CAPÍTULO SEIS: CUESTIÓN DE TIEMPO

Tras aquella intensa mañana de entrenamiento, Kasumi había permitido a los chicos descansar y preparar el equipaje para emprender su viaje a la mañana siguiente. Cada uno dedicaba el tiempo en lo que podía. Kuno decidió pasar el día en la biblioteca buscando algún libro que les pudiera servir de ayuda. Shampoo, todavía exhausta por lo sucedido, simplemente estaba sentada en la sala común mirando consumirse el fuego de la hoguera. Ranma estaba sentado en un sillón a su lado mientras afilaba todos sus cuchillos y demás utensilios cortantes que llevaba escondidos en cualquier recoveco de su cuerpo. Akane era la única que no sabía muy bien qué hacer. Realmente sólo llevaba 24 horas en Elementary, y todavía no era capaz de diferenciar qué podría serle útil y qué no. Simplemente se sentó con Ranma y Shampoo, y les observaba en silencio mientras le daba vueltas a la cabeza sobre qué tipo de horrores se encontrarían durante la misión y cómo iba a ser capaz de manejar esos poderes que se habían despertado en ella. Por primera vez en horas, Ranma se encargó de romper aquel silencio.

-Chicas, voy a buscar a Kuno para cenar, ¿qué os parece? –al pronunciar la frase, cerró el reloj que llevaba colgando del cuello y que acaba de utilizar seguramente para comprobar que había llegado la hora de cenar. En realidad era la primera vez que se veía algo más de aquella cadena que siempre llevaba al cuello. Debía ser algo muy especial para el chico, porque ni siquiera se lo quitaba durante los entrenamientos.

-A mí me parece perfecto… la verdad es que estoy hambrienta.

-¿Y tú Shampoo?

-Claro, Ranma. Gracias por preocuparte –por primera vez desde que estaba allí, Akane vio en Shampoo una sonrisa amable, tierna, de un cariño sincero. En cuanto el chico abandonó la habitación, Shampoo volvió a su ensimismamiento mirando fijamente el fuego. De hecho, el silencio era tan incómodo, que a Akane hasta se sobresaltó al escuchar de nuevo su voz – Sé que me has salvado la vida. Te debo una.

-Bueno, en realidad te la debía yo a ti, tú me sacaste de apuros primero en aquella gruta.

-Sabes perfectamente que eso no es del todo cierto. Sí, nosotros te salvamos, pero tenías la situación mucho más controlada de lo que parecía. Algo habías hecho para debilitar a aquel monstruo de arena. He peleado contra cientos de ellos, y su consistencia era completamente diferente. Lo más difícil a la hora de acabar con uno de ellos, es ser capaz de destrozar su cuerpo pues son livianos, escurridizos, hechos con arena fina del desierto que se deshace entre tu espada y adopta cualquier forma a su antojo. Pero él era diferente. Su consistencia era como de arcilla. Se movía con dificultad, porque algo le habías hecho para que quedase dañado. La pregunta es… -ahora sí, Shampoo la miró desafiante - ¿qué fue?

Akane se sobresaltó. Le sorprendió la astucia de la amazona. Desde el principio sabía que algo no había ido según lo previsto, pero había preferido esperar y observar para averiguar de qué se trataba. Sin duda una estrategia propia de una tribu de grandes guerreros como a la que ella pertenecía. Las palabras de Kasumi hablando sobre sus poderes vinieron a su memoria: "Ten mucho cuidado de a quien se los confías, pues alguien que es capaz de dominar los elementos es un dulce muy deseado por todos". Por primera vez desde su reencuentro con la que siempre creyó su hermana del alma, le pareció que le había dado un consejo sincero. Prefería no revelar sus poderes a nadie por el momento, y mucho menos a Shampoo.

-Bueno… bien sabes que no tengo ningún don especial. No sé qué notarías diferente en aquel monstruo, pero desde luego el mérito de acabar con él es completamente tuyo.

-Mientes. Podrás engañar a Kuno porque, no te sientas especial, le tira más una falda que cualquier otra cosa. Con esos ojitos de cordero degollado parece que también te has ganado el cariño de Ranma… no puedo juzgarle por ello, él es quien nos protege a todos nosotros pase lo que pase. Es el único auténticamente bueno, así que no se te ocurra fallarle, o me dará igual nuestra deuda, no me andaré con remilgos contigo. –Shampoo guardó silencio durante unos segundos como queriendo que Akane grabara a fuego en su memoria su amenaza- Cualquiera de ellos son blancos fáciles para el engaño. Pero yo no. Sé que algo nos escondes. Y tarde o temprano averiguaré de qué se trata. –Akane prefirió guardar silencio. Tenía la impresión de que independientemente de lo que dijera, Shampoo no iba a creer ni una de sus palabras. – Y me da igual cuáles sean esos poderes ocultos tuyos. Como te acerques a Ranma más de la cuenta, tendrás que enfrentarte conmigo. Tenlo muy claro. –Akane se ruborizó.

-¿Y qué te hace pensar que yo me iba a acercar a Ranma? No hay nada especial entre nosotros.

-¡Otra vez con mentiras! –una vez más Shampoo volvió a mirar directamente a la chica, esta vez con una mirada de rabia y los ojos casi saliéndose de sus órbitas- ¡He visto cómo te mira! ¡He visto la complicidad que tienes con él! –Akane sintió cómo su corazón daba un vuelco. ¿Realmente era eso lo que se percibía desde fuera de su relación?- Ranma ha sufrido mucho. Llevamos meses viviendo juntos, y ahora mismo yo le conozco mejor que nadie. Durante una larga temporada, fuimos los dos solos los que estuvimos codo con codo entrenando, formándonos, haciéndonos cada día más fuertes para poder cumplir esta famosa "misión" y poder volver a casa. Cuando yo me caía, él me levantaba. Siempre atento y amable pese a que seguramente se esté muriendo de dolor por dentro. Como se te ocurra hacerle daño, te juro… te juro…

-¿Le juras qué? –las palabras de Kuno interrumpieron a la amazona.

-Esto no va contigo, Kuno.

-¡Claro que va conmigo! Siempre estás igual Shampoo. Distante con todos menos con Ranma. Pues que te quede claro, que somos un equipo y que pase lo que pase no voy a permitir que andes amenazando a la más débil sólo porque te creas que Ranma es de tu propiedad.

-¡Ja! La más débil. –Shampoo empleó un tono sarcástico pero en voz muy baja, hasta el punto que sólo Akane había sido capaz de escucharlo.

-Además, ¿acaso no te das cuenta de que Akane en un día ha conseguido mucho más de lo que tú has hecho por Ranma en todo este tiempo? –Akane notó como Shampoo se encogía como si le hubieran clavado un puñal.- Desde que ella está aquí por primera vez en meses no le veo con la mirada perdida, vagando por los pasillos como un alma en pena. No sé qué será ese misterioso secreto que tenéis entre los dos, pero lo que está claro es que no eres quién para hablar ni de Ranma ni de nadie. – sin mediar palabra, Shampoo se levantó enérgicamente del sofá, y se dirigió directa a la puerta. Al abrirla Ranma se encontraba allí a punto de entrar en la sala, notando al mirarla cómo los ojos se le inundaban de lágrimas.

-¡Shampoo! ¿Qué..? –ni siquiera él fue capaz de detenerla. Shampoo se largó dando un portazo y dejando el ambiente más enrarecido que nunca. - ¿Qué ha pasado?

-Nada. Que alguien le tenía que poner en su sitio.

-¿Otra vez habéis discutido? Ya sabes lo especial que es Shampoo, Kuno.. ella..

-Me da igual que sea especial Ranma. Ya lo hemos hablado muchas veces, y no creo que sea el momento de discutirlo delante de Akane. Me voy de nuevo a la biblioteca, se me ha quitado el hambre.

Kuno se alejó silencioso, y las llamas prácticamente se habían consumido con el abrir y cerrar de puertas. Ranma se acercó a la chimenea para avivarlo, y mientras le veía acercarse, Akane se dio cuenta de un pequeño detalle: por primera vez todo el día, estaban a solas.

-No sé qué vamos a hacer con estos dos… Llevaban una temporada que parecía que habían empezado a entenderse, pero parece que vuelven a las andadas con sus peleas y sus discusiones.

-¿Qué problema tienen?

-Bueno… como bien has podido comprobar, de entrada Shampoo no es la amabilidad personificada. Tiene una coraza casi imperturbable, pero si consigues ver más allá, te darás cuenta de que es una persona honesta y legal, y que tiene buen corazón. Además, nada más llegar, Kuno quedó completamente prendado de su belleza, y no ha podido superar del todo que le rechazara.

-¿Kuno y Shampoo?

-Sí, ¿no te duelen los ojos con sólo imaginarlo?

-¡Desde luego!

-Jajajaja –ambos chicos rieron divertidos. Ranma miró hacia en suelo con gesto tímido.

-De hecho lo que me sorprende es que no haya intentando acercarse a ti también….

-Bueno… lo cierto es que…

-¿Cómo? –el joven rápidamente levantó la mirada- ¡Yo estaba bromeando! ¿En serio que ha intentado algo contigo? –un extraño sentimiento surgió en Akane. Como si tuviera la necesidad de excusarse por algo, como si le debiera a Ranma una explicación.

-Bueno, no exactamente, digamos que cuando me acompañó a mi habitación fue especialmente cariñoso. –Akane notó cómo a Ranma se le endurecía el gesto- Pero bueno, creo que le quedó suficientemente claro que es mejor que no siga por ese camino… -Ranma sacudió la cabeza, como intentando que desapareciera la imagen. Y de nuevo un silencio incómodo. Había una pregunta que rondaba de un lado a otro en la cabeza de Akane. Sabía que lo mejor era guardársela para sí misma, pero la tensión en el ambiente era tal, que sólo tenía ganas de soltarlo de una vez, sin pensar en las consecuencias.

-Ranma… ¿qué hay entre Shampoo y tú? ¿De verdad que sólo hay amistad? –Ranma levantó las cejas en señal de sorpresa.

-No, claro que no es sólo amistad –Akane notó ese mismo puñal en el pecho que hacía unos minutos había sentido la amazona- Pero no es nada de lo que estás pensado –e inmediatamente se relajó en señal de alivio- Es más bien un cariño fraternal. Nada más. Cuando llegué, Shampoo era como un gato enjaulado. Sólo gruñía y arañaba a todo aquel que se le acercaba. Pronto descubrí que lo único que pedía a gritos, era que alguien la consolara. Hay que entenderlo: fue la primera en llegar, no tenía ningún apoyo aquí, sus entrenamientos siempre son los más duros y no había nadie que le ayudara a reponerse cuando terminaban. Y en esta vida no hay nada más angustioso que la soledad. Cuando noté en sus ojos aquella mirada de socorro y la abracé, rompió a llorar como una niña. Creo que por eso me guarda tanto cariño, porque pude ver más allá. Pero jamás le digas que te lo he contado, ¡porque me matará! –Akane sonrió.

-Eres una persona muy especial, Ranma. Ves a las personas. No las miras… las ves, por dentro. –Ranma la miró serio.

-¿Quieres saber lo que veo en ti? –Akane negó con la cabeza.

-Prefiero averiguarlo por mí misma. –y, ahora sí, Ranma le correspondió la sonrisa. No le hacía falta decirle con palabras lo que veía en ella. Su mirada hablaba por sí sola.

Tras una breve cena con Ranma, ambos se había despedido en el pasillo para ir a sus respectivas habitaciones. Les convenía descansar lo máximo posible, pues quién sabe cuánto tiempo iban a estar sin poder tumbarse en un sofá cómodo y calentito.

Al abrir la puerta de la habitación, Akane dio un fuerte grito acompañado de un brinco hacia atrás al descubrir que no estaba sola. Un personaje familiar estaba sentado en su cama.

-Buenas noches… Akane.

-¿Qué haces tú aquí? Espero que por lo menos vengas a darme una explicación… -la persona sentada en su cama, era Gemma Saotome, aquel que se hizo pasar por ciego durante tantos años en la puerta de su casa para acabar conduciéndola hasta Elementary, y que aunque hacía poco más de un día desde su último encuentro, le parecía que había pasado una eternidad. No era de extrañar, pues ahora presentaba un aspecto completamente opuesto a aquel con el que se habían conocido. Se había quitado su sombrero roto, y una brillante calva con pelo canoso a su alrededor coronaba su cabeza. Seguía llevando las mismas gafas redondas, como de culo de botella, atadas con una goma a sus orejas. En vez de una vieja gabardina roída, llevaba una capa azul marino con detalles dorados, y una especie de traje de mosquetero con una espada colgando de su cinturón. Su piel relucía brillante, y no tenía los típicos chorretones de porquería con los que estaba acostumbrada a verle.

-Por lo que veo te has adaptado más que bien. Sabía que te dejaba en buenas manos.

-¿Y tú quién eres? ¿El rey o el bufón de la corte? –Gemma mostró una sonrisa sibilina.

-Menos lobos, caperucita. No querrás perderte en el bosque, ¿verdad? –a Akane no le hizo ninguna gracia aquella amenaza, pero puesto que se encontraba en desventaja, decidió no protestar- En realidad he venido a advertirte.

-¿Advertirme? ¿Y de qué si puede saberse?

-Me han dicho que la reina no se separa de ti ni a sol ni a sombra. No es una persona de fiar. No dejes que el haber ejercido de tu hermana mayor durante tantos años te nuble el juicio.

-Si algo tengo claro, es que me fío de ella exactamente lo mismo que de ti: nada.

-No puedo juzgarte. Ella te ha tenido engañada, y yo te traje a la fuerza hasta aquí. La diferencia es que yo sé más de lo que ella puede ni tan siquiera intuir.

-¿A qué te refieres?

-A la profecía, sin duda. Me consta que no has dejado de oír durante todo este tiempo la leyenda de que cuatro terrestres vendrán a Elementary para salvarnos. Debes de estar ya harta de esa historia. ¿Pero qué pasaría si yo pudiera contarte algo más? Porque la reina no deja de hablaros de misiones, de gloria, de volver a casa… pero ni una palabra de cómo tenéis que hacerlo. Es fácil adivinar porqué: ni sabe, ni quiere que lo averigüéis antes de lo previsto.

-¿Y tú sí? –Gemma se encogió de hombros con gesto divertido.

-Puede –a Akane le daba la impresión de que estaba jugando con ella. No le creía ni una palabra- Todavía no te fías, ¿verdad? Bueno, te demostraré una cosa: sé que puedes controlar uno de los elementos pero… ¿y si no fueras la única elegida?

-¿A qué te refieres? –y lo más importante, ¿cómo sabía Gemma aquello?

-¿Y si se ha encargado de hacerte creer que tu don te hace especial para que no lo compartas con nadie más porque teme que, de unir vuestras fuerzas, podáis incluso acabar con ella? –Akane le miró pensativa. Lo cierto es que aquella teoría no le resultaba del todo descabellada. Incluso plausible.

-¿Y tú por qué querrías ayudarme?

-Porque, al contrario que Kasumi, soy de los que piensan que la unión hace la fuerza. Volveremos a encontrarnos y para entonces, espero que mis palabras ya tengan más sentido para ti. No tengo duda de que llegarás en seguida a saber a qué me refiero, pues cuando resuelvas el rompecabezas te ayudará a buscar lo que realmente quieres encontrar. Buena suerte Akane. Nos vemos pronto. –Gemma chasqueó los dedos, y desapareció tras una cortina de humo dejando a Akane en un mar de dudas e incertidumbres.

Se puso a repasar mentalmente a sus tres compañeros intentando encontrar alguna pista. Kuno parecía un gran espadachín, pero nada que le hiciera sospechar algún don sobrenatural. Shampoo, de haberlo tenido se habría encargado de utilizarlo en su lucha contra los Sirenáculos. Y Ranma…

-¡Ranma!

Akane abrió los ojos de par y par, y salió como un torbellino por la puerta de su habitación, corriendo todo lo rápido que pudo por los pasillos buscando su habitación. La imagen era nítida ahora, ¡cómo no se había dado cuenta antes! La primera vez que le vio, ya le llamó la atención aquella cadena dorada. Durante el entrenamiento, a lo lejos veía relucir frente al sol aquel colgante, pero de nuevo no le dio importancia. Fue durante la cena cuando comprobó que se trataba de un reloj. Pero ahora, al repasar mentalmente la imagen, descubrió que no se trataba de un reloj cualquiera.

Y ahora entendía algo más. Algo tan obvio, que le sorprendía no haberse dado cuenta antes.

Por fin había llegado. Aquella era la habitación de Ranma.

Todavía sin aliento por la carrera, llamó a la puerta.

-¿Akane? ¿Qué haces aquí? –sin mediar palabra Akane entró en la habitación, abriendo armarios, descubriendo cortinas, mirando debajo de la cama… todo para comprobar que estaban solos – Tranquila, no hay nadie más… ¿te pasa algo?

-Corre, cierra la puerta. Tengo algo importante que decirte.

-Está bien, está bien. –Ranma cerró la puerta y se sentó junto a Akane en la cama. Llevaba un pijama holgado, de tela fina que resbalaba por su cuerpo, y que le daba un aire muy atractivo. Por un momento, hizo que Akane se despistara de porqué había ido hasta allí. – Y bien, ¿qué es eso tan importante?

-Necesito un vaso de agua.

-Bueno, sí, ahora te lo traigo, pero al menos vete contándome de qué se trata…

-Tú trae el vaso. –Ranma arrugó el labio superior.

-Estás muy rara esta noche… pero bueno, aquí tienes, siempre tengo uno a mano. –Ranma alargó el brazo y cogió el vaso que estaba en su mesilla. Había llegado el momento de la verdad. Akane tenía que concentrarse como fuera. Era la primera vez que iba a intentar utilizar sus poderes sin estar en peligro, pero sabía que era necesario. Cerró los ojos para poder concentrar más la energía en un solo punto.

De pronto, y ante la estupefacción de Ranma, el agua empezó a elevarse formando una especie de pelota de agua compacta. En cuanto Akane abrió los ojos, se hizo todavía más firme. Según iba mirando a un lado u otro, la pelota de agua brincaba por la habitación siguiendo la dirección de los ojos de Akane. Justo cuando su mirada cambiaba de dirección, la pelota frenaba en seco y cogía un nuevo rumbo. Finalmente chocó contra el vaso de donde había salido y que Ranma seguía sujetando mientras lo miraba boquiabierto.

-¡Mierda! ¡Perdóname! No te has cortado, ¿verdad? Es que todavía no consigo dominarlo del todo… -Akane se agachó a los pies de Ranma para recoger los pedazos de cristal roto que habían caído sobre la alfombra ahora mojada. Cuando se quiso dar cuenta, Ranma estaba también agachado, para que sus ojos quedaran a la misma altura. Su mirada era tan firme, que no parecía el Ranma amable y servicial a quien estaba acostumbrada. Y, por segunda vez en lo que llevaba de noche, encontró al muchacho más atractivo que nunca.

-¿Desde cuándo sabes esto?

-¿Y tú? ¿Desde cuándo lo sabes?

-¿Saber qué?

-Ranma: hay un motivo por el que te he desvelado mi poder. Creo que juntos podremos llegar mucho más lejos.

-No tengo ni idea de a qué te refieres –Ranma se levantó dando la espalda.

-No tengas miedo Ranma, sé que no nos conocemos desde hace mucho tiempo, pero quería demostrarte que yo confío en ti. Tú tienes que confiar también en mí. Creo que hay una persona que me necesita, y creo que gracias a ti será más fácil encontrarla. Sé que Kasumi te habrá dicho una y mil veces que tu poder no puede ser revelado, ¡pero es sólo porque nos teme Ranma! –Ranma volvió a girarse hacia Akane. Su rostro reflejaba duda.

-¿Y qué crees que me hace tan especial?

-Eso –Akane señaló a su pecho, justo donde calculaba que estaría colgando aquel reloj. Ranma se llevó la mano a aquel objeto para agarrarlo con fuerza, como temiendo que la sola mirada de Akane se lo fuera a arrebatar. -¿¡Lo ves!? ¡Sabía que era la clave! –Ranma dio un par de pasos hacia atrás.- Sé que eso no es un reloj cualquiera. Lo sé porque lo he visto antes, o al menos algo que se le parecía mucho. Tiene el mismo color, las mismas marcas de óxido, ¡emite la misma luz! Es exactamente igual que aquella brújula que llegó hasta mi casa la noche de antes de aparecer en Elementary. – por fin, Ranma relajó el gesto, y sonrió de medio lado.

-Esperaba que no te dieras cuenta… o al menos no tan pronto. Está bien, tienes razón. No es un reloj cualquiera.

-¡Pues claro que no! Yo dominaré el agua como uno de los elementos, pero tú dominas algo mucho más importante. Y lo demuestras con eso que nos haces creer a todos que es "teletransporte", ¿verdad?

En ese momento Ranma activó el reloj, y todo quedó petrificado. Sólo disponía de 3 minutos para parar el tiempo a su antojo. Tres minutos para decidir si se quedaba a su lado, o si salía huyendo para desvelarle a la reina que Akane había descubierto su secreto. Sabía que la segunda opción era la correcta, pero no podía hacerlo. ¿Y si la chica tenía razón? Siempre había creído ciegamente en la reina, pero desde que Akane había llegado, su comportamiento con ella le hacía dudar. La había engañado durante toda su vida, había manipulado sus recuerdos, y la había puesto entre la espada y la pared para salvar a Shampoo mientras que, por otro lado, hacía peligrar la vida de la amazona; y ahora les enviaba de la noche a la mañana a una misión casi suicida sin darles turno de réplica. Su gesto había cambiado desde que la chica estaba aquí. ¿Y si Akane tenía razón? ¿Y si la reina les temía y por eso les había hecho creer que lo mejor era guardar su secreto?

El tiempo ya casi había pasado, pero Ranma ya había tomado una decisión.

Akane se sobresaltó al ver que, desde el otro extremo de la habitación, Ranma había pasado a estar a tan sólo unos centímetros de ella.

-Está bien. Qué me propones. –Akane sonrió en señal de victoria.

-Unamos nuestras fuerzas, encontremos a Ryoga, y salgamos los cinco cuanto antes de este infierno.