Capitulo 7

Amenaza

Era la primera vez que caminaba por la puerta principal por la tarde.

Nunca se había percatado de la cantidad de gente que llevaba el mismo uniforme, y la espalda de sus amigas parecía una imagen irreal de la cual no había sido espectadora. Sentía que estaba en el cuerpo de otra persona, pues lo que veía no era algo a lo que estaba acostumbrada.

Los gritos, las risas y el viento acompañaban a la masa de estudiantes que se movían por la calle, mientras Hitoka era arrastrada por ellos.

Después de haber entrado al club, lo había olvidado todo.

Sus tardes estaban organizadas con millones de tareas dedicadas al equipo, y su uniforme deportivo estaba guardado y planchado para el día siguiente dentro de su maleta, sin embargo, eso no volvería a suceder.

Debía regresar al confinamiento solitario en su casa del que había huído hace un buen tiempo y que estaba obligada a hacer, por ordenes de sus maestros. Sin su madre dispuesta el resto de la tarde y con un estómago vacío, Hitoka deseaba que todo fuese solo una broma de mal gusto.

Pero el frío de la brisa le recordó que estaba despierta.

Escalofríos subían por su cuello cuando recordaba que su pequeño hogar no era un obstáculo para su acosador, y estando sola, era el perfecto momento para hacerse presente de una vez por todas. Y la cosa sólo se ponía peor.

Sus amigos estaban en la mira de esa persona y Kei, su novio falso, sería el primero en caer.

El nudo en su pecho se hizo tan grande, que comenzó a jadear. No había cruzado palabra con Kei desde que había desechado las fotos destrozadas en el basurero y se había marchado a casa, en silencio. Estaba más que segura que moría de miedo, pero no quería mencionarselo para que no entrara en pánico (aunque, siendo sinceros, hacia mucho tiempo que sus nervios estaban hechos añicos).

El desagradable dolor en su corazón le decía que algo malo iba a suceder, y sus manos temblorosas no podían hacer nada para impedirlo. Millones de situaciones posibles aparecían en su mente, atormentándola, para lastimar a sus seres queridos y eso solo provocó que el aire le hiciera mucha más falta.

Estrujó su maleta queriendo impedir llorar de nuevo, pero estaba harta de sentir temor y desesperación. Su mente era tan creativa que casi podía verse en el funeral de alguien, con la culpa sobre sus hombros y el vacío. ¿Cómo logró meterse en tal infierno? ¿por qué estaba sucediéndole a ella?

Su cuerpo caminaba por pura memoria, pues Hitoka no estaba más ahí.

Era como si estuviese viendo una película, y la protagonista, no sabía que hacer. Quería sentir el confor de saber que todo aquello era solo una imaginación suya que estaba creando, absota en sus pensamientos.

Nada podía ser más aterrador que la realidad.

⎯¡HEY!

El jalón de su hombro impidió que pudiera avanzar. Fue un movimiento seco que la empujó de nuevo hacía atrás y sus pertenencias se le escaparon de las manos tan suvamente que apenas pudo sentirlas. El sonido de los autos chillando y los claxons lastimaron sus oídos, cuando pudo darse cuenta que un chico le gritaba a la cara con tal fiereza que pensó estaba tan enfadado con ella, aunque no lo conocía en absoluto.

Su respiración era tan dolorosa que los nudos se apretaban mucho, mucho más.

⎯¡Hey! ¡¿estás bien?!

La sacudieron, pero Hitoka solo podía escuchar ruídos guturales, sumergida en el fondo del mar. Las luces se veían borrosas y su alrededor le provocaba dolor de cabeza. Sus manos, al sentir el concreto del suelo, lograron sacarla del trance en el que estaba, calando aire en una bocanada como pez fuera del agua.

⎯¿Estás bien?

La voz profunda de la persona atrajo su atención, no sin antes apaciguar el dolor de su pecho. El chico sostenía su rostro con sus manos gigantes, y apartaba los mechones de cabello sobre su rostro para verla mejor. Mientras intentaba recobrar el aire de sus pulmones, enfocó la vista para identificar a su salvador.

El rostro duro y firme de Ushijima Wakatoshi la miraba con preocupación, algo muy raro en facciones tan agudas, pero que sin dudas lucía impresionante. Yachi intentó no parecer tan sorprendida como lo estaba, pero al sentir el sudor bajo la nuca y los dedos callosos del chico sobre sus mejillas, supo que ya lo había intuído.

Estaba junto a ella en el suelo, con su uniforme aún puesto y las zapatillas deportivas. Se notaba que estaba en camino a un calentamiento rápido antes del del club y había soltado todas sus cosas tan rápido como pudo, pues estaba regadas mucho más atrás en la acera. Tenía una mano sobre su espalda y la otra tomaba su rostro con firmeza.

⎯Yo… lo lamento tanto. No tenía idéa de que seguía la luz en verde⎯dijo, con la voz raspándole la garganta. Ushijima la miró con un poco más de calma y, en silencio, le ayudó a incorporarse. La gente que los observaba regresó a su camino, y ella pudo volver a respirar en paz.

⎯En verdad, te debo una gran disculpa y favor⎯Yachi inclinó su cuerpo adolorido, esperando que no la reconociera. Después de haberle ganado a Shiratorizawa en el torneo, no quería pensar que el señor "Puedo mandar una pelota al techo" se enojara con ella también por haber sido una idiota al cruzar la calle.

Y de todas las personas que podían vivir cerca de su casa…

⎯Eres la manager de Karasuno⎯dijo con su voz gutural, tranquilo y endemoniadamente alto. Intimidante mientras más cerca de ella, la abismal diferencia de altura estaba aplastándola con cada segundo que pasaba⎯ venía trotando detrás de ti, hasta que casi cruzas mientras seguían pasando. Ese arranque en frío me ha dejado adolorido. ⎯ se quejó, masajenado su rodilla derecha.

Yachi vió venir el mundo sobre ella.

⎯ ¡Oh no! Lo lamento, ¡lo lamento tanto! ⎯ lloró. El chico la miró con curiosidad sin abandonar su temple serio.

⎯ No te preocupes, pude detenerte a tiempo⎯ su mirada se relajó y Yachi tranquilizó a su probre corazón que no dejaba de dolerle. A pesar de que tenía que levantar su cabeza para poderlo mirarlo a la cara, no tenía rastro de estar enfadado con ella.

En un silencio incómodo, Hitoka reaccionó.

⎯ ¡S-soy Yachi Hitoka!

⎯ Ushijima Wakatoshi

Era gracioso que, siendo casi vecinos y ya haberse conocido mucho antes del troneo, nunca se habían presentado formalmente.

⎯ ¿Estás segura que te sientes bien?⎯ le preguntó.

⎯ Oh, solo estaba un poco distraída. Iba camino a mi casa…⎯ dijo ella, apartado la vista y dirigiéndose hacia la calle vacía. Ahora recordaba que le quedaba una tarde en solitario, la primera después de mucho tiempo.

El As asintió.

⎯ Mi trayecto es hacia la misma dirección⎯ dijo, Yachi no podía acostumbrarse a su voz tan gutural⎯ puedo correr a tu lado si eso no es una moléstia para ti, en caso de que puedas distraerte otra vez.

La cara de ella enrojeció.

⎯ ¡E-eso sería mucho! Realmente estoy bien, Wakatoshi-san…

⎯ Insisto, debo comenzar a trotar de nuevo⎯ colocó su maleta de deportes sobre su hombro y se ajustó la chaqueta del equipo⎯ no sería agradable si la máganer de Karasuno tuviera un accidente.

En silencio, esperó a que tomara sus pertenencias y comenzara a caminar. El corazón de Hitoka se calentó, apenas logrando mirar de reojo a su distinguido acompañante mientras el chico trotaba con las rodillas bien pegadas al pecho para mantener su paso. No le dijo una palabra más, pero así estaban cómodos.

Le agradeció infinitas veces en su cabeza, aunque sólo se despidió una vez. Lo vió alejarse mucho más rápido de lo que habían llegado a su casa, pero la calma que le había traído era algo que Yachi nunca podría dejar de apreciar.

Cerró la puerta con todos los seguros que tenía, corrió hacia su habitación y también la cerró.

La tarde apenas estaba comenzando.

⎯¡Tsukishima, cuidado!

El sonido del balón rozando su costado le hizo regresar a la realidad.

Con unos milímetros más hacia la derecha, el balón pudo haber golpeado su cara justo en el centro, y Kei supo que sus instintos lo habían salvado de milagro. Los demás seguían en silencio, con las cejas fruncidas en preocupación tratándo de ocultar el miedo que sentían.

La práctica trataba de seguir su curso, pero la falta evidente de la segunda mánager en entrenamiento dejaba el vacío en sus estómagos. Era como si todos supiesen que algo terrible estaba apunto de pasar, pero tenían que obligarse a estar ahí y seguir jugando como cualquier otro día normal.

Kei podía estar mal, pero no era el único; Hinata seguía mirando hacia el suelo con preocupación y Yamaguchi no dejaba de morderse las uñas. Estaban estresados y ansiosos a su propia manera, pero no había nada en sus manos que pudiesen hacer.

El color negro de las fotografías lo perseguía.

Había tocado su rostro varias veces verificando que seguía ahí, sin ningún surco sobre ella. Lo había impresionado tanto que aquel individuo tuviese la rabia para hacerle eso a una imagen suya, que no pudo evitar imaginar lo que intentaría hacer con la piel.

Una gota de sudor frío cruzó por su frente.

Necesitaba con toda urgencia asegurarse de que Yachi estaba bien.

Haberlo provocado de esa manera fue un gran error; En su interior, Tsukishima sabía que lo único que consiguieron era hacer enfadar a un psicópata, y que no dudaría en castigarlos. Pensó en la pequeña chica, atrapada en su casa.

Luego pensó en él, y las lineas negras sobre su cara.

Sacudió la cabeza, tomó su posición en la cancha y dejó que el juego siguiera. Estaban encerrados durante una hora más, y no podría ganar nada si seguía imaginando cosas que aún no pasaban.

Habían profesores en la entrada de los baños, en los salones que pisaban y en la entrada de la escuela. Si alguien quería irrumpir, debía ser muy cuidadoso.

Trató de concentrarse en el juego.

Cuando su tarea no fue más una distracción, lo único que pudo hacer fue mirar hacia arriba.

Recostada en su cama, en total silencio, observaba el techo de su habitación tratando de mantener un segundo de calma. Nada podía escucharse en el resto de su casa, pero el atardecer pitanba su cuarto de un color rosado e imaginó que la práctica del día había terminado.

¿Estarían los chicos bien? Fue su primer pensamiento.

Repasó los dedos sobre su cabello y resopló. Las cosas habían sido tan tranquilas que cási parecía irreal, pero que en cierta manera imaginó fue gracias a la aparición del enorme chico de Shiratorizawa, y su imponente presencia le había brindado algo de valor.

Rió, jamás pensó que el gigante as podía llegar a ser tan buen chico.

Y Yachi sintió sus mejillas arder de la vergüenza.

El juzgar a alguien por su apariencia era terrible, pero no podían culparla; tenía mucha más fuerza y su rostro no era la cosa más dulce del mundo, pero desde que lo había escuchado hablar con Hinata y les había permitido visitar su escuela le pareció algo muy bueno de su parte.

Caminó hasta la cocina por una taza de té, tomándolo de las gabetas superiores con mucho cuidado de no tropezarse. A veces su madre olvidaba ponerlo de nuevo en la parte baja, pero no fue problema para ella alcanzarlo con un poco de empeño.

Riiiing, Riiiing

El teléfono colgado en la pared vibró, con un sonido estridente en el silencio de la casa. Yachi creyó que la taza escaparía de sus manos, sintiendo el hormigeo en su estómago y lo raro que era recibir llamadas a esa hora.

Tomó el teléfono blanco y lo acercó a su oido, escuchando la nada del otro lado.

⎯¿Bueno?

Yachi-san.

La voz de Tsukishima le hizo casi gritar de alivio.

Jamás creyó que el escuchar la voz de su compañero sería la cosa más increíble del mundo, pero fue un alivio instantaneo reconocerla. Sus rodillas dejaron de temblar al mismo tiempo que sujetaba con mejor fuerza el teléfono.

⎯¡Tsukishima-kun! Me alegra mucho escucharte, ¿Han regresado todos a casa?

No, estamos en la tienda del entrenador ⎯le susurró, aparentemente tranquilo. Podía escuchar algunos "Nyoo" y "Waaaaah" de Hinata no muy lejos⎯todo el mundo quería hacer la llamada.

⎯Ha sido extrañamente tranquilo⎯dijo ella, recostándose sobre el umbral de la cocina⎯ mi mamá llegará tarde esta noche.

No bajes la guardia ⎯la voz de Kei fue sumamente segura⎯ por favor, mantente segura.

⎯¿Cómo has estado tú? ⎯le preguntó, Tsukishima no pudo respondrle más que con su silencio.⎯ Lamento tanto, tanto que se involucraran en esto…

lo he decidido por mi cuenta⎯contestó, con afán de tranquilizarla⎯ Si lloras, te harás más pequeña, Yachi.

⎯….⎯ella sonrió contra el teléfono, dejándo que los demás sonidos que se filtraban por la linea las inundacen de la situación. Podía escuchar los gritos y las risas, las bromas entre ellos. Deseó con todo su corazón estar ahí.

Tengo que colgarte, o terminaré pagando los bollos de carne de todo el equipo.

¡Bang!

⎯Está bien, Tsukishima-kun. Tengan mucho cuidado.

¡Bang, Bang!

¿Sucede algo?

⎯No, sólo es la puerta de enfrente⎯Yachi asomó su cabeza, al final del pasillo se encotnraba la puerta principal, y por debajo, la sombra de una persona esperando.

Sonó algo fuerte.

⎯Seguramente es nuestro vecino…

¡BANG, BANG!

¿Hitoka?

⎯…

Tomó el teléfono con fuerza en sus manos, mientras la voz de Kei apenas podía escucharse gritar del otro lado. Ambos pies yacían plantados sobre su puerta, sin moverse un centímetro de la entrada, y el silencio de los bruscos golpeteos le produjo una terrible sensación de nauseas. Trató de no crujir la madera mientras regresaba a adentrarse a la cocina, y lentamente se encongía en el suelo, con las rodillas temblándole.

Su aire se acababa, las manos le sudaban.

Pegó el teléfono de nuevo a su oido.

¡tienes que ponerlo en altavoz! ⎯escuchó la voz de Nishinoya como un chillido. En un segundo podía escuchar a todo el mundo justo a su lado.

¡Yachi, Yachi!

¡debes mantener la calma!

⎯… está aquí…⎯susurró, rezando al cielo que no pudiera escucharla. En su garganta se atoraban las palabras⎯ Está en mi puerta.

¡BANG!

¿Estás segura? ¿Qué puedes ver desde dónde estás?⎯ preguntó Sugawara tratándo de ocultar el pánico en su voz⎯

¡Coach Ukai! ⎯escuchó gritar a Hinata en la lejanía.

Y de pronto...

Nada.

El úncio ruído que escuchaba eran las voces alteradas en el audicular del teléfono que podían oirse ante el silencio que se hizo cuando la puerta dejó de sonar.

Con el corazón en la garganta, se asomó ante la puerta principal, esperando y rogando a dios que la sombra detrás de ella ya no estuviese más.

Pero ahí seguía, quieto.

Yachi quiso gritar.

¡Yachi! ¡Yachi!

Yachi, ¡¿Estás ahí?!⎯aquel grito de Kei la sacó de su terror y la obligó a concentrarse.

⎯…Se ha calmado⎯susurró, casi sin respirar. Un nivel más alto en su voz podría delatarla.

Se acurrucó en la esquina más próxima al teléfono fijo, e intentó manejar sus respiraciones. Inevitablemente sus manos temblaban sin control y ella estaba sorprendida del pánico que se manifestaba en su cuerpo. Debió haber imaginado que vendría por ella estando sola, enojado por la mentira de Tsukishima y con ganas de recordarle quién mandaba.

Al no sentir actividad, volvió a asomar la mirada a su puerta.

Toc, toc, toc.

Como si hubiera recuperado su humanidad, aquel llamado sonó igual a cualquier persona normal. Hitoka imaginó que su silencio había servido de algo, haciéndolo creer que no se encontraba en casa.

Algo se deslizó por debajo de la puerta.

Un trozo de papel azul yacía de su lado invitándola a tomarlo, pero sus pies seguían ahí. Con la misma rapidez se deslizó otro más de color rojo, y otro de color amarillo. Su pasillo se llenaba poco a poco de papeles de colores y sobres sellados.

Cubrió su boca con la mano libre.

⎯¡Yachi!

Yachi, por favor, ¡Dinos algo!

⎯¡Ya vamos, Hitoka!

Si respondía, la escucharía. Si respondía, la escucharía…

La última carta cayó de su lado de la puerta sobre el montículo que se había formando en la entrada con un suave movimiento, y la persona satisfecha comenzó a caminar lejos de ella con un paso lento pero pesado. Incrédula, se quedó ahí sobre el suelo, acurrucada a un lado y con el sonido de la llamada cortada en el teléfono.

Todo se volvió negro.

Casi se había quedado sin aire.

Cuando regresó a la vida, aspiró todo el aire que pudo como un pez fuera del agua. La sacudida le provocó un horrible dolor de cabeza, pero al menos podía volver a sentir sus dedos y extremidades.

No faltó decir que se encontró recostada sobre su cama, rodeada de todo el equipo de Karasuno dentro de su habitación con miradas aliviadas y agradecidas. Kiyoko saltó sobre ella en un abrazo que jamás esperó recibir, pero la envolvió con tanta fuerza, sintiendo sus manos temblar mientras le acariciaba el cabello. Los chicos se contuvieron un poco, pero el abrazo de Kiyoco provocó que todo en su ser se soltara, y las lágrimas por fin tuvieran salida. Sus amigos no pudieron detenerse.

Hinata la sostuvo tanto tiempo que le pareció una eternidad, pero era reconfortante sentir su fuerza alrededor de ella con el calor que el suelo le había quitado.

⎯Estoy bien, estoy bien⎯le dijo, pero eso provocó que el chico la apretara mucho más fuerte. La cara de los otros era un manojo de mucha ira y preocupación, por lo que Yachi sintió que no debía negarse a abrazar a nadie.

Kageyama se derritió en sus brazos y sostuvo su cabeza con firmeza.

⎯Yachi, de verdad esto no fue…⎯Suga comenzó, pero las palabras se atoraron en su garganta⎯ oh dios santo, ha sido el peor susto de mi vida.

⎯y que lo digas⎯murmuró el capitán⎯ mi cuello está completamente contracturado. Nunca los había visto correr tan rápido, ni siquiera en las prácticas.

⎯de verdad pensamos que estabas…que él pudo entrar…⎯le dijo Tobio. Yachi sintió la cara del chico arder al darse cuenta de que seguía tomándola en sus brazos, con su uniforme empapado y emanando calor.

Se lo devolvió sin problema, ya mucho más calmada que antes y con la alegría de tenerlos.

⎯las hemos recogido todas⎯anunció Narita, entrado junto a Kinoshita y Chikara con montones de cartas en las manos. Kiyoko tomó una y la abrió inmediatamente para leerla, luego tomó otra y otra más, desenvolviendo cuantas pudiesen llegar a sus manos. Los papeles caían a sus lados, pero la mirada de concentración de la mánager no dejaba de moverse sobre el contenido.

Nishinoya cogió una y leeyó.

⎯…"a pesar de que estamos separados"

Hinata lo imitó y tomó otro par.

⎯ "Tu eres parte de mi corazón" "Pero ésta noche…"

⎯"Me perteneces a mí"

Todos miraron a Tsukishima en el estruendo de su voz encima de las demás, con un trozo amarillo entre sus dedos.

A pesar de la atmósfera sombría, Yachi logró levantarse de su lugar para ofrecerles algo, tratándo de levantar los ánimos de su equipo y olvidar por un segundo que estaba aterrada hasta la muerte. Los demás se movieron en silencio mientras Asahi y Daichi tiraban todas las notas que decían las mismas palabras en bolsas, para luego desaparecerlas de su vista.

Sirvió las tazas con el mejor ánimo posible, aunque la gabeta se había quedado abierta después de haber sido interrumpida horas atrás. Sus manos le temblaban, pero Ennoshita fue mucho más rápido y logró tomarlas a tiempo de cometer un desastre. Le sonrió y se sentaron todos en la pequeña salita de la casa para contemplar la situación.

Tsukishima se sentó junto a ella, y entre las sábanas que la cubrían, sostuvo su mano con fuerza.

⎯Definitivamente debemos decirle a la policía⎯dijo Suga con aquella mirada de madre preocupada sellada en su rostro. Era lo primero que debían hacer, sin embargo, Daichi parecía no estar muy seguro.

⎯ya hemos tocado las notas, no serviría mucho de evidencia.

⎯¡Al menos podrían volverlo en algo serio!⎯Suga repasó su cabello con los dedos y suspiró⎯ ¿de qué estoy hablando?, las fotografrías eran peores.

⎯Tuvo el nervio para venir hasta aquí⎯murmuró Nishinoya⎯ plantarse en la puerta y empujar sus horribles hojas sin descaro.

⎯Eso significa que lo hemos alterado⎯dijo Asahi⎯ el mensaje anterior era para Tsukishima, ahora ha tratado de llamar la atención de Yachi otra vez.

⎯¡Waaah! ¡Eso significa que lo empeoramos!⎯Hinata resopló.

⎯Podemos quedarnos hasta que tu madre vuelva⎯le dijo Yamaguchi con una expresión comprensiva, pero al mismo tiempo aterrada. Ella asintió, tratando de sonreír.

⎯Nosotros iremos a la estación⎯dijo Ennoshita, tomando una de las bolsas. Kazuhito y Hisashi le siguieron por detrás.

⎯No podemos dejar sola a Yachi⎯Tanaka miró seriamente a sus senpais. Algo en su mirada le dijo a Hitoka que el asunto era mucho más que solo un desmayo. Daichi, Suga y Asahi se cuestionaron en silencio, compartiendo la preocupación.

Es imposible acampar todos en la sala⎯le dijo Daichi con frustración, apretando los puños⎯ ¿cómo ha logrado la facilidad para entrar y salir cuando quiera?

—Es tiempo de hacer algo por nuestra cuenta—dijo Tsukishima, ante su silencio— si no tendremos ayuda de otros lados, debemos cuidarla nosotros.

—no es por ser pesimista, pero eso hemos intentado hasta ahora y el tipo logra evadirnos como si fuera un ninja —dijo Hinata— además de ser completamente invisible.

Yachi los contempló, angustiados por algo que no estaba en sus manos controlar y aún así estaban a su lado intentando lo mejor. Apretó la mano de Tsukishima, obteniendo la fuerza que necesitaba para levantarse.

—Tenemos una posibilidad—Sugawara colocó una mano sobre su mentón— podemos averiguar quién es esta persona si reducimos la cantidad de gente alrededor de Yachi.

—¿Cómo vamos a poder hacer que el resto de Karasuno desaparezca? —preguntó Asahi.

—El campamento de entrenamiento

Una pequeña chispa se disparó en la mente de los chicos y Yachi pudo verlo en acción cuando sus miradas dejaron de estar en el suelo y pasaron hacia Suga, quien sonreía.

—¡Es verdad! Sólo estaremos nosotros.

—y los chicos de Nekoma y Fukurodani.

—Si la distancia no puede detenerlo, entonces podremos identificarlo—Concluyó Daichi asintiendo. Yachi sintió calor en su pecho, expandiéndose como una llamarada que la envolvió de esperanza.

Podían pasar miles de cosas mal, pero al menos sentía que existía una posibilidad de controlar la situación.

Los chicos que vivían más lejos tuvieron que marchar, pero aquellos que lograron quedarse un poco más por la cercanía pudieron ver a su madre, Madoka, llegar para sorprenderla. Hisashi ofreció su casa como centro de investigaciones, y algunos decidieron que una pijamada no estaría mal.

Nadie dijo una palabra de las notas. El plan estaba a punto de trazarse.

La laptop de Yachi permaneció apagada toda la noche.