Sé que me he tardado miles de años con este capítulo, las disculpas no me alcanzan para ustedes :(. De todas formas, ya estoy aquí, ya está un nuevo capítulo aquí; y espero que haya valido la pena. Espero que les guste y me dejen muchos comentarios.
No tengo mucho que decir, así que seré breve. Agradezcanle a Gisell de nuevo por hacerme el favor de subir y corregir el capítulo, y disfruten la lectura. Mucho amor para ustedes, les quiero por el simple hecho de dedicarle un pedacito de su hermoso tiempo a leer esto.
Pd: el siguiente cap de Juego de Roles está en proceso de escritura, ojalá pronto lo esté subiendo.
Capítulo 6: Algo de ayuda con sello filantrópico
Era como la décimo cuarta vez que abría los ojos para chequear que todo estuviese en orden. Aquella ventana vieja dejando entrar un rayo de luz desde la calle, la tela de araña tejida justo sobre nosotros que tenía esa misma mosca atrapada, el viejo reloj sobre la mesita de noche que marcaba ahora las 4:35 A.M. La cabellera roja de Natasha apoyada en mi pecho y su brazo atrapando mi torso en un abrazo más cálido para mí de lo que alguna vez imaginé. Las cosas parecían estar normales y nada alteraba mi panorama tranquilo. No había alguna cara desconocida atacándonos o algo moviéndose en falso y estallando a nuestro lado. Estaba todo perfecto, dentro de lo que cabía la perfección en ese instante, para esa situación.
Pero una serie de pitidos agudos irrumpieron en la fría paz de aquella madrugada rusa –por difícil que pareciera juntar Paz y Rusia en una misma oración-. De inmediato mi compañera levantó su cuerpo para aparentemente buscar el objeto emisor del dichoso sonido; lo cual también me hizo cuestionarme si en realidad estaba dormida. Bajó de la cama rápido, con la típica agilidad que le caracterizaba, y hurgó en su pequeña maleta negra ante mi mirada atenta que apenas podía visualizar la mitad de su cuerpo gracias a la luz que se colaba. No tardó mucho, cuando detuvo la busqueda sacando aquél aparato escondido. Un pequeño teléfono viejo.
― ¿Está todo bien? ―Pregunté, al percatarme de que miraba la pantalla titilante con desconfianza.
―Este número no lo conozco ―Se veía perdida en sus pensamientos, con la vista clavada en el aparato.
― ¿Crees que nos hayan encontrado? ―No me había dado cuenta de que ya estaba sentado en la orilla de la cama hasta que apoyé mis manos en mis rodillas con preocupación.
―No ―Ladeó ligeramente―. Digo, no deberían. Es tecnología vieja, muy difícil de rastrear o interferir.
―Pero sigue siendo posible.
―Sí, pero es un teléfono para estrictas emergencias ―En ese momento me miró entrecerrando los ojos, como si eso le trajera alguna pista del misterio―. Sólo Nick y Clint saben de su existencia.
―Podría ser uno de ellos ―El ringtone dejó de escucharse, sin embargo, Natasha no dejaba de verme inexpresiva.
―Nick no va a arriesgarse así y Barton está en su casa, si me llamara de allí reconocería el número.
Asentí en silencio, encontrándome sin más argumentos válidos que pudiesen darnos una pequeña esperanza de que no nos hallabamos frente a posibles futuros problemas.
El remitente de la llamada insistió, haciendo que la espía volviera a centrarse en el dispositivo y yo me levantara posicionándome al frente suyo.
―Deberías responder ―Le sugerí, observándola con atención.
Sus ojos me miraron por un intervalo de segundo, con la duda inmersa en ellos, sin embargo, ya no teníamos nada que perder; de todas formas la KGB debía saber que estabamos en Rusia.
― ¿Quién es? ―Al instante en el que descolgó la llamada, preguntó aquello. Tragando saliva apesar de su cara de póquer.
Yo seguía cada movimiento de sus ojos y labios, me había percatado, desde no hace mucho tiempo, que Natasha Romanoff decía más con sus expresiones frías de lo que el mundo generalmente creía. Para muchos ella era sólo una media sonrisa sarcástica o unos grandes y penetrantes orbes amazónicos; pero para mí existían miles de indicios en cada una de sus facciones, descubrí que su rostro tenía demasiadas respuestas implícitas.
Así que cuando arqueó una ceja y lanzó esa típica sonrisa reprimida, supe que no había nada de que preocuparse.
―Stark, es peligroso que me estés contactando ―Dijo en mi dirección, por lo que terminé de soltar un suspiro aliviado―. Puedes tener toda una línea privada a tu disposición, pero siempre hay riesgos... Mmm... Alguien puede estrañarse de que llames a Moscú y...
De inmediato su cara pasó de estar relajada a tensarse. Abrió ligeramente los labios, escuchando con atención lo que fuese que le estuviese diciendo el multimillonario al otro lado del planeta tierra y, al final, me miró asintiendo.
―Nos vemos allí, entonces ―Cortó la comunicación sin esperar otra palabra del autodenominado filántropo; mientras yo aguardaba con paciencia lo que tuviera que decirme―. Está aquí, trajo a Pepper. Nos reuniremos en cuatro horas con ellos.
― ¿No es peligroso?
―Dijo que lo tenía todo cubierto, que Happy nos dará unas cosas para que pasemos desapercibidos al hotel en donde estará hospedado.
―Bueno... ―Eso no me convencía del todo, pero si la pelirroja había accedido alguna cosa útil estaba de por medio―. ¿Para qué quiere vernos?
―Tiene algo que decirnos, y por cómo sonaba parece importante.
Mantuvimos en silencio una conexión de mirada que duró al menos diez segundos, antes de reaccionar y empezar a trazar la nueva ruta que nos deparaba. Necesitábamos adaptar ésto al plan, por muy fácil que Tony hiciera ver todo, teníamos que ser cuidadosos pues un paso en falso nos haría caer sin retorno.
―Es por el pasillo derecho, al final, la suite presidencial. Lo típico de Stark ―Susurró con una media sonrisa, tomando camino adelante de mí con el carrito de la comida.
―No podía ser más indiscreto ―Inconscientemente puse los ojos en blanco, siguiendo a la ágil mujer a través de las baldosas de mármol pulido.
―Sería indiscreto si no lo hiciera ―Dijo, volteando por un instante con una ceja levantada.
Nuestros disfraces funcionaban bien hasta ahora, desde que nos infiltramos en la cocina del prestigioso hotel ruso M&C nadie se había cuestionado la veracidad de ellos; unos simples trabajadores más que se encargarían de llevarle el desayuno al divo americano hospedado en la suite presidencial. Quince pisos abajo, o cuando el amigo de Tony nos entregó la ropa bajo ese puente abandonado, pude haber dudado de si era una buena idea, pero ya no.
Una inquietud llegó a mi cabeza cuando recordé las palabras que en algún momento soltó Natasha dentro de la limusina.
― ¿Te habías desvestido antes en presencia de…?
― ¿Happy? Sí ―Sólo podía verla de espalda, sin embargo, en su voz no existía ningún tipo de incomodidad por el tema.
Suspiré, intentando que mi mente dejara de imaginarla en una situación así con él o cualquier otro sujeto. Hasta que, unos metros después, nos encontramos frente a la doble puerta gigante que nos indicaba la meta.
Di dos toques ligeros, con la mano que no sostenía un champagne de cinco mil euros. Un minuto después, cierta rubia conocida nos dejó pasar mirando hacia todos lados.
―Oh, por Dios, díganme que no tuvieron ningún problema hasta aquí ―Preguntó sosteniéndose el pecho con ambas manos, sus ojos denotaban la angustia que parecía haber pasado antes de que llegáramos.
―No, tranquila, Pepper ―Dejé la botella sobre una mesa y le sostuve el hombro porque podría jurar que estaba a punto de desmayarse.
― ¡Quita las manos de mi novia o haré que te despidan! ―La voz de Tony saliendo de algún lado llamó mi atención, y me lo encontré señalándome. Bajó el brazo cuando se le dibujó esa insoportable sonrisa burlona―. Hola, capi ―Luego volteó hacia mi compañera, escaneándola―. Arañita, te sienta bien ese uniforme.
―Ujum ―Pepper afinando la garganta fue lo que reprendió al Iron man que se desubicó de inmediato.
―Yo-yo decía que-que se ve bien porque-que no sé qué hacemos aquí, vamos a comer ¡por favor! ―Puso sus manos al aire con exageración y nos guió al lujoso comedor, mientras Natasha y yo compartíamos una risa silenciosa por tal escena presenciada.
Sentía la mirada de reojo por parte de la CEO de Stark industries en el camino; hasta puedo jurar que visualicé una sonrisa en nuestra dirección.
―Ustedes son pésimos, tardaron años y muero de hambre. Si no tuviese acciones en éste hotel ya los habrían despedido.
―Vaya, Tony, te debo la vida ―Comentó la pelirroja con sarcasmo.
―Aunque no lo creas, Rushman, no estás muy alejada de la verdad ―El hombre se volteó justo debajo del arco que nos llevaba al comedor, sonriendo con autosuficiencia.
Lo que hizo que los tres -quienes le seguíamos- nos detuviéramos inesperadamente y yo chocara contra la espalda de la rusa.
―Lo siento ―Le murmuré avergonzado.
―Ajá ―Vi su perfil dedicandome una semi-sonrisa, después la miré fijarse en el divo dramático ante nosotros―. Stark, no estamos aquí para escuchar tus ridículas frases narcisistas ni empujar este maldito carrito un metro más. Habla ahora que el tiempo se nos acaba.
―Que nadie se desespere, por favor ―Levantó la muñeca, mostrando el reloj digital avanzado que portaba―. Yo he comprado ese tiempo, viudita ―Acto seguido, presionó un botón que dejó ver el holograma de una réplica a escala del globo terraqueo.
―Tony, ¿podrías decirles de una vez? ―La rubia, quien estaba tan fastidiada como yo, y como muy probablemente Natasha, del discurso innecesario del genio, fue la que habló.
―Shh, Pepper, interrumpes mi fabulosa presentación ―Se quejó cual niño malcriado de cinco años.
―No es fabulosa, Tony. Natasha y Steve no están jugando.
― ¿Y acaso yo lo estoy? ―Una mano en su pecho le hizo ver ofendido ante el comentario de su novia.
―Estás desperdiciando su tiempo.
―Repito, yo compré el tiempo.
―No compraste nada, Anthony Howard Stark ―Ella se fue acercando a él de esa manera desesperada y molesta que el millonario le provocaba.
―Oigan ―Intervine, teniendo la esperanzada de que eso les detuviera.
―Ah y ahora dices mi nombre completo para que sienta temor ―El castaño rodó los ojos, haciendo que su acompañante se pusiera más roja de lo que ya iba.
― ¡Eres exasperante!
―Oigan ―Repetí. Mi paciencia ya se estaba agotando.
―Creo que estás en tus "días especiales", cariño ―Hizo unas comillas con los dedos que sólo avivaron el fuego en los ojos de la mujer.
Yo temí por mi vida y ni siquiera era él. Escuché un suspiro salir de la boca de la pelirroja adelante de mí, parecía saber que lo que vendría no era nada bueno.
―Oh, tú no dijiste eso ―Fue más un susurro que pude oír, pues cada palabra salió a rastras de su boca enojada.
―Estás poniendote demasiado roja para mi gusto, deberías calmarte un poquito.
Esa era la gota que rebosaba el vaso, lo inexpresivo de la cara de la señorita Potts me dio una idea del futuro próximo. Mi mente vio viajar su mano derecha a toda velocidad e impactar contra la mejilla izquierda del científico con mucha fuerza; sin embargo, nada de eso pasó aún después de varios segundos. Simplemente lo miró, con los ojos muy abiertos y algo cristalizados, para luego darse vuelta saliendo del lugar e implantando perplejidad en quienes quedamos en la habitación.
―Stark, eres un imbécil ―Alegó la espía negando con la cabeza.
― ¿Estará bien? ―Quise preguntar, me preocupaba lo afectada que se había visto.
―Sí-sí ―Tony pestañeaba rápido y tenía el ceño fruncido, mirando hacia un punto ciego. Hasta que reaccionó, observandonos como si nada hubiera pasado―. Ella ha estado rara, debe ser alguna cosa de mujeres ―Volvió, en un santiamen, a ser el Tony Stark inmaduro de siempre; tomando asiento en la mesa tras suyo―. Siéntense, no voy a pasar hambre por ustedes.
Natasha no esperó una segunda invitación y empujó el carrito que aún llevaba hasta que chocó con agresividad contra un castaño sorprendido y ofendido, después tomó asiento cerca de él. Yo le seguí, posicionandome justo a su lado y cruzando los brazos por sobre la mesa.
―Habla ―Exigió la fémina.
―Primero lo primero ―Se hizo el despreocupado, levantando la tapa que ocultaba uno de los cinco platos transportados por el carrito rodante; el más grande de hecho.
Entonces se develó su contenido: una pizza mediana con demasiados ingredientes.
―Tomen un pedazo si quieren, pero sólo uno ―Advirtió agarrando el primer trozo.
Ambos le hicimos caso, la espía me pasó una rebanada y dejó una para ella. Así estuvimos listos para escuchar lo que fuera que nuestro compañero vengador nos iba a decir.
―Bueno... ―No le importaba hablar con la boca llena, lo cual tampoco me extrañaba―. El asunto es... ―Dio otro mordisco―. Cuando vendía armas, tuve la brillante idea de ponerles rastreadores; porque uno nunca sabe... Mmm, que buena está ésta cosa.
Masticaba saboreando cada segundo y cerrando los ojos como si hubiese probado una maravilla del mundo.
―Stark, ¿podrías seguir con lo que nos importa ahora? ―Yo apenas llevaba mi segundo bocado, contrario a la pelirroja que no había tocado su pizza desde que se la sirvió.
Ella le prestaba toda su atención al magnate.
―Cap, relajate, come en paz ¡por amor a Jesús! ―Terminó de una vez con el alimento en su mano y se dispuso a tomar otro.
―Podremos comer en paz después, Tony ―Fue la mujer quien se mostró fastidiada ya de las burlas del castaño. Le arrebató el pedazo de pizza y lo miró con determinación―. Ve al maldito punto de una vez.
―Está bien, está bien. No hay que ponernos violentos ―El aludido levantó los brazos en son de rendición y soltó un suspiro antes de limpiarse las manos y centrarse, por fin, en nosotros―. Descubrí la verdadera ubicación de las fabricas que buscan.
― ¿Las fabricas? ―Enfaticé, pues en nuestro plan original sólo había un lugar.
―Efectivamente, mi querido patriota ―Se inclinó hacia adelante, volviendo a presentar el holograma de la tierra desde su aparente reloj―. Aquí apreciamos nuestro hermoso hogar a una pequeña escala y, si hacemos zoom ―Hizo lo mencionado―. Podemos ver a la gran madre Rusia.
―Y esos puntos intermitentes ¿Qué son? ―Cuestionó mi compañera de misiones señalando al holograma.
―Algo que no es como la navidad.
― ¿Que? ―No entendí la referencia.
―Fácil, capi, son trampas.
―Esas eran las ubicaciones que teníamos, Steve ―Cuando ella volteó a verme, pude observar que sus orbes verdes se tornaban perturbados―. Pero, si yo saqué esa información de la base de datos de la inteligencia rusa.
―Uy ―Exclamó el genio―. Creo que hay algunos infiltrados por allí.
―No sería raro.
―Deberían agradecer que me conocen y les tengo un ligero aprecio, porque de lo contrario su busqueda habría sido en vano.
―Ahora empezamos desde cero otra vez ―Crucé los brazos sobre mi pecho, suspirando con pesadez.
―No tan rápido ―De nuevo la sonrisa pretenciosa del divo salió a flote―. Les estaba diciendo que alguna vez puse rastreadores en mis armas y, bueno, digamos que algunos todavía las usan.
―Y entre esos algunos está la KGB ―Sugirió, o más bien, afirmó Natasha.
― ¡Bravo, arañita! Has aprobado el examen.
Rodé los ojos, acción que no pasó desapercibida para el egocéntrico genio.
― ¿Me lo estoy imaginando o nuestro capitán no-me-gustan-las-groserías acaba de hacerme una groseria? ―Me señaló despectivo, abriendo la boca con sorpresa.
Sentí una mirada de reojo por parte de Natasha, la cual era acompañada por una pequeña sonrisa divertida. Sin darme cuenta, yo le estaba devolviendo el gesto.
―Stark, termina de decir lo que sea que vayas a decir ―Volvimos a concentrarnos en él, después de que la vengadora hablara.
―Sería mejor que lo vieran ustedes mismos ―Dicho eso, tronó sus dedos y de inmediato aparecieron sólo dos puntos titilantes.
Nos acercamos, para poder observar las ubicaciones que nos mostraba Tony. Ni siquiera estaban incluidas en la información que había obtenido Nat, hasta parecían estar muy alejados del mismo Moscú.
―Sé lo que piensan ―Tony interrumpió mi letargo, y el que también pareció tener la mujer―. Y sí, son zonas que en un satélite cualquiera no parecen tener actividad, están bien cubiertas.
― ¿Son dos? ―Ella preguntó aún perdida en sí.
―Admito que fueron creativos, dividieron el trabajo ocultando mejor en donde implantan los nanobots ―Pusó un dedo sobre el punto más alejado, que debía estar a kilómetros de un pueblo cercano.
La rusa y yo compartimos una mirada fija, intercambiando nuestros pensamientos a través de esa conexión. Sabíamos lo que nos deparaba, ahora era el doble de difícil y no podíamos descuidarnos, ya que casi caemos en un laberinto eterno.
Ahora estaba a nuestra disposición todo lo que necesitabamos para completar la misión exitosamente.
