Título: Me consiguió un idiota
Resumen: Gwen es la mejor amiga de Merlín, quien es gay y no está interesado en ningún chico por el momento. Guinevere piensa que su amigo necesita una pareja y entra a un sitio en internet. A su vez, Morgana, la hermana de Arturo le crea (sin su consentimiento) un perfil en ese sitio de parejas. Las dos chicas arreglan un encuentro romántico para los muchachos… el problema es que el encuentro es de todo menos romántico.
Notas: Espero que lo disfruten mucho, disfrute escribiéndolo. Ninguno de estos personajes me pertenece y escribí esto solo para entretener. Gracias por leer.
Capítulo 7. Si, segunda triste cita.
La segunda cita fue un espanto. Desastrosa. Bueno, aunque Merlín no lo admita, no fue tan terrible como la primera cita. Solo al principio era bastante incomoda, y luego el ambiente cambio y empezó a ser más... soportable, porque agradable era una palabra muy fuerte para describir la situación.
— ¿Te he dicho que sigo pensando que eres un torpe?
Así inició el imbécil la conversación, a Merlín le hacía rabiar.
—¿Ya te he dicho que sigo pensando que eres un niño rico y mimado?
Se quedaron callados unos instantes. Después de mirarse a los ojos por lo menos treinta segundos ambos estallaron en carcajadas ruidosas. Casi parecían ser amigos.
—Esto... no se lo mencionaremos a Morgana ni a la loca de tu amiga.
—Ni pensarlo. Después nos van a espiar... si no lo están haciendo ahora.
Otra vez, los dos soltaron una risa, más tranquila esta vez.
—Una vez escuche decir a Morgana que nos "shippeaban". Esas dos están locas. ¿Qué diablos es shippear?
—Bueno... —Merlín se puso colorado y sonrió —se refiere a que les gustamos como pareja. Por eso están haciendo un esfuerzo sobre humano para unirnos.
— Oh... bueno, supongo que yo quedo bien con cualquiera.
— ¿Soy cualquiera?
Y así empezó una discusión que nunca terminaría. Pero si, esa cita... salió mucho mejor de lo que había salido la primera, eso es algo en que los cuatro (Gwen, Morgana, Arturo y Merlín) podían estar de acuerdo.
.
.
Al llegar, Gwen estaba recostada en el sillón de la casa de Merlín y lo miraba con curiosidad.
—¿Cómo entraste? Casi me das un infarto…
—¿Qué importa? Solo dime como te fue.
—No fue tan malo, tengo que admitirlo.
—¿Hablaron? ¿De qué cosas hablaron? ¿Lo besaste? ¡Dime que lo besaste! O mejor, mucho mejor, ¡Dime que lo hicieron! ¿Es bueno en la cama? Apuesto a que sí, con esos músculos…
—¡GWEN! Basta. Prometo contarte todo, solo si te callas y te sientas. No. No nos besamos, ¡mucho menos tuvimos relaciones! —Merlín sintió que podría morir de vergüenza, mucho más después de ver la decepción en el rostro de su amiga.
