Taiyou Yagami (9 años, hijo de Taichi y Akane)
Aiko y Yuujou Ishida (9 y 5 años, hija e hijo de Sora y Yamato) *-*
Chikako Izumi (8 años, hija de Koushiro y Mina)
Michael Kiyoshi "Mishi" Barton (8 años, hijo de Mimi y Michael)
Makoto Kido (10 años, hijo de Jyou y Momoe)
Musuko Motomiya (11 años, hijo de Daisuke y Keiko)
Minako, Osamu y Yoshi Ichijouji (11, 8 y 7 meses, hija e hijos de Ken y Miyako)
Shizuka Hida (11 años, hija de Iori y Yuuna)
Tenshi Takaishi (11 años, hijo de Takeru y Nicolette)
Kibou Hayashiba (11 años, hijo de Hikari y Yuuto)
…
Digievoluciones oscuras, ¡La luz de un milagro!:
Cuando Yamato regresó a casa, alrededor de las doce de la noche, a primera vista no encontró nada diferente a lo que había dejado. Sora y Mimi haciendo terapia conjunta preocupadas por el destino del pequeño Kibou, y sus compañeras digimons cada vez más agotadas. Entró abatido, se sentía tremendamente inútil, de nada había servido estar más de cinco horas buscando por toda la ciudad. Aunque ese sentimiento era mucho mayor en Gabumon, ya que, sin ni siquiera poder digievolucionar, y a cada minuto más debilitado, no podía evitar verse como una carga.
Al ver a su marido entrar en casa, Sora se apresuró a ir a su encuentro.
-Cariño, ¿Qué tal?, ¿ha habido suerte?.- Yamato negó con la cabeza, mientras se descalzaba y se quitaba la chaqueta.
-¿Dónde se habrá metido este niño?.- preguntaba Mimi con frustración.- si le pasase algo parecido a mi Mishi, no sé lo que haría.
-Voy a ver a los niños.- habló Ishida con desgana, ya que contemplar a sus amados hijos, era lo único que le devolvía la sonrisa en días tan oscuros como este.
La primera puerta a la que tenía acceso después de subir las escaleras era a la habitación empapelada de planetas, cohetes y estrellas, o lo que era lo mismo, la habitación del pequeño Yuujou. Nada más abrirla se dio cuenta de que no había nadie en la cama, no le sorprendió, raras veces dormía Yuujou en su habitación, siempre terminaba durmiendo con ellos o con su hermana, como sería el caso de hoy. La siguiente puerta era precisamente la de la habitación de la rubia. La abrió silenciosamente, esperando encontrar a sus hijos y también al pequeño Barton compartiendo cama como el día pasado. Se le cambió el rostro al ver la luz encendida, y que en esa habitación solo estaba Yuujou, sentado en el suelo, echando una cabezada apoyado en Tsunomon, que dormía con él. Confuso y empezando a alterarse se dirigió a la ventana y se desesperó del todo cuando observó que estaba abierta.
-¡Sora!.- llamó colérico, mientras se agachaba para zarandear a su hijo.- ¡Sora, ven ya!
Con esos gritos, es evidente quien se despertó de su improvisada siesta.
-Papá.- saludó medio somnoliento, mientras se tallaba los ojos con la mano.
-Yuujou, ¿Dónde está tu hermana?.- preguntó con cara de enfado.
-Ah…- el pelirrojo comenzó a buscarse por los bolsillos la nota que le había dado Aiko.
En eso, Sora acompañada de Mimi llegaron a la habitación.
-¿Por qué gritas ahora Yamato?.- preguntaba Sora con calma.
Yamato no le contestó, se limitó a echarle una mirada de reproche y descontento, mientras le arrebataba la hoja a su hijo.
En un principio, Takenouchi no entendió la mirada de su marido, la comprendió cuando se dio cuenta de que no había nadie más en esa habitación, los niños se habían escapado delante de sus narices, era imperdonable.
-¿Aiko?, no puedo creerlo… estaba aquí hace una hora, lo prometo.- se excusó la pelirroja, llevándose las manos a la cabeza, originándose en ella un pequeño ataque de ansiedad.
Se llevó un soberano empujón por parte de Mimi, para que dejase de obstaculizar la entrada y ella pudiese dar rienda suelta a su ataque de histerismo al no ver ahí a su hijo.
-¡Mi Mishi!.- gritó, revolviendo todo, para acabar pegando los ojos en la nota que leía Ishida.- ¿Dónde está Mishi?
-Aquí no pone nada.- la arrugó Yamato con rabia.- solo que no nos preocupemos… esa niña…
Lentamente, la pelirroja fue asimilando lo que había sucedido y en el momento que logró calmarse, se agachó hacia su hijo.
-Cariño, dime, ¿Dónde han ido tu hermana y Mishi?
-No sé.- contestó el niño, mientras acariciaba a su Tsunomon y este le correspondía con una sonrisa de felicidad.
-¡Yuujou, no nos mientas!.- gritó Yamato de malas formas, tomando a su hijo del brazo para levantarlo.
-¡Yamato!.- recriminó Sora por la brusquedad de su esposo.
-No lo sé papá.- repitió el niño, comenzando a gimotear, no le gustaba esa mirada tan fría de su padre. Nunca en toda su vida la había visto.
Ishida fue consciente entonces de que estaba asustando a su hijo y soltándolo, trató de tranquilizarse y pensar.
-Yuujou, principito.- habló esta vez Mimi dulcemente, no había duda de que los niños se le daban bien.- dime, ¿han ido con los demás amiguitos, ya sabes, Taiyou, Minako, Tenshi…?
El niño asintió.
-Iban a ver a Kibou.- dijo con un hilillo de voz.
-¡Lo que nos faltaba!.- gritó Yamato angustiado, tomando su teléfono móvil. Se desesperó más al ver que no había línea.-… pero que demonios…
Al advertir esa acción, Sora bajó rápidamente al salón para probar con el fijo. El resultado fue el mismo, la comunicación estaba cortada.
-Probaré con el DC.- habló el rubio, mientras bajaba las escaleras, seguida de Mimi y Yuujou.
Mientras Yamato trataba de contactar con sus amigos por el DC, el cual parece que seguía funcionando, unas inesperadas visitas llegaron al hogar de los Ishida. No le sorprendió a Sora encontrarse con los Ichijouji al otro lado de la puerta.
-Los vuestros también se han escapado, ¿verdad?.- fue lo primero que dijo Miyako, adentrándose con su bebé en un pequeño moisés transportable, seguida de Ken.
-Ya he advertido a los demás por medio del DC, vamos a buscarlos.- ordenó el rubio con decisión dirigiéndose a Ken.
-Sí, Miyako quédate aquí con Sora y tú Hawkmon cuídalas.- pidió el detective, el digimon asintió.
Iban a ponerse en marcha, pero Sora no estaba dispuesta a quedarse cruzada de brazos mientras su hija iba en busca de la reencarnación de un demonio.
-¡Voy con vosotros!.- exclamó con autoridad.
-¡No vienes!.- ordenó Yamato con severidad.- ya has hecho bastante, quédate aquí por si el niño se acuerda de algo más y espero que este no se te escape.- finalizó con excesiva dureza. Estaba decepcionado con su esposa y esa afirmación y sobre todo ese tono, le llegó a la diseñadora hasta las entrañas, confirmado, para Yamato era una mala madre.
Tratando de apaciguar este momento tenso, Ichijouji tomó la palabra.
-Vamos en mi coche, ya lo tengo aquí sacado, ¿de acuerdo?
-Sí, ¡vamos Gabumon!.- ordenó nuevamente.
Y otra vez, cuando estaban saliendo, fueron interrumpidos por otra mujer.
-¡Esperad!, yo también voy.
-Mimi.- comenzó a resoplar Yamato molesto. Lo que le faltaba, cargar con una mujer histérica.
-No vayáis de machitos conmigo, ¿oísteis?, ninguno de los dos sois mi marido y aunque lo fueseis, nunca dejaría que me hablaseis así, ¡eso va por ti Ishida!.- le regañó, sacando así la cara por su amiga.- voy a buscar a mi hijo, os guste o no, así que, ¡vamos Palmon!
No hubo tiempo a más palabras, Mimi y su compañera se apresuraron a salir y montarse en el coche, dejando a Ken, Yamato y sus compañeros con la puerta en la mano y la palabra en la boca.
-Será mejor que vaya, ella no está acostumbrada a conducir por la izquierda.- comentó Ken, observando como Mimi se había sentado en el asiento del conductor y no paraba de revolverse toqueteando todos los botones.- Miyako, tranquila, los vamos a traer.- se despidió, dándole un beso en la frente y acariciando la mejilla de su bebé.
Yamato iba a seguirle, pero antes se dio la vuelta para observar a su esposa. Esta se encontraba con la cabeza gacha y un semblante de tristeza, parecía que iba a romper a llorar de un momento a otro, y Yamato se sintió la persona más despreciable sobre la faz de la tierra. Deseaba tragarse todas sus palabras anteriores una detrás de otra, pero no podía evitarlo, cuando se enfadaba, hablaba sin pensar y siempre lo pagaba con las personas que más amaba. Deseó acariciarla, besarla, pedirle disculpas y decirle que la amaba, que no se preocupase, que él se encargaría de todo, pero no lo hizo. Giró el rostro y se fue, sin dedicarle ni una sola palabra. Sora había apostado lo que fuese a que Yamato no se volvería, ni le diría nada, no se equivocó, a veces su orgullo era lo único que le dominaba. Pero no era tiempo de lamentarse, ella debía hacer también lo posible por buscar a su hija, de modo, que tomando a Yuujou en brazos, trató de, con la mayor ternura posible, sacarle toda la información que conociese.
…
Taichi, junto con su cuñado Yuuto, también habían llegado a casa del primero, entonces fue cuando Yamato les alertó de la desaparición del resto de los niños. Rápidamente, todos se pusieron en marcha para buscarlos y Hikari, por primera vez en el día se mostró esperanzada, al menos ellos sabrían donde se encontraba su hijo. Claro, que la esposa de Yagami también era de armas tomar, y no estaba dispuesta a esperar el regreso de los hombres quieta en casa.
-Akane, no seas cabezona y quédate aquí, puede ser peligroso.- trató de hacerle entrar en razón su esposo, lo que no calculó fueron las palabras.
-¿Peligroso?, ¿pretendes que me quede aquí mientras mi niño corre algún peligro?
-Eh… ah, no he querido decir eso, eh… Agumon, ¿a que no he querido decir eso?
Mirada desaprobatoria de su mujer, que como buena embarazada, antojo que quería, antojo que conseguía y ahora su antojo era ir en busca de su primogénito.
-Taichi, no discutas, yo también voy. Además, en caso de tener que luchar, Kapurimon puede digievolucionar, cosa que Agumon no.- explicó la mujer, dejando a Yagami pensativo y al pequeño Agumon triste, no se hacía a la idea de que sus compañeros habían perdido el poder sagrado.
-Hermano, no tengo más tiempo que perder.- sentenció Hikari seriamente.
-En marcha.- habló también Gatomon.
Al igual que en la casa de los Yagami, conforme los digielegidos se percataron de la desaparición de sus vástagos, fueron poniéndose en marcha, menos mal que la mayoría vivían en Odaiba, o lo que es lo mismo, dentro de la niebla que se había formado, el que lo tuvo imposible para llegar fue Iori con su esposa. Simplemente el coche no avanzada por la niebla, era como si la bruma nunca finalizase, por lo que para él Odaiba era inalcanzable.
…
Tenshi no lo tuvo difícil para adentrarse por la emisora de la Fuji TV, la conocía perfectamente, ya que llevaba correteando por sus pasillos desde que era bebé, y su abuelo lo llevaba al trabajo para dar envidia a sus compañeros y que babeasen con lo lindo que era su nieto. Cuando llegó al mirador, por fin recordó su horrible sueño de hace unos días, era exactamente igual, Kibou le esperaba vuelto de espaldas empapándose con la lluvia.
-¡Ya estoy aquí!.- exclamó Takaishi con decisión.
Escuchó una risa y dio un paso para atrás sobrecogido en el momento que Kibou se volvió y pudo ver su mirada, esos mismos ojos rojos que le atemorizaron en su sueño.
-¡No sé quien eres pero deja a Kibou!.- dijo con decisión el rubio, acercándose con la debida cautela.
-Hola Tenshi.- saludó Kibou con una sonrisa maligna. Tenshi frunció el ceño al escuchar su voz. Realmente le ponía los pelos de punta, pero no iba a mostrar sus debilidades.
-Has estado todo el tiempo aquí… pero es imposible, ¡tendríamos que haberte encontrado!.- habló Tenshi incrédulo, habían registrado la Fuji TV hasta el último rincón.
-Mira hacia arriba, ¿no es maravilloso?.- preguntó el demonio reencarnado señalando su cada vez más potente niebla.- digamos que antes la niebla solo estaba aquí, era imposible que los humanos idiotas me encontrasen, como ahora me he apoderado de Odaiba, es imposible que nadie encuentre nunca está asquerosa ciudad, ha desaparecido del mapa.- rió con perversidad.
-Esa ridícula niebla desaparecerá en cuanto te destruya.- anunció Tenshi con convencimiento, pero manteniendo la distancia por precaución. Acción que no pasó desapercibida para el digimon en cuerpo humano.
-Has aprendido la lección.- comentó el demonio mirándole con indeferencia.- dime, ¿has tenido algún sueño últimamente?
Takaishi gruñó colérico, ese demonio había estado jugando con él.
-¡Eras tú!
-Verás, necesitaba que vinieses, así como a tus amigos los puedo matar tranquilamente, contigo debe ser algo más especial.- explicó el digimon con una sonrisa maliciosa.
-¡Que les has hecho a mis amigos!.- gritó el rubio cerrando el puño con rabia.
Kibou detuvo su mirada en el joven rubio, esperaba que tuviese más miedo, que no le retase de esa forma, pero tampoco le sorprendió, al fin y al cabo, era hijo de una de los digielegidos, tenía la misma arrogancia, seguridad en sí mismo y ganas de impartir justicia que sus predecesores.
-Tranquilo, no va a ser nada, en comparación con lo que te voy a hacer a ti.- terminó relamiéndose los labios con apetito.- BlackGatomon, ¿te apetece divertirte un poco?
-Será un placer amo.- asintió el digimon acercándose a Tenshi burlesco.- ¡golpe de gato!
-¡Tenshi!.- se apresuró a saltar Tokomon para protegerle, llevándose así el golpe.
-¡Tokomon!
El siguiente golpe de BlackGatomon fue en forma de patada, y está vez Tenshi si que lo recibió, en todo el estómago. Cayó de rodillas, sujetándose con fuerza la tripa, momento que aprovechó el digimon para darle una bofetada, haciéndole un arañazo, del que comenzó a emanar sangre.
-Creo que me voy a divertir mucho.- habló el digimon, chupando la sangre de su garra, demostrando su ferocidad.
Todo era contemplado por Kibou y por sus estruendosas carcajadas, era más que evidente que estaba disfrutando el momento.
-Asqueroso niño.- BlackGatomon iba a darle otro golpe, pero un malherido Tokomon se lo impidió abalanzándose sobre él, mordiéndole el brazo con fuerza.- ¡Asqueroso digimon!.- gritó BlackGatomon empujándolo contra una pared.
-Tokomon.- llamó el chico, todavía con síntomas de dolor.
BlackGatomon, entonces, le tomó de los pelos para que le mirase y riendo cruelmente, comenzó a hacerle dibujos por el rostro con la uña, dejando que de cada arañazo, fluyese más sangre.
-¡Aaahh!.- gritó el chico de dolor.- ¡Tokomon!
-¡Tenshi!.- llamó el digimon arrastrándose.
-¡Tokomon!.- suplicó más fuerte.
El digimon miró a su compañero y comenzó a llorar. Hasta el día de hoy, lo único que había compartido con Tenshi era su amistad, ratos de diversión y juego, él nunca se había encontrado en una situación como esta. Pensó en Patamon, él era un verdadero guerrero, un gran luchador que protegía a su compañero con la vida, ¿Por qué él no era capaz de lo mismo?, estaba sufriendo, le necesitaba. Era hora de hacer algo por su camarada, los tiempos de risas habían acabado, ahora era la hora de realizar su verdadera misión, proteger a su compañero.
-¡Tenshi!.- gritó con todas sus fuerzas.
Entonces sucedió, del dispositivo de Takaishi apareció una luz poderosa que envolvió a su compañero e hizo retroceder a BlackGatomon, esa luz era demasiado sagrada para él, le debilitaba. Otro que se sorprendió fue Kibou, ya que creía que los nuevos niños elegidos aún no poseían ese poder sagrado, se equivocó.
-Esto no me gusta.- susurró, cuando contempló al digievolucionado digimon de su víctima.
BlackGatomon también dio un paso para atrás de la impresión, porque ante él se encontraba un digimon, que a pesar de su aspecto de niño, era de los más poderosos ángeles, Lucemon.
-¿Tokomon?.- susurró el chico todavía adecuando los ojos a la potente luz que había desprendido el digimon.
El digimon se colocó justo en frente de BlackGatomon para proteger a su compañero.
-Amo, ¡necesito poder!.- pidió el digimon oscuro con temor, Kibou hizo que de su dispositivo volviese a aparecer oscuridad, que envolvió a su compañero, convirtiéndolo en un digimon con un aspecto realmente desagradable, que infundía terror a cualquiera, NeoDevimon.
-Es hora de acabar con esto.- anunció Lucemon preparándose para la lucha.
…
Entretanto, Sora y Miyako seguían intentando sonsacar la mayor información posible del pequeño Yuujou, aunque parecía que no conseguirían sacar más. Yuujou no solía mentir, más que nada porque nunca lo había necesitado, hiciese lo que hiciese sus padres nunca le regañaban, por lo que no se había visto en la tesitura de tener que esconder algo. Takenouchi ya se iba a dar por vencida, pero en ese momento, Tsunomon por fin dijo algo de interés.
-Oye Yuujou, ¿y el mensaje que os envió cuando estabais en el hospital?, igual ahí decía algo.
Tanto Miyako, como la madre de la despistada criatura exhalaron desesperadas, pero nuevamente, Sora trató de armarse de paciencia.
-Cariño, ¿tienes un mensaje?
-¡Es verdad!.- al fin, el pequeño Ishida, supo de que le estaban hablando.- voy a buscarlo.
Los escasos segundos que tardó Yuujou en buscar su DC y entregárselo a su madre, fueron los más lentos de su vida. Solo una vez que la diseñadora lo tuvo en su mano, respiró de alivio.
-En el "Tokyo Big Sight".- anunció la portadora del amor.- Miyako, avisa a todos.
-¿Tú a dónde vas?.- inquirió al contemplar a su amiga poniéndose la chaqueta.
-Voy a buscarles, cuida de Yuujou por favor.
-Está bien, ten cuidado.
La mujer asintió con la cabeza y llamó a Piyomon para que le acompañase, pero no pudo abandonar todavía la vivienda.
-¿Dónde vas mamá?.- preguntó con preocupación el pequeño pelirrojo.
-No te preocupes chiquitín, solo voy a buscar a papá y a tu hermana, volveré pronto.- dijo con dulzura.
Una vez más, Yuujou Ishida consideró que le trataban como a un bebé engañable, pero como todas las demás veces no protestó, simplemente bajó la cabeza con tristeza. En momentos como este, deseaba medir más de dos metros, así, le tendrían un poco más de respeto.
…
La situación era crítica, al menos, los digimons estaban entretenidos destrozando el gran edificio de exhibiciones de Tokio y alrededores y de esa forma los niños habían conseguido resguardarse de sus ataques en un edifico cercano. Aunque estaban seguros de que esos monstruos pronto se aburrirían de destruir cosas sin vida y les buscarían.
-… yo digo que son nuestros digimons, nuestros compañeros, nuestros amigos, ¡tenemos que hablar con ellos!.- decía Musuko, incapaz de seguir viendo por más tiempo como su compañero hacía el mal.
-¡Nuestros compañeros no están ahí!.- le replicó Osamu.- ese monstruo de Orochimon no es Chibimon, han contaminado su espíritu, no te reconocerá.
-No, Chibimon es mi amigo y…
-Musuko, creo que mi hermano tiene razón.- interrumpió Minako afectada por ver en lo que se había convertido su querido compañero.
-Es como cuando Agumon digievolucionó en la oscuridad.- reflexionó Taiyou en voz alta.
-Yokomon.- susurró Aiko, mirando esas bestias.
-¿Y que se supone que vamos a hacer?.- preguntó Motomiya alterado.
Hubo un silencio sepulcral, hasta que Yagami dio un paso al frente y frunciendo el ceño habló con determinación.
-Les destruiremos.
-¡¿Qué?.- gritaron los demás aterrorizados.
-¿Te has vuelto loco Yagami?.- empujó Aiko furiosa.- ¡no vas hacer daño a Yokomon.
Pero está vez, Taiyou le devolvió el empujón a su compañera.
-¡Koromon también está ahí! Y conozco a mi compañero, estoy seguro de que desearía mil veces que le matase antes de verse convertido en un instrumento de la oscuridad.- dijo encarándose a Ishida, sin poder controlar alguna que otra lágrima de impotencia, que conmovió a la rubia.
-Taiyou…
Ahora "Mishi" fue el que empujó con violencia a Yagami, ya era un hecho, no soportaba a ese chico.
-¡Como toques a Tanemon te reviento!.- bramó con fiereza.
Taiyou iba a agarrarle del pescuezo para iniciar un nuevo forcejeo, pero el que logró poner calma fue Kido.
-Chicos por favor, no es momento para esto.- pidió con la voz entrecortada, señalando con la cabeza a sus compañeros.
Mike y Taiyou se quedaron sin palabras al contemplar la visión que tenían delante de ellos, todo sollozaban como niños pequeños, murmurando el nombre de su compañero. Makoto tenía razón, ya había demasiado sufrimiento como para crear una pelea absurda.
Sin embargo, aunque la idea de Yagami fuese la única salida, todavía existía un pequeño problema, el cual se resumía en, ¿como 9 niños de edades comprendidas entre los 8 y 11 años iban a derrotar a 9 bestias sanguinarias?
-Tal vez…- comenzó Osamu tomándose el dispositivo.- tal vez con el dispositivo podamos devolverles a la luz.
-¿Ese es tu gran plan?.- bufó la mayor de los Ichijouji con desaprobación.- ni lo sueñes enano, no voy a dejar que te acerques a esos monstruos.
-Pero…
-Tal vez funcione.- le apoyó Musuko.- se supone que somos los niños elegidos, que tenemos el poder sagrado, no perdemos nada por intentarlo.
-¡Es un plan magnífico!.- cambió de opinión la hija de Miyako con alegría.- pero los pequeños se quedan aquí.
-Estoy de acuerdo.- añadió Makoto.
-Primo, tienes 10 años, entras dentro de los mayores.- sentenció Minako, haciendo que desapareciese la felicidad de Kido y que por lo tanto, que esta idea, ya no le pareciese tan buena.
Musuko asintió, pero lo que no tuvieron en cuenta era que los considerados niños, eran personas de gran carácter.
-Yo voy, ¡fue idea mía!.- empezó a protestar Yagami.
-Yo también voy, quiero salvar a Yokomon.- siguió Aiko.
-No dejaré a mi princesita sola, ni tampoco a mi compañero, ¡soy Jean-Claude Van Damme!.- anunció Mike en su mundo.
-Motimon es mi mejor amigo, quién más se preocupa por mi, no le dejaré en manos de la oscuridad, ¡es mi deber protegerle!.- se unió también Chikako.
-Yo quiero ayudar a Minomon.- es lo único que dijo Osamu, poniendo cara de lástima a su hermana.
Los mayores quedaron pensativos, o al menos hacían como si lo estuviesen pensando, porque la respuesta estaba clara, no les dejarían salir del escondite ni en un millón de años, sin embargo, con lo que no contaban era con que sus digimons fuesen a ellos antes de que se decidiesen.
…
El digimon ángel de aspecto aniñado impactó contra la gran esfera del edificio Fuji TV tras recibir el poderoso ataque de NeoDevimon. Pero el digimon no se detuvo ahí, una vez que Lucemon estuvo empotrado, le hizo su ataque "alturas muertas", cayendo en picado contra él. Era desesperante, menos mal que a esas horas apenas había gente en el edificio y se había podido evacuar con velocidad, pero es que ese digimon maligno no se detenía nunca, parecía como si tuviese el triple de energía de su rival.
-La niebla…- musitó Tenshi, observando la batalla con impotencia.
El poder de la oscuridad era demasiado fuerte, sobretodo para un digimon sagrado, al cual le debilitaba considerablemente.
Kibou, también veía la batalla con una sonrisa, y más porque, con Lucemon entretenido, nadie protegería a Tenshi. Fue entonces cuando en una acción improvista para el chico, se le acercó y le tomó fuertemente del cuello.
-En cuanto beba tu sangre, podré despedirme de este maldito humano.- susurró la reencarnación del digimon demonio, inmovilizando a Tenshi y ladeando su cuello.
-¡Detente!.- trató de revolverse Takaishi, pero era inútil, Kibou ahora poseía una fuerza sobre humana.
Ya se estaba relamiendo y sacó los colmillos, que para nada tenía Kibou, eran más propios del digimon vampiro, estaba a punto de perforar la piel del chico cuando en el último momento se detuvo. Le miró y recordó este mismo hecho en el pasado, como en su día, la sangre de la portadora de la luz le provocó una gran indigestión, no cometería el mismo error dos veces.
Tirando a Tenshi con desprecio contra el suelo, alzó los brazos. El hijo de Takeru todavía no era consciente de lo que pasaba, el porqué ese demonio se había detenido a última hora, lo supo cuando alzó la mirada y vio como se dirigían hacia él una horda de murciélagos.
-¡Aaaahh!.- gritó en el momento en el que le empezaban a morder.
-Ellos beberán tu sangre y después me la darán.- explicó el digimon son maldad. Con el paso de los años se volvía más astuto y perverso.
A pesar de que NeoDevimon lo tuviese ocupado, Lucemon escuchó perfectamente los gritos de su compañero y rápidamente desvió la mirada a él. Voló con velocidad hacia Tenshi, espantando así a los murciélagos.
-¡Myotismon voy a acabar contigo!.- anunció, sin importarle que aún estuviese en el cuerpo de Kibou.- ¡espada galáctica!
Tomó la espada, pero no llegó ni a rozar al demonio con cuerpo de niño, porque, como era de esperar, NeoDevimon se lo impidió.
-¡Garra noqueadora!.- atacó el compañero de Kibou, impactando de lleno contra el ángel. Lo agarró nuevamente y lo llevó lejos de ahí, para que los murciélagos pudiesen seguir picoteando a Tenshi y Myotismon pudiese complementar su reencarnación.
…
-¡Cuidado!.- gritó Musuko, al ver como Gigadromon se dirigía hacía ellos.
Los chicos, para evitar el ataque se esparcieron por los alrededores, quedando divididos en varios grupos, por un lado Aiko, Taiyou y "Mishi", por otro Minako, Osamu y Chikako, y otro tercer grupo compuesto por Shizuka, Musuko y Makoto.
El tiempo de tomar una decisión había finalizado, los 9 digimons malignos ya les habían descubierto y les seguían dispuestos a ejecutar el mandado de Kibou.
Musuko, Makoto y Shizuka, habían optado por esconderse detrás de unos coches, bien que el escondite no era muy bueno, pero tampoco existían grandes lugares donde elegir. Los dos mayores trataban de guardar la calma, mientras Makoto estaba teniendo un ataque de histeria.
-Nunca debí haber venido, tendría que habérselo dicho a mi padre…- gimoteaba asustado.
-¡Cierra el pico doctorcito!.- gritó Musuko enfurecido, mientras observaba como Orochimon rondaba por la zona.
Kido, dejó el gimoteo reemplazándolo por escandalosas lágrimas, pero lo que no sabía es que a Shizuka, le había dado una idea.
-Musuko, voy a mandar un mensaje a nuestros padres.- habló Hida tomando su DC.
Motomiya se limitó a observar los movimientos de su amiga, tendrían que haber pensado esto antes. Pero le descolocó la acción de Shizuka, completamente aterrada, dejó caer el DC sin llegar a escribir nada. Fue entonces cuando el hijo de Daisuke volvió la vista al frente y se encontró ante él a Orochimon y SkullBaluchimon preparando su ataque.
-¡Estamos perdidos!.- gritó Kido llevándose las manos a la cara, tratando de hacerse un ovillo.
-¡Musuko!.- corrió la chica a agarrarse del brazo del joven espantada.
Por un momento había quedado sin reaccionar, aterrado, en sus 11 años de vida, era la primera vez que tenía miedo de verdad, pero los gritos de sus compañeros le devolvieron a la realidad, no sabía si funcionaría o no, pero tenía que intentarlo.
-¡Te quiero Chibimon!.- gritó sacando su dispositivo y apuntando hacia los monstruos.
Una potente luz salió del dispositivo, provocando que los digimons retrocedieran. Al verlo, Hida dejó atrás su ataque de histerismo y acompañó a su amigo, uniendo su luz a la suya. Hasta Makoto se les unió al ver que no estaba muerto. Parece que funcionaba, que lo iban a lograr, los dos digimons retrocedían cada vez más, pero en ese momento otro digimon hizo su aparición.
-¡Fragmento de bomba!.- el ataque impacto justo entre los digielegidos y los dos digimons oscuros, provocando que los tres niños se sobresaltaran y la luz desapareciese.
Entonces, el malicioso Tekkamon, responsable de este ataque, se acercó a ellos uniéndose a sus compañeros. Ahora sí que estaban perdidos.
Nuevamente prepararon sus ataques.
-¡No os rindáis!, ¡volved a poner el dispositivo!.- pidió Motomiya, pero ya era tarde.
-¡Disparo infernal!.- atacó Orochimon.
Los niños cerraron los ojos, pero por suerte el ataque no les llegó. Cuando los abrieron, visualizaron al digimon que había bloqueado ese ataque, Sunflowmon.
-¡Mamá!.- gritó Makoto con lágrimas en los ojos, al ver a la compañera de ese digimon.
-¡Dr. Kido!.- llamó también Shizuka con cierta alegría.
-¡Rayo brillo de sol!.- atacó el recién aparecido Sunflowmon.
El rayo impactó en Orochimon, pero a penas le hizo nada. Un digimon de cuerpo campeón no era rival para tres digimons de cuerpo último. Se unió a la lucha Gomamon, pero estaba claro que sin poder digievolucionar, su presencia sería testimonial.
Al menos, mientras Sunflowmon los entretenía, Jyou y Momoe pudieron acercarse a los chicos y alejarlos.
-¡Chibimon!.- se resistió Musuko.- tío Jyou, no lo entiendes, es Chibimon, puedo ayudarle con el dispositivo…
-¡Vámonos!.-ordenó Kido, llevándoselo casi arrastras.- los digimons se encargaran.
Conforme decía eso, pudo ver como ya se empezaban a acercar Monochromon, el compañero digievolucionado de Yuuto, y Guardromon, el compañero digievolucionado de Akane. Poco a poco los digielegidos se iban reuniendo.
…
A pesar de la situación, Osamu no estaba demasiado asustado, era más Minako, la que en su histerismo, había hecho que su hermano y Chikako se adentrasen en el derruido edificio de exhibiciones de Tokio, el "Tokyo Big Sight", su teoría, si ya se habían cansado de destrozarlo, no volverían.
-Pero hermana, debemos probar a devolverles a la luz.- empezó Osamu.
-Cierra el pico, que nos descubrirán.- sentenció la muchacha agazapada entre varios cascotes, contemplando como esos digimons volaban y saltaban de un lado a otro sembrando el caos, puesto que la batalla ya había llegado a las viviendas de los alrededores, originando el pánico de las personas.
-Ya he alertado a mi padre.- musitó Chikako guardando su DC.- pero creo que Osamu tiene razón, deberíamos tratar de…
-¡¿Alguien te ha dado permiso para existir?.- cortó la muchacha completamente enloquecida, acongojando tanto a Chikako como a su hermano. Ella daba más miedo que los digimons.- ¡No!, ¿verdad?, ¡pues te callas!
-En momentos así agradezco ser hija única.- susurró la pelirroja.
-¡Te he oído niña!.- exclamó Ichijouji mayor perdiendo los nervios.
Estaba tan alterada que ni le importaba pelearse con una niña tres años menor que ella, cuyo único mal que había hecho era guardar mejor la serenidad en un momento de crisis. Ya se dirigía hacia ella con cara de psicópata, Osamu trató de detenerla, pero no tuvo éxito. Entonces un ruido se escuchó, era el ataque de un digimon que venía directo hacia ellos, concretamente Sandiramon, y sin pensárselo dos veces, Minako se tiró encima de los dos niños para protegerlos.
No les impactó, pero el ataque destruyó más si puede el edificio y el digimon que les había descubierto, no dudo en adentrarse para buscarlos.
-Tenemos que salir de aquí.- ordenó la mayor, empujando a los dos niños para que comenzasen a correr.
Trotaron, adentrándose por las diferentes galerías, algunas estaban totalmente derruidas, tanto que estaba cortado el paso, mientras, el digimon les seguía de cerca sacando su lengua viperina. Subieron a lo más alto de lo que quedaba de edificio, hasta que llegaron a la terraza y supieron que ya no tenían escapatoria, sobre todo cuando se asomaron por ella y vieron como se aproximaba a todo velocidad Okuwamon.
-¡Minako!.- gritó Osamu apurado, agarrándose a su hermana con fuerza.
Esta, rodeó tanto a su hermano como a la pequeña Chikako, sujetándolos con firmeza contra su vientre. Miró para un lado, Sandiramon estaba a punto de alcanzarles, miró para abajo, las pinzas de Okuwamon ya se veían, y entonces con una sangre fría que aún no sabe de donde la sacó, encontró la escapatoria.
-¡Venom Axe!.- Sandiramon escupió veneno de su boca.
-¡Tijeras Omega!.- atacó la digievolución oscura de Motimon.
-¡Al suelo!.- gritó la peli-azul empujando a los niños debajo de ella.
Quedaron con las manos en la cabeza, inmóviles, solo cuando vieron que los ataques no habían impactado contra ellos, Minako se atrevió a alzar la vista y sonrió viendo que su plan había funcionado. Los dos digimons se habían atacado mutuamente, comenzando así una encarnizada lucha entre ellos y olvidándose de los niños elegidos.
-Salgamos de aquí.- ordenó la mayor con sigilo pero con rapidez.
-Espera, ¡es Motimon!.- se detuvo Chikako, resistiéndose al agarre de Minako que tiraba de su brazo con fuerza.
-¡No seas estúpida!, ¡solo conseguirás que nos maten!.- alzó la voz más de lo debido Ichijouji.
-Pero… Motimon.- insistió la chica con lágrimas en los ojos.
Dejó de resistirse cuando sintió la mano de Osamu en su hombro y lentamente se volvió hacia él.
-Creo que mi hermana tiene razón, nos mataran.- susurró con tristeza.
Observó detenidamente a su amigo, seguro que él era uno de los que peor lo estaban pasando, ya que de todos era sabido que Osamu no tenía don de gentes y su mejor amigo era Minomon, que también había sido contaminado por la oscuridad. Pensó lo difícil que sería esta situación para él, y mirando por última vez a Okuwamon, asintió, siguiendo el camino que mostraba Minako.
Lograron salir del edificio en ruinas, pero no dejaron atrás el peligro, porque en ese momento se dieron cuenta de que SkullScorpiomon ya les estaba persiguiendo. Ya se estaba preparando para atacar con la afilada punta de su cola a los tres indefensos niños, y lo llegó hacer, pero no les alcanzó el ataque debido a que en ese momento, los brazos de dos hombres, los sujetaron empotrándoles contra la pared en la que ellos estaban escondidos.
Había pasado tan rápido que los niños ni se dieron cuenta de quienes eran sus salvadores, fueron conscientes cuando vieron a los digimons que estaban dispuestos a enfrentarse a SkullScorpiomon, un pequeño Patamon y un debilitado Tentomon.
-Papá.- sollozó Chikako, al ser consciente de que los brazos que le rodeaban eran los de su padre, mientras se volteaba para abrazarse a él.
-Tranquila pequeña, ya estáis a salvo.- susurró Koushiro conmovido, mirando la desigual batalla con rabia y preocupación.
-Señor Takaishi, gracias.- musitó Minako, aún con el apuro en el cuerpo. Osamu también susurró algo, pero a penas se entendió, estaba como ido observando la digievolución oscura de su digimon.
-¿Y Tenshi?.- preguntó el rubio con firmeza.
-No vino.- negó Ichijouji.
Takeru apretó los dientes, no quería ni imaginarse donde estaba su hijo, conociéndole, seguro que en el lugar más peligroso que haya encontrado, pero ahora, debían sacar a esos niños de ahí. No tenían mucho tiempo, SkullScorpiomon ya parecía aburrido de tirar por los aires a Patamon y Tentomon. Con ligereza y haciendo el menor ruido posible, Koushiro cargó a su hija entre sus brazos y abrió la marcha, siguiéndole Takeru, abrazando contra su vientre al pequeño hijo de Ichijouji, sin embargo Minako se hizo la independiente, yendo unos metros más adelante.
Quedaron estáticos al escuchar unos gruñidos y un ataque, SkullScorpiomon no iba a dejar que se escapasen.
-¡Púas de caparazón!
Un Tortomon se interpuso entre el digimon oscuro y los humanos. Digimon que Takeru reconoció de inmediato, era la forma evolucionada del Gazimon, compañero de su ex novia. La buscó con la mirada, no le fue difícil se dirigía con velocidad hacia ellos.
-Gracias.- logró decir Takeru, corriendo junto a ella, para buscar un lugar más seguro donde esconderse.
-En que demonios has metido a mi hijo, Takeru.- masculló la mujer con furia, sin ni siquiera mirar al rubio, llenándolo a este de un gran sentimiento de culpabilidad. Si a su hijo le pasaba algo, sería solo responsabilidad suya.
…
Dos niños y una niña no habían parado de correr desde que el grupo se había dividido, y como los tres eran de fuerte carácter y armas tomar, no se habían decidido por ningún escondite, preferían trepar de un lado a otro huyendo de ese gran WarMonzaemon y de ese esquelético SkullGreymon que les perseguían. Lo bueno, por decirlo de alguna manera, es que, como eran dos digimons de lo más sanguinarios, se entretenían un buen rato destrozando todo lo que encontraban a su paso, dando así ventaja a los tres niños y eternizando esta macabra versión del clásico juego de "pillar"
No obstante, aún siendo niños incansables, llegó un momento en el que tuvieron que parar exhaustos.
-Esto es ridículo, no vale la pena seguir corriendo.- expuso Mike, jadeante llevándose las manos a las rodillas. Sus dos amigos imitaron sus gestos, estaban tan cansados que ni podían hablar.- lo que tenemos que hacer es eliminar su oscuridad, como dijo el niño rarito de la computadora y la niña bonita pelirroja.
-Estoy contigo Mishi, necesitan nuestra ayuda.- agregó la rubia con decisión, tomando ya en sus manos su dispositivo, no estaba dispuesta a seguir huyendo.
Lo que no se esperaba fue la reacción de Taiyou, directamente le pegó un manotazo en el dispositivo tirándolo al suelo, le iba a agarrar la mano para seguir corriendo, pero Aiko se resistió violentamente.
-¡¿Qué demonios haces?
-Ni se te ocurra ponerle la mano encima a mi damisela.- saltó el castaño tomando de la camisa al moreno.
-¡Mishi puedo defenderme yo sola!.- gritó molesta, mientras recogía su dispositivo y se encaraba a Taiyou.
Yagami no decía nada, solo miró con desprecio a Barton cuando le soltaba la camisa y se preparó para recibir el característico empujón de Aiko.
-¿Es que no quieres salvarlos?.- cuestionó Ishida con fiereza.
-¡No entendéis nada!.- exclamó Yagami, dejando a sus amigos atónitos y más al ver como derramaba lágrimas.- ¡os mataran antes de que os acerquéis a un metro de ellos! y no voy a dejar que eso pase.
-Taiyou.- musitó la rubia contagiándose de las lágrimas de su amigo.
-Solo hay una salida…
-¡¿Matarlos?, ¡ese es tu gran plan Yagami!.- vociferó Mike con desaprobación.
-¡Pues si!.- le rebatió bruscamente.- no sé tu, pero yo conozco a Koromon y moriría antes de hacerme daño y ahora inevitablemente me va a hacer daño. Es mi amigo y voy a salvarlo y si la única forma es matarlo, lo haré.
-¿Si?, ¿y como se supone que lo vas a hacer genio?, no tenemos compañeros que luchen contra ellos.- recalcó "Mishi", aún sin querer compartir las ideas de Taiyou.
Entonces, digimons se empezaron a vislumbrar a lo lejos y Taiyou fue capaz de distinguir a su padre entre ellos.
-Igual ellos tienen alguna idea.
Mike sonrió viendo a los adultos que llegaban a su rescate y más todavía cuando un coche paró cerca de ellos, saliendo de él, Ken, Yamato, su madre y sus respectivos digimons, que en seguida se unieron a la lucha.
-¡Mammy!.- gritó el chico, dejando atrás el niño héroe que le gustaba ser delante de Aiko, para volver a su estado de niño mimado y consentido que le gustaba ser con su madre.
-Mi Mishi.- lloriqueó Mimi abrazando a su hijo con efusividad.
Ya prácticamente todos los adultos estaban por los alrededores, hasta Sora había llegado en el coche y Aiko lo vio. Miró para un lado, donde su padre y Ken daban ordenes no se sabe a quien, intentando visualizar la situación y tratando de organizar las cosas, miró hacia el otro, donde Piyomon ya corría a unirse a la lucha y su madre se encaminaba hacia ella gritando y haciendo gestos con la mano para que se refugiase, y en medio de ese caos y griterío su vista quedó clavada en el digimon que tenía apenas unos metros, su amada Yokomon en ese horroroso cuerpo de Gigadramon. No lo pensó más, ella no mataría nunca a su compañera, debía salvarla.
-Yokomon.- susurró corriendo hacia el digimon.
En el momento que Sora vio esa acción suicida de su hija se le paró el corazón. Corrió más rápido que nunca, pero estaba demasiado lejos, solo le quedaba gritar, gritar hasta quedarse afónica. Y en ese barullo, alguien la escuchó, más que nada porque no podía creer que esa voz estuviese ahí, ella debía estar ahora en casa, a salvo. Yamato buscó con la mirada a la dueña de esa agónica voz que no paraba de repetir el nombre de su hija, pronto encontró a su esposa, pero no la miró demasiado, porque extrañado y temeroso, llevó la vista al mismo lugar donde la tenía puesta la mujer, y ese instante, en el que vio a su dulce ángel corriendo hacia un digimon despiadado, fue el momento más terrorífico en la vida de Ishida. Su pequeño cielo iba con decisión a una muerte segura, se le encogió el corazón, por un momento hasta dejó de respirar, pero solo fue una milésima, pasase lo que pasase por su cabeza, sus piernas iban por libre y ya corrían hacia la pequeña.
-Yokomon, soy yo, ¿no me reconoces?.- hablaba la niña con una sonrisa, delante de ese horrible digimon. Por precaución iba a sacar su dispositivo, pero resbaló de su mano aún lastimada. Y sintió terror, al darse cuenta de que el digimon iba a atacarla.
Permaneció petrificada por el miedo, empezando a llorar, sintiéndose estúpida. Cerró los ojos, para desear que al abrirlos estuviese en su cama, con Yokomon saltándole al lado y que todo esto hubiese sido una amarga pesadilla. Pero no era así y el digimon atacó.
-¡Ataque misiles oscuros!
-¡AIKO!.- gritó Sora desesperada.
Todo fue muy rápido, cuestión de milésimas en las que Aiko salió volando por las aires debido al empujón más fuerte que le habían dado en su vida, cayendo contra el asfalto, haciéndose vayas magulladuras. Y en ese cortó periodo, los misiles impactaron y la explosión hizo que el hombre que había apartado a la niña del objetivo de Gigadramon saliese también por los aires, pero a diferencia de lo que pasó con la niña, este cayó inconsciente, completamente cubierto de sangre.
-Papá…- susurró la niña atontada.
-¡Yamato!.- se escuchó un grito aterrado.
Y el tiempo se detuvo.
…
Después de que su madre se fuese, Yuujou se dirigió a la habitación de su hermana desganado, Miyako, que ya había depositado al pequeño Yoshi en el moisés, dejó a Hawkmon a cargo de él y siguió al chico. Si se le escapaba, Yamato la colgaría de las orejas de la torre de Tokio y tenía mucho cariño a sus orejas.
-¿Qué ocurre Yuujou?.- preguntó amablemente, tomando asiento en el suelo junto al pequeño.
-Todos me tratan como a un bebé, no me dicen que pasa y yo sé que pasan cosas, que Kibou está malo y que el Digimundo no está bien y nadie me deja hacer nada.- explicó el chico con tristeza y rabia.- puede que me den miedo las cosas, pero yo quiero hacerlas, quiero ayudar a Aiko, que cuente conmigo para sus aventuras y quiero enseñarle a papá que no soy un bebé, que puede estar orgulloso de mi…- seguía el chico empezando a gimotear.
-Venga tranquilo, no tienes que demostrar nada.- trató de animar Inoue.- tu padre está orgulloso de ti y nadie te considera un bebé.
-Lo ves, ¡tú también lo haces!.- protestó el chico disgustado, poniéndose en pie.
-¿Qué dices?.- trató de hacer la mujer, gala de su experiencia materna.- venga Yuujou.
-¡No!
El niño estaba enrabietado, dispuesto a largarse ahora mismo de casa y buscar aventuras con su hermana y los demás, con Tsunomon en brazos ya estaba saliendo de la habitación cuando un gran destello tiñó todo el cuarto de dorado. Boquiabierto, fue en busca de donde provenía la luz y entre las cosas de su hermana, encontró un pequeño medallón que brillaba con intensidad.
-El símbolo del digi-huevo de los milagros.- musitó Inoue, más asombrada que el chico.
La luz se hizo más y más potente, iluminando toda la casa, llegando a Hawkmon que permanecía en la planta baja con el bebé.
-Mi energía, la recupero.- susurró alimentándose por esa majestuosa luz.
Pero no solo recuperó su energía, la luz le envolvió por completo, haciéndole armodigievolucionar en Peacockmon.
-Waa...- susurró el pelirrojo teniéndolo en las manos, pero no se quedó ahí, la luz, también entró en su dispositivo.
Entonces Peacokmon se asomó por la ventana de la habitación y después de matar de un susto a Miyako anunció que ya era hora de irse. Y así, iluminando cada vez más Odaiba, Miyako Yuujou y Tsunomon, se unieron a la batalla junto con Peacockmon.
…
-Tú quédate aquí.- decía Taichi a su esposa, escondiéndola para que permaneciese lejos de la batalla con Taiyou. En eso, se les unió Hikari, que apresuradamente se dirigió a su sobrino.
-Kibou ¿Dónde está?
-Está malo tía Hikari.- es lo único que dijo Yagami.
-Lo sé, pero dónde está.- repitió perdiendo la calma.
-No sé, se fue.
-¡Mierda!.- maldijo la castaña.
Pero tampoco tenían tiempo para más maldiciones, los digimons ya estaban por los suelos completamente debilitados, la única que aún aguantaba era Gatomon, que seguía haciéndole frente a SkullGreymon.
Fue entonces cuando a lo lejos vieron una hermosa luz entre la niebla y los digimons comenzaron a recuperar su poder.
-Que… es eso…- acertó a decir Taichi desconcertado.
…
Ese instante también fue de confusión para Iori, que seguía junto a su mujer perdido por esa niebla infinita. Pero una grieta se abrió entre la bruma, un milagroso rayo de luz, repleto de bondad y esperanza les mostró el camino, no solo eso, penetró en Armadillomon haciéndole armodigievolucionar en Elephantomon y adentrándose con fuerza a Odaiba, por fin se unirían a la lucha.
La luz dorada ya cubría por completo el lugar de la batalla y los digimons malignos dieron un paso para atrás al ver que por fin tenían rivales de altura, porque los compañeros de Daisuke y Ken, al igual que los de Iori y Miyako, habían armodigievolucionado en Magnamon y Kongoumon respectivamente.
-El digi-huevo de los milagros, pero… ¿dónde está?.- se preguntó Daisuke con asombro, contemplando como Magnamon descargaba su furia con Orochimon.
Pero el cielo dorado testigo ahora de la batalla, de lo único que le servía a Sora era para hacer más visibles su lágrimas, que derramaba con fuerza abrazada al cuerpo sin vida de su esposo, mientras llamaba como una desquiciada a auxilio, pero parece que nadie la oía. Aiko estaba en shock, nunca había visto tanta sangre, nunca había visto a su madre llorando tan afligida, tan desesperada y por supuesto que nunca ni se imaginó ver a su padre en ese estado. Lentamente había conseguido alcanzar a sus progenitores y situarse justo detrás de la cabeza de su padre. Acarició su sedoso pelo, ahora viscoso por la sangre. Quedó inmóvil observando su manita teñida de ese rojo tan oscuro. Otra vez llevó la mano hasta su cara, acariciándole con ternura, llamándole suavemente para que despertase, pero no hubo contestación y para colmo, Gigadramon estaba preparando un inminente ataque.
Piyomon y Gabumon rodaron nuevamente por el suelo al lado de sus compañeros, estaban exhaustos y a pesar de su furia, ya no podían hacer más, no tenían fuerzas ni para levantarse. Entonces, por primera vez desde que se abrazase a Yamato, Sora despegó su vista del cuerpo de su marido, clavándola en ese detestable digimon que ahora les atacaba. No sintió miedo, ni pánico, ni odio, ni nada, estaba vacía, era un cuerpo sin alma, porque su alma, su corazón, todo su ser, se encontraba entre sus brazos, Yamato era su vida. Sin decir absolutamente nada, ni tan siquiera a su hija, dejó caer su cabeza contra ese pecho que tan bien conocía, en el que había dormido tantas noches, pero por desgracia, al contrario de todas las demás veces que su cabeza descansó en él, esta vez no notaba el sube y baja de su respiración, ni sus latidos apasionados y calmados por igual, nada, estaba vacío, su amado Yamato ya no existía, y si él no estaba aquí, ella iría donde estuviese. Por eso, no le importó nada, moriría feliz porque moriría abrazada a su vida, a su amor.
-¡Ninjinken!
-¡Vajira!
Turuiemon, el compañero digievolucionado de Keiko y Kongoumon, la armodigievolución milagrosa de Wormmon, se abalanzaron contra Gigadromon, mientras Keiko se apresuraba a tomar a Aiko entre sus brazos para apartarla de ahí, a pesar de su negativa porque ella deseaba permanecer con su padre, la esposa de Daisuke consiguió llevársela. Al mismo tiempo Ken se agachó donde Sora y trató de levantarla del brazo.
-Ya hemos llamado a una ambulancia, no puedes hacer nada, debes ponerte a salvo.
-¡Suéltame!, no lo dejaré.- fue lo único que respondió la pelirroja, abrazándose a Yamato con furia.
-Sora por favor…- trató de hacerle entrar en razón Ken, pero era inútil, ella no se movía ni un milímetro.
Levantó la vista, buscando alguien que le pudiese ayudar, pero todo su alrededor era demasiado caótico, todos estaban inmersos en batallas o demasiado ocupados esquivando ataques. Lo tendría que hacer él, por fin descubriría si su entrenamiento en la academia de policía sirvió para algo o no, y que mejor forma de descubrirlo que cargando un cuerpo de más de 80 kilos hasta un lugar seguro.
Estaba en la labor, cuando una vez más todos quedaron paralizados y asombrados, porque de la luz dorada que les rodeaba, empezaron a salir luces de diferentes colores, yendo a cada uno de los dispositivos de los niños, que a su vez transmitían esa luz a los dispositivos de los adultos, creando un asombroso arco iris por toda la zona, con rayas de colores de una lado a otro. Sora tomó su dispositivo en la mano, brillaba de ese color rojo fuerte característico de su infancia, hacía casi 20 años que su dispositivo no reaccionaba así, estaba vibrando más que nunca, observó que un destello azul salía del bolsillo de Yamato, pertenecía a su dispositivo, que también vibraba con intensidad. Su vista al final volvió al rostro del rubio y quedó en shock viendo esos ojos azules que por un momento pensó que jamás volvería a ver, mirándola con extrañeza, como si no supiese que estaba pasando, finalmente, las luces llegaron a sus digimons y se produjo el milagro.
-Gabumon… warp shinka… ¡MetalGarurumon!
-Piyomon… warp shinka… ¡Phoenixmon!
Pero sus digimons no fueron los únicos que consiguieron digievolucionar a su nivel último. Ocurrió lo mismo con los compañeros de todos sus amigos, en un segundo, WarGreymon, HerculesKabuterimon, Rosemon y Vikemon estaban de cuerpo presente y con las energías renovadas preparados para la lucha, aunque lo más espectacular fue ver a los compañeros de Takeru y Hikari, los imponentes Seraphimon y Ophanimon, y con ellos, la luz dorada y el arco iris de colores desaparecieron. En seguida, también llegaron Iori y Elephantomon y el compañero de Miyako, Peacockmon, por fin los niños elegidos estaban reunidos y la batalla empezaba a igualarse, incluso a ponerse a favor.
…
A pesar de que su compañero digimon se había unido a la lucha, Miyako no se detuvo ahí, el porqué era fácil, Yuujou. No con tanta intensidad, puesto que ya el cielo había perdido ese majestuoso brillo, pero el pequeño artefacto que portaba Yuujou seguía brillando y continuaba guiando al pequeño Ishida a algún lugar.
Cuando llegaron a los pies del edificio de la Fuji TV, Yuujou, con la ventaja que le daba conocer ese edifico gracias al abuelo Ishida, comenzó a corretear con velocidad, dejando un poco atrás a la apurada Miyako. Antes de llegar al mirador, un digimon se cruzó en su camino, digimon que al verlo el niño frunció el ceño, no le gustaba ese digimon y entonces, el medallón con el símbolo del milagro que llevaba salió volando de su manita, directo al mirador donde todavía se fraguaba una cruenta lucha. Yuujou iba a seguirlo, pero el digimon se interpuso en su camino.
-Niño llorón, ahora no está Piximon ni nadie para salvarte.- comentó DemiDevimon con malicia.- te mataré y el amo Myotismon me recompensará.
-Cállate digimon tonto, ¡déjame pasar!.- exigió el chico, sacando un valor de no se sabe donde.
-¡Demidardos!.- atacó sin más preámbulos.
-¡Burbujas venenosas!.- le respondió Tsunomon saltando hacia él.
Como era de esperar el infantil ataque del compañero de Yuujou no surtió ningún efecto y Tsunomon cayó al suelo malherido.
-¡Ahora es tu turno enano llorón!.- exclamó el digimon, abalanzándose hacia Yuujou.
Este se tiró al suelo para cubrirse la cabeza con las manos, pero eso no evitaba que DemiDevimon se divirtiese estirándole del pelo y arañándole.
-¡Déjame!.- comenzó a lloriquear el niño.
-Mejor te llevaré a mi amo, seguro que él disfruta más matándote, o igual, prefiere que seas su comida.- dijo, finalizando en una estruendosa carcajada, empezando a tirarle con más fuerza para que se levantase y le siguiese.
-¡No!, yo no quiero que me coma nadie.- sollozaba el niño, imaginándose en una cazuela llena de condimentos.
Tsunomon escuchó el sollozo de su compañero y aún en dolorido saltó en su ayuda.
-¡Suéltale!.- exigió con determinación.
DemiDevimon rodó los ojos cansado.
-¿Otra vez tu?.- preguntó con indiferencia.- está bien, ¡Demidardos!
-¡Tsunomon!.- gritó el pelirrojo asustado y en ese momento, su dispositivo comenzó a brillar.
-Tsunomon… shinka… Psychemon.
La luz que había envuelto al pequeño Tsunomon despareció dejando así visible a Psychemon, un digimon de aspecto muy parecido a Gabumon, solo que más colorido y psicodélico.
-Mierda.- temió por su vida DemiDevimon.
-¡Deja a Yuujou!.- exigió con autoridad.- ¡Danza de colores!
El ataque impactó en DemiDevimon, que decidió salir volando de ahí para seguir con vida, pero Psychemon no le dejaría escapar tan fácilmente.
-Vamos Yuujou, debemos seguirle.- dijo corriendo tras él, escaleras abajo.
El niño que aún estaba alucinado por esta inesperada digievolución, sonrió de felicidad y ya olvidándose por completo de emblemas, milagros o luces doradas, siguió los pasos de su nuevo mejor amigo y digimon favorito, Psychemon.
…
Por otro lado, los digimons de cuerpo supremo y las armodigievoluciones milagrosas por fin habían contrarrestado los ataques de los digimons contaminados por el poder de la oscuridad de Kibou. Aunque estaban dispuestos a matarlos, en el último momento Ophanimon y Seraphimon se lo impidieron a sus compañeros, estaban convencidos de que podrían devolverlos a la luz. Y así fue, como Magnamon, Kougomon, Peacockmon, Elephantomon, WarGreymon, MetalGarurumon, Rosemon, Phoenixmon, HerculesKabuterimon y Vikemon, lograron cercar a los digimons oscuros, cada vez más debilitados y posicionándose cada uno de los ángeles a un lado, intentaron hacer el milagro. Ambos, comenzaron a volar en círculo alrededor de los digimons malignos, cada vez con más velocidad.
-¡Canto Angelical!
-¡Jabalina del Edén!
Dijeron Seraphimon y Ophanimon respectivamente y luces sagradas invadieron toda la zona adentrándose en los digimons contaminados por la oscuridad, ante la atónita mirada de adultos y la esperanzadora mirada de los niños. Cuando el espectáculo de luces terminó, los dos ángeles volvieron a sus cuerpos infantil, Patamon, y maduro, Gatomon, pero no solo ellos, el resto de digimons también regresaron a su etapa infantil y en medio de todos ellos, empezaron a aparecer los digimons bebés, compañeros de los hijos de los digidestinados, por fin les habían devuelto a la luz.
Todos los niños corrieron a abrazarse a su respectivo compañero con una gran alegría, no cabían de júbilo, por fin esta pesadilla había finalizado, lo que no se esperaban es que la verdadera pesadilla empezaba ahora.
-Koromon, Koromon.- llamó Taiyou con lágrimas de felicidad. Lentamente el digimon abrió sus grandes ojos.
-Taiyou… gra-gracias, sabía que harías lo que debías.- dijo el digimon débilmente.
-Por supuesto que…- dejó de hablar cuando vio que su compañero empezaba a desaparecer transformándose en datos.- ¿Koromon?
-Taiyou, búscame y encuéntrame otra vez, amigo…- fue lo último que dijo antes de volatilizarse por completo.
-¡¿Qué?.- gritó no creyéndose lo que pasaba.- ¡Koromon!
Taichi, también con lágrimas en los ojos, se apresuró a abrazar a su hijo.
-Se fuerte hijo, lo volverás a ver.
-¿Qué pasa?.- cuestionó Chikako resistiéndose a que Motimon, que ya empezaba a descomponerse, muriese en sus brazos.
-Eran muy pequeños y todo esto ha sido demasiado para ellos.- explicó Izumi compungido, acercándose también a su pequeña.
-Motimon.- lloró desconsolada.
-Chikako, volveremos a vernos, no te preocupes, se firme y perseverante y lo lograrás…
Y Motimon también se hizo datos.
-Papá, haz algo.- gimió Makoto, con su pequeño Bukamon en brazos.
-Hijo, lo siento.
Jyou se arrodilló, llorando con angustia junto a Gomamon y su esposa, sintiéndose completamente impotente.
-Makoto, eres un chico muy especial y me alegro de ser tu compañero, nunca cambies, si tu corazón es sincero, volveré a renacer, no te preocupes…
Los datos de Bukamon también se perdieron por el cielo.
-¡Tanemon!.- lloraba desconsolado Mike, abrazando a su Tanemon, mientras a la vez, él era abrazado por su madre, que lloraba más disgustada todavía que su hijo.
-Michael Kiyoshi…- el castaño sonrió un poco, su compañero era el único ser en el mundo que le había llamado alguna vez por su nombre entero.- eres un soñador y me gusta que seas así, si lo deseas, me volverás a ver, porque tus deseos se harán siempre realidad…
Mientras Tanemon acompañaba a sus compañeros haciéndose datos, la que lloraba ahora era Shizuka.
-Upamon, lo siento, es culpa mía.
-Shizuka, no digas eso, tú me has salvado, gracias por no rendirte, por no dejar que ese ser de oscuridad se saliese con la suya. Eres una persona realmente buena y gracias a esa bondad, podré renacer pronto….- se despidió con una sonrisa Upamon, convirtiéndose en datos al igual que los demás.
-No llores hija, el responsable de esto lo pagará.- consoló Iori, dejando que su pequeña llorase en sus brazos.
-Minomon has sido siempre mi mejor amigo, quien más me comprende, al único al que le puedo contar todo, ¿Qué voy a hacer sin ti?.- decía Osamu tomando a su digimon abatido.
-Esfuérzate Osamu, no te rindas, eres muy listo, encontrarás la forma de hacerme volver.- se despidió Minomon.
Ken se agachó a su lado, abrazándolo contra él.
-No estás solo hijo, le haremos volver.- dijo bastante afectado, él también sabía lo que era perder un compañero.
Unos metros más a la derecha, su hija mayor lloraba estruendosamente con su Poromon en brazos.
-¡Poromon no te vayas!, sé que no he sido la mejor compañera del mundo, que a veces te ignoraba y te lo hacía pasar mal, ¡pero no te vayas!, ¡te quiero mucho!.- gritaba como una histérica estrujando a su pequeño compañero.
Este sonrió, pensando en lo mucho que echaría de menos esos estrujones que le dejaban sin aliento.
-Minako, ya sé como eres y lo mucho que me quieres no hace falta que me lo digas, sé que tienes un corazón inocente y sentimientos puros, no lo olvides nunca…
Cuando Poromon se convirtió en datos, enseguida Ken se apresuró a rodear con el brazo a su hija, dando así consuelo a sus dos niños.
Aiko todavía continuaba conmocionada por todo lo ocurrido esa noche, aún no se había quitado de la cabeza la horrenda imagen de su padre inconsciente envuelto en sangre y ahora esto, Yokomon se moría. La tomó como por inercia entre sus manitas, la miraba, pero era como si viese a un fantasma, estaba totalmente ida.
-Aiko, te quiero mucho y gracias por haberme hecho sentir completamente querida, sigue así y con tu amor, podré renacer…
La rubia siguió sin decir nada y solo cuando vio como Yokomon desaparecida ante ella reaccionó y las lágrimas brotaron con fuerza de sus ojos.
-Yokomon.- susurró primero.- ¡Yokomon!.- este último fue más fuerte y desesperado.
-Cariño, la volverás a ver, te lo prometo.- consoló Sora, abrazándola con fuerza contra su pecho.
-No puedes irte, haré lo que sea, por favor Chibimon no te rindas, se fuerte.- lloraba Musuko, tratando de mostrarse entero, mientras sostenía al pequeño digimon azulado.
-Waa… Musuko, en momentos así hasta te quiero y todo…- dijo el pequeño con su característico sentido del humor.
Musuko sonrió nostálgico, ni en un momento así dejaba de meterse con él. Se abrazó con más fuerza a su pequeño cuerpecito, no renunciaría a él.
-Chibimon te voy a salvar.
-Musuko, ya lo has hecho, no te preocupes, eres un guerrero, valiente y decidido, estoy orgulloso de ser tu compañero, siempre lo he estado…
Y Chibimon siguió el mismo camino de sus compañeros difuminándose por el cielo.
-Chibimon, ¡CHIBIMON!.- gritó haciendo que su voz retumbase por toda Odaiba.
…
Apenas unos segundos antes, en el mirador de la Fuji TV, Lucemon y NeoDevimon proseguían con su encarnizada pelea, en ese mismo tiempo, los murciélagos que habían estado devorando a Tenshi ya estaban saciados y cubrían ahora a Kibou, dándole la sangre de Takaishi, mientras este, permanecía en el suelo malherido. Fue en ese momento, cuando un haz de luz llegó hasta ellos, el emblema de los milagros iluminó la estancia, produciendo que tanto Kibou como NeoDevimon, diesen un paso atrás, cubriéndose de tan cegadora luz.
Finalmente el artefacto llegó a su destino, Lucemon, que ya estaba al límite de sus fuerzas, pero fue milagroso, justo cuando fue bañado por esa luz, recuperó su energía.
-NeoDevimon, es hora de acabar con esto.- dijo con determinación.
El digimon oscuro gruñó, aún cubriéndose la cara.
-Nunca, ¡muere Lucemon!, ¡Pena profunda!
El digimon ángel hizo un gesto con sus manos y contrarrestó el ataque de su enemigo.
-¡Cruz suprema!
El poderoso ataque de Lucemon impactó en NeoDevimon, pero no solo consiguió derrotarle, sino que hizo que la oscuridad abandonase también su cuerpo, y rodeado de luz dorada, Salamon reapareció.
-Gracias Lucemon.- dijo, mientras se hacía datos. Había vuelto a la luz, pero compartiría el mismo destino que sus compañeros, su cuerpo aún no estaba preaparado para tantas luchas.- por favor, salva a Kibou, es el único que podrá manejar la oscuridad sin caer en la tentación de dominar todo, es parte del equilibrio.
Salamon desapareció, pero no iba a ser el único, como pasase años atrás con el digimon de su padre en su lucha con Devimon, el digimon de Tenshi también había gastado toda su energía. Cuando Tenshi abrió los ojos, lo primero que sintió fue una luz calida envolviéndole, por fin, ese sentimiento de oscuridad y maldad que cubría el edifico había desaparecido. Adecuó sus ojos a esta nueva luz y pudo ver a Lucemon, que se desintegraba poco a poco pero no por eso dejaba de sonreír.
-Tenshi, me alegró mucho de haberte conocido.
-¿Lucemon?
-Escúchame Tenshi, luz y oscuridad son las diferentes caras de una misma moneda, si destruyes la oscuridad destruirás la luz, no debes destruirla nunca. La oscuridad debe existir y no por eso es mala, solo lo es cuando trata de cubrir la parte que no le corresponde, la de la luz, al igual que si la luz trata de cubrir la parte de la oscuridad, también se pierde el equilibrio y el mundo se transforma en un caos. Debes reestablecer ese equilibrio Tenshi, puedes hacerlo…
-Espera…- llamó estirando la mano, pero ya tan solo quedaba la cabeza de Lucemon para convertirse en datos.
-Tenshi, confía en tu luz interior, no te rindas nunca y si lo deseas con fuerza, pronto nos volveremos a ver…
Lucemon desapareció por completo y la luz dorada con él.
-Lucemon, ¡Lucemon!, ¡Tokomon!.- gritó Tenshi llorando, dejando caer nuevamente su cabeza abatido. Tenía heridas por todo el cuerpo, estaba completamente destrozado.
Pero tuvo que volver a levantar el rostro al escuchar los ruidos infernales que provenían de Kibou. Los murciélagos ya se habían esparcido y ahora le envolvía una esfera de oscuridad. Sus ojos seguían rojos, su mandíbula acolmillada, Tenshi se preparó para lo peor, pensó que Myotismon seguiría con su mutación y transformaría al inocente Kibou en un demonio completo, pero no fue así. Abrió la boca y de él salio una terrorífica sombra negra con esos ojos demoníacos, cuando abandonó por completo el cuerpo de Kibou, este, con su rostro completamente humanizado, cayó al suelo inconsciente.
-Oscuridad, ¡necesito oscuridad!.- gritó la sombra, abriendo una brecha en la niebla y yéndose por ella, en el momento en el que despareció, la niebla que envolvía Odaiba, lentamente, se fue disipando.
Pero Tenshi no se percató de eso, con las pocas fuerzas que le quedaban se arrastró hasta su compañero, lo justo para rozarle la mano y acabar tomándola con la suya.
-Kibou aguanta, ya estás a salvo, aguanta amigo, mi hermano.
Quedó también inconsciente, tanto, que ni se despertó con el histérico grito de Miyako, que por fin había alcanzado el mirador. Con ella ahí, la ayuda médica no tardaría en llegar.
Por los alrededores de la Fuji TV también tenía lugar otra lucha, la protagonizada por DemiDevimon, huyendo despavorido y Psychemon, corriendo tras él. Entonces, en lo alto de la Fuji, donde la gran esfera, vieron esa sombra espeluznante abriendo una grieta por la niebla, para que segundos después la bruma desapareciese.
Yuujou estaba absorto mirando como desaparecía la niebla, que ni se dio cuenta de que su compañero también se difuminaba.
-¡Yuujou!.- gritó Psychemon, poniéndose a rayas, no era el único, a su enemigo también le pasaba.
-¡Psychemon!.- gritó el niño al ser consciente de que su digimon se iba.
-Yuujou, búscame cuando vayas, te esperaré.- fue lo último que logró decir, antes de acabar distorsionándose y desapareciendo por completo.
-¡Espera!, ¡no te vayas!.- exclamó el niño sin entender lo que pasaba. Abatido comenzó a mirar a su alrededor y cuando llevó la vista al cielo, por fin se asustó de verdad.- mami…- musitó temeroso.
…
En ese momento, en el lugar de reunión, es decir, el ya derruido "Tokyo Big Sight", tanto digimons como humanos seguían afectados por el desenlace de los pequeños digimons bebés, y entonces la niebla comenzó a disiparse. Al principio pensaron que era bueno, pero se dieron cuenta de que algo no iba como debía cuando los digimons comenzaron a ponerse a rayas.
-Taichi…
-¡Agumon!, ¿Qué te pasa?
-Parece una distorsión.- comentó Koushiro con preocupación.
-¿A dónde van?.- preguntó Daisuke apurado.
-No lo sé, puede que al Digimundo o al mar de la oscuridad, o vete a saber que mundo, por lo visto hay un desequilibrio bestial en estos momentos.- intentó pensar lo más rápido posible Izumi.
No pudieron hacer nada, todos los digimons presentes, tanto los de los antiguos niños elegidos, como los de Yuuto, Nicolette, Momoe y Keiko desaparecieron, a excepción de Gatomon, que en el momento en el que se distorsionaba, su anillo sagrado brilló, dejándola en este mundo.
-Gatomon, ¿estás bien?.- preguntó Hikari tomándola en brazos.
-No sé que sucede Hikari, mi anillo me ha protegido, pero no sé de que.- comentó la digimon estupefacta.
Pero la desaparición de sus compañeros era el menor de sus problemas, lo supieron cuando la niebla se disipó por completo y pudieron ver el cielo que cubría ahora Odaiba.
-No, otra vez no.- dijo Mimi negando con la cabeza.
-No es como la otra vez.- comentó Taichi.
-Es todavía peor.- completo la frase Takeru, mirando el cielo con rabia, ya que mostraba un paisaje bien conocido por él y que le traía muy dolorosos recuerdos.
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N/A: waaa… buf. Estoy exhausta, este es sin duda, de lo que llevo de fic, el capítulo que más me ha costado escribir, y no sé si quedó como quería, bueno, más o menos jeje. Realmente quería hacer más hincapié en las batallas y en los digimons pero… buf, no pude más, mis recursos no llegan a más, lo siento. Prometo que en este fic, narraré alguna batalla más homérica, es mi asignatura pendiente.
Bueno, empezamos con las aclaraciones y agradecimientos. Primero, todos los digimons que he usado existen, por eso no los he descrito, si tenéis alguna duda los tecleáis en google y aparecen jeje. Esto lo enlazo para agradecer a la web Wikimon y Digital Monster Almanac (DMA), porque verdaderamente si no es por ellas no podría haberlos escrito, ya que he hablado de digimons que ni siquiera sabía de su existencia.
Bien, para las digievoluciones oscuras me hice la cabeza un lío, pero creo que todos los digimons que puse según la web DMA, tienen una línea evolutiva coherente.
La digievolución de Tokomon, quería ponerle un ángel (obvio), no sé si estará bien en la línea evolutiva, según Wikimon creo que si, que Tokomon puede digievolucionar en Lucemon, y si no, bueno, tampoco es delito, ¿no?. Y aclarar que es el Lucemon primero, uno que tiene cara de niño rubito, muy mono, vamos, que no es el que sale en frontier mitad ángel mitad demonio. (ahora no sé si salía también el otro, frontier no lo he visto mucho la verdad jeje).
De digimons creo que tampoco hay mucho que contar, sí, me he cargado a todos los bebés menos a Tsunomon, ¿o también ha muerto? chananaaaa…
Creo que nada más, sé que queda el capítulo con incógnitas y así, pero eso se ya lo veréis en el próximo, ¿no?, sino menuda gracia, nah, que lo de siempre, muchas gracias por leer, más por comentar, espero que os haya gustado y que hayáis sentido por un momento que veíais el anime, por lo menos eso quería transmitir.
Nos vemos pronto, arigato!
