¡Hola gente querida! Lamento mucho la demora. (:

Paso volando por aquí, estoy oficialmente trabajando en un colegio y los niños realmente drenan mi tiempo y energía como viles sanguijuelas XD Nah, son un plato mis pequeñines. ;3;

Les advierto que por tener tan poco tiempo para escribir este capítulo, quizás encuentren algunos errores que me fueron imposibles de revisar más de dos o tres veces, pero creo que está decente para leer…creo.

También siguiendo con lo de "música ambiental" – porque realmente no cuenta como opening – seguimos con One Ok Rock, seriamente, esta banda me encanta. Ehh, Naihi Shinsho sigue y le podría agregar Kanzen Kankaku Dreamer, no lo sé, ambas canciones me matan.

COFF, ya...

Naruto claramente no me pertenece porque si fuera así Sasu-baka y Saku-chan ya estarían restaurando el clan Uchiha con creces fufufufu…

Asique ¡Disfruten!


-¡Tú estabas muerto! ¡Yo misma te maté!

El hombre sonrió siniestramente -A veces las cosas no son lo que parecen Rehia-Chan.

-¿Qué es lo demonios que quieres aquí?

-Es simple- Dijo mirando uno por uno a todos los Ninja que se encontraban protegiendo a la Uchiha –A ti.

¡Boom!

-¡REHIA!

Capítulo VII

Sharingan

By: Shivi

Rehia despertó de golpe y agitada por culpa de una pesadilla, su cabeza daba vueltas y no ayudaba mucho la incómoda posición en la que se encontraba durmiendo hace unos momentos. La joven se enderezó tratando de hacer tronar sus adoloridos huesos, miró la silla en la que se encontraba con desprecio, en un principio aquel mueble prometía comodidad y un sueño medianamente aceptable.

Pero su trasero y espalda no estaban muy de acuerdo con eso.

Miró a su alrededor, se encontraba en el hospital y más precisamente en la habitación de Mamoru, la pelinegra observó a su hermano y con alivio notó que su brusco despertar no había alterado el sueño del joven. A diferencia de Rehia, Mamoru dormía plácidamente y con una expresión de tranquilidad casi angelical en su anguloso rostro adolecente.

Eran momentos como estos los que Rehia se tomaba para observarlo mejor, había crecido tanto en este último año que ya iba derechito a competir con Toushiro y Yuuki en cuanto a la estatura.

Mamoru desde pequeño se había caracterizado por ser más alto que los otros niños de su edad y un temple que siempre le agregaba un par de años más a su verdadera edad. Siendo un jovencito hábil, inteligente, sabio y muy maduro, siempre había llamado la atención de los mayores. Rehia pensaba que los adultos esperaban de ellos especialmente un carácter más irrespetuoso y agresivo, pero tanto él como ella misma poseían un carácter compuesto y una llegada fría que no se veía alterada fácilmente a menos que fuera en el campo de batalla y en el calor del hogar.

Hogar.

Y con ese tópico Rehia se devolvió a la razón de su brusco despertar, la pesadilla.

¿Cuánto tiempo ya que tenía la misma pesadilla una y otra vez?

¿Dos meses? ¿Cinco meses? Ya no recordaba, por que como si no fuera suficiente todo lo que había vivido en el último tiempo, mas encima estas pesadillas que la atormentaban casi todas las noches repasaban una y otra vez todos los errores que había cometido con el asunto de Shura, se repetía aquella tormentosa noche en la que sus padres habían sido asesinados y por si fuera poco, como meros fantasmas o almas en pena, Sakura y Sasuke se le acercaban sangrantes reclamándole con voces lastimeras y moribundas.

¿Por qué nos dejaste morir?

No hiciste nada.

Nada.

¿Por qué hiciste que nos matara?

Tú nos asesinaste.

Tú tienes la culpa.

Tú fuiste.

Nos hiciste esto. ¿Por qué?

Tú.

Tú culpa.

TÚ.

Rehia trataba de alejarse de ellos, pero ambos se abalanzaban sobre ella con kunais listos que luego enterraban sin remordimiento alguno en su abdomen y pecho, para después retirarlos y volver a cortar otras partes de su cuerpo repetidamente.

La Uchiha trataba de zafarse del agarre de ambos, pero su cuerpo se encontraba inmóvil, y así paralizada totalmente, Rehia solo podía observar como sus propios padres poco a poco, con sonrisas desquiciadas y de una manera salvaje le quitaban la vida. Al fondo del escenario solo se escuchaba una risa gutural y obscura al tiempo que le devolvían la mirada un par de ojos completamente negros que luego se transformaban horriblemente al Sharingan, su propio Sharingan y con su propio rostro contorsionado en una mueca burlesca y asesina era lo último que lograba ver antes de que la obscuridad la consumiera por completo y despertara aterrorizada.

Rehia, absorta en sus pensamientos no notó el movimiento de sabanas y que su hermano se había sentado en su cama, observándola con preocupación.

- ¿Nee-san? – Dijo suavemente Mamoru.

El Uchiha secretamente se había despertado momentos antes cuando escuchó a su hermana que llamaba lastimeramente a sus padres en medio de su pesadilla, Rehia siguió balbuceando otras cosas incomprensibles mientras se revolvía en su asiento, incómoda. Mamoru decidió no moverse de su posición al notar que ella se había despertado, a Rehia no le gustaba que la miraran demasiado, asique decidió fingir que aún dormía tranquilo.

Mas el pelinegro advirtió que su hermana estaba aún seguramente pensando en su pesadilla a juzgar por su expresión, Mamoru frunció el seño. No le gustaba esa mueca en la cara de su hermana ni un poco. – Nee-san. – llamó un poco más fuerte para obtener su atención.

Finalmente Rehia dirigió su mirada a su hermano, reprendiéndose internamente por no haberlo notado antes. – ¿Ototou? ¿E-estas bien?...

- Eso debería preguntártelo yo Nee-san, ¿De nuevo la misma pesadilla?

-…Aa.

Mamoru apretó sus labios. – Deberías contarle a Tsunade-obaasan, quizás ella te pueda ayudar…

Rehia negó con seriedad. – No lo creo Mamoru, son solo pesadillas, con el tiempo se irán. – Dijo mas como un consuelo para ella misma, mientras se levantaba de su silla y se acercaba a la cama de su hermano, desde donde este la miraba no muy convencido.

- Pero ya van varios meses Nee-san, hasta parece que ya te has acostumbrado a ver lo mismo, recuerdo las primeras veces cuando gritabas desesperada y no distinguías la realidad una vez que despertabas. – Le dijo a su hermana cogiendo sus manos entre las suyas una vez que ella tomó asiento en un costado de la cama. – Aún los llamas y gimes como si te estuvieran hiriendo, por lo que creo que siguen siendo las mismas imágenes de un principio, ¿O me equivoco?

Rehia se estaba arrepintiendo de haberle contado su pesadilla a Mamoru, pero no podía hacer demasiado al respecto, si las primeras veces gritaba como si realmente le estuviera pasando todo lo que veía. La pelinegra recordaba en especial la primera noche en que aquel tormento había comenzado.

Flash-Back

La joven había abierto sus ojos en la obscuridad de su habitación y notaba la tensión abrumante en su cuerpo mientras estrujaba con fuerza las sabanas de su cama, Rehia notó un tintineo extraño en el fondo de su oído y le tomó unos segundos notar que eran sus propios gritos lo que lo causaban.

Aún aletargada y en claro estado de conmoción, no sabía cómo parar de gritar, su cuerpo simplemente no le respondía y lo único que se le pasaba por la mente eran los rostros de sus padres mientras la cortaban sin descanso.

No quería seguir mirando sus caras, pero estas simplemente no se iban. Cerró los ojos con fuerza y se llevó las manos al rostro sin notarlo y se dobló sobre sí misma como si así el dolor pudiera aplacarse, Mamoru la encontró en esa posición y el chico agradeció que Mikoto hubiera decidido pasar la noche con la tía Ino.

No sabía cómo podría haber reaccionado la pequeña de siete años a una semana de la muerte de sus padres.

Mamoru llegó al lado de su hermana en un pestañeo y trató de hacerle levantar e rostro para que lo mirara, mas le fue imposible.

- ¡GYYYAAAHHHHHHHH!

Mamoru se estaba desesperando, nunca había visto a Rehia tan descontrolada en toda su vida. - ¡NEE-SAN! – le gritaba sin remedio. - ¡Despierta, es un sueño! ¡No es real! – la agitaba con brusquedad tratando de hacerla entrar en razón.

Rehia seguía gritando descontrolada pese a los intentos de su hermano, chillaba y lágrimas comenzaban a asomar. - ¡Deténganse! ¡BASTA PORFAVOR! ¡CHICHIHUE! ¡HAHAHUE! – gritaba mientras se tomaba la cabeza y zarandeándola al mismo tiempo tratando de sacar esas horripilantes imágenes de su cabeza. - ¡PAREN!

Mamoru optó por rodearla con sus brazos y atraerla con contra de su pecho, Rehia seguía moviéndose, gritando y temblando mientras las lágrimas ahora corrían libremente por su rostro. – Rehia por favor, tranquilízate. Es solo un sueño – Le repetía al oído con suavidad mientras la apretaba más contra sí mismo, el pelinegro sentía como las lagrimas comenzaban a caer por sus propias mejillas. – P-Por favor, basta, ya no más…hermanita…

Pero ella parecía no reaccionar, no le escuchaba.

Sin aflojar un poco su agarre, Mamoru dirigió su vista hacia el techo de la habitación de Rehia y cerró sus ojos con ímpetu mientras sus propias lágrimas ahora se desbordaban por sus mejillas. – Okaa-san, Otou-san… si pueden de alguna manera escucharnos, ayúdenme…se los ruego. – Un sollozo interrumpió su plegaria y sobrepuso su cabeza a la de Rehia que se encontraba hundida en su pecho. Trataba de calmarla sobándole la espalda y acariciándole el cabello, también le besaba la cabeza pero ante su propio temblor y llanto, las cosas seguían sin mejora.

Le rompía el corazón verla así.

Mamoru apretó con más ímpetu aún, y levantó la cabeza dando a conocer una mirada llena de rencor y odio no muy propia de él mismo dirigida a ningún punto en especial en la obscuridad de aquella habitación.

Sin darse cuenta había activado su propio Sharingan.

Pasaron alrededor de dos minutos más antes de que el Uchiha por fin pudiera respirar con más tranquilidad, pues al parecer su hermana exhausta de llorar y gritar desgarradoramente, comenzaba a caer presa del cansancio. Mamoru una vez que Rehia dejó de forcejear, la recostó nuevamente sobre su lecho y la arropó mientras observaba cómo las lágrimas en ambos no se detenían aún.

Mamoru se recostó junto a su hermana mientras pasaba con suavidad su mano sobre su cabello, con cariño. - ¿Acaso esto es lo único que puedo hacer por tí, Nee-san? – Se dijo mas a sí mismo que a ella y notó como sus cansados ojos, lentamente comenzaban a abrirse.

Rehia miró a su hermano pequeño y no queriendo decir palabra alguna solo se acurrucó junto a él mientras nuevamente el llanto daba rienda suelta, Mamoru sabía que su Nee-san no era alguien que era muy fan de llorar frente a otras personas, pero en este momento ni él ni ella podían tomar menos en cuanta eso. Por lo que los hermanos simplemente teniéndose el uno al otro liberaron esas lagrimas contenidas de hace días atrás.

Pero el joven Uchiha allí, sosteniendo en un agarre de acero a su hermana mayor, sólo podía pensar en lo inútil que se sentía en momentos como esos y repitió en su mente las palabras que antes había dicho a su hermana.

¿Acaso eso era lo único que podía hacer?

El joven comenzó a recordar algunos desagradables momentos.

La impotencia era un sentimiento muy desagradable para Mamoru y últimamente lo estaba sintiendo con bastante recurrencia. Primero en la batalla de hace una semana, su padre se había rehusado totalmente a que tanto él como el resto de su equipo tomaran partido en la pelea, le habían encargado a ellos tres precisamente de que nadie dejara el refugio y que protegieran a los más pequeños ante cualquier suceso. El único adulto que se encontraba en aquella cueva secreta en la montaña de los Kages era Hinata que a causa de su avanzado embarazo no podía exponerse a tal peligro, incluso algunos civiles habían tomado cartas en el asunto. No había más Chuunins a parte de ellos mismos, ni otros ninjas de más rango y edad.

Todos, absolutamente todos los mayores de catorce o quince años estaban siendo parte de la pelea.

Por lo que cuando finalmente uno de los tantos ninja-Oni había descubierto su escondite, tanto él como Koharu y Tetsui acabaron con él en un abrir y cerrar de ojos antes de que el enemigo pudiera hacer correr la voz a sus otros compañeros. Debido a aquella pequeña escaramuza, el equipo de Mamoru pudo apreciar el nivel de destrucción que estaba causando aquella batalla de titanes.

Pero rápidamente, los tres adolecentes desviaron su vista hacia algo que nunca jamás en sus vidas podrían olvidar, especialmente Mamoru y Tetsui.

Se trataban de las terroríficas formas del Kyuubi junto a Susanoo paradas en lo que había sido anteriormente el centro de Konoha.

Pero no cualquier Susanoo, aquel Dios del Mar no era como el que antes habían escuchado en las historias que sus padres le relataban cuando hacían referencia a la última etapa del poderoso Mangekyou Sharingan.

Aquel titán era de casi el doble del tamaño del legendario Kyuubi y su característica forma etérea, ahora era totalmente sólida mientras su cuerpo era rodeado por unas llamas negras casi idénticas a las del Amateratsu, la bestia no tenía ni el Espejo de Yata ni la Espada de Totsuka con él, pero al parecer eso no lo hacía menos poderoso.

Tetsui observó con horror a pesar de la distancia, cómo la forma de su padre parada en la cabeza del Zorro de las Nueve colas, arremetía en contra de la otra criatura, una oleada de poder abrumante sacudió al trío lanzándolos en contra de la entrada de la cueva, indefensos. El rugido sediento de sangre del Kyuubi los aturdió aún mas mientras trataban de ponerse de pié, pero algo que los tres pudieron notar a pesar del constante choque entre ambas bestias, era que el Kyuubi a parte de rugir anticipando la batalla, parecía aullar dolorosa y lastimeramente, sufriendo.

Fue ahí cuando el trío trataba de ponerse de pié, que escucharon un grito desgarrador que se unió a los aullidos del Zorro y los lamentos de Naruto. Una figura de similar tamaño al Kyuubi se alzó en medio de una nube de polvo y humo con un aire repleto de odio.

Otro Susanoo.

Mamoru sintió como si le quitaran el aire de los pulmones y le arremetieran una estocada hasta el fondo de su corazón. Pues en una de las manos de la bestia del mar, pudo distinguir dos figuras tendidas, inmóviles.

Sangre teñía sus cuerpos y los hacía más difícil de descifrar, pero el Uchiha distinguió el color del cerezo en medio de tanto rojo.

Se trataba de Sakura y de Sasuke.

El mundo de Mamoru se vino abajo, eso no podía estar pasando.

Era una pesadilla.

No.

¡No!

¡NO!

El adolecente se dobló y se cogió el pecho con una de sus manos, porque parecía como si le hubieran arrancado el alma y su corazón al mismo tiempo sin mayor aviso, sus piernas se doblaron sobre sí mismas y cayó sin remedio de cara a la tierra, sus manos reaccionaron salvándolo de golpearse el rostro contra el suelo, pero eso no le importaba.

Sus padres.

Tenía que ir hacia la batalla, tenía que hacer algo, se decía.

Koharu y Tetsui luego de un momento igualmente descubrieron lo mismo que Mamoru, la Hatake se llevó sus manos a la boca, tratando de aminorar el grito que había salido desde lo más profundo de su ser, el rubio Uzumaki solo podía escuchar en su cabeza la suave y agradable risa de su tía Sakura y los consejos de batalla que siempre le proporcionaba Sasuke mientras sus ojos comenzaban a humedecerse.

Mamoru alzó su vista y con su línea sucesoria completamente activada con sus tres tomoe girando furiosos, se lanzó hacia la batalla.

Escuchó a lo lejos a sus compañeros que gritaban su nombre, mas no podía devolverse, tenía que hacer algo.

Mientras, aquel Susanoo que tenía a sus padres se hincó y los depositó con suavidad sus cuerpos en el techo de uno de los pocos edificios que aún seguían de pie, para después volverse y arremeter con su arco espiritual en contra de la figura más grande, el Kyuubi lo acompañó con ímpetu.

Mamoru notó que al momento que sus padres quedaron allí, varias figuras se acercaron con rapidez hacia ellos, al principio su corazón dio un vuelco pensando que se trataban de Onis, pero una ola de alivio lo invadió cuando vio que se trataba de Tsunade y de Ino, junto a Sai y Kakashi, varios otros más se acercaron, entre ellos Óbito, Toushiro, Yuuki, Hikari, hasta Iruka estaba allí.

Pero su alivio desapareció en cuanto pudo observar mejor las figuras de sus padres.

Obito fue el primero en notarlo, y rápidamente lo sujetó para que no se acercara más. Mamoru forcejeó con todas sus fuerzas mientras gritaba el nombre de sus padres a todo pulmón. El mundo parecía estar en cámara lenta para el joven Uchiha, notó la mirada de dolor y lágrimas que Obito trataba de camuflar mientras le gritaba que Tsunade se estaba encargando de todo, Yuuki y Toushiro se unían a Obito tratando de retenerlo pero no podían esconder sus propios ríos de lagrimas que ahora surcaban sus ojos, Iruka lo miraba lastimero, también lloraba. Ino estaba ayudando a Tsunade en la tarea de salvar a sus padres, Sai sostenía a una Hikari que no paraba de llorar, Kakashi apretaba sus puños a más no poder mientras estos sangraban, tenía sus ojos cerrados y estaba inclinado sobre los cuerpos de dos de sus alumnos, parecía que hablaba, que les decía algo a ambos, quizás una disculpa por no haber sido capaz de ayudarlos.

Mamoru miró los rostros contorsionados por el dolor de Tsunade y de Ino, trataban de no caer en la desesperación, pero les era inútil. Tsunade le gritaba a ambos que no se atrevieran a rendirse, que su alumna aún tenía muchas cosas más que aprender y que Sasuke aún no era lo suficientemente fuerte, Ino le decía a Sakura que su frente aún debía acompañarla y ser su amiga por el resto de sus vidas, que no la perdonaría si se largaba antes que ella.

El joven Uchiha no podía soportarlo y presa se su conmoción, en un movimiento fuertísimo se quitó a los tres que lo contenían de encima, llego hasta sus padres y se arrodilló frente a ellos incapaz de dejar de gritar sus nombres y de llorar.

Curiosamente y pese a la gravedad de sus heridas, ambos tenían unas calmadas sonrisas en sus rostros manchados de sangre, Sasuke y Sakura estaban fuertemente tomados de las manos en un agarre imposible de romper.

Un rugido descomunal les hizo a todos desviar sus miradas hacia el frente, donde con horror notaron que el Susanoo de aspecto más terrorífico y sólido, lanzaba lejos al Kyuubi con uno de sus monstruosos brazos, el Zorro junto con Naruto se perdieron en medio de una montaña de escombros pertenecientes a los vestigios de la torre del Hokage. Fue ahí cuando Mamoru notó que el otro Susanoo de menor tamaño no le podía pertenecer a su padre, el joven dirigió su temblorosa y borrosa mirada a los pies de aquel Dios del Mar.

Y allí estaba ella, erguida y mas que lista para enfrentar a su oponente.

Rehia.

Su hermana tenía un aspecto tal que la hacía parecer una Diosa de la Guerra, en otras circunstancias Mamoru habría estado sonriendo con orgullo observando la figura de su hermana mayor, pero ahora solo quería que saliera de allí viva.

La Uchiha tenía sus ropas un poco desgarradas que le daban un aspecto fiero y salvaje, su rostro sucio y cuerpo cubierto por heridas, algunos eran meros cortes, pero otras eran de consideración. Sus ojos afilados repletos de odio y furia hacían resplandecer su Mangekyou Sharingan aún más de lo normal, lágrimas corrían libres por sus mejillas y su cabello estaba enmarañado y sucio. Su expresión era la de alguien que solo tiene un propósito en la vida. Matar.

Mamoru tembló notando la mirada de Rehia, pero algo en los ojos de ella le hizo retroceder involuntariamente.

Aquel no era un Mangekyou normal, ni tampoco era como Taka que en una ocasión había logrado ver en los ojos de su padre.

Esto era algo mas, algo mucho peor.

Un trueno resonó en los cielos e iluminó los rostros de todos, la expresión en el rostro de Rehia era de pura sed de sangre y venganza, la joven observaba con aquella nueva fase de Sharingan a su oponente, Shura, que también y para la sorpresa de muchos le devolvía la mirada con su propio y maligno Sharingan.

Rehia gruñó y su Susanoo hizo resonar su pecho al igual que su dueña, había comenzado a llover.

Shura rió y le dijo algo a Rehia, algo que con la distancia y el sonido envolvente de la lluvia que caía furiosa sobre sus cuerpos junto con refulgir de los truenos y relámpagos, no pudieron llegar a escuchar.

Al parecer aquel comentario había molestado de sobremanera a Rehia, pues su Susanoo pareció palpitar con poder y su forma se hacía cada vez más grande y sólida como el Susanoo de Shura. Asique con un grito amenazador de guerra, la joven se abalanzó hacia su oponente.

El choque de ambas bestias causó un terrible temblor en la tierra y una monstruosa ráfaga de viento que les hizo perder el equilibrio a varios, Tsunade escogió aquel momento para gritar por encima de la conmoción que no podían quedarse allí por mucho tiempo, debían moverse. Kakashi asintió y le ladró unas ordenes a algunos ninjas que sabían llegado hace unos momentos, Shikamaru junto a Suigetsu fueron los encargados de alzar los magullados cuerpos de Sasuke y Sakura, cuidadosos de que el agarre de ambos no se soltara, Ryuu junto a ambos de sus padres y Kiba con su hija con ambos caninos compañeros también estaban allí, junto a los Rock igualmente. Mamoru en la conmoción no había notado la llegada de ellos.

El joven sintió como alguien tiraba de su brazo para que se moviera, pero Mamoru estaba de piedra observando la batalla de su hermana, la magnitud de la pelea lo había abrumado, la energía y poder que soltaban en cada golpe ambos oponentes era algo que sobrepasaba los límites de su mente. Podía sentir el calor de las llamas que rodeaban el Susanoo de Rehia y escuchaba el tintinear de los miles de pájaros con sus Chidori que eran lanzados una y otra vez. Oía tronar la tierra bajo los pies de ambos Dioses, notaba que con solo un roce de alguna extremidad de las criaturas, los edificios eran pulverizados a meros escombros. Tanto Shinobis como civiles huían de la furia de las bestias, los Oni yacían derrotados en las calles y los sobrevivientes escapaban horrorizados.

Mamoru sintió que alguien lo alzaba en el aire, para escapar rápidamente del lugar, trató de soltarse del agarre mientras gritaba y pataleaba que no podía abandonar a su hermana, giró la vista para observar a su opresor y se topó con el triste rostro de un magullado Naruto.

El adulto rubio le dijo que ahora la batalla dependía de Rehia y que ni él ni nadie más podía enfrentarse a Shura por el momento, Mamoru solo observó impotente a su hermana pelear con aquel despreciable ser, mientras notaba cómo el rostro de Naruto se humedecía a causa de sus lágrimas.

No podía hacer más que eso, nada más.

Con el dolor de su alma, en cuanto llegaron al hospital de emergencia, Mamoru supo que sus padres no habían sido capaces de sobrevivir. El chico se alejó de los invitantes brazos de Tsunade que le ofrecían calor y consuelo, pero en cuanto vio a su hermana entrar a la tienda se abalanzó sobre ella sollozando con desespero sin tomar en cuenta las heridas de ella y lo drenada de chakra que se encontraba, y a decir verdad, a Rehia también eso no le podía importar menos en aquel momento, ambos hermanos se abrazaron como si fuesen a desaparecer de los brazos del otro de un momento a otro.

Los demás observaban la escena con tristeza y dolor.

Sakura y Sasuke habían muerto.

Naruto estaba apoyado en una pared frente a donde estaban los cuerpos de sus compañeros de equipo, cumpliendo el descanso eterno. El kitsune lloraba lastimero, casi tanto como los hijos de la pareja, Kakashi se acercó al rubio y con una mirada ambos hombres también se hundieron en un abrazo de dolor mutuo y desconsuelo, no podían creerlo.

Mamoru preso de tantas emociones que giraban si parar en su cabeza, cayó inconsciente en los brazos de su hermana, Rehia con una fuerza digna de admirar y no tomando en cuenta la batalla que acababa de tener contra Shura, alzó a su hermano y lo dirigió a una camilla cercana, lo recostó con suavidad y se agachó poniendo su frente en contra de la de él mientras lágrimas comenzaban finalmente a formarse en los ojos de la Uchiha.

Observó a todos los que se encontraban en aquella tienda, todos los amigos y compañeros de sus padres, shinobis de élite y personas increíbles que siempre se hacían presentes en todas las ocasiones. Rehia se dirigió al lugar donde se encontraban sus padres, pasando por todos sus conocidos que la miraban angustiados, Tsunade y Naruto, temerosos de que algo pasara, flanquearon sus costados.

Rehia finalmente cuando estuvo frente a los cuerpos de Sakura y Sasuke, habló sin vacilar. - Hace algunos meses tuve un encuentro con Shura sin saber la magnitud de poder que poseía, lo subestimé y ahora sufrimos las consecuencias. Su principal objetivo siempre fue acabar con mi Padre y mi Madre, Naruto también estaba en la mira junto con el resto de ninjas de la generación de ustedes. – Dijo para la sorpresa de muchos. – Ahora que conoce los frutos que ustedes han dado, nosotros, sabe donde atacar. – Dijo mientras sujetaba la mano de su madre, acariciándola. – No permitiré que ponga un solo dedo en la aldea nuevamente, aunque eso me cueste la vida.

Naruto la observaba con un temor creciente en su corazón, siendo tan parecida a su padre, sabía cuáles eran los límites a los que podía llegar por la venganza. Miró alrededor de la carpa, y notó casi con alivio que solo había adultos en la tienda.

Rehia ahora estaba en medio de las camillas en las que sus padres yacían, la joven se agachó y tocó con su frente la unión de manos entre la pelirrosa y el pelinegro. – Shura ah escapado, pero antes de que se fuera, me comentó sus planes que contemplaban nuestro fin, según él. – Naruto y Tsunade la miraron alarmados, con que había escapado. – Tuve que dejarlo ir, pues me será más fácil matarlo en el lugar al que él pretende ir.

Kakashi dio un paso al frente. – Rehia, no creas que dejaré que cometas el mismo error de tu padre…

Rehia lo miró con su nuevo Sharingan activado. – No se atrevan a comparar esta situación con lo que hizo Itachi. – Siseó encolerizada. Se alejó de los cuerpos de sus padres y se puso frente a todo el grupo de adultos. - ¡Los vi morir frente a mis propios ojos y sé que las razones de ese desgraciado eran para su propia desquiciada y única satisfacción! ¡Fui utilizada como carnada en la muerte de mis padres y no pude hacer nada para evitarlo! – El Sharingan giraba amenazante mientras las lágrimas nuevamente se hacían presentes, Kakashi recién allí noto que aquel no era el Sharingan que acostumbraba ver en la joven y se alarmó.

¿Qué tan fuerte se había vuelto la Uchiha?

Rehia por un momento perdió el equilibrio, presa del cansancio, pero los fuertes brazos de Kakashi la sostuvieron antes de que tocara el suelo y antes de que la Uchiha cayera en la obscuridad de la inconsciencia, murmuró el nombre de sus padres mientras más lágrimas caían por su rostro.

Cuatro días después fueron los funerales del matrimonio y del resto de todos los caídos en aquella batalla titánica.

Tres meses después Rehia y su equipo fueron destinados con la misión de viajar al pasado.

Fin Flash-Back

Rehia recordaba la vez en que Mamoru le preguntó temeroso acerca de aquel Sharingan que había dado a conocer en la batalla.

- No lo sé. – Fue la seca respuesta de la joven, y Mamoru decidió no hacer más preguntas al respecto. Y siendo sincera, Rehia también desconocía bastante acerca del resultado de su furia y poder que había dado como resultado una nueva fase del Sharingan aquella vez.

La Uchiha observó a su hermano que nuevamente había caído dormido preso del cansancio y de la tensión de los recuerdos de esos obscuros días. Se llevó una mano a su ojo derecho y notó la diferencia de vista entre un ojo y el otro, tenía que dejar de utilizar Mangekyou.

Hahahue, Chichihue, arreglaré todo. Confíen en mí.


Hikari poseyendo aquella naturaleza tan poco tranquila (hiperactiva) característica de ella misma, decidió escaparse a horas de la madrugada de la residencial para ir a gastarle una visita a la Teme y a Mamo-chan.

La Uzumaki evitó con la agilidad de un pillo ladroncillo, todas las trampas que habían en los departamentos, y con una sonrisa triunfal se encaminó saltando rápidamente por los techos de Konoha en aquella mañana de otoño aún obscura. La rubia agradecía que no había tenido que compartir habitación con su gemelo, pues él, como si tuviera alguna clase radar detecta-travesuras, siempre la pillaba cuando trataba de escabullirse por una u otra razón.

Estúpida habilidad extrasensorial de gemelos.

Y por culpa de no ir mirando al frente mientras se encontraba pensando, le sucedió lo menos común que a un capacitado y capaz ninja le podía suceder, tropezar.

- ¡GAH!

Y para la suerte de la Uzumaki, que iba camino a estrellarse contra una ventana, notó que estaba completamente abierta y con un golpe que mañana pasaría a ser un moretón en sus partes traseras calló dentro de un apartamento pequeño y un poco desordenado.

- ¡Maldita sea-tteba! Auch, auch, auchis… - Se quejaba mientras trataba de ponerse de pie, mas una presión en su cuello le hizo congelarse, demonios, había dejado su guardia baja. La Uzumaki notó el brillo metálico del kunai en contraste de su piel y sintió la acompasada respiración de alguien tras ella, maldijo nuevamente.

- ¿Quién eres? – preguntó seriamente la persona que se encontraba tras ella.

Hikari dejó de crear planes de escape al escuchar la voz tras ella, le era muy familiar, demasiado.

- ¿Oyaj—eck…Na-Naruto-san?

Naruto puso más presión sobre el kunai, sacándole un pequeño gritito a Hikari. - ¿Quién? – presionó.

La rubia suspiró, su padre era pésimo reconociendo a las personas. – S-Soy yo Naruto-san, Hikari. – dijo esperando el afloje del arma sobre su cuello, mas no sucedió nada. – O-Oi…

- No conozco a ninguna Hikari Dattebayo, ahora, ¿Cómo sabes quién soy? – Hikari entornó los ojos ante la estupidez de su padre.

- ¡Me conociste hace dos días Ttebane! ¡Le salvamos el trasero a tus amigos y a tu aldea acabando con los bastardos Oni! ¡BAKA! – Le gritó pillando desprevenido a su padre, logrando zafarse de su agarre saltó y puso distancia entre ambos, por si se le venía la amnesia de nuevo. Se sobó el cuello, notando un pequeño corte, miró con resentimiento a Naruto. – Sigues igual de idiota…y hasta peor diría yo.

Naruto finalmente y solamente con el brillo de la luna iluminando tenuemente su rostro, reconoció a la rubia. - ¡Hikari-chan!

La aludida bufó.

Naruto se rascó la cabellera nervioso y lanzó lejos el kunai que aún sostenía en su mano derecha. – Dime Hikari-chan, qué te trae por estos lados. – dijo aludiendo a su alrededor, el kitsune notó como la rubia se acercaba un poco a él, segura de que por lo menos ya la había reconocido.

Hikari hubiera esperado unas disculpas por parte de una persona que acababa de tratar de matarte, pero hizo ese pensamiento a un lado, después de todo se trataba de su tonto Oyaji. – Nada, me gusta tropezar y caer en casas ajenas golpeándome el trasero en el proceso.

Naruto inclinó levemente su cabeza confundido, y la Uzumaki se vio doblegada por la risa segundos después.

Su padre podía ser tan adorable algunas veces si pasaba por alto su bajo nivel de comprensión. – Nah, son bromas, bromas. – Dijo Hikari mientras hacia un gesto con su mano de alejar el asunto. – Me dieron ganas de ir a ver a la Teme y a su hermano.

- ¿Teme? … ¿Te refieres a Rehia?

- Sip.

- Ah, vaya. ¿Y por qué precisamente a esta hora? Son las cuatro de la mañana…

- Me gusta ver la cara de odio de Re-chan por las mañanas, es mi cargador personal de baterías. – Naruto no captó eso último muy bien, pero se encogió de hombros y se encaminó a su closet.

Hikari lo observó extrañada. - ¿Qué haces? – Naruto había sacado unas ropas de civil que ocupaba cuando no estaba con misiones y se encaminaba al baño.

- Me voy a bañar, no soy un puerco ¿Sabes? – Le dijo simplemente.

La rubia frunció el seño, confundida. – Son las cuatro, aún te quedan algunas horas de descanso, Naruto…

- Te acompañaré al hospital. – Dijo para después desaparecer tras la puerta del baño.

Hikari se quedó allí parada mirando fijamente la puerta como si de un momento a otro Naruto la abriera y gritara ¡Mentira! Y se fuera a acostar nuevamente.

Pero no pasó eso.

La rubia sonrió serena y optó por ir a sentarse sobre la desarmada cama de su padre, notó que tanto las fundas como las sábanas estaban todas fuera de su lugar y desparramadas a lo largo y ancho del colchón. La rubia rió con ternura y negó con su cabeza ante las costumbres de su padre, aun de adulto seguía haciendo exactamente lo mismo, lo que le había causado más de una vez problemas con su madre. A Hinata le gustaba el orden, pero debido a algunas actitudes de Naruto en el día a día la Hyuuga simplemente dejaba de lado ciertas cosas, pero lo único que se mostraba más severa era en el orden propio y limpieza de sus habitaciones.

Si pillaba alguna cama demasiado desecha, ardía Troya.

Y eso era tema recurrente, pues siendo los tres hermanos muy parecidos en muchos aspectos a su padre, las cosas siempre estaban revueltas y patas arriba con recipientes de ramen vacios hasta en el lavabo.

Hikari se alzó de la cama de su padre y se acercó a un estante que estaba sobre el respaldo de la cama, había unos pergaminos medio abiertos y dos fotografías enmarcadas, la rubia las observó.

La primera era esa mítica foto del equipo siete siendo Gennins.

La Uzumaki nunca dejaba de asombrarse con el parecido entre Rehia y su padre, y aquella sonrisa en el rostro de su propio padre que con el pasar de los años no había aflojado ni un poco, los ojos le escocieron observando el rostro de su tía Sakura y con humor notó que Kakashi siempre se había echado años encima al poseer aquella cabellera plateada, casi ploma.

La otra fotografía era un poco más actual, hasta parecía haber sido tomada aquel mismo año. En ella estaban el mismo equipo siete, junto a Kakashi al fondo se podía ver la cara del capitán Yamato un poco sonrosada alzando una copa en el aire con el Hatake, seguramente estaban ebrios, el Tio Sai parecía estar tomando la foto, pues su cara era la que estaba las cerca y miraba directamente a la cámara. Se encontraban en el Ichiraku, Naruto trataba de darle un montón de fideos en la boca a Sasuke, mientras que el pelinegro miraba con odio al rubio con una mueca de asco, Sakura al lado de Sasuke, se sostenía a duras penas con un brazo sobre la barra y el otro apretándose el estomago, la pelirrosa lloraba de la risa.

- Je, esa la tomamos la semana pasada. – Dijo de repente Naruto sorprendiendo a la rubia en el proceso, Hikari sin soltar la fotografía dirigió su vista hacia su padre que venía con una toalla sobre su mojado cabello ya completamente vestido y limpio. – En el cumpleaños de Yamato taichou.

Hikari observó una última vez la fotografía y la dejó nuevamente en su lugar en el estante, luego con un dedo señaló la cabeza de su padre. – Ni creas que vas a salir con ese pelo mojado señor.

Narto rió. – No pasa nada, ya lo he hecho antes. – Dijo ya encaminándose a la puerta, no sin antes ponerse su protector de la hoja con orgullo y tomar su bolsa de kunais, pero de un tirón, Hikari lo jaló dentro nuevamente.

- Ah, no. Ven, que yo te seco el pelo.

- N-no es necesario Hikari-chan.

- Nada de eso, ahora dime donde tienes tu secador de cabello.

- P-pero…

- ¡Nada que nada! Anda, dime…

- En el primer cajón de la derecha de mi closet, señora.

Hikari sonrió triunfante. – Veamos… - Dijo moviéndose hacia el closet. Naruto la observaba mientras un extraño calorcillo se formaba en su pecho.

El rubio tuvo la impresión que Hikari le recordaba vagamente a alguien.

¿Pero a quién?

- ¡Ossu! ¡Lo encontré! Ahora ven. – Dijo Hikari sonriente mientras alzaba el aparato como si fuera un trofeo, Naruto se rió.

Esa chica era divertida.

Naruto se sentó a los pies de su cama mientras la rubia conectaba el cable del secador cerca. - ¿Por qué haces esto? – Preguntó Hikari pillando desprevenido al kitsune.

- ¿Hacer qué? – Si era ella la que se había ofrecido a secarle el pelo, ¿No debería estar él haciendo esa pregunta?

- Acompañarme, apenas si me conoces. – De dijo mientras frotaba la toalla contra su cabello húmedo. – Podría aprovechar y matarte ahora.

Naruto se encogió de hombros. – Sinceramente no lo sé, creo que extrañamente confío en ustedes.

- ¿Nosotros?

- Si, todo tu grupo. Siento como si de alguna forma estuviera mirando a un espejo. – El kitsune no notó como Hikari se puso tensa de repente.

- ¿U-Un espejo dices? – preguntó frotando con más rapidez.

El rubio se había relajado gracias al movimiento de las manos de Hikari en su rubia cabellera, le gustaba que le frotaran el pelo. – Sip, ustedes son muy parecidos a nosotros. Especialmente tú y Rehia-chan, incluso el chico Óbito tiene esa mascara igualita a la de Kaka-sensei…- Naruto no siguió hablando pues Hikari había encendido el secador al máximo.

La rubia había decidido terminar con la conversación pues ya se estaba poniendo nerviosa, y esa no era precisamente su mejor cualidad mientras tenía un enorme secreto que proteger.

- ¡Listo! – saltó Hikari una vez que Naruto tuvo el cabello completamente seco.

El rubio se sonrojó levemente. – Gracias Hikari-chan, realmente tienes unas manos muy suaves… - soltó y rápidamente se tapó la boca, poniéndose rojo como tomate. – Ahh, emh, yo…

Hikari se rió ante la ternura de Naruto, la joven sabía que su padre nunca había recibido demasiadas muestras de afecto físicas en lo que iban de su vida, y sabía de antemano que al rubio le fascinaba que le acariciaran su desordenada y rebelde mata de cabello. La chica le guiño un ojo. – Acuérdate de mí la próxima vez Naruto… – Le dijo riendo, y levantó sus manos al aire. – ¡Todo el mundo dice que tengo unas manos mágicas-ttebane!

Naruto se puso las manos detrás de su cabeza y aún levemente sonrosado gritó. - ¡Claro que sí Dattebayo! – Y con eso último ambos rubios abandonaron el departamento para ir al hospital.


Toushiro abrió sus ojos y enseguida supo que su hermana estaba haciendo algo estúpido.

El rubio se giró un poco y observó un reloj digital que tenía sobre un estante cercano, los números rezaban que eran las cuatro y treinta de la madrugada. El ojiazul gruñó y se sentó en su cama lanzando sus mantas lejos mientras se pasaba una mano por el rostro.

¿Qué posible idiotez podría estar haciendo Hikari a esa hora?

Mejor ni se ponía a imaginar, se dijo a sí mismo.

Toushiro miró de soslayo a su hermano menor, notó que aún dormía y también observó a Yuuki, sabía que seguramente estaba despierto a causa de su propio movimiento. – Oi Yuu-baka. – le llamó.

No obtuvo respuesta pero sabía que había sido oído.

- Voy a ver a Re-chan y a Mamo-chan, vuelvo en un rato.

Eso pareció llamar la atención del pelirrojo. - ¿Porqué la prisa Shiro-chan? Estoy seguro que Re-chan no estará feliz de que la despiertes a esta hora…

- Hikari partió hace quince minutos.

- Te acompaño. – Fue la respuesta de Yuuki, Toushiro rió suavemente.

Todos sabían que Rehia despertaba casi siempre con un humor de perros, y agregarle que la persona quien disturbara su precioso sueño se trataba de Uzumaki Hikari era como pedir a gritos sangre.

Yuuki decidió dejarle una nota a Aoi que se encontraba en la habitación contigua y Toushiro le murmuró a su hermano que volverían a la hora de almuerzo, Tetsui refunfuñó y volvió a dormirse después de decir un "Lo que sea" a su hermano.

Ambos amigos se lanzaron una mirada al saltar con agilidad desde su ventana y como dos figuras borrosas rápidamente se encaminaron al hospital.


- Dobe, tienes diez segundos para explicarme qué demonios haces aquí.

- ¡Hey! ¿Es que acaso no puedo pegarle una visita a mi rival del alma y a su hermanito que está en el hospital? Me hieres teme-chan.

- …siete, seis, cinco…

- ¡OI, para Rehia! E-es que enserio tenía ganas de venir a verlos a los dos.

- A las cuatro de la mañana Hikari, ¿Enserio?

- ¡D-de verdad! – Hikari se estaba doblegando bajo la mirada de una cabreada Rehia. – ¿Y…y también que tuve una pesadilla?...es que estabas tú y Shura-teme… y él… ack, bueno…

Naruto miró a Hikari, asique esa había sido la verdadera razón.

El rubio se enderezó cuando captó una mirada de Rehia, la Uchiha afiló sus ojos observando al Uzumaki padre mientras el rubio no podía pensar en nada más que esa chiquilla y Sasuke harían buenas migas en muy poco tiempo. - ¿Uzumaki…

-…Naruto? – completó estúpidamente el kitsune, Rehia agudizó aun mas su mirada.

La Uchiha parecía haber perdonado a su rival.- ¿Acaso ahora persigues Hikaris por las noches? – le dijo sin humor alguno. - ¿Porqué estas aquí?

Naruto balbuceó y Hikari salió en su ayuda. - ¡Yo lo invité teme! – Rehia la miró enojada y el rubio temió que la pobre Hikari se incendiara en cualquier momento.

- Nee-san, está bien. - Intervino Mamoru que estaba recostado en su cama completamente despierto, gracias a la poco disimulada entrada de ambos Uzumaki.

¿Quién rayos podía tener tan poco tacto de irrumpir en la habitación de un paciente que aún está convaleciente a las tantas de la madrugada, acompañados de una llegada a través de una ventana que casualmente no estaba abierta?

Idiotas.

Rehia tuvo que asegurarles a las enfermeras de turno y a algunos guardias que no había sido nada, un accidente.

Ja, si claro.

La pelinegra señaló los pedazos de vidrio que estaban desparramados en la mayor parte del suelo de la habitación, y con una voz que no daba espacio a reclamos dijo. – Supongo que ustedes se encargarán de esto. - Ambos Uzumaki suspiraron al mismo tiempo y con sus cabezas gachas salieron de la habitación en busca de una pala y escoba.

Como perros regañados se alejaron con el rabo entre las piernas.

Rehia se masajeaba las sienes, frustrada. – Uzumakis. –Dijo como si eso fuera la respuesta a todo.

Mamoru rió con suavidad observando a su hermana, pero luego comenzó a pensar, ¿Por qué Hikari tenía pesadillas relacionadas con Shura? Es decir, no era algo muy anormal, pero igualmente su curiosidad se hizo presente. – Ano, ¿Nee-san? – Llamó a su hermana quien dejó de dar vueltas por la habitación y lo miró aún con una de sus manos en el rostro.

- ¿Hm?

- Hikari-san sonaba como si no fuera la primera vez que tenía esas pesadillas. – Dijo el pelinegro, mientras su hermana lo miró intensamente.

A veces Mamoru era demasiado perceptivo para su propio bien.

Rehia se acercó nuevamente a su hermano menor. - ¿Y? – dijo con seriedad mientras Mamoru apretaba sus sabanas, nervioso por la mirada que le dirigía su hermana.

- No lo sé, solo me pareció extraño. – Dijo Mamoru volteando su mirada a sus manos. – También al parecer no es la primera vez que ella te dice eso…

- Todo el mundo tiene pesadillas Mamoru, Mikoto las tiene, tú las tienes, yo… - Dijo Rehia, pero Mamoru la observó extrañado pues la pelinegra de repente se tensó y miró a la ventana que no había sido violentada por los Uzumaki.

Y que irónicamente se encontraba abierta.

-Nee…- Comenzó el joven, pero su hermana le hizo un gesto sin mirarlo.

Silencio.

Rehia ahora había doblado su centro de gravedad y parecía un felino a punto de atacar, Sharingan activado. Mamoru se puso alerta, al parecer su hermana sintió la presencia de un enemigo.

Se iba a poner de pie pero otro gesto de Rehia le hizo dejar de moverse, la pelinegra en un pestañeo desapareció de la vista de su hermano y el chico la encontró al lado de la ventana, con su espalda contra la pared.

Mamoru nunca dejaba de asombrarse con la velocidad su hermana.

Rehia comenzó a formar sellos rápidamente, lista para recibir con un tronar de pájaros al enemigo, Mamoru se sorprendió, ¿Chidori? ¿Tanto así?, su Nee-san parecía estar de mal humor.

La habitación comenzó a iluminarse con el brillo del tronante chakra de Rehia y en cuanto una sombra se acercó a la ventana, Mamoru tardó un rato en procesar lo que pasó en los segundos siguientes.

- ¡Yuu! ¡Shiro! – Fue lo último que se escuchó antes de que una seguidilla de golpes, tropezones junto a uno que otro gritillo y quejido por parte de la masa humana que ahora yacía en el piso de la habitación.

¿Qué dem-

- ¡Quita tu pié de mi cara YUU-BAKA!

- ¡Eh, tú quita primero tu rodilla de mi estómago SHIRO-BAKA!

- ¡Cállense los DOS! Yuuki, te sugiero que no muevas tu mano ni un centímetro más…

- ¡Bwahahaha! Eres todo un pervertido Yuu-chan mira que andar toqueteando a Re-chan…

- Toushiro, quita tu mano de mi trasero por favor.

- ¡UWAH!

- ¡AGHH! ¡Dejen de moverse los dos! ¡Yuuki! ¡Toushiro!

- ¡G-GOMEN RE-CHAN!

- Les. Dije. Que. No. Se. Movieran.

- ¡PERDON! ¿E-Espera Re-chan, nos ibas a atacar con Chidori?

- ¡Hidoi Re-chan!

- ¡¿Qu-qué querían que hiciera, si sus chakras estaba camuflados? Pensé que eran enemigos…

- Fufufufu…somos demasiado hábiles, hasta Re-chan quedó engañada…

Un sonrojado y boquiabierto Mamoru observaba la comprometedora posición en la que su hermana junto a sus compañeros de equipo se encontraban en aquel momento.

Toushiro quien fue el primero en entrar velozmente por la ventana había perdido el equilibrio y tratando de alguna manera de frenar su caída había agarrado del brazo y cintura a Rehia, arrastrando así a una confundida Uchiha con él que resultó en que el último integrante del equipo cayera sobre ambos, haciendo así el sándwich humano más extraño que los ojos de Mamoru alguna vez hubieran visto.

Fue ese preciso momento en donde Hikari junto a Naruto con una escoba y una pala en la mano respectivamente, decidieron entrar en la habitación.

- ¿De qué nos perdimos? – Fue la pregunta circunstancial que provino de la boca de Hikari.

Nadie dijo nada, solo sonrojos, sonrisas nerviosas e incomodas y uno que otro gruñido fueron todas las respuestas que la rubia pudo obtener.

Naruto alzó su pala. - ¿Limpiamos o qué?

Todos lo miraron.

Bien, a limpiar.

Fin Capítulo VII


¡Gyahahahahaha! Al parecer a varios les gustó este cuasi triangulo entre Rehia, Shiro y Yuuki-kun.

Naruto es mi preferido y me dan ganas de apretarlo hasta morir.

Emhff, siendo sincera, este capítulo no me gustó mucho. Eso sí tengo que admitir que la parte de la pequeña pelea de Rehia y Shura me puso un poquitillo la piel de gallina, y obviamente la emoción casi me superó en la muerte de Sasuke y Sakura, y sé ustedes se preguntaran ¿Eso es todo? ¿Simplemente murieron en manos de Shura y nada más? ¡BWAHAHAHA! ¡Nuooh! Falta la perspectiva de Re-chan dentro de todo esto y les advierto, se viene fuerte. Ñehehehehe…

Tengo que decirles que quizás me demore un poco más de lo normal en subir el próximo capítulo, ojalá no se enojen queridísimos lectores. (:

Muchísimas gracias por todos los Reviews y especialmente a Nekomakino-san que muy amablemente dibujó a algunos de los personajes del futuro, sus dibujos serán puestos en mi profile junto a algunos que yo misma eh hecho estos días.

¡Cuídense!

Y una preguntilla que me ronda en esta cabezota mía…¿Merece un Review?

Shivi