Vale, antes de nada quiero prometer que en el siguiente capítulo, habrá más acción entre Emma y Regina. Pero ahora tocaba meter algo más de trama que, prometo, más adelante, tendrá relación con las chicas.
dcromeor, si fuese lo esperado... no tendría gracia, ¿Cierto? Espero que te guste este episodio.
Kykyo... quién sabe. Ya sabemos como es Regina... tan reservada.
Vale, Ale... sigo y sigo, no temas. Siempre he creído que las emociones son de lo más importante en una historia. A veces más que la propia trama.
Regina Mills
Estaba enamorada de Emma Swan. Es la peor noticia que podían haberme dado. Casi preferiría haber suspendido todas las asignaturas en lugar de eso. En parte, supongo que por eso le había roto el brazo. Pensaba que si le hacía bastante daño no querría saber nada de mí y no tendría que volver a preocuparme por ella. Pero yo misma había aceptado acudir a darle clases particulares porque deseaba pasar más tiempo con ella.
Sin embargo, ¿Qué futuro me aguardaba si continuaba una relación con ella? No podía siquiera imaginarlo. Perdería a todas las personas que conocía. A mis amigas, a mis padres y a mi hermana. Tendría que renunciar a todo y empezar a llamar familia a… a unos muggles.
_ ¿Le das vueltas a algo?_ Me preguntó una voz desconocida.
Di un respingo y me giré hacia la persona que acababa de entrar en la habitación. Tenía un leve acento que no supe identificar. Algo del Norte, probablemente.
_ Quizá. Soy Regina Mills._ Le dije, mirándola.
_ Yo soy Astoreth Karkarov.
_ ¿Karkarov? ¿No deberías estar en Durmstrang?_ Pregunté, incorporándome.
_ Muy observadora. Mi madre es la directora._ Dijo, orgullosa._ Pero voy a pasar un tiempo aquí, mientras ella sustituye a vuestro profesor de Historia.
_ Supongo que ya era hora de que ese fantasma se jubilara._ Comenté, pasándome la mano por el cabello._ Sus clases eran soporíferas.
_ Te aseguro que las clases con mi madre no lo serán._ Dijo Astoreth, con una mueca maliciosa._ Regina, me gustaría que me ayudaras en unos… experimentos.
Elsa de Arendelle
No me gustaba particularmente el barco. El mareo, sumado al pensamiento de que mis padres habían muerto en uno, me provocaba arcadas cada vez que me subía. Sin embargo, era el camarote de Morgana donde me encontraba. La directora había estado en silencio largo rato, observándome.
Yo, como era costumbre, permanecía en silencio. Desde bien pequeña había entendido que, siendo hija de muggles, era una bruja de segunda. Era un privilegio servir a la familia Karkarov. Un honor que en el fondo sabía que no me merecía.
Pero… tras perder la pista de mi hermana y ser consciente de que no tenía familia, Morgana había decidido acogerme como parte de su servicio. Y como tal, llevaba el colgante distintivo. Morgana era una mujer dura, decidida. Cualquiera pensaría que para ella… yo no significaba nada.
Pero lo cierto es que, en muy contadas ocasiones, Morgana dejaba ver que se preocupaba por mí, a pesar de que en otras, como la visita al despacho de la subdirectora, se olvidase de mi presencia. ¡Y el uniforme que me había comprado era de mi talla! En ese momento se acercaba, y se dedicaba a colocarme la corbata escarlata.
_ Elsa… quiero que recuerdes que representas a la casa Karkarvo, allí donde vas._ Me dijo._ Y debes dejarlo bien alto. No puedes dejar que la gente piense que mi servicio es deficiente.
_ No, señora._ Dije, con voz enérgica.
_ Muy bien, Elsa. Y sobre… tu magia especial.
_ Mis poderes son para usted, señora._ Repetí, por enésima vez._ Le prometo que no los usaré a favor de nadie más.
_ Si nadie más descubre que los tienes será mejor para todos. ¿Comprendes, Elsa?
Asentí en silencio. Desde pequeña había tenido facilidad para utilizar el poder del hielo. Sin pronunciar ningún hechizo ni crear una poción. Al igual que tantas otras cosas, Morgana me había enseñado a dominarlo, al menos en gran parte. Morgana se acercó entonces a su escritorio, y junto a varias gargantillas como la mía, pude ver una caja alargada, que sacó.
_ Creo que esto hará que recuerdes este día._ Dijo, extendiéndomelo.
_ Esto es… ¿Lo que creo que es?
_ Así es… se trata de una de las últimas obras de Gregorovich.
Sin ocultar mi emoción, abrí el pequeño paquete y extraje de su interior una varita mágica de un tono blanco. Me la quedé mirando unos segundos.
_ Veinticinco centímetros, madera de abedul y cabello de Veela. Rígida y, si me permites la apreciación personal… bastante bonita.
_ Gracias señora Karkarov… no sé cómo darle las gracias.
La habría abrazado en aquel momento, pero sabía que Morgana no soportaría que una sangre sucia como yo tocase su delicada piel. O eso pensaba, puesto que, para mi sorpresa, me tomó por el mentón, ladeó mi rostro con delicadeza, y me dio un beso en la mejilla.
_ Intenta divertirte un poco, ¿De acuerdo?
_ Sí… _dije, algo sorprendida._ Lo intentaré.
Astoreth Karkarov
Mi único objetivo al ir a Hogwarts era asegurarme la posibilidad de utilizar mis conjuros y mis pociones con los sangres sucia del colegio. Eran las cobayas perfectas para toda clase de hechizos. No es como si fuesen personas… después de todo.
Y por ello había montado mi pequeño laboratorio junto a mi cama. Quizá podría probar un filtro amoroso. Sería genial tener una legión de esclavos ansiosos de amor siguiéndome y complaciéndome en todo. No cambiaría mucho las cosas con respecto a cómo solía ser mi vida en Durmstrang.
Sabía bien que mi madre me había llevado allí con el propósito de conquistar a Regina Mills. Pero, si he de ser sincera… no me interesaba. Sí, es cierto que es preciosa… pero cuando había entrado le había notado un pestazo a muggle que tiraba para atrás. No quería pensar con quién se había estado mezclando. Aunque… quizá era la clave para apartar los intereses de mi madre. Demostrarle que Regina Mills no era trigo limpio.
Regina Mills
Era la hora de la clase de Emma. Y, lo admito, estaba emocionada. Me había pintado los labios y había estado un largo rato peinándome. Aún no pensaba bien en lo que estaba haciendo. No debía acercarme a Emma y, sin embargo, no dejaba de pensar en coquetear con ella. Era como si algo me impidiese pensar con claridad.
Pansy había decidido acompañarme. Decía que quería comprobar que aquello no fuese una trampa que había ideado Emma para vengarse. Una idea que a mí ni se me pasaba por la cabeza. Sin embargo, al llegar frente al aula acordada, Emma venía con Hermione. ¿Quizá ella había pensado lo mismo? Me resultaba difícil de creer.
_ Bueno… aquí estamos._ Dije, algo incómoda.
Mi nivel de tolerabilidad para los sangre sucia ya estaba por las nubes. Con dos era suficiente, más de lo necesario, a decir verdad. Emma se había peinado. Y sí… eso es noticia. No llevaba el pelo como una leona salvaje.
_ ¿Lo ves, Herms? Aquí llega. Ya puedes dejarnos solas._ Le decía Emma, nada discreta.
_ Eso también va por ti, Pansy._ Le susurré a mi amiga.
_ Muy bien… te dejo a solas con ella._ Dijo, poniendo los ojos en blanco.
Hermione Granger.
Admito que no me gustaba nada de aquella historia. Personalmente, después de aquella mañana compitiese con Ron a ver quién comía más pollo frito pensaba que se había olvidado de las clases con Regina… por lo del reflujo ácido. Pero parece que no. Por cierto… empataron y van a repetir el reto en la cena. Esos dos tragones me van a llevar por el camino de la amargura.
En cualquier caso, ni Regina ni Emma parecían tener intención de dejarnos compartir con ellas su tiempo, de modo que nos quedamos solas. Pansy y yo, quiero decir.
_ Entonces… ¿Quieres echar una partida de ajedrez mágico mientras estas dos coquetean o te vas a sumergir en algún libro?_ Pansy me estaba hablando.
Eso sí que es noticia. Porque lo hace sin retintín, quiero decir. Casi daba la impresión de que realmente le interesaba lo que tuviese que decir. Supongo que trabajaba con lo que tenía.
_ Bueno, supongo que podemos echar una partida.
_ Vale… pero no toques mis piezas… ¿Vale?
_ Vale…_ Dije, de mala gana. Yo también trabajaba con lo que tenía.
Astoreth Karkarov
Interesante… muy interesante. Regina Mills relacionándose con sangres sucia. Incluso con esa pordiosera de Granger que se pasa el día con Harry Potter. Interesante, como mínimo. A mi madre le iban a encantar la foto que había sacado.
_ Dicen que es de mala educación espiar a los demás.
Di un salto y la cámara se me cayó al suelo. Escuché un estallido y grité. La cámara no era una problema, pero las fotos que acababa de sacar debían acabar de irse a paseo.
_ Uy… que torpe por tu parte. Soy Lucrezia, por cierto.
_ Nadie te ha preguntado tu nombre._ Le espeté a la rubia.
Pero a la italiana mi avinagrado humor no parecía disuadirla. Ella seguía encontrando divertido todo aquello, y eso a mí me ponía de los nervios. Me moría de ganas de borrarle la sonrisa de la cara de un puñetazo.
_ Supongo que tú eres Astoreth._ Me dijo, mirándome.
_ Sí, lo soy._ Dije, muy digna._ ¿Cómo lo sabes?
_ Hueles a mar._ Contestó ella, sencillamente.
Sus ojos azules, me miraron, misteriosamente. Confieso que me sentí ligeramente intimidada. Había algo en ella que me hacía sentir intimidada, y esa era una sensación que no me gustaba. Me gustaba ser yo la que intimidaba y, amén de ser más alta y parecer más peligrosa que yo, a esa chica no la intimidaba en absoluto.
_ ¿Y a ti qué te importa cómo huelo?_ Pregunté.
_ A ti parece importarte como huelo yo. Tienes el pulso disparado.
Elsa de Arendelle
Había dejado mis cosas en la habitación, y me había presentado ante alguna de mis compañeras. Me encantaba mi nueva varita blanca y por fin empezaba a sentir que tenía algo de libertad. Si bien no limpiaba en la residencia Karkarov, sí que tenía otras muchas tareas al margen de enfriar bebidas. Estaba descendiendo por un pasillo desierto cuando una voz, una voz que creía haber olvidado, se coló entre mis oídos. Y me estremecí.
…eramos inseparables
Y ahora ya no
No lo logro comprender…
Hazme un muñeco de nieve
O lo que sea… me da igual.
Me giré, nerviosa, y mis ojos se encontraron con una joven que jugaba con una pelota. Una joven con el cabello pelirrojo que jugueteaba con un pequeño copo de nieve. Conocía a esa chica mejor que nadie. Pero juraría que era imposible.
_ ¿Anna?
Anna se volvió hacia mí, con una sonrisa tristona. Llevaba un uniforme de Hufflepuff que le quedaba enorme.
_ Aún recuerdas mi nombre._ Comentó, en un susurro.
_ Claro que recuerdo tu nombre. Yo… pensé que habías muerto.
_ Estoy muy viva, Elsa.
No me reprimí. Me lancé sobre mi hermana y la abracé con todas mis fuerzas. Quise llorar de emoción por nuestro reencuentro, pero el peso de la realidad volvió a caer sobre mí. La observé, mirando sus ojos, y tuve que hacerle la pregunta.
_ ¿Cómo has entrado aquí?_ Le pregunté.
Ella no podía entrar. Era muggle. Eso lo tenía claro. Anna jamás dio el más mínimo indicio de poseer magia.
_ Ciencia._ Contestó._ Pero esa no es la cuestión. He venido a sacarte. Vámonos de aquí.
_ Pero… no puedo irme._ Le contesté._ No puedo dejar a Morgana.
_ ¿Bromeas? He venido a rescatarte de esa mujer, Elsa.
_ Anna, yo no puedo dejarla. Aunque quisiera.
Anna, sin embargo, no parecía dispuesta a aceptar mi respuesta. Me tomó de la mano, casi con rudeza, y me obligó a seguirla. Sin embargo, yo me dirigía a ver a Morgana para hacer algunas de mis tareas, y al pensar en seguirla, mi gargantilla se estrechó hasta dejarme sin respiración. Me dejé caer al suelo, ahogada, y me aparté de Anna, notando cómo recuperaba la respiración.
_ Anna… de verdad… tengo que volver con Morgana.
_ ¡Esa mujer te ha convertido en su esclava, Elsa!_ Me dijo, gritando.
_ ¡Déjame en paz!_ Exclamé.
Notaba la presión de encontrarme entre dos personas a las que quería mucho. Mi hermana, y Morgana, a la que respetaba como una madre, y que sabía que en el fondo me quería. Terminé explotando, y mis manos lanzaron un relámpago helado que dio a Anna. Mi hermana, en el lapso de un segundo, quedó recubierta por una gruesa capa de hielo.
¿La única persona en la que confiaba para resolver algo así? En la propia Morgana.
