Destino.

Cuando entran en uno de los laboratorios, Mike se ríe quedamente, dándole una palmada en el hombro a John por lo que parece ser la enésima vez desde que puso los ojos en él. Como si John estuviera haciendo un gran trabajo fingiendo que se alegra de verlo, o como si Mike estuviera tan complacido de ver a John que está ciego a todo lo demás. No es una sensación confortable para él, fingir que es alguien que no es, intentando ser amable y simpático con un amigo de Watson, cuando todo lo que de verdad John quiere hacer es buscar a Sherlock.

- Lo encontrarás bastante cambiado desde que estuviste aquí – le avisa Mike mientras hace un gesto con el brazo a todos los ordenadores y el equipo.

Pero John ya no está escuchando. En vez de eso se queda ahí parado completamente asombrado, dejando que el entrenamiento militar de Watson lo mantenga derecho y centrado, intentando desesperadamente no quedarse mirando al hombre que está frente a un microscopio, ignorándolos a los dos.

Santo Cielo. Sherlock.

Cada célula de su cuerpo está exultante y le toma cada gramo de fuerza de voluntad a John mantenerse firme y mirarlo de nuevo, como si no supiera cada íntimo detalle del hombre que está sentado a solo unos pocos metros de él. Actuar como si no lo conociera de nada. El bajo sonido de un teléfono sonando lo ayuda a distraerse, Mike le ofrece una expresión de disculpa antes de decir:

- Enseguida vuelvo... es que tengo que contestar... - Stamford sale al pasillo, dejándolos a los dos solos.

Volviéndose otra vez hacia Sherlock, como una pieza de metal que irresistiblemente es atraído por un poderoso imán, John se queda simplemente mirándolo fijamente antes de forzar a sus ojos a mirar a la mesa delante de él. Ahí hay una bandeja de disección, y a falta de otra cosa mejor que hacer da un paso hacia delante y empieza a reorganizar las herramientas en ella.

El silencio es casi ensordecedor, la mente de John se acelera a mil por hora mientras estudia con cuidado todo lo que puede sin que parezca demasiado obvio. Para empezar, no hay nadie más en la habitación con ellos, lo cual es significativo. A Sherlock no se le han asignado un nuevo Ángel de la Guardia. El hombro de John le arde de repente, lo que le fuerza a tomar aliento y luego a relajarse deliberadamente, girándolo para aliviar el dolor. Está enfadado, sí, de que Sherlock haya sido abandonado simplemente porque John sobrepasó los límites, pero también siente una peculiar sensación de... ¿alivio? De una extraña manera, Sherlock aún es... suyo. Nadie más está cuidando de él. Eso, solo si John puede descubrir una forma de retomar sus obligaciones.

Por otro lado Sherlock parece estar bien. Incluso descansado. Así que claramente se ha recuperado de su chapuzón en el Támesis y se ha estado cuidando. O, más probablemente, alguien más lo ha hecho. Una ceja se eleva mientras John se pregunta quien más podría haber...

- Bueno – la voz de Sherlock suena inesperadamente en un timbre maravillosamente rico - ¿deberíamos entonces seguir con esto?

Los ojos de un azul océano de John se levantan, asustado y confuso, mientras parpadea y pregunta con sinceridad.

- ¿Perdón?

- Oh, vamos. Es obvio que la razón de que estés aquí es para conocerme.

Una oleada de pánico y adrenalina recorre las venas de John ante la idea de que ha sido pillado en fingir no desear eso, pero se esfuma inmediatamente cuando Sherlock continua:

- Claramente Mike te ha traído aquí para que me conozcas. Ahora, podría estar pensando en jugar a casamentero, desde el momento en que está asquerosamente determinado a creer que todo el mundo tiene una alma gemela solo esperando a ser encontrada y se deleita en intentar emparejar a la gente. Pero sabe que estoy casado con mi trabajo y que no toleraría tal interferencia, nunca lo he hecho, así que más bien la razón de que estés aquí es porque necesitas un compañero de piso.

- ¿Yo? - pregunta, no porque esté intentando ser denso sino porque Sherlock le está hablando. Sherlock le está hablando. A él. Todo es demasiado delicioso. Incluso la mirada de completa irritación ante la estúpida percepción de John es demasiado deliciosa.

- Sí, por supuesto que tú. Después de todo, has sido recientemente invalidado del ejército. La pensión no puede ser mucho, pero estás aquí, en Londres, lo que significa que debes de necesitar un compañero de piso porque prácticamente acabo de mencionarle a Mike hoy por la mañana que yo necesitaba un compañero de piso y, como dije, Mike es un casamentero nato. ¡Por lo tanto! Si no puede emparejarme con una cita, naturalmente querrá emparejarme con alguien que pueda ayudar a pagar el alquiler.

- ¿Y cómo exactamente has deducido eso? - una cosa es observar a Sherlock hacerle esto a los demás. Es algo totalmente distinto tenerle usando sus talentos con uno mismo. John apenas puede contener una sonrisa en su rostro, confiando enteramente en las habilidades de Watson para mantener su expresión neutral con un toque de cautela.

Sherlock le lanza una de esas oh miradas tan familiares que dice "oh por favor es tan obvio" antes de explicárselo a John.

- Serviste en la guerra. Adivinaría que en Afghanistan, pero podría haber sido Iraq. Allí fuiste médico, pero también soldado viendo que el percutor te ha provocado un callo en la membrana entre el pulgar y el índice, así que usaste la pistola regularmente. Además tu postura es muy militar igual que tu corte de pelo, pero has reorganizado el instrumental médico en esa bandeja de disección en el orden correcto para un cirujano, ergo, médico. Tu ropa es un poco grande para ti, pero es nueva. No es algo que compraras por ti mismo, naturalmente, más bien te la compró como un regalo alguien que no se ha dado cuenta de que has perdido peso. Una repentina perdida de peso, dada tu unión al servicio militar, sugiere que has pasado recientemente una gran cantidad de tiempo en un hospital, seguramente para recuperarte de las heridas recibidas en el frente. Favoreces el hombro izquierdo y lo girabas con cuidado cuando has entrado en la habitación, por lo tanto probablemente te dispararon ahí en cumplimiento del deber y eso te ha traído a casa. Por supuesto también está la cojera, pero no es el verdadero problema. Estás de pie perfectamente erguido y sin dolor aparente, solo parece ser un problema cuando andas, psicosomático lo más probable. ¿Debería continuar?

John simplemente asiente antes de añadir:

- Sí, por favor – continua dependiendo de la memoria muscular de Watson, añadiendo una dosis de confusión y asombro a su expresión. Sherlock se esperaría esas reacciones.

Una ceja levantada es la contestación que obtiene, como si se sorprendiera ante la respuesta afirmativa de John, pero Sherlock complace al buen doctor.

- Has estado en Barts antes, pero no durante un tiempo, dado el comentario de Mike de que las cosas son diferentes, por tanto no desde la Universidad. Tú y Mike son de la misma edad y claramente él siente que puede estar físicamente cerca de ti, pero nunca te ha mencionado antes. Ahora, Mike conoce que soy un tipo de persona difícil para lidiar con ella, mucho menos para vivir, así que no me presentaría a cualquiera, lo que significa que según sus recuerdos de ti cree que encajaríamos bien. Ergo, estudiasteis juntos. Claramente fuisteis buenos amigos, o al menos Mike te considera un buen amigo, aunque tú ahora pareces un poco indiferente hacia él, o quizás tu afecto ha menguado con los años. Y a pesar de sus faltas e inclinaciones, Mike tiende a ser un juez decente de la personalidad y realista con los defectos. ¿Te gusta el violín? Porque tiendo a tocar mientras pienso, a veces en mitad de la noche. También tiendo a tener una serie de experimentos en curso a la vez, espero que eso no te moleste demasiado. Ciertamente no tengo ninguna intención de parar.

John sonríe, baja la mirada para ocultar la expresión de placer en su rostro.

- Tú... eso fue... increíble.

Realmente las palabras que estaban en la punta de la lengua eran "tú eres increíble", pero eso habría enseñado sus cartas demasiado pronto en esta etapa del juego. Necesita ganarse la confianza de Sherlock, pero demasiadas alabanzas y el detective asesor se cerraría a si mismo en la sospecha.

La expresión de Sherlock se mueve sutilmente, una pizca de sorpresa e incertidumbre tocan sus ojos cuando aparta la mirada un momento, le vuelve a mirar brevemente, y entonces deja caer sus ojos mientras se inclina para mirar por el microscopio una vez más.

- Eso fue... diferente.

- ¿El qué? - pregunta John alegremente.

- Eso. Lo que dijiste – sus ojos de un plata pálido se levantan, juntando las cejas cuando pregunta abruptamente - ¿Lo decías en serio?

- Por supuesto que lo decía en serio – contesta John pragmático - ¿Por qué no iba a hacerlo? Fue, en una palabra, asombroso.

Todo eso, muy en el fondo, es incorrecto por supuesto, pero eso realmente no es culpa de Sherlock. Después de todo, solo puede trabajar con lo que puede ver.

Sherlock levanta la mirada y mira fijamente a John un largo rato más antes de que la comisura de la boca se le curve. Sacando un bolígrafo y una tarjeta del bolsillo anota algo y luego se acerca, poniéndose su largo abrigo negro y enrollando su bufanda azul alrededor del cuello. Le entrega la tarjeta a John, mientras remarca:

- La dirección es el 221B de la calle Baker, lo he escrito en la tarjeta. Ven esta tarde, sobre las 5:30, para ver si el sitio te gusta - se va en un remolino negro antes de que incluso John tenga oportunidad de decir "vale".

Parpadeando con rapidez, se queda mirando la tarjeta, dándole la vuelta para leer lo que dice: "La Ciencia de la Deducción" junto con el nombre de Sherlock y su número. Una lenta sonrisa se extiende por el rostro de John hasta que está felizmente sonriendo.

Y no ha tenido ni siquiera que rezar.


Tras llegar hasta la puerta en cuestión, John llama al timbre a las 5:30 en punto. Mirando de izquierda a derecha, no puede evitar notar que el vecindario es una clara mejora de su anterior apartamento. Probablemente sea más una combinación de conveniencia, oportunidad, y momento adecuado, más que un deseo real de mejorar sus condiciones. Los entornos físicos, en realidad todo lo físico en cualquier sentido de la palabra, nunca ha tenido mucha importancia para Sherlock. Con un resoplido de aire que realmente puede ver, John espera a que alguien abra la puerta, con cada vez menos esperanza. No puede evitar preguntarse si Sherlock de verdad va a estar ahí o si se habrá olvidado.

Cuando la puerta por fin se abre, no es Sherlock quien aparece sino una mujer mayor con el pelo plateado y una cálida sonrisa.

- ¿Puedo ayudarte?

Echando un vistazo a su alrededor de nuevo, John saca la tarjeta que recibió del bolsillo y la estudia otra vez, murmurando:

- Lo siento muchísimo, ¿tengo mal la dirección? Estoy buscando el 221B de la calle Baker...

- Oh, no querido, tienes la dirección correcta, entra, entra – le ofrece ella, apartándose para dejar a John entrar antes de cerrar la puerta y llamar escaleras arriba - ¡Sherlock! ¡Tu joven ya está aquí! - un violín está sonando, sin cesar por la llamada de John o la de ella. Negando con la cabeza ella se vuelve para estudiar a John un momento antes de ofrecerle la mano – Soy la señora Hudson, la casera, querido. Encantada de conocerlo, ¿señor...?

- Watson. John Watson – responde John, tomándole la mano y estrechándola amablemente mientras mira a su alrededor.

- El piso de Sherlock está arriba, el 221B. Supongo que debes de ser el joven compañero con el que va a compartirlo, ¿si? - vuelve a estudiar a John antes de sonreír con hoyuelos en las mejillas y señalar – Hay una habitación extra en el piso de arriba, en caso de que necesite una...

John tiene la clara sensación de que la señora Hudson está indagando en algo, pero qué exactamente no está del todo seguro. Parpadeando, le ofrece algo así como una sonrisa confusa y dice:

- Bueno, supongo que lo mejor será echarle primero un vistazo, ver qué es que y ¿podremos seguir desde ahí?

Ella le da una amplia y complacida sonrisa y le da una palmada en el brazo.

- Así es. Adelante entonces, ve justo escaleras arriba y dale un buen golpetazo a la puerta. Es así a veces, vive en alguna parte de su propio mundo. Si necesitas algo, solo tienes que llamarme. Estaré abajo – ella abre la puerta de su apartamento, parándose para echar un vistazo a John cuando este empieza su ascenso – Oh, espera un minuto – recoge un paquete de correo de una pequeña mesa y se lo entrega a John – Sea amable y suba esto por mi – su mano se posa suavemente contra su lateral mientras confiesa – Tengo una cadera... pero veo que las escaleras tampoco son exactamente sus amigas, ¿mmmm? - su mirada pasando a descansar con curiosidad sobre el bastón – Oh, y para dejar claras las cosas, ni cocino ni limpio. Solo la casera, como he dicho. El alquiler se paga a principios de mes.

John le da a la mujer una rápida sonrisa y asiente, observándola irse, captando la imagen del filo de una ala desde dentro de su apartamento justo cuando ella cierra la puerta. Girándose mira la altura de las escaleras antes de suspirar, y ascender con torpeza los escalones. Cuando llega a la puerta de Sherlock, llama suavemente al principio y cuando no parece funcionar, más fuerte.

La música se detiene abruptamente y segundos después Sherlock abre la puerta, sosteniendo el instrumento en su mano izquierda.

- ¡Ah, John! Llegas tarde – señala, incluso aunque es más acertado decir que Sherlock era el que llegaba tarde en su respuesta.

Torciendo los labios, John le da al alto que está ante él una irónica sonrisa y ofrece:

- Perdón por eso. La maldita pierna y todo eso – dice tocándose el lado de la pierna con el bastón, ofreciéndole la tarjeta con la mano izquierda.

La mirada de Sherlock cae hasta la extremidad ofendida y hace un gesto de duda.

- Mmmm, sí. Bueno, entra – dice mientras toma la tarjeta con un asentimiento de agradecimiento. Dándose la vuelta, Sherlock lleva el violín hasta su maletín, guardándolo con cuidado antes de examinar la pequeña chimenea.

John entra al apartamento, dándose cuenta del sorprendente hecho de que está lleno de cosas. Solo da unos pocos pasos más adentro cuando se da cuenta que está delante de todas las cosas de Sherlock. Sus... cosas. Las pertenencias que deberían haber desaparecido con las llamas en su antiguo piso. ¿Cómo es posible?

Lo siguiente de lo que se da cuenta es de que hay un extraño olor acre en el aire. Olfateando con curiosidad, la mirada de John se posa en la nuca de Sherlock mientras dice desconcertado:

- Huele bien... ¿has estado fumando? - John se da cuenta de sus desliz en el momento en el que las palabras abandonan su boca, pero afortunadamente Sherlock está en ese momento demasiado preocupado con la clasificación de su correo para darse cuenta.

- En estos días no se puede mantener el hábito de fumar en Londres, y la señora Hudson, la casera, se queja del olor – murmura Sherlock mientras acaba por dejar el correo en la repisa de la chimenea y fijarlo en su sitio con un cuchillo antes de mirar a sus diversas posesiones – Sí, bueno, es lo que ocurre cuando tu anterior piso arde hasta los cimientos. Aunque no importa. Todo lo importante fue salvado. De vez en cuando el aburrimiento es un catalizador sorprendentemente útil.

¿El aburrimiento?

Mirando a su alrededor, John observa los objetos esparcidos por la habitación antes de susurrar:

- Los protegiste... - cuando la realización le golpea.

Solo porque seas un Ángel de la Guarda no significa necesariamente que sepas todo lo que hace o piense tu humano en cualquier momento dado. A menos que sean de los que hablan en voz alta o hagan algo obvio, a veces sus acciones pueden ser tan curiosas como elusivas. Pero John lo recuerda ahora. Un día cuando Sherlock tuvo un ataque de aburrimiento y estuvo buscando en el libro de hechizos para pasar el rato hasta que uno captó su atención. Ese día cuando fue a por todas sus pertenencias, arrojándolas a un lado de la forma que él llama "ordenándolas", si usas ese término de forma generosa, en pilas de "aburrido" y "no aburrido".

Nada en la habitación es de la pila de "aburrido". Sherlock las estaba encantando, poniéndoles hechizos protectores.

No es hasta que nota que Sherlock lo está mirando fijamente que John se da cuenta de que lo que ha dicho antes es como una declaración en voz alta y que era lo completamente erróneo para decir. Una persona normal habría hecho algún tipo de exclamación sobre el fuego, ¿quizás palabras de condolencia o preocupación? Sherlock lo está mirando con perspicacia y el agudo interés que indica que John ha hecho algo inesperado y sorprendente. No es una mirada que se vea muy a menudo en el rostro de Sherlock.

Solo le lleva un momento al detective asesor deducir la respuesta. Afortunadamente, por una vez, se está haciendo la pregunta equivocada.

- Eres un Sensitivo.

John cambia el pie de peso mientras se gira para enfrentarse a Sherlock, el bastón golpeando el suelo cuando decide que no hay ningún punto en negarlo. Levanta la barbilla ligeramente, casi agresivamente , como si estuviera admitiendo algo menos que amargo.

- Sí. Sí, lo soy...

Sherlock continua mirándole fijamente con unos ojos frío y entrecerrados, antes de que una sonrisa lenta y casi perversa curve sus labios mientras responde con entusiasmo:

- Excelente.

Sherlock hace de todo para usar lo que esté a mano para sus propios propósitos, tratando a las personas como herramientas de usar y tirar. Ahora está mirando fijamente a John como si acabara de descubrir un nuevo microscopio electrónico de barrido marca Leica en su salón. Sin embargo, ese placer por su recién descubrimiento, y la gratificación personal que eso le aporta, es rápidamente olvidada cuando su mirada se mueve hacia la ventana. Las familiares luces rojas y azules de la policía se pueden ver reflejándose en las cortinas, aunque ninguna sirena las acompaña. La sonrisa en sus labios se vuelve incluso más ancha cuando repite de nuevo, con incluso más placer:

- Excelente.

Girando sus cabezas a la vez, ambos hombres miran hacia la puerta abierta cuando la familiar figura de Lestrade sube los diecisiete escalones hasta el piso, dándole a John la más superficial de las miradas antes de reunir toda su atención y concentrarla en Sherlock.

- Ha habido otro.

- ¿Y?

- ¿Y qué?

- ¿Qué es diferente? ¿Por qué estás aquí?

- ¿Aparte del hecho de que tengo, contados, cuatro aparentes suicidios que están relacionados de alguna forma, incluso aunque no haya nada que conecte a las cuatro víctimas y que no tengo ninguna pista en este caso? - mira hacia Sherlock, encontrándose con su fría y desapasionada mirada antes de resoplar – Este nos ha dejado un mensaje. Y esto ha ido demasiado lejos. Necesito tu ayuda.

Los labios de Sherlock se curvan en una pequeña y satisfecha sonrisa cuando responde:

- Sí. Me necesitas. Entonces, adelántate y me encontraré allí contigo. Envíame la dirección.

Lestrade mira una vez más a John casi como disculpándose antes de inclinar la cabeza hacia Sherlock y murmurar en voz baja:

- Gracias – y entonces vuelve escaleras abajo.

Dando vueltas en un círculo, Sherlock por lo menos tiene la decencia de esperar a que la puerta de abajo se cierre antes de exclamar:

- ¡Por fin! Debería haber venido a mi después del segundo caso, ¡pero al final hay algo que hacer! ¡Cuatro suicidios! ¡Suicidios en serie! Sin pactos, sin sociedades secretas, ¡¿solo cuatro perfectos desconocidos cometen suicidio sin ninguna razón?!

Se pone el abrigo con un revuelo y empieza a recoger varios objetos de la habitación: un pequeño libro de hechizos, un talismán, una caja de tiza, y una gran variedad de objetos que usa para ayudarle con las deducciones más sobrenaturales; antes de que de repente parezca recordar que John sigue ahí.

- Ponte cómodo, ¡estaré de vuelta en un par de horas! - y con un remolino negro se marcha, los pies golpeando los escalones escaleras abajo, excitado como un niño un día de nieve.

John casi sigue a Sherlock sin ni siquiera pensarlo. Siempre ha seguido a Sherlock. Le lleva un momento darse cuenta de dos cosas.

Uno, no tiene que seguir a Sherlock a todas partes. Podría, ya sabes, tener una vida. Excepto por la parte en la que ya ha decidido que probablemente eso no sea una opción para él.

Dos, no ha sido invitado. Y aunque eso ciertamente nunca ha detenido a Sherlock antes, John sabe lo suficiente sobre la naturaleza humana para darse cuenta de que no es normal seguir a alguien que supuestamente acabas de conocer cuando ha sido invitado por la policía para examinar una escena del crimen y tú no.

No sería muy normal.

Con Sherlock fuera, el dolor del hombro y del muslo vuelven con una venganza. Así que, con un gruñido de frustración, John se recuesta en un cómodo sillón y observa su nuevo piso, solo preguntándose que demonios va hacer ahora consigo mismo.

No se da cuenta de que Sherlock ha vuelto hasta que el hombre imposiblemente alto vuelve a entrar en la habitación con un dramático movimiento con el abrigo, mirando fijamente a John, su voz profunda y suave como la seda cuando reitera:

- Eres un Sensitivo. Y médico.

Levantando la vista hacia Sherlock, John junta las cejas un momento antes de confirmar lo obvio:

- Sí, lo soy.

- ¿Bueno?

- ¿En qué? ¿En lo de Sensitivo o en lo de médico?

Sherlock da una pequeña sacudida con la cabeza y con la mano, como si la distinción fuera irrelevante.

- Ambos.

- Entonces sí. Muy bueno.

Los ojos de Sherlock se entrecierran mientras saca los guantes y se los pone.

- Debes de haber visto cosas bastante horribles con los años. El tipo de cosas que no pueden ser vistas.

John casi sonríe, pensando para si, "Ohhhh, Sherlock, no tienes ni idea". De alguna forma se las arregla para mantener un rostro serio y calmado.

- Sí. Bastante. Más de lo que puedas imaginar.

La ceja de Sherlock se levanta en una mezcla entre la diversión y la irritación lo que hace que se lo tome como un menosprecio y un reto, porque naturalmente él puede imaginar bastante.

- Bien – dice con decisión – entonces estoy seguro de que no te importará ver más. Adelante John, ¡hay trabajo que hacer! - exclama con una alegre palmada mientras se gira y corre escaleras abajo sin ni siquiera una mirada por encima de su hombro para ver si John está detrás de él.

John lo sigue. John siempre lo sigue.