PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE LA GRAN RUMIKO TAKAHASHI, SOLO LOS TOMO PRESTADOS PARA LA REALIZACIÓN DE ESTA HISTORIA, LA CUAL SÍ ES COMPLETAMENTE MÍA…
-7-
ATRAPADA
—¿Qué… con… e-ellos?— la pregunta se escapó de sus labios, mientras observaba con temor a los seis hombres que la miraban algunos desinteresados, otro, en el caso de Renkotsu con molestia, y Mukotsu seguía viéndola con malicia, esperando por ella…
—Eso dije…— mencionó sencillamente el joven líder mientras se disponía a marchar.
—Pero no me puedes dejar aquí…— añadió mientras lo seguía — digo… con ellos — corrigió de inmediato.
—¿Y por qué no?— preguntó curioso mientras volteaba a verla —no querrás acompañarme… ¿o sí?— añadió lo último con un tono seductor, mientras la sujetaba por la barbilla y veía complacido el tenue sonrojo de la chica.
—P-por supuesto que no…— mencionó indignada, mientras se soltaba de su agarre ¿qué se creía?¿ir con él?¿por gusto? ¡claro que no!, aunque de verdad, le era mucho más grato que quedarse con ellos —…es solo… ¿qué no lo ves?— cuestionó mientras el moreno se giraba dispuesto a no seguir escuchando sus típicas quejas — ¡son asesinos!... no puedes dejarme con ellos— soltó esto, mirando al resto, con el miedo que le causaban.
—Yo también lo soy…— respondió fríamente y de inmediato, deteniendo su marcha... la veía molesto —…que no se te olvide… soy su líder… y peor que cualquiera de ellos— añadió en lo que a la azabache le pareció un tono amenazante, haciéndola retroceder ante su paso, hecho que el mercenario notó, sonriendo por ello —… pero descuida, ninguno se atreverá a tocarte mientras te necesite… esto solo es una pausa, tú y yo no hemos terminado… Jackotsu cuidará de ti— finalizó mientras se marchaba, dejando sola a Kagome en medio del bosque.
El camino que debía tomar, para hablar frente a frente con el terrateniente al que le estaban sirviendo no sería tan largo, pero ahora por culpa de esa estúpida chiquilla le parecería lo contrario… no supo por qué le molestó la forma despectiva en que sonaron sus palabras, a él poco le importaba lo que la gente pensara de ellos, es más; mientras más les temieran mejor se sentía, pues suponía estaban haciendo bien su trabajo y su fama se extendía… entonces ¿por qué?, bufó molesto mientras sacudía la cabeza — son solo estupideces…— mencionó e intentó convencerse de ello.
Kagome se mantenía recargada en uno de los árboles que bañaban el lugar, permanecía a una distancia prudente del grupo pues no se atrevía a acercarse, ni siquiera a hacerse notar… se centraba en sus pensamientos y calló en cuenta, de que apenas se había marchado el ojiazul y ella ya deseaba que regresara… y se convencía que era porque él era el que menos peligro le representaba, aunque sonase contrariamente a la realidad.
—Ey Kagome… ¿pero qué haces acá?— habló con su chillona voz el afeminado sujeto —… espero que no intentes escapar… porque me meterías en serios problemas con el hermano mayor…— añadió y soltó una risa poco discreta.
Kagome sonrió nerviosa, ni siquiera se atrevería a intentarlo, pues sabía que más de uno de ellos sería capaz de matarla y justificarse con su intento de huida —y dime… ¿llevas mucho formando parte del grupo?— se animó a preguntar observando al despreocupado sujeto sentarse frente a ella, Jackotsu no parecía tan malo en ese momento, pero sabía bien de las atrocidades que era capaz de hacer…
—Mmm…— mencionó llevándose un dedo a la boca y observando hacia arriba, intentando recordar — …pues todos juntos, no mucho tiempo, aunque nos hemos adaptado bien…— añadió riendo socarronamente —… y bueno, con Banky, mucho más…
—¿A sí?
—Sí… de hecho prácticamente crecimos juntos…
—¿Son… familia?— se animó a preguntar, pues todavía no entendía como jóvenes como ellos pudieron llegar a convertirse en lo que eran…
—No… fuimos de un pequeño poblado que estaba ubicado a los pies de un gran castillo…— comenzó a relatar con un serio tono de voz, mientras se ponía cómodo recargándose en un árbol que se encontraba a su espalda —… pero un día fue atacado, todavía éramos unos niños; aún lo recuerdo perfectamente… — decía mientras Kagome lo observaba y escuchaba atentamente, presintiendo lastimosamente las que serían sus siguientes palabras… —…a los soldados poco les importaba masacrar a los aldeanos, mataron a ancianos, hombres, mujeres y niños por igual…
—¿Cómo es que ustedes...?— interrumpió cuando Jackotsu se detuvo para hacer una pausa en su relato.
—Yo recién llegaba a la aldea, después de buscar a una anciana de una aldea vecina para que atendiera a mi madre, ella estaba muy grave… me quedé parado viendo todo… no me pude mover… la anciana prefirió huir…
—¿Y Bankotsu?
—Mph… él era menor que yo… su madre lo ocultó de los soldados y prácticamente observó morir a sus padres frente a sus ojos…
—Eso debió ser terrible…— reconoció consternada, casi sin poder imaginarse el dolor por el que pasaron.
—Lo gracioso de todo… es que el terrateniente del castillo no le permitió a los aldeanos entrar y protegerse… muchos murieron justo en la entrada del lugar…
—Eso no es gracioso…
—¿Eso crees?— cuestionó a la azabache quien solo asintió lentamente —… eso marcó nuestras vidas… en especial la de Bankotsu…
—¿Por qué en especial la de él?— preguntó sin querer hacerlo.
—Cuando la batalla terminó después de que los soldados desistieron, pues tampoco pudieron entrar al castillo… los pocos sobrevivientes nos reunimos… viéndonos rodeados de cadáveres, personas que conocíamos y queríamos… al llegar a la puerta del castillo, Banky se encontró con el cadáver de su hermana mayor, ella había sido una de las tantas personas que murió esperando ser socorridas por las personas del interior…
—¿Una hermana?
—Ella no se encontraba en casa cuando todo ocurrió…— mencionó con una pasividad, hasta ahora desconocida.
—Ya veo…— dijo bajando su mirada.
—Nunca lo vi derramar una lágrima… ni me permitió hacerlo— rió ante esto último —…él siempre fue más fuerte que yo… después de eso salimos de ahí… Bankotsu no toleraba estar cerca de esos cobardes… apenas tuvo la fuerza necesaria, volvió y acabó con la vida del terrateniente… él fue la primera persona que mató con Banryuu— finalizó sonriente…
"Entonces es por eso…" pensó al terminar de escucharlo… y entendió que en esa época la vida era difícil… para todos… sus amigos también tuvieron vidas duras… Miroku por causa de Naraku, Sango de igual forma sufrió mucho… e Inuyasha, al que siempre le conmovió su solitaria vida, pues era rechazado y perseguido… por todas partes había historias similares… aunque no justificaba el camino que Bankotsu decidió tomar, ahora entendía el porqué de hacerlo.
—No se te ocurra decirle a Banky, lo que te he contado…. — habló sacando a la azabache de sus pensamientos —… sería capaz de matarme por bocón…— dijo haciendo resonar su poco discreta risa.
—No…— apenas respondió y lo veía sin comprenderlo… ¿cómo podía hablar de ello así como si nada?
—Bien… voy por algo para cenar… — mencionó al desperezarse y avanzar en dirección al grupo que ya tenía un cerdo asándose — ¡ah! Por cierto mañana partimos temprano…
—¿Partimos?¿pero a dónde?¿y Bankotsu?— cuestionó de inmediato.
—Lo encontraremos de camino… tenemos que ubicarnos para la siguiente batalla…— alcanzó a contestar antes de que lo perdiera de vista.
—¿Qué cree que vaya a pasar su excelencia?— cuestionó la exterminadora al monje que descansaba tomando una taza de té…
—No lo sé Sango… y me temo que mientras más pase el tiempo sin tener noticias de la señorita Kagome, más difícil será hacer algo para que regrese…— respondió observando a la delgada chica tomar asiento junto a él…
—Lo peor de todo, es que ahora estamos aquí y tenemos que soportar la presencia de Kikyo…— mencionó observando con molestia como la mencionada llegaba ayudada por el peliplata…
—Tú sabes que hemos buscado a la señorita Kagome por todas partes…— añadió el joven monje —…necesitamos un descanso… y no le podemos prohibir a la señorita Kikyo estar aquí… después de todo la anciana Kaede es su hermana…
La castaña resopló molesta —ya lo sé…
—Descansemos un par de días y retomaremos la búsqueda…— sugirió risueño, intentando calmar el mal genio de su compañera…
—Si no hay otra opción…— accedió volteando su rostro y viendo resignada a Shippo y a Kirara dormir profundamente… desde que se separaron de Inuyasha, apenas habían podido descansar, lo que más le pesaba era que no había fructificado en nada su búsqueda, y el esfuerzo ahora les pasaba factura.—Iré a darme un baño…— habló cortante, mientras veía al joven hanyou aproximarse.
—Sigue molesta…— mencionó llegando al lado del joven ojiazul.
—Sí… entiéndela, quiere a Kagome como a una hermana…
—Lo sé… y yo también estoy preocupado por ella…— contestó el peliplata tomando asiento junto a su amigo y compañero de viaje, estando fuera de la cabaña de la anciana Kaede.
—Te entiendo… debe ser difícil para ti…
—Lo es… quiero a Kagome… pero Kikyo me necesita…— mencionó con pesar…
—Deberías dejar de preocuparte, después de todo tú ya decidiste... ¿cierto Inuyasha?…— mencionó secamente el pequeño kitzune, quien despertó después de que el peliplata dejara descansando en la cabaña a Kikyo.
—¿A qué te refieres Shippo?— cuestionó Miroku, pues no era común ver tan molesto y serio al pequeño niño.
—A qué Inuyasha a pesar de estar tan preocupado por Kagome— mencionó irónicamente — tuvo tiempo de tomar a Kikyo como mujer…— finalizó dejando de una pieza a ambos jóvenes…
—¿E-eso es… cierto Inuyasha?— mencionó ligeramente impresionado Miroku, luego de unos segundos…
—No te atrevas a negarlo… soy un niño, pero no soy tonto… ¿crees que no me he dado cuenta que tu aroma se mezcló con el del cadáver de esa mujer?
—¡Basta ya Shippo!— exigió en un grito el ojidorado —…no te permito que hables así de Kikyo…
—No te preocupes… no tengo intención de hablar más contigo…— añadió el pequeño girando sobre sus pies —… solo no finjas que quieres o siquiera que te preocupas por Kagome…— finalizó antes de partir.
Inuyasha no se atrevió a replicar… sí se preocupaba por Kagome y sí la quería… pero también era cierto que había estado con Kikyo cuando la azabache ya estaba desaparecida, hecho que lo hacía sentir culpable.
Miroku permaneció en silencio observándolos a ambos… no juzgaría a Inuyasha, pues él no sabía cómo hubiese actuado de estar en su lugar… y tampoco lo haría con Shippo, pues él como la castaña querían mucho a la joven ausente…
Kagome despertó después de una mala noche… la conversación con Jackotsu logró tensarla, eso y la mirada lasciva de Mukotsu, que no era más que una advertencia de un "buen momento" que él juraba que llegaría…
—Tú… será mejor que te des prisa… yo no seré tan condescendiente como lo es Jackotsu…— habló fuerte Renkotsu, dándole un empujón por la espalda, incitándola a caminar… y sobresaltándola por ambas cosas.
—¿A… dónde vamos?— preguntó siguiendo al calvo sujeto que ya había comenzado a caminar…
—Eso no te importa… tú solo camina y cierra la boca…— respondió tajante sin voltear a vela.
Kagome cerró los ojos lamentándose nuevamente por esa situación pero obedeciéndolo en avanzar…
El camino fue largo, Kagome se limitaba a seguirlos sin preguntar… tras varias horas de camino se les unió Jackotsu quién había sido enviado por delante, para esta vez, ser él el encargado de conseguir la comida y un lugar donde descansar en la ruta que llevarían… comieron y después siguieron con su camino…
"Este lugar… yo lo he visto antes…" se decía la azabache volteando a los alrededores… "…pero ¿dónde es?" se cuestionaba, pues se le hacía conocido, pero no terminaba por recordarlo…
—Bien… aquí pasaremos la noche…— habló autoritariamente Renkotsu deteniéndose en un claro del bosque.
Nadie tuvo nada que objetar… el resto de los guerreros se dispusieron a buscar un lugar para descansar…
—Y tu mocosa, será mejor que no me des problemas…— mencionó volteando a ver a una nerviosa Kagome.
—Ay ya déjala en paz… ya sabes que yo me encargo de ella…— replicó relajado el joven afeminado, interponiéndose entre ambos.
—Pues será mejor que este advertida… no porque Bankotsu la esté usando, significa que nosotros debamos soportarla— escupió molesto, él nunca estuvo de acuerdo en lo que consideraba era una estúpida necedad de su joven líder, al emprender tan ridículo viaje con la tonta chiquilla…
—Pues es una orden… ¿acaso pretendes desobedecerla?— habló Jackotsu ahora seriamente, mostrando una sonrisa triunfal ante el enfado de su hermano.
Renkotsu apretó los dientes con molestia y se giró dándoles la espalda…
—Eso creí — se burló el joven.
—Al parecer es al que peor le caigo…— comentó intimidada la azabache.
—No le prestes atención… está molesto porque el terrateniente para el que trabajamos se negó a entregarle la paga por el trabajo que nos encomendó…
—¿Y eso por qué?
—Solo se la entregaría al hermano Bankotsu por ser el líder y con el que está acostumbrado a tratar…— explicó caminando hasta lo alto de una colina donde tenían amplia visión del territorio que los rodeaba… —… a veces siento que si Renkotsu pudiera, sacaría a Bankotsu del camino…— comentó su teoría sin darle mucha importancia.
—¿Por qué lo…— decía pero enmudeció al reconocer el lugar en el que se encontraban… —aquí es…
—¿Mmm?
—Sí, estoy segura…— decía mientras bajaba apresurada la colina sobre la cual estaban…
—¡Oye! ¡espérame!— gritó el joven quien no tardó en seguirla.
—Si… ¿cómo no me di cuenta antes?— mencionó atravesando por varios árboles y arbustos en dirección a donde se encontraba su tan añorado destino… el pozo devorador de huesos. Estando parada sobre la colina observó la majestuosidad del árbol sagrado, y a la distancia la que debería de ser la aldea de la anciana Kaede, y no lo pensó dos veces… sus pies cobraron vida guiándola al lugar.
—Ey Kagome… ¿qué es este sitio?— preguntó cuándo la observó detener su marcha y ver el claro en el que estaba ubicado el pequeño pozo.
—Es el lugar de dónde vengo…— dijo sin verlo, su atención estaba fija en el pozo, sentía una gran incertidumbre ¿podría atravesarlo?... tenía qué, pues traía dos fragmentos de la perla con ella… ya después se encargaría de recuperar los dos restantes… pues si regresaba a la época donde estaban sus amigos, sabía que los fragmentos tendrían que encontrarse también ahí… seguirían el curso del tiempo, alcanzándola.
—¿De aquí?— preguntó incrédulo el joven, observando el solitario lugar…
—¿Eh? No… digo, de la aldea que esta allá…— dijo y señaló en dirección a la aldea de la anciana Kaede.
—¿En serio?— cuestionó ingenuamente el joven, caminando en dicha dirección y perdiéndose de la vista de la chica momentáneamente…
—Por favor, discúlpame…— dijo en voz baja —…pero tengo que irme…— finalizó culposamente mientras se apoyaba en el borde del pozo…
Su corazón latía con prisa… "Mamá, abuelo, Sota… deben estar preocupados…" pensó antes de lanzarse, creía que iría de regreso a su época, época de la cual nunca debió salir… sintió.
Un golpe seco la estrelló contra la realidad… abrió sus ojos con terror, no había la luz azul brillante que la transportaba de una época a otra, en cambio estaba rodeada por la fría obscuridad del interior del pozo del cual nunca se movió… —no puede ser…— mencionó consternada… sus ojos se llenaron de lágrimas al instante, sintió su corazón latir en su garganta y no le permitió siquiera sollozar… —¿por qué?— se preguntó sacando apresurada los dos pequeños y rosados fragmentos de la perla… —…aquí están… por favor… déjame pasar… por favor…— lloraba desesperada escarbando la fría tierra del interior… "no puedo quedarme aquí… no puedo estar atrapada" pensaba mientras más escarbaba, descubriendo incluso, varios huesos semi deshechos del lugar.
Un par de minutos le tomó encarar la realidad… intentó darse ánimos y aferrarse a la idea que debía conseguir los fragmentos faltantes para poder volver… no quería pensar siquiera, en qué pasaría si aun teniéndolos, no pudiese cruzar…
Apenas asomó su cabeza fuera del lugar fue salvajemente jalada…
—¿Acaso intentas ocultarte, estúpida?— escuchó la gruesa y molesta voz de Renkotsu justo antes de ser impactada en el duro y reverdecido suelo del lugar…
—N-no, no yo…— decía adolorida, apenas intentaba sobreponerse al impacto de verse sin salida, y ahora ese despreciable sujeto tratándola tan cruelmente como nadie nunca la había tratado… sus lágrimas volvieron a brotar.
—¿No qué?¿acaso me crees estúpido?— cuestionaba mientras la levantaba empuñando la blanca blusa escolar.
Kagome apretó los ojos con miedo, sentía que en cualquier momento la golpearía…
—¡Contéstame!— exigió moviéndola bruscamente.
El llanto amargo de Kagome no le daba tregua, y el miedo que sentía lo alimentaba…
—Basta ya Renkotsu…deja en paz a Kagome de una maldita vez…— exigió Jackotsu quien apenas regresaba.
—Que imbécil eres Jackotsu… tú la defiendes y esta maldita mocosa pretendía escapar…— mencionó con un frio tono, al tiempo que la soltaba dejándola caer duramente al césped.
—¿Uh?¿eso es cierto Kagome?— preguntó sin creer, casi ingenuamente.
Ella solo negó en silencio, intentando contener el llanto.
—Lo ves…— enfrentó al calvo sujeto.
—No sé si eres ingenuo o estúpido…— escupió molesto.
Kagome aprovechó el momento para ponerse de pie y de espaldas, alejarse de esa escandalosa discusión… poco a poco se perdió del alcance visual de aquellos dos que poca atención terminaron prestándole…
No podía seguir soportando ese tipo de tratos, giró sobre sus pies y corrió, tal vez no era lo más inteligente, pero podía pedir ayuda, ahora sabía dónde estaba, tal vez ocultarse en la aldea, o donde sea, tarde o temprano se cansarían de buscarla; supuso, y así tranquilamente podría resolver sus problemas… tropezó con la raíz de un árbol y calló pesadamente al suelo, maldijo su suerte.
—¿Pero qué demonios…?— mencionó y su corazón volvió a encogerse —I-inu…yasha— lo nombró con un nudo en la garganta. Sus ojos distorsionaron la delgada imagen del sujeto frente a ella. Volvió a romper en llanto…
—Esto… debe ser una broma…— se dijo mientras se ponía de pie lentamente… lo observó y las lágrimas que intentaba tontamente contener resbalaron por su rostro… solo ella sabía cuánto le dolía volver a verlo y más en esas circunstancias… lo necesitaba, más que nunca lo necesitaba.
Sus pesados pasos la guiaron a él…
—¿Por qué?... — parecía preguntarle, mientras lentamente se subía a la gran raíz que le permitiría alcanzarlo —Inuyasha…— lo nombró mientras se aferraba a él en un abrazo… sintió un amargo nudo en la garganta rasgarle la misma mientras intentaba seguir hablando… hubiera dado media vida por verse envuelta entre sus brazos… pero nada... él seguía preso por esa flecha.
—No sabes… no sabes cuánta falta me haces…— le confesó dolorosamente apretando su rojo ropaje… —…te necesito tanto…— prosiguió añorando su compañía, su apoyo… llevó una de sus manos acariciando tiernamente su rostro… —¿por qué… por qué no pude ser yo la que llegara antes a tu vida?— le preguntó cerrando sus ojos y recargando su frente en su otra mejilla, no entendía porque no pudo ser ella la mujer dueña de su corazón… —…todo hubiese sido diferente…— reconoció mientras lentamente llevaba su mano a la delgada flecha que lo sostenía cautivo… la empuñó. Necesitaba escucharlo.
"¿Qué estás haciendo Kagome?" se cuestionó de inmediato… ¿despertarlo?¿para qué? Inuyasha no la conocía, no en esa época… y aunque no fuese así… lo más importante era que Inuyasha no la quería…
"Si pudiera regresar el tiempo, jamás te hubiese despertado" recordó lo que le gritó el último día que se vieron… ¿no lo haría?... apretó la flecha… deseaba hacerlo… deseaba de nueva cuenta hacerla desaparecer y permitirle entrar otra vez en su vida…
—No Kagome…— se dijo en voz baja, mientras poco a poco soltaba la ya añeja flecha —…no puedo volver a hacerlo… no puedo… no otra vez…
"¿Y por qué no?" no hay bruja Urasue, no todavía… no hay Kikyo… tal vez esta vez, sea diferente…" se debatía internamente…
—Y para qué me engaño… tú jamás llegaras a amarme como yo te amo… para ti, en esta época, en la otra… siempre… siempre voy a ser la sombra de Kikyo…— volvió a abrazar su cuerpo —… y yo… yo solo voy a seguir siendo la tonta que desea tu amor…— acarició esta vez su plateada cabellera llegando nuevamente a su mejilla… se alzó en la punta de sus pies y lentamente unió sus labios a los del dormido joven… le ofreció un beso tierno, suave, sutil…un par de segundos mantuvo el cálido contacto, que al igual que sus sentimientos, no fue correspondido…
—Soy una tonta… — se dijo, una vez que dejó sus labios —… pero me prometí dejar de amarte Inuyasha…— volvió a acariciar su mejilla, extendiendo la caricia hasta su pecho, para luego deshacer todo contacto con él, lo observó a distancia antes de saltar de la raíz… "y voy a hacerlo"
—Adiós Inuyasha… — fue lo último que le dijo todavía volteando a verlo… dio un par de pasos en dirección a la pequeña aldea, topándose de frente con la azulina y molesta mirada de Bankotsu que había presenciado la "romántica" escena casi desde su inicio… hecho que había logrado irritarlo.
—B- ban…kotsu— lo nombró y se tensó al instante.
Él volteó a ver de reojo al peliplata en el árbol, así que ese era el tal Inuyasha, el que muchas veces la sacerdotisa nombró entre sueños... —me quieres decir ¿qué haces aquí?— cuestionó fríamente, volviendo sus ojos a ella.
—¿Eh? Bu-bueno yo…— decía sin poder justificarse, ocultando de su vista sus llorosos ojos.
—¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí?— escucharon a sus espaldas una delgada y femenina voz. Ambos voltearon a verla.
Bankotsu la veía sin inmutarse y Kagome en cambio pareció reconocerla —¿a-abuela Kaede?— mencionó por impulso.
—¿Abuela?— preguntó la delgada joven, con una clara interrogante en su rostro.
—¿Es usted Kaede… la sacerdotisa de aquella aldea?— cuestionó sorprendida Kagome, las palabras apenas alcanzaban a salir claras de sus labios, y su rostro enmarcaba todavía su amargo llanto… era imposible no reconocerla… era más joven, delgada, claro, pero aun así, ese parche en su ojo la delataba ante la azabache.
—Sí, lo soy… pero aun no me responden… ¿quiénes son ustedes?— respondió un tanto a la defensiva, pues la chica vestía de una forma muy extraña, y el joven no decía nada bueno con esa fría mirada y esa enorme arma que cargaba al hombro… además de estar prácticamente junto al árbol donde dormía el demonio Inuyasha…
—Eso a usted no le importa… nosotros nos vamos…— habló de pronto el moreno interrumpiendo a la azabache que se disponía a hablar.
Kagome volteó a verlo sorprendida —pero…
—Pero nada… no vamos— la interrumpió molesto y tomó con poca delicadeza del brazo de la chica, quien no pudo evitar dejar escapar un quejido.
—Espera Bankotsu… me estas lastimando…
—¿Crees que me importa?— respondió con una pregunta que por el tono, dejaba claro que no lo hacía.
La noche estaba cayendo y la joven mujer regresaba a la aldea sosteniendo todavía la manta en la cual había recogido alguna hiervas que necesitaba para hacer remedios contra diversas enfermedades, pero no se podía sacar de la cabeza el extraño encuentro que había tenido con ese par de jóvenes y lo que temía era el lastimero destino de la pequeña joven…
—¡Kagome!… Kagome, eras tú…— y despertó en un grito la canosa mujer, sobresaltando a sus jóvenes huéspedes...
CONTINUARÁ…
Bueno aquí queda el séptimo capítulo, espero les haya gustado… si está sonando muy dramático, poco creíble o equis, díganme, no quiero que quede demasiado empalagoso… para mi está bien… o eso creo.
Gracias a las chicas que se toman el tiempo de dejarme sus comentarios: horus 100, Sasunaka doki, y Kagome Taisho 77… y gracias también por añadir a favoritos.
