Haruhi, como muchas mujeres, guarda secretos. Pero son secretos bastante especiales, de los que dan vergüenza. Es por eso que jamás los cuenta a nadie, sólo cuando se ponen en evidencia.

Haruhi, en apariencia, es una chica común, su estatura no rebasa lo promedio y tiene la piel blanca y el cabello oscuro como la mayoría de las niponas. Pero tiene una belleza redundante que la hace resaltar de entre las otras, además de unas piernas tan largas como zancos (bueno, no tanto). Pero bien se sabe que la apariencia no lo es todo ¡y qué cosa! Por lo que nadie se puede imaginar lo que ésta chica oculta tras su linda sonrisa, Haruhi es un mar de posibilidades.

A veces, esto hacía dudar demasiado a Kyon, ya que de una persona así, no se sabe qué rayos esperar. Entones, cuando el tiempo ya hubo pasado, Kyon creyó ya saber todo sobre Haruhi, o por lo menos en su mayoría. Si hubiese una materia llamada: Desarrolla y aplica habilidades para predecir la actitud de Haruhi, Kyon la aprobaría sin esfuerzo.

Pero a veces la gente es aún más profunda de lo que parece. Quiero decir que, a pesar de que él creía conocerla, aún existían aspectos todavía más profundos en ella desconocidos para él, y viceversa.

Esto demuestra que para conocer a una persona, se necesitan años y años de esfuerzo. Más si esa persona ni se conoce bien a sí mismo. ¿Cómo pretender que alguien te entienda si no te entiendes?

Esta pregunta siempre está dando vueltas en la cabeza de Haruhi y la hace desesperar y querer arrancarse el cabello marrón. La mayoría de la gente, cuando se siente enamorado, sabe que está enamorado, es algo lógico y hay muchas señales que te lo dicen. Pero esto aplica más que nada a las personas normales, entenderse a sí mismo, para los excéntricos, es una cosa muy difícil.

Después de pensarlo y darle vueltas muchas veces, Haruhi se dio por vencida y pensó que sería mejor dejarlo de una vez por todas.

Pero no funcionó, su pequeño y molesto problema sigue ahí, y cada vez crece más. A Haruhi le entran ganas de llorar de repente y no lo puede controlar. Es como si dentro de su cuerpo hubiera una manguera que alguien prende y la deja así, cerrada con llave, y la avienta demasiado lejos. A Haruhi su pequeño problema le es muy complicado y le parece muy difícil de controlar. Por eso al principio decidió dejarlo, pero ahora, que crece y crece, no sabe qué hacer.

Iniciando no le dio mucha importancia, por que como había decidido dejarlo pasar, le bastaba con abrazar una almohada y secar las lágrimas con la cobija, pero luego de los días esta tarea le pareció pesada ya que dejaba la funda demasiado húmeda y debía cambiarla cada día, además de que su llanto comenzó a venir acompañado de dolor y no pudo afrontarlo más sola.

Los padres de Haruhi siempre la han visto como a su niña y no les importó recibirla entre sus sábanas cuando las lágrimas la amenazaban con salir en el rabillo de sus ojos, aunque se moría de la vergüenza por ser tan nena, al sentir los brazos cálidos de su mamá rodearla, el dolor en su corazón desaparecía, y su llanto se arrullaba y empezaba a ceder.

Superó esa etapa y viviendo sola, el fenómeno del llanto inexplicable regresó, se estaba convirtiendo en una pesadilla, hasta llegó a creer que se quedaría sin agua en el organismo por tanta que derramaba, y lo peor es que ni siquiera se sentía aliviada al terminar, ya que estando sola en una casa medio grande no lo podía estar.

Cuado estuvo con Kyon, quien creía conocerla mejor que nadie más, el fantasma que le estrujaba por dentro se fue momentáneamente. Pero luego volvió. Haruhi no concibió la posibilidad de que él la viera llorando ¡Horrible! Pero eso fue inevitable. Kyon bajó a tomar un baso de leche y la vio con el brazo apoyado a la barra y el otro frotándose el rostro, sin pensarlo dos veces fue a ella y la abrazó fuertemente y por fin Haruhi logró relajarse. La tensión se le fue de las piernas y su voz recobró su tono natural y se secó la cara hasta no dejar ni una gota de agua.

Lamentablemente su mal no acabó ese día, pero por lo menos ya no tenía que bajar cada noche a llorar a la cocina. Además a Kyon le empezó a parecer un tanto agradable esa parte tan perfectamente oculta de ella, que casi se agarra llorando también. Literalmente, después de unos días, Kyon pensó que para contrarrestar un mal como aquel es preciso actuar como el mismo mal. Así, cada vez que a ella le nacía el llanto, él la abrazaba y hacía ademán de llorar, claro que esto resultó más cómico y la noche terminó en risas.

Tal vez el problema de Haruhi tardaría más tiempo en resolverse, pero por lo menos ya tenía la seguridad de que iba a tener a Kyon para que la abrazase y llorara exageradamente junto a ella.

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La mayoría de las veces que escribo algo es por que antes leí o vi o escuché algo que me animó a hacerlo. Para este pedacito de historia hubo una canción previa que me emocionó. Es el tema de la película La Colina de las Amapolas, de Goro Miyazaki.