ADVERTENCIA: Este capítulo contiene escena de sexo entre dos hombres. Si no te gustan puedes saltarte el capítulo y esperar al siguiente.

CAPÍTULO 7: VOLVER A LA FELICIDAD

Al día siguiente de la visita de los tíos de Blaine, Kurt estaba en su habitación mientras su novio y su hermano estaban en la sala, su padre y Carole estaban trabajando. Tenía que reorganizar su ropa ya que al ir al McKinley ya no llevaría uniforme, por lo que debía cambiar la distribución del armario para facilitarle la elección de prendas diaria. Su novio lo interrumpió entrando y poniendo algo de música, lo que no le importó. De repente, sintió que unas manos que conocía muy bien rodeaban su cintura y se posaban en la parte baja de su tripa mientras el pecho de su novio se pegaba a su espalda y recibía tiernos besos en su nuca. El castaño sonrió porque después de todo lo que había pasado en los últimos días apenas había recibido cariño por parte del moreno y echaba de menos sus abrazos, besos y caricias. Las manos del ojimiel desabrocharon un par de botones de la parte baja de la camisa para poder tocar la suave piel blanca que se encontraba debajo.

– Cariño, Finn está abajo. – Dijo el ojiazul mientras disfrutaba de los mimos.

– Le he dicho que si quiere seguir con vida no suba aquí en las próximas dos horas. – Informó el más bajo.

– ¿Dos horas? Sea lo que sea lo que has planeado, no cuentes conmigo. – Bromeó el mayor.

No recibió respuesta, las manos que le acariciaban salieron de debajo de su camisa y su espalda dejó de sentir al menor. Justo cuando iba a protestar, su novio lo volvió y juntó sus labios en un beso pasional y muy necesitado. Cuando se quedaron sin aire se separaron, momento que Blaine aprovechó para hablar.

– ¿Estás seguro que no puedo contar contigo para mis planes?

Kurt volvió a besar a su pareja y los dos acabaron sin zapatos tumbados en la cama con el moreno encima de su novio. Terminó de desabrochar los botones de la camisa y se la quitó al castaño. Se incorporó y se deshizo de su camiseta, haciendo que los dos quedaran con el pecho descubierto. Volvieron a juntar sus bocas permitiendo que sus lenguas comenzaran una lucha por el control del beso. Las manos del ojiazul se posicionaron en el trasero de Blaine, estrujándolo y acercándolo hacia él hasta que sus cuerpos se tocaron y sus entrepiernas se rozaron provocando un gemido de placer por parte de los dos que se perdió en sus bocas unidas. De manera calmada y sensual, el moreno desabrochó los botones del ajustadísimo pantalón que llevaba el mayor y lo bajó junto con la ropa interior para dejar a su novio totalmente desnudo. Cuando éste fue a imitar las acciones de su pareja fue detenido por el ojimiel.

– Ah, no. La última vez fuiste tú el que llevaste las riendas. Ahora me toca a mí.

Kurt obedeció y se dejó mimar por el moreno, que en vez de volver a sus labios prefirió pasar al cuello del más alto. El castaño sólo podía emitir gritos de placer que, por mucha música que hubiera, estaba convencido de que su hermano estaba escuchando. El ojimiel mordía, chupaba y lamía el cuello y la clavícula del mayor, de manera que seguro le quedarían marcas. Sin embargo, estaban tan excitados que no les importaba.

Se quitó las prendas que aun llevaba y poco a poco fue bajando hasta encontrarse con uno de los pezones y comenzó a chuparlo mientras su mano se dirigía al otro y comenzaba a estimularlo.

– Ah, Blaine... Acelera un poco, te necesito ya. – Se quejó el castaño.

En ese momento, el moreno se detuvo.

– Debería vengarme por lo de la última vez. – Dijo el ojimiel. – Y esta es tu tortura.

– No, por fa... Ahh – El mayor no pudo terminar la frase porque su novio volvió a sus pezones. Siguió bajando mientras tocaba delicadamente con su lengua la piel del castaño, dibujando cada uno de los pliegues que sus músculos formaban en los pectorales y abdominales pálidos del más alto. Ese era el único contacto que mantenían los dos chicos, la lengua del moreno recorriendo a su novio. Eso suponía una tortura maravillosa para el mayor. Estaba seguro de que llegaría al orgasmo si seguía mucho tiempo así. No paraba de decir incoherencias y pronunciar el nombre de su novio en gritos de placer. Eso hacía que Blaine se sintiera poderoso, por todo lo que era capaz de provocar en Kurt. Sin embargo, se apiadó de él y decidió complacerlo un poco, por lo que introdujo el miembro de su novio en su boca y comenzó a moverse, mientras lo succionaba y lo acariciaba con la lengua. Los gemidos del castaño aumentaban en frecuencia y volumen hasta que se corrió en la boca de su novio.

– Ahora prepárate, porque viene lo mejor. – Dijo el ojimiel seductoramente mientras volvía a besar a su novio. Sin previo aviso metió un dedo en la entrada del castaño y comenzó a prepararlo. Después introdujo un segundo y tercer dedo. Mientras dilataba al ojiazul, lo besaba apasionadamente haciendo que los gritos de placer del chico se vieran ahogados en su boca. No podía imaginarse nada más sexy que su novio jadeando en su boca por culpa de sus acciones.

– Por favor... entra ya... – Suplicó el mayor. Blaine sólo pudo obedecer. Los dos gritaron de placer cuando el miembro del menor se encontró dentro. Comenzó las embestidas lentas y profundas. Tenían tiempo y quería aumentar la sensación de placer. Poco a poco fue aumentando el ritmo y la fuerza y se puso a masturbar al castaño. Los dos llegaron al mismo tiempo al orgasmo, gritando el nombre del otro.

Veinte minutos después, la pareja bajaba a la sala y se encontraba con Finn y Puck.

– Hola chicos, ¿Qué haceis? – Preguntó Kurt.

– Jugando a los videojuegos – Respondió el más alto.

– Nosotros no preguntamos lo que hacíais, nos ha quedado más que claro por los sonidos que venían de arriba. – Dijo el judío.

– Lo siento. – Dijo el castaño avergonzado.

– No pasa nada, pero que sepas que la próxima vez puede que suba a haceros compañía. Blaine debe ser muy bueno si gritas así. – Bromeó Noah. La cara de los dos chicos alcanzó el color rojo más llamativo de sus vidas. Estaban seguros de que se podría freír un huevo en su piel...