Aquí dejo el capítulo nuevo de este fic.

Quiero advertir que este es un poco como un capítulo de relleno en la historia pero necesario. Si quiero reconciliarlos necesito primero que vean todos ciertas cosas y que piensen un poco. No os voy a hacer spoiler xD

Gracias por todos los comentarios, me hacéis muy feliz cuando los leo, espero recibir en este también jajajaja

Disclaimer: Hetalia no me pertenece.


Dinamarca corrió hacía el despacho de su jefe que seguramente, a estas horas y habiendo llegado una hora tarde, estaría enfadado y con la zapatilla en su mano para tirársela cuando lo viera entrar por la puerta. Solo esperaba que no fuera el caso y que lo pillara con buen humor, aunque viendo su suerte estaba claro que estaba pidiendo demasiado. Abrió la puerta una vez había llegado después del maratón que se había dado y entró casi sin mirar la cara de su jefe, quien solo lo miraba con el ceño fruncido claramente dispuesto a tirarle una zapatilla si Dinamarca no encontraba una buena excusa.

-¡Siento haber llegado tarde! -Gritó el danés intentando recuperar el aliento después de correr tanto. No recordaba haber corrido tanto en su vida después de la era de los vikingos. -Es que... Bueno... ya sabes, el despertador y esas cosas... je je je -Se rió nervioso al ver como una vena amenazaba con estallar en la frente de su presidente.

-¿El despertador y esas cosas? -Preguntó intentando aguantar sus ganas de estrangular a su nación.

-Claro, y esas cosas. -Dijo con una sonrisa. -Entienda usted, he tenido una tarde muy movida ayer y entre unas cosas y otras pues... Ha pasado.

-¡Aprende a ser más responsable, Dinamarca! -Le gritó, Dinamarca cerró los ojos ante el grito que había dado su presidente. Lo había enfadado otra vez. -¡Cuántas veces pretendes llegar tarde! Si no es por una cosa es por otra... ¡¿Qué ha pasado esta vez?!

-Bueno... Es algo difícil de explicar... -El danes de verdad no quería contar nada de lo sucedido ayer, no creía que fuera necesario y recordar la mirada de dolor de Islandia y sus gritos más la mirada triste de Noruega le era doloroso. Sabía que, de alguna manera, tenía parte de la culpa, pero aun no se había parado a pensarlo detenidamente. -Jefe, mejor te cuento lo que pasó en la reunión que para eso estoy aquí, ja ja -Dijo intentando cambiar de tema.

-Claro, explica como fueron las cosas. -habló algo más calmado pero sin olvidar que después preguntaría de nuevo a su nación, sabía que ocultaba algo y como presidente debía saberlo por si era peligroso para su país o no.

-Verás, como ya sabe usted, la reunión era por el volcán que ha entrado en erupción de Islandia que nos ha causado varios problemas a muchos. -Empezó. -Todos empezaron a culpar, sin tener consideración, a Islandia como si lo hubiera provocado a posta, claramente, mentira. Entre las naciones que lo culparon entran Inglaterra y Rusia.

-¿A sí? -Preguntó el presidente de Dinamarca extrañado. -Solo lo he visto una vez pero no me parece que sea la típica nación que quiera causar problemas.

-¡Claro que no lo es, jefe! -Dijo con una sonrisa. -Islandia jamás haría algo así, odia los volcanes, le hacen daño y termina muy cansado siempre. Lo dejan muy agotado. Esas naciones son idiotas, ni siquiera se han molestado en conocerlo mejor. -Dinamarca dijo eso pero pensó que, entre ellos, él y los otros nórdicos deberían estar incluidos al no saber como se sentía el pequeño.

-¿Qué sucedió luego? -Preguntó interesado en que debería de haber pasado ante la situación.

Dinamarca debía pensar en que decir ahora. No quería mencionar el tema, eso lo tenía claro, así que debía inventar algo cuanto antes. Rápidamente, pensó en diferentes situaciones que resultaran creíbles a los oídos de su jefe – que conocía a todos los nórdicos – y se le ocurrió una que quizás fuera suficiente.

-Bueno, después de eso salté enfadado y luego Noruega y se lió bastante. -Mintió manteniendo su sonrisa aunque un poco nerviosa esperando que le creyera. Notó la mirada de su jefe en él.

-¡Ya la volviste a liar! -Le gritó. -¿Es que no puedes estar tranquilo sin causar problemas? ¡Mira que llegas a ser inútil! -Al parecer se lo había creído.

Dinamarca rió nervioso aparentando estarlo por los gritos y, después de unos cuantos gritos más y unas quejas por allá su jefe le dijo que se fuera sin mencionar el tema. Extrañado pero más tranquilo asintió mientras se levantaba de su asiento para marcharse. La presión no era buena, lo había confirmado. Esperaba no tener que volver a sufrir tal presión o se volvería tan amargado como lo era Inglaterra o Suiza ¡o peor! ¡Suecia!.

-Dinamarca. -Lo llamó. Dinamarca se giró a verlo un momento más tranquilo. -Se que has ocultado algo. -El danés lo miró nervioso. -Si no quieres contarlo será por buenos motivos, espero, pero sabes que si quieres luego hablar de ello puedes contar conmigo, eres mi nación después de todo.

El danés lo miró entre asombrado y agradecido por la comprensión de su presidente y sonrió como solo él sabía, una verdadera sonrisa. Asintió y se marchó de allí. Lentamente, fue caminando hasta su coche donde una vez llegó se sentó y suspiró derrotado. Puso una mano en su rostro tapando sus azules ojos y la otra a un costado suyo cerrada en un puño. Analizando todo cuanto le había pasado, comenzó a reírse desesperadamente. Ya no tenía ganas ni de quejarse, solo de reír y reír sin hacerle verdaderamente gracia.

Después de un buen tiempo riendo borró su inseparable sonrisa mostrando un rostro más serio como la situación lo requería. Ya no sabía que hacer. Islandia le importaba más de lo que querría admitir en voz alta, mucho más que Finlandia, mucho más que incluso Noruega – y eso ya era demasiado sabiendo como apreciaba al noruego aunque este lo insultara y le pegara – y, por supuesto, más que Suecia. No sabía como interpretar ese sentimiento que nacía en su pecho y ese malestar en su estómago cuando pensaba en el menor y, sobretodo, ese dolor que sentía en su pecho cuando Islandia gritó y, sin decirlo directamente, lo culpó por su carácter en aquella época por la marcha de Noruega de su enorme casa.

Apartó la mano de su rostro mostrando sus ojos ahora fríos y vacíos. Le venían recuerdos de aquella época cuando todos estaban en su casa, cuando Suecia y Finlandia lo abandonaron, cuando Noruega lo abandonó y, por supuesto, cuando Islandia también se fue. Estaba solo, muy solo. Se sentía demasiado vacío por dentro y por fuera, demasiado como para seguir fingiendo, al menos, ahora que estaba solo.

FLASHBACK

Dinamarca se encontraba sentado al lado de la puerta por donde se había ido horas antes Noruega sin siquiera despedirse, sin mirar atrás o decir el motivo de su ida, aunque en el fondo el danés sabía el motivo, pero no quería admitir que era por su culpa. La culpa era de Suecia y de todos los que no sabían valorar el favor que les había echo al cuidarlos, él, el rey del norte. ¡Era el mayor! ¡Debía protegerlos a todos y así se lo agradecían!

Su mirada, llena de furia contenida, dejaba claro a todos los sirvientes que no era el mejor momento para hablarle. Islandia lo miraba de lejos escondido en el marco de la elegante puerta marrón con decorado dorado. Su mirada era triste por el abandono de Noruega que era el único que sabía como tratar con Dinamarca cuando este entraba en depresión o en locura y, además, era como su hermano.

Dinamarca miró a su alrededor, sus ojos vacíos se posaban en cada uno de sus sirvientes que lo miraban asustados y tristes al verle en tal estado. Frunció el ceño molesto por esas miradas. ¿Le tenían pena, a él, el rey del norte? ¡Impensable!. Molesto por la situación se levantó de golpe sin despegar su vacía mirada de uno de sus sirvientes que, al verlo levantarse de pronto, solo tembló y bajó la mirada sin moverse del sitio.

Islandia observaba todo cuando sucedía sin moverse, no por miedo, si no porque sabía que no era el mejor momento de aparecer. Noruega le había dicho cosas sobre como era Dinamarca cuando perdía el control de si mismo y, al parecer, iba a suceder de nuevo. Si Noruega no se hubiera ido tan de improvisto, si tan solo se hubiera despedido, quizás esto no pasaría. Triste pero sin querer culparlo se apartó un poco para esconderse mejor e intentar no ser visto de momento.

Dinamarca comenzó a caminar lentamente hacia el sirviente y, cuando nadie se lo esperó, lo golpeó con todas sus fuerzas sin cambiar su expresión seria y carente de emociones, aunque el isleño juraría ver en sus ojos algo de ira acumulada por el estrés. El sirviente cayó al suelo chocando contra este y la pared que tenía detrás suyo. Sin moverse más por las heridas que por el miedo que le recorría todo su cuerpo, miró hacia otro lado.

-¡Quiénes os creéis que sois para mirarme de esa manera! -Gritó el danés enfurecido. -¡Soy el rey del norte! ¡Nadie me tiene pena! ¡Nadie me compadece!

-Se-Señor... No-Nosotros no... Le... Te-Tenemos pena... -Murmuró el sirviente muy asustado mientras se sujetaba la herida de su cabeza que sangraba mucho y solo le dejaba ver por un solo ojo.

-¿Qué no me tenéis pena?... -Susurró Dinamarca mirándolo como si viera un simple y aburrido objeto. -Que no se os olvide quien sois, simples humanos. ¡¿Quién soy, di?!

-Er-Eres el.. Re-Rey del No-Norte, Se-Señor...

-¡Una vez más, dilo!

-El Re-Rey del No-Norte...

Islandia observaba todo con los ojos abiertos sin poder ni pensar en cerrarlos. Jamás había tratado así a un sirviente. Queriendo correr pero sin que sus piernas le respondieran, Islandia solo pensaba que si Noruega estuviera aquí esto no hubiera pasado y que ese sirviente tan solo un hombre ya mayor no estaría pasando por eso. Aun pensando eso, Islandia no podía culpar al noruego de querer irse.

Dinamarca miró a otro sirviente y así, sucesivamente, uno por uno era golpeado por sus fuertes manos y sus poderosas patadas en la cabeza, el estómago o cualquier lugar que encontrara bueno. Daba igual si eran mujeres, niños o ancianos, Dinamarca en esos momentos no distinguía a nadie en absoluto y, uno por uno, les fue obligando a decir lo mismo y quien lo decía sin el ánimo que a él le gustaba lo volvía a golpear.

Su cuerpo temblaba de furia absoluta y, aunque dentro de su mente gritaba basta, que se detuviera, su cuerpo se movía solo, por inercia. Vio en la esquina algo y, al girarse, encontró los cabellos platinos de Islandia quien, entonces, poseía un cuerpo de un adolescente de catorce o quince años aproximadamente. Islandia al saberse descubierto tembló un poco pero se mantuvo firme donde estaba.

El danés fue caminando lentamente hacia él por el camino lleno de objetos rotos -tirados por él en su momento de furia – y cuerpos vivos pero inconscientes. Islandia salió de donde se encontraba pero manteniéndose bien firme aunque por dentro estuviera casi llorando del mismo miedo y aunque su pájaro se hubiera ido del mismo susto dejándolo allí solo ante el mayor peligro que, de momento, había vivido.

Cuando estuvo cerca suyo se paró sin dejar de mirarlo fijamente. Los ojos azules de Dinamarca se fijaron en los ligeramente alilados de Islandia pero no se movió del lugar ni hizo amago de querer hacerlo. El danés apreciaba mucho al adolescente y su mente conseguía, por el momento, dominar su cuerpo ante la visión de este que no se molestaba en escapar sabiendo que no era lo mejor en estos momentos y sin mirarlo con pena, solo con ligero miedo y decisión de no moverse de donde se encontraba.

-Dinamarca... -Llamó Islandia. -Es de fuertes mantenerse firme sin soltar ni una sola lágrima ante un suceso triste, cualquiera que sea este. -Le murmuró tranquilo viendo como el danés se relajaba lentamente y sus ojos volvían a estar vacíos sin poseer ni siquiera la misma ira. -Pero... Es de más fuertes los que lloran cuando deben hacerlo y no se dedican a pagarlo con los demás.

Sabiendo que quizás eso desataría la furia del más grande, Islandia no se arrepintió. Noruega se había atrevido a enfrentarlo cuando este se ponía furioso y, por supuesto, él no sería menos.

Como si fuera por arte de magia, Dinamarca cayó de rodillas ante las palabras de Islandia. Este lo miró sorprendido al ver como los ojos del danés brillaban por las lágrimas que estaba derramando en silencio. Hasta ahora, jamás había llorado. Siempre lloraba dentro de su corazón porque, según su mentalidad, llorar era para los más débiles y él no lo era. Él era el mismísimo rey del norte, el más poderoso entre todos los países del norteños y, ni siquiera Noruega pudo hacer que llorara, pero ahora se encontraba con que aquel adolescente tan callado lo había conseguido con tan solo unas simples palabras. Había conseguido hacer llorar al rey.

-Se fue... -Murmuró mientras Islandia se arrodillaba y lo abrazaba.

-Debes aceptar que todos nos vamos marchando poco a poco. Tarde o temprano llegará mi turno, pero no por eso dejaremos de estar a tu lado... Es molesto que tomes esa actitud tan a la defensiva.

Dinamarca no se dio cuenta hasta más tarde, pero Islandia, en ese momento, también estaba llorando y lo había abrazado para ocultar sus lágrimas.

FIN FLASHBACK

Dinamarca cerró los ojos ante el recuerdo aquel que le había venido a su mente en aquellos momentos. Esa vez fue la primera en la que se molestó en fijarse en el isleño ante la curiosidad que le entró al ser el único que, hasta ahora, lo ha visto llorar y que encima fuera él quien lo provocara. No dudaba en que, después de aquel largo llanto, se sintió mucho mejor y que si lloraba ahora seguro que también lo sentiría, pero simplemente no quería hacerlo. Su orgullo era mucho.

Todo lo que hizo, sus palabras, sus acciones y la manera como los trataba, todo era por la seguridad de ellos porque él, como el mayor, debía protegerlos. Él era el más fuerte, según su punto de vista, y su deber era ese. Quizás, solo quizás, era hora de pensar que se había equivocado en algunas cosas y que no debía de haberlos tratado como los trató y que, en parte, tenía la culpa de como se sentía Islandia. Después de todo, cuando se fue Noruega y después de aquel momento en el que lloró no volvió a hablarle durante mucho tiempo culpándolo de haber hecho que el rey del norte llorara ante sus pies.

Se había equivocado en algunas cosas, eso lo sabía, pero admitirlo era mucho más difícil. Ahora, después de tantos años y aun sintiéndose solo, sabe que el motivo de que todos se fueran era justificado y él ha cambiado en estos años, claro que lo ha hecho. Ya no es ese que sonreía con autosuficiencia mientras veía a todos los demás como débiles que necesitaban de su protección, sabía que Noruega, Finlandia, Suecia y hasta Islandia podían valerse por si mismos. Ya no era ese que se creía la mejor joya entre todas las existentes. Sabía su posición en este mundo, pero no quería admitirla.

Desesperado, llamó a su jefe aun estando aun en la puerta del congreso. Durante unos largos minutos le contó todo, absolutamente todo, y su jefe lo escuchó sin juzgarlo, sin gritarle ni interrumpirle, y cuando terminó habló.

-Dinamarca, es hora de que todos os reunáis. -Dijo -Es hora de que os contéis toda la verdad.

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Suecia llevaba despierto mucho rato. Se había levantado como siempre bien temprano y, después de hablar con su jefe por teléfono al no querer verlo cara a cara por razones obvias se sentó a ver la televisión aunque en esta no dieran nada que de verdad le interesara. De echo, la miraba sin verla realmente. Su mente estaba en otra parte, concretamente, en lo que había pasado ayer con Finlandia. Jamás esperó que este le diera un ultimátum y mucho menos de ese tipo.

¿Ver que tenía de bueno Dinamarca? Eso era absurdo hasta para las palabras siempre sensatas de Finlandia. Dinamarca no tenía nada de bueno, nunca lo tuvo. Todo lo que el danés hacía, lo hacía mal. Todo lo que el danés decía, lo decía mal. Todo de Dinamarca estaba mal ante sus ojos. No recordara que hubiera hecho algo verdaderamente bueno en lo que llevaban de vida -Y mira que era larga la vida que llevaban vivida -, por lo que el era imposible pensar eso que Finlandia buscaba que viera.

Miró el reloj que tenía en la pared. Era la hora de comer y no tenía hambre, tampoco sabía que hacer de comer. Normalmente se iría a casa de Finlandia y comerían juntos o este vendría a su casa, pero eso no parece posible por el momento por varios motivos, entre ellos, que no podía mirarle a la cara. Claro, él tenía bien claro que amaba a Finlandia y este lo sabía, eran, de echo, una pareja; bueno, ya no ¿Verdad?. Suecia sabía que Finlandia enfadado era terrible, pero no era el miedo lo que le impedía verlo, nada de eso, él casi ni conocía lo que era el mido. Lo que impedía verlo era la impotencia y lo avergonzado que estaba al no haberse dado cuenta de lo mal y solo que siempre se sintió Finlandia cuando se encontraba con ellos.

¿Cómo no podía haberse dado cuenta de aquel detalle? Suecia, pensaba, que seguramente había estado toda su vida tan obsesionado con Dinamarca y en odiarlo que no veía lo que tenía a su alrededor. Solo tenía ojos para odia al danés en todo lo que hacía o decía así sin pensar en como se debían de sentir los demás. Quizás por eso Finlandia estaba enfadado. Tampoco de había dado cuenta de que Islandia amaba a Dinamarca y viceversa. Ahora que lo pensaba ¿Noruega no estaba tirado en el suelo ante las palabras de Islandia? Bien, y ahora se daba cuenta, un día después.

Quizás tuviera razón.

Quizás, solo quizás, debería pensar menos en el odio hacia Dinamarca y ver si de verdad habían cosas buenas en él.

Claro, solo quizás.