Derechos: Los personajes le pertenecen a S.M, quien es la que nos hace soñar con cada uno de ellos, cualquier otro personaje que no sea identificado, es totalmente mío, como la historia.
Capítulo beteado por Sool Pattinson. Beta FFAD.
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Los juguetes tirados sobre la alfombra de la casa, dieron a Edward la bienvenida. Él sonrió al ver a dos cuerpos sobre el sofá-cama, pasó el dorso de su dedo índice sobre las mejillas sonrojadas de su pequeña hija y besó los labios entreabiertos de su esposa.
Bella se removió y sonrió con los ojos cerrados al sentir el aliento de Edward colarse en su interior, cuando él se iba a separar, ella lo atrajo a su cuerpo, sosteniéndolo por la nuca y besándolo intensamente.
—La bebé —gruñó Edward al sentir que ella le desabotonaba la camisa.
—¿Puedes llevarla a su habitación? —Él asintió separándose de ella y tomó a la niña entre sus brazos para llevarla a la recámara.
Tenía urgencia.
Últimamente los horarios de ambos se habían cruzado, sin poder tener tiempo para estar juntos. Necesitaba estar dentro de la cálida cavidad de su mujer para sentirse completo. A Bella le ocurría lo mismo; estaba desesperada y a punto de cometer un asesinato -a favor de muchos-, con Tanya; ya que esta se encargaba de manejar sus horarios, volviéndolos locos.
Edward dejó a su hija en la cuna, depositándole un beso en la frente. Cogió el monitor y bajó a la sala donde se encontraba Bella recogiendo los juguetes que habían esparcidos mientras jugaban.
—¿Se despertó? —El cobrizo negó con una pequeña sacudida de cabeza mientras se acercaba al asecho de su mujer, con una sonrisa malvada.
—Me escapé del trabajo. Apuesto que Tanya debe estar echando fuego, así que apaga el celular que yo desconectaré el teléfono. Emmett me debía una. —Le guiñó el ojo. Bella buscó su móvil e hizo lo pedido.
—Listo. —Sonrió.
—Ahora, ven acá y déjame besarte como se manda. —Bella se lanzó a los brazos de su marido, besándolo apasionadamente; él la arrinconó invadiendo su boca con la lengua. Ella se pegó a su cuerpo, pasando los brazos por la nuca de Edward, quien recorría los costados del cuerpo de ella perezosamente, detuvo sus manos al borde de la camiseta que la cubría, jugando mientras saboreaba cada rincón de la boca con su lengua.
Se sentía en casa. El cuerpo de su mujer era su hogar, el que había sido habitado por su pequeña hija casi dos años atrás.
Las manos de Bella comenzaron desabotonar la camisa de él con desesperación. Tanta, que si no fuese parte del uniforme, hubiera pasado a pertenecer a la pila de camisas sin botones en alguna parte del armario. Alzó los brazos para que su blusa estuviera fuera de su cuerpo. Ambos gruñeron al sentir sus torsos desnudos chocar.
—Te necesito... —murmuró Edward sin despegar los labios de la piel de su esposa, quien tarareó indicándole que se sentía igual de ansiosa que él.
Una mano se coló por el hilván del short que tenía puesto Bella, los dedos del cobrizo acariciaron la cara interna del muslo hasta llegar a la tela de las bragas, la hizo a un lado y con el dedo índice frotó los labios vaginales haciendo que la joven se retuerza.
—Quítate el short —demandó, dejando de acariciarla. Ella enseguida lo hizo; deslizó el pedazo de tela por sus piernas hasta el suelo y con una pequeña patada la alejó de ellos—. Lo lamento, pero no seré dulce. —Le mordió el lóbulo de la oreja. Ella se encogió de hombros.
—No estamos para perder el tiempo. —Edward asintió y rápidamente se deshizo de la camisa y los pantalones quedando en bóxer.
Bella volvió al ataque de la boca de su esposo, tocándole el miembro por encima de la tela de la prenda; gruñó, quería sentir la suave piel de su polla.
Edward le quitó las manos de su pene para comenzar a recorrer el cuerpo con su boca, bajó lamiendo el mentón hasta llegar al cuello donde dio una pequeña mordida, haciendo que el cuerpo de Bella se estremezca. Lamió el canal de los senos, dio mordiscos a cada uno antes de deshacerse del brassier y meter, uno a uno, los pezones en su boca para saborear un poco la leche que alimentaba a su hija por las noches antes de ir a la cama. Continuó su recorrido besando tiernamente alrededor del pequeño bulto que cobijaba a su otro pequeño.
—Espero que sea niño —murmuró. Bella desde arriba le arqueó una ceja esperando la respuesta al comentario.
—Amor, no siempre tendré a mis amigos rondando el terreno. —La castaña no pudo evitar que una carcajada se escapara de sus labios, acarició dulcemente los cabellos de su esposo.
Edward continuó con los besos y manos traviesas que subían y bajaban acariciando los muslos de su mujer.
—Bragas. Fuera —gruñó, arrancando el pequeño pedazo de tela que cubría lo que él llamaba "hogar".
Los besos fueron cambiados por lamidas que descendían un poco hasta llegar al sexo de Bella. Él la miró desde su posición a través de las pestañas con una coqueta sonrisa bailando entre sus labios. Subió la pierna de ella a su hombro para tener mejor acceso.
Bella echó la cabeza hacia atrás al sentir la lengua de su esposo rodear su clítoris, hizo las manos puños dando un pequeño golpe a la pared gimiendo por el placer que estaba recibiendo. Luego de unas cuantas lamidas, chupadas y mordiscos, Edward reemplazó su lengua por un dedo, entrando y saliendo de la cavidad. Si ella miraba hacia abajo, se encontraba con una mata de cabellos castaños entre sus piernas, empuñó un poco de pelo para acercarlo más -como si fuera posible- a su centro.
La electricidad comenzó a formarse en el inicio de la columna vertebral y se desplazó hacia el vientre bajo para hospedarse como una tormenta que explotaría en cualquier momento. El miembro de Edward se removió incómodo dentro del bóxer, sabía que en el momento que su mujer explotara, él también lo haría. No había placer más reconfortante que el orgasmo de Bella en su boca.
Metió un segundo dedo haciendo que ella gruñera y se remueva, mordisqueó el clítoris y dobló los dedos hacia el punto que la volvía loca. Ella gritó entre gemidos cuando la burbuja del orgasmo explotó en su vientre. Edward tomó cada gota, mientras se permitió llevar la mano a su polla para tirar de ella un par de veces y correrse fuertemente.
El cuerpo de Bella se relajó, deslizándose por la pared hasta llegar al suelo donde estaba su esposo sentado y riendo, mientras miraba el charco que tenían entre sus piernas.
—¿Qué...? —jadeó Bella siguiendo la mirada. El hombre se encogió de hombros y la atrajo a su cuerpo para abrazarla.
—Vamos al sofá.
Edward se levantó, las piernas le temblaban un poco por el fuerte orgasmo que lo había atacado, pero él no le permitiría a su esposa caminar; hacía mucho tiempo que no la mimaba como correspondía a causa de los diversos horarios. Pasó un brazo por debajo de las piernas y el otro por la espalda; la levantó y la llevó directamente hacia el sofá donde había estado su pequeña hija durmiendo. Bella se tumbó de espaldas al acolchado, suspirando. Los ojos se le cerraban, pero ella no quería quedarse así. Deseaba sentirlo dentro y entregarle el placer que le había dado.
Edward se tumbó a su lado y la atrajo a su cuerpo.
—Si tienes sueño podemos continuar otro día —comentó.
—No, señor. —Bella rió—. Quiero hacer el amor contigo. —Se sentó a horcajadas de él, rozando sus sexos. Ambos gimieron, ella se alzó y bajó llenándose de Edward. Cerró los ojos al sentirlo dentro, quedándose estática antes de comenzar a mover sus caderas de arriba a abajo.
Sentían mayor placer al estar así. Más que cualquier orgasmo. Más que cualquier satisfacción o posición que hayan practicado en su relación. Tenerlo dentro, o estar dentro de ella, era el mayor placer satisfactorio orgásmico que cualquier otra persona podría experimentar. Lo que ellos sentían ni se podía considerar amor porque estaba fuera de los límites.
Mientras Edward se movía en el interior de Bella, le decía cuánto la amaba y suavemente pasaba las yemas de sus dedos sobre el pequeño bulto que se formaba en el vientre, permitiendo que ella llevara el ritmo de las estocadas ya que tenía miedo de que algo le sucediera al bebé o a ella.
Cuando las contracciones se hicieron más fuertes, Bella trató de bajar el ritmo y procurar que el orgasmo que estaba a punto de azotarla fuera leve y prolongarlo, soltándolo de a poco, puesto que había leído que los orgasmos fuertes podrían causar una amenaza de aborto. Edward se dio cuenta de la situación y la detuvo sujetándola por la cintura para acercarla a su boca y besarla, sin moverse. Cuando sintió que las paredes vaginales se relajaban, se movió un poco dentro de ella, haciéndola correrse al instante, junto con él.
Bella no necesitó palabras o algo después de la maravillosa sesión que tuvieron, se dejó caer con el cuerpo ligero sobre el pecho de su esposo y cerró los ojos por el cansancio. Edward le siguió los pasos, quedándose dormido en la misma posición.
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Unos fuertes golpes en la puerta hicieron que Edward abriera los ojos desorientado, bajó la mirada hacia su pecho para toparse con la cabellera castaña de su mujer, suspiró y sonrió acariciando el brazo con su mano. Aún somnoliento, se acurrucó contra el cuerpo de su esposa, cerrando los ojos para que el sueño lo volviera a consumir. Pero eso no pasó, ya que parecía que alguien iba a terminar derrumbando a golpes la puerta principal para ingresar al hogar.
Gruñó antes de acomodarla cuidadosamente y cubrirla con la sábana que estaba amontonada en el suelo; se puso los pantalones sin ropa interior y caminó hacia la puerta que estaba a punto de ser derrumbada.
—¡Voy! —gruñó y abrió sin preguntar quién era.
Emmett, al otro lado, se había quedado con la mano hecha puño en el aire y sonrió abiertamente, mostrando sus perfectos dientes blancos.
—¿Interrumpo algo?
—No, tranquilo. —Edward sonrió y pasó su mano por el cabello, tratando de peinarlo—. ¿Sucede algo para que estés tirándome la puerta abajo?
—Hombre, me estaba preocupando. Llamé al celular de Bella y no contestó; llamé al tuyo, lo mismo, la operadora; y en la casa, el teléfono sin comunicación. —Suspiró—. Si interrumpí algo, lo lamento. Necesitamos un criminalista.
—No te preocupes. Voy a cambiarme de ropa y enseg...
—Criminalista mujer —interrumpió Emmett—. Es que tenemos el caso de una niña, al parecer ha sido violada, pero la madre quiere que sea una mujer quien lleve la investigación. —Hizo una mueca—. Ya sabes... madres.
—Oh, tranquilo. Iré a avisarle a Bella, ¿quieres pasar?
—No. —Emmett se encogió de brazos—. Espero aquí. La noche está fresca.
—Gracias, hermano. —Edward le palmeó el hombro antes de cerrar la puerta de la casa e ir en busca de Bella, quien estaba dormida mientras abrazaba, posesivamente, la almohada donde Edward había apoyado la cabeza.
Se acercó a verla. Ella tenía el ceño fruncido y un puchero en sus labios, movía la nariz y soltaba pequeños quejidos. El cobrizo rió y se sentó en el filo para para comenzar a besar el rostro, con pena, ya que odiaba despertarla.
—¿Bella? —murmuró besándole la punta de la nariz—. Amor, tienes que ir a trabajar.
—No... —La castaña se removió soltando quejidos.
—Sí, amor. Emmett te está esperando afuera... —Besó sus labios—. Vamos, pequeña perezosa, tienes que trabajar.
—No... Quiero dormir —se quejó ella mientras se volteaba haciendo que la sábana se enredara entre sus piernas sin cubrir su trasero.
—Pequeña... —Edward le mordió el lóbulo de la oreja, mientras masajeaba el cachete que estaba a su alcance.
—¿Un rapidito? —murmuró Bella, mirándolo sobre su hombro.
¡Al diablo! Desechó de la mente la idea de comportarse bien. ¿Su mujer quería un rapidito? ¡Pues un rapidito tendría! Ni Emmett, ni nadie iba a hacer que él no complazca a su mujer. No era nadie para negarle nada.
Literalmente, arrancó los pantalones de sus piernas para acostarse de lado a espaldas de Bella. Su miembro saltaba feliz rozando la piel de ella. La joven subió su pierna sobre las de Edward para que él pudiera ubicarse en su entrada y clavarse con un solo movimiento. Ambos gimieron por el contacto. Los movimientos se hicieron cada vez más rápidos mientras la mano del cobrizo se dedicaba a pellizcarle el botón de placer, besaba y lamía todo lo que estaba a su alcance. Solo bastó un pequeño empujón y caricia para que las paredes de ella se comenzaran a contraer.
—Vamos, Bella... —gimió en su oído—. Nena, estoy cerca.
—Yo... —ella gimió—. Ahí... oh, sí... estoy a pun… —soltó un grito ahogado al sentir el orgasmo que atravesó su cuerpo, dejándola ligera.
Un pequeño empujón provocó que Edward alcanzara su culminación, gimió en el oído de su esposa, llenándola por completo. Ambos sonrieron satisfechos mientras esperaban que sus respiraciones se normalizaran.
—Emmett está afuera. Ve a bañarte. —Edward salió del interior de su esposa y le dio una pequeña nalgada empujándola para que se levante.
Bella se puso de pie, desnuda, y caminó directo al baño que estaba en la planta baja, moviendo sus caderas provocativamente. Edward rió, negando. Esa era su Bella, la mujer de la cual estaba enamorado; sin inhibiciones, coqueta y hermosa que sabía manejar muy bien sus cartas provocándolo.
El monitor de la bebé lo sacó de su trance, salió del sofá para ir a su habitación, ponerse algo de ropa e ir por su pequeña hija que lo estaba llamando.
Bella ingresó a la habitación envuelta en una toalla blanca, buscó la camiseta polo con iniciales de la policía de Boston y su nombre bordados, unos jeans y las Converse negras. Se vistió e hizo una coleta con su cabello.
En la habitación de su hija se encontraba Edward dándole un biberón de leche a la pequeña, mientras ella pasaba la palma de su mano en la barbilla de su padre, riendo por la comezón que le causaban los vellos.
—Me voy. —Se acercó y le dio un beso a cada uno—. En la nevera hay comida, la calientas para cenar. No me esperes despierto, diviértanse.
—Adiós, nena. Esta señorita y yo iremos a visitar a los abuelos.
—Besos. Los amo.
—Nosotros también —contestó Edward, lanzándole un beso.
Bella salió de la habitación para ir a reunirse con su amigo que estaba silbando aburrido, apoyado en el capó del auto.
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Edward dejó a la pequeña en el corral con algunos juguetes para dirigirse al baño a tomar una ducha antes de ir hacia la casa de sus padres.
El celular comenzó a sonar cuando estaba terminado de vestirse, con un suspiro lo cogió viendo en el identificador el número de Bella.
—¿Diga?
—¿Amor? —Bella jadeó—. ¿Puedes venir?
OoOoOoO
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