Stop the World That I Get Off
Hermione y Draco se encontraban, como no podía ser de otra forma, en la sala de los menesteres pero, en esta ocasión, sentados en el suelo en la posición del loto, como le había explicado al Slytherin, sobre una de esas moquetas sobre la que uno se tumbaría ante la chimenea en compañía de tu pareja ofreciendo una escena de lo más romántica.
Esta no era una de esas escenas.
Solamente necesitó algo más de un par de semanas para encontrar la, posible, solución al problema de que Draco no recordase nada de lo ya vivido entre ellos y que la obligaba a tener que mostrarle el recuerdo cada vez que tenía que ir a hablar con él. Y no era solamente porque si Draco recordase ganarían tiempo sino que Hermione se encontró sintiendo angustia y pena, sin olvidarse de un dolor punzante en el pecho, cada vez que volvía a encontrarse con un Malfoy que la miraba primero con sorpresa al haber logrado entrar en la sala de los menesteres y luego con desprecio por… por ser Hermione Granger.
En parte, pero siempre primero la necesidad de encontrar una solución a toda esta situación en la que se encontraba, se trataba de algo egoísta por parte de Hermione para poder tener a ese Draco Malfoy amable con ella y al que, de vez en cuando, podía atreverse a besarle.
Se dice que a las chicas les gustan los chicos malos, algo que Draco podría representar como su ¿portavoz?, ¿rey?, ¿o directamente emperador? Pero este curso había descubierto un lado de Draco que nunca había mostrado durante todos los años desde que le conoció por primera vez. Un lado provocado por la angustiosa situación en la que se había visto implicado y que dejaba claro que, por mucho que lo hubiera intentado ocultar con su actitud habitual, Draco poseía un corazón que sufría por aquellos a los que quería. En este caso su familia.
Y para incidir más en la parte egoísta Hermione deseaba formar parte de ese selecto grupo de personas que habitaban el corazón dolido de Draco.
¿El ejercicio físico resultaba agotador? De seguro que los practicantes de quidditch así te lo podrían afirmar pero se sorprenderían, agotadoramente, al descubrir que el ejercicio mental te reducía a una renqueante masa de gelatina a la que le costaba barbaridades el tan solo respirar.
Hermione se dejó caer de espaldas mientras trataba de recuperar un aliento que ni sabía había perdido durante el ejercicio pero que ahora semejaba como si hubiera salido a la superficie del mar tras haber realizado una profunda inmersión. Con sus ojos entrecerrados vio que Draco, en cambio, a pesar del cansancio evidente que mostraba, seguía sentado en la misma postura pero ahora con sus manos apoyadas sobre las piernas mientras trataba de normalizar su respiración.
A Hermione todo esto le resultaba una situación de lo más erótica, aunque solamente fuera por los fuertes jadeos que soltaban.
—¿Crees qué esto servirá para algo, Hermione?
Cerrando los ojos se dejó recrear en la manera en que su nombre sonaba viniendo de sus labios y con su voz fogosa con la que podía formar un escenario no muy diferente al actual salvo por la falta de ropa en ellos y cierta irritación en su entrepierna a causa de la excitación sufrida… con mucho gusto, por supuesto.
Ya se había olvidado de la primera vez que tuvo una ensoñación erótica sobre Draco, a no ser que considerases una respuesta correcta decir que este sábado, pero sí que los tuvo tanto en el Gran Comedor, como en la biblioteca o en el campo de quidditch. Cualquiera, sobre todo los que estarían en contra de que ella, sobre todo, pudiera tener esta clase de pensamientos, y sentimientos, por Draco Malfoy, dirían que era demasiado pronto para ello. Y tendrían razón sino fuera que llevaba conviviendo con Draco algo más de seis meses y ya no era una chiquilla inexperta sino una mujer adulta pues este año había sido su decimoséptimo cumpleaños, por si a alguien se le había olvidado dicho detalle.
—¿Empiezas a dudar de mí, Draco?— por muy poco no se derritió allí mismo al escuchar como su voz fogosa dijo aquel nombre. Ciertamente estaba muy afectada.
—Merlín me libre— bromeó dedicándole una media sonrisa—. Solamente queriendo saber como puede ser de ayuda esto si luego me olvidaré de todo. ¿El que me hagas recordar estos ejercicios servirá para que esté al nivel que tengo ahora tras haberlos realizado?
Era en momentos como este que Hermione sentía algo de molestia hacia Draco porque dejaba claro que su no participación en las clases no se debía a ignorancia, como sí era el caso de sus dos amigos, sino simple dejadez por su parte.
—Para eso será necesario que apliques tu legeremancia en mí…
—¿Es qué se le dice así ahora?— le interrumpió Draco con un tono demasiado sugerente para el bien de sus ropas.
—… y tomes tus recuerdos que yo te cogeré ahora sobre los entrenamientos— terminó Hermione ignorando la interrupción de Draco, y sus palabras.
Draco no parecía muy convencido y fue suficiente para lograr erguir a Hermione que se quedó sentada ante él.
—¡Mi legeremancia es más que aceptable para este propósito! Sobre todo porque no tienes que defenderte de ella y me das vía libre a los recuerdos que necesito coger— protestó ante la velada insinuación por parte de Draco que no fuera así—. No estamos hablando de oclumancia— en la cual no era muy buena pero porque no entraba en su naturaleza el ser hermética con sus sentimientos. Puede tratar de ocultarlos como cualquiera pero negarlos por completo como si no existieran era una tarea imposible para ella.
—No era más que una pregunta inocente, Hermione— replicó con aire divertido como si estuviera negando todo el dolor y sufrimiento que estaba viviendo.
—Viniendo de ti es algo difícil de creer, Malfoy— ella también bromeaba pero lo hacía lanzándole una mirada de lo más suspicaz como si dudase de que fueran ciertas las palabras de Draco.
Claro que el Slytherin tenía muchas cosas en mente y una de ellas fue algo que Hermione no se había esperado. Sobre todo considerando que era la primera vez que Draco la traía a discusión luego de todo el tiempo transcurrido, para ella porque para él seguía siendo unas horas luego de la noche anterior.
Mejor dejar nuevamente eso del tiempo a un lado.
—¿Te hice daño en algún momento, Hermione?
Esta pregunta la cogió por sorpresa y la hizo pensar en que, tal vez, tampoco era tan mala idea eso de ponerse a teorizar sobre el paso del tiempo y sus consecuencias. Pero no iba a tener dicha posibilidad porque Draco buscaba saber algo y no lo dejaría pasar. Y considerando que aún faltaba más de medio día para que el tiempo volviera a su repetición Hermione tampoco tenía esa carta en su mano.
—¿Qué quieres decir?— el hacerse la tonta nunca se le dio muy bien porque era algo que ella no era y todos lo sabían. Bueno, Umbridge no y por eso la pudo engañar—. No creo que sea un buen tema a tratar considerando que sabes muy bien como me has tratado durante estos años, Draco.
Y por un instante se llegó a permitir creer que se había librado. Solamente por un ínfimo instante.
—Si quisieras evitar el tema tendrías mejores manera de hacerlo, Hermione, que traer el pasado de vuelta. Me conozco pero también soy consciente de toda la tensión a la que estoy siendo sometido por lo que voy a preguntártelo una vez más, ¿te hice daño en algún momento durante todas estas repeticiones, Hermione?
Un flash llenó su mente y aquel momento se repitió durante un bucle sin fin. Había sido completamente doloroso, tanto física como mentalmente, y por ello trató de no llevar la situación a que pudiera repetirse o darse de una y más dolorosa manera.
Dos eses marcadas a fuego.
Sus dientes se cerraron sobre su labio inferior amenazándolo con llegar a hacer sangre al tiempo que apartaba la vista bajándola a un lado. ¿Por qué tenía que hablarle sobre ese doloroso recuerdo cuando no haría sino más daño que bien?
No se había percatado de que Draco se había movido hasta que sintió una mano cubriéndole las suyas propias que estaban formando dos puños de rabia por haber causado que se diera dicho recuerdo. La otra mano de Draco la tomó delicadamente de su rostro y la instó a mirarle a la cara.
—Fue culpa mía— empezó a decir Hermione con voz apagada como si estuviera avergonzada de lo sucedido. Avergonzada porque se había dado por su culpa tal y como le había dicho—. Te sobresalté cuando estabas en un momento demasiado sensible y no debí hacerlo. Actué precipitadamente y no repetí mis acciones pasadas. Por eso salió todo tan mal. ¡Por mi culpa!
—No, Hermione. Me has enseñado ese recuerdo y querías ayudarme. Eso mismo es lo que pretendías hacer nuevamente pero no eras del todo consciente de lo que sucedía. Yo debería haberme controlado pero, lo más seguro, es que descargué todas mis frustraciones contigo y eso está mal— con el pulgar atrapó la lágrima que caía sobre la mejilla de Hermione—. Lo siento mucho.
Sin poder resistirse más Hermione se abalanzó sobre Draco entrelazando sus manos al cuello del rubio y llorando sin poder evitarlo. Había sido muy doloroso ser el objetivo de la ira de Draco pero viendo todo lo bueno que le trajo estas repeticiones lo daba por bienvenido.
—Usaste la varita para marc-…
—No necesito saberlo, Hermione— le interrumpió Draco—. Solamente quiero que sepas que no volveré a hacerte ningún daño. Te lo prometo.
Pero era una promesa vacía a pesar de sus buenas intenciones porque, ¿qué podía hacer Draco si no recordaba su actual relación de amistad, y algo más, con Hermione cuando el tiempo volviera a repetir este día?
Es de suponer que este era uno de esos momentos en los que la intención es lo que cuenta.
—Gracias, Draco— Hermione apretó algo más su abrazo—. Muchas gracias.
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Ron se encontraba exultante en su, falsa, creencia de haber bebido Felix Felicis debido a las afortunadas noticias con respecto al partido, y a la débil negación por parte de Harry de que no le había dado de beber dicha poción en su zumo de calabaza en el Gran Comedor.
Ahora mismo se encontraban a punto de entrar en el campo de juego y solamente les faltaba aguardar a que la puerta se abriera para dejarles paso. Pero, si eso era así, ¿por qué Hermione se acercaba a ellos con una sentida sonrisa en sus labios?
Antes de que cualquiera de sus dos mejores amigos pudiera decirle algo Hermione se detuvo ante el primero de los jugadores de Gryffindor.
Demelza Robins. Una de las cazadoras del equipo.
—Mucha suerte en el partido— le deseó Hermione e ignorando la sorpresa evidente que se veía en el rostro de Demelza.
Y, por mucho que esto pudiera haberlos sorprendido, mucho más lo hizo la siguiente acción de Hermione que no le dejó ni tiempo para replicarle a Demelza.
Al resto del equipo casi se les cayeron los ojos al suelo al ver como Hermione besaba a Demelza que, cogida totalmente por sorpresa, no pudo evitar un suspiro que le permitió a la castaña el meterle la lengua y profundizar el beso. Segundos más tarde, aunque para algunos de los presentes duró tanto horas como muy poco tiempo, Hermione dio por finalizado el beso.
Nadie sabía muy bien lo qué decir y por eso todos siguieron en silencio mientras veían como Hermione se acercó a continuación a Dean que no sabía muy bien como actuar. Sobre todo porque a su lado estaba Ginny que era su novia. Pero fueron estas dudas las que permitieron a Hermione poder besarle sin ningún tipo de oposición.
En esta ocasión, mientras Dean pensaba que el beso había llegado a durar muy poco, tanto Ginny como Ron pensaban precisamente lo contrario.
—Ánimo en el partido— le dijo a Dean antes de acercarse a Ginny.
La pelirroja se veía inquieta pero no se podría asegurar si se debía a que su amiga había besado a su novio delante de ella o porque ahora parecía que le había tocado su turno de ser besada por Hermione.
—No sé lo que pretendes pero…
—Solamente desearte suerte para el partido, Ginny— la interrumpió una alegre Hermione—. Espero que marques muchos tantos y no pares ni siquiera cuando se termine el partido.
—¿Qué signif-…?
La confusión de Ginny se diluyó cuando sintió los labios de Hermione sobre los suyos y no pudo evitar un gemido placentero al descubrir que su amiga sabía besar muy, pero que muy bien.
Hermione avanzó en la fila de jugadores dejando atrás a una, ligeramente, ruborizada Ginny que le dio un ligero puñetazo en el hombro a un sonriente, y burlón, Dean, aunque ligero puñetazo viniendo de Ginny no tenía mucho de ligero, para acercarse a Jimmy, uno de los golpeadores del equipo que, a diferencia de los tres anteriores, estaba más que ilusionado ante la perspectiva de recibir un, tremendo, beso por parte de Hermione Granger.
Ron parecía un volcán a punto de entrar en erupción.
—Golpéales duro— le animó Hermione antes de besar a Jimmy que a punto estuvo de acabar en el suelo al sentir como sus piernas parecían volverse de gelatina.
—¡Los machacaré a todos!— le prometió cuando Hermione se dirigía hacia Ritchie que, como el propio Jimmy, parecía estar llevando muy bien todo esto de recibir los ánimos de parte de la bruja de mayor talento de nuestros tiempos.
Y la que mejor sabía besar debió pensar luego de haber visto el Cielo en los labios de Hermione.
—Defiende a tus compañeros— le pidió Hermione luego de besar a Ritchie.
—No se les acercarán las bludgers ni a menos de cinco metros— aseguró un envalentonado golpeador que chocó palmas con otro emocionado Jimmy.
Harry había palidecido tanto que podrían haberlo ingresado en San Mungo con solo ver para él pero era algo de esperar con Hermione deteniéndose ante él con la disposición de besarle. Aunque en su exterior la muchacha no mostrase ni una pizca de duda, en su interior la cosa era totalmente opuesta pero ella misma sabía que Harry iba a ser el mayor obstáculo de todo su plan.
Aunque fuera su amigo ella le consideraba su propio hermano y por mucho que supiera que no era cierto eso no le quitaba esa sensación incestuosa que parecía estar devorándola por dentro.
Incluso los hermanos se besan en los labios, Hermione. No es tan extraño y en algunas culturas de lo más normal. Simplemente recuerda este dato: "Nada de lengua".
—Mira, Hermione. No sé lo que sucede pero…
—Sé que no permitirás que Harper atrape la snitch, Harry— le interrumpió Hermione primero de palabra y luego de boca cubriendo sus labios con los suyos.
En esta ocasión incluso Hermione sintió como los segundos se transformaron, a su pesar, en horas antes de poder dar por terminado el beso. Y tuvo que hacer un gran esfuerzo por no dar las gracias cuando se terminó.
Harry se quedó allí de pie paralizado sin saber como reaccionar porque, por mucho que su mente le estuviera repitiendo que había sido su mejor amiga, su hermana, Hermione la que le había besado, y que la chica por la que estaba completamente loco era Ginny, no podía evitar admitir que había sido un buen beso.
Incestuosamente espectacular, se recordó. En verdad debería besar mucho más a menudo para no tener tan poco con lo que comparar.
Hermione necesitaba salir de allí para no montar un número por haber besado a su hermano y que la tenía casi al borde de la histeria. Mientras no se pusiera a llorar todo iría bien. La parte buena de todo esto era que ninguno recordaría nada de lo sucedido, como bien demuestra que tanto Harry como Ron se encontraban de una pieza a pesar de lo sucedido días atrás, pero la parte mala era que ella sí recordaría todo y esta parte, besando a Harry, a pesar de la inocencia del beso se le haría muy dura de superar. Era curioso como el haber besado con anterioridad a Ron no la había marcado tanto y le hizo pensar que ya debía haber superado el que le hubiera roto su corazón.
Pero para cualquiera de los presentes Hermione seguía tan fresca y tranquila como lo estaba antes de dar inicio a la entrega de sus ánimos para el equipo.
Ron, que durante cada uno de los besos su rostro se volvía a una tonalidad más rojiza, y sin saber cuál de los dos besos le molestaba más, si el de Ginny o el de Harry, se preparó para recibir los ánimos por parte de Hermione pero, sin ni siquiera mirar para él, se dio la vuelta y volvió sobre sus pasos.
—Os estaré animando desde las gradas— se despidió Hermione—. ¡Luego celebraremos todos juntos la victoria en la sala común de Gryffindor!
Aunque eso era algo que hacía siempre tras cada victoria, sobre todo si era sobre Slytherin, las palabras de Hermione, luego de haberles besado, podían llegar a malinterpretarse de una manera bastante orgiástica.
Ron no podía creerse que Hermione no le hubiera besado luego de haberlo hecho con Krum y ahora con el resto de sus compañeros de equipo incluyendo no solamente a Harry sino incluso a su hermanita… que le había echado en cara el que no había besado a nadie y ahora se le había adelantado a él en poder besar a Hermione.
Hoy no era su día de suerte. Y en verdad no lo fue.
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No se podía creer que fuera a cometer un error de manera forzada en un ejercicio, aunque fuera por cuestiones privadas y no oficiales de las materias de Hogwarts. Aún así se trataba de fallar en una prueba conscientemente de querer hacerlo mal. Tal vez era pedirle demasiado y a punto estuvo de decirlo cuando Draco la sorprendió adelantándose a ella, casi como si ya tuvieran sus mentes conectadas entre sí, y la relajó asegurándole que no lo viera como que fuera a cometer un error sino que, como en realidad el ejercicio constaba en provocar dicha conexión, se trataba de un ejercicio completamente diferente al original con el que se pretendía unir sus mentes.
Una táctica muy Slytherin aunque fuera para dar ánimos y Hermione no pudo evitar recordar como había sido la suya propia con sus compañeros del equipo de quidditch de manera que no pudo evitar romper a reír terminando por relajarse del todo.
—¿Me atrevo a preguntar?
Hermione negó con la cabeza aunque aún con esa sonrisa en sus labios.
—Será mejor que empecemos cuanto antes porque quiero que en la próxima repetición del día recuperes tu puesto de buscador en el equipo— le aseguró con total convicción Hermione a un atónito Draco que algo como esto no se lo esperaba.
¿Algo qué no ocurriría luego con la conexión mental?
—¿Quieres qué participe en el partido? No sé si me has visto bien pero no estoy en forma para participar en un partido de quidditch, mucho menos en uno tan exigente como es contra Gryffindor.
Antes de que pudiera detenerse Hermione había puesto pucheros al tiempo que le dedicaba a Draco una lastimera mirada con la que terminó por atrapar al Slytherin.
—Muy bien, jugaré, ¿contenta?— se resignó Draco negando con la cabeza—. Ahora podrán completar su humillación a los de Slytherin conmigo en el campo.
—¡De eso nada!— saltó de pronto Hermione casi llegando a sobresaltar a Draco—. No puedes perder, Draco. Tienes que salir ahí fuera y ganar el partido.
Ahora ya estaba seguro de que todo esto de la repetición temporal tenía que estar afectándole a la cabeza de Hermione porque lo que le estaba pidiendo, sino exigiendo, era del todo una locura.
—¿Ya te has olvidado de los años anteriores, Hermione? Y yo no me sentía como la mugre…— mejor obviar cualquier referencia a la mugre entre los dedos de los pies de los elfos domésticos si no quería meterse en problemas con Hermione— de la suela de mi calzado.
No la mejor comparación pero sí una más segura que la original.
—¡Ganarás!— le aseguró Hermione con tanto convencimiento que por un instante incluso Draco llegó a creerse semejante fantasía—. Lo harás, ¿verdad, Draco?— Hermione se acercó gateando hasta donde se encontraba el Slytherin—. ¿Por mí?
El rostro de la muchacha apenas distaba unos centímetros del de Draco y no pudo evitar el preguntarse cómo no se había percatado antes de la belleza que resultaba ser Hermione Granger. Aquellos profundos ojos avellana eran capaces de atraerlo hasta el fondo atrapándolo sin remedio. Para luego admitir que sí lo había hecho pero su vida se encontraba en un lugar en donde no se le permitiría un pensamiento semejante sin poner su vida en grave peligro.
¿Y por qué ahora no?
Por dos motivos: el primero, porque se encontraba en un lugar en donde no llegaba el exterior. Y segundo, porque daba igual poder ser libre durante unas horas porque luego el día se repetiría hasta que, finalmente, Hermione encontrará la respuesta que la devuelva a la corriente temporal y nada de esto tendrá importancia porque regresarán al mundo real.
Un mundo en el que no podían estar juntos y él tenía la misión de matar a Dumbledore bajo pena de muerte para él y para su familia.
En un mundo semejante no había tiempo para ningún tipo de amor romántico aunque pudiera ser el único real que sintiera en toda su vida.
—Por ti, Hermione.
A pesar de que Draco estuvo de acuerdo con su petición Hermione podía decir que algo había que preocupaba al Slytherin en este momento y eso la llenó de tristeza. A pesar de todo lo que le había hecho pasar durante todos estos años Hermione no le guardaba ningún tipo de rencor personal, otra cosa era que no se sintiera molesta por como trató a los demás en el pasado, pero sabía muy bien de que el entorno familiar podía encauzar la vida de los hijos. Ella era el ejemplo de una educación basada en el respeto por los demás y Draco, por desgracia, provenía de una educación llena de prejuicios sobre los demás que no cumplieran con sus estándares de perfección.
El día se repetía una y otra vez pero Draco siempre reaccionaba de igual manera cuando le mostraba aquel primer recuerdo en el cual la había consolado por la buena naturaleza de su corazón. Podía negarlo o sentirse ultrajado al verse de aquella manera pero no lo hizo ni una sola vez y eso no hacía sino que Hermione se sintiera muy orgullosa de Draco.
Sus labios se estremecieron al sentir los de Draco devolviéndole el beso haciendo que siguiera hacia delante y obligándole a tumbarse de espaldas con ella sobre él cubriéndole con su propio cuerpo.
Estaba orgullosa de él y por eso mismo tenía que mostrarle el recuerdo más doloroso de los que se dieron desde que comenzó la repetición de este día.
Debía mostrarle ese Draco Malfoy que había crecido bajo prejuicios y mala influencia. Un Draco que era capaz de sentir angustia por sus acciones aunque estas fueran las que uno se esperaría de él basándose en su educación. Un Draco que se encontraba dentro del Slytherin y contra el que necesitaría mucha ayuda y amor para lograr comprenderlo y, finalmente, ofrecerle un futuro mejor.
¿Un futuro conmigo?
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Hermione se había sentado al otro lado de la mesa en donde se encontraban sus dos amigos pero justo enfrente de ellos de manera que daba a entender que era consciente de su presencia pero, al mismo tiempo, quería mantenerse alejada por los sucesos previos. Unos sucesos de los que Hermione no conocía su origen. Lo cual resultaba irónico debido a todos los sucesos que solamente ella era consciente debido a la repetición de este día.
Pronto apareció un desayuno en su plato pero no uno cualquiera sino el que en estos momentos su estómago le rugía por comer. Tal vez no fuera justo porque se debía a su amistad con Dobby y otros elfos domésticos encargados de la cocina de Hogwarts pero era por amistad y no por la obligación de estos con respecto a Hermione.
Una vez logró que Ron se hubiera bebido su zumo de calabaza Harry se percató de un extraño sonido, una especie de murmullo, flotando en el ambiente. Ron también lo notó por lo que quedaba descartado el que volviera a escuchar cosas.
—¿Pero qué es eso?
Uno diría que son un par de ineptos que no se percatan de las cosas, sobre todo si finalmente se dan cuenta de que el sonido proviene justo enfrente de ellos. Más en concreto provenía de su amiga.
¡Era Hermione Granger… jadeando?
—Ooooh…— su melena rizada parecía más salvaje de costumbre, sobre todo porque no dejaba de pasarse las manos por el cabello—. Oh, Merlín— su mano se deslizaba sobre su pecho, atrayendo la atención a dicha zona que no dejaba de moverse con tan jadeante respiración por su parte.
Ron no podía apartar sus atónitos ojos de ella mientras que Harry miraba para todos lados con la esperanza de que nadie más la hubiera escuchado y encontrándose con que todos los presentes habían dejado de comer y hablar atendiendo, tan sorprendidos como ellos dos, de las acciones de Hermione.
—Uh… ¡Oh, Merlín!— Hermione parecía estar entusiasmándose por segundos y lo peor, o lo mejor según se viese, era que mantenía los ojos cerrados con el rostro levantado y un tono de voz de lo más entusiasta.
Su respiración se estaba volviendo cada vez más agitada y su rostro cada vez más extasiado para ir parejo al placer que emanaba de su rostro. Su mano acariciaba su mejilla antes de descender por su esbelto cuello, mostrado en todo su esplendor al echar hacia atrás la cabeza.
—¡Oh, Merlín! Ah, sí, justo ahí— susurró Hermione aunque en el silencio del comedor su voz llegó a todas partes.
La cara de todos era un verdadero poema al no creerse que estuvieran viendo o escuchando, sobre todo salvo los que estaban cerca de ella de frente, a Hermione gozando en pleno comedor. Sus jadeos se habían vuelto inconfundibles para los oídos expertos y, para los no tanto, de seguro que eran capaces de ver por donde iban las cosas viendo las reacciones ajenas.
—¡Oh, Merlín! ¡Oh, sí! ¡Sí, sí!— cuando empezó a golpear la mesa con las manos muchos se encontraban con sus gargantas totalmente secas—. ¡Sí, sí, sí!— cada palabra venía acompañada por una nueva palmada sobre la mesa enfatizando sus intensas sensaciones. Entonces empezó a gemir sonoramente—. ¡Oh, sí, sí, sí! Ah…— su melena agitada con cada movimiento de cabeza le daba un aspecto extasiado—. ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!— a este paso, o se rompía ella de gusto o lo hacía la mesa por los golpes. Hermione se aferró con fuerza al borde de la mesa—. ¡Sí! ¡Oh!— finalmente alcanzó su clímax allí mismo. Su mano recorría su cabello mientras trataba de recuperarse y se deslizaba por su rostro bañado en una fina capa de sudor y un ligerísimo rubor—. ¡Oh! ¡Oh!— Hermione hundió su cuerpo sobre el asiento, y de tener respaldo se habría dejado caer sobre él, agotada por la experiencia pero satisfecha—. Oh, Merlín. Oh— recomponiéndose y adoptando una postura serena y tranquila cortó un pedazo de pastel de calabaza. Ciertamente era lo que necesitaba en estos momentos.
Un incrédulo Harry y un ruborizado hasta la punta de sus pestañas Ron vieron como Hermione miró para ellos ofreciéndoles una inocente sonrisa antes de tomar su bocado de pastel de calabaza como si nada fuera de lo normal hubiera sucedido. Podía verse que Hermione se encontraba muy satisfecha de sí misma aunque lo estaba por un motivo totalmente diferente del que todos estaban pensando.
Gryffindor perdió el partido porque Ron no podía dejar de mirar para las gradas en donde Hermione se encontraba disfrutando de una deliciosa porción de pastel de calabaza.
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Hacía mucho tiempo, y no era por todo este asunto de la repetición del día, que Hermione no se había sentido tan nerviosa e insegura como lo estaba ahora mismo. Quería de igual manera e intensidad seguir aquí sentada esperando por una respuesta como ansiaba salir corriendo y alejarse todo lo posible sin atreverse a mirar para atrás.
Pero había decidido no huir porque, a pesar de su inutilidad puesto que ella misma se obligaría a volver a hacerlo una vez más, ya había sido lo suficientemente cobarde por el día de hoy al no haber querido acompañar a Draco en su viaje por el doloroso recuerdo de las SS.
Cuando Draco se apartó del pensadero a Hermione se le formó un nudo en la garganta que le impedía tanto respirar como el hablar. Ni siquiera podía tragar aunque no tuviera saliva para ello al habérsele secado por completo la boca y la garganta.
Sabía que estaba desvariando cuando sintió el calor en su rostro y el olor de su propia carne quemada inundándole las fosas nasales. No quería ni tratar de adivinar lo que podría haber llegado a sentir si hubiera acompañado a Draco en el pensadero.
Aquellos ojos tormentosos se volvieron hacia Hermione atrapando en ellos los suyos propios que se los encontró temblándole mientras retenía con gran esfuerzo unas lágrimas que ansiaban por ser liberadas. ¿Pero por qué iba a llorar? Había sido a ella a quien marcaron como un animal, había sido a ella a quien marcó Draco Malfoy como un animal. Ella como el animal marcado y él como un animal por marcar a una persona de tan inhumana manera.
No, estas lágrimas no querían ser liberadas por estos motivos. Su nacimiento surgió del dolor que sentía por la persona contra la que Draco tendría que luchar durante mucho tiempo antes de poder imponerse. Y quería llorar porque era un reflejo del dolor que se encontraba presente en su corazón.
Una vez más se encontró en íntimo contacto con el cuerpo de Draco que la abrazaba temeroso de que pudiera salir corriendo y alejarse de su lado. De su vida.
Finalmente las lágrimas de Hermione rodaron por su rostro al haber notado la humedad en las mejillas de Draco que no había tratado de reprimir su propio llanto, sus propias lágrimas.
Ambos cayeron de rodillas sumergidos en el dolor ajeno y tratando de paliárselo como pudieran según sus capacidades propias. Pero de los dos era Draco el que se veía con la necesidad de ofrecerle a Hermione una vida, por lo menos, libre de sus propios prejuicios contra ella y todos sus semejantes. Luego ya trataría de encontrar la manera de cambiar la visión del resto del Mundo de los prejuiciosos sangre pura.
—Lo siento mucho, Hermione— logró decir Draco entre sollozos sintiendo los llantos por parte de ella contra su propio cuerpo—. No volveré a hacerte ningún daño. Te lo prometo.
Draco no era consciente de esto pero le había repetido las mismas palabras que ya le había dicho anteriormente en este mismo día.
¿Era esto una señal de buen augurio? ¿Podrán conectar sus mentes tal y como esperaban?
—Gracias, Draco— Hermione apretó algo más su abrazo—. Muchas gracias.
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Continuará
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Realmente espero que halléis reconocido esa escena de una película de sobra conocida porque dejará claro vuestro amplio gusto por el cine xD Es que no me pude contener en no darle semejante oportunidad a Hermione para liberarse un poco en pleno Gran Comedor y ante sus dos atónitos amigos hahahaha
Esta historia, a diferencia de "Nexus", no creo que vaya a avanzar más allá del momento en que Hermione logre llegar al domingo luego de tan extenuante sábado. Es que mirar en que punto de la historia del Half-Blood Prince nos encontraríamos… ¿o pretendéis que reescriba todo lo que queda de libro? Bueno… si luego Rowling lo canonizase sería para no pensárselo ni una sola vez hahahaha
REVIEWS.
REVIEWS.
Disclaimer: J.K. Rowling posee todos los derechos sobre Harry Potter mientras que el resto de nosotros crea argumentos de lo más particular para tratar de superar esta realidad.
Nos leemos.^^
