¡Te tengo!
No puedo perder, por amor a ese sentimiento…
¡Tengo que confiar en mi amor!
¡Tengo que confiar en mi sentimiento!
(No me dejan salir – Charly García)
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El entrenamiento pasó rápido, para cuando se dieron cuenta, eran casi las cinco y el horario disponible ya se les había terminado hacía media hora. Y para arruinarle un poco el buen humor, Tahno atravesó la puerta del gimnasio, vestido con su chaqueta de tonos grises y negro, el pantalón también negro (en opinión de Mako, demasiado ajustado), resaltando aún más su pálida piel. Caminó confiado hasta ellos, con su aire de superioridad que tanto irritaba al ojidorado y por supuesto, lo ignoró magistralmente.
-Buenas tardes, Korra.- dijo el maestro agua, de pie al lado de la aludida que lo saludó sin mirarlo, ocupada como estaba elongado los músculos de las piernas. - ¿Qué tal los preparativos?
-Bien, vamos a dar lo mejor de nosotros.- le contestó la ojiazul, esta vez levantó el rostro para mirarlo y le ofreció una pequeña sonrisa cordial, al contrario de lo que se esperaba Mako, quien los observaba desde su lugar a unos cuantos metros, Tahno le sonrió también.
-Ya lo creo, esperemos que eso sea suficiente.- señaló él, aunque Mako sintió unas terribles ganas de ahorcarlo lentamente, Korra simplemente se limitó a mirarlo arqueando una ceja y hasta dejó escarpar una risita.
-Claro que lo será.- apostó la Avatar con una sonrisa confiada y se puso de pie.- ¿Hora de entrenar?
Tahno sonrió de una forma extraña y negó con la cabeza lentamente, intentando darse un aire misterioso, "vaya perdedor" pensó Mako.
-No, sólo pasaba por aquí y noté que estabas entrenando, repito, tienes unos buenos movimientos.- explicó el paliducho, encogiéndose de hombros.
Y la mujer de su vida se limitó a asentir y darle las gracias.
¿La mujer de su vida? ¿Desde cuándo le había puesto semejante mote? En fin, ¿Es que ella no se daba cuenta de que él le estaba coqueteando?
-Mako… ¿Qué te hizo la pobre toalla para que la prendieras fuego?- murmuró su hermano a su costado y entonces fue consciente del olor a quemado perforándole la nariz.
Se apresuró a tirar el pedazo de género ya amorfo al suelo y pisarlo, intentando apagar las llamas.
-¿Qué pasa contigo, maestro fuego, no puedes con una pequeña llama?- se burló Tahno, quien parecía dignarse a notarlo por primera vez desde que había llegado.
Mako intentó mantener la compostura, pero no estaba seguro de poder sostenerla por mucho más tiempo. Estaba a punto de gruñirle un insulto cuando notó la mirada críptica con la que Korra lo miraba.
-Por supuesto que puedo, ya veremos que tal soportas tú las llamas.- le dijo lo más calmado que le fue posible, y escuchó a Korra suspirar bajito.
¿Qué pretendía ella? ¿Qué lo abrazara e invitara a tomar unos tragos al bar?
-En fin, Korra ¿Tienes algo que hacer luego?- continuó Tahno, quien se las había arreglado para recomponer su expresión luego del comentario de Mako, y ahora se dirigía a ella con un aire casi inocente.
Mako esperó la respuesta de ella, expectante, mientras sentía que en cualquier momento comenzaría a echar humo por las orejas.
-Bueno, de hecho, sí, los Hurones teníamos una tradición luego de los entrenamientos que debemos retomar.- contestó la ojiazul para su sorpresa, no pudo evitar que una sonrisa de victoria se adueñara de su rostro.
-¡Esa es la actitud!- festejó Bolin levantando los puños hacia el cielo, y su hermano mayor no pudo estar más de acuerdo.
Tahno pareció incómodo por un instante, estaba claro que esa no era la respuesta que esperaba, pero retomó su faceta soberbia rápidamente.-Está bien, será en otra oportunidad, quizás cuando con los Lobo-Murciélagos consigamos nuestra primera victoria, nos acompañes.- dijo con excesiva seguridad, Mako automáticamente se imaginó el culo de Tahno siendo lanzado fuera de la arena en medio de una gran llamarada de su autoría.
-Ya lo veremos.- fue la simple respuesta de la Avatar.
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Mako lanzó un suspiro exasperado, se ajustó mejor la bufanda y alisó una arruga imaginaria de su chaqueta. Bolin lo miró, la expresión pícara de su rostro no hacía más que aumentar la inquietud de su hermano.
El sol de esa tarde estaba espléndido, brillando en un cielo despejado, calentando la gran extensión verde que era el parque, donde las pérgolas y los árboles eran el refugio de sombra perfecto. Mujeres, hombres, niños, niñas, animales domésticos y algunos salvajes, correteaban por doquier. A unos quince metros estaba la parada de taxis que ofrecían un paseo prometedor a través de las sendas del parque.
-Esto no me parece una buena idea, Bolin.- soltó por fin, aunque sus ojos estaban perdidos en algún punto del horizonte.
-¿Qué? Cuando te dije la idea en la fiesta estabas muy de acuerdo.- le recordó el menor, haciendo una mueca. Bolin estaba vestido con una galantería que le parecía ridícula, hasta había estado unos veinte minutos perfeccionando el mechón enrulado que le caía siempre en la frente, buscando darle un aspecto diferente (aunque a Mako le parecía que estaba igual que siempre).
-Bueno, simplemente cambié de opinión.- suspiró un poco irritado.
No quería saber cómo reaccionaría Korra si llegaba a enterarse de lo que estaban por hacer.
Tiene razón, después de todo, pensó, dándose patadas mentalmente.
-Mako, no podemos dejarlas plantadas ahora.- urgió el maestro tierra frunciendo las cejas hacia dentro.
Su hermano mayor no tuvo tiempo de responder porque una voz chillona los interrumpió.
-Pero si están aquí los dos maestros profesionales del probending que quería ver.- exclamó con euforia una joven de pelo oscuro, ojos verdes y sonrisa exagerada.
Mako había pensado que su tono de voz se debía al esfuerzo por hablar entre el bullicio de la multitud y la música, ahora sabía que lamentablemente, ella tenía esa voz desagradable por naturaleza.
-Señoritas Chang, es un placer encontrarlas de nuevo, mejor aún en este hermoso día.- saludó Bolin con la mejor voz seductora que tenía, Mako hizo un esfuerzo por no rodar los ojos.
-Señoritas…- apoyó estoicamente, sonriendo con una sonrisa falsa que intentó, no fuera una mueca.
Las jóvenes se acercaron a saludarlos y hasta invadieron un poco del espacio personal de los hermanos al hacerlo. Al maestro tierra no le importó, pero el otro solamente se sintió bastante fastidiado. Las hermanas Chang eran ciertamente bellas, con un aire aristocrático muy marcado, llevaban vestidos caros y estaban maquilladas perfectamente, de sus peinados no sobresalía un solo mechón y las sonrisas extrañas parecían tatuadas en sus caras ligeramente pálidas por la base. Tan distintas a Korra… pensó Mako, con un grave desinterés en lo que debían ser dos elegantes damas.
Bolin le ofreció su brazo a la mayor, en tanto la menor de las hermanas, prácticamente tiró del brazo de Mako para prenderse de él. Así que en un intento de ser caballeros, los hermanos comenzaron un paseo de tinta casual, hablando de cosas casuales, con un aire casual y despreocupado, como si aquello no fuera más que una hermosa tarde en la que sólo estaban allí para disfrutar de sus compañías.
Nada más lejos de la realidad.
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-Simplemente no puedo creer que estén haciendo esto.- masculló una furiosa Korra, mientras, desde su posición, escondida entre los arbustos, mientras su gran oso perro polar masticaba una gran rama y era mimada por las dos pequeñas hermanas aire.
-Estás celosa.- afirmó frunciendo los labios Jinora, una de sus cejas arqueadas y esa mirada perspicaz que había heredado de su madre.
-¡No es cierto! ¡Nada más no puedo creer que estén utilizando a esas dos estúpidas para sacarles dinero!- gruñó, con los puños apretados a los costados y un brillo rabioso en los ojos.
-Bueno, de alguna forma tienen que pagar la cuota de la inscripción…- comenzó Ikki, con una sonrisa enorme y tan perspicaz como la de su hermana.
-Esa no es la forma, Ikki…
-Pues para ellos, el fin justifica los medios.- acotó la inteligente niña del rodete en la cabeza.
En el rostro de Korra una maliciosa sonrisa se extendió. -¿Oh, tú crees?
-Por los espíritus ¿En qué estás pensando?
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Su cerebro se había desconectado después de unos diez minutos de parloteo incesante y estúpido por parte de la joven aristocrática. Y ahora, él estaba sentado en un banco un poco apartado del lago donde su hermano y las dos jovencitas les arrojaban pedacitos de pan a los patos-tortuga. Se había escabullido hacia el banco ni bien los pequeños animalitos parecieron entretener mejor a las jovencitas de lo que él podía hacer.
Dio gracias a todos los espíritus el haber estado sentado, porque ni bien reconoció la figura de paso confiado y rápido que se acercaba hacia ellos, sintió una especie de miedo que lo mantuvo en su lugar, a la vez que sentía que toda la sangre se le iba a los pies. Era una respuesta instintiva, sabía que probablemente las dos opciones serían pelear o huir. Y las cosas parecían marchar tan bien…
Se recordó que no debía acostumbrarse a ningún tipo de normalidad. Las cosas con Korra nunca serían normales.
-¿Qué tal? Lamento llegar tarde, Pema quería que cuidara a las niñas.- dijo la ojiazul con una sonrisa extraña, que ocultaba demasiado. Se quedó de pie a unos metros de ellos, en medio del camino entre Mako y el resto.
Bolin arqueó una ceja extrañado, al igual que las dos hermanas Chang, que no se mostraron muy receptivas con la llegada de la tercer integrante de los Hurones.
-Korra, que alegría verte.- comenzó el maestro tierra y abrió los brazos hacia ella de forma teatral, intentando manejar las situación luego del tenso silencio que se había extendido.
La sonrisa de ella se amplió aún más si era posible y los dos hermanos detectaron rápidamente que algo andaba mal. Ignorando los brazos abiertos de su amigo, se acercó a las dos jóvenes y les tendió la mano.
-Un gusto conocerlas, señoritas.- dijo, pronunciando la última palabra con lentitud deliberada. Era obvia la diferencia entre las ropas caras de las hermanas y la simple musculo celeste, jeans azules y zapatillas negras que usaba siempre. Amén de los kilos de maquillaje en sus redondos rostros en contraste con la naturalidad fresca y algo salvaje de la joven morena.
-Lo mismo decimos.- contestó la mayor, cuando por fin pudo encontrar algo de su voz en medio de la sorpresa.-Se sólo que pensábamos que esto era…
-Una cita con los Hurones de Fuego.- cortó la Avatar, sus ojos azules chispearon cuando miró a Mako, quien se había puesto de pie y la miraba cautelosamente.
Mako se cuadró de hombros defensivamente cuando la vio acercarse hasta él, deteniéndose a una distancia realmente escasa, ella tenía una malicia socarrona pintada en toda la cara.
Contuvo el aire en sus pulmones, como si moverse podría provocar el estallido final y Korra echaría por tierra los planes de Bolin, además de enviarlo al fondo del lago de un solo movimiento de control.
-¿Sabían que Mako es muy bueno besando? Realmente genial, todo un hombre con experiencia.- habló la ojiazul y se giró a mirar a las hermanas Chang, que se sonrojaron como buenas señoritas idiotas. El sarcasmo en su voz casi ofendió al maestro fuego.
-¿Cómo lo sabes?- murmuró una de ellas, entre curiosa y fastidiada.
La expresión de la joven Avatar adquirió una dimensión casi malvada, arqueó una ceja, su sonrisa se ladeó ligeramente hacia un costado y los ojos se estrecharon con astucia.
-¿Cómo lo sé, Mako?- inquirió, el aludido la miró con una expresión ausente.
Él sonrió de una forma encantadora, se adelantó, tomó la mano de Korra y las palabras le salieron con tanta naturalidad que hasta se sorprendió a sí mismo.
-¿Por qué no le dices la verdad a las chicas, mi amor?
La expresión desencajada de la joven Avatar no tenía precio, el sonrojo que apareció en sus mejillas era sencillamente celestial.
-¿Qué verdad?
La voz ahora ahogada de Korra manifestó la obviedad que todos querían saber.
Mako arqueó una ceja, fingiendo sorprenderse por su pregunta, miró a su hermano y a las hermanas Chang, captó la gran figura de Naga y las dos cabezas de las hermanitas aire que los miraban desde los arbustos. Finalmente, se giró otra vez hacia Korra.
-Que estamos de novios, mi amor.
El rostro de la Avatar ardió aún más cuando escuchó los gritos emocionados de Ikki y Jinora, que prácticamente ahogaron el sonido de los jadeos incrédulos de las hermanas y el balbuceó torpe de Bolin. Confiado, aprovechando la aparente confusión, rodeó la cintura femenina acercándola un poco a él.
La tenía justo donde quería… entre sus brazos.
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Buenas! Espero que les haya gustado el capítulo, sé que es un poco corto en comparación a otros, pero es apenas el comienzo de un pequeño lío lleno de chismes y paparazis, sé que dije que la historia no duraría muchos capítulos, pero en vista de cómo va, creo que la extenderé un poco más (no quiero decir cuanto, ya sé como será el final, pero no quiero apresurar las cosas, que la trama desemboque correctamente)
Muchísimas gracias a las personas que se tomaron el tiempo para dejar sus reviews! y a quienes le dieron su favorito a la historia por supuesto que también, muchas gracias!
"Guest": es un problema no saber el nombre xD, muchas gracias por tu review! Hubiera sido hasta desagradable para el pobre Mako besar a Korra en ese estado por muy enamorado que esté, jajaja, así que opté por hacerlo al día siguiente, en fin, espero que te haya gustado este cap también! saludos!
