¿DISCLAMER: Ninguno de los personajes de Harrry Potter me pertenece.
Advertencia:Definitivamente siguen pareciendo las escenas fuertes en esta historia (Lemon) ya saben mi consejo si son mentes inocentes mejor no lean.
Hola aqui estoy de nuevo con otro capitulo, no me extendere mucho, ya q no tengo tiempo, ya llevo mas de 3 dias sin dormir y mañana tengo parcial de estructura, oren por mi.
AGRADECIMIENTOS
: gracias por tu review y gracias a el es que estoy actualizando hoy, fuiste el review numero 12 de el capitulo 6.
Emerick
sunshine,of,lov3
Romiix: me identifico contigo, en estos momentos estoy agotando el máximo de la capacidad de la mías (mis baterías).
Kasi M gracias por tu review, me encnata que mi adaptación te guste mas q la historia original, agranda mii ego.
Zhirru Urie:
Sky C
sailor mercuri o neptune
the chronicles of Cissy Black
Lilith Evans Black
tere: gracias, aprecio cada review.
Merian li
CAPITULO VI
Daiquiris De Mandrágora
A Draco le daba igual la mala impresión que pudiera dar, no tenía ninguna intención de dejar que Mike y compañía vieran a Hermione así. Se levantó sin más preámbulos y cogió el pareo de Hermione con una mano y el brazo de la joven con la otra.
Tenemos que hablar —le dijo al tiempo que la levantaba de un tirón.
Hermione se tambaleó hacia él y el Slytherin dejó escapar un siseo cuando los pechos femeninos entraron en contacto con su antebrazo. Tenía que vestirla sin perder más tiempo.
Ponte esto —dijo mientras le tiraba el pareo.
Las otras cuatro mujeres se lo habían quedado mirando sin decir nada.
Hermione hizo caso omiso del pareo y lo dejó caer en la arena.
Suéltame —dijo. Intentó soltarse pero Draco la sujetaba con firmeza por el antebrazo—. ¿Pero qué problema tienes? —Hermione volvió a tirar otra vez y se tambaleó al perder pie.
Draco tropezó al recibir todo el impacto del peso de la joven pero se las arregló para sujetarla antes de que cayeran los dos.
Oh, eh, Mike, eh, chicos. —Hermione se acababa de fijar en los cuatro chicos que subían por la playa y los saludó con el brazo libre. Los cuatro hombres llevaban gafas de sol pero los cristales oscuros no pudieron ocultar la expresión libidinosa que invadió las cuatro sonrisas cuando vieron que las mujeres estaban en topless.
Los celos retorcieron las tripas de Draco. Sabía que no debería importarle. Hermione no era nada suyo. No debería importarle si quería enseñarle los pechos al mundo entero, pero fue incapaz de contener aquel impulso primitivo e irracional que se disparó cuando aquellos hombres lanzaron una mirada de deseo a aquel cuerpo que él consideraba suyo.
No, no es tuya, nunca lo fue y nunca lo será. Y una reacción como esta es el ejemplo perfecto de por qué tienes que guardar las distancias. Cuanto más lejos de ella, mejor. No obstante, Draco no podía quedarse allí sentado y dejar que otros cuatro hombres se comieran con los ojos a Hermione. Así que se inclinó y, sin hacer caso de su chillido, la cogió por las piernas y se la echó al hombro. Le rodeó con un brazo firme los muslos y le hizo un gesto a Amy para que le pasara el pareo y la bolsa de la playa de Hermione.
Bájame ahora mismo, imbécil —chilló Hermione mientras le aporreaba la espalda con el puño cuando Draco emprendió el camino que llevaba a la quinta de la joven.
Draco le dio un azote firme en el trasero pero después no pudo resistir la tentación de rodear la nalga femenina con la palma de la mano para darle un buen apretón.
¿Me estás metiendo mano?
Cállate, ¿quieres que nos oiga todo el mundo? —la riñó Draco.
Me da igual quién nos oiga, eres tú el que se está llevando a una de tus huéspedes como si fueras un Neandertal. Seguro que eso queda muy bien.
Eh, que eres tú la que estás borracha antes de las doce de la mañana y la que anda por ahí sin sujetador. —Draco dobló la esquina.
No estoy borracha.
Draco bufó.
Te digo que no lo estoy. Y en cuanto a estar en topless, no te oí quejarte de ninguna de las otras. Ay.
Draco le dio un par de empujones mientras buscaba la llave en su bolsa.
¿Qué hace que mis pechos sean especialmente ofensivos?
Draco se tomó un momento para dejar que sus ojos se acostumbraran a la penumbra de la quinta. Pasó por la pequeña cocina y el salón y entró en el dormitorio, donde lanzó sin más cumplidos a Hermione sobre el colchón gigante. Después le tiró el pareo pero la chica hizo caso omiso de él y dejó que la tela se deslizara por su cuerpo y cayera al suelo.
Ron siempre pensó que eran demasiado pequeños —dijo mirándose el pecho desnudo.
Aquella mujer seguía hablando de sus pechos. Draco estuvo a punto de gemir de frustración.
¿Crees que necesito un hechizo engorgio? He oído que también hay pociones para eso, pero un son experimentales
Draco tragó saliva en un intento de conseguir humedecerse un poco una boca que se le había quedado seca como el desierto. Le estaba tomando el pelo, ¿no? Pero cuando la miró a la cara, vio que a su manera, un poco borracha, por cierto, la joven estaba preocupada de verdad. Había fruncido el ceño, se había apoyado en los codos y había metido la barbilla para ver mejor.
Creo que tus pechos son perfectos —dijo Draco al fin y la expresión de felicidad que cruzó el rostro femenino fue casi suficiente para hacerlo caer de rodillas allí mismo. ¿Cómo se había metido otra vez en la misma situación, a solas con una Hermione Granger casi desnuda y deseándola tanto que su miembro estaba a punto de hacerle estallar la bragueta, pero sabiendo sin sombra de duda que no debería hacer nada en absoluto sobre el tema?
¿De veras? —insistió Hermione.
Oh, Dios, aquella mujer tenía que dejar de hablar de sus pechos y ponerse algo encima o él iba a volverse loco.
Draco intentó apartar la vista pero hasta su olor, aquella piel cálida y el bronceador con aroma de coco, era suficiente para tensarle la entrepierna.
Por citar una de nuestras películas favoritas, «hay escasez de pechos perfectos en el mundo y sería una pena perder los tuyos».
La sonrisa de Hermione se iluminó un poco más, si es que eso era posible.
La Princesa Prometida. Hace años que no la veo.
Bueno, Leoncita, si eres una niña buena y no te quitas el sujetador del bikini, podemos verla en mi casa antes de que te vayas.
Me gustaría —respondió Hermione en voz baja pero no hizo nada por cubrirse.
Incapaz de soportarlo más, Draco cogió de un manotazo el pareo del suelo y se lo puso alrededor. Pero antes de que pudiera erguirse, el brazo de Hermione le rodeó el hombro y Draco sintió que los dedos femeninos se le enredaban entre el pelo un poco húmedo de la nuca.
¿Qué más te da que otros hombres me vean en topless, Draco?
Hermione tenía los labios rosados y separados y si él no pudiera oler la ya leve dulzura del alcohol en su aliento, se habría inclinado más para saborearla.
¿Estás celoso? —lo picó ella.
Le causó un dolor casi físico estirar la mano y desprender con suavidad la mano de Hermione de su cabello. Aquella chica lo estaba matando, se le hizo un nudo en las tripas cuando su cerebro conjuró un torrente de imágenes de los dos, desnudos, pasando el resto de la tarde envueltos en una vigorosa maraña de miembros entrelazados.
Pero Hermione estaba borracha y eso estaba alimentando sus coqueteos. Y le gustara a Draco o no, el mismo instinto protector y los celos que hacían que quisiera ocultarla de los ojos de otros hombres era lo que evitaba que se olvidara de su sentido común y se derrumbara sobre esa cama con ella. Eso y saber que si la volvía a tomar, sobre todo borracha como estaba, solo terminaría complicándole a él la vida todavía más.
Es solo que no quiero que te metas en una situación que no puedas manejar, Mione —dijo al fin. Era una excusa patética, ¿pero qué otra cosa iba a decir? ¿Que con solo pensar que otro hombre pudiera verla desnuda le apetecía atravesar una pared con el puño? ¿O que la sola idea de que estaba celoso lo confundía y cabreaba más de lo que lo había estado en toda su vida?
Hermione sacó el labio inferior con un puchero enfurruñado.
No soy ninguna niña. —A la joven le pesaban los párpados cuando lo miró entre las pestañas inclinadas.
—Eso ya lo sé. Es solo… Digamos que me cuesta romper con las viejas costumbres.
La joven puso los ojos en blanco, igual que la adolescente hosca que afirmaba no ser.
De acuerdo, Draco, voy a hacer un trato contigo. Yo no me quito el sujetador del bikini y no me acerco a ti, si eso es lo que quieres. Pero tú tienes que relajarte un poquito y dejar que me lo pase bien.
Draco frunció el ceño de repente.
Jamás he dicho que no quería que te acercaras a mí.
Pamplinas.
Dios, deberías haberte visto la cara cuando aparecí aquí. Estabas muerto de miedo, como si esperaras que lanzara un Avada o algo asi.
Draco hizo una mueca pero no intentó defenderse.
Me lo pasé muy bien contigo, Draco, y creí que tú lo habías pasado bien también —dijo Hermione en voz baja—. Pero sé de sobra que no hay que confundir un sexo estupendo con el verdadero amor. Sobre todo contigo.
Eso sí que lo golpeó como la proverbial estaca en el corazón. Draco contuvo el aliento por un instante, dolido, cuando el casual comentario de la joven dio en el blanco de lleno. Por desgracia para ella, Draco no estaba dispuesto a ser su juguetito personal de la semana. Y aunque la idea lo ponía físicamente enfermo, no tenía ningún derecho a detenerla si quería buscarse un sustituto.
Está bien, de acuerdo. Yo me relajo. Pero tú ten cuidado. —Cuando Hermione abrió la boca para protestar, Draco la silenció tapándole la boca con la mano—. Mira, sé que eres una mujer adulta y que quieres pasártelo bien, pero eso no cambia el hecho de que hasta ahora has llevado una vida bastante protegida. Así que no te vuelvas loca. No todos los tíos son buenos chicos como yo.
Está bien, papá —dijo Hermione de mal humor. Y después, con un tono más cordial—: ¿Significa eso que somos amigos otra vez?
Sí, supongo que sí.
Hermione volvió a dejarse caer entre las almohadas y cerró los ojos. Draco se inclinó sobre ella y depositó un beso en la piel suave de la frente de la joven.
Antes de que Draco pudiera reaccionar, Hermione le deslizó los brazos por los hombros y levantó la cabeza. Abrió los suaves labios sobre los de Draco y sacó un poco la lengua para incitar la piel resbaladiza de la boca de su amigo.
Con un suspiro, Draco se dejó llevar por el beso. Hermione sabía tan asombrosamente bien, dulce y cálida, con el matiz picante de los daiquiris por debajo. Al tiempo que el cerebro le chillaba que parase, que se apartase, que se levantara de aquella cama, Draco le recorrió el brazo con la mano. Deslizó la palma por la piel sedosa del vientre femenino y fue subiendo bajo el pareo con el que la había envuelto.
Hermione dejó escapar un pequeño gemido cuando la mano masculina le envolvió un pecho, después deslizó las manos por la espalda de Draco e introdujo los dedos por la cinturilla de sus pantalones cortos. Draco gimió al saborear la sensación de tenerla entre sus manos, al sentir el sabor de aquella mujer en su boca, al percibir el calor femenino apenas contenido que se frotaba contra sus pantalones.
Un golpe seco resonó en la puerta de la quinta.
El ruido le devolvió a Draco el sentido común con una sacudida. Se apartó de Hermione y se sentó tan rápido en la cama que le dio vueltas la cabeza.
Vete —exclamó Hermione.
¿Hermione? Soy Amy. Solo quería ver…
Estoy bien, vete —repitió Hermione. Se puso de rodillas e intentó atraer a Draco otra vez a la cama—. Bueno, ¿dónde estábamos?
Hermione, debería irme. —Draco intentó desprenderse con suavidad de los brazos que le rodeaban el cuello pero la joven lo envolvía como un pulpo—. No podemos hacerlo —dijo con una mueca ante su propia falta de convicción.
¿Por qué no? No es como si no lo hubiéramos hecho antes. Y estuvo taaan bien —murmuró Hermione mientras lo torturaba con mordisquitos incitantes por el cuello y las orejas—. No he dejado de pensar ni un momento en lo bien que me sentía cuando me follabas hasta el fondo, con tanta fuerza.
Draco estuvo a punto de correrse con solo oír eso, escandalizado e insoportablemente excitado por aquel lenguaje tan poco propio de Hermione. Cerró los ojos. Estaba deseando rendirse a la lógica femenina pero sabía que se odiaría, y Hermione también lo odiaría, si lo hacía.
Solo porque hayamos cometido un error una vez no significa que tengamos que volver a cometerlo.
Hermione dejó caer los brazos y se derrumbó de nuevo en la cama.
Muy bien. Supongo que tendré que arreglármelas sola. —Con una sonrisita picara estiró los dedos y deslizó la palma de la mano por el vientre desnudo. Mientras Draco la miraba, paralizado de lujuria, deslizó la mano bajo la cinturilla de las bragas del bikini y se arqueó para acoger los dedos con un gemido ronco.
Draco tenía mil razones para no volver a caer jamás en el anhelo que le inspiraba Hermione pero en ese instante no se le ocurrió ni una sola, porque toda la sangre de su cuerpo huyó a su entrepierna, la cual, le palpitaba mientras observaba los dedos femeninos que se movían bajo la tela sedosa del bikini. Se le secó la boca cuando Hermione capturó su propio pezón entre dos dedos y lo apretó un poco.
El Slytherin había intentado ser bueno con todas sus fuerzas, hacer lo que debía. Pero el aguante de un hombre tiene un límite.
A los pocos segundos estaba en la cama al lado de Hermione, cubriendo con su mano la de la joven, que se acariciaba y masajeaba el pecho. Hermione abrió los ojos de repente y después los labios en un jadeo sorprendido al sentir la caricia masculina. Draco aprovechó la oportunidad para envolverle la boca con la suya y hundir la lengua para saborearla y atormentarla. Deslizó la palma de la mano por el vientre plano y bronceado de la joven y se detuvo solo un momento para desatarle un lado del bikini y quitarle la brillante tela de color coral.
Tragó saliva al ver aquellos dedos esbeltos que se habían enterrado entre los pliegues resbaladizos del sexo femenino. El clítoris era una mora roja perfecta, jugosa y bañada por su propia humedad, que asomaba con impaciencia entre los labios suaves de la vagina, Hermione se acariciaba, se rodeaba con los dedos con un ritmo firme y constante, y gemía. El sonido envió oleadas de calor que hicieron crepitar directamente los testículos de Draco y este supo que no iba a aguantar ni un segundo más sin toPansy Pansy.
Trazó con dos dedos la jugosa ranura. Los dedos de la joven se quedaron inmóviles.
No pares —susurró él entre un beso y otro, besos húmedos con los que le cubrió el pecho entero—. Enséñame cómo te corres tú sola.
Hermione emitió un suspiro estremecido y continuó acariciándose. Draco deslizó los dedos por la entrada de la joven y provocó otra oleada de humedad que bañó el sexo femenino al presionar en su interior. Se le cerraron los ojos y dejó escapar un gemido al sentir los músculos resbaladizos que le rodeaban los dedos. Hermione se fundía a su alrededor como miel caliente, azúcar líquido que bañaba su mano en su dulce calor al arquearse e incitarlo para que metiera más los dedos.
Ella también movía los dedos más rápido, con más firmeza, así que Draco cruzó los suyos y empezó a meterlos y sacarlos, retorciéndolos para que la sensación fuese extrema. Lamió las gotas de sudor que perlaban el pecho femenino y después siguió subiendo, acariciando la piel de Hermione con la lengua hasta que le capturó el pezón duro como un guijarro. Le succionó el pecho con fuerza y estuvo a punto de correrse cuando la joven se tensó contra él y dejó escapar un grito penetrante. El sexo femenino se estremeció alrededor de los dedos de Draco en oleadas, apretándoselos en su presa resbaladiza. Tenía que penetrarla. Ya.
Se peleó un momento con el botón de los pantalones y después le sonrió al colocarse sobre ella. Hermione tenía los ojos cerrados y los labios separados y su respiración se iba ralentizando. Después emitió un ruidito que hizo gemir a Draco. Pero no de placer.
Estaba roncando. Se había quedado frita. A Draco le hubiera gustado llevarse el mérito de haber hecho que se corriera hasta el punto de desmayarse pero sabía que el único responsable del estado inconsciente de la joven era el alcohol.
El sonido de los suaves ronquidos femeninos lo torturó mientras salía del chalé. Eso era lo que pasaba cuando te haces el tonto con tías borrachas.
….
Hermione se despertó de repente. Levantó la cabeza de la almohada, abrió los párpados llenos de lagañas y miró por la habitación. ¿Pero qué hora era? Miró la franja de luz que se colaba por las cortinas. Estaba anocheciendo, supuso.
Sacó las piernas de la cama e hizo una pequeña mueca cuando sintió el cerebro agitándose dentro del cráneo. ¿Cómo se le había podido ocurrir? Ponerse a beber a las diez de la mañana y para colmo sin haber desayunado. Tenía un sabor asqueroso en la boca, como si hubiera estado comiendo sándwiches de tierra.
Se levantó con cierta vacilación y miró el reloj de la radio que tenía en la mesita. Cinco y media. Se acercó a las puertaventanas que llevaban al patio de la quinta y retiró las cortinas. Qué raro. Estaba inusualmente oscuro para la hora que era.
Encendió la luz del baño y guiñó los ojos cuando la asaltó el fulgor. Se examinó por encima del vaso mientras se tomaba unos cuantos tragos de agua. Qué mona. Tenía el pelo de punta, una auténtica Medusa, y llevaba un rastro de saliva seca en la mejilla. Le gruñó el estómago cuando tragó el agua.
Servicio de habitaciones y a la cama otra vez. Con esa intención se arrodillo en la chimenea de su habitación y marco por la rede de polvos flu a el restaurante del hotel.
Sí, me gustaría pedir algo de cenar —dijo cuando contestó la operadora.
¿Cenar? Señora, todavía estamos abriendo para servir el desayuno.
¿Desayuno? —dijo Hermione como si fuera tonta.
Sí, pero no empezamos a servirlo en las habitaciones hasta las seis. Pero si quiere hacer su pedido ahora, será un placer llevárselo tan pronto como nos sea posible.
¿Desayuno? ¿Era posible que…? Hermione miró su reloj. Sí, así era, según la ventanita que mostraba la fecha era lunes por la mañana. De alguna manera se las había arreglado para dormir casi dieciocho horas seguidas.
¿Señora?
La voz de la operadora la sobresaltó y la devolvió a un estado semiconsciente.
Sí, quiero decir, no, no quiero desayunar ahora mismo.
Debe de pensar que soy una auténtica idiota. O una auténtica borracha.
Claro que la operadora del servicio de habitaciones era el menor de sus problemas, ¿no? Dadas sus hazañas del día anterior, había varias personas que seguramente pensaban que era idiota.
Empezando por Draco.
Ay, Dios —gimió al recordar de forma vaga que su amigo la había llevado hasta su habitación. Y después… ay Dios, los momentos que pasaron hasta que ella se quedó dormida. Los dedos de Draco sobre su cuerpo, y dentro de su sexo, haciendo que se corriera casi hasta… No, espera, se había desmayado, sin casi. Hermione cerró los ojos con todas sus fuerzas y la embargó la vergüenza cuando recordó lo que había dicho, lo que había hecho. ¡Oh, Merlín bendito, pero si se había tocado justo delante de él! Se había metido las manos en las bragas y había empezado a masturbarse en un intento de incitarlo.
Como era obvio, había funcionado hasta cierto punto, pero hasta qué punto Hermione no estaba del todo segura. Se devanó los sesos e intentó recordar qué había pasado luego, si es que había pasado algo. ¿Se habían acostado? ¿O él se había ido después de ponerla a mil?
Quizá, si tenía mucho cuidado, podría arreglárselas para evitarlo durante los siguientes cinco días.
Se le hizo un nudo en el estómago cuando su cerebro emitió unos cuantos fragmentos más de la mañana anterior, como el tráiler mal editado de una mala película. Se había quitado el sujetador del bikini. El último daiquiri de plátano. Draco echándosela al hombro y llevándosela de la playa.
Sacudió la cabeza y se hizo una taza de café. En su noche de bodas se había jurado que la nueva Hermione iba a animar las cosas. Al contrario que la hijita buena y obediente que siempre había sido, la nueva Hermione no tendría miedo de armar la gorda, de ser el centro de atención y de provocar algún que otro escándalo.
Pero emborracharse, desnudarse en público y que se la llevaran de un sitio delante de sus nuevos amigos no era precisamente lo que tenía en mente cuando hizo sus votos.
¿Qué podía decirle a Draco, «Siento haberme arrojado entre tus brazos como una actriz porno»? Siempre se había reñido por llevar una vida tan aburrida, pero la aburrida Hermione, la que nunca se desviaba del buen camino y nunca se saltaba las reglas, esa Hermione jamás había tenido que enfrentarse a una situación parecida.
Y prácticamente intimidar a Draco para que se acostara con ella cuando era obvio que él no quería reanudar su amistad no entraba en absoluto en ninguno de sus planes.
Para empeorar las cosas, Hermione le había demostrado que tenía razón, ¿no? Después de todas sus protestas diciendo que no había viajado hasta allí con ninguna expectativa concreta, se había pegado a él como una lapa a la primera de cambio.
Solo porque hayamos cometido un error una vez no significa que tengamos que volver a cometerlo. Aunque el resto de la conversación había quedado envuelta en una espesa niebla, esas palabras resonaron con claridad en su mente. Un error. Para él eso era lo que había sido acostarse con ella. No unas cuantas risas, no un buen rato que merecía la pena repetir, sino un error. ¿Qué más daba que al final se hubiera rendido el día anterior? Ella estaba medio desnuda — ¡tocándose!— y prácticamente rogándole que la tomara. Hermione no se consideraba ninguna experta en hombres, desde luego, pero hasta ella sabía que le había hecho una oferta que cualquier hombre soltero y heterosexual tendría que estar casi muerto para resistir. Recordó entonces que, antes de que ella hubiera sacado la artillería pesada, él se había apartado.
Solo había una solución. Alejarse todo lo posible de Draco durante el resto de su estancia.
Volvió a mirar el reloj. Las seis de la mañana. Algo le daba vueltas en la cabeza. Algo que se suponía que tenía que hacer ese día.
Hizo otra mueca cuando lo recordó. Bucear. Iba a ir a volar con Mike esa mañana. No tenía muchas ganas de ir pero Mike le había parecido tan sincero al decir que quería ayudarla a superar su aversión que le sabía mal rechazarlo.
Si acaso, al menos en un par de horas tendría garantizado que no se tropezaría con Draco.
Miró fuera, al sol que en ese instante derramaba su luz amarilla como la de un limón por toda la playa. Se había deshecho de la resaca gracias a una poción que encontró en el botiquín de la habitación y sintió que la invadía una energía inquieta. Sin duda uno de los efectos secundarios de dormir casi un día entero.
Decidió que una buena carrera era lo mejor para matar un poco el tiempo y deshacerse de paso de unas cuantas toxinas, así que se puso las zapatillas de deporte y salió.
Una hora después se sentía reanimada y un poquito mareada de correr con el estómago vacío. Dio un rodeo por el restaurante de la piscina para pedir un batido de frutas.
Mientras esperaba a que le mezclaran el potente batido de proteínas de melocotón, la mirada de Hermione se clavó en el hombre que hacía unos largos en la piscina. Le sorprendió ver a otra persona levantada tan temprano. Quienquiera que fuera, era asombroso. Tenía una espalda fuerte que resplandecía bajo la superficie del agua y los brazos se estremecían al empujarlo por el agua sin aparente esfuerzo con unas brazadas impecables.
Después gimió cuando se dio cuenta de quién era.
¿Es que una chica no puede respirar tranquila ni un momento?
¿Cómo dice, señorita? —preguntó la camarera, que estaba muy ocupada limpiando la barra.
Oh, nada —dijo Hermione—. Solo estoy esperando mi batido.
¿Qué pasaba, es que habían ido a recoger los melocotones a la huerta? Hermione le lanzó una mirada furtiva a Draco, todavía absorto en sus brazadas. Hermione rezó en silencio para poder salir de allí sin que él se diera cuenta. Sabía que al final tendría que dar la cara pero en ese momento temía morirse de vergüenza allí mismo.
Durante una décima de segundo se planteó la posibilidad de saltarse el desayuno del todo y pedir algo al servicio de habitaciones pero temía seriamente desmayarse por un bajón de azúcar antes de llegar a su quinta.
Lanzó un suspiro de alivio cuando apareció por fin la camarera con un gran vaso lleno de un espeso batido.
Sigue nadando. Por favor, que aquel hombre siguiera nadando.
Dejó escapar un ruidoso suspiro cuando se dio la vuelta justo a tiempo de ver a Draco saliendo de la piscina. El agua chorreó por el torso musculoso cuando se aupó para levantarse. Todavía no la había visto, estaba muy ocupado secándose la cara y el pelo. Todavía podía escapar.
Por desgracia, los pies se negaron a obedecerla y no pudo echar a correr. En su lugar se quedó allí plantada, con la saliva manchándole sin duda la camiseta de tirantes muy finos y bebiéndoselo con los ojos. Incluso después de la noche que había pasado conociendo a Draco de una forma tan íntima y personal, la visión de aquel cuerpo medio desnudo era suficiente como para que se le doblaran las rodillas.
Siguió con los ojos las gotas de agua que le recorrían los abdominales estremecidos y tuvo que hacer un esfuerzo para contenerse y no tirarlo al suelo para secárselas con la lengua.
Ah, hola, Mione. Te has levantado temprano.
La mirada de Hermione regresó de pronto a la cara de Draco, sorprendida de ver lo que solo se podía describir como una sonrisa cordial en su rostro. Qué raro, después de lo del día anterior, esperaba que la evitara como si fuera la peste.
¿Cómo te encuentras? —le preguntó Draco cuando ella siguió sin decir nada.
Estoy bien. ¿Por qué lo preguntas? —Hermione tomó un largo sorbo de su batido y saboreó la dulzura helada que se deslizaba por su garganta. No era solo la carrera lo que le subía la temperatura.
Los hombros de Draco se estremecieron cuando se secó los brazos y la espalda con la toalla.
Me pareció que tendrías un pequeño dolor de cabeza.
Hermione lanzó una carcajada nerviosa. Por la razón que fuera, Draco estaba siendo muy agradable esa mañana pero decidió no darle demasiadas vueltas.
Bueno, sí tenía resaca, supongo que la dormí entera. No sé a qué hora me quedé dormida pero desperté hace más o menos hora y medía.
Draco dejó escapar un silbido bajo mientras se reunía con ella en el bar. Le dio las gracias a la camarera que de inmediato le colocó delante dos vasos gigantes, uno de agua y otro de zumo de naranja.
Estabas más curda incluso de lo que pensé.
A Hermione se le pusieron los pelos de punta.
No estaba tan borracha. —Evitó la mirada de su amigo fingiendo que colocaba la pajita antes de tomar otro trago.
Ya, por eso perdiste el conocimiento dieciocho horas seguidas…
No perdí el conocimiento. Últimamente no he dormido nada bien y…
Justo después de intentar aprovecharte de mí —terminó Draco con una irritante sonrisa de satisfacción.
Hermione creía que era imposible tener más calor pero la temperatura de su rostro aumentó unos diez grados. Ja, si Draco pensaba que ella estaba como una cuba la noche anterior, ¿por qué no seguirle el juego?
Estaba tan borracha que ni siquiera sé de qué estás hablando. —Su anfitrión le había proporcionado la estrategia perfecta: dejarlo correr como si no se acordara de nada.
Draco se echó a reír pero el tono burlón que Hermione temía no apareció.
Bobadas. No estabas tan borracha.
Pero acabas de decir…
Sí, porque sabía que te ibas a cabrear y eres una monada cuando pierdes los papeles. ¿Has ido a correr esta mañana?
El súbito cambio de tema fue demasiado para la mente de Hermione, todavía un poco entumecida, así que todavía tardó un momento en contestar.
Sí. Quería ir antes de que hiciera demasiado calor. Y no soy ninguna monada.
Lo de «monada» era algo que llevaba persiguiéndola toda su vida. Por una vez quería que la describieran llamándola belleza o sexy.
Eres adorable. Y sé a lo que te refieres, yo también intento hacer ejercicio antes de que el sol llegue al punto de ebullición. Por no mencionar que tampoco me apetece mucho que todos mis huéspedes me vean así. —Draco señaló con un gesto los ceñidos pantalones cortos de lycra que llevaba a modo de bañador—. A menos que seas Lance Armstrong, los pantalones de lycra no son una prenda que un hombre deba ponerse a la ligera.
Hermione se quedó mirando la prenda en cuestión. Por el modo en que se adaptaba como una segunda piel a aquellos muslos atléticos y lustrosos y al extraordinariamente apretado y fantástico culo que cubría, Hermione no pudo menos que estar de acuerdo. Por no mencionar que no hacía mucho por ocultar los más que impresionantes bienes que Draco tenía entre las piernas.
El Slytherin carraspeó un momento.
Oh, Dios, se le había quedado mirando a la entrepierna. Bueno, tampoco era culpa suya. Había sido él el que le había empezado a hablar de su cuerpo y el modo en que los pantalones se aferraban con ternura a todas sus… partes.
Pues yo creo que estás muy… bien —dijo Hermione. Y acompañó la afirmación con un trago tan grande de su batido que de inmediato tuvo que cerrar los ojos y sujetarse la cabeza cuando estuvo a punto de sufrir una congelación cerebral instantánea.
Una carcajada profunda resonó en el pecho masculino.
Dios, Mione, contigo me parto. Solo tú podrías ser tan educada mientras te comes con los ojos el paquete de un tipo.
Hermione ahogó un grito.
No me estaba comiendo con los ojos tú… tu paquete.
Oye, que no es una queja. Escucha, Hermione, en cuanto a ayer…
La verdad es que no quiero hablar de ello. No estoy muy segura de lo que pasó —mentirosa— pero no voy a darle mayor importancia a las intenciones o falta de ellas que puedas tener. Sé que actué de un modo de lo más inapropiado y estoy muy avergonzada. Te prometo que no volveré a arrojarme en tus brazos en lo que queda de semana, y si lo hago, puedes mandarme a casa sin devolverme el dinero siquiera, ¿de acuerdo?
Hermione, no me refería a…
¿Por qué no podía dejar el tema de una vez?
No puedo evitar que seas un tipo francamente guapo y disfruté mucho cuando me acosté contigo pero —Hermione levantó las manos cuando él abrió la boca para interrumpirla— también entiendo que no te interese acostarte otra vez conmigo y voy a respetar tus deseos, por mucho que me emborrache.
Draco no dijo nada, solo se quedó allí de pie, mirándola con expresión un tanto confusa.
Y ahora, si me disculpas, tengo que irme. —Hermione le dedicó una sonrisa triste al mirarlo—. Voy a volar con Mike. Sin duda para ti será un alivio saber que ya tengo a alguien que me distraiga y que no voy a acosarte más.
El joven la cogió del brazo cuando se dio la vuelta para irse.
No tienes que avergonzarte de nada. No estoy disgustado…
Hermione se soltó de un ligero tirón. Solo Dios sabía lo que era capaz de hacer si aquel hombre seguía tocándola. Después hizo un esfuerzo por recomponer la serena apariencia que siempre le había servido tan bien antes de hablar.
Pondré todo mi empeño en no causarte más molestias durante el resto de mi estancia.
Hermione se permitió una última mirada, tan ávida como discreta, al pecho de Draco antes de darse la vuelta y alejarse. ¿Quién sabía cuándo volvería a estar tan cerca de un espécimen masculino de semejante perfección?
...
Pondré todo mi empeño en no causarte más molestias durante el resto de mí estancia. ¿Quién coño hablaba así?, pensó Draco mientras se terminaba el agua y el zumo.
Hermione. Hermione hablaba así. Hermione, cuando se sentía amenazada o incómoda, siempre corría a refugiarse tras la armadura de la cortesía y los cumplidos.
Era una monada, tanto cuando escogía con todo cuidado esas ridículas expresiones como cuando se cabreaba de verdad.
Pero sí bien a Draco siempre le había encantado tomarle el pelo e intentar echarle un vistazo a su aparentemente inexistente genio, no le gustaba verla avergonzada.
Draco regresó andando a su casa mientras se iba secando con la toalla. Por no mencionar que aquella chica estaba de vacaciones. Hermione había pagado lo que hasta él admitía que era una cantidad obscena de dinero para alojarse allí y, fueran cuales fuesen sus razones para haber viajado hasta Mónaco Bay, se merecía pasárselo bien como quisiese.
El Slytherin frunció el ceño. Pero no si su idea de diversión incluía coger la gran curda y desnudarse delante de cualquiera que quisiera contemplar sus pechos perfectos.
En menudo embrollo se había metido. Apenas había podido dormir la noche anterior mientras intentaba contener el impulso de salir corriendo, forzar la puerta del chalé de Hermione y tomarla como era obvio que aquella chica quería. Tampoco había sido capaz de hacer nada en la oficina. En lo único que podía pensar era en la sensación de la entrepierna dulce y ardiente de Hermione ciñéndole los dedos, lo magnífico que hubiera sido deslizarse por los suaves labios de aquella cueva oscura. Una y otra vez hasta que no le quedó más remedio que irse a casa y darse una larga ducha de agua fria para poder concentrarse después.
Y verla así, sudada y ruborizada tras la carrera, lo ponía a mil, hasta tal punto que tuvo que ponerse la toalla alrededor de la cintura para no escandalizar a algún inocente miembro del personal o a algún cliente.
En lo único que podía pensar él era en volver a estar dentro de ella y resultaba que ella se iba a pasar la mañana con Mike. Mike, con su cara bonita de portada de revista y su impaciencia de buen chico, sin duda había podido echarle a Hermione un buen vistazo el día anterior, antes de que Draco se las arreglara para devolver a Hermione a su quinta.
Fantástico, joder. El futuro éxito de Mónaco Bay dependía de su capacidad para llevar a buen puerto aquella estúpida boda y gracias a una mujer castaña y menuda con unos senos perfectos y un culito descarado, él era incapaz de concentrarse ni un minuto.
Tal y como él había temido, Hermione representaba la mayor distracción del mundo en un momento de su vida en el que no podía permitirse el lujo de distraerse. La pregunta era, ¿cómo se suponía que debía solucionarlo? La respuesta obvia era ponerla de patitas en el ferry. Pero ni siquiera él era tan imbécil y además, ¿qué imagen daría de Mónaco Bay si él se hacía famoso por echar a sus huéspedes sin razón aparente?
Y aunque detestaba admitirlo, Draco tampoco estaba listo para despedirse de aquella mujer todavía.
Horas más tarde seguía sin saber qué hacer y Pansy tampoco lo ayudaba mucho.
¿Qué quieres decir con que no pasó nada? —dijo Pansy cuando Draco la puso al corriente de lo que había pasado después de que Hermione y él dejaran la playa—. ¿Te la llevaste como si fueras un gorila de montaña y no pasó nada? Pero si estaba prácticamente desnuda. —Pansy se recostó en su sillón y se cruzó de brazos, indignada.
Estaba como una cuba…
Y arrojándose en tus brazos, aunque no sé muy bien por qué, teniendo en cuenta lo imbécil que has sido con ella…
No quería aprovecharme de ella.
Oh, por favor, has aceptado las ofertas de cientos de mujeres igual de borrachas.
¡No tantas!
Está bien, docenas.
Draco hizo un cálculo mental rápido y no discutió.
Docenas de mujeres —continuó Pansy— y jamás has sentido el menor escrúpulo por sus estados de embriaguez. —Pansy hizo una pausa y un pequeño ceño le arrugó la frente—. Bueno, eso no es del todo verdad, jamás te he visto irte con alguien en peligro inminente de ponerse a vomitar.
Lo que decía Pansy era verdad y, coño, le dolía. Draco jamás había sentido ningún escrúpulo por su comportamiento.
Ninguna estaba tan borracha como para no saber lo que estaba haciendo. —Era un argumento bastante endeble pero por primera vez en su vida a Draco le estaba costando justificar su comportamiento.
¿Y Hermione?
¿Y Hermione qué?
El tono de Pansy se hizo más exasperado todavía.
¿Estaba tan borracha como para no saber lo que estaba haciendo?
Draco pensó bien la pregunta antes de contestar. No cabía duda de que Hermione había bebido demasiado pero, sí tenía que ser sincero consigo mismo, tenía que admitir que había sido más bien un caso de pérdida de inhibiciones que de que Hermione hubiera hecho algo que no habría hecho de ninguna otra manera.
Igual que en la noche de bodas de la joven. Draco sintió una tensión conocida en el estómago cuando recordó las horas que había pasado con ella en aquella gran cama de Malfoy Manor. La había hecho suya de todas las maneras que se le habían ocurrido y, con todo, seguía empalmado y ansiándola cuando se había subido al translator que lo había devuelto a Mónaco Bay.
Igual que en ese mismo instante, al recordar la sensación del pecho de Hermione, desnudo y perfecto, bajo su mano.
Pero no había estado bien aprovecharse de la falta de inhibición de Hermione en su noche de bodas, igual que tampoco habría estado bien si se hubiera acostado con ella el día anterior.
Después de todos los sermones que me has echado sobre mi comportamiento en el pasado, se diría que estarías orgullosa de mi contención.
Pansy puso los ojos en blanco.
Muy bien, por una vez no se te escapó de los pantalones. ¿Qué quieres, una medalla?
Draco intentó lanzarle una mirada asesina pero sin gran resultado.
Lo único que digo es que es obvio que la deseas. Y aunque ella intenta mantener la compostura, está claro que el sentimiento es mutuo. Así que no veo por qué te sigues torturando. Por no hablar de como me atormentas a mí, que tengo que cargar con tu perpetuo mal humor.
No es buena idea, Pansy.
¿Pero qué problema hay? ¿A qué le tienes tanto miedo?
¿Miedo?—se burló Draco—. Yo no le tengo miedo a nada —dijo, quizá con demasiada pasión porque Pansy se recostó en su sillón y lo miró con los ojos entrecerrados con esa expresión tan suya.
Te gusta, ¿verdad? —dijo al fin con un brillo en los ojos, como si acabara de descubrir algún gran y oscuro secreto.
Pues claro que me gusta…
No, te gusta pero de verdad. Sigues suspirando por ella, como cuando ibas a la universidad.
Yo jamás…
Su amiga continuó, aplastando cualquier protesta que él pudiera haber hecho.
Estabas loco por ella en aquel entonces. En tus cartas siempre era «Hermione y yo hemos hecho esto, Hermione y yo hemos hecho lo otro…».
Sí, y siempre estaba saliendo con otra persona.
Siempre te estabas tirando a otra persona —lo corrigió Pansy—. Pero a la que deseabas de verdad era a Hermione.
Solo éramos amigos.
Sigo sin entender por qué nunca le entraste —dijo Pansy sin advertir la tensión que agarrotaba cada músculo del cuerpo masculino.
Dejemos el tema —dijo Draco. Fue más duro de lo que había pretendido pero al menos su prima cerró la boca con un arqueo sorprendido de las cejas.
Draco regresó al ordenador e intentó quitarse a Hermione de la cabeza pero los comentarios de Pansy le devolvieron todos aquellos desagradables recuerdos de Hogwarts, después de la caída de Voldemort y de su absolución debido al sacrificio de su padre. Paso por una etapa muy oscura, se las arreglaba siempre para andar metiéndose en líos, estaba enojado con la sociedad y la culpaba de la muerte de su padre. Hasta que la Directora, Minerva McGonagall, lo obligó a recibir clases tutoriales con la brillante alumna y heroína de guerra Hermione Granger.
Compartiendo tanto tiempo con ella, puedo darse cuenta que las decisiones que su padre había tomado en la vida lo llevaron a ese final, y que al menos en el último momento demostró su amor al sacrificar su vida por su familia, lo que debería considerar con un regalo en lugar de una maldición, ya que como Mione dijo una vez, nunca perteneces al lado oscuro, mientras tienes alguien a quien amar. Gracias a ella se alejo de sus pensamientos dañinos.
En su lugar intentó centrarse en los estudios y se ganó la distraída aprobación de su madre cuando consiguió sacar todo sobresaliente sin demasiado esfuerzo. Pero incluso entonces, Draco nunca sintió la aprobación de la comunidad mágica y su madre en cierta forma aun lo culpaba de la muerte de su padre.
Todo el mundo había sido muy agradable con él pero había oído rumores suficientes. Especulaban sobre las verdaderas intenciones por las que su padre se cambio de bando a última hora, decían que fue un plan de espionaje, que le pasaba información a Voldemort de los movimientos de la orden.
Draco jamás se había molestado en intentar convencerlos de la verdad. Que su padre fue espía en secreto desde que se dio cuenta que no quería ser mortifago, que los ideales que lo llevaron a formar parte de ese grupo de locos, fueron impulsados por los deseos de venganza de su juventud, pero que en realidad lo que quería es que todo siguiera normal, mientras seguía amasando su gran fortuna y disfrutaba siendo un elitista, snob.
Solo Hermione llegó a saber la verdad. Hermione había visto a mi padre varias veces cuando iba a las reuniones de la orden. Y fue la única que se atrevió a preguntarme de frente sobre si mi padre en realidad había sido leal a la orden o solo fue un mal entendido de circunstancias. Cuando le explique me dijo-
—Sabía que en el fondo tenía un alma gentil, después de todo mira como saliste tu—le había dicho.
Pero a pesar de toda su dulzura, Hermione jamás iba a ser suya. Lo que no había impedido que él la deseara con todas sus fuerzas. Para cuando cumplió los veinte años y Draco ya había disfrutado de unas cuantas chicas malas pero entonces le había echado un vistazo a Hermione, con su piel cremosa y aquellas curvas jóvenes y frescas, y se había preguntado qué haría falta para, hacer que una chica buena como Hermione se portara mal.
Sus cavilaciones debieron de ser bastante obvias porque Arthur Weasley no había perdido el tiempo: lo habían arrinconado y lo había desengañado de cualquier idea que Draco pudiera tener sobre Hermione. Puede que tu padre haya servido a la Orden, le había gruñido. Pero no eres uno de nosotros. No te acerques a Hermione.
Draco nunca supo si Arthur le había hecho la misma advertencia explícita a Hermione pero en Francia fue obvio que la chica quería mantener en secreto su creciente amistad.
Draco se había planteado durante un tiempo la idea de seducirla para vengarse, para desquitarse de unas personas que, a pesar del gran sacrificio de su padre nunca llegarían a aceptarlo. Pero muy pronto se dio cuenta de que Hermione le gustaba demasiado para hacerle eso.
¿Así que Pansy quería saber por qué no le había entrado nunca? Jamás lo admitiría ante ella pero podía admitirlo para sí. Porque había sido un cobarde, así de simple. Porque siempre había sabido que cualquier relación con Hermione terminaría reduciéndose a una sencilla elección: o él o todo lo demás, subida, sus amigos, su prestigio y la aceptación de la comunidad mágica. Y siempre había sabido que perdería él.
Y como el idiota que era, durante un tiempo, tras licenciarse, había intentado conseguir la aceptación de su mundo trabajando duro para el ministerio, intentando demostrar que era uno de ellos, alguien digno de una chica como Hermione. Se había pasado tres años golpeándose la cabeza contra el muro antes de espabilar de una vez y abandonarlo todo para construir Mónaco Bay.
Si ella está dispuesta, no sé por qué no te lanzas y te lo quitas de una vez de la cabeza —dijo Pansy, sacándolo de su desagradable viaje por la calle de los recuerdos.
Draco se frotó los ojos con la esperanza de que eso devolviera al primer plano los números de la hoja de cálculo.
Te he pedido que dejaras el tema. Además, los dos sabemos que ahora mismo no me puedo permitir distracciones.
¿Es que ahora no estás distraído? —respondió Pansy—. ¿Sabes? Quizá si te lanzaras y te lo quitaras de encima, podrías concentrarte en esto de una vez.
Draco no se molestó en decirle a Pansy que ya había hecho suya a Hermione una vez y que eso no había hecho mucha mella en el deseo que sentía por ella.
No es tan fácil.
¿Qué es lo peor que podría ocurrir? —Maldita fuera, aquella mujer era como un perro con un hueso.
¿Lo peor? Que Hermione se fuera y regresara con sus amigos, dejándolo a él solo y con todos aquellos patéticos anhelos que había vuelto a despertar. Básicamente, lo inevitable. Por fortuna sonó la red flu antes de que Draco se viera obligado a pensar una respuesta. Mientras Pansy sostenía otra conversación llena de tensión con el jefe de seguridad de Julia Bowden, Draco regresó al siempre creciente presupuesto de la boda.
Pero por mucho que intentara concentrarse, no podía quitarse a Hermione de la cabeza, cosa que, como bien había señalado Pansy, ya era una enorme distracción sin ni siquiera haberse acostado con ella otra vez. Dios, en ese momento estaba sufriendo todas las consecuencias que más temía pero sin ninguno de los beneficios.
Y si lo pensaba bien, llevaba años obsesionado con una versión idealizada de Hermione. Una Hermione que jamás lo habría utilizado para vengarse, que jamás le habría propuesto a un tipo una aventura casual. En los cinco años transcurridos desde la última vez que la había visto, Hermione se había convertido en una persona diferente. Quizá si Draco tomaba una dosis de realidad, de la mujer real en la que Hermione se había convertido, podría enterrar aquella obsesión de una vez por todas.
Pero primero la iba a enterrar a ella, en una cama. Y empezando esa misma noche.
CONTINUARA
EN EL PRÓXIMO CAPITULO,¿CUMPLIRÁ DRACO SU DESEO DE ENCERRARAN A HERMI EN SU HABITACIÓN?
¿QUE LES PARECIO ESTE CAPITULO? SI LES GUSTÓ O NO, HAGAN ME LO SABER. LO REVIEWS NO SON SOLO PARA AGRADECER, DE HECHO ES PARA INTERACTUAR CON LA AUDIENCIA. A MI ME GUSTAN MUCHO, TANTO SI SON DE FELICITACION COMO SI ME INSULTAN Y ME MANDAN CRUCIOS; POR ESO NO ME DA PENA DECIRLO, LO LOGICO ES QUE SI HAY UN NUMERO DE PERSONA SIGUIENDO LA HISTORIA, HALLA UN NUMERO APROXIMADO DE REVIEWS POR CAPITULO, ESPERO QUE A NADIE LE MOLESTE ESTO; PERO SI LES MOLESTA, PUEDEN HACERMELO SABER, CON UN REVIEW, XD
PD: ESPERO NO HABER SIDO MUY REDUNDANTE. JIJIJI lOl
