Me complace hacer esta historia como no tienen idea. Este capítulo estará más largo, y está ambientado en una canción de Nickelback (se nota mucho que me encanta? XD)

DISCLAIMER: Kick Buttowski: Suburban Daredevil no me pertenece, sino a Sandro Corsaro, y la canción If today was your last day es de Nickelback.


Si hoy hubiese sido mi último día…

De repente, las palabras de su hermana resonaron en su mente. Linnie le había insistido que la vida no era solamente tener éxito: era fallar también, aprender de los errores, y seguir adelante. Tenía que dejar de ser antisocial por miedo a que no la aceptaran tal y como era.

Si tan solo le hubiese hecho caso...

No podía moverse.

El humo bloqueaba gran parte de su visión, y su cuerpo no quería responder. Su pierna ardía horriblemente y sus pulmones le exigían aire.

¿Cómo terminó así?

Había sido un día normal: escuela, clases, peleas con Clarence, almorzar, leer en la biblioteca… Mientras se devolvía para volver a su siguiente clase, notó un olor proviniendo de la sala de ciencias. Abrió la puerta y su rostro se arrugó ante el potente hedor del gas. Se llevó una mano para cubrir su nariz y boca. Después, se acercó un poco para buscar la llave que, descuidadamente, habían dejado liberar el gas. Ya le avisaría a un maestro. Primero, debía evitar un accidente.

Una vez cerrada la llave, caminó hacia las ventanas, pero el aire estaba tan denso y pesado, que su cabeza comenzó a dar vueltas y cayó arrodillada al suelo.

Kendall era brillante, ¿por qué no lo notó?

¿Fue el gas? ¿El mareo?

Había caído sentada encima de un cable. Cuando volvió a incorporarse, la punta de su pie izquierdo terminó por tirar violentamente del enchufe.

Después, no supo más.

La explosión la aturdió.

Cuando abrió los ojos, se vio recostada en el suelo, gran parte de su cuerpo presionado contra el suelo, temblando. No sabía si eso último era de miedo o por la extraña mezcla de sensaciones.

Su mente trabajó rápido, quiso levantarse, gritar, pedir ayuda, lo que fuese…

Pero no pudo.

Algo la había dejado paralizada en el suelo.

Y, después, comenzó a divagar, considerar cosas que nunca había considerado antes. No les había dado oportunidad.

¿Estaba contenta con su vida?

¿Había hecho lo correcto hasta ahora?

¿Tuvo una vida plena?

¿Por qué estaba con Ronaldo?

¿Por qué no podía llevarse bien con Clarence? ¿Era su culpa o suya?

¿Por qué sus padres no podían estar con ella?

Lo dolía muchísimo la pierna, su pecho estaba hecho un nudo y sus ojos se habían llenado de lágrimas.

Sentía su corazón golpear contra el suelo, desesperado, advirtiéndole que si se rendía, no habría vuelta atrás.

Inhaló con la boca, pero el humo logró ahogarla aún más. Tosió sonoramente y sollozó. No tenía voz para gritar.

¿Siquiera había alguien que sabía que necesitaba ayuda? ¿Alguien…?

Sus ojos se entrecerraron, dando por perdida la batalla.

. . .

. .

.

— ¡Kendall!

Ella no abrió los ojos.

— ¡Hey! ¡Kendall!

Unas manos la levantaron rápidamente del suelo. Su cabeza cayó, pesada, contra el hombro de alguien. Unas suaves palmadas impactaron su rostro.

— ¡Kendall!

El calor hizo contacto con su pierna, logrando que gimiera. Sus ojos se abrieron y se topó con unos consternados ojos azules.

—Kick…—su voz se volvió un suspiro casi inaudible.

— ¿Solo en estos momentos, me llamas así? —bromeó, tratando de mantenerla consciente.

La rubia bufó.

—Siéntete honrado. Pudo haber sido mi último aliento desperdiciado.

Él no le contestó. La cargó en sus brazos y cogió su patineta. Kendall no tenía idea de dónde demonios la había sacado. O quizás, llegó con ella.

Desvió sus ojos al oír un estruendo. Una caja con distintos líquidos se había estrellado contra el suelo. Se agarró más fuerte del acróbata y le susurró.

—Hay químicos…

—Entonces, este rescate será más increíble todavía —ensanchó su sonrisa.

Kendall ya no tuvo energías para contestarle. Se aferró fuertemente a él con sus brazos y se dejó hacer.


Cuando volvió a recuperar la conciencia, se vio en una habitación blanca. Giró su cabeza, viendo a su padre. No conversaron mucho, le había preguntado por su estado, ella afirmó, y después, se fue. No estaba enojada por la forma en que se llevaba con su progenitor. Era normal. Él estaba ocupado, lo entendía. Al menos, vino a asegurarse de que estaba bien.

La rubia suspiró y se acomodó en la camilla. Apartó las sábanas y contempló el vendaje en su pierna. Comenzaba desde la mitad del muslo hasta un poco más debajo de la rodilla.

—Fue una quemadura —le anunció otra voz.

Kendall contempló a Kick Buttowski, quien mantenía el ceño fruncido. Su mejilla izquierda tenía un parche y unos rasguños en su frente y mentón. Su traje estaba hecho un desastre, algunos sectores estaban quemados y su casco estaba opacado.

— ¿Estuviste aquí todo el tiempo? —Él asintió—. ¿Por qué me salvaste?

Kick alzó una ceja.

— ¿Por qué no lo haría?

—Me odias —explicó, como si fuese la mejor razón para dejarla morir.

—Ya no tenemos diez años —rodó de ojos—. Nadie puede ser tan cruel, Perkins. Ni siquiera tú.

Ella resopló, sonriendo un poco.

—Pensé que moriría —musitó.

—Pero no lo hiciste.

—Porque me salvaste —ensanchó la curva de sus labios, mirándolo con cierta gratitud—. Gracias —él iba abrir la boca, pero ella prosiguió—. Pensé que… Ya no le importaba a nadie más.

Kick, al parecer, quiso responderle, pero por la mueca que había hecho, supuso que le costaba bastante.

—Cuando estuve ahí —comenzó a contarle—, pensé en muchas cosas… Cosas que hice y las que no hice… había tanto que consideré, pero rechacé… me equivoqué tanto solo porque quise creer que era lo correcto.

El acróbata entrecerró los ojos, entendiendo a dónde quería llegar.

—Bueno, tienes tiempo para mejorar eso —sonrió un poco—. ¿Vive hasta que duela? —le ofreció su mano, señal de un pacto de amistad.

Kendall sonrió y correspondió el gesto.

—Creo que prefiero el dicho "haz todo y luego haz más".


Haré nuevamente este capítulo en perspectiva de Kick, pero no será el próximo. Tal vez, en unos cuantos más…