Nota de autor: Lo primero que me gustaría expreser es mi más profundo agradecimiento a todos los mensajes y comentarios. Cada uno de ellos permite que me esfuerce lo suficiente para no tener que esperar demaciado entre capitulo y capitulo. Deverdad les estoy infinitamente agradecida por todos los momentos felices que he pasado leyendo los mensajes.
Sin más que decir, espero les guste este capitulo!
Lección siete:
"Corazón que no ve, corazón que no siente"
Se había despertado en la madrugada con una sensación de abandono en el cuerpo. su piel tenía un tinte azulado en muchos lados, demasiados lugares visibles, demasiados espacios que la ropa no cubría delataban todos esos golpes.
Sentía que su cuerpo se había fragmentado en muchas partes y que cada una de ellas palpitaba adolorida. Su pecho parecía tener el peso del mundo dificultando su respirar y peor aún haciendo tortuosa la tarea de intentarlo. Pero estaría bien, porque debía ser fuerte, más aún sabiendo que Hiragizawa esperaba que ella fuese débil, una estúpida, una damisela que había sido rescatada y ahora le temería hasta el fin de la eternidad. JA!. Jamás le daría ese privilegio.
Había pasado toda la tarde en casa de Tetsuya, no quería llegar a la suya hasta que se viese un poco más presentable. Y su nuevo amigo le había conseguido un uniforme nuevo a pesar de que había regañado por obtenerlo gratuitamente como una cría de tres años, sin embargo él había sido mucho más persistente y como todo un hombre de negocios había conseguido que ella no pudiese de ninguna manera, rechazar su oferta.
Habían pasado horas hablando con Tetsuya, horas que más que interminable parecían correr delante de sus ojos a velocidad deslumbrante. Aun era difícil para ella creer que Inokuma, la persona que la había contenido desde que había llegado a ese matadero era tan o más rico que el propio Hiragizawa. Una de las cosas que le había dicho Tetsuya mientras conversaban augustamente en su habitación había sido que el día anterior Li se había ido minutos después de que Tetsuya lo obligara a participar en su nueva no recordaba que asociación contra Hiragizawa, por lo que ahora tenían un aliado con el cual contar. No sabía porque pero tenerlos a los dos de su parte le daba mucho más miedo que luchar sola, ese idiota de Hiragizawa de seguro se volvería loco al saberlo y se ensañaría contra esos dos.
La habitación de Tetsuya era bonita, infinitamente más bonita que el cuarto en el que le había tocado dormir, aun cuando de por sí ese ya era hermoso. Los colores modernos en esa casa sofisticada y antigua contrastaban con toda la estructura. No había visto a sus padres, ni siquiera había pedido la autorización de ellos para que se quedase en la habitación a dormir el día anterior. Al parecer no estaban e Inokuma era amo y señor de ese lugar.
Iba en el auto de Tetsuya después de una dura sesión de maquillaje en la que había intentado ocultar todos los golpes y rasguños que el uniforme dejaba al descubierto. Él se había comprometido a llevarla hasta su casa pese a que ella le había insistido en que era mucho mejor llegar sola. Sin embargo no podía dejar de aceptar que era mucho más cómodo que la llevasen, estaba oscuro afuera y aun no paraba de llover, con el presupuesto que tenía sólo le alcanzaba para caminar, y su casa quedaba al otro lado de la ciudad, llegaría si no es que a medía noche iniciando la madrugada con el bolso a rastras y su ropa y maquillaje camuflador, hechos un asco.
-Creo que deberías dejarme acá, mi hermano no es demasiado sociable, y dudo mucho que le parezca agradable que vengas a dejarme a estas horas. –Le dijo mientras se acercaban más y más a su casa. Por supuesto que a Touya le molestaría que la llevasen a casa tan tarde, le enfermaría verla con un chico y lo pondrían histérico todas las magulladuras que pese a todo aún eran visibles.
Pero hay que ver que Inokuma Tetsuya sabía ser terco, no la dejo bajar del coche sola y decidió acompañarla pese a todo.
Salieron del auto, su chofer esperaba a Tetsuya junto a dos hombres que habían insistido en acompañarles y ella esperaba que todo saliese bien. Sin embargo antes siquiera de tocar la puerta presintió que sería todo lo contrario a lo esperado.
-La saldré a buscar.
-Touya, de seguro tu hermana no tarda en llegar.
-¡Demonios papa! Que no vez la hora que es. Sakura seguramente se perdió o la raptaron mientras venía de la casa de ese idiota o… o que se yo, ¡condenación!
Ella miró a Tetsuya avergonzada, pero él sólo reía. Se había llevado varías sorpresas ese día y el anterior, a él le habían golpeado por estar cerca de ella, vivía en una casa que sólo había visto en películas y para rematar con ese día tan extraño… Li, tempano de hielo Li la había ido a ¿'rescatar'? el muchacho que poseía esos ojos chocolate tan bonitos… ¿se habría preocupado por ella? no, eso era simplemente imposible. La frialdad de Li era quizás de alguna manera, parecida a la de Hiragizawa.
Faltaban pocos pasos para tocar la puerta y decidió obligar a Inokuma para que saliese de ahí, Touya lo haría trisas si lo descubría.
-De verdad creo que es mucho mejor si te quedas acá, o si subes al auto, agradezco todo lo que has hecho pero... –le dijo a Inokuma, su hermano era un verdadero monstruo cuando se trataba de protegerla.
Pero algo que no había esperado sucedió mientras Tetsuya intentaba hablar.
-¡KINOMOTO SAKURA QUE HACES ACA! ¡Y QUIEN DEMONIOS ES ESTE TIPO!
Golpeó su cabeza mentalmente. Lo que le faltaba después de un día de golpes, su hermano regañándola y dejándola en vergüenza.
-Touya. Veras, yo eto... el es un compañero del colegio… papá de seguro te comento que yo…
-Inokuma Tetsuya señor, encantado.
Pero Touya no recibió la mano de su 'amigo' en vez de eso agarró a Sakura por los hombros y la puso tras su espalda.
-Sakura, este tipo te ha hecho daño. –le dijo seriamente mientras ella adivinaba como debía estar mirando a Inokuma. Seguramente, Touya se había percatado de las heridas en su cuerpo pese a haberlas maquillado con extremo cuidado.
-No hermano.
-Entonces entra Sakura, las niñas pequeñas como tú no tienen nada que hacer a esta hora en la calle. Ni menos dormir en casa de otros.
Pero ella no quería obedecer y se negó más de dos veces.
-Te he dicho que entres Sakura –el tono en la voz de su hermano era tan escalofriante que prefirió no volver a negarse, se despidió sutilmente de Tetsuya cuando entraba a la puerta de su casa para que su hermano no la viese, e ingreso a su hogar.
-.-.-.-
-¿Quién demonios eres? –le dijo con los ojos entre cerrados y las manos empuñadas, pese a eso el maldito mocoso frente a él no mostraba el mínimo temor. Sakura estaba herida, el pudo verlo pese a sus esfuerzos por esconder los machucones –y que pretendes con mi hermana.
-Ya se lo dije, soy Inokuma Tetsuya, heredero de todas las compañías Inokuma y compañero de su hermana.
-Que pretendes con Sakura idiota. –que ese muchacho no entendía, ¡Dios! Que alguien le diera paciencia porque o sino partiría a golpes a ese maldito.
-Ella… ella... –demonios, el muchacho de pronto se había vuelto tartamudo y era en la parte más importante. –Ella...
-Habla de una buena vez ¡condenación!
-Ella tiene los ojos más bonitos que he visto y yo… jamás he conocido a alguien como ella…
¡Demonios no! Justo lo que le faltaba ahora que estaba más ocupado, un estúpido niñito andaba tras su hermanita pequeña, a la que tanto había cuidado.
Se acercó a Inokuma y lo agarró por el cuello. Pese a eso Inokuma no reacciono agresivamente, le puso la peor cara que tenía dentro de su repertorio.
-Escúchame bien porque te lo repetiré sólo una vez, tú… como te llames. Te acercas nuevamente a mi hermana y esa bonita carita tuya dejará de existir.
-Yano…
Fue lo único que dijo ese estúpido niñito y enseguida su chofer y dos hombres más estaban jalando de él como si fuese un muñequito.
-No suelo usar la fuerza de otros pero debo admitir que hoy estaba en desventaja, jamás podría pelear con el hermano de Sakura. Y tranquilo, desde ahora en adelante yo cuidare de ella. –Dijo con una sonrisa en ese rostro de niñita suyo.
¡Ese estúpido mocoso! Luchó contra los dos guarda espaldas y venció, pero antes de que pudiese llegar a el auto las puertas estaban cerradas y su chofer ya se había introducido para hacerlo andar.
Se quedó ahí de pie, viendo como ese lujoso auto se marchaba y sintiendo un severo dolor en el estomago. Sakura… él, le había dicho Sakura a su hermanita.
Caminó con paso aplomado hasta la puerta de su casa y con un humor de los mil demonios. Paso por alto a su hermana y a su padre que estaban cerca de la puerta, seguramente esperándolo. Sabía que esto pasaría algún día, Sakura era hermosa y no le faltarían pretendientes, pero no estaba preparado para esto hasta unos veinte años más.
El sonido de la puerta del cuarto de Touya sonó tan fuerte que le hizo daño a sus oídos.
-Papa… yo lo lamento, Touya…
Su padre le sonrió.
-Touya es Touya hija y siempre será Touya. Esta es la manera que él tiene de protegerte.
-Pero… yo ya estoy grande se cuidarme muy bien sola y él…
-Él… él le prometió a tu madre –había comenzado a decir su padre con voz triste –que te cuidaría pasara lo que pasará. Siempre aparentaba ser el hombre de este hogar, aún cuando tenía seis años intentaba hacer todo lo que podía en la casa, cargaba las maletas cuando yo llegaba de una excursión le ayudaba a tu madre y cuidaba de ti porque ella siempre le dijo, que tú eras él tesoro más importante que él podía tener.
Valla con que era eso, ahora no sabía si agradecérselo a su madre o reprochárselo.
Le dio un beso a su padre y decidió que era momento de descansar, le dolían las costillas y pronto terminaría sin poder respirar si seguía así.
Sacó su nuevo uniforme y se metió en la cama. Estaba realmente fría, perfecta para el calor que tenía su cuerpo por los golpes.
Ese maldito cuerpo suyo no le daba respiro. Sus costillas presionaban demasiado su pecho, como si todo el peso del mundo se centrara en su costado… todo… completamente todo sobre ella. La venda que le había puesto el médico de Tetsuya también presionaba limitando el ingreso de aire.
Poco a poco sus ojos comenzaron a pesarle tanto que fue imposible mantenerlos abiertos y así, con sus parpados pesados y su cuerpo fragmentado, se fue quedando dormida.
-.-.-.-
Ocho de la mañana del lunes en el colegio Eitoku Gakuen.
-Inokuma, no hace falta que andes pegado a mi espalda todo el tiempo. –desde que había llegado al colegió Inokuma parecía querer ser su sombra, no lo había dejado sólo ni un maldito instante.
-Es que no lo entiendes, hoy seguramente Sakura no vendrá y creo que es el momento más adecuado para ejecutar nuestro plan.
Se volteo a verlo, Inokuma definitivamente había enloquecido con los años.
-Perdón, no creo… -pero Inokuma se había puesto serio y entonces se dio cuenta cual era el porque y su rostro sin quererlo si quiera también se volvió sepulcral. Hiragizawa caminaba hacía ellos con una sonrisa tan pérfida como malvada en su jodido rostro.
-Nunca los creí con las agallas.
-Nosotros tampoco –contestó. Algo en este juego desde que había visto a Kinomoto herida, no le parecía nada bien.
Un túmulo de gente comenzó a acumulase a su alrededor. Detestaba eso.
-Nos necesitaras tarde o temprano Hiragizawa… no te conviene ir en contra de nosotros.
Le había dicho Inomkuma mientras él escuchaba los murmullos de los alumnos que decían que los tres más grandes no formarían alianzas. Y aquello era lo más probable, él no dejaría que un tirano sádico sometiera a sus empleados en unos años más.
-No, no lo haré… ni ahora ni después.
-Eres demasiado soberbio… Eriol –le dijo fríamente.
Un Ohhhh se había escuchado entre los alumnos del colegio Eitoku Gakuen por lo que él había dicho. Eriol e Inokuma se voltearon con asombro a mirarlo, estupefactos. Pese a que Hiragizawa cambió su rostro de asombro a ironía en cuestión de segundos.
-Hace mucho que no me llamabas Eriol, querido Shaoran.
-Pues ese es tu nombre no veo porque te extrañas.
Eriol sonrió, y él e Inokuma supieron que aquello era el comienzo de una gran batalla. Eriol pasó de ellos con su sequito de idiotas por detrás, Kenshi pasó a empujarlo y pese a que casi no alcanzó a verle la cara pudo distinguir el moretón que tenía en el pómulo derecho
Pese a que Eriol se había ido, había algo que no lo quería dejar tranquilo, esa maldita multitud de muchachas que los rodeaban.
-Porque no se han ido –preguntó él con rostro huraño a un Inokuma que sonreía amablemente.
-Al parecer les agrada vernos juntos.
Y después de todo eso tenía gran posibilidades de ser verdad. No quería lucirse pero él sabía que era uno de los chicos más codiciados al igual que Inokuma, no sabía bien si era por su gran billetera o realmente era por él, pero prefería no averiguarlo, después de todo, jamás le había gustado figurar y por injusto que sonase extrañamente eso parecía ser exactamente lo que siempre hacía. Suspiró. Ni modo, era la vida que le había tocado vivir.
La campana sonó, pero antes de que pudiese darse vuelta y caminar sintió un olor ya conocido que lo obligo a voltear su rostro.
-¡Sakura! -Había gritado Inokuma justo con el toque de la campana.
Ahí estaba ella, con sus labios más rosados que nunca, su cabello suelto y una expresión compungida en el rostro.
Inokuma corrió a abrazarla pero Sakura no respondió.
-¿Qué sucede, te encuentras mal? –le pregunto Inokuma un poco asustado.
-Que no es obvio. Porque demonios viniste Kinomoto –que no veía que si se quedaba ahí su estado de salud podía empeorar, tenía costillas rotas ¡Por Dios! no era un simple resfriado.
Ella lo miró ceñuda.
-Gracias por preocuparte Li pero me encuentro mejor que nunca.
-Esperó no estés mintiendo ojos bonitos, pero me alegra que hayas podido venir. Quería verte.
Sakura enrojeció y por alguna razón que se le escapaba ese comentario le molesto.
-Es mejor que vallamos a clases Kinomoto.
-Sí, creo que tú deberías hacer lo mismo Tetsuya –le dijo ella al muchacho de cabellos dorados.
Y él en cinco segundos estuvo corriendo hacía su salón.
-Aun te duele, no es así.
-Son sólo unas costillas, y sí. Pero dime Li… desde cuando te preocupas por gente tan humilde como yo.
¡Gruño! y giró su rostro. Esa mujer lo sacaba de quicio.
-No es preocupación, es sólo que no quiero oírte quejar durante todas las clases junto a mi oído.
Ella lo miró con rencor, pero no dijo nada y el siguió caminando.
-Descuida, no molestare a su majestad.
Llegaron a la sala, la clase ya estaba reunida y los alumnos comenzaban a murmurar sobre la llegada de Li junto a Kinomoto.
La señorita Misuki había faltado ese día también. Seguramente era causa de Eriol que precisamente hacía aparición al instante.
-Valla… con que has conseguido venir.
-¿Por qué no podría? es que acaso… has hecho algo que no recuerde.
La clase entera se calló, estaban desafiando a Eriol y eso era algo que no se veía todos los días.
-No seas estúpida Kinomoto… no es bueno jugar conmigo.
-¿A no? Y que me harás Hiragizawa, me encerraras en un cuarto con tres maleantes para que me golpeen.
Touché, eso había golpeado el orgullo de Eriol. Su plan había fracasado y ella se lo refregaba en la cara.
-Eres una idiota Kinomoto…
-Yo no lo creo Eriol… te ha sacado ventaja ¿Hay que reconocerlo no es verdad? –pregunto él mientras uno que otro de sus compañeros asentían. Y ese era el segundo golpe bajo porque jamás habían hecho tal cosa.
-Tú, tú y tú, afuera.
-Qué les harás idiota ¿Qué no entiendes que no eres el dueño de este lugar ni de sus alumnos?
Kinomoto se estaba poniendo roja de indignación.
-Y quien eres tú para juzgarme pequeña Kinomoto, no eres mejor que yo… de hecho me atrevería a apostar que eres mucho peor, eres egoísta.
-Puede que yo sea egoísta, aunque no veo por donde, pero no soy un sádico tirano enfermizo sin una vida que vivir.
-Eres más que egoísta Kinomoto, eres responsable de haber dejado a tu padre y hermano solos.
Los ojos de Kinomoto se habían abierto tan grandes como platos y el silencio en el salón era tan perpetuo que podía escuchar su propio corazón latir expectante.
Y la mano de Kinomoto se alzo para golpear el rostro de Eriol, pero este la detuvo justo antes de que chocara con su rostro.
-No me golpearas nunca más… Kinomoto. –le dijo despectivamente y volvió hasta su asiento para sentarse y conversar con los muchachos que ahora lo estaban rodeando.
Sé volteo a ver a Kinomoto pero esta permanecía inmóvil. Con el rostro perdido y compungido.
Y en todo ese día no volvió a hablar. Él regreso a su casa le comentó lo sucedido a Tetsuya y esperó a que fuese mañana, pero ese mañana la boca de Kinomoto también parecía sellada, pasaron más de cinco días de la misma manera, cada día el e Inokuma siempre la andaban rondando para vigilar que no le pasase nada y ahora unos cuantos de sus compañeros parecían mirarla de una manera diferente… incluso Tomoyo… sin embargo la boca de Kinomoto parecía sellada.
A la semana siguiente Kinomoto tenía una manera distinta de mirar, le parecía más decidida y ya volvía alegar y gritar como siempre.
-Pensé que te habías vuelto tan callada como yo. –le menciono mientras sacaba sus lápices.
-¿Como tú? –Le dijo sorprendida –Imposible.
Y ahí estaban sus agresiones nuevamente. Aunque debía admitir que le gustaban mucho más que ese mutismo extremo. Y por primera vez en meses él pudo sonreír de nuevo y fue una sonrisa dedicada para ella, aunque no se hubiese dado cuenta.
-.-.-.-.
Eran las once de la mañana. Durante toda la semana anterior Kinomoto no había hablado ni una sola palabra, sus ojos parecían vacios y cuando él pasaba junto a ella, ella ni siquiera lo percibía, lo peor de todo es que contra todo pronóstico, eso le molestaba desquiciadamente.
¡Era una mujer insoportable!
Respiro hondo. Estaba sentado cerca de una de las fuentes del colegio. Le había dicho a Kenshi que le fuera a buscar unos jugos. Desde el día de la cabaña lo usaba únicamente para los mandados, no podía tener privilegios si era un idiota incapaz de obedecer una simple orden.
Maho se abrazaba a él como si lo fuese a perder en el segundo que viene. Era tan asfixiante estar con ella, pero era tan hermosa… y podía dominarla tan bien como a un corderito.
Ahí pasaba Kinomoto otra vez junto a Tetsuya y Shaoran, sonriendo con esa cara de niña suya y ese cabello sedoso. Sus ojos verdes no podían distinguirse desde esa distancia pero aún así podía apreciar su figura desde ahí, esbelta, proporcionada, dulce… ¡Demonios! ¡Demonios! que rayos estaba pensando.
Volteó su rostro a Maho y la beso, tal vez así se le pasaba lo estúpido.
-E…Eriol... tú nunca haces eso.
-Y que, acaso no puedo hacerlo. Si no te gusta puedes marcharte. –sabía la respuesta, la sabía perfectamente.
-No, por supuesto que no, me encanta, pero es que...
El vibrador del celular se sintió en toda su pierna y contestó sin siquiera esperar a que Maho terminase su oración.
-¿Mamoru… está listo? –y si no era así Mamoru lo pagaría muy caro, le había perdonado lo de la bodega, pero esto sería demasiado.
-Por su puesto Eriol, en cuanto toquen la campana los guiaremos al gimnasio.
-¿Y los profesores?
-En los comedores, no podrán salir por lo menos en una hora.
-¿Cuánto dura el video?
-No lo sé con exactitud, pero puedo apostar a que ella no terminara de verlo.
-¿Quienes irán?
-Sólo… el salón A.
-Como siempre.
-Como siempre.
Y colgó.
Cinco segundos después la campana del colegió sonó y los alumnos de la clase A comenzaron a dirigirse uno a uno hacía el gran gimnasio.
Las cortinas negras de las ventanas se bajaron. Y él esperó a que todos ingresaran para poder comenzar. Esta… sería su gran venganza.
Se sentó delante. Y volteó su cabeza para ver si ella había llegado. Dos minutos más tarde la vio ingresar junto a Shaoran. Inokuma no llegaría, él no pertenecía al salón A.
Y ella avanzo varios puestos para quedarse justo tres puestos tras de él.
Entonces las puertas se cerraron. Ya nadie podría salir de ahí. Llamó a Mamoru y dio la orden. La música comenzó a tocar.
Y en dos segundos la gigantesca pantalla comenzó a emitir imágenes de una pequeña ciudad, volteo a ver a Kinomoto y nada valía el rostro que tenía en esos momentos.
La música y el momento trágico, las publicaciones en los diarios, todo se sucedía vertiginosamente en esa pantalla.
No pudieron salvarla pese al gran sacrificio.
Los doctores dicen que la mujer sufrió hasta su último respiro.
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"Hospital arriesga demandas.
Mujer de 28 años sacrifica su vida por su hija.
Niña es salvada gracias al sacrificio de su madre
Dos niños y un hombre acaban de quedar sin el pilar de sus vidas por un acto heroico.
Una madre es una madre, pero ¿quién tiene real derecho de vivir?"
.
Y mostraron más y más, y las imágenes de una pequeña Sakura se repetían ante sus ojos. Y antes de que la última imagen pudiera ser mostrada sintió el puño delgado de Kinomoto chocar contra su cara.
Cerró sus ojos. Si no se equivocaba esa maldita le había reventado la nariz.
La música y el video pararon, sintió como la gente se volvió a formar en círculo alrededor de ellos.
Y abrió los ojos por fin.
-Esto querías imbécil… querías verme así –Los ojos de Kinomoto no dejaban de llorar, su cabello estaba húmedo por las lagrimas, parecía agitada y sus hermosos ojos verdes se veían mucho más tristes y furiosos que nunca.
Ella volvió a intentar golpearlo pero él frenó su golpe sin embargo ella fue más rápida y lo pateó, lo pateó con una fuerza impresionante para provenir de ese cuerpo delgado y frágil. Y lo volvió a patear, lo araño y si no tuviese la suficiente fuerza como para agarrarla por la cintura apretarla y aventarla lejos al suelo jamás se la hubiese podido sacar de encima.
-Esto… era lo que querrías Hiragizawa.
Le dijo ella en el piso, con las manos en el suelo y el cabello cubriéndole el rostro. Comenzó a toser.
-Quería verme de esta manera Hiragizawa. Había olvidado todo eso… lo había olvidado completamente y tu…
Le repitió mientras levantaba su cabeza y él por primera vez se sentía culpable de algo.
Sus ojos verdes se inundaban de lagrimas, su boca sangraba y cada vez que tosía sangraba más. Sus luminosos ojos ahora tristes… dejaron de mirarlo con odio, porque simplemente a pesar de tener la vista fija en él habían dejado de estar consientes. Su frágil cuerpo se tambaleo en el suelo cuando ella se quiso levantar y en segundos Shaoran estuvo junto a ella. Le había dicho a Mamoru que no lo dejase intervenir, seguramente se había librado de alguna forma. Ella escupía sangre cada vez que tosía… y lloraba… lloraba con tanta fuerza que parecía difícil creer que esa era la hermosa y fuerte Kinomoto, sin embargo y pese a todo no podía negar que aún así se veía… maldita y oscuramente hermosa.
Se quedó ahí de pie perplejo, ni siquiera se dio cuenta de cuando Shaoran había dejado a Kinomoto con Yamasaki y había vuelto para darle un golpe en el rostro que realmente no se esperaba.
-No puedo creer que hayas caído tan bajo Eriol. Pero lo pagaras… porque todo en esta vida se paga y aunque no lo creas tú no eres ni nunca has sido una excepción a la regla.
-Que… que le sucede.
-Seguramente una de sus costillas rotas astillaron algo dentro de ella cuando la aventaste al suelo.
-De que… demonios hablas Shaoran. –Le grito sin poder dejar de mirar a Kinomoto un solo segundo… su cuerpo frágil sostenido por Yamasaki quien intentaba sacarla de ahí para llevársela a alguna clínica, le causaba una sensación muy parecida al remordimiento. Debía sentirse feliz, había ganado… ¿o no?
-Tus hombres… intentaron abusar de ella ese día Hiragizawa y le fracturaron dos costillas.
Y a pesar de eso ella había ido a clases, se había enfrentado a él y… había sido fuerte…
¡Maldición! Que demonios le pasaba, porque no sentía la felicidad que supuestamente debió haber sentido. Estúpida muchacha, estaba cambiando su maldito esquema a cada segundo.
Vio como Li y Yamasaki salían con Kinomoto del gimnasio. Y se sentó en una de las sillas.
-A salido de maravillas Eriol, no puedo creer que…
-Cállate Mamoru –por alguna razón los festejos de Mamoru le formaban un maldito nudo en su garganta. Él había mostrado ese día a Kinomoto, lo que su corazón no se había permitido ver durante mucho tiempo y seguramente lo había quebrado con ello. A todas luces eso debía ser una victoria, pero ese día, mientras sus compañeros lo alababan y los profesores comenzaban a salir del comedor en el que astutamente había ordenado que los encerraran, Hiragizawa Eriol no se sentía victorioso.
