desde que colgué con él en el teléfono.

Estaba sosteniendo una bolsa de papel café en una mano y todavía tenía puesto su uniforme.

"Hola," dije con voz ronca y entonces me aclaré la garganta. Palmeé la silla que había a mi lado.

Se sentó y me dio la bolsa de papel. Saque el contenido para inspeccionarlo, sacando un sándwich y mirándolo por unos segundos… aguacate. Mierda.

Parece que cuando crees que has llorado todo lo que puedes, que toda la humedad de tu cuerpo ya se había filtrado a través de tus conductos lagrimales y que no queda nada, es entonces cuando te pega con más fuerza. Lloré como nunca antes lo había hecho, grandes sollozos secos que hacía que las personas que pasaban se voltearan a mirar.

"Ya, ya. Bien. Shhh." Charlie me jaló hacía él y recargué la cabeza en su hombro mientras las lágrimas salían de verdad.

Cuando finalmente cesaron, sollocé un par de veces y me enderecé en la silla. Miré de nuevo el sándwich y me di cuenta que Edward y yo nunca fuimos a almorzar, así que hoy todavía no había comido nada. Tampoco él.

"Papá, ¿Qué hora es?"

"Vine directo del trabajo. Son casi las seis."

Miré por la ventana del patio con incredulidad, pero el largo día de verano era engañoso y el sol todavía brillaba, como si fuera de tarde.

Me imaginé que probablemente debería intentar forzar que algo de comida bajara por mí garganta. Tome unas pocas mordidas tentativas y sabía tan bueno que devoré el resto, ocasionalmente tomando del jugo que también había metido en la bolsa.

Me pregunté si alguien había pensado en alimentar a Edward, o incluso como es que harían eso con él en ese estado, y eso trajo otra ronda de silenciosas lágrimas.

"Nunca te había visto así, Bells," dijo Charlie tranquilamente.

Suspire profundamente y lo miré. Sus ojos estaban preocupados y me miraban interrogativos. Me encogí de hombros sin responder.

"Te gusta mucho este chico, ¿no?"

Asentí lentamente y mantuve mis ojos en los suyos.

Pensó por unos momentos, mirando el suelo. Entonces, asintió.

"Edward es un chico especial. Se que probablemente no importa… pero me agrada mucho. Él es bueno para ti."

Finalmente me miró de nuevo. Sonreí por primera vez en lo que se sentían como años.

"Gracias, papá."

Charlie asintió y miró a través de la ventana.

"Lo amo, sabes," dije silenciosamente.

Suspiro, "Si, lo se, hija." Palmeó mi rodilla y mantuvo allí su mano. Nos quedamos así en un agradable silencio por mucho tiempo.

Después de unas horas, Charlie suspiro y me miró de nuevo.

"Escuché que los Cullen se van a mudar a Chicago," dijo vacilantemente.

Fruncí el ceño pensando. Con todo lo que pasó en las últimas horas, había olvidado completamente mi angustia de la noche anterior.

Suspire con pesadez. "Si, es cierto."

Asintió. "Entonces, ¿Qué va a pasar ahora?"

"No lo se."

Supuse que podría decirle que había hecho un plan, una forma de que Edward y yo estuviéramos juntos. Esta noche, sin embargo, no se sentía correcto. Esta noche estaba dedicada a una preocupación completamente diferente. Me prometí que hablaría con Charlie lo más pronto posible, y nos quedamos en silencio otra vez.

Finalmente, el señor Cullen salió del pasillo de nuestra derecha, usando la misma ropa de esta mañana que ahora estaban arrugadas y se veía más cansado y viejo que la última vez que lo vi.

Salí volando de mi asiento, pero sólo me quedé de pie ahí, sin hacer ningún intento de acercarme a él. De repente, no estaba segura si quería escuchar las noticias que él tenía para decirme. No estaba segura de poder asimilarlas.

Caminó hacía nosotros lentamente y saludó a Charlie con un apretón de manos. Me miró entonces, con una pequeña sonrisa en su rostro, y asintió.

Ni siquiera sabía que era eso, o que significaba, pero era un asentimiento de tipo tranquilizador y el alivio inundo todo mi cuerpo. Antes de darme cuenta de lo que estaba haciendo, lo empuje dentro de un abrazo. Aparentemente, uno muy fuerte, por que todo el aire salió de golpe de sus pulmones y dejo escapar una risita.

Me alejé rápidamente, desesperada por información, mientras me limpiaba del rostro las lágrimas de un tipo completamente diferente.

"Entonces, así que," balbuceé, "¿Qué esta pasando? ¿Qué fue eso? ¿Estará bien? ¿Dónde esta?"

Espero que mi arrebato histérico terminara antes de responder. "Bueno, estábamos en lo cierto acerca de nuestros miedos. El tumor regreso, pero es muy pequeño, cerca de un centímetro de grande."

"¿Y eso fue suficiente para causar el ataque?"

"Cuando se encuentra localizado en la parte equivocada del cerebro, si. Tuvieron que hacer una craneotomía inmediatamente, así que todavía esta en cirugía," fruncí el ceño y mi respiración se hizo un poco rápida, preguntándome como es posible que esto pudieran ser buenas noticias. "Pero, Bella, es una operación bastante simple, solamente unas cuantas horas, y creemos que estará completamente bien después de un tiempo."

"Un tiempo…" dije silenciosamente.

"Si, necesitará terapia física por algunos meses." Asentí lentamente. Puso sus manos en mis hombros y se agacho a mi nivel. "Estará bien, Bella."

"Bien," dije en silencio, "bien," y entonces asentí.

"Cuanto tiempo es hasta que él…" me detuve.

El lado derecho de su boca se levantó en una sonrisa que me recordaba mucho a su hijo. Pude haber llorado, pero no lo hice. Se sentía redundante ahora.

"Deberían estar terminando en dos horas, pero le tomará algún tiempo despertar."

Asentí.

"Puedo meterte para que lo veas tan pronto como este despierto."

Lo miré con curiosidad, mis ojos agrandados. "¿No hay como, horas de visita para amigos?" puse comillas alrededor de la palabra.

Asintió poniendo un poco de lado la cabeza, "Bueno, trabajar aquí tiene sus beneficios. No nos descubrirán," guiñó y después agrego con seriedad, "él querrá que tú estés ahí."

Pensé en él acostado en su habitación, cansado y confundido, preguntándose donde estaría yo. Mi corazón se rompió sólo de imaginarlo.

Asentí, "Ahí estaré."


Ahora ya todas pueden respirar tranquilamente, Edward va a estar bien. Sólo nos quedan dos capis más, el epilogo, y terminamos con esta historia.

No he podido responder a sus reviews, pero de todas formas gracias por cada uno de ellos ^^ mañana actualizaré Edward's Twilight y subiré un nuevo OS

Si no lo han hecho, pasen por mi nueva traducción A Life Lived in Dreams, les aseguró que no se arrepentirán.

Besos!

Moni!(: