Disclaimer: Victorious no es de mi propiedad, sin embargo, la historia sí.


Capítulo VI "Fiesta".


"Me disfrazo de ti. Te disfrazas de mi. Y jugamos a ser humanos en esta habitación gris. Muerdo el agua por ti, te deslizas por mí y jugamos a ser dos gatos que no se quieren dormir"


El día de la fiesta había llegado.

Entre los estudiantes de Hollywood Arts se podía notar la expectación de semejante espectáculo.

No era la primera vez que Meredith hacía una fiesta, cada año la chica creaba este evento.

Pero era primera vez que Beck iba.

Aunque siempre había sido invitado.

El año anterior y el anterior a ese él se encontraba en una relación con Jade y sinceramente no le llamaba mucho la atención ir a ese "magno evento", en vez de ir él prefería quedarse en su camper junto con Jade, haciendo cualquier cosa que estar rodeada de gente ebria y alocada.

Pero este año, al estar soltero, sabía que podría disfrutarlo, inclusive más de lo que él podía creerlo, ya que, se prometió que lo pasaría bien, que dejaría de pensar en ella y que una vez por toda se desligaría de la "tormenta" de apellido West.

—No sé qué ponerme —bufó en su puesto Tori Vega mientras revolvía con parsimonia su ensalada.

André frunció el ceño mientras observaba fijamente a su amiga.

Aquel día el sol estaba más brillante que nunca y el viento cálido removía con suavidad los cabellos sedosos y castaños de la media latina.

—Es solo una fiesta —aseguró el moreno mientras le echaba un poco de sal a sus papas.

—Pues sí —susurró Tori y se removió incomoda en su asiento.

—Pero irá Ian Thomas —soltó Cat a su lado mientras jugaba con la bombilla de su malteada.

Tori se giró con ojos bien abiertos hacia la pelirroja teñida y la asesinó con la mirada. La muchacha no pudo evitar sonreír y soltar un débil "ups" ante su metida de pata.

—¿Ian Thomas? —preguntó Beck mientras removía con suavidad su pie en su puesto.

La morena bufó en su puesto y masculló con voz baja.

—El profesor —apuntó André con la mandíbula desencajada.

—¡Ex profesor! —gruñó la chica enterrando su tenedor en una lechuga.

—Pero hizo clases aquí, Tori, el hombre tiene como unos 26 se lleva contigo casi por diez años —recriminó André.

—¿Qué hay de malo con la edad, André? —preguntó la chica—, y son solo nueve años, no diez, además era muy, muy guapo, ¿verdad Cat?

La pelirroja asintió.

—Muy guapo y amigable —aseguró Cat.

En ese momento llegó un pelinegro de ojos color ámbar a la mesa, parecía un tanto agitado y observaba hacia todas las direcciones con una expresión desesperada.

Beck se fijó en la mueca del muchacho y no pudo evitar sentir un pinchazo conocido, era como si él fuese Alan, mirando por todas las direcciones en su búsqueda, rogando poder encontrarla escondida por ahí, rogando que no fuese tan escurridiza…

—Cat, ¿has visto a Jade? —preguntó entonces Alan, mirando con angustia a la pelirroja mejor amiga de su novia o ex novia.

La chica agitó su cabeza negativamente con rapidez, demasiada según pudo darse cuenta Beck.

—¿Segura que no la has visto? —volvió a preguntar—, pasé por su casa esta mañana pero su hermano me dijo que se había venido a la escuela, pero no la he visto por ninguna parte y pregunté a los maestros por ella y dicen que no ha entrado a clases.

Beck se sintió nuevamente mal por él, era casi lo mismo, con la gran diferencia que gracias a la experiencia él siempre lograba encontrarla.

—Debe estar bien, Alan, no te preocupes —intentó consolarlo Tori, él muchacho bufó y se pasó la mano por su cabello.

—Es que siquiera me contesta el teléfono y su hermano dijo que vino a clases, ¿y si le pasó algo? —volvió a preguntar.

Cat se mordió con fuerzas el labio inferior y Beck supo que ocultaba algo, que ella sabía dónde estaba pero que no podía decírselo al muchacho. Se sintió cruel al no decir nada, así que sin más bufó y soltó con la voz más neutral que encontró.

—Su hermano la está cubriendo, O'connor —el muchacho pegó sus ojos color miel en él, el caoba y el ámbar se entremezclaron de una manera muy poco sana, como si ambos, sin planeárselo comenzaran una guerra de miradas.

—¿Cómo sabes? —preguntó desconfiado.

Beck se encogió de hombros.

—Si no quieres creerme…

—Te pregunté otra cosa.

Bufó.

—Su hermano siempre la cubre —aseguró—, no vino a clase y mandó a Will a que te abra la puerta y decirte que se marchó a clases, pero en verdad, está en su casa.

El muchacho lo miró con cierto vacile, Beck se preguntó si él lo miraba de esa manera porque sabía dónde estaba la pelinegra o porque él la conocía mejor. Suspiró.

El muchacho lo miró de hito en hito, como si estuviese estudiándolo, esperando quizás qué cosa de él, que le dijese que es mentira, que no sabe dónde está o que se lo verifique, sea lo que sea que él esperaba, no lo dijo, porque se giró y se marchó sin decir ni una sola palabra.

Cat miró a Beck con molestia.

—No debiste decírselo —se quejó.

Él se encogió de hombros bajo la atenta mirada de todos sus amigos.

—¿Por qué? —preguntó como quien no quiere la cosa—, a mí en esos tiempos también me hubiesen gustado que alguien me ayudase con Jade.

Nadie dijo nada después de eso.

*.*.*.*

—¡Llegaste!

La voz chillona de Meredith se escuchó por sobre la música que se llegaba a oír desde la otra cuadra.

Se introdujo en la casa luego de saludar a la chica con una dulce sonrisa, el aroma a cigarrillos y a otras sustancias le golpeó fuertemente la nariz, pero lo ignoró.

Adentro ya se encontraba su amiga Tori con un simple vestido blanco que le llegaba un poco más arriba de la rodilla, parecía nerviosa y bebía de un vaso de color naranja, se preguntó internamente si la chica estaba bebiendo alcohol o alguna gaseosa, al llegar a su lado pudo darse cuenta que no era justamente soda de naranja lo que estaba tomando.

—Vodka —susurró la chica ante la muda interrogante del canadiense.

Beck rodó los ojos.

—Al ex profesor —Tori palideció y Beck sonrió divertido—, no creo que le guste que una chica pasada a trago se le acerque —aseguró.

Tori bufó y a regañadientes le pasó el vaso a su amigo.

La puerta de calle volvió a abrirse por la chica de la fiesta, Tori estiró el cuello de tal manera que Beck se preguntó internamente si no se le iba a desencajar. La morena volvió a bufar, disgustada a que el invitado que había llegado no era el que esperaba.

La puerta volvió a abrirse y Tori volvió a estirar su cuello.

Observó la puerta y luego se giró con cierta violencia hacia él. Beck frunció el gesto por la mirada que le dio su amiga y pegó sus ojos a la puerta de entrada.

Venía entrando Cat con su cabello pelirrojo afirmado en una coleta y un vestido rosa con un moño negro en medio de este, junto a ella venía entrando una pelinegra con el cabello suelto cayéndole con risos por su espalda, llevaba un vestido negro ajustado a su cuerpo de manga tres cuarto que dejaba al descubierto sus hombros.

Beck no pudo evitar pensar que su ex novia se volvía cada vez más guapa a medida que los días avanzaban, logrando una belleza casi imposible de imaginar.

Tragó saliva pesadamente, sintiendo como de pronto un nudo se le formaba en la garganta y sin pensárselo dos veces se bebió de un trago el vaso de vodka de Tori.

*.*.*.*

Los cuerpos se movían al compás de la música, Jade no se había separado de Cat en toda la noche y habían bebido quizás dos o tres vasos de cervezas cada una, habían saludado a Tori y Cat estuvo a punto de ir a saludar a Beck si no fuera porque el moreno se encontraba coqueteando abiertamente con la dueña de casa con un vaso en la mano.

Intentó por todos sus medios que su mejor amiga no notase aquello, pero parecía que a ellos no les importase que todo el mundo se diese cuenta de su coqueteo descarado, porque paseaban por todo el lugar tomados de las manos, sirviéndose tragos mutuamente y bailando apegados como si quisieran fusionar sus sudados cuerpos.

Pero a Jade parecía no importarle porque cada vez que ellos se paseaban por frente de ella, hacía como si no los hubiese visto o se dedicaba a conversar con Cat.

No fue hasta que Jade quiso ir al baño en el que Cat por fin dejó sola a su amiga.

La chica subió las escaleras de la casa para llegar al baño y luego caminó por un pasillo hasta llegar a la única puerta que estaba entreabierta.

Sin embargo, en el momento en que iba a tocar la madera para abrir la puerta por completo, una figura salió del baño.

—Oh, lo siento —dijo ella mientras daba un paso hacia atrás, pareciendo indiferente al notar quién era la figura que había ocupado antes el lugar.

—Hola… —susurró el muchacho con suavidad, saliendo por completo del baño.

Los ojos grises de la muchacha se pegaron en el rostro de su ex novio.

Beck tenía una sonrisa floja implantada en su rostro y parecía realmente como si el alcohol consumido con anterioridad le estuviese afectando el cerebro.

Jade bufó, sabía que no podía estar en guerra por siempre con él, menos con él.

—Hola —le devolvió el saludo.

El canadiense pareció sorprenderse por aquello.

—Creí que no… —se calló, Jade lo miró fijamente al tiempo que se relamía los labios.

—Ya no quiero más guerra, eso es todo —dijo y cruzó los brazos a la altura de su pecho con suavidad.

Beck no podía pensar con claridad, se sentía completamente mareado, como si el alcohol le hubiese quemado el racionamiento.

—Oh —murmuró entonces él, sintiendo como varios pensamientos se le agolpaban en la cabeza, como si no supiera ordenar sus ideas y estas estuviesen esperando para poder salir—, eso es bueno.

Un atisbo de sonrisa se dejó ver en el rostro blanquecino de la muchacha.

—Lo es —aseguró y se descruzó de brazos para pasarse las manos incomoda por la costura de su falda—, entonces, te veré por ahí.

Beck asintió.

—Sí, te veré por ahí… —masculló.

*.*.*.*

La fiesta continuó con su curso, Cat había dejado sola a Jade para ir a bailar con Robbie, quien nervioso movía su cuerpo intentando estar a la par con la pequeña pelirroja y Tori estaba ebria sollozando en un sofá junto con André quejándose de lo injusta que era su vida.

Jade ya se encontraba bastante aburrida y para ser sincera consigo misma, los constante coqueteos de Meredith y Beck le estaban provocando mareo y molestia, no quería ponerse a gritar por aquello y además, tenía ganas de hablarle a Alan, perdonarlo y decirle que se arreglaba todo.

Después de todo, Alan es el único que podía hacer sentir menos vacía a Jade.

Estaba dispuesta para acercarse a Cat y decirle que se iría cuando un chico, no lo conocía realmente y nunca lo había visto antes, le tocó el trasero.

Se giró ofendida dispuesta a colocarle un rodillazo en su parte blanda cuando este la acercó bruscamente a su cuerpo y comenzó a moverse a la melodía de la música, manoseándola completamente. El tipo tenía olor a alcohol y algo más que Jade no supo reconocer, quizás marihuana, quizás otra cosa.

—¡Suéltame! —gruñó la chica intentando separarse de él, pero el tipo no le ponía atención y siguió estrujándola con aun más fuerza contra su cuerpo, besando su cuello.

Jade sintió que iba a llorar en cualquier momento, se sentía vulnerable y ella, Jade West, jamás en la vida se sentía de esa manera.

—¡Que me dejes! —gritó pisando al tipo.

Fue ahí cuando el caos comenzó.

El tipo se quejó en voz alta y luego, sin más, con su mano completamente estirada pasó a llevar con querer la mejilla sonrojada de la pelinegra.

Y había sido un error.

Porque justo en ese momento la música se había detenido y la mayoría de la fiesta estaba atenta a lo que ocurría con ambos.

Y Beck lo vio, a Jade con la mano en su mejilla y los ojos acuosos y al tipo con la mano estirada quejándose por un dolor en quizás qué parte.

No lo pensó dos veces y si hubiese estado completamente sobrio tampoco lo hubiese hecho. Se abalanzó con fiereza encima del maldito desgraciado que había osado a tocar a su Jade y le plantó a mano empuñada un certero golpe en la mandíbula.

El borracho cayó de espalda al suelo como un saco de patatas, pero Beck no lo dejó así, le plantó un nuevo golpe en la mejilla y esta vez el tipo reaccionó, con fuerzas golpeó el pómulo del canadiense, haciendo que este cayese de espaldas y los golpes siguieron, pero Beck no dejaría que él lo golpease, no. Con fuerzas le pegó una patada en una costilla y luego volvió a agarrarlo a puñetazos en la cara.

—¡Basta! ¡Basta! —se oyó un gritó desde atrás—, ¡vas a matarlo, Beck!

Sintió una mano detener su puño y luego al mirar hacia atrás con ojos nublados vio a Jade con una mirada preocupada.

Él se levantó del suelo y miró al tipo con rabia, sin embargo, Jade no lo dejó quedarse en aquel lugar y lo comenzó a arrastrar quizás a qué lugar.

Al salir el muchacho se sintió aún más mareado pero lo disimuló frente de la chica, quien seguía arrastrándolo por la calle.

—Mi auto…—pudo alcanzar a articular.

Jade lo silenció con apenas una mirada y luego, al llegar a su auto abrió la puerta del copiloto, Beck se subió sin chistar y luego Jade se subió al lado del piloto y comenzó a manejar.

Beck podía estar muy ebrio y por la forma en que Jade manejaba podía darse cuenta que ella tampoco estaba en perfectas condiciones.

Pasó mucho tiempo en el camino en el que ambos no decían ni una sola palabra, hasta que Beck se hartó de aquel silencio.

—¿Hacia dónde vamos? —preguntó el moreno.

—Intento llevarte hasta tu camper —contestó la chica respirando con profundidad.

—Está bien —respondió él y le miró el perfil—, ¿estás bien? —preguntó con suavidad.

—He estado mejor —aseguró y Beck no pudo evitar reír.

Demonios, solo ella podía causar tal efecto en él.

Llegaron luego de un largo lapsus de tiempo hacia la casa de Beck, Jade se bajó junto con él cosa que lo agradeció mentalmente, no quería que se fuera, al menos no aún.

Entraron en silencio al camper, como si alguien más estuviese ahí mismo durmiendo.

—Siéntate —le ordenó la chica mientras ella se introducía a su pequeño cuarto de baño.

Beck así lo hizo, se sentó en su cama sintiendo como de pronto su pómulo comenzaba a palpitar como si un corazón pequeño estuviese ahí.

Jade apareció luego con una crema y después fue al mini refrigerador de Beck y sacó hielo en una bolsa.

Le limpió la herida del pómulo con algodón mientras este hacía una mueca de dolor y luego le puso la bolsa con hielo.

—No sabía que tenías complejo de héroe —susurró entonces ella mirando directamente los ojos de su ex novio.

Beck sonrió con suavidad al tiempo que arrugaba el ceño por el ligero pinchazo de dolor.

—Nunca habías necesitado uno —le rebatió.

Jade sonrió casi divertida y Beck la miró con preocupación.

—Tú también necesitas hielo —le dijo.

Negó con la cabeza.

—Estoy bien, no alcanzó a golpearme muy fuerte —aseguró.

—Lo siento —dijo de pronto él.

Ella lo miró interrogante y él suspiró.

—Él no debió de haberte siquiera tocado.

—Ya pasó —se encogió de hombros—, estoy bien ahora, gracias por eso.

Sintió el olor a alcohol colarse por sus narices y no fue hasta entonces en que se dio cuenta de lo cerca que estaban sus labios. Sin poder evitarlo se relamió y cerró los ojos con suavidad.

Beck al observar aquel acto por parte de la pelinegra de ojos azules tocó con suavidad su mejilla y la acarició con suavidad.

—Creo que jamás podré decirte lo mucho que te echo de menos —murmuró él pegando su frente a la de ella.

Sintió de pronto, en su mano que tenía aferrada a la mejilla de su ex novia como una ligera lágrima le humedecía los dedos. Sintió un escalofrío recorrerle la columna vertebral y suspiró.

Pronto sintió el aliento de Jade tan cerca de él que enloqueció cada uno de sus sentidos y sin poder evitarlo atrapó los labios de ella con los de él en un suave roce.

Sintió que tenía alas, sintió que podía volar, que podía hacer cualquier cosa, sintió que todo había valido la pena y que nada lo valía, sintió que estaba tocando con la palma de su mano el cielo, las nubes, todo.

Los labios de Jade le dieron el acceso para poder introducirse en ella. Y enloqueció.

Sus manos bajaron por la espalda de la chica, tocándola tiritón, como si con apenas un movimiento brusco ella pudiese romperse en mil pedazos…O quizás la situación.

Ella desabrochó los botones de su camisa, uno a uno, sin despegar sus labios de los de él, como si no necesitasen del aire para seguir viviendo.

La bolsa de hielo cayó olvidada al suelo mientras ambos se tocaban y besaban como si fuese una experiencia nueva, como si en verdad se estuviesen volviendo a conocer.


"Me moriré de ganas de decirte; que te voy a echar de menos. Y las palabras se me apartan, me enfrían las entrañas. Finjo que no sé que no he sabido, finjo que no me gusta estar contigo" -Con las ganas, Zahara


Bueno, lo prometido es deuda!

Aquí viene el otro capítulo de esta historia con capítulos cortitos. Estoy avanzada ya en la historia y como en este momento me encuentro no haciendo nada y sin nada que hacer, la seguiré.

Muchas gracias a esa personita que dejó el review para poder continuarlo, espero te guste este capítulo, de igual manera a esos lectores silenciosos que sé que estáis ahí.

De verdad, este capítulo es uno de mis favoritos y espero lo disfruten.

Peace.

Emilia.