Special thanks to the wonderful Kristina (lyricalkris, the autor) for giving me the opportunity again... you won't regret sweetheart.
Traducción: Just a Number
Summary: Los números son a veces obstáculos invisibles. Para Edward, una edad significativa entre él y Bella, determinaba los confines de su relación. ¿podrá ella enseñarle que a veces un número es sólo eso?
Disclaimer -de la autora: Aun no soy SM, solo estoy jugando en el camino con sus juguetes.
Disclaimer -traductora: Tampoco soy SM, la historia es solo una traducción y espero que la amen tanto como yo. Nuestra adorable y hermosa Beta: Love dark letter
Just a Number
Capítulo 6
Dizzy MerryGoRound
No había escenario en que lo que estaba pasando tenía algún sentido racional. Y aún así…
En ninguno de sus sueños, dormida o despierta, su beso se había sentido de esa manera. Tan suave mientras la imagen crecía en su mente, recordando que se sentía tener sus labios moviendo al compás de los suyos, los recuerdos no podían ser más que sombras: todo distorsionado y sin definición.
Había mil cien tonalidades, que a la vez eran emocionales y viscerales. Sus labios eran gentiles y aún así, demandantes, sus manos sobre ella eran cariñosas y aún así posesivas. Esta probablemente era la única forma en que se sentía tan inexperta y tímida como la chica de dieciséis que una vez fue, pero no tenía ya espacio en su mente para ser consciente cuando estaba intentando enfocarse en mantener los pies en la tierra. Lógicamente, una parte detrás de su cabeza sabía que era imposible volar o explotar con la felicidad que sentía, pero sus pensamientos no eran lo suficientemente concretos para recordarlo.
Pero que completamente fútil pensamiento ocupó antes su mente: "el que ella podía existir en el mismo espacio que Edward y no llegase a desear exactamente esto o más".
Bella alejó su rostro, rompiendo su beso, anhelando y boqueando por aire. La parte trasera de la camiseta de Edward estaba anudada en sus dedos. Sus cuerpos se rozaban y cayeron juntos, agregando dicho sonido al suave susurro del viento entre los árboles del bosque.
Los pensamientos de Bella, eran todo, menos calmados.
- ¿Estás bien? –su tono era preocupado y gentil.
- Uh, sip. –ella mentía.
Ella sintió los dedos de él sobre su mentón, coaccionándola.
- ¿Por qué tus ojos están cerrados?
Por un momento, deseó ser alguien más. Alguien que supiese exactamente que responderle. Había ciertas reglas para este juego ¿no es así? Había cosas que ella absolutamente no estaba dispuesta a decir.
¿Qué haría Alice?
Pero éste era Edward. Sin importar qué, incluso cuando las cosas eran incómodas entre ellos, Edward era la única persona de la que Bella no se ocultaba. Sin importar que era lo que le estaba molestando, él iba, infaliblemente, a entenderla. Una parte de ella necesitaba asegurarse que esa relación aún existía, pero eso batallaba con la mujer que quería creer realmente que había una posibilidad de que todo esto podía existir fuera de la pequeña burbuja que ellos compartían.
- Yo sólo… estoy esperando que todo se vaya al diablo… de nuevo –admitió ella finalmente.
El cuerpo de ella tembló con el de él mientras Edward suspiraba fuerte. Con sus manos en los hombros de Bella, se alejó un paso.
El corazón de Bella cayó desplomado contra el suelo del bosque.
- No debí haberlo hecho. –murmuró.
El estómago de Bella se convirtió en un nudo tan ajustado, que no podría siquiera vomitar a pesar de que era eso lo que más quería hacer en ese momento. Ella se tambaleó hacia atrás, con cólera y horror sucumbiendo en su paladar.
- ¡Oh, Dios Bella! No, yo no quise –él puso sus manos en sus hombros nuevamente, pero ella se alejó. –No pretendía que sonase de esa forma.
- ¡Tú me besaste! –le acusó, con certeza esta vez.
- Lo sé –suspiró él, e intentó acercarse a ella de nuevo. Y ella nuevamente se alejó, pues su toque quemaba tanto como sus palabras repletas de odio. –Quiero decir que no debí haberlo hecho de esa manera. –no estaba hablando rápido, estaba tentando las palabras, obviamente desconcertado. –digo, no fue… yo no quise…
Bella sonrió malignamente antes de que pudiese evitarlo. Edward nunca dudó como esta vez. Siempre era tan centrado.
Él tragó pesado.
- Era algo en lo que debí haber pensado mucho más y…-
- Edward –le interrumpió, acercándose de nuevo, poniendo su mano en la boca de él. Presionó sus labios, creyendo que reiría de nuevo pero insegura de que fuese o muy rudo de su parte o muy divertido como en ese momento le parecía. –Creo que se arruina el romance si piensas mucho en planear un beso.
Las cejas de él se alzaron, el regocijo reemplazando la ansiedad en su mirada. Él se acercó más, atrapando con sus dedos una a una las muñecas de ella. Besó sus palmas antes de dejar sus manos en medio de ambos.
El corazón de Bella empezó a latir de tal forma que parecía que había dado ya muchas vueltas al bosque. Su estómago de desenredó, dejando las mariposas libres.
- ¿Entonces, querías hacerlo? –ella se sintió orgullosa del modo en que su voz tembló cuando habló.
Él acarició su mejilla con la mano que tenía libre.
- Si –susurró. Acercando su cabeza para besarla suavemente de nuevo. –no tienes idea cuanto lo he deseado.
Ella lo besó por tercera vez antes de que él suspirase.
- Bella, ni siquiera sé dónde empezar desde aquí.
- Tengo una sugerencia. –su voz era pesada y su cabeza aún daba vueltas.
Los labios de Edward rosaron los de ella.
- ¿Y cuál es?
Ella lo besó más rudo esta vez, pero fue breve.
- Deja de besarme.
Él parpadeó esporádicamente, luciendo tan confundido como ella se sentía.
- O-okay.
Era la última cosa que quería hacer pero Bella decidió desenredarse de sus brazos, alejándole. Tomó una gran bocanada de aire, cruzándose de brazos. Luego lo vio directamente. –Me causas torticolis, te das cuenta de ello ¿no?
- Bella-
Ella levantó una mano, ya que sus pensamientos venían más coherentemente ahora que tenía cierta distancia entre ellos.
- Quiero decir, ¿de dónde viene esto tan de repente? Creí que… pensé que después de que yo…
Luciendo realmente más consiente, Edward se rascó la nuca.
- Esto no es de repente. –dijo con voz pequeña.
El aire parecía muy escaso como para respirar.
- ¿Qué?
- Mi deseo de besarte… no es repentino.
Bella tosió, sentía que se ahogaba.
- Pero cuando… quiero decir, apenas y hablamos los últimos seis años. Apenas y nos hemos visto desde entonces siquiera… -sus ojos abrieron desmesuradamente, disparándole a él.
Ella había deseado esto desde que tenía dieciséis. Nunca había dejado de desearlo.
- ¿Desde allí?
Edward daba imagen de alguien culpable y miserable.
- Pero tu dijiste… tu hiciste…
- ¿Qué se suponía debía hacer? –preguntó, casi rogando. –No estuvo bien, lo que te hice en ese momento.
- ¿De qué estás hablando?
- Tomé ventaja de ti, y no puedo decirte cuanto lo siento.
Por segunda vez y en pocos minutos el mundo parecía girar nuevamente y enredarse.
- ¿De qué? Quiero decir, fuiste muy, muy… nada amable con eso, pero yo te besé y…-
- No fuiste tú. –él volvió acercarse, tentativamente poco a poco, para tomar su mano. –Bella, yo te besé. Muchas veces, de hecho. Tú nunca lo hiciste. Yo te besé, y no tenía ningún derecho.
Bella alejó su mano.
- Pero dijiste…
- Lo que dije fue una mentira, pero es que no supe qué hacer. Entré en pánico y me he arrepentido del modo en que manejé la situación todos estos años.
- Yo… -Bella no podía pensar en nada. –Necesito irme. –sin querer oír su respuesta, ella se dio vuelta, yéndose en dirección a la casa tan rápido como sus pies lo permitieron.
Ella ignoró a Edward llamándola.
~0~
Bella se había ocultado en su habitación por el resto de la noche.
Sin saber qué hacer. más que honrar su palabra de que la dejaría estar sola, Edward esperó ansioso por alguien que notase su ausencia. De modo irritante, Mike fue el primero, el segundo y el tercero.
Cuando estuvo viendo escaleras arriba por cuarta vez, Edward le llamó por su nombre, ofreciéndole una cerveza, dirigiéndolo al porche donde se ubicaron en los escalones.
Mike no era muy difícil de leer. Y de mala gana Edward tuvo que admitir para sí mismo que el hombre era genuino e incluso dulce hasta cierto punto. No le tomó demasiado hablar con él acerca de los problemas que tenía con Bella.
- Creí que estábamos conectando ¿sabes? –el hombre rubio suspiró, luciendo no menos que un cachorro triste.
Edward aclaró su garganta.
- Bueno, una cosa es conectar como, ess… espíritus afines. –su corazón estaba apretujándose. Celoso como estaba, no quería que tuviese ningún tipo de conexión con un hombre que tenía un interés romántico en ella. –Toma más que eso, a veces, para llamarlo atracción.
- Sip, -luciendo algo distraído, Mike inclinó su cerveza. –Ella es sofisticada y muy inteligente. –gruñó un poco, rascándose el cabello. –Realmente le puse el último clavo a mi féretro cuando le solté esas líneas cursis para coquetearle ¿no es así?
De la nada, incluso sintiéndose más culpable de lo usual, Edward vio abajo, hacia su cerveza con un inmenso interés.
- Uhm, Tal vez fue así –contestó vagamente.
- Ella es demasiado inteligente como para caer con algo tan estúpidamente tonto.
- Podría ser eso. –Edward se aflojó un poco el cuello de la camiseta sintiendo incómodo.
Se sentaron en silencio por unos cuantos minutos.
- Que mal… -dijo Mike luego, con un suspiro. –Parecía que sería muy buena besando.
Los dedos de Edward se apretaron alrededor de la botella de cerveza que sostenía. Notando su irritación, Mike se disculpó rápidamente.
- Hey, hombre. Disculpa. Olvidé que era tu hermana. –soltó un poco el agarre de sus manos, pero su cerveza seguía apretada en medio de dos de sus dedos, mostrando un gesto pacífico. –No te preocupes. El mensaje fue recibido. Si ella no está interesada, no pienso poner más presiones.
- Uhmm. Está bien –Edward dijo cortante, con el deseo de que aquella conversación terminase.
Por suerte para su salud mental, Mike terminó su cerveza, se puso de pie y declaró sus intenciones de irse a su habitación por el resto de la noche.
Edward continuó viendo la cortina abierta de negrura dentro del bosque, repitiendo los eventos que pasaron aquella noche una y otra vez en su cabeza. No estuvo solo por mucho tiempo, la puerta trasera del porche sonó con el golpeteo de cuando se abrió.
Pasaron unos momentos hasta que reparo en la presencia detrás de él. Los vellos de su nuca se erizaron y volvió su cabeza para encontrase a una Alice que lo observaba. Para ser una chica que media apenas cinco pies, prácticamente nada, la mirada que le dedicaba le hizo sentir a Edward como si él apenas midiese tres centímetros.
- No sé qué hiciste, pero eres un imbécil. –declaró. Cruzándose de brazos.
El tragó pesado –la culpa era una emoción tan pesada que se ubicaba en su garganta e iba hasta su estómago –pero se forzó a sí mismo a verla sin moverse.
- ¿Está bien? –preguntó él suavemente, sin preocuparse en refutar el clamor de Alice.
La mujer con cabello de cuervo bufó.
- Tu conjetura es tan acertada como la mía. Ella dijo que estaba bien.
Edward también bufó.
- Eso podría significar cualquier cosa menos la verdad, probablemente se está derrumbando de los nervios –musitó.
Alice inclinó su cabeza, su ira había sido desplazada por curiosidad.
- En serio la conoces ¿no es así?
- Por supuesto, -murmuró. Por supuesto que la conocía, sabía que estaba dolorida y confundida. Lo sabía tan bien que ese pensamiento lo hacía desesperarse por ir a tocar en su puerta, rogar por su perdón, prometerle que nunca hablaría con ella de nuevo si eso era lo que ella quería, si lo que necesitaba era su silencio y un poco de espacio.
La amiga de Bella estuvo en silencio por un buen rato antes de volver a hablar.
- Debo admitirlo, está jodiéndome mucho que hay gran parte de las cosas de ella que yo no conocía ni un ápice. –sonó irritada acerca de ese hecho. –Pero estoy empezando a pensar que lo que sea que está pasando entre ustedes dos no empezó simplemente hace algunos días.
Edward también estuvo en silencio. Los nervios le estaban carcomiendo la piel. Estaba jodidamente seguro que no deseaba que hubiese alguien más intentando descifrar que pasaba entre Bella y él, al menos no hasta que él pudiese averiguarlo por sí mismo. Era suficientemente malo que Jasper ya supiese.
Alice se rió –Ustedes tienen es misma mirada, ¿sabes? –protestó luego.
- ¿Qué mirada?
Esa mirada ¿cuándo tus cejas se levantan y pareces muy definido a pensar demasiado algo? Esa, Bella también lo hace. –su sonrisa era más gentil. –No necesito decirte que Bella vale la pena.
Vale todo, pensó él instantáneamente.
- No, no necesitas decírmelo. –él vio abajo, a sus manos, con su corazón doliendo. Habían tantas razones para que él no la mereciera.
- ¡Oh, Dios! –murmuró Alice. –Ambos están tan desesperados.
La noche llegó y pronto todo estuvo en silencio. Edward permaneció en la planta baja, fingiendo que miraba la televisión pero en realidad no veía nada. Pasó un largo momento hasta que terminó de convencerse que al menos debía intentar descansar. Después de todo, tenía un trabajo al que ir al día siguiente.
Caminó por las escaleras sintiendo el peso inminente de sus treinta y siete años y además unos cuarenta extras. En el pasillo, una sonrisita encantadora le hizo detenerse. Él oyó por un momento, llegando a escuchar la profunda y cadenciosa risa de Jasper, mezclada con la chispeante risita de Alice.
Alejándose, sintió una oleada de envidia e irritación.
Si Bella fuese cualquier otra chica ¿estaría él sintiendo toda ésta culpa por querer persuadirle? Obviamente Jasper no tenía ningún problema saliendo con mujeres catorce años más jóvenes que él.
Edward supuso que si se pusiese a pensar solamente en él mismo, el único problema que tendría que afrontar con cualquier otra chica de veintidós sería su preocupación por cuán fastidiosamente inmadura sería. Pero Edward conocía a Bella mucho mejor que eso. Ella, como cualquier otra, tenía ciertos momentos, pero ella había sido mucho más capaz de realizar conversaciones inteligentes y debates incluso siendo muchísimo más joven. Hasta de seis años, sus conversaciones eran mil veces más fascinantes que con la mayoría de los adultos que Edward conocía.
Pero allí estaba el problema. Bella no era otra chica y él siempre había sido protector con ella. Él podía de alguna manera haber considerado salir con una chica de veintidós, pero si ella hubiese intentado pensar en salir con un hombre que bordeaba los cuarenta, él no se hubiese sentido nada complacido.
No era una gran brecha, lo sabía. No era como si fuese un anciano. Pero sus vidas estaban en lugares tan distintos. Ella apenas empezaba cuando él ya había pasado el punto que la mayoría se había cimentado en una familia con esposa, hijos e hipotecas.
Él realmente quería esas cosas que muchos de sus colegas ya experimentaban.
Edward alejó esos pensamientos. Tiempo atrás ya se había convencido que eso jamás pasaría para él y que estaba bien con eso.
Esta noche, sin embargo, ese pensamiento hizo que el dolor en su corazón fuese más profundo. Cuán rápido había dejado que una tenue luz se transparentase como posibilidad tangible de un futuro con Bella. Había pasado en el tiempo que dura un parpadeo, apenas en el espacio de un nuevo e inoportuno beso.
Había pasado tanto tiempo convenciéndose a sí mismo que no debía desear esto –no con ella. Aunque, realmente, siempre había sido solo ella.
Era un punto discutible, a pesar de todo. Y ahora probablemente lo había mandado todo a la mierda.
Edward se detuvo de nuevo, dudando fuera de la puerta de Bella. Las luces estaban aún encendidas.
Extendió su mano sobre la madera, con el corazón desbocado y sintiendo los pulmones apretarse. Hubo un frenesí que no había dejado de experimentar desde que ella casi se escapó de él, afuera en el bosque. Justo después sus pensamientos estuvieron en constante lucha, pues ¿Qué tal que lo hubiese arruinado todo? ¿Qué si él había logrado destruir cualquier posibilidad de que al menos se mantuviesen como amigos?
Ahora que estaban tan cerca, él supo que debía conocer la verdad.
Exhaló solo un momento antes de golpear la puerta.
Hubo una pausa larga y pensó que ella se había quedado dormida con la luz encendida o le estaba ignorando, pero finalmente oyó las tablas del piso crujir mientras cruzaba su camino hacia la puerta. Con cada paso más cercano su corazón se aceleraba más, casi dolorosamente contra su pecho.
Ella pareció sorprendida de verlo, sus ojos eran cautelosos, no impresionados. El aire estaba tenso, estático, pesado, pero después de unos momentos, ella dio un paso a un lado, dejándole entrar. Edward sintió como si pudiera respirar un poco mejor.
El silencio entre ellos no era el más incómodo que Edward hubo experimentado, pero no era cómodo. Deseaba saber que era lo que se supone debía decir. Se sentía absurdamente como si ella pudiera aplastarle en la palma de su mano y la sensación le dejó desconcertado. En todas las demás áreas de su vida, él era tranquilo y sereno. ¿Con Bella? No había sido así desde la noche todo cambió entre ellos. Incluso cuando la vio a través de Skype o habló con ella en GTalk, estaba tan confundido acerca de cómo tratarla que parecía un colegial idiota otra vez.
En todo caso, ella tenía más dominio de sí misma, o por lo menos había sido así desde la noche de su baile de graduación. Ella podría haber atacado. De hecho, él tuvo que admitir que había tenido miedo por un instante de que ella lo hiciera y que todo el mundo se hubiese enterado de lo pervertido que era. Pero ella se comportó, si cabe, aún más como un adulto al respecto de lo que fue él.
Así que al final, él se abrió con una pregunta que ella le había hecho tantas veces antes, cuando ella estaba lidiando con cualquier tema.
- Dime qué hacer, Bella. Estoy perdido.
Su voz era suave como la de ella jamás había sido, sólo un susurro.
Fugaz, tan cautelosa, así que ella extendió la mano, enganchando un solo dedo alrededor de la suya y le tiró de él suavemente.
Fue increíble lo mucho que se emocionó con un simple toque, pero él sabía que era muy importante. Esto no fue un gesto amable, pero sí algo un poco más serio.
Él dejó que lo dirigiese a la cama y se sentó a su lado, dejando un poco de espacio entre ellos así lo único que desease fuese tomarla en sus brazos. Estaba mirando fijamente hacia abajo en el espacio entre ellos y empezó a trazar con el dedo a lo largo de la palma vuelta hacia arriba.
Edward cerró los ojos, temblando de placer.
- Las coas que te dije –empezó él, pero ella le cortó.
- Superé las cosas que me dijiste hace mucho tiempo. –estiró y encogió sus dedos, uno a la vez. –Fue muy… malo, lo que dijiste. Incluso cruel. Pero no fuiste cruel conmigo antes de eso ni después, de ningún modo, así que te he perdonado por eso hace mucho.
Él dudó.
- Es que es difícil, Edward, porque en un sentido al menos, mi realidad ha cambiado por completo. Creí que fui yo quién te alejó. Todos estos años, ha sido de lo que más me he arrepentido y el acto más estúpido que ha destruido la única relación que más me ha importado en mi vida.
Edward se sintió totalmente sin aliento.
-¿Te culpaste de lo que pasó?
- ¿Qué más podía hacer? He pensado toda la noche en el hecho de besarte, estaba mareada y después nos estábamos besando para que luego estuviese totalmente molesto conmigo.
- Pero tú no me besaste.
- Todo pasó tan rápido –su voz estaba pesada con el arrepentimiento. –Y luego tus palabras en mi cabeza, diciéndome la tonta niña que era.
Los pensamientos de Edward eran caóticos y confundidos.
- Si sólo hubiese sabido… -negó con la cabeza, con los labios apretados en una fina línea. –No es excusa, era mi responsabilidad decírtelo.
- Si –ella estuvo de acuerdo.
Era un buen aliciente que ella no hubiese dejado de jugar con sus dedos.
- Realmente lo siento. No hay excusa suficiente, pero no pude… -él tragó sintiéndose pervertido, equivocado y completamente incapaz de explicarse a sí mismo.
- ¿Te aterrorizó ser un hombre de treinta años con sentimientos por una adolescente? –sugirió ella gentilmente.
El nudo en su garganta era demasiado pesado como para tragarlo y no pudo verla a la cara mientras ella asentía. Él mantuvo sus ojos fijos en sus dedos juntos, deseando con cada parte de él enredar sus dedos en los de ella. Se mantuvo quieto porque el hecho de que lo tocase era un regalo que aún no quería dejar ir.
Mientras él veía, ella dibujó círculos suaves en su palma.
- Puedo entender eso –un nuevo suspiro profundo –Pero no soy una adolescente ahora.
Él le dio una mirada ésta vez, encontrándose con sus ojos.
- Dejando el pasado de lado. Edward, ¿si yo fuse alguien más… si te sintieras de ésta forma con alguien más, qué harías?
Los ojos de Bella estaban tan abiertos y lucían tan inocentes, no podía hacer más que recordar a la pequeña niña que fue cuando se conocieron por primera vez. La chica que él adoraba y cuidaba.
Él no sabía que más decir.
Su atracción por ella no era de ninguna forma simple u honesta. Era intricada con tantos otros asuntos y confusas ideas ya que ella siempre había sido preciosa para él –la dulce chica con los dulces y tristes ojos.
- ¿Piensas en mí cómo tu hermana? –cuestionó ella, con la voz pequeña, como si temiese a la respuesta.
- No, -su respuesta fue instantánea y movió la cabeza negando para reiterar su punto. Luego levantó la cabeza, viendo lejos de ella pero aun sonriendo suavemente. Ella ocupaba un único y especial lugar en su corazón, siempre lo había hecho.
- Era muy simple y fácil ver a Emmet como mi hermano, -musitó Bella. –Pero no a ti. Nunca a ti. Eras sólo… mi Edward.
Edward cambió esa idea de su cabeza. Era la descripción más adecuada. De algún modo, la idea que él siempre le había pertenecido a ella como si siempre ella hubiese sido suya –para cualquier definición –parecía correcta de una manera.
Sin embargo, eso había sido siempre el problema. Necesitaban definiciones ahora, si querían saber qué deseaban ser uno para el otro, o lo que podían llegar a ser.
Él estaba asustado por preguntarle a ella que era lo quería que fueran. Francamente, estaba asustado hasta de preguntárselo a él mismo.
Y ya estaban viéndose el uno al otro por bastante tiempo.
Cuando Bella cerró los ojos, él la imitó con un suspiro. Los dedos de ella se detuvieron de crear patrones en su palma y los enredó, apretándole fuertemente.
- Bueno, -su voz estaba remarcablemente más calmada mientras hablaba. –Prométeme que no vas a huir esta vez.
- No cometeré el mismo error dos veces. –dijo él suavemente.
Ella volvió a abrir los ojos, estudiándolo detenidamente de nuevo. Luego, como si de un impulso se tratase, se acercó a él, barriendo con sus labios los de él. Antes de que él fuese capaz de responderle, ella se alejó de nuevo, soltándole la mano y poniéndose de pie.
Entonces supongo que debemos esperar y ver que nos trae el futuro.
Hola chicas! si, si, merezco muchas cosas malas, pero a estado bueno ¿no? Adoro que sigan allí, espero poder volver prontico. Las amo!
¿Que creen que pasará ahora?
Las cosas se vienen, super grandes!
Besos :D
Ale! Oh! Y saludos a mis chicas de Oderwardlandia ;)
