Disclaimer: la serie y los personajes no me pertenecen a mí, sino a su autor y legítimos dueños y propietarios.

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Noto como alguien me agarra de la chaqueta.

Ahora mismo, aquí, en una de las tantas calles abarrotadas de Nueva York, una pelea con algún enemigo desconocido no me vendría nada mal, así al menos sería capaz de no sé, sentir algo. Pero cuando vuelvo a enfocar mis ojos y miro al frente me doy cuenta de que no he sido capaz de llegar aun a la calle. Todavía estoy en el interior de la biblioteca, y tampoco es ningún enemigo el que me sujeta, es la mano de Harold la que impide que me marche.

- ¿Por qué, Finch? - es lo único que mi mente es capaz de pensar y mi boca de decir en estos momentos. Estoy de espaldas a él, pero no soy capaz de decir nada más. Soy un cobarde.

- Harold, John. Harold – me responde él sencillamente y mi cuerpo es capaz de volver a reaccionar girándose para mirarle.

Me observa fijamente. Quiero hablar, decir algo, quiero saber lo que Harold espera de mí. Si quiere que me quede para mandarme a la mierda o si prefiere que me largue de su vista para siempre, si podré volver algún día a esta biblioteca a trabajar de nuevo con él o si esa parte de mi vida se ha acabado para siempre, pero las palabras no salen de mi cabeza, ni un solo ruido, nada, solo silencio.

Él toma la palabra en mi lugar.

- Me ha sorprendido lo que has hecho, nada más.

Mis ojos se abren ante la sorpresa y creo que mi corazón se ha saltado más de un latido, pero nada de eso importa, nada.

Me muevo hasta quedar a pocos centímetros de su rostro, midiendo al milímetro mis actos y también sus respuestas no verbales esperando alguna señal negativa, pero no encuentro ninguna. Por primera vez en mi vida mi mente esta en blanco, no sé qué hacer a continuación, jamás me había imaginado que algo así pudiese pasar. Para suerte de ambos Harold toma el control de la situación. Como siempre.

Me rodea el cuello y tira de mí hasta que nuestros labios se juntan. En ese momento mi cuerpo despierta y responde. Mi mano vuelve a su cuello mientras la otra recorre su espalda.

Cuando noto como sus dientes muerden mi labio inferior para llamar más aun mi atención e intentar profundizar el beso yo le dejo hacer lo que quiera conmigo, pero le empujo lentamente contra una de las tantas estanterías llenas de libros que nos rodean, protegiendo su espalda del golpe con mi mano.

Sus manos acarician, revuelven y tiran de mi pelo sin control. Cuando no puedo aguantar más sin respirar me separo solo unos milímetros de sus labios y durante un instante solo soy capaz de mirarle.

Sus mejillas están coloradas, no sé si del esfuerzo o del calor que yo también siento recorrer mi cuerpo, sus gafas están torcidas sobre su nariz, casi a punto de caerse al suelo y sus labios están ahora húmedos y, sin pensarlo, humedezco los míos también con la punta de la lengua. Él se sorprende y enrojece un poco más, el momento es simplemente perfecto, él es perfecto y adorable, aunque la segunda parte jamás se la diré ya que estoy seguro que no se tomara demasiado bien ser llamado adorable. Quiero verlo, saborearlo y tocarlo entero.

Mi mano, la cual estaba detrás de su nuca, se mueve y llega hasta el nudo de la corbata de Harold, lentamente tiro hacia abajo deshaciendo el nudo Windsor, que la mantenía sujeta a su cuello, y la dejo caer sin cuidado al suelo. Sorprendentemente no escucho ninguna queja por el poco cuidado que he tenido con una corbata de más de mil dólares.

Cuando su cuello está libre de obstáculos mis labios atacan su piel. Beso, muerdo y lamo cada milímetro que encuentro de ese maravilloso hombre. Sus manos regresan a mi pelo y se agarra a él con desesperación, yo le muerdo más fuerte esperando que mañana la clavícula izquierda de Harold tenga una nueva marca que le grite al mundo que él ya no está libre.

Mi corazón late aún más fuerte que antes, mis músculos se tensan y mis ojos se abren olvidando por un instante el placer extremo que siento al tener su piel entre mis labios y dientes.

Espera, espera un momento. ¿Que ha sido eso? ¿He escuchado bien?

- John – mis oídos vuelven a escucharlo de nuevo y mi cerebro lo único que es capaz de asimilar es que esa palabra corresponde a mi nombre, aunque dicha por Harold, entre suspiros y gemidos suaves de placer, es algo más que una simple palabra – John – repite una y otra vez. Este hombre debería estar prohibido.

Levanto la vista y sus ojos ya están mirándome. Mis manos corren a su chaqueta y desabrochan los botones con rapidez. Cae al suelo. Chaleco, camisa, cinturón, pantalones, zapatos incluso los calcetines, todo está desparramado por el suelo de la biblioteca. Cuando le miro de nuevo veo que Harold esta delante de mi vestido solamente con la ropa interior, unos boxers oscuros que le quedan de muerte, aunque sus manos han sido más rápidas que las mías y me ha dejado en ropa interior mucho antes que yo a él.

Vuelvo a besarle. No sé cómo describirlo pero necesitaba sus labios casi más que respirar, es como una droga que me hace olvidar todo lo horrible de mi vida mucho mejor que el alcohol y de forma mucho más sana.

Mientras le beso recuesto su cuerpo contra la estantería que hay a su espalda con el mío, pongo mis manos en sus caderas y comienzo a frotar mi entrepierna con la suya lentamente. Sus suspiros ahogados me indican que no solo a mí me está volviendo loco esta nueva fase de nuestra relación laboral. Sus manos se agarran a mis hombros y separa su boca de la mía al no ser capaz de coordinarse bien para respirar y besar a la vez, aunque deja caer su frente contra la base de mi cuello mientras yo continuo con el vaivén de nuestros cuerpos.

- John – vuelvo a escuchar mi nombre de entre sus labios, y ahora sé que no podría negarme a hacer nada que él me pidiese hacer después de decir mi nombre así – Mas.

Sin avisar caigo de rodillas ante él. Casi pierde el equilibrio al perder mi cuerpo como punto de apoyo, pero con mis manos le empujó hacia atrás indicándole que apoye su peso contra la estantería. Mis manos bajan desde su pecho hasta la cinturilla de la única prenda de ropa que queda en su cuerpo. Me sorprende, y a la vez me divierte, darme cuenta que hasta su ropa interior tiene botones, más concretamente, un pequeño botón en la parte frontal superior para evitar así tener que usar una goma elástica para sujetar la prenda en su lugar.

Sin apartar mis ojos de los de él acerco mi boca a su cintura y con los dientes atrapo ese pequeño botón. Harold se sorprende de mi osadía y de mi seguridad, lo que no sabe es que por dentro estoy hecho un flan. Si ahora mismo me pidiese que parara no sé si podría hacerlo.

Suelto el botón de su enganche y con la ayuda de mis manos deslizo los calzoncillos por sus piernas hasta caer al suelo también, como el resto de nuestra ropa.

- John, vista al frente – recuerdo las palabras de uno de mis antiguos instructores de maniobras del ejército, y hago caso como buen soldado.

Sin tocarle con las manos lamo suavemente desde la punta hasta la base haciendo temblar a su cuerpo. Su pene está casi despierto, pero yo quiero tenerle completamente erguido ante mi, así que vuelvo a lamerlo lentamente esta vez colocando mi mano derecha en la base para manejarlo mejor. Los sonidos que deja salir son estimulantes y me vuelven cada vez más desvergonzado y valiente, lo engullo por completo. La verdad, sabe raro, nunca antes había hecho algo así, ni había pensado siquiera en hacerlo.

Muevo la cabeza adelante y atrás sujetándome a su pierna con mi mano libre. Sus caderas cogen pronto mi ritmo y empujan hacia mí metiéndose por completo hasta mi garganta, es estimulante y nuevo, me gusta. Sus manos agarran mi cabeza y ahora es él el que marca completamente nuestro ritmo, yo solo me dejo hacer a su voluntad.

- John – vuelve a gemir mi nombre por centésima vez, un sonido al que me estoy acostumbrando con rapidez y del que no me canso – mmmg.

Se lo que va a pasar a continuación y con la mano que sujeto su polla agarro fuertemente la base impidiendo que se corra en mi boca. Aun no quiero que se relaje, al menos no tanto.

Lo saco de mi boca y me pongo de pie, no sin antes darle un beso de despedida en la punta. Le miro y le pido permiso con la mirada, él asiente.

- ¿Podemos quedarnos aquí? - le pregunto mientras una sonrisa retadora se extiende por mi cara.

- ¿Aquí? - me pregunta él un poco desconcertado. Harold, la de nuevas cosas y lugares que te quedan por probar.

- Aquí – le confirmo – contra la estantería. La verdad es que llevo tiempo pensando en ello. - bajo aún más mi tono de voz de lo normal y me inclino hasta su oído – tú de cara a los libros, agarrado a las baldas de madera clavando las uñas en ellas, con la cabeza caída contra los libros, tus caderas hacia arriba, tu culo a mi alcance… - quiero excitarle a él para que no se asuste de probar cosas nuevas, pero el que se está poniendo a cien soy yo, y con mi propia imaginación.

- No sé, creo que no soy capaz de imaginar tal escena, Señor Reese – me llama él por mi apellido, pero ahora no me molesta que lo haga, su tono es juguetón y estoy seguro de que él también se ha imaginado la escena por el sonrojo de sus mejillas - pero me lo podría enseñar. – ahí Harold, mi inocente Harold, la de cosas que pienso enseñarte.

Le miro por última vez y le sonrió como llevo años sin hacer, libre de problemas, pensamientos y demonios. El me la devuelve de igual manera.

Le agarro de los hombros y le giro, quedándose de cara a los libros de la estantería. Le guio para bajar un poco su espalda y dejo sus manos sobre una de las baldas después de tirar algunos libros al suelo para hacerle espacio. Él me deja guiarle sin oponerse, así que sigo colocándole. Separo sus rodillas de la pared un paso hacia atrás y levanto sus caderas sin hacerle daño. Doy un paso hacia atrás para ver completada mi obra.

- ¿Cómodo? - le pregunto, él apoya la cabeza en los libros de delante para no mover demasiado el cuello.

Lo estaría mucha más en la cama de la sala de descanso – me responde con la voz amortiguada por los libros – pero no me quejo, es un apostura más cómoda de lo que me imaginaba.

- ¿No decías que no sabías de lo que te hablaba? - le digo para picarle un poco – además la cama ya la usaremos después, no te impacientes.

- Sr Reese creo que tiene unas muy altas expectativas hacia un cuerpo lesionado y mayor.

- Harold ¿Aun no lo has entendido? - le pregunto pegando mi pecho a su espala y acariciando su pelo – para mí los años son experiencia y las cicatrices son decisiones tomadas y vividas – le digo mientras recorro con los dedos su cicatriz de la espalda, desde la nuca hasta la cintura, hasta su culo. Masajeo los glúteos con ambas manos – además de que todo tú me encanta y eso es algo que ni tú ni yo podemos evitar.

Doblo mi espalda y me agacho lo suficiente como para morder uno de sus glúteos, él separa la cabeza unos milímetros de la estantería y suspira pesadamente.

Continuo mordiendo y marcando cada trozo de carne que encuentro a mi paso mientras mi mano sube por su cuerpo recorriendo el interior de su pantorrilla, su rodilla, hasta llegar al muslo parando ahí solo un instante.

- ¿Preparado? - le pregunto por última vez para confirmar que quiere seguir adelante.

- Sr Resse, si vuelve a preguntarme puede que me lo piense mejor y le acabe mandando a la mierda – me responde con la vista puesta aun en los libros.

- Ni de broma, Finch – le respondo antes de agarrar su polla por entre sus piernas.

El líquido pre seminal cubre mis dedos en muy poco tiempo y lo uso como lubricante improvisado para preparar a Harold para lo que viene.

Cuando ya tiene tres de mis dedos metidos es el culo, explorando su interior, y yo me he hecho una nota mental para comprar toneladas industriales de lubricante y esconderlo por todos sitios, por si la ocasión lo merece, saco los dedos y me pongo de pie pegando mi pecho otra vez contra su espalda y me acerco lo más que puedo a su oído.

- ¿Alguna enfermedad contagiosa, Harold? - le pregunto antes de saborear su oreja aunque sé que no, su información clínica fue una de las primeras cosas que leí sobre él.

- No, a no ser que el resfriado de hace un par de meses cuente como enfermedad – me responde entre los gemidos provocados por mi mano y yo me rio en su oído.

- Si es solo eso entonces me arriesgare - de pronto noto como deja de respirar e inclina más su cabeza contra la balda. - Respira Harold, será mejor y pasara antes – le digo entre besos a su cuello.

Mientras me levantaba he estado masturbándome lo suficiente para estar listo sin pasarme, y mientras le hablaba hace unos segundos para distraerle, me he metido dentro de él. Ahora estoy enterrado en su cuerpo, completamente inmóvil.

Sus caderas comienzan a moverse y una de sus manos llega a agarrar mi culo, indicándome que me mueva sin palabras, y aunque se lo que quiere espero hasta que se lo oigo decir.

- Maldita sea John, muévete – me grita con la poca voz que puede reunir.

Salgo casi completamente de él y vuelvo a entrar de una sola embestida.

Dios, no sé cómo explicar esta sensación. Harold parece que también se ha quedado en blanco.

Continúo con las embestidas sujetándome con fuerza a la cintura de Harold.

- John – me suplica – quiero verte.

Me pego por completo a su cuerpo y él gira el cuello todo lo que puede hacia un lado, lo suficiente para que sea capaz de alcanzar sus labios y devorarlos salvajemente mientras mi polla sigue entrando y saliendo del calor de su cuerpo.

Noto como su cuerpo comienza a tensarse por completo, paralizando todos sus movimientos. Esta cerca de acabar, una de mis manos suelta su cadera y agarra su pene atrapado entre su cuerpo y un libro bastante voluminoso con tapa de cuero. Le agarro y comienzo a masturbarle con rapidez. Se corre sobre sus preciados libros unos minutos después, apretando tanto sus músculos que consigue hacerme venirme a mí también dentro suyo.

Por unos instantes nos quedamos así, yo aprisionando su cuerpo contra la estantería evitando que se caiga al suelo, al notar que por ahora la fuerza de sus piernas ha desaparecido y no son capaces de sostenerle.

No quiero separarme de él, no ahora que por fin es mío.