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Utopía
VII
Bien, lo admitía. Tal vez había exagerado al decir que los gemelos estaban desnudos, porque realmente estaban con un bóxer. Pero aquello no evitaba que fuese una visión perturbadora. Rayos, sentía las mejillas arder como si hubiesen encendido de golpe la calefacción, directo en sus mofletes.
Demonios, no es la gran cosa. Pensó la muchacha, mientras posabas sus manos, frías por el clima otoñal que se filtraba por la abierta ventana, en sus sonrojados pómulos.
Sin embargo, no fue suficiente para que su corazón detuviera el ritmo desenfrenado con el cual latía. Es que, era imposible no sentirse nerviosa después de haber observado los tonificados músculos del abdomen de ambos o los firmes muslos que prometían ser tan duros como se veían.
Ventajas de realizar deportes. Razonó mirando su vientre, disconforme.
Se removió algo molesta consigo misma y se permitió cavilar sobre el asunto. Se dedicó a analizar la situación minuciosamente, tal como lo hizo la noche anterior después de despedirse de los gemelos, pero por diferentes motivos. Cuando vio a George la escena no fue tan turbadora como se suponía debía ser, había sentido cierta incomodidad, obvio, pero no podía ser comparada con las extrañas sensaciones que sintió cuando advirtió que el más rebelde de sus vecinos vestía únicamente una diminuta -para ella- prenda inferior.
Le había dado vueltas constantemente al asunto, no obstante, para su frustración, no llegó a una conclusión en concreto, sino que consiguió confundirse aún más. Sus interrogantes se habían quedado sin respuestas, no porque fuese tonta, más bien porque no era capaz de decodificar correctamente las señales recibidas ni las enviadas. Tampoco comprendía del todo las emociones que experimentaba cuando el muchacho en cuestión rondaba cerca.
Unos golpes en la puerta la sobresaltaron y la sacaron abruptamente de su cavilación. Resopló enojada con ella misma al no hallar, nuevamente, solución a su dilema.
—Mione, sal de ahí. Debes admirar este cuerpo, que no se ve todos los días —Fastidió Fred desde el otro lado de la muralla, que representaba su bastión frente a pelirrojos desconcertantes y revoltosos.
Percibió, perfectamente, que se trataba de una provocación, pero así y todo, salió de su fortaleza y se dirigió, mentón en alto, a lo que prometía una inminente confrontación.
Divisó al chico en medio del pasillo, obstaculizando el paso que la llevaría al baño. Se atrevió a detallarlo desde la punta de sus pies hasta las desordenadas hebras rojas que enmarcaban un radiante rostro. En el instante en que encontró sus ojos, tomó la determinación de devolverle los momentos vergonzosos que estuvo obligada a protagonizar por culpa de aquel joven.
— ¿Es que hay algo que ver, pelirrojo? —Murmuró con total cizaña.
—Hey, Kurt Cobain es un troll a mi lado —Se defendió rápidamente —. Aparte que no puedes evitar sentirte nerviosa conmigo cerca —Alardeó con esa irritante sonrisa ladeada.
—Por favor, hay millones de hombres que perfectamente podrían convertirte a ti en un horroroso axolotl. Y no me inquieta que invadas mi espacio personal, me es completamente indiferente —Recalcó.
—Demuéstrame cuanto desinterés sientes al hacer yo esto —Se acercó con un caminar elegante, causando que Hermione retrocediera con un ligero rubor en la cara, hasta que la pared le impidió seguir huyendo —. Veamos si no tiemblas cuando deslizo mi dedo por tu piel —Le susurró en el oído, en tanto acariciaba suavemente la piel que quedaba expuesta por el top —. Supongo que esos temblores se deben a la indignación y no a la excitación.
Despierta. Chilló en su interior la muchacha al notar que se había paralizado.
Sonrió macabramente al pensar, rápidamente, la venganza a realizar.
— ¿No serás tú, Fred Weasley, quien está realmente ansioso de hacer cosas indecentes en lugares incorrectos? —Inquirió juguetona pegando considerablemente su torso al pecho del joven.
Definitivamente esto no es buena idea. Pensó asustada y arrepentida.
Y es que le estaba saliendo el tiro por la culata, sentía los vellos de su cuerpo erizarse, el estómago se contraía como si sufriera retorcijones, las manos, apoyadas en el abdomen del chico, temblar ligeramente; y lamentablemente no lograba justificarlo con ciencia.
—Tal vez, cuando hago esto, debes hacer uso de todo tu autocontrol, concentrarte al máximo para no sucumbir ante tus deseos más primitivos —Prosiguió con una voz arrulladora, deslizando sus manos por su torso, rozando ligeramente sus hombros hasta llegar finalmente a su destino, el cabello rojo que la llamaba, que la hipnotizaba irremediablemente.
Cuando sintió la respiración agitada de Fred colarse entre sus labios, decidió que era hora de abortar y no seguir adelante, pues más de alguien saldría dañado, o en su defecto, confundido.
Se distanció bruscamente y corrió al baño a refugiarse, cerró la puerta y se deslizó por esta hasta que su trasero sintió el frío suelo. Pudo escuchar perfectamente la ronca risa de Fred y la jocosa de George.
A salvo.
Hace media hora que llevaban esperando a que los chicos llegasen, pero estos no se dignaban a aparecer. Bufó molesta, pues aún se sentía algo disgustada por las acciones que realizó en el departamento de los gemelos. Nunca en su vida se había comportado de manera tan atrevida, acariciando, con toda intención de seducir, a un muchacho.
¡Ni siquiera sabía que supiese provocar a un hombre! Era absurdo que cayera tan bajo en aquel jueguito, pues bien sabía que se respetaba y se estimaba lo suficiente como para comprender cuáles eran sus límites. Pero como siempre, Fred vino a desorientarla por completo y presionarla para cometer locuras.
—Al fin, pensé que envejecería aquí de tanto esperarlos, niños.
—No exageres George, que tampoco tardamos tanto —Respondió Ginny abrazando a sus hermanos. Esperó pacientemente su turno —. Herms, te extrañé.
Devolvió el abrazo que la joven con excesiva efusividad le brindaba. Habían estrechado lazos en la última semana de vacaciones, pues tal como le prometió a Ginny, tendría un día sólo para ella.
Hacía tanto que no se sentía tan íntima con una amiga, pues en secundaria sólo recibía comentarios envidiosos y críticos de las jovencitas; que su pelo, que su estilo, que sus dientes, que su figura, que se juntaba mucho con Dean y Seamus, entre otros.
Era tan molesto, que prefirió centrarse en sus estudios y sus leales amigos, de ese modo el año se le hizo más llevadero. Luna fue la única a la que dejó entrar después de que perdiera a sus padres.
Sonrió al percibir el leve sonrojo de Ronald en sus pecosas mejillas, se acercó para saludarlo con un beso en la mejilla, pero en vez de crear un buen ambiente, la tensión, que por lo general rodeaba a Ron, se hizo más palpable.
Se giró donde Harry esperaba para ser saludado y lo abrazó con un sentimiento de fraternidad pura. Habían hablado mucho cuando, en una de sus juntas de estudio, se quedaron solos –Ron debía trabajar en La Madriguera-; compartieron secretos, vivencias y sentimientos. Se sintió completamente comprendida cuando le confesó que sus padres habían muerto en un accidente, el chico con gafas la miró en todo momento con sus ojos verdes y, una vez hubo terminado, la abrazó delicadamente.
Cuando todo estuvo dicho y hecho, se dirigieron, rodeados de una agradable conversación, a una pizzería conocida. Charlaron de todo y nada, se rieron de las bromas de los gemelos, debatieron sobre los temas actuales y bromearon sobre los mismos. Lo estaban pasando bastante bien, pero querían disfrutar de todo lo que el centro comercial les ofrecía.
—Sector de diversión —Votaron todos excepto Hermione, quien quería visitar una exposición de poesía en las terrazas.
Fue arrastrada hasta el piso superior del edificio y entraron a un recinto en donde todo era diversión y risas. Cada uno compró sus tickets; Fred y Hermione no pudieron evitar mirarse con complicidad.
La mano gigante del joven engulló la suya y la haló hasta los auto chocadores. Fueron seguidos de cerca por sus amigos y esperaron en la fila. Cuando llegó su turno, cada uno escogió un auto y aguardaron impacientes.
La atracción llamó la atención de varios clientes, no porque fuesen extremadamente hermosos o el juego sumamente divertido, más bien fue el alboroto que provocaban. Los chicos reían ruidosamente cada que colisionaban o gritaban los planes macabros que ideaban para acorralar a alguno. Causaban las carcajadas de todos aquellos que los veían. Una vez el juego terminó, varios aplausos se hicieron escuchar, mientras ellos se reían a mandíbula abierta con lágrimas en los ojos.
Fue retada por George a luchar ferozmente en un arriesgado juego, La pista de baile. Era de esas personas que todo se le daba bien, y no pecaba de arrogante, es que muchos se lo habían dicho. Era capaz de resolver complicados problemas matemáticos, era un as con los acertijos, sus consejos ayudaban a los demás y se la ingeniaba para salirse con la suya. Pero el baile nunca quiso ser comprendido por Hermione, se resistía a enseñarle nada a la chica; nunca pensó que resignarse con ello fuese su perdición. Pero orgullosa y terca como era, aceptó el reto.
—Comerás polvo, George.
Eligieron una canción movida, una de esas que no pasaban de moda por lo pegajosa que era. Intentó persuadirlo de seleccionar el nivel más fácil, pero fue ignorada y se eligió el nivel para expertos.
Comienza mi humillación. Se dijo con resignación.
Ambos tuvieron un comienza bastante peculiar, se equivocaban al pisar las flechas, movían las piernas en momentos erróneos y tropezaban con sus propios pies.
—Debe pensar que eres una grácil bailarina con un andar elegante —dijo Seamus mientras se acercaba a ella para buscar la llave en el bolsillo trasero de su short —. ¡Te confundirá con una ninja!
Frunció su ceño y se concentró en lo que hacía, ignorando las risillas idiotas a su espalda. Se sintió poderosa cuando vio que la pantalla la elogiaba con un You're a genius y otros halagos que elevaban su autoestima.
Escuchó a Fred ahuyentar a los babosos que la piropeaban, pero decidió ignorar al molesto monstruo que se removía complacido en su interior.
— ¡Gané! Esto debo contárselo a mis amigos.
—Te dejé ganar, Hemrs. No te emociones —Exclamó con una sonrisa de suficiencia en el rostro.
—Que mal perdedor, Weasley. Ahora ustedes —Señaló a los hermanos pelirrojos, que al ser mencionados pararon de reír abruptamente —, les toca humillarse. Adelante.
Harry tuvo que ser contenido por Ronald cada que adulaban a la menor de los hermanos, se notaba a leguas los celos que sentía cuando alguien observaba lo que le pertenecía.
Sonrió irónica al advertir que Fred no tenía complicaciones con el baile como su hermano. De hecho, se movía con mucha gracia y tenía un algo que provocaba el meneo de unos molestos gusanos en su vientre.
Se dedicó a observarlo detenidamente, a detallarlo inconscientemente. Danzaba con una gracia insultante, fruncía sus labios cada vez que se concentraba, el sudor que perlaba su sien no resultaba repulsivo, al contrario, era atrayente. Como sonreía al recibir una puntuación perfecta, causando un alarmante sofoco en ella.
Mierda. Pensó alarmada al caer en la cuenta de algo que no esperaba. Luego sería el momento de meditarlo, por ahora disfrutaría de la tarde.
—Lo siento, hermanita. Sigo siendo mejor en esto —Se jactó con una sonrisa socarrona.
—Me cansé, ¿Vamos por unos helados? —Intentó escabullirse Ronald, pero fue impedido por los gemelos que lo empujaron hasta la pista, seguido por un sonrojado Harry.
¿Qué le habrá prometido Ginevra? Cuestionó en su fuero interno.
Lloró todo lo que duró el baile de los chicos. No podían parar de reír, y es que eran demasiado patosos; tropezaban con sus pies, chocaban entre ellos y caían penosamente. Vio a Ginny grabar a los muchachos con su teléfono celular.
—Esto debemos subirlo a YouTube —Ideó, con una sonrisa perversa en el pecoso rostro, la chica.
—Agradezco vivir estos momentos, nunca me permitan olvidarlo —Mencionó entre risotadas George.
—Nunca —Le prometió, mientras agarraba su abdomen, adolorida de tanto reír.
Una vez que mataron zombies, compitieren en carrera de coches, encestaran a lo Michael Jordan y aplastaran a inocentes topos, se dieron por satisfechos en las atracciones.
—Miren, una cabina fotográfica —Apuntó la menor del grupo con entusiasmo.
Entraron los seis entre carcajadas e intentaron acomodarse. Percibió que la sangre se acumulaba en sus mejillas con violencia cuando el brazo de Fred rodeó su cintura y la obligó a instalarse en su regazo. Se percató de la rapidez con la que latía el corazón del muchacho, que chocaba su espalda con el pecho de este. Ronald se quedó parado fuera de la cabina observando algo contrariado la escena, pero suspiró con resignación y se sentó en los muslos de su hermano.
—Ven, Ronnie, que no intentaré cosillas sucias —Bromeó George.
Se prepararon y, cuando terminó el conteo regresivo, realizaron una gran gama de muecas para que registrase el memorable día que estaban viviendo.
Una vez salieron, la incomodidad sentida por algunos al interior se vio reemplazada por la alegría que les provocaba esta agradable tarde.
La tarde siguió su rumbo y ellos se enfrascaron en amenas charlas, bromas y risas varias. Resolvieron seguir con la entretención en el departamento de Hermione, invitados todos por los gemelos. Antes de partir pasarían por las tiendas que fueron ignoradas por los chicos.
Hermione avisó que retornaría pronto, que quería comprar algo antes, y con esto se dirigió a una tienda que logró divisar cuando llegaron. Era un local que vendía antigüedades, chucherías y libros antiguos. Su paraíso.
Lo que desconocía era que dos pares de ojos la seguían de cerca.
Compró regalos para los chicos, que se los daría en una cena a la que los invitaría después. Recordó a Seamus y a Dean con cariño cuando observó el equipo de fútbol de Inglaterra de la década del setenta. No dudó en comprarlo, obviamente, pero no estaba segura de cuando se lo podría entregar. Suspiró con añoranza y volvió donde suponía la esperaban los muchachos.
Todos la esperaban con bolsas en las manos y comparando compras se dirigieron al edificio donde vivía la chica castaña con sus vecinos pelirrojos. Su auto no era la gran cosa, por el contrario, era bastante modesto, por lo que los chicos tuvieron que encajar como piezas de puzzles para no ir tan incómodos; pero entre las bromas de los gemelos y las acotaciones divertidas de Ginny el hecho de estar apretujados fue dejado de lado.
Corrieron como si su vida dependiere de ello, y es que en parte de aquello se trataba; si llegaban tarde a su destino no podrían cumplir con la promesa que le hicieron a la persona especial por la cual se desvivían, y eso era peor que la muerte.
Los mechones de cabello se movían con el viento gélido que azotaba sus rostros ligeramente sudorosos. Empujaban hombros y giraban brevemente para disculparse, pero no se detuvieron por nada del mundo.
Cruzaron en luz roja recibiendo bocinazos molestos, irrumpieron en un funeral, sólo para acortar camino, esquivaron ágilmente a un grupo de guapas muchachas y sortearon los distintos obstáculos que se les presentaron en la gran ciudad de Londres. Sólo esperaban llegar a tiempo.
De camino a su hogar, en la estación radial, tocaron clásicos de los sesenta. Sonrió al escuchar la mención de The Beatles, alusión que le traía varios recuerdos.
—Y ahora, damas y caballeros, tenemos el honor de presentar una canción que trae recuerdos a los románticos y, por qué no decirlo, a los libertinos de la época hippie; ¿Tienen alguna idea de quién me refiero? No, pues no demoro más. Con ustedes un clásico para muchos, un himno para todos. All you need is love, The Beatles. Disfruten —Terminó la varonil voz.
Sus labios se movieron automáticamente, mostrando una amplia sonrisa que iluminó su rostro, volteó para encontrarse con los ojos cielo de su copiloto y se ensanchó aún más la sonrisa. Fue sólo un segundo, pero vio en sus orbes más de lo que estaba dispuesta a ver y la congeló momentáneamente. Agitó la cabeza y fijó su mirada en el camino.
Sentía en el pecho una felicidad impresionante, como si su corazón necesitase más espacio.
—There's nothing you can do that can't be done —Canturreó Fred con goce.
Escuchó las carcajadas de sus amigos y los calló con su siguiente acción.
—Nothing you can sing that can't be sung —Le siguió con complicidad.
—Nothing you can say but can learn how to play the game —Siguieron ambos entre risas.
—It's easy —Entonaron todos juntos.
Y el camino se les hizo ameno, entre cantos, risas, alegría, paz y amor.
Subieron las escaleras, mientras debatían sobre la crisis que afectaba a la máxima potencia mundial, que arrastraba a todo el mundo, por obvias razones. Al estar informada de todo, podía argumentar con bases sólidas cualquier punto de vista. Siempre se arrepentiría de no estudiar Derecho, no porque tuviese trabas, si no que quería ayudar a la gente con algo más importante, su vida.
—Eres un jodido idiota —Jadeó una conocida voz —. Debimos tomar el tren y así no tendríamos que haber recorrido toda Londres.
Gimió despacito y apremió el paso para llegar rápidamente. No se dio cuenta cuando comenzó a correr con lágrimas en los ojos, hasta que colisionó con un pecho firme y unos brazos la sujetaron con fuerza.
—Cielos, ¿Qué hacen aquí? —Le dijo a Dean con una enorme sonrisa en sus labios, mientras seguía refugiada en sus brazos.
—Seamus me llamó ayer, me contó lo que pasó y decidimos venir a verte. De todos modos vendríamos, pues dentro de pocos días es tu cumpleaños, chiquita. Te lo habíamos prometido, toda una semana para ti.
— ¿Es mi…?
—No puedo creer que hayas olvidado tu propio cumpleaños, Herms —Rió Seamus con su cabello rubio pegado a su frente, debido al sudor.
—Hola a todos —Saludó Dean cortésmente.
—Cierto. Ellos son mis amigos. Ginny y su novio Harry. Los Weasley son los pelirrojos, Ron, George y Fred, incluida Ginny —Los señaló.
—Cuando mencionaste que era el clon —Dijo Seamus perplejo —, pensé que eran similares, no iguales.
—Pues ya ves que no, hay suficiente para alegrar las miradas —Dijo Fred con altivez.
—Sí, sí. Como tú digas —Restó importancia Hermione. Repentinamente la chica se giró donde estaban sus amigos —. Gané en la pista de baile.
El chillido los aturdió a todos, pero lo gracioso eran las muecas de sus amigos de infancia. Rió con ganas, todavía en los brazos de Dean.
Una vez dentro, todos halagaron el gusto de la chica, cuestionaron su obsesión con los libros y se dedicaron a disfrutar. Pero el agradable momento fue interrumpido por Dean.
— ¿Qué pasó exactamente ayer?
—No hablemos de eso ahora —Intentó desviar el tema la joven, pero sus amigos no estaban en la labor.
—Ni siquiera pienses que lo dejaré pasar —Sintió las miradas de todos en su persona y aquello logró inquietarla.
—Ayer nos asaltaron en el metro —Dijo serio George —. Fuera de los moretones, no nos pasó nada. Sólo el shock.
— ¿Y por qué no me contaron? Soy su hermana —Rugió indignada Ginny.
—Te pareces más a Molly de lo que crees —Bromeó Fred aligerando el tema.
Pero no fue suficiente, y se vio en la obligación de relatar, ayudada por los gemelos, lo ocurrido ayer. Le tembló la voz en ciertas partes y tuvo que detenerse en varias ocasiones, pero fue respaldada por los chicos.
La mano de Fred le acarició la espalda en todo momento, reconfortándola visiblemente. Al finalizar advirtió la mirada que intercambiaron sus amigos de infancia, pero con algo que pudo distinguir al instante.
—No es lo que creen. Y no respondan, ahora no lo discutiré —Frenó de inmediato.
—Dejémonos de dramatismo y juguemos —Propuso George divertido con la situación.
Todos, inclusive Ronald, notaron la extraña conexión que existía entre su hermano y la vecina del mismo.
Llevaban un buen rato intentando descifrar la mímica de Dean. Decidieron, después de servir las copas, jugar a adivinar lo que le había tocado a cada grupo, ya fuese: películas, frases, grupos musicales, libros, entre otros. Le había tocado con Dean, Harry y Ronald.
—Es esa película que vimos cuando pequeños, ¿Cómo se llamaba? —Chilló estresada la chica.
Dean corrió por la sala de estar, moviendo sus brazos y alzando exageradamente sus pies. En ese instante su rostro mutó hasta transformarse en una desfigurada mueca; era como si quisiese… ¿Rugir?
—Godzilla —Gritó Hermione victoriosa. Habían ganado.
Saltó emocionada y se abrazó a Ronald entusiasmada, la risa del chico se cortó de abrupto y dejó de respirar espontáneamente. Arrepentida lo soltó, ligeramente avergonzada y con cierta extrañeza se alejó.
—Lo lamento —Se disculpó, sin entender por qué lo hacía.
—No —Carraspeó Ron incómodo —, no te preocupes.
—Mione, aliméntanos.
—Fred, tú pequeño…
—Mione —Llamaron Seamus y Dean divertidos, y comprendió el motivo de su entretención.
—Lo sé, no deja de llamarme como ese fantasma come niños; es realmente molesto —Les explicó buscando su apoyo, porque eran sus amigos y debían pretegerla de cualquier idiota que la fastidiase; pero no fue así.
—Dejen de reírse —Regañó colérica.
No fue escuchada, y los chicos seguían revolcándose en el piso, mientras contaban, entrecortadamente, la gracia de todo aquello.
—Cuando éramos pequeños, Hermione le aterraba acampar en el patio, porque le temía a un fantasma legendario que comía hombres o niños; aquél ente era conocido como Mione —Explicó Dean entre sonoras carcajadas.
—Solíamos montar escenarios espectaculares sólo para ver su cara horrorizada. Muy linda, Herms —Molestó Seamus, lanzándole un sonoro beso cuando vio su mirada furibunda.
Las risotadas de todos fueron suficientes para que se alzara de su asiento y se retirare a la cocina para buscar comida. La verdad era que también ella moriría de inanición.
Sintió unos pasos familiares seguirla, y cuando entró a la cocina, después de ella, cerró la puerta.
—Así que el vecino nuevo ¿Eh? —Murmuró una voz conocida.
—Te equivocas, yo soy la vecina nueva, él… ellos estaban desde hace mucho aquí —Se corrigió, disgustada con su tonta actitud.
—Sabes que no me refiero a ello, no seas cobarde y asume —Eso la alteró a niveles insospechados.
—Escúchame bien, Seamus Finnigan, no debo y no quiero darte explicaciones. Son asuntos que sólo me conciernen a mí —Susurró en un tono furioso —. Si decido tener una aventura, suicidarme, tatuarme o lo que fuese; es cuestión mía. Así que métete en lo tuyo y no me estorbes.
—No, escúchame tú a mí. Eres mi mejor amiga, eres mi hermanita; obviamente me preocuparé por ti y tus asuntos, más aún debido a lo que pasaste antes de huir de Manchester. Sé que es lo mejor para ti, pero debes admitir que fue bastante egoísta; no pensaste en Dean, en Luna, en mí, ni en nadie. Todos te extrañamos. Y la verdad es que me aterra que, con el tiempo, te alejes de nosotros; estás haciendo amigos y ellos pronto serán lo que aprecies.
—Ni lo pienses —Le dijo en voz suave, apenada —. Los amo a ustedes, porque me han enseñado mucho, me han apoyado y han confiado en mí, aún cuando yo desconfiaba de todos. Y les estaré eternamente agradecida.
Escucharon la puerta abrirse y entró su moreno amigo con una suave sonrisa en los labios. Había escuchado toda la conversación. Se acercó a ambos y los abrazó. Se sentía tan protegida y querida en ese lugar; sentía que podría estar ahí eternamente.
Ese era, sin lugar a dudas, un momento feliz. No eran necesarias palabras, era suficiente que la abrazaran o la mirasen para sentir que su mundo volvía a estar bien.
Ellos estaban con ella y eso era suficiente.
—Aunque creo que alguien se está robando a nuestra Mione —Dijo Dean con humor y no pudo evitar reírse.
—No te preocupes, nunca los reemplazará —Bromeó ella de igual modo.
Nunca sabría de la mirada que se dirigieron los chicos, con cierta complicidad; nunca sabría que había alguien más escuchando afuera con una sonrisa en sus labios, y tampoco se enteraría que las mariposas que sintió en ese momento no era por sus amigos, si no por otro individuo.
Pero lo que sí entendería después es que sus palabras eran un presagio de lo que se avecinaba.
¿Qué piensan?, ¿Les gustó?
Espero estén bien, chicas. Esta vez fui puntual y estoy orgullosa de mí. Adoro a Fred, es mi amor platónico.
¡JKR!, ¿Porqué lo mataste?. Mi corazón sangra.
Allison Cameron, este capítulo va dedicado a ti. Mi primer review y la persona que me alentó a seguir. Gracias, linda.
Bueno es es todo por ahora, ojalá comenten.
Nos vemos, besos.
Lizzie!
