Disclaimer: Los personajes de Naruto no son de mi propiedad sino de su creador, el mangaka Masashi Kishimoto. Solo los utilizo para adaptarlos a la historia de Carol Martin, Aprendiendo de ti. La pareja principal es Sasuhina, sus personalidades pueden estar alteradas ya que es una adaptación, sino te gusta no lo leas, todo lo hago sin fines de lucro y por amor al Sasuhina así que si no te gusta esta pareja ¿Qué haces aquí? Solo quiero mostrar los libros que me gustaron a través de esta gran pareja que se robó mi corazón desde que la vi.
Advertencia: este libro contiende contenido sexual y palabras vulgares. Quien avisa no es traidor. Disfruten de la lectura.
CAPÍTULO 7
—¿Por qué no te quedas a dormir? — preguntó tumbado en el sofá mientras me vestía.
—Ya sabes que no me gusta dejar sola a Hanabi y mucho menos sin avisarla.
—Déjala hacer su vida, bastante te encargas de ella.
—Lo sé, pero está en una época difícil y después de nuestra discusión, no quiero empeorar las cosas.
—No creo que se dé cuenta de que no estás.
—Quizás no... Pero yo me siento mejor volviendo a casa.
—Está bien... —Me acerqué a él y le di un beso en la boca para despedirnos. Me cogió por la cintura y volvió a tirarme encima de él.
—¿Aún te quedan fuerzas? — pregunté mientras le besaba en la punta de la nariz.
—Tengo para toda la noche — respondió riendo.
—¿Seguro?
—¿Por qué no te quedas y lo compruebas?
Volví a besarlo y me puse de nuevo de pie para terminar de vestirme. Me encantaba ver su cuerpo desnudo, tirado encima del sofá y sabía que podíamos estar haciéndolo toda la noche, pero ya se había hecho tarde. Me hubiese encantado pasar la noche con él y despertarme entre sus brazos, pero sentía que no hacía bien. Normalmente no me ausentaba de casa y hasta que todo se normalizase, prefería que fuese así.
—¿Harás algo mañana? — pregunté antes de marcharme.
—Aún no lo sé, llámame y vemos.
—Está bien. —Le dediqué una pequeña sonrisa y salí directa hacia mi coche. En cuanto lo encendí pude ver que eran más de la 1 de la mañana, así que me di prisa por llegar a casa.
Hanabi no salía mucho de fiesta los fines de semana a pesar de la edad que tenía. Se había vuelto un poco antisocial en esa parte y normalmente estaba encerrada en su habitación. A mí no me importaba nada que se fuese a la discoteca y empezase a experimentar, sin embargo, prefería tenerla vigilada.
Con lo tarde que era, el tráfico no abundaba, así que legué a casa en un abrir y cerrar de ojos. No podía dejar de pensar en lo que había vivido con Toneri y me sentía demasiado emocionada, la sonrisa seguía sin desaparecer de mi boca. Aquel sábado fue completamente perfecto, sobre todo habiéndole pasado con él. Abrí la puerta con cuidado, para no hacer demasiado ruido. Me quité los tacones justo antes de entrar y me dirigí de puntillas hacia mi habitación. Me sentía como una adolescente que llegaba de fiesta y no quería que sus padres la pillasen.
Pasé por delante de la habitación de Hanabi y me quedé un poco sorprendida al ver que su puerta estaba abierta. Siempre la mantenía cerrada, intentando evitarme, así que asomé la cabeza. Su cama estaba hecha y, al encender la luz para observar bien, comprobé que Hanabi no estaba en casa. No me había avisado sobre si iba a salir o no, así que comencé a preocuparme sin remedio. Cogí mi móvil rápidamente y la llamé. Su teléfono estaba apagado, no hacía llamada ninguna. Empecé a sentirme mal y me preocuparme más, sobre todo sin saber dónde estaba. Podía imaginar que le había pasado de todo. Daba vueltas por el salón, intentando pensar qué hacer. Podía quedarme sentada esperando que apareciese o bien intentar salir con el coche a buscarla. No iba a presentarme ante ella si la encontraba con un grupo de amigas, no quería que pasase vergüenza, pero al menos saber que estaba bien.
Me acostumbré a tenerla allí, a saber, más o menos dónde estaba, así que aquella sensación no me gustaba. Me parecía totalmente normal que saliese, sin embargo, no me había mandado ni un solo mensaje para avisarme. Seguía enfadada conmigo, no habíamos cruzado palabra desde la discusión del coche, pero no me merecía estar sufriendo allí por ella gratuitamente. No tenía los números de ninguna de sus amigas para poder contactarla y lo cierto era que apenas las conocía. Hanabi cambiaba de mejor amiga a cada rato y yo me perdía por completo. No sabía bien quién era en ese momento su confidente, pues apenas me contaba nada y me parecía mal llamar a las chicas que conocía a aquellas horas.
Volví a marcarle y le dejé un mensaje en el buzón. Su móvil seguía apagado, así que no tenía forma de contactarla. Sin dudarlo un momento, me puse de nuevo los zapatos, cogí el bolso y salí a la calle a coger el coche. Lo único que me tranquilizaba era saber dónde estaba y que todo iba bien. Empecé a recorrer las zonas donde los jóvenes salían a beber y, sobre todo, la zona de discotecas. Podía reconocer a Hanabi a kilómetros de distancia así que no me hacía falta acercarme mucho a los sitios para distinguirla.
Pasé un buen rato dando vueltas para arriba y para abajo sin señales de ella. La angustia que tenía cada vez iba a más, sobre todo después de ver todas las noticias que salían a diario acerca de violaciones y abusos. Hanabi podía sacarme de mis casillas con una sola frase, pero era mi hermana pequeña y mi responsabilidad, no podía permitir que le pasase nada. Era la primera vez que me enfrentaba a aquel tipo de situaciones y me la tomé mucho peor que nunca. Estaba acostumbrada a tenerla en casa, aunque fuese encerrada en su habitación escuchando aquella música rara.
Después de más de un ahora dando vueltas en vano, decidí volver a casa penando que quizás ya estaría allí, sin embargo, en cuanto entré por la puerta, me di cuenta de que no. Todo seguía a oscuras y su habitación de nuevo estaba vacía. Me puse algo cómodo y me senté con un gran vaso de café en el sofá a esperarla. Nunca me vi en el papel de madre, sin embargo, allí estaba, como una más, esperando a que su hija adolescente volviese de fiesta. No pensaba reñirle ni nada por el estilo, pero si advertirle que la menos tenía que avisar. Hanabi era lo único que tenía en la vida, y aunque me quejase de todos los problemas, la quería. Pensar en que algo podía pasarle y que no tenía nada bajo mi control, me hacía sentir realmente mal.
. . . . . .
No supe bien en qué momento cerré los ojos, pero cuando los abrí ya había salido el sol. Me levanté de un sobresalto y salí directa a la habitación de Hanabi a buscarla, pero no había rastro de ella. Había tenido la esperanza de escucharla volver en cualquier momento y poder descansar, pero no fue así. No tenía ni idea de dónde podía haberse metido y mucho menos, con quién podía estar. En ese momento me di cuenta de que no conocía a mi hermana pequeña. No tenía idea de quienes eran sus amigos, de qué le gustaba hacer cuando salía de casa ni de donde solía ir. Éramos dos auténticas desconocidas la una para la otra, a pesar de llevar la misma sangre y compartir casa.
Volví a llamarla de nuevo, pero su móvil seguía apagado. La ansiedad crecía en mi interior por momentos y no sabía qué hacer. Era la primera vez que hacía algo así y me encontraba completamente desconcertada. Necesitaba algún tipo de apoyo, así que llamé a Toneri sin dudarlo.
—¿Sí? — respondió con voz de dormido.
—Siento llamarte tan temprano...
—Ah, Hina, eres tú... — hizo una pausa —, ¿qué pasa?
—Es Hanabi, no ha aparecido en toda la noche y estoy preocupada, no sé bien qué hacer.
—Se habrá ido de fiesta — dijo sin importancia
—Ella no suele salir y normalmente si lo hace, solo es por la tarde y vuelve antes de medianoche...
—Hina, ceo que estás exagerando.
—No lo sé, ya empiezo a imaginarme de todo.
—Anda, hazme un favor, déjame dormir algo más y llámame luego si aparece. —Me quede un poco decepcionada, esperaba que me apoyase incondicionalmente y mostrase algo de preocupación, pero parecía no importarle.
—Está bien... — respondí.
—Y relájate, no pienses tonterías.
—No creo que lo sean...
—Estas exagerando, ya lo verás—dijo sin importancia.
Todas las ganas que tenía de hablar con él desaparecieron automáticamente. No había dormido bien y estaba alterada con el tema. Lo único que necesitaba era sentir algo de empatía y no aquella actitud tan pasiva. Me despedí sin demasiadas ganas y me marché a la cocina a prepararme otro café. Aquel tipo de bebidas no era lo mejor para mí, pero lo necesitaba. Me quedaba en silencio esperando escuchar cualquier tipo de ruido que indicase que Hanabi había vuelto, pero por más que pasaba el tiempo no sucedió.
Empecé a dar vueltas por la casa y me metí en su habitación intentando buscar el número de alguna amiga o algo parecido. Sabía que no tenía que tocar sus cosas, pero necesitaba saber algo de ella. Sin embargo, por más que rebusqué no encontré nada de nada. La ansiedad aumentaba sin poder controlarla y recordé a Sasuke. Me había dado su número personal por si pasaba algo y me sentía mal, así que fui a buscar mi bolso y cogí la tarjeta con su número.
Marqué en más de una ocasión sin atreverme finalmente a pulsar la opción de llamada. No me parecía adecuado llamarlo a aquellas horas y menos siendo fin de semana. Decidí espera una hora más, para darle margen a Hanabi para volver. Las manecillas del reloj avanzaron lentamente y yo no podía dejar de mover la pierna de los nervios que tenía, así que finalmente lo llamé, arriesgándome a que me mandase de paseo o me tomase por loca.
—¿Sí? — respondió. Pero yo me quedé callada durante unos segundos.
— ¿Sí? ¿Quién es? — volvió a preguntar.
— Hola, Sasuke, soy Hinata, la hermana mayor de Hanabi, no sé si te acordarás de mí — no sabía si era por la cafeína, pero parecía un robot hablando.
— Hola, Hinata... ¿qué tal?
— Angustiada... —contesté.
— ¿Ha pasado algo? — preguntó preocupado.
—No quiero molestarte y mucho menos siendo fin de semana, imagino que estarás con tu familia, sé que puede ser un problema para ti pero Hanabi no aparece. Y yo ya no se que más hacer—decía casi temblando mientras me abrazaba a mí misma.
— ¿Cómo que no aparece?
—Llevo toda la noche en el salón, esperándola... Anoche salí a buscarla y nada... No sé dónde puede estar.
—¿Has intentado buscarla en los sitios donde suele ir? —No supe responder a esa pregunta. La verdad es que no tenía mucha idea de la vida que Hanabi mantenía fuera de casa.
— No, no sé dónde puede estar — se notaba mi angustia a través del teléfono. Llegué a sentirme un poco ridícula ante esa llamada. Nada de eso tenía que ver con él, pero yo allí estaba llamándolo un fin de semana.
—Dame la dirección de tu casa y te busco, tenemos que averiguar dónde está.
— ¿Seguro? — no me esperaba aquella reacción por su parte, pero lo agradecía.
— Claro que sí.
— Pero estarás ocupado y no es tu trabajo hacer esto un domingo.
— Mi trabajo es una vocación para mí, no voy a quedarme tranquilo si no sé si las cosas están bien.
Sasuke insistió en que le mandase mi ubicación y no tardé en hacerlo. Necesitaba que alguien me aconsejase qué hacer y me ayudase con la preocupación que tenía encima. Aquellas situaciones eran nuevas para mí y seguramente él había vivido muchas parecidas y sabía cómo actuar.
Sasuke no iba a tardar mucho en aparecer y no sabía cómo iba a agradecerle la ayuda que me estaba prestado. No había dudado ni un solo segundo en ofrecerme ayuda y estaba segura de que lo mejor que hice fue llamarlo para dejar de sentirme sola. Me dirigí hacia mi habitación a toda prisa a vestirme y a arreglarme para salir con él a buscar a Hanabi. Con solo aquella llamada, había conseguido tranquilizarme y pensaba de manera más positiva. Sasuke me iba a ayudar, no tenía duda de eso.
. . . . . .
Bajé en cuanto Sasuke me avisó y me monté en su coche. Con su compañía me sentía mucho más respaldada sin apenas conocernos. Simplemente con hablar con él, la tranquilada volvía a formar parte de mi vida.
—Hola... — saludé un poco tímida por haberlo hecho ir.
—Hola, Hinata, ¿novedades? — preguntó preocupado.
—Nada, aún no ha llegado...
—Pues vayamos a buscarla, no hay tiempo que perder.
Sasuke arrancó y empezamos a buscar por las calles tranquilamente. Mirábamos a todos sitios, preocupados, esperando verla en algún momento.
—¿Habéis tenido alguna discusión últimamente? ¿Algo que haya hecho que no quiera estar en casa? — preguntó.
—Desde aquella mañana apenas hemos hablado, pero la vi bastante tranquila, no pensé que fuese a hacer esto de desaparecer.
—¿Cuándo se fue?
—La verdad no lo sé... No estaba en casa. —Lo que menos iba a contarle es que perdí de vista a Hanabi mientras me acotaba con mi jefe y volvía a casa súper tarde.
—Ya... Bueno, tranquila, seguro que la encontramos — no preguntó detalles.
La ciudad era bastante grande y recorrerla entera podía llevarnos bastante tiempo, así que le propuse ir a los sitios donde solían salir los jóvenes. Tampoco es que tuviese mucha idea, hacía bastante que había dejado de ser adolescente y las cosas habían cambiado, pero tenía alguna idea.
—Siento mucho haberte hecho venir — dije mientras seguía mirando por la ventana —, imagino que tu familia no debe estar muy contenta, pero me sentía muy preocupada.
—Tranquila, vivo prácticamente solo, no tengo a mucha gente a quien darle explicaciones.
—¿Prácticamente solo?
—Mi compañero de piso suele hacer su vida, le gusta bastante salir.
—Pensé que... — me quedé callada, Sasuke podía estar cerca de los 40 años o al menos eso me parecía a mí. Seguíamos recorriendo calles y calles, pero no conseguía ver a Hanabi por ningún sitio.
—¿Qué has pensado? — preguntó.
—No sé, que ya tenías una familia o algo así.
—Tuve la oportunidad, pero las cosas no salieron bien. —Lo miré y parecía un poco triste. Seguía pendiente de mirar a todos lados, pero no quería parecer desinteresada.
—¿Qué pasó? Si es que puedes contar...
—Me casé hace algunos años, pero rápidamente caímos en la rutina y nos dimos cuenta de que éramos más amigos que otra cosa.
—Vaya... Lo siento...
—Tranquila, fue de mutuo acuerdo y en la actualidad nos llevamos muy bien, simplemente no era la chica que estaba destinada para mí.
Sonreí al escuchar esas palabras. Sasuke parecía demasiado maduro y se tomaba las cosas en la vida de una forma que jamás había pensado. Para mí, si una relación se terminaba, era para siempre y para no volvernos a ver más, sería demasiado doloroso.
—Tengo que aprender mucho de ti — dije mientras lo miraba.
—No tengo tanto que enseñar — me dedicó una mirar cómplice.
Seguimos dando algunas vueltas más, pero no tuvimos ningún resultado. Cada minuto que pasaba perdía más las esperanzas de encontrarla, aunque me sentía mucho más relajada.
—Será mejor que volvamos, creo que esto no está dando resultado.
—¿Estás segura?
—Sí, siento que estamos dando vueltas inútilmente.
—No pierdas la esperanza.
—Tranquilo, quizás ya haya vuelto...
Sasuke dio un par de vueltas más y finalmente decidimos dirigirnos a casa a esperar. Había pensado hasta en llamar a la policía, pero no quería parecer una loca y que me tomaran a broma.
—¿Prefieres esperar en casa? — me preguntó.
—Me siento idiota dando vueltas sin sentido.
—¿Quieres que te acompañe?
Me alegraba que me hiciese esa pregunta. No tenía fuerzas para volver a quedarme sola en casa a dar vueltas todo el tiempo. Sasuke me apoyaba y quería tenerlo a mi lado todo el tiempo posible.
—Te lo agradecería bastante, cuando estoy sola no hago más que pensar en cosas malas.
—Tranquila, aunque creamos lo contrario, ellos saben cuidarse solos.
—Eso espero...
Ese domingo apenas había gente por la calle y el tráfico volvía a ser bastante escaso, así que llegamos en poco tiempo. Sasuke aparcó justo enfrente de casa y al mirar por la ventanilla, pude ver cómo Hanabi estaba llegando a nuestro edificio.
—¡Es ella! — dije aliviada.
—Eso parece, y se le ve en buen estado — sonrió.
—¡Por fin!
Me bajé del coche, sin esperarlo, y me fui directamente a ella. Hanabi parecía como siempre e iba vestida normal, no daba la impresión de que viniese borracha o algo por el estilo.
—¡Hanabi! — dije en voz alta mientras me dirigía hacia ella. Mi hermana se quedó quieta y acorté cada vez más la distancia que nos separaba. Me alegraba un montón verla en buen estado y tenerla por fin localizada.
—No estoy para broncas... — puso mala cara. Pero sin decirle nada, la abracé. Podían haber pasado años desde que no hacía eso, pero era lo que necesitaba. Hanabi se quedó quieta, sin saber bien qué hacer.
—¿Estás bien? — pregunté al alejarme un poco de ella.
—Sí... — seguía sorprendida.
—He estado preocupada por ti, me has dado un buen susto.
—¿Preocupada? ¿Por mí? — lo preguntaba como si hubiese dicho la mayor de las locuras.
—¿Dónde estabas?
—Fui a dormir a casa de mi amiga Marta, no venías y no quería pasar la noche sola, me daba miedo.
En ese momento me sentí terriblemente mal. No la había avisado de dónde iba ni le confirmé que volvería a casa, simplemente me fui sin más. Yo siempre le pedía que me avisara si iba a hacer cualquier cosa, pero en ese instante yo no había seguido mis normas.
—Me alegra que estés aquí — la miré a los ojos.
—Gracias... Creo...
—Y carga ese móvil más a menudo, si no voy a tener que regañarte de verdad — bromeé.
Comenzamos a caminar hacia el portal y observe cómo Sasuke seguía montado en su coche. Hanabi no se dio cuenta de su presencia, pero yo no dejaba de sonreírle desde lejos, agradeciéndole todo el apoyo que me había mostrado.
Pude ver cómo me devolvía la sonrisa y se marchaba con el coche, dejándonos algo de intimidad. Había tenido a Hanabi fuera de mi control y el miedo me había hecho ver que me importaba mucho más de lo que creía. En el fondo necesitaba a Hanabi tanto como pensaba que ella me necesitaba a mí. El alivio y la tranquilidad que sentí al tenerla allí sana y salva, sin que todos mis miedos se cumpliesen, me hizo ver que tenía que volver a dar pasos para acércame a ella de nuevo. Todo aquello había pasado por mi culpa y tenía que arreglarlo.
