Feliz por vosotros y triste por mí. Huyó de la mirada de su hermana, mirando la ventana de la habitación, sintiendo el viento cálido. Temari era inteligente, pero después de relacionarse tanto tiempo con el Nara, desarrolló muchas más habilidades analíticas y de observación. Nunca había sido fácil, pero ahora era imposible ocultar algo de él. Sentía su tristeza. Y, si no supiese que estaba prácticamente prometida a Shikamaru, hasta diría que la reconocía.
Volvió a mirarla con una sonrisa divertida que siempre cargaba y que hace algún tiempo se había vuelto difícil de mantener. Cuando era pequeño, huyendo del arduo entrenamiento de su padre, se escondió en las antiguas casas de Suna. Era un barrio parcialmente destruido que las personas evitaban a toda costa. Entró en una casa que parecía bastante entera para protegerse del sol. Se asustó cuando oyó movimientos, pero valientemente entró un poco más en la cámara y reconoció de inmediato a su abuela loca. Rasa la había internado hace muchos años, pero la señora no parecía estar loca todo el tiempo porque era muy hábil en escapar.
Cuando lo vio, lo miraba con cariño extremo y por eso se aproximó más, recibiendo una sonrisa sin dientes como recompensa. Ella movió la vieja silla que a cada balanceo emitía un ruido algo macabro. En ese día la anciana le contó acerca de la maldición de los Sabaku no y sorprendente no tenía nada que ver con su estrecha relación con el monstruo de una cola. La maldición era que a cada generación un Sabaku no estaba destinado a vivir solo. Su abuela le contó acerca de todos los antepasados que podía acordarse y la triste historia de cómo acabaron solos.
Se había esforzado al máximo para que Gaara no fuese ese Sabaku no y por fin lo había conseguido. Cuando vio a Sakura recuperada y mirándole con aquellos profundos ojos grises, sintió que había encontrado lo que no sabía que buscaba. Pero cuando vio su hermano ayudándola a levantarse, de forma protectora y cariñosa, y la mirada curiosa que tenía en su rostro cuando la miraba, supo que Gaara también lo había encontrado. Le falló durante su infancia, pero no le fallaría en su vida adulta. Cargaría con este peso porque su hermano ya había cargado muchos.
– ¿Qué vamos a hacer? – Preguntó Temari, interrumpiendo sus pensamientos. – ¿Cómo vamos a ayúdalo?
– No creo que sea una buena idea interferir, Temari.
– ¿Crees que él lo conseguirá sin nuestra ayuda?
– Intenté que encontrara una mujer durante años y él lo hizo solo.
– Años, Kankuro, tardó años. – Bufa. – No tenemos este tiempo, Sakura partirá cuando este recuperada si no le damos un motivo para quedarse.
– Nosotros no sabemos si ella se puede quedar. – Ponderó. – ¿De dónde es ella? ¿Qué responsabilidades tiene? No todas las personas están dispuestas a abandonar todo por amor. – La recordó. – Gaara debería haberse interesado por alguien de Suna.
– No puedes obligar al corazón, Kankuro. – Lamenta.
– No fue una crítica. – Se disculpa.
– Lo sé. – Suspira. – Yo solo quiero ayudar. No puedo soportar la idea de que tal vez la única oportunidad de felicidad de nuestro hermano se aleje de él sin que luchemos por ella.
– ¿No debería ser él quien luche por ella?
– Él luchó por amor y reconocimiento toda su vida, Kankuro. – Le recuerda. – Él lucha hasta hoy. – Lamenta. – ¡Yo quería que solo por una vez no fuese tan difícil! Solo por una vez fuese… No sé…
– ¿Qué tienes en mente?
Fue todo los que pudo decir para intentar aplacar la angustia de la hermana. Entendía su frustración mucho más de lo que ella podía imaginar. La vida de ninguno de ellos había sido fácil. Ni en la familiar, perdiendo la madre temprano y con un padre que no merecía este nombre. Ni el en mundo ninja, siendo exprimidos al máximo para atender las expectativas como hijos del Kazekage. Ni en el amor, enamorándose de extranjeros o, en su caso, no encontrando nadie para amar.
– Primero necesitamos información. – Explica. – Tenemos que saber en qué situación se encuentra, cómo se siente, qué piensa de ella. Intenta sacarle toda la información que puedas.
– Comienzas a sonar como el Nara.
Intentó sonar molesto, pero eso no era ni de lejos una ofensa. No solo porque Shikamaru era probablemente el ninja más inteligente del mundo shinobi, si no también era su casi prometido y a ella no le importaba en nada parecerse a él. Le sonrió con un aire de satisfacción y eso le hizo reír divertido.
– ¿No crees que me estás pidiendo mucho? – Se queja. – Gaara no es una persona comunicativa.
– Yo he dicho que lo intentes. – Gira los ojos.
– Está bien, lo intentaré. – Dice resignado. – Pero cuidado con sus planes, Temari. Puedes estropear en lugar de ayudar.
– No te preocupes, voy a interferir mínimamente. – Promete. – Hablé con el médico y él me dijo que te dará el alta mañana, pero tendrás que guardar reposo en casa dos días más.
– Dios, solo quiero poder salir de esta cama. – Protesta. – Voy a enloquecer aquí.
– Pediré a Gaara que te traiga una de sus muñecas para hacerte compañía.
– ¡No son muñecas! – Bufó. – Son marionetas muy peligrosas.
– Por supuesto. – Le acaricia el brazo. – ¿Y tú no juegas a ponerles mi ropa a ellas?
– Fue solo una vez hace 10 años. – Gira los ojos. – ¿Nunca vas a dejar que me olvide de eso?
– Claro que no. – Dice riendo. – Se lo contaré a tus hijos.
Que suerte que él no tendría ninguno.
