La Mina de las Oportunidades

Capitulo 7


¡A punto de matarla! ¡A punto de matarla! ¡A eso había estado! Y cuando había llegado arriba, había escondido el viejo portarretratos. Aquello ya lo tenía más que asumido y no quería volcarme más en ello. Tan pronto me senté en la silla, supe que ella iba a subir a hablar, y que tenía que controlarme. ¿¡Pero cómo demonios se controla uno delante de alguien así con algo así!? No me atrevía ni a pronunciarlo, pero allí estaba la palabra que lo nombraba. Sangre. A fin de cuentas, a eso se reducía todo. Sangre, y habilidades para conseguirla.

Y a duras penas me había controlado durante la conversación. ¿Por qué tenía que preocuparse por mi? Puedo cuidarme yo mismo. Nadie me va a matar, no pueden. No estoy muerto, pero tampoco vivo.

Tengo las mismas necesidades que un humano, incluyendo la comida, pero también las de un vampiro, y ambas se compaginan. Tengo la fuerza de 30 hombres y una velocidad superior casi al sonido. ¿Qué me iba a pasar?

Que me descontrolara. Obviamente.

Me senté de nuevo en la silla. Rastreé mentalmente el piso de abajo. Ella pasó de largo la cocina y fue a la habitación. ¿A llorar? ¿Para qué? No le había dicho nada malo. Agudicé el oído. No, no estaba llorando. Aaah, claro. Había ido a mirarse al espejo. Y por los latidos de su corazón, pareció darse cuenta de que yo tenía razón. Escuché otros latidos acercarse. ¿Toby? Sí, Toby.

Dejé de centrarme abajo, con Toby todo era más aburrido. Miré por la ventana.

Me pregunto que más podré hacer –pensé- la verdad, es que esto no está nada mal. No poder morir y tal, no es problema. Y menos si tengo estas habilidades.

Vi a lo lejos el humo de alguna chimenea. Me centré en él. Poco a poco, la casa y los alrededores fueron esclareciéndose en mi mente, hasta que pude ver incluso a las personas que transitaban esa calle.

Sí, todo esto era genial. Pero había algo que me preocupaba. No podía estar cerca de la Sra. Lovett sin desear morderla y sacarle la sangre. Siempre había sido un hombre solitario, pero ahora que había descubierto que también hay felicidad para mi, no podía estar con ella.

Tendría que encontrar la forma de no saltarle encima a la menor oportunidad. Me había acostumbrado a tenerla cerca, siempre preocupándose –sin necesidad- y a su imparable boca que no paraba de intentar hablar conmigo e iniciar una conversación, pedirme una opinión de algo muy trivial, o simplemente preguntarme si tenía hambre, y aunque no la tuviese, dejarme la cena en el tocador. Pero nunca me había gustado que hiciera eso, y ahora, que ya no lo hacía, lo echaba de menos. ¿Pero qué me pasa?

Miré al cielo, el sol estaba exactamente en medio, y sorprendentemente, tenía sueño. Nunca había dormido porque tuviese sueño, si no porque tenía que hacerlo, aunque las pesadillas me acosaran en sueños, tenía que hacerlo, a fin de mantenerme vivo. ¿Y ahora tengo sueño? ¡Increíble! Me levanté de la silla y me puse el pijama. Después me metí en la cama y cerré los ojos.

Esa noche… quiero decir, esa tarde, no tuve sueños ni pesadillas.

Me desperté ya entrada la noche, sobre las 8. No tenía sed, pero sí hambre. Necesidad humana.

Me vestí de nuevo y rastreé mentalmente la tienda. Ni rastro de ella o del chico. Bajé con cuidado, seguro que tenía algo que pudiese comer.

Cuando llegué al patio, vi un perro al otro lado de la calle. Me empezó a gruñir y a ladrar desde allí. Como respuesta, emití un siseo amenazante mientras le "enseñaba" los colmillos, ofreciéndoselos probar. Bastó con eso para que se largara con el rabo entre las patas. ¿Pero que le pasaba al chucho ese?

Entré en la tienda sin dejar de mirar la calle, por si volvía, pero estaba tan atento a eso que no me di cuenta de que ella había entrado también en la tienda.

-¡Sr. Todd! ¿Qué hace aquí abajo a estas horas? –estaba somnolienta, se habría despertado por el maldito perro y habría salido a ver qué pasaba. Llevaba una bata rosa y se la sujetaba con ambos brazos. Tendría frio-.

-Tenía hambre.

-¿Hambre? –preguntó como si no entendiese.

-Si fuera de sed, no estaría aquí, Sra. Lovett –me di cuenta de que se me hacía fácil eso de ser sarcástico-. Y menos teniéndola a usted delante. Me refería a hambre de necesidad humana.

-Siéntese, creo que ha sobrado algo del pastel –se fue a por un par de platos.

-¿Pastel? –no entendía-. ¿Qué pastel? -Ella no había hecho ninguno la otra vez-.

-Por si no lo recuerda –salió de la sala con dos pedazos de tarta de chocolate-, hoy era el cumpleaños de Toby.

-Entiendo –dije mientras cogía el tenedor y "atacaba" el pastel.

-Nunca le he visto comer así, Sr. Todd. ¿Está enfermo? –me fue a tocar la frente, pero me alejé a tiempo. Si me hubiese tocado, no sabría qué habría pasado.

-No. Solo… tengo hambre.

-Enserio, ¿se encuentra bien?

-Sí. Ya se lo he dicho –que pesada podía ser cuando quería-.

-No tiene buena cara.

-¡Sra. Lovett! ¿Cómo voy a tener buena cara si no estoy vivo? –se lo pregunté como si fuese lo más obvio del mundo-.

-¿N-no está… vivo? –me miraba sorprendida. ¿Es que acaso se había dado un golpe en la cabeza o qué?

-Pero tampoco muerto –seguí comiendo, esta vez más despacio-.

-Por que usted es… un vampiro.

-Exacto. Y usted un ángel –dije, con obviedad. Ella se sonrojó y empezó a brillar de nuevo-. Empieza a brillar.

-¿Otra vez?

-Sí.

-No sé porqué pasa eso –dijo tocándose las mejillas-.

-Se ha sonrojado –sonreí. Estaba a gusto cerca de ella. Y como no respiraba y estaba comiendo, no me resultaba difícil controlarme. Claro que ella era un ángel, si no fuera por mi tonto sentimiento ella estaría en el Cielo, y seguramente allí hay una "Asociación de Ángeles" y ella se habría apuntado al escuadrón de las primeras filas. Jejeje, pero yo, un No-Muerto, un No-Vivo, obviamente, habría ido al Infierno, y por eso me dieron estas… ¿habilidades? Seguir matando gente, un "ángel" oscuro, se podría llamar. Al fin y al cabo, ella había sido arrastrada por mi venganza a despedazar cadáveres, porque yo se lo pedí. En cambio, yo me había movido por la ira y la venganza, sentimientos negativos. Había cometido asesinatos, robos –una vez, cuando necesitaba dinero para el pasaje del barco-, no me merecía más que el Infierno.

-¿Qué pasaba antes? He oído a un perro ladrar, me he asustado.

-Se ha puesto a gruñirme al verme bajar por las escaleras.

-Ah… -pareció pensar en algo antes de añadir:- Por favor, Sr. Todd, ¡déjeme ayudarle!

-Ya le he dicho que no. Es peligroso para usted.

-¡Pero Sr. Todd! ¡No podemos estar evitándonos toda la vida! –que insistente-.

-Creo que sí podemos.

-No, sabe que al final acabaremos viéndonos alguna vez.

-No tengo porque entrar aquí más. Puedo alimentarme solo –me estaba empezando a enfadar-.

-Sr. Todd…

-He dicho que no.

-Sr. Todd…

-¡No insista!

-¡Sr. Todd!

-¿¡No le he dicho…!?

-¡¡Sr. Todd!! ¡Está brillando! Si a eso se le puede llamar brillar –parecía confusa y algo asustada-.

-¿Qué dice? –pregunté. Yo NO podía brillar.

-Tiene… una especie de brillo negro alrededor –me miré las manos-.

-Yo no veo nada.

-Espere aquí –se levantó y fue a por algo a su habitación.

¿Brillar? Yo no brillo, NO brillo. Solo brillaba ella. ¿Brillo negro? Había notado que desde la "vuelta" mi habitación-barbería estaba bastante más oscura que de costumbre, y, en general, toda la casa de ella estaba como más iluminada. Pero la tienda de empanadas y el patio eran el sitio intermedio, ni brillaba, ni era oscuro. ¿Lo habría notado ella?

Volvió con un espejo de mano, de esos para maquillarse, y me lo tendió. Lo cogí con cuidado, evitando rozarla, pero no bastó para que me recorriera una sensación que no había tenido en mucho tiempo.

-Gracias –dije tímidamente, ella sonrió. Bajé la cabeza y me miré. Ella tenía razón, un brillo inusual me recorría la piel. Era negruzco, pero se podía ver a través de él -. ¿Por qué cree usted que pasa esto?

-¿Me está pidiendo ayuda?

-No.

-Entonces… -la muy maldita quería hacerme decir que necesitaba su ayuda /aunque seguramente la necesitaba/-.

-Está bien… -me resigné-. Ayúdeme… -se volvió a sentar donde antes-.

-Yo creo que es porque se estaba enfadando. Cuando se enfada, se pone así. Será una especie de mecanismo de defensa, como para alertar a los demás de su peligro. En cambio… cuando antes, en la escalera, casi me… muerde, sus ojos cambiaron de color.

-¿Cambiaron de color? –me extrañaba tal declaración. ¿Mis ojos? ¿Cambiar de color? Interesante…-

-Sí… Pasaron del pardo habitual… a un rojo intenso –parecía preocupada-. Supongo que cambiaran según su estado emocional.

Nos sumimos en un silencio algo incomodo. Ella volvió a romperlo.

-Ahora… son más claros que el castaño, algo así como entre dorado y marrón.

-¿Ha notado cambios usted también? –quise cambiar de tema, hablar sobre mis ojos no es que fuera lo que más me apetecía-.

-¿Cómo qué?

-Pues… fuerza, agilidad… No sé. ¿No ha notado que su casa está más iluminada? ¿O que mi tienda está más oscura?

-Ahora que lo dice, sí. He notado que estoy de mejor humor. Tengo más energías. Y no me ha costado nada convencer a Toby de que no subiera esta mañana. Aunque usted no estaba. Le dije que estaría durmiendo.

-Mejor humor, energía, facilidad para mentir… Eso es lo que me falta a mí. La gente me mira con miedo.

-¿Más? –lo preguntó como si fuera lo más obvio con una sonrisa burlona-.

-¿Qué quiere decir?

-Bueno… No tiene idea de lo que me costaba conseguirle clientes xD –se empezó a reír-.

-Ja, ja. Que graciosa –le hice una mueca-. Será mejor que se vaya a la cama –le dije al verla bostezar-.

-Estoy bien –aseguró-.

-A la cama –le ordené-.

-Pero…

-Mañana tiene que trabajar.

-¡Está bien! –se rindió- Buenas noches.

Desapareció por la puerta de la sala a su habitación. No me hizo falta "espiarla" mentalmente para saber que lo iba a hacer. Cuando escuché la puerta de su habitación cerrarse, subí a la barbería y me senté en la silla. ¿Y qué demonios iba a hacer yo en toda la noche? No tenía a nadie que afeitar, y no me apetecía ponerme a pensar en venganzas ni en Lucy, ni en Johanna.

No había caído en esto. ¿Qué hacer ahora? Estaba solo, porque ella tenía que dormir. Obviamente, ella era una criatura diurna, mientras que yo era nocturno. Incompatibles.

"Ahora que lo dice, sí. He notado que estoy de mejor humor. Tengo más energías. Y no me ha costado nada convencer a Toby de que no subiera esta mañana. Aunque usted no estaba. Le dije que estaría durmiendo"-había dicho ella. Y yo le respondí:- Mejor humor, energía, facilidad para mentir… Eso es lo que me falta a mí. La gente me mira con miedo.

Eso era. Nos completábamos. Ella me daba los clientes, y yo me alimentaba. Después, se los dejaba a ella para que los utilizase en su beneficio. Eso era lo que tenía que descubrir. No podíamos vivir juntos, pero tampoco separados. Como una cadena. Aunque ambos podíamos mantenernos solos, necesitábamos del otro para algo.

Alguien llamó a la puerta.

-Pase –dije con desgana-.

-Sr. Todd, he pensado que como no tiene que hacer durante la noche, igual le apetecía jugar conmigo al ajedrez.

¿La Sra. Lovett me había leído el pensamiento?

-Y además, mañana es Domingo –enfatizó-. No tengo que trabajar -.-"

-Lo sé.

-¿Juega conmigo entonces?

-Si usted quiere…

Venía con el tablero y una caja, seguramente con las fichas dentro. Lo dejo en la cama y se sentó. Con resignación, me senté al otro lado del tablero.

Esta va a ser una noche larga…