Bonita tarde C: Ya estoy aquí con una bonita actualización que me salió más larga de lo esperado. Espero la disfruten y no me odien demasiado por arrebatarles un buen momento OkiKagu XD

*ILove OkiKagu: Esta cosa se acaba de prender. Ahora sí jajajaja.

VII

Porque los opuestos se atraen y los iguales se repelen

Corría tan rápido como sus piernas se lo permitían. Tenía que soportar el dolor que experimentaban sus pulmones y el cansancio que se acumulaba rápidamente en todo su cuerpo. Debía resistir si es que quería llegar antes de que las campanadas de la escuela sonaran y la puerta le fuera cerrada; ya no podía acumular otro retardo o el director llamaría a sus padres.

Derrapó como el mejor jugador de béisbol cuando intenta robar la última base. Y gracias a ello logró entrar antes de que aquel perezoso profesor cerrara y la dejara fuera.

—Ya deberías decirle a ese novio tuyo que te deje ir antes de sus encuentros amorosos o terminarás perdiendo el año —Gintoki sonreía con guasa, disfrutando del gesto torcido que la pelirroja tenía en su cara—. Está bien que goces las mieles de la adolescencia, pero a este paso acabarás con la escuela trunca y dos retoños a tu lado.

—Fue culpa de mi estúpido hermano el que llegara tarde —expresó con malhumor—. El muy maldito se puso a robarme el desayuno y tuve que ponerlo en su lugar.

—¿No crees que ya estás lo suficientemente grande como para adjudicarle todos tus problemas a tu hermano?

—Él es el causante de todo —sacudió su falda, ajustó sus lentes y se peinó un poco—. Ya debería conseguirse alguien con quien entretenerse.

—Sí, es una brillante idea —apoyaba el de cabellos plateados—. Debería entretenerse no sé, con una chica de unos catorce años de edad, de cabello largo y negro, más que dispuesta a darle de comer todos los días y a complacerle en lo que se le antojara… ¿No crees? —él tenía una misión y se valdría de todos los medios y personas para conseguirlo.

—¿Quién querría a una mujer tan sumisa y condescendiente como esa de novia? —inquirió, viéndole de soslayo—. Lo que mi hermano necesita es una mujer que lo domestique y lo tenga con la correa corta.

—¿Quieres decir que le va el masoquismo? —sacó su libreta y empezó a anotar. Lo que Kagura le diera de información sobre el idiota adicto a las peleas era bien recibido.

—No creo que sea de ese tipo —lo conocía y sabía que no poseía tales gustos—. Más bien siento que le van las mujeres con carácter y que le supongan un reto. Una chica que no tema por sus reacciones ni lo que llegue a pensar sobre ella… Y obviamente que soporte sus estupideces.

—Ya veo, ya veo, le gustan las difíciles —ahora pensaba en cómo haría de Soyo una mujer con semejantes características.

—¿Por qué de repente tienes tanto interés en mi hermano? —podrá ser dejada y distraída pero no era tan tonta como él creía—. No me digas que el rumor de que te gustan los niños es cierto…—lo veía con repugnancia pura—. No me gustaría que fueras miembro de mi familia, así que mantente alejado de mi hermano, maldito degenerado.

—¡Que no me gustan los hombres! —¿por qué tenían que recordarle ese trauma justo ahora que ya había dejado eso en el pasado?

—Por cómo tratabas a Shino tengo mis sospechas.

—¡No es mi culpa que tenga unas manos tan tersas y ese rostro tan delicado, o que huela a perfume costoso ! —sus argumentos no hacían más que hundirlo—. ¡Deja de mirarme de ese modo! ¡No es lo que estás imaginando!

—Disculpe que los interrumpa —una afable voz femenina se escuchó del otro lado de la reja escolar—. Usted es profesor de esta escuela, ¿verdad?

—Por ti soy profesor, presidente de esta nación, gurú del amor, el siguiente maestro pok**** o un esclavo sexual fiel —Sakata se olvidó de la existencia de la pelirroja y se dirigió hacia la joven que estaba del otro lado; esa que había captado la atención del pervertido profesor tanto por sus curvas como por su rostro.

—Quisiera pedirlo un favor, profesor.

—Tú puedes pedirme que vaya a buscar la tri-fuerza para derrotar a Ga*** —que lo dijera con una mirada seria y su mejor tono de voz dejaba a malas interpretaciones sus palabras.

—Quisiera que le entregara esto a un chico llamado Okita Sougo —ese nombre captó la atención de cierta pelirroja, llevándole a postrar su atención en la extraña y a cuestionarse quién era ella y qué es lo que llevaba en manos que debía ser entregado al castaño—. No me di cuenta que lo había dejado olvidado en mi casa hasta hoy en la mañana y supuse que podría necesitarlo, por lo que se lo he traído —ambos se pasmaron por breves segundos al razonar cada parte de su oración. Y aunque estaban seguros de lo que escucharon no daban crédito, porque simple y llanamente no podía ser verdad aquello. ¿Es que cómo se supone que ese sádico hubiera ido a la casa de esa desconocida y dejado quien sabe qué cosa ahí? Y si lo que decía era verdad, ¿cómo debían interpretarlo? ¿Es que acaso el castaño no había estado perdiendo el tiempo y había hallado a alguien con quien entretenerse? ¿Qué es lo que hizo el joven en la casa de esa chica? —. Dígale que se lo ha enviado Yuina. De ese modo él entenderá de inmediato la situación.

—Ey, ey, Yuina-chan, ¿por qué estás relacionándote con un bastardo como ese? —pasó del coqueteo a la preocupación; a la preocupación que tenía de que sus alumnos conseguían pareja y él continuaba dándose amor a sí mismo los viernes por la noche—. Ese chico es un lobo disfrazado de oveja.

—Deberías mantenerte lo más alejada posible de él porque no sabes con que estupidez te saldrá o si querrá sacar su látigo o sodomizarte —Kagura no se quedaría callada. Tenía el deber moral de exponer a la basura de hombre que era Okita Sougo—. Es un sádico y solamente está en busca de chicas inocentes y puritanas para hacerlas como se le dé la gana —y era una verdad indiscutible—. Lo mejor sería que lo amarraras y arrojaras al río para que se hundiera y nunca más volviéramos a saber de él.

—Agradezco sus consejos —expresó para ambos con una tenue sonrisa—. Sé que él no es precisamente la mejor persona que podría conocer, pero tampoco es tan bastardo como me lo han pintado ustedes dos —ambos parpadearon y se pellizcaron mutuamente para ver si no estaban en un sueño colectivo. Es que no creían que alguien defendiera al imbécil ese—. Todos tenemos nuestros puntos buenos y malos. Solamente es cuestión de equilibrar ambas partes.

—Estoy seguro de que le ha soltado un buen fajo de billetes para que diga algo como esto —le susurraba Gintoki a su alumna—. No hay manera de que alguien se exprese bien de él sin recibir algo a cambio.

—Tal vez hasta la amenazó con hacerle cosas obscenas —indicaba la china.

—Yuina-chan, ya que hemos entrado en confianza…—el adulto se pegó a los fríos barrotes y miró a la tranquila chica con inquisición—. Aquí entre nosotros, ¿qué relación tienes con ese sádico miserable?

—Estamos saliendo y conociéndonos —el siguiente impacto golpeó a esos dos como una lluvia de flechas embebidas en llamas—. Incluso nos escribimos por teléfono —¿cómo que se escribían? ¿Qué es lo que se mensajeaban? ¿Por qué Kagura empezaba a sentirse molesta con toda esa situación? ¿Por qué le estaba dando importancia a todo aquel asunto? ¿Qué era eso que le desagradaba de esa joven?

—Solamente finge ser bueno y comprensivo —enunciaba desdeñosamente la pelirroja, con una mirada que podría helar a cualquiera, menos a la persona que estaba escuchándola atentamente—. Así que te aconsejo que no creas en todo lo que te dice o podrías llevarte una desagradable sorpresa.

—Agradezco tu consejo —la pelirroja esperaba que se alterara o algo parecido, sin embargo, estaba inmutable, como si en cierto modo ya hubiera previsto que alguien le saliera con eso cuando mencionara que se llevaba con tan infame hombre—. Sólo le pido que le entregue este paquete, por favor —ladeó aquella caja rectangular para que el profesor la tomara—. Me retiro. Que tengan un excelente día —se fue, dejando a ambos con diferentes cúmulos de pensamientos.

—Me pregunto si ya se la habrá comido.

—Ni que él estuviera en época de apareamiento como tú —chasqueó la lengua y antes de irse de ahí, golpeó las joyas familiares del hombre—. Ahora ya me siento un poco mejor —lamentablemente Sakata no pensaba lo mismo mientras se encontraba en el suelo, retorciéndose de dolor.

Llegó a su salón de clases y se dirigió hacia su pupitre. Se encontraba extrañamente de malhumor y por ello no quería socializar con nadie. Ni siquiera con su preciada mejor amiga que había llegado a saludarle de lo más entusiasta.

—¿Sucede algo, Kagura-chan? —notó que no estaba bien y quiso saber el porqué.

—Lo que desayuné me cayó mal y ahora me duele el estómago.

—Podemos ir a la enfermería si quieres —propuso.

—Así está bien. De todos modos, el doctor de la escuela es un maldito lolicon y querrá hacerme cosas raras.

—Kagura-chan.

—¿Qué sucede? —miró a su amiga; tenía un semblante de angustia—. Ya te dije miles de veces que mi hermano no tiene novia y que seguramente sea gay.

—No se trata de eso —eso sí que sorprendió a Kagura—. Más bien es sobre Okita-san…

—¿Qué hay con ese pedazo de mierda? —ahora se cabreaba más cuando alguien lo mencionaba.

—He escuchado que anda…saliendo con una chica muy bonita… De hecho, la conocí hace unos días atrás —Kagura se puso de pie, azotando la palma de sus manos sobre el pupitre—. Y ese día se fueron juntos. Parecían llevarse muy bien —esos rumores no podían ser ciertos. Sougo no tenía esa capacidad de flirteo—. Todos lo han visto mensajeándose mucho con alguien. Incluso dicen que esa joven viene a la hora de salida para irse juntos —¿esos hechos confirmaban que ese hombre estaba saliendo con esa joven en plan romántico? No. Se negaba a creer en rumores como esos.

—Esa chica es demasiado para él —estipuló—. Si ella quisiera un buen partido buscaría a otro.

—Dejando a un lado su torcida personalidad, es bien parecido. Y supongo que ha de tener su lado bueno —Tokugawa y su afán por ver las cosas positivas en las personas equivocadas—. Tarde o temprano él terminaría consiguiéndose una novia —¿cómo que novia? ¿De qué estaba hablando la pelinegra?

—Un gusano rastrero como él merece quedarse solo el resto de sus días mientras vive como marginado —vaya que merecía eso y más.

—Kagura-chan, no digas esas cosas —reprendió con gentileza—. Yo sé que no sientes realmente algo como eso hacia él, sino todo lo contrario...

—Por supuesto que las siento —estipuló con una seguridad imbatible.

La hora del desayuno llegó con más lentitud que de costumbre, por lo que en cuanto ese preciado tiempo de libertad llegó, se esfumó de su aula. Quería un poco de aire fresco para sacudir todos los eventos que había tenido que soportar desde muy temprano.

Desayunar en la azotea de su edificio era una idea grandiosa. Allí no podría ser interrumpida por nadie. Y si le apetecía, podía echarse a dormir una siesta antes de volver a clases.

—Así que a los animales como tú les gusta disfrutar de una buena vista —la persona que menos deseaba ver, estaba allí mismo, a sus espaldas. ¿Es que se le olvidó que ese el lugar favorito del castaño?

—Tendría mejor vista si te arrojaras desde aquí —espetó, sin voltearlo a ver. Sabía que en cuanto lo encarara su hosquedad empeoraría.

—¿No deberías estar desayunando con tus amiguitas? —¿en qué instante se colocó a su lado? ¿Qué era esa sensación de peligro que le recorría la espalda y le advertía que lo mejor que podría hacer era marcar distancia?

—¿Y tus idiotas amigos dónde están? ¿Será que ya se hartaron de ti y te han abandonado al fin? —escupir veneno se le daba tan bien.

—¿No será que a la única que han dejado es a ti? ¿Es que tu novio ya se aburrió de tu presencia y te ha cambiado por un mejor modelo? —tales comentarios rompieron lo que le quedaba de paciencia y provocaron de manera automática que se girara hacia él, asesinándole con la mirada—. ¿Te ha molesto que he dicho la verdad?

—Mi novio —remarcó el término y la sonrisa del castaño se tornó un gesto plano— no me ha cambiado por ninguna otra —era ella la que sonreía con satisfacción.

—¿Cómo puedes estar completamente segura de ello? —cuestionó, clavando sus carmesís pupilas en ella, como estacas—. En este momento podría estar hablándose con otra mientras piensas ingenuamente que no tiene ojos para otra que no seas tú —¿por qué estaba tan cerca de ella? ¿En qué instante sus respiraciones parecían dedicarse a colisionar una y otra vez?

—Confío plenamente en él —retrocedió instintivamente. No obstante, no se percató de que lo único que le esperaba a su espalda era el mallado que había alrededor de la azotea—. Ni que fuera un rastrero como tú o el resto de los que vienen a esta escuela.

—¿Estás diciendo que no soy más que un hombre que engatusa y juega con los corazones de las mujeres? —un par de pasos hacia adelante fueron más que necesarios para quedar frente a ella—. ¿Crees que alguien como yo pondría los ojos en una idiota marimacha como tú? —la reja tembló en el instante en que sus manos se aferraron a la malla, justo a los costados de la ofuscada chica—. Tendría que ser alguien de muy malos gustos para sentir interés por ti —y la distancia entre ambos volvió a acortarse. Y mientras él sonreía con satisfacción por algo que Kagura no llegaba a comprender por completo, ella apretaba los dientes y sus celestes pupilas empezaban a vibrar con cierto temor y espasmo—. ¿O tal vez seas tú la que ha caído por mí? —¿cuándo los centímetros se convirtieron en milímetros? ¿Cuándo imaginó que esa ígnea respiración le provocaría un cosquilleó en los labios? ¿Es que había notado la intensidad carmesí de sus pupilas? ¿De qué manera podía hacer que los latidos de su corazón se normalizaran? ¿Era normal esa sed que le estrangulaba la garganta? ¿Qué es lo que ganaba observando esa boca que le sonría con un regocijo envidiable?

—Ya quisieras que me fijara en un soquete como tú —autocontrol es lo que necesitaba si deseaba que su voz saliera limpia y sin titubeo alguno. También requería despejar su mente, sacar todo pensamiento relacionado con él y restarle importancia a lo que estaba ocurriendo entre ambos. Debía hacerlo antes de que esa incomodidad que tenía en el pecho la llevara a cometer una posible estupidez—. Serías el último hombre en mi lista de intereses. Así que no te emociones, imbécil.

—Esa línea debería ser mía —alguien había notado lo tensa que estaba al tenerlo tan próximo y se aprovecharía de ello—. Me pregunto qué es lo que pensaría tu querido noviecito si te viera en esta situación —perverso, ese era el objetivo adecuado para describir lo que estaba haciendo con ella—. Acorralada, a punto de cometer una gran estupidez —deseaba abofetearlo para apartarlo de su camino, sin embargo, sus muñecas habían sido raptadas por sus manos. La había convertido en prisionera y no la liberaría hasta que lo creyera adecuado—. Seguramente se decepcionaría de ti. Te señalaría como una zorra más que no buscó más que aprovecharse de su ingenuidad…y después te despreciaría hasta el punto de no querer saber nada de ti por el resto de sus días —imaginarse que algo como eso se tornara realidad le llenaba de regocijo. Y, por ende, le hacía desearlo con soberano entusiasmo.

—No me trates como al resto de tus estúpidas y sumisas zorras —agudizó su mirar y chasqueó su lengua. Estaba molesta y él era el único culpable—. Estás muy equivocado si piensas que haré lo que tú quieras —era una mujer orgullosa y no se rebajaría ante los caprichos de nadie. Tampoco se dejaría manipular—. Tú eres el único que no entiende realmente lo que está pasando aquí —había salido de aquel malévolo hechizo lanzado por el castaño. Lo hizo en el momento justo. Ya que de haber permanecido por más tiempo así, las cosas hubieran tenido un desenlace diferente y el arrepentimiento podría haberle embargado—. Pero no me sorprende. Los idiotas como tú son lentos de pensamiento —sonreía con diversión, como si estuviera burlándose de él y eso hizo que él se molestara y quisiera callarla ahí mismo con el método que fuera—. Cabeza de coco, aprende tu lugar.

Sougo comprobó por sí mismo que la cabeza de Kagura podía ser tan dura como una piedra y por ello, podría fácilmente romperle la nariz de un solo golpe. Sí, la osadía del castaño había sido pagada con semejante arremetida; y gracias a ello se había liberado de su control.

—Maldita seas china —le maldijo mientras con su mano izquierda detenía su hemorragia nasal—. Vas a pagar por todo lo que me has hecho.

—¿Ah sí? Yo no estaría tan segura de ello —no estaba riéndose, pero su mirada parecía estarlo haciendo en vez de su boca.

—No me subestimes maldita china —nadie debería minimizar a un hombre como él, que además de sádico se encontraba celoso y humillado—. Haré que te tragues cada una de tus palabras.

—Las ratas inmundas como tú no deberían alzarme la voz —nada como regalarle unos cuantos pisotones. Nunca era suficiente maltrato hacia su persona.

—Desde aquí puedo ver tu ridícula ropa interior de fresas —alguien era un cabrón. Y alguien más se enfurecía rápidamente hasta el punto de atestarle una patada en el rostro; de nuevo su nariz fue rota y la hemorragia se hizo presente.

—¡Maldito pervertido de mierda!

—Oh, ¿interrumpo algo? —esas pupilas bermellón estaban muy entretenidas viendo cómo se maltrataban ambos adolescentes—. Puedo irme si quieren para que continúen dándose amor apache.

—Bisha, ¿qué sucede? —Okita se había puesto unos tapones en la nariz—. ¿Por qué no me ayudas a arrojarla desde el tercer piso?

—Seré yo la que te arroje desde aquí y les dé tus restos a los perros salvajes.

—En realidad yo los andaba buscando porque una personita quería hablar con ustedes —detrás del peli azul se asomó una personita muy familiar para ambos—. Quería entregarle algo a ambos.

—¿Soyo-chan?

—Mi hermano mayor me dio estos boletos, pero son demasiados para mí. Por lo que pensé que sería bueno que fuéramos en parejas y disfrutáramos de un domingo divertido todos juntos —los dorados papeles eran boletos VIP para el parque acuático que tenía la ciudad; accesos que no solamente eran costosos, sino también bastante demandados—. Kagura-chan, deberías invitar a Shino-san —decía para su amiga con una pequeña sonrisita—. Okita-san, si quieres puedes llevar contigo a tu nueva amiga —el hombre sonrió con malicia pura.

¿Qué es lo que está planeando Tokugawa al hacer que esos cuatro se reúnan en un mismo lugar? —Bishamon observaba todo en completo silencio. Porque los toros de lejos se ven mejor—. ¿No es este domingo el susodicho concurso de videojuegos de Kamui? Pensé que estaría entrenando para ese día.

—Y también tengo estos —allí estaban seis boletos más. Estos eran de un restaurante y decían "buffet gratis" —. Por si nos da hambre después de pasar el día en el centro de atracciones.

Posiblemente no haya logrado llegar al nivel que debía y no clasificó para participar —sí, eso tenía bastante sentido—. Por lo que ha recurrido a otro método para robar la atención del hermano idiota —rascaba su barbilla, sonriendo tenuemente—. Tal vez el parque no le interese a Kamui, pero la comida gratis y de buena calidad es otro asunto. Sin embargo, ¿será suficiente con eso para hacer que desista de la competencia?

—Le diré a Shino. Estoy segura de que le encantará —la pelirroja tomó su paquete de boletos de lo más campante.

—Yuina y yo no tenemos nada planeado este fin de semana así que iremos a divertirnos un rato —soltó el otro como si nada. Ambos se vieron de soslayo, con desprecio.

—¡Perfecto entonces! —Soyo aplaudió para llamar la atención de ambos—. Veámonos entonces afuera del parque a las once de la mañana.

—Está bien —pronunciaron a la vez.

—Y ya que quedan unas entradas extras, deberíamos invitar a tu hermano… A él también deben gustarle esos lugares —miraba a su mejor amiga, con cierta suplica.

—Pero él no tiene ninguna novia con quien ir —la pelirroja captó la idea a medias—. Y creo que ese día tiene un estúpido concurso.

—Creo que una salida con amigos es mucho más fructífera y memorable que un evento friki como ese —argumentaba la pelinegra—. No es bueno que se pierda en los mundos virtuales.

Le daré crédito por ser tan creativa con la excusa para jalar a Kamui en esta salida de parejitas —Bishamon era un mero espectador y posiblemente así era mejor—. Sin embargo, tendrá que hacer algo más si desea que ese idiota abandone la competencia.

—Ya que no vas a emplearlos, les daré un mejor uso —Sougo tomó los boletos que sobraban de las manos de Soyo—. Invitemos a Raiko. De ese modo traerá a su novia y al fin la conoceremos —porque él continuaba creyendo que Bishamon le había tomado el pelo y había inventado a la susodicha pareja del rubio.

—Es una buena idea —Kagura también tenía curiosidad al respecto.

—Pero…esos boletos son…—ella no estaba esperando aquel giro inesperado de los acontecimientos.

—Gracias Soyo-chan por los boletos. Los usaremos responsablemente —gratificaba la chiquilla antes de salir de allí, corriendo a toda prisa.

—Tengo muchas cosas que preparar, así que me marcho —Sougo también se fue, riendo por lo bajo, como un psicópata que ha capturado a su víctima ideal.

—Fue un buen intento —la mano de Bishamon le dio un par de palmadas sobre el hombro a la desolada chica—. Una lástima que olvidaste que tienes amigos idiotas y egoístas.

—Tú me ayudarás a que Kamui-san abandone la competencia y vaya al parque acuático —mal momento para tener el cabello largo. Esa chica lo había agarrado de su cabellera, para que le pusiera atención.

—Los rumores eran ciertos, eres una maldita yandere —a él esa bonita sonrisa no lo convencería de pensar que estaba cuerda.

—Quedará descalificado si su pareja de juego no llega. Por lo que no habrá concurso en el cual participar.

—Estoy muy seguro de que esa chica aparecerá —y su bella cabellera fue halada con más fuerza. Y ahora esas castañas pupilas estaban más cerca de su rostro que hace unos segundos atrás.

—Sé muy bien que sabes cómo embaucar a las mujeres sin demasiado esfuerzo, Bisha-san —el hombre se quedó callado, con una gota de sudor recorriéndole la sien—. Dudo que esa retraída y friki chica se resista a tu labia y a tu apariencia —agradecería sus buenos halagos—. Por lo que será una víctima sencilla para ti.

—No sé si alguien ya te lo habrá dicho, pero creo que ese afecto que sientes por Kamui se ha convertido, no sé, como que, en obsesión, ¿no te parece? Conozco un excelente psicólogo que te puede ayudar a superar esto —¿de dónde había sacado esas bonitas tijeras? ¿Qué estaba planeando? ¿Por qué las acercó a su cabello? —. Baja eso, podrías hacerte daño.

—No es tan raro que un amigo se quede con la chica de otro. ¿no? —Bishamon no estaba prestando atención a su pregunta; a él lo que le interesaba era que esas tijeras no cortaran su sagrado cabello—. Todos sabemos que esa mala mujer solamente está abusando de la inocencia de Kamui-san.

—Yo no creo que él sea tan inocente como piensas —gracias a sus ágiles manos y reflejos, se había encargado de quitarle las tijeras a esa loca—. Esa sonrisa tiene que ser engañosa —así como la que le estaba regalando ella mientras se acercaba a él con otro juego de tijeras; aunque esas eran mucho más grandes que las anteriores—. ¿Por qué no sales con alguien y así le das celos a ese imbécil? —¿por qué no? Ya estaba de moda eso de conseguirse parejita para encelar a otros.

—No estoy muy segura de que eso funcionaría —se detuvo, frenando sus instintos asesinos hacia Bishamon.

—Bueno, sino te conviene un novio, ¿qué tal una pareja para concursar este domingo? —eso era una mejor idea.

—¿Hay alguien lo suficientemente bueno para participar en la competencia? —él asintió.

—Es el único encanto que tiene como cherryboy —confesó—. Ya que nadie le hace caso se la vive jugando juegos de simulación de citas, escucha música horrible y bueno, estará más que complacido de tener a una linda chica como tú de compañera —decía para la jovencita.

—Si tengo alguien con quien participar, podré enseñarle lo buena que soy y entonces…

—Le demostrarás a Kamui que eres igual o más capaz que esa chica y captarás su atención. Y a partir de ahí podrás ir conquistándolo poco a poco.

—Tu plan es perfecto —oh sí, alguien había caído en la palabrería de cierto hombre embustero. No había duda de que sabía timar a quien quisiera—. Preséntame con ese chico.

El día acordado llegó y eso significaba que debía alistarse para salir de casa para poder disfrutar al máximo su estadía en el parque de diversiones. Así que ahora se encontraba frente al espejo de cuerpo entero que poseía mientras se probaba todo lo que tenía; no se decía qué llevarse puesto.

—Y yo que pensaba que el único que tenía la habitación hecha un desastre era tu hermano —bajo el margen de la puerta había aparecido aquella hermosa mujer. Por las vestimentas formales que llevaba puestas era fácil deducir que recién había llegado a casa.

—¡Mami! —Kagura corrió hacia su progenitora, para abrazarla. Siempre la echaba de menos—. Has vuelto al fin.

—Terminé mis comisiones antes de tiempo y regresé —su hija estaba tan contenta por eso—. ¿Vas a salir con tu novio?

—Iré con él y otros amigos al parque acuático —mintió para no tener que dar explicaciones—. Pero no sé qué ponerme —era el dilema de toda chica.

—¿Por qué no usas lo que te he traído? —le dio una bolsa de papel que llevaba consigo—. Estoy segura de que te quedará divino. Dejarás a Shino sorprendido.

Se trataba de un vestido blanco, de tirantes delgados y volantes en la parte inferior. Era tan fresco y bonito; una verdadera pieza textil.

—Te queda de maravilla —estaba parada detrás de su hija, observando su reflejo en el espejo—. ¿Qué tal si también hacemos algo como esto? —retiró las gruesas gafas que solamente empleada por juego y esos dos adornos que retenían su bonito cabello pelirrojo—. Ahora luces mucho más bonita —tomó un cepillo y empezó a peinar el sedoso cabello de su pequeña.

—Se…siente muy extraño usar esta clase de cosas —no estaba acostumbrad a usar ropa femenina, así que se sentía expuesta y un tanto incómoda.

—Te acostumbrarás —creyó en su palabra—. Eres muy bonita. Así que no debes preocuparte por nada —tomó y colocó un sombrero blanco de ala ancha sobre su cabeza; este poseía un listón del mismo tono, con un moño en el costado derecho—. Mírate. Ya eres toda una mujercita.

—Soy tan bonita como tú, mami —nunca antes había visto esa faceta suya en el espejo. Jamás creyó que pudiera verse tan delicada y arreglada como se contemplaba en ese instante. Estaba enfrentando una nueva faceta de su persona y tal vez, no era tan desagradable como se imaginó que sería.

—Serás incluso más hermosa —indicaba amorosamente mientras la abrazaba desde atrás—. Tenemos que elegir unos bonitos zapatos que combinen con todo.

—¡Tampoco tengo un traje de baño! —a buena hora se acordaba.

—¿Qué te parece si pasamos a comprarlo de camino al parque?

Descendió del vehículo, despidiéndose de su madre antes de partir hacia la entrada del parque acuático. Había muchísima gente allí, pero le resultaba de lo más sencillo hallar a Shino; por lo que pronto se encontró a su lado, saludándole con entusiasmo.

—Te ves muy bien este día, Kagura —Kagura no estaba esperando a que le piropeara y menos de manera tan directa y en cuanto se vieran; la joven al no estar acostumbrada a ello, experimentó pena y un tenue carmesí empapó sus mejillas.

—T-Tú también —porque sólo los sujetos como él podrían verse bien con unas simples bermudas verde ocre y una playera blanca.

—Con este calor ese sombrero estará más que perfecto —señaló—. Con la fácil que te insolas.

—No sabía que los idiotas se insolaban —el castaño había llegado, luciendo un pesquero blanco y una playera sin mangas azul marino—. Hoy he aprendido algo nuevo —pero no estaba solo. Allí estaba aquella joven; una que acaparaba miradas con suma facilidad como lo hacía el pelinegro.

—Soy Yuina, gusto en conocerlos Kagura-chan, Shino-san —ella por su parte, llevaba un short de mezclilla a la cadera y una blusa campesina rosa pastel; un atuendo perfecto para la temporada.

—Encantado —pronunciaba el novio de Kagura con cordialidad—. Todavía debemos esperar a Raiko, ¿no? —preguntó a su pareja.

—No es necesario que lo hagamos —decía Sougo para ambos—. Pasé a verlo a su casa de camino acá y el imbécil está resfriado desde ayer, por lo que no podrá venir —¿y eso era bueno o malo? —. Así que seremos nosotros cuatro nada más.

—Siendo ese el caso, apresurémonos a entrar o toda esa gente nos bloqueará la entrada —Kagura fue la primera en avanzar, pescando al pelinegro de la muñeca para que le siguiera.

—Nuestros boletos son VIP, así que entramos por otro lado —le recordaba Shino a la atolondrada joven.

—Vamos, no nos quedemos atrás —exponía Sougo para su bonita acompañante—. Divirtámonos en grande.