N/A: Uff el capitulo me salió algo enrevesado D:
Capitulo 7:
Y la acunó en sus brazos
Yugi se aferraba a Atem con fuerza, como si temiera que este se fuera a esfumar en cualquier instante, como si tuviera miedo de que este reencuentro solo hubiera sido una mera ilusión de su subconciente.
- No llores ... Yugi. No me iré a ninguna parte. No esta vez.
- Atem ... – susurró el menor dulcemente. Su cara estaba totalmente bañada en lagrimas, pero en su rostro había una grande y amplia sonrisa. – Te he echado tanto de menos.
- Y yo a t-...
- Cállense ya o vomitaré. – protestó una voz gruñona y malhumorada, impregnada de un toque de arrogancia totalmente inconfundible. Yugi se estremeció. Esa voz le resultaba extremadamente familiar.
- ¡Kaiba! – exclamó el menor al echar un vistazo y descubrir a nada más y nada menos que a Seto Kaiba, justo detrás de Atem, observando el feliz y empalagoso reencuentro con una mueca de profunda irritación y disgusto.
- ¡Kaiba, idiota! ¿Qué has hecho? ¡Has fastidiado el reencuentro de estas dos pobres almas solitarias! ¿No te da vergüenza? – exclamó una nueva voz, muy chillona y enérgica, que emergió justo detrás de Seto. Una voz que, al igual que la anterior, era inconfundible.
- ¡Joey, tu también estás aquí! – exclamó Yugi a puro grito. Casi parecía estar a punto de explotar de felicidad ante todos estos inesperados reencuentros. Rápidamente, Yugi corrió hacia Joey y le dio un fuerte abrazo, no sin antes decirle lo mucho que se alegraba de verlo con vida. Después de esta gran muestra de afecto, vino un ultra-fantásticamente-largo-cursi-empalagoso-recubierto-de-azúcar discurso acerca de lo bonita que era la amistad y lo hermosa que es la vida, y bla bla bla ...
- Cuando terminen de hacer el idiota, hagan el favor de avisarme ... yo me voy a algún otro lado donde no tenga que oír semejant-... ¡Hey! ¡ALEJATE DE MÍ! – protestó Seto ligeramente nervioso al encontrarse de repente envuelto en los brazos de Yugi, que se aferraba a él como una lapa.
- ¡También estoy muy feliz de volverte a ver, Kaiba! ¡Cuánto tiempo!
- ¡Deja de abrazarme en este mismo instante o te arrepentirás!
- Pff, Kaiba. ¿Quieres dejar de ser tan amargado por un momento? – intervino Joey, lanzándole a Seto una mirada de reproche. - ¿O eso es un reto demasiado difícil para ti?
Tras quitarse a Yugi de encima (lo cual no fue tarea sencilla) Kaiba volteó para encarar al rubio y le respondió con desdén:
- No tan difícil como el reto de lograr que tú te comportes como un adulto, y no como el chiquillo malcriado de tres años que sueles ser. - contraatacó Kaiba, no sin antes lanzar una miradita muy fea al rubio alborotador que estaba intentando sacarle de sus casillas OTRA VEZ. Parecía que eso era lo único que hacía bien, el muy idiota.
Joey respondió a esta provocación con otra miradita asesina.
Kaiba respondió con otra miradita ...
Y así fue como se inicio un absurdo duelo de miradas entre dos personas más tercas que una mula.
Y mientras esos dos estaban "ocupados", Yugi decidió aprovechar el tiempo. Abrazó nuevamente a Atem y se puso a hablar con él. Tenía tantas preguntas que hacerle que no sabía ni por dónde empezar. Al final, optó por intentar aclarar la duda más enigmática de todas.
- Atem ... ¿E-Estás vivo?
- Bueno, podríamos decir que sí. - respondió el mayor pasando delicadamente su mano entre los cabellos de su otra mitad.
- ¿Pero, cómo? ¿por qué?
-He conseguido escapar del más allá. Sentí que estabas en peligro, así que ...
- ¿Escapar? Espera, espera – exclamó el menor totalmente atónito. - Pero ... p-pero ... ¡Es el más allá! ¿Cómo pudiste ...?
Por un momento, la mirada de Atem se oscureció.
- El más allá no es lo que era antes, al igual que este mundo no es lo que un día fue. El más allá está en desequilibrio, está lleno de grietas, por las que las almas más fuertes pueden escapar. Todo es un caos, Yugi, tanto allá como aquí. Y me temo que todo esto es ... es n-nuestra culpa. En cierta parte lo es.
- ¿NUESTRA culpa? – soltó Yugi completamente aterrado. Por un momento, las palabras que Malik una vez le dijo resonaron en su mente: "Hicimos algo mal hace siete años. No debimos haberlo hecho".
- ¿Qué hicimos mal, Atem? ¿Qué hicimos hace siete años que causó toda esta destrucción?
Yugi tomó de los hombros a su otro yo y le miró directamente a la cara.
- Es ... es una larga historia. Además, no estoy seguro de si mis hipótesis son ciertas o no. Hasta que no esté completamente seguro, prefiero no preocupar a nadie con teorías que pueden ser falsas o estar equivocadas. Te aseguro que, cuando confirme mis sospechas, te lo contaré todo.
Yugi suspiró decepcionado. Quería saberlo ... y quería saberlo ahora ...
Estuvo tentado a presionar al mayor, para que le confesara todo lo que sabía, pero se contuvo. Atem parecía muy incomodo con este tema, y además, lucía exhausto. Presionarle no iba a hacerle ningún bien. Él confiaba en Atem, y estaba seguro de que el faraón le confesaría sus pensamientos tarde o temprano.
Así que, para disminuir un poco la tensión, Yugi cambió de tema y preguntó algo que había estado rondando por su cabeza desde que vio a Seto y Joey, es decir, a los dos cabezotas que estaban a su espalda, todavía intentando matarse con la mirada.
- Atem ... ¿Qué hacen Seto y Joey aquí?
- ¡Oh! Los encontré cuando iba de camino. – respondió su contraparte visiblemente aliviado por el cambio de tema.
- ¿Los encontraste de camino? ¿De camino hacia donde?
- Hacia ti, por supuesto. Desde que escapé del más allá y llegue de vuelta a este mundo no he parado de buscarte. He estado siguiendo tu voz y tus pensamientos a través del enlace que nos une hasta finalmente encontrarte.
-O-Oh ... a-así que ... me, me buscabas ... – balbuceó nerviosamente. El simple pensamiento de que Atem había estado buscándole tan fervientemente hizo que se sintiera inmensamente feliz. Sentía extrañas mariposas revoloteando en su estomago y una rara sensación de calidez extendiéndose lentamente por su pecho. Era una sensación extraña, pero reconfortante.
- S-Si ... – respondió Atem, que parecía contagiado por el mismo cálido e incomodo sentimiento. – Me encontré a esos dos caminando juntos en busca de provisiones. Los convencí para que me siguieran, porque no podía dejarlos solos en medio de tantos peligros.
- ¿Kaiba y Joey estaban juntos? – preguntó Yugi con incredulidad.
- Desgraciadamente sí. – interrumpió Seto. – El idiota estaba solo y asustado. Nada más verme, vino lloriqueando a mis pies, y desde entonces no deja de seguirme como un perro faldero porque tiene miedo y no quiere quedarse solo.
-¡MENTIROSO! ¡RETIRA ESO! - exclamó Joey a pleno pulmón. Una venita palpitaba en su frente.
- Dejen de chillar o atraerán atención innecesaria. – advirtió Atem con voz severa.
- Atem tiene razón. – dijo Yugi en voz baja, colocando el dedo índice sobre sus labios en señal de silencio. Luego, volteó para encarar a su amigo rubio y preguntarle lo siguiente. – ¿Estabas solo antes de que él apareciera, Joey?
El aludido miró hacia el suelo y se rascó la nuca mientras respondía un poco inquieto.
- En el helicóptero de rescate que envió el ejercito solo había sitio para una persona, así que convencí a Serenity para que montara en él. Le dije que pronto vendría otro helicóptero a rescatarme y que me reuniría con ella en el campamento de refugiados ... pero ... bueno, era mentira. Sabía bien que no pasaría otro ... y, bueno ... m-me quedé solo. Luego apareció un monstruo y destruyó mi casa. Y luego atravesé una niebla carmesí ... y de repente me encontré en este sitio. Era muy tenebroso, y ... e-estaba solo ...
- Ahí fue cuando el muy gallina oyó unos pasos, creyó que era un monstruo, y se puso a lloriquear como un bebe. Luego se puso a suplicar por su ridícula y miserable vida hasta que se dio cuenta de que no era ningún monstruo. El muy idiota se puso asquerosamente feliz de verme e incluso, en uno de sus arrebatos de estupidez, muy frecuentes en él, se atrevió a darme un abrazo. ¡Un abrazo! – aclaró Kaiba con una exagerada mueca.
- ¡Cállate! ¡Tan solo estaba confundido y asustado! ¡E-Estaba tan aliviado al descubrir que no eras un monstruo que ni pensé en lo que estaba haciendo! ¡Fue solo un acto reflejo! – grito Joey, rojo de vergüenza y humillación. - ¡De no ser así jamás abrazaría a un estirado como tú!
- Si , claro. Di lo que quieras, gallina.
Y así comenzó de nuevo otra discusión entre Kaiba y Joey.
- No tienen remedio ... – dijo Atem antes de reprimir un suspiro de resignación y cansancio.
- Mejor déjalos y continuemos con lo nuestro. - habló Yugi. -Tenemos mucho de qué hablar. Pero ... antes de nada... debemos ocuparnos de cierto objeto ...
Y mientras el menor decía esto, su mirada escaneó rápidamente el suelo en busca del maligno objeto que Kuriboh le había conseguido traer. No le costó mucho esfuerzo localizarlo ...
Allí estaba, tirado en el suelo a poca distancia de donde él se encontraba:
El puzzle milenario.
Sin embargo, este ya no era el mismo puzzle milenario que Yugi recordaba con tanto cariño y anhelo. No. Ya no. Este objeto ... había cambiado radicalmente. Ahora, el articulo milenario desprendía un aura oscura y siniestra que le ponía los pelos de punta. Se trataba de la misma aura que emitía cuando estaba flotando en los cielos, solo que con una intensidad muchísimo más baja. Yugi había supuesto que, al alejarlo de esa grieta que le proporcionaba tanto poder oscuro, el puzzle dejaría de emitir esta aura tan toxica. Y en parte, no estaba tan equivocado, pues ahora, alejado de su fuente de poder oscuro, el objeto piramidal era más "inofensivo". Pero aun así, era peligroso, pues la densa atmósfera que le rodeaba seguía siendo ligeramente pesada y asfixiante.
Definitivamente, el puzzle milenario ahora era más temible que hace siete años atrás. Llevarlo colgado al cuello, como solía hacer Yugi hace tiempo, iba a ser ahora una tarea tediosa. El solo acercarse al objeto le entumecía el cuerpo y le provocaba nauseas, además de una fuerte sensación de desasosiego ...
Aun así, a pesar de sentirse ligeramente indispuesto, Yugi se dirigió hacia donde yacía el objeto que tantos recuerdos le traía, y se agachó para recuperarlo, extendiendo lentamente su mano hacia él. Hasta que ...
-¡NO!
El gritó del faraón fue tan fuerte y autoritario que hasta Joey y Kaiba dejaron de discutir y le miraron asustados.
Ignorando sus miradas de asombro y confusión, Atem se apresuró a recoger el articulo milenario que yacía en el suelo, no tocándolo directamente, sino a través de un trozo de tela arrancado de sus propias ropas.
- No. N-No debes tocarlo. – murmuró el faraón. Su tez morena de repente parecía muy pálida. Y no solo eso, el faraón parecía muy tenso y nervioso.
- ¿A-Atem, qu- ...?
- No debes tocarlo. No podrías soportarlo ... No debes ver ESO.
- ¿El qué no debo ver? – preguntó Yugi, confuso y muy preocupado por el repentino cambio de actitud del faraón.
Inesperadamente, Joey fue quien le respondió esta vez:
- Estos trastos han estado mucho tiempo en la oscuridad. A-Asi que ... han sido impregnados con magia negra, o algo así. Ahora son muchísimo más peligrosos que antes.– Su voz era increíblemente triste y su expresión indescifrable. – La magia negra ha despertado oscuras memorias que han estado encerradas en estos objetos desde hace mucho tiempo. Ahora, todo aquel que los toca sufre ... h-horribles visiones.
Y mientras decía esto, Joey sacó de su mochila algo que dejó a Yugi sin habla ...
En sus manos, envuelta en trozos de trapos sucios y desgarrados ... había ... una vara de oro, de miles de años de antigüedad:
... El cetro milenario.
P-Pero ...
¿Cómo?
¿Por qué?
¿Por qué Joey tenía el cetro milenario? ¿Lo había encontrado mientras vagaba a solas?
- Joey. E-Eso es-... Tú has ...
- Horribles visiones.– afirmó Joey en voz baja. Su cuerpo tembló levemente. - ... créeme, Yugi. Horribles. Visiones.
...
Visiones ...
¿Por eso Joey estaba tan asustado cuando Seto le encontró?
- Visiones de su forja y creación ... – añadió Atem aferrando con fuerza al puzzle milenario y alejándose de Yugi todo lo que pudo. – No debes ver algo así ... Mantente lejos de estos objetos. O te volverán loco ...
Allí estaba ...
En el cielo ...
Girando sobre sí mismo y emitiendo un leve resplandor, como si fuera una estrella en medio del firmamento. Salvo que no era una estrella ni mucho menos, era el anillo milenario, flotando en las alturas, en medio de un tenebroso cielo purpura y granate que nada tenía que ver con aquellos cielos estrellados tan hermosos que podían verse en la Tierra antes de que las tinieblas lo envolvieran todo.
En el suelo las cosas no eran menos caóticas que en el cielo. Un enorme cráter cubría gran parte del terreno y a su alrededor solo podían encontrarse casas y edificios reducidos a escombros. Allí, justo en el centro de ese cráter ... justo en el centro de la destrucción, levitaba en las alturas el anillo milenario.
Y allí, justo al borde del cráter, se hallaban Ryou y Bakura, quienes habían caminado incansablemente durante dos días, compartiendo discusiones, regaños, y momentos de calma, hasta finalmente llegar hasta aquí. Hasta su destino.
Se hallaban de pie, con los ojos muy abiertos, ambos contemplaban casi hipnotizados a ese objeto ancestral que un día unió sus destinos, y que ahora reaparecía de nuevo frente a ellos como un fantasma del pasado, causando el renacer de antiguos recuerdos.
Pero ... no, no era el mismo anillo que Ryou recordaba ... No era completamente igual al que conoció en el pasado. De eso estaba completamente seguro. Algo había cambiado en él. Ahora, el objeto no solamente desprendía pura oscuridad, asfixiante y dolorosa, sino que ... también contenía algo oscuro durmiendo en sus entrañas ... a-algo peligroso ...
Algo capaz de hundirte en las tinieblas y volverte completamente loco ... si es que te aferrabas con desesperación a su oscuro poder ...
- Mira eso. – murmuró Bakura, mirando extasiado al artículo milenario. Su voz sonó ausente, y sus ojos brillaban siniestramente con pura ambición y sed de venganza.– Mira cuanto poder, cuanta oscuridad ...
Ryou le lanzó una mirada cautelosa. No le gustaba el tono escalofriante con el que el mayor hablaba.
- Toda esa energía ... ¿qué pasaría si la consigo dominar ... si la consigo encerrar dentro de mí? ¿qué pasaría si la uso contra el faraón? – una sonrisa tétrica y maligna apareció en su rostro demencial.
Ryou se estremeció ...
Esa sonrisa le recordaba al antiguo Bakura, a ese ser que no conocía la piedad ni la compasión. A ese Bakura al que temía y odiaba. A ese Bakura, que en realidad no era 'Bakura' en absoluto, sino el reflejo de una bestia maligna.
- B-Bakura ...
- Voy a por el anillo. Tú quédate aquí y no te acerques al campo de energía. – ordenó sin apartar la mirada del cautivador objeto.
- ¡NO! – dijo Ryou segundos antes de precipitarse sobre Bakura y agarrar su brazo. Su agarre era débil, pero suficiente para captar la atención de Bakura y hacer que se detuviera.
- ¿Y ahora que pasa, moc-...?
- No vayas. Por favor, no vayas. No vayas. – suplicó casi desesperado al sentir todo aquel odio y todo aquel rencor emanando desde lo más profundo de aquel objeto ancestral. - H-Hay ... hay algo malo en esos objetos. Algo que te hará daño ... n-no vayas.
Lo presentía. Lo sentía en cada poro de su piel y en cada fibra de su ser: Había algo oscuro en esos objetos. Algo macabro. Algo terrible. Algo que Bakura no debía contemplar. Algo que Bakura no debía ver ... de nuevo. Algo que destrozaría por completo la cordura y el corazón de su otro yo, ya de por si inestables.
- ¿De qué hablas? – Se quejó Bakura, intentando zafarse del férreo agarre del menor. - ... Suéltame para que pued-...
- NO. – respondió el otro tercamente. La fuerza de su agarre, lejos de disminuir, se intensificó. Ryou se aferró a él con mayor firmeza, no queriendo dejarlo marchar. – Si te vas te perderás a ti mismo en la oscuridad. Perderás tu humanidad. Tú corazón, tu alma y todo lo que eres. T-Toda la humanidad que has recuperado ... l-la perderás.
Bakura sonrió con sorda, pero sus ojos, inquietantemente fijos en Ryou, brillaron con sumo interés y admiración. Sus oídos absorbían cada una de las palabras que este ingenuo chico recitaba atropelladamente.
No iba a admitirlo en voz alta, pero durante todo este corto periodo de tiempo que habían pasado juntos, Bakura no se había apartado del chico ni por un solo instante. No quería alejarse de él, pues Ryou le intrigaba sobremanera, de una forma que no sabía explicar. No solo por el enlace que compartían sino por la propia personalidad del menor. ...No muchas veces encontraba a alguien con un corazón tan puro, tan ridículamente compasivo e idiota. Un corazón que le recordaba mucho al que una vez él tuvo, hace mucho, muchísimo tiempo atrás. Un ingenuo corazón que iba más allá del bien y del mal, que no guardaba rencor, y que siempre deseaba ayudar a los demás ... incluso a alguien de muy mala reputación ... a alguien como él.
'A alguien como él'
A pesar de ser consciente de todos los crímenes que Bakura había cometido, ese corazón seguía siendo capaz de perdonarle y compadecerle, de intentar entenderle.
Que idiota ...
Que ingenuo ...
Y que admirable.
- Yo ya perdí mi humanidad hace mucho tiempo, mocoso. No tengo nada más que perder.
- No es cierto. – susurró Ryou, mirándole directamente a los ojos. – Te equivocas.
-Tú no lo entiendes, mocoso. Yo- ...
- ¡Así es, no lo entiendo! ¡No entiendo por qué una persona tan fuerte como tú siempre se rinde a la oscuridad, se abandona a si mismo! ... – exclamó suplicante. - ¡Pero estoy intentando entenderte! ... E-Estoy intentando comprenderte ... ¡Y no podré hacerlo si te pierdes a ti mismo, si haces una locura, si matas al faraón, si destruyes el corazón de Yugi y te conviertes en un asesino tan solo por querer satisfacer el deseo egoísta de vengar a una aldea que ya no desea ser vengada! Dime, Bakura ... ¿Qué te hace distinto a esos guardias del faraón si tu también te manchas las manos de sangre y causas dolor a un inocente, tal y como hicieron ellos en Kul Elna?
- Suéltame. – susurró Bakura peligrosamente. Su mirada se volvió letal con la sola mención de su aldea.
Pero esto no intimidó a Ryou ... no le hizo callar. Su terquedad era casi tan solida como la de Bakura.
- No ... No lo haré. S-Si te dejo ir ...
Si lo dejaba ir ... Bakura abrazaría de nuevo a la oscuridad ...
Si lo dejaba ir ... se convertiría de nuevo en un ser horrible, en una bestia, en un asesino ...
Si lo dejaba ir ...
- ... te convertirás en un monstruo.
Tras oír esto, Bakura miró a Ryou intensamente, para luego añadir, muy seriamente:
- Tú mismo lo dijiste una vez. Yo mismo lo admití una vez: ... Ya SOY un monstruo.
Y con estas palabras y un fuerte tirón de brazo, Bakura se liberó de su agarre y ...
...y se fue ...
Y Ryou lo observó marcharse, irse, alejarse de su lado.
No supo por qué sus ojos comenzaron a aguarse o por qué su visión comenzó a hacerse borrosa. Ni por qué su pecho palpitó adolorido ni por qué su mano, inconscientemente, se extendió en un inútil intento de atrapar a la figura que caminaba a varios metros de distancia frente a él ... alejándose ... cada vez más. Solo había una cosa que sabia con suma certeza ... solo una cosa se le pasaba por la cabeza. Solo una simple frase: "Te equivocas"
Bakura dejó a Ryou atrás y se aproximó apresuradamente hacia el foco de oscuridad. Sin pender tiempo, comenzó a descender hábilmente por el gran y profundo cráter, con la intención de llegar hasta el centro del mismo. Una vez allí, se puso de rodillas sobre la tierra. Con la punta de su dedo dibujó un extraño símbolo egipcio en el suelo, y acto seguido, orando con las manos sobre la tierra, recitó un conjuro misterioso más antiguo que la propia humanidad.
Al terminar de recitar esta liosa e intrincada oración, el articulo milenario que levitaba en las alturas emitió un fuerte destello de luz que duró tan solo un segundo. A continuación, el articulo comenzó a descender como por arte de magia, dirigiéndose directamente hacia Bakura, quien embozó una siniestra sonrisa de oreja a oreja y extendió los brazos bien abiertos mientras esperaba con impaciencia a que el místico objeto finalizara su descenso y cayera a sus brazos.
A medida que el objeto se acercaba a él, una espesa niebla negra se arremolinaba en el interior del cráter hasta formar un remolino negro que cubrió por completo el cielo y el suelo, hasta que todo a su alrededor era de color negro.
Y así las tinieblas le envolvieron.
La niebla era tan espesa que casi podía sentirla físicamente. Las amarras de la oscuridad contra su cuerpo se sentían como garfios, como garras, que se clavaban en la piel y la desgarraban lentamente. Mientras que en su interior, Bakura podía sentir una mano invisible, atravesando su pecho y exprimiéndole los pulmones hasta casi dejarle sin respiración.
La energía oscura en torno a él era cada vez más y más difícil de aguantar. Cada vez era más complicado moverse, respirar, hablar o incluso pensar. Pero eso a Bakura no le importó ...
Sus miembros comenzaron a temblar, a sufrir fuertes espasmos, como si su cuerpo entero fuese recorrido por un fuerte voltaje eléctrico que dejaba paralizados y entumecidos a cada uno de sus músculos. Pero a Bakura seguía sin importarle ...
La magia negra crecía y crecía a su alrededor.
Crecía y crecía ...
Y Bakura sonreía y sonreía siniestramente, cegado por la ambición, el odio y amargura de su propio corazón.
Y Bakura reía. La bruma oscura aprisionaba sus pulmones hasta el punto de casi dejarle sin respiración, pero él reía.
Y mientras, el objeto descendía, llevando en sus entrañas una carga increíble de oscuridad ...
Bakura alzó los brazos aun más al ver que el anillo milenario estaba ahora tan solo a escasos dos metros de donde él se hallaba, arrodillado, esperando con desespero su llegada, como quien espera un milagro o una salvación.
Y así, muy lentamente, el objeto descendió hasta casi llegar a rozar sus dedos.
Pero ...
... algo inesperado pasó.
Algo hizo que la maligna sonrisa de Bakura se desvaneciera bruscamente. Y ese algo fue un grito desgarrado. Alguien gritó su nombre con toda la fuerza de sus pulmones y le despertó bruscamente de su trance. Inmediatamente después, una mano muy pálida golpeó el anillo milenario enviándolo directamente al suelo de un solo manotazo.
El causante de todo esto fue ni más ni menos que Ryou, que de un golpe había evitado en el último momento que el articulo milenario cayera en sus manos.
Bakura, terriblemente enojado por este atrevimiento, estaba a punto de ponerse en pie y dirigir toda su ira sobre el pequeño entrometido que trataba de arruinar sus planes ... pero ... algo detuvo su estallido de ira. De repente, toda su furia se transformó en confusión cuando vio como Ryou se desplomó en el suelo, de rodillas, con sus manos sujetando ambos lados de su cabeza. Gemía adolorido, con los ojos fuertemente cerrados. Sus dedos masajeaban desesperadamente sus sienes, como si tratara de bloquear algo en su mente que le estaba perturbando profundamente, como una pesadilla o una visión.
En definitiva, el pobre chico parecía estar sufriendo. Prueba de ello era la increíble ráfaga de emociones negativas que desprendía su mente, y que se colaban en la propia mente de Bakura a través de esa intima conexión con la que él y Ryou compartían pensamientos y sensaciones. A través de ese lazo que les unía, Bakura sintió el miedo y la angustia del menor, y por alguna extraña razón, al sentir ese sufrimiento, el propio corazón del ladrón palpitó adolorido.
Pero esto no era todo. Ryou no solo estaba herido emocionalmente. Por alguna razón ,su mano, la pálida mano con la que había tocado por muy breves instantes el anillo, estaba sangrando levemente.
¿Ryou? ¿Sangrando?
¿Por solo rozar el objeto con las manos desnudas?
Por solo un simple toque ... tan rápido y efímero ...
¿Si solo el simple roce del anillo milenario causaba esto, qué causaría entonces un toque mucho más firme? ¿Qué hubiera pasado si Bakura hubiera acunado al místico articulo en su pecho, tal y como pretendía hacer antes de que Ryou le detuviera? ¿Bakura hubiera resultado herido?
Desafortunadamente, El Rey de los Ladrones no tuvo mucho tiempo para reflexionar sobre estas cuestiones, pues 'algo' invadió su mente repentinamente. ... Ese 'algo' era una especie de alucinación, enviada involuntariamente a su cerebro por medio del intimo enlace que compartía con Ryou. Esa 'alucinación' era tan horrible que hizo que su cuerpo, en vez de temblar por la fuerza de la oscuridad, temblara por la fuerza de su propio miedo ... Y créanme ... hacer que alguien como Bakura temblara de miedo no era tarea sencilla, lo cual demostraba lo espeluznante que era esta alucinación.
Y esa alucinación, ese 'algo' que invadió su mente fue: Una voz.
No.
No una voz.
Cientos de voces.
Voces escalofriantes que se arremolinaban en su cerebro y resonaban en su cabeza de forma insoportable. Gritos, ... terribles aullidos, desquiciados lamentos, que a cada segundo adquirían mayor intensidad e incrementaban el volumen de sus alaridos hasta el punto de dejarle casi sordo.
Los gritos no cesaban ... seguían resonando ...
Muy fuerte.
Cada vez más fuerte. Su eco penetraba en su mente y la hacía trizas.
Pero... había una voz que se escuchaba por encima de todas las demás:
Un llanto.
El llanto inconfundible de un niño pequeño.
De repente, confusas y caóticas visiones acompañaron a las voces, completando así la alucinación. Pero estas visiones eran borrosas y poco claras, por lo que eran prácticamente irreconocibles. Sin embargo, hubo una especialmente clara y nítida que irrumpía en su mente muy seguido, intercalándose bruscamente junto a las demás visiones:
En esa visión en especial se podía observar a un niño pequeño, arrodillado en el suelo, en medio de una aldea sanguinariamente masacrada. El niño lloraba desconsolado y sin pausa. Lagrimas y más lagrimas bañaban sus mejillas. Y lloraba ... y lloraba ... sus ojos estaban rojos e hinchados, pero aun así seguía llorando.
Pobre niño ... Era el único sobreviviente de una desolada aldea bañada en sangre. Era Bakura. Y aquellas voces que acompañaban esta visión eran las de los aldeanos muertos, aullando de dolor.
Las voces escalofriantes seguían gritando. El niño seguía llorando. Y las visiones borrosas seguían sucediéndose una tras otra, creando una confusa y caótica pesadilla.
... Por esto era por lo que Ryou sufría y se retorcía en el suelo ... Ryou estaba viviendo todo este horror en su mente. Esta alucinación pasó a la mente de Ryou (y por consiguiente a la mente de Bakura) al tocar el anillo milenario. Al tocar ese oscuro objeto maldito, que llevaba en sus entrañas estas horribles memorias. Tan solo el simple roce del anillo bastó para desencadenar esta horrible pesadilla, esta visión que no era más que una pequeñísima e insignificante fracción de los numerosos recuerdos encerrados en el interior del objeto maldito.
La visión, tan rápido como vino se fue. Las ensordecedoras voces desaparecieron, hasta solo escucharse el débil llanto del niño ... que poco a poco, se desvaneció en la nada.
Finalmente, todo quedó en silencio ...
La visión había terminado. Quizás, si el contacto con el anillo hubiera sido mayor, la visión hubiera durado más y hubiera sido más clara. Bakura no lo sabía con certeza ... Lo único que sabía era que estaba cansado y adolorido, tanto física como mentalmente. Apenas podía respirar. Apenas podía sentir nada en absoluto.
Cerró sus ojos lentamente ...
- ¡B-Bakura!
El eco de su nombre fue lo último que oyó antes de caer desmayado sobre el duro suelo.
Despertó confuso y desorientado. Su cabeza dolía y su cuerpo se sentía muy rígido.
Cuando trató de levantarse, aun con los ojos entrecerrados, sintió un fuerte mareo, pero más que eso, sintió unas manos sobre su espalda y sobre su pecho que lo ayudaron a sentarse erguido. Manos cálidas y suaves, sujetándolo ...
- ¿Estás bien?
La pregunta tomó a Bakura por sorpresa. Abrió totalmente los ojos y cuando su visión logró enfocarse pudo ver al moc- ... a Ryou frente a él. El menor le miraba de forma extraña. Sus ojos brillaban con tristeza, pero en sus labios se había formado una sonrisa muy leve y sincera. Su expresión general estaba llena de calidez y alivio.
- Tú ... me sacaste de allí ... t-tú ... – murmuró Bakura. Al bajar su mirada, sus ojos se ampliaron al ver el dorso de la mano de Ryou. Había dejado de sangrar, pero sobre la piel rojiza se podía distinguir la marca de una quemadura ... solo que esa quemadura no era normal, pues tenía la forma de un semicírculo inquietantemente parecido al anillo milenario.
Quizás ... esa quemadura ... eso fue cuando ... apartó el objeto de un manotazo ...
Lo apartó para salvarle ...
Para salvarle a él. Para salvar a alguien como él ...
¿Por qué?
¿Por qué lo había hecho?
Este chico ...
¿No había dicho que le odiaba? ¿No había dicho que le detestaba?
Entonces ... ¿Por qué?
¿Por qué exponerse a la magia oscura del anillo milenario y llegar a tocarlo tan solo por salvarlo a él? ¿Por qué sacrificarse? ¿Por qué ponerle a salvo? ... ¿Por ... qué? ...
– Te vi llorar. En la visión. En mi mente. – dijo Ryou repentinamente. Al parecer, se había dado cuenta de que Bakura estaba mirando fijamente su mano herida, así que pasó sus dedos levemente sobre la quemadura, mientras la miraba muy pensativo. - Ahora entiendo por lo que has pasado. Ahora te entiendo ...
- ¿Q-Qué? - preguntó un confuso Bakura. ¿Ryou realmente había visto esa parte de la visión?
– Yugi me contó tu historia un montón de veces ... pero, escucharla no es lo mismo que verla. Y ahora, después de verla, al fin he logrado entenderte. He logrado entender tu pasado, tus miedos, tus acciones, y lo que realmente eres ahora ... . Y he de confesar que ... Me había hecho una idea equivocada de ti. ... Asi que ... Perdóname. Me equivoqué al juzgarte ...
Bakura simplemente le miró sorprendido, pues nunca se había esperado estas palabras por parte del menor. Realmente, este chico ... le confundía, hasta el punto de no saber cómo actuar frente a él ni que decir. Así que simplemente se quedó allí, quieto y callado, escuchando con atención una disculpa que realmente no merecía.
- Lo siento.– dijo el menor suave y gentilmente. Una amplia y bellísima sonrisa se extendió por su rostro cuando miró directamente al ladrón ... directamente a sus bellos ojos violetas. Entonces, tomó el rostro de Bakura entre sus manos, y con toda la calidez y la sinceridad del mundo, le dijo:
- Perdóname. Me equivoqué. No eras un monstruo. Tan solo eres una criatura ... que perdió su luz.
Y eso mismo dijo. Con una sonrisa. Con una voz llena de convicción. Con una dulzura insuperable.
Y mientras Ryou le sonreía, como nunca antes nadie le sonrió, el ladrón sintió dos delgados brazos que empezaron a rodearle. De repente, Bakura se encontró envuelto en un abrazo infinitamente cálido y reconfortante. Un abrazo con el que Ryou trataba de consolar a ese 'niño' dentro de Bakura que aun seguía llorando, es decir, a esa parte oscura de Bakura que aún seguía viviendo aferrado al dolor de su pasado.
- Tan solo una criatura que perdió su luz ... y se quedó solo ... a oscuras ...
El abrazo se intensificó.
Bakura de repente se encontró a si mismo cediendo al firme abrazo. Casi inconscientemente, apoyó su mentón en ese hombro y hundió su rostro en esa maraña de suaves cabellos que bailaban con la brisa y le hacían cosquillas en su rostro cada vez que se mecían suavemente de un lado a otro con el viento. Cabellos de color blanco puro como las plumas de un 'ángel' ...
Y entonces, inmerso en el calor de este abrazo, 'un demonio' sintió una desconocida y reconfortante sensación de calidez que asaltó lentamente su pecho.
Una calidez jamás sentida desde hace miles, MILES de años.
Una calidez que invadió muy lentamente su cuerpo, su corazón y su alma.
- Realmente eres ... una ... criatura de la luz ... – susurró Bakura muy débilmente, casi inconscientemente.
Su corazón palpitó en su pecho.
Su alma se sentía liberada.
Y ... por primera vez en muchos, muchísimos siglos, una suave sonrisa se dibujó disimuladamente en su rostro.
...
Mientras, a su alrededor, el mundo seguía estando inmerso en sombras, en tinieblas, en noche eterna.
Y sin embargo ...
¿Por qué será que de repente todo parecía tan lleno de luz?
N/A: Y este es el mágico momento en el que Bakura se volvió totalmente gay por Ryou, YAY! *Agitando la bandera gay como una loca y tirando confeti rosa por todas partes* 8D
Cof cof ... ok, ya me calmo ... disculpen mi arrebato de gaysidad (?)
Bueno, como pueden ver, nuevos sentimientos están surgiendo entre Bakura y Ryou, así que AHORA si que puedo empezar a profundizar más en su relación :D Su relación dejará de ser tan dramática, para ofrecernos momentos más románticos y entretenidos ... ¡Pero no se preocupen! La personalidad de Bakura no cambiará. No se volverá un cursi asqueroso, seguirá siendo el grandísimo bastardo que todos amamos xD Solo que ahora será un grandísimo bastardo enamorado xD ya saben, ese tipo de bastardos que son muy malotes, y prefieren morir antes que admitir sus sentimientos (tsundere seme, YAY :D)
No se preocupen tampoco por Ryou. A mí no me van las violaciones, ni el sexo no consentido ni el maltrato. No los considero "amor", porque cuando quieres de verdad en lo primero que piensas es en el bienestar de esa persona. Así que, por muy bastardo que sea Bakura, no se preocupen, Ryou no saldrá perjudicado, ni tampoco ninguno de mis ukes con sus semes. :P
Bueno, por ultimo solo me queda por decir que pronto saldrá Malik y Marik (¡ALELUYAAAAA!)
