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La cena de los idiotas

―¿Entonces cenamos el sábado?

Creedme, estaba haciendo verdaderos esfuerzos por no coger el cuchillo de la mantequilla y clavárselo en el corazón. Maldito Rolf Scamander. ¿Pero por qué me preocupaba tanto? En fin, yo había dejado embarazada a Hannah y, quizás, iniciaríamos una relación. ¿Acaso eso era mejor que lo de Luna con Scamander? Claro que no. Ellos estaban casados y sin miras de tener hijos por ahora. Yo estaba, sí, jodido.

―Claro, Rolf, nos veremos allí.

―Genial. Tengo que irme a mi clase, te veo en la comida.

―Claro, adiós ―no podía sonar más falso, pero ya me daba igual.

En cuanto Rolf se marchó, Nott se acercó hasta sentarse cerca de mí.

―¿Qué pasa? ¿El matrimonio Scamander-Lovegood no es de tu devoción? ―preguntó con sorna.

―Cállate, Nott. Y no recuerdo haberte dado permiso para hablarme.

Nott alzó los brazos.

―Lo siento, tendrán que detenerme. En fin, esperaba una reacción así.

―¿Qué?

―Venga… Luna y tú. Si todos creíamos que lo siguiente sería el altar. Pero en fin, tú ya elegiste. Y aquí estás. Lo cierto es que ella es feliz. Igual que Rolf. Imagino que habría sido igualmente feliz contigo pero… esa escoba se te ha escapado.

Apuró su zumo de calabaza y se marchó.

Maldito Nott. Maldito matrimonio Scamander-Lovegood. Malditos todos. Sí, quizás creían que él y Luna estaban destinados a estar juntos, pero no fue así. ¿Por qué seguían torturándome con eso?

Tras terminar mi desayuno me dirigí a mi primera clase del día, aunque no podía apartar de mi cabeza mi principal pensamiento y miedo: decirle a Hannah que cenarían con Luna y su marido. Cualquier otra pareja seguro que a ella le daría igual… pero mi ex-novia…

Por la tarde, entré en el Cabeza de Puerco. Allí estaba Hannah, limpiando la barra.

―Buenas tardes ―instintivamente le di un beso en la mejilla, cosa que a ella le resultó bastante extraña, porque se me quedó mirando sin comprender.

―Hola. ¿Qué tal?

―Bien, bien… Tenemos plan para el sábado ―mejor era arrancar la tirita de un tirón.

―¿Ah, sí?

Asentí con la cabeza mientras ella seguía limpiando la barra.

―Sí. Hemos quedado para cenar con unos amigos.

―Suena bien. ¿Con quiénes?

―Pues… Con un compañero del trabajo y su esposa, que ha venido a verle.

―De acuerdo, ¿quedamos el sábado por la tarde y vamos juntos?

Me quedé con la boca abierta. Ni siquiera había preguntado quiénes serían aquellos con quienes habíamos quedado. Al parecer, le bastaba con saber que eran un compañero del trabajo y su esposa. Bueno, parece que el fin del mundo se postergaría hasta el sábado.

Finalmente, el sábado llegó antes de lo esperado, como su una fuerza invisible quisiese que aquella pasase ya. Hannah y yo llegamos a las Tres Escobas antes de la hora establecida, así que esperamos pacientemente en silencio. Entonces, Rolf Scamander apareció por la puerta. Nos saludó mientras sonreía. Y detrás de él justo apareció Luna.

―¿Qué hace Luna Lovegood aquí?

―Esto… ―la catástrofe se avecinaba.

―¿Ella es la esposa de tu compañero?

―Eh… Sí, así es.

Hannah se quedó en silencio, aunque muy seria. No obstante, supo sonreír cuando la ocasión lo requería.

―Y decidme, ¿cómo es que estáis juntos? ―quiso saber Luna.

Supuse que decir que había dejado embarazada a Hannah no era lo mejor.

―Pues… Fue un día que fui a Cabeza de Puerco a contarle a Aberforth que me habían contratado como profesor de Herbología y… ―comencé a explicar.

Sin embargo, Hannah parecía estar cansada de la situación.

―Pues es muy gracioso, ¿sabes? Yo trabajo como camarera en el Cabeza de Puerco. Y una noche este ―me señaló ―apareció. Hablamos, bebimos y al rato nos acostamos. Al día siguiente se marchó corriendo y, ¿sabes qué? Estoy embarazada de él. Sí… Estoy embarazada de Neville Longbottom, ¿qué he hecho yo para merecer esto?

Me quedé mirándola mientras me preguntaba por qué era tan cruel. Vale que yo no le había contado que Luna venía a cenar, pero no era como si hubiese hecho algo malo. No me merecía ese trato.

―Quizás deberías haber empezado por cerrar las piernas. Aunque supongo que es parte de tu trabajo complacer a los clientes, ¿no?

Se me quedó mirando un momento hasta que me cruzó la cara con una mano. Se levantó con lágrimas en los ojos y se marchó. Me quedé un momento quieto, mientras Rolf y Luna me miraban, hasta que me levanté y decidí seguir a Hannah. Sin embargo, ya era noche cerrada y no podía ver nada, aunque supuse que se habría vuelto al Cabeza de Puerco.

―¿Estás bien?

Luna apareció detrás de mí. Me crucé de brazos mientras seguía escudriñando la calle, aunque era una estupidez.

―Yo… sí. Bueno, no lo sé. Sabes, yo no soy de esos que van embarazando mujeres y las dejan tiradas. Estaba y estoy dispuesto a ayudar a Hannah, aunque parece que le ha molestado que vinieses esta noche.

―Lo siento, no creí que se lo tomase tan mal.

―Tú y yo salíamos juntos, Luna. Cenar con la ex-novia del futuro padre de tu hijo no parece la mejor de las situaciones.

―Sí… Tienes razón.

―¿Dónde está Rolf? ―quise saber, por cambiar de tema.

―Está pagando la cuenta. Nos vamos a ir ya.

―Sí, creo que yo también debo irme. Dile a Rolf que mañana le daré nuestra parte. Buenas noches, Luna.

―Buenas noches, Neville.

Caminé en dirección a la escuela. Sólo cuando ya estaba fuera del pueblo y el camino que subía al castillo empezaba ante mí, me di la vuelta. Luna seguía fuera, mirándome.

Al rato, ya en mi habitación, me encontraba con que no podía dormir. Entonces, alguien llamó a la puerta. ¿Quién sería?

Tras abrir la puerta, me encontré a Luna, ataviada con una bata.

―¿Qué haces aquí?

―Minerva deja que me quede en la habitación de Rolf. Pero lo cierto es que no puedo dormir. ¿Te he despertado?

―Eh… No, no lo has hecho. Yo tampoco podía dormir. ¿Quieres pasar? Puedo preparar té.

―Eso sería genial.

Bebimos té, charlamos hasta altas horas de la noche. A mí me recordaba mucho a cuando estábamos juntos, que dedicábamos largas horas a charlas juntos. Intenté imaginar, por un momento, cómo sería mi vida con Hannah, aunque supuse que el trabajo de camarera le absorbería la vida, como ahora hacía. Y yo tampoco es que tuviese un trabajo tan flexible, ya que debía pasar prácticamente diez meses al año en la escuela.

―¿Qué tal están tus padres?

Casi me atraganté con el té.

―Pues… Mi madre ha muerto.

Me sentía prácticamente como una mierda, porque entre el tema de Hannah, su embarazo y la aparición de Luna, casi lo había olvidado por completo. Y para colmo, hacía días que no iba a ver a mi padre, aunque él siguiese sin recordar nada, y sin reparar en que su mujer, aquella persona con la que había compartido sala del hospital durante los últimos veinte años, ya no estaba.

―Lo siento. Lo siento mucho, Neville ―confesó Luna.

Se levantó y caminó hasta mí para consolarme, mientras yo, involuntariamente, rompía a llorar. Me sentía un mal hijo, un futuro mal padre, una persona que no sabía tener en cuenta los sentimientos de los demás. Tenía que hablar con Hannah. Tenía que hacerlo.

Y Luna… Luna me abrazaba fuertemente. En algún momento se apartó y nos miramos, largamenteo, pero nos quedamos mirando. Y no sé si fui yo, si fue ella, o si fueron todos esos años que pasamos juntos y que yo no supe mantener.

Y nos besamos.