A/N: Hola una vez más queridos lectores, espero todos se encuentren bien. Les cuento que el final de esta historia está cerca. Este capítulo cambió un poco el día de ayer, así que habrán algunas sorpresas ;) espero lo disfruten. Ya saben cualquier comentario, estoy para escucharles.
Mills: Pues hiciste un comentario sobre las posibles futuras intenciones de Gold y eso me dio la idea =) =) Muchas gracias por tus deseos y esta vez el cap es más largo.
Love Girl: Muchas gracias! Ver a Killian sufrir también me pareció gracioso. Posdata la tentación sí que es grande.
Sin más ni más los dejo leer.
MÁS QUE OBVIO
CAPÍTULO VII: DECISIÓN
El vestido le quedaba a la perfección, entallaba su cintura a la medida, sus hombros estaban expuestos y los bordados del hermoso vestido hacían resaltar mucho más sus ojos intensos. Su cabello estaba suelto recogido por un costado dejando su cuello a la vista. Era realmente el epitome de la realeza.
A las 8 en punto el conductor estuvo en su puerta. Para su sorpresa, él le ofreció su brazo para luego escoltarla al vehículo.
El viaje no tardó en llegar a su destino, al menos eso es lo que le pareció a Regina, claro que también pudo haber sido por los nervios que sentía que iban a apoderarse de su ser y por más que quisiera su bendito corazón no dejaba de dar saltos ante la expectativa.
El conductor bajó del auto, seguidamente estuvo en su puerta para luego abrirla y ayudarla a bajar.
Cuando Regina tomó el escenario, sus ojos se abrieron de tal manera, no lo podía creer. Esta no era cualquier reunión, era un baile de gala con un estilo temático impresionante y por lo visto era realizada por personas con alto poder adquisitivo.
Lo que no entendía era la relación que tenía Emma con la fiesta, porque aparentemente esta era una gala solo para invitados. Por lo visto la rubia estaba llena de sorpresas.
Miró disimuladamente a los costados para ver en dónde se encontraba la rubia, pero ella no se encontraba por ningún lado, sólo personas extrañas. Una pareja pasó por su costado y ambos eran una imagen salida de un cuento de hadas, algo que era el tema de la gala.
Se tragó los nervios, si hoy se había vestido como una reina pues sería una reina.
–Espero que no crea que la iban a dejar sola, ¿verdad majestad?
La morena volteó al escuchar la voz, sin embargo su decepción era visible, no era quien esperaba, lo cual provocó una risa en el joven. Regina sólo le dio una mirada fulminante.
–Lo siento su majestad.-dijo alzando las manos y decidió seguir con su parte.
Regina lo miró detalladamente, el joven estaba vestido con un traje negro –para variar agregó mentalmente– elegante, pero la barba que siempre había visto en él había desaparecido aunque sus ojos seguían teniendo el delineado acostumbrado. Dentro de todo, Killian Jones parecía un príncipe, un príncipe pirata, pero un príncipe al fin.
–No sabía que estarías aquí. –fue lo único que dijo y para Killian fue suficiente, Emma le había dicho que Regina no se sentiría cómoda estando con él por más que ella disfrutara su sufrimiento, por lo visto tenía razón.
–Lo sé su majestad, –dijo dándole una pequeña sonrisa. –pero es mi honor acompañarla hasta el salón. –el ojiazul le dio su brazo y ella titubeó pon un momento para luego unir su brazo con el suyo.
A un lado del lobby principal, cerca de las escaleras estaba Emma. Decir que estaba ansiosa sería quedarse corto, ya no sabía qué hacer, a este paso estaba segura que le haría un hueco al piso.
–¡Puedes calmarte Emma! ¡Vas a hacer que me dé náuseas y no soy yo el que tiene que impresionar a alguien! –dijo el joven moreno de ojos azules que estaba a unos pasos.
–Amor, recuerda que tú estabas en la misma situación al año pasado.-dijo una castaña de ojos verdes.
–¡Lo recuerdo, ella me golpeó y me dijo que me calmara! –Kayla sólo le dio una sonrisa divertida, en ese momento August parecía un niño.
–¿Piensas golpearla?-dijo manteniendo con una sonrisa.
–No.–dijo con un puchero.
–Ok, entonces ve y anima al leoncito. –dijo dándole un beso en los labios.
El joven se acercó a la rubia.–Hey.
–Ya lo sé, August, ya lo sé, pero cada vez que me calmo vuelve de nuevo la ansiedad.–dijo bajando la cabeza.
–¿Recuerdas que me dijiste cuando me pasó a mí? –la joven sólo movió un hombro.-me dijiste que ella me amaba y que todo iba a salir bien. ¿Amas a Regina, Emma?
–Sí.–afirmó ella mirándolo a los ojos.
–¿Ella te ama?
–Sí.–contestó una vez más.
–Entonces no tienes nada que perder, leoncito, nada, ¿me entiendes? –él la abrazó y pudo sentir el cuerpo de la rubia relajarse poco a poco.
–Está bien.
–¿Emma? –Kayla se acercó a ellos.
–Dime, Kay.
–Parece que tú novia ya está aquí.
Los tres clavaron su mirada en la joven que entraba a la mansión.
Estaba acompañada de Killian, pero aquella mujer hermosa, llamó la atención de todos los que ahí estaban. Ella esta imponente, sublime, resplandecía, parecía un ser etéreo.
–Woah. –dijo Emma sin podérsela creer.
Su corazón empezó a latir desenfrenadamente, de repente su boca se secó y no pudo ni recordar su nombre, muchos menos saber cómo hablar.
–¿Ella es Regina? Leoncito sí que te sacaste la lotería.
–Parece como si verdaderamente viniera de una familia real.–agregó Kayla abrazando a su novio.
August miró a Emma. –Leoncito, cierra la boca y ver por tu chica.– Eso despertó a Emma y en seguida fue donde la joven.
–En verdad se aman.–dijo la castaña mientras veían como ambas mujeres interactuaban, Killian quedó olvidado.
–¿Cómo lo sabes?–el joven la observó
–Por lo forma en cómo se miran. No necesitan decir más nada.
Escoltada por Killian, entró hacia el lugar. Las luces, la decoración, todo se veía de primera, lujos no eran exagerados, sólo lo necesario para recrear ambiente, todo se veía como una fantasía. ¿Cómo había hecho Emma para recibir invitaciones? Eso lo averiguaría más tarde, lo que menos quería era que sacrificara algo sólo por hacerla feliz, lo cual era algo muy típico de Emma, sacrificarse siempre por ella.
Ni bien hubo puesto un pie en el vestíbulo, sintió como las miradas se dirigían hacia ella. Respiró hondo y siguió adelante.
–Está muy hermosa.–dijo Killian en voz baja.
Sus mejillas se cubrieron con rubor.-Gracias.
En eso levantó la mirada y la visión que tuvo hizo que el aire dejara de entrar en sus pulmones, ahí estaba ella, hermosa con sus cabellos dorados en ondas sobre sus hombros, el vestido un tono más oscuro que el de ella acentuaba el color de su piel y sus dotes femeninos. Ella estaba perfecta.
Amabas se miraron, perdiéndose la una en la otra, perdiéndose en sus respiraciones, en sus ojos.
Killian se sentía como el violinista, como la quinta rueda del coche. ¡Tanta dulzura y tensión de seguro le daría diabetes! Felizmente que August y Kayla venían para acá, ellos se encargarían de todo, por ahora su objetivo estaba cumplido, ahora trataría de mezclarse entre la gente y ver si puede conseguir su propia chica. Sí, le dejaría toda la melosería al moreno y su novia, su obra ya está cumplida. Sin más se internó en lo más profundo de la fiesta.
Ninguna de las jóvenes notó cuando el joven desapareció. Lo único que eran capaces de percibir fue la cercanía que no era lo suficiente para satisfacerlas. La rubia tomó la mano de la joven y le colocó un beso suave –En verdad eres una reina. Estás hermosa, la más hermosa del lugar.–La sonrisa de Emma no podía caber en sus labios.
–Yo podría decir lo mismo.–dijo Regina sonriendo mientras se sonrojaba.
–Ajem.–se escuchó detrás de la rubia.
–¡Amor! –dijo Kayla mientras golpeaba el brazo del moreno.
–¿Qué?, también quiero conocerla.
–Todo a su tiempo.
–Está bien.–dijo aceptando su derrota.
–Lo siento, ya íbamos a ir por ustedes.-dijo Emma tomando la mano izquierda de Regina, la cual sonrió entrelazando sus dedos. –August Booth, Kayla Sanders, ella es Regina Mills.
–Es un placer.–dijo Regina estrechando la mano que tenía libre.
August miró la mano, la ignoró por completo para luego abrazar a la morena, luego Kayla le siguió los pasos.–Ya era hora, y el placer es mío, veo que Emma por fin dijo un cumplido que haya funcionado.
La rubia se sonrojo hasta las orejas. –¡August!
Regina soltó una risa.–Gracias. No cambiaría por nada a mi rubia.–Emma pudo sentir como todo su ser resonaba al escuchar esas palabras. Podría explotar de felicidad. Con ternura le dio beso en la mejilla.
–Pasemos al salón, la música es más que exquisita.–dijo Kayla mientras que el moreno tomaba su mano para luego dirigir el camino.
La melodía estaba en el punto, los instrumentos seducían a todos con las armoniosas notas que producían, incluyendo a una joven de ojos verdes que no pudo evitar mirar con adoración a su cita.
-¿Deseas bailar? –la rubia le ofreció su mano con una sonrisa.
-Me encantaría.
Todos en el lugar quedaron maravillados, ambas se movían con gracia y elegancia, por la mente de todos los presentes pasó que quizá sí estaban viviendo en otro lugar, que estaban realmente en un baile de realeza y que sus monarcas eran esas dos mujeres profundamente enamoradas.
–Sé que ya lo he dicho, Regina, pero estás realmente hermosa.–dijo Emma mientras la atraía más a su cuerpo. –Te amo.
La morena miró a los ojos, sentía que su corazón se derretiría, la besó con ternura, la besó con amor.
–Te amo más de lo que sé puede amar a alguien.–la rubia puso su frente contra la suya
Ahí estaban ellas, bailando suave y delicadamente, definitivamente sentía que el momento no tendría final.
–¿Emma?
–Dime, preciosa.–le dio un beso en la frente invitándola a seguir.
–¿Cuál es el propósito de esta gala?
Por una parte Regina quería preguntar por qué ella había escogido esta gala en particular, sabía que ella no era muy buena con toda la hipocresía de la gente de sociedad, eso lo había visto claramente cuando la acompañó a la reunión de su madre, pero no quería tomar ningún riesgo con su curiosidad así que hizo esa pregunta, porque sabía que Emma debía tener un motivo, así era su rubia.
–Pues la familia Booth, –Regina inmediatamente reconoció al apellido del amigo de Emma.–realiza este tipo de galas cada año para recaudar fondos que son dedicados al albergue, The Enchanted Forest, para jóvenes huérfanos que han sufrido de maltrato físico o psicológico.
Con esa información en mente, Regina recuerda -no con la claridad que deseaba- el apellido debido a las insistencias de su madre por asistir a una de aquellas reuniones organizada por una de las familias más acaudalas del estado -por no decir el país– en una de sus mansiones. No cabía duda que estaba justamente en una de esas reuniones.
La morena apoyó su rostro en el hombro de la joven.–Eso es algo muy loable.–dijo con sinceridad.
Era algo que había llamado la atención cuando una de las amigas de su madre siempre se jactaba de su donación no por el bien en sí, sino por el que dirán, lo cual no iba con los fines fiesta. Hasta donde sabía, su madre siempre había recalcado la trasparencia de la organización y eso no era algo que Cora hiciera a menudo, así que daba por hecho que así era.
–Lo es.
Regina nota la mirada de Emma, hay algo más detrás de la historia pero no iba a presionarla. Sabía que su rubia, había sido parte del sistema, pero no sabía si había pasado por ese tipo de experiencias.
Ante ese pensamiento apretó a Emma contra su cuerpo. El corazón se le encogía de dolor de sólo imaginar a su preciosa rubia en ese tipo de situación. Swan de inmediato sintió la tensión en el cuerpo de la morena.
–Tranquila.–dijo colocando un beso en su frente. El momento había llegado, le abriría su corazón por completo a la diosa que tenía en sus brazos.–Conocí a August en un orfanato cuando teníamos seis años, nos hicimos amigos al instante y fuimos al mismo hogar asignado para nosotros. Nuestras experiencias no fueron del todo buenas.–dijo tensándose ante los recuerdos. Regina beso su quijada esperando pacientemente a que continuara,–el inspector se enteró de eso y nos regresaron de nuevo al orfanato. Los dos tratamos de cuidarnos mutuamente, pero las cosas no nos fueron tan bien, nos separaron y me enviaron a otro hogar. Cuando regresé una vez más al orfanato no volví a ver a August.–La rubia cerró los ojos por un momento tratando de concentrarse.
–No tienes decir nada Emma, no si es demasiado.-dijo con suavidad.
Ella besó sus labios.–Lo sé, pero quiero que lo sepas. Estuve de casa en casa y cuando tenía dieciséis, estaba a punto de abandonar la escuela, lo único que quería era escapar, huir lo más lejos posible y salir del sistema, justo cuando había tomado la decisión August apareció de nuevo en mi vida, me encontró, quizá fue el destino, lo que sea, la cosa es que me lancé a sus brazos a llorar, lloré como nunca antes y por un momento me sentí en paz. Resulta que la familia Booth lo había adoptado, la familia que fue al orfanato buscando por alguien que fuera su hijo, algo que ni toda su fortuna pudo darles, se enamoraron de él. Fueron ellos, –.dijo tratando contender las lágrimas,–ellos quienes me sacaron del sistema y me integraron en su hogar, quienes me dieron razones para terminar la escuela, quienes me dieron mi mejor opción, quienes a pesar que en momentos pensaba en mis padres biológicos y en porqué me abandonaron no dejaron de amarme sólo me amaron aún más, quienes me impulsaban a ser mejor, quienes me enseñaron que a pesar de no tener su sangre era parte su familia, su hija, fueron ellos quienes pagaron mis estudios universitarios, fueron ellos... quienes me adoptaron.–Regina secó las lágrimas que se escaparon de los espejos verdes que tanto amaba, se aferró con toda su fuerza al cuerpo de la joven, jamás la dejaría ir.–Para mi cumpleaños número 17 ellos crearon The Enchanted Forest para que jóvenes como nosotros tengan un lugar a donde acudir. Porque no somos invisibles, porque importamos.
–Te amo Emma, te amo por ser tú, por ser mi salvadora, por ser valiente, por ser una gran mujer, te amo por ser como eres, te amo.
La rubia la abrazo con todo su ser, daba gracias que ella no la miraba con disgusto, ni caridad, sólo con amor. Regina beso sus labios con pasión. No había espacio para lastima ni disculpas, sólo había necesidad de reforzar el lazo que las unía.
–Gracias a ellos te he conocido a ti Regina.–dijo sonriendo.
–¿Cómo así?
–Mamá me comentó que Storybrooke era una buena opción para demostrar mis habilidades, después de todo es una de las empresas más grandes del mundo, yo no estaba segura, pero ella insistió y papá la apoyó al 100 por ciento.
–Tienes razón, ahora les debo mi felicidad.
Emma sonrió, dicha felicidad estaba evidente en su bello rostro y sus brillantes ojos.–Regina, quiero que sepas que valió la pena pasar por todo eso porque me llevó hasta a ti. Te amo.
Sus labios se unieron en un ritmo ya familiar, danzaron al compás de sus corazones uniéndose en un beso sin igual. El cielo, las estrellas, él universo enteró quedó pequeño ante el sentimiento que las embargaba. .
–Ven conmigo.-dijo la rubia y Regina solo asintió moviendo la cabeza porque sus palabras había sido arrebatadas.
De la mano Emma se dirigió a un balcón.
–La vista es hermosa.–dijo Regina tomando la escena de los jardines del lugar, el juego de luces más la belleza natural eran fascinantes.
–A mí me parece celestial.–respondió su amada. La morena volteó a verla y se encontró con los dos ojos esmeralda preciosos fijos en ella.
De inmediato sus mejillas de tornaron rojas, sintió un salto en su pecho y sonrió tímidamente por un momento.–¿Estás segura que no eres un príncipe encantador?
–Sip, pero puedo ser su hija.-dijo con un guiño provocando la risa de la morena. En ese instante juró que haría todo lo posible por hacerla reír, por hacerla feliz.–Hay algo que no he hecho hasta ahora.
–¿Qué?
La rubia tomó su mano, la llevo a sus labios para besarla.–Regina Mills, gerente de Storybrooke Airlines, Mí terca súper atractiva inteligente jefa.–dijo sonriendo juguetonamente y dicha joven rodó los ojos.–¿aceptarías ser mi novia?
–Hmm, no lo sé.–Emma hizo un puchero.–pensé que ya lo era.
–¡Sí! –dijo con su puño en él aire.
August entró en ese momento.–¿Se te hizo leoncito?
Ambas saltaron ante la interrupción.
-¡August!
-¡¿Qué?! Esperé demasiado, Kayla no me dejaba entrar y no interrumpí su baile, ya responde.
Regina sólo rio en voz baja. Agradeció a todos los cielos por la presencia del joven en la vida de su novia.
Novia. Eso causaba miles de sensaciones en su estómago.
–Sí, Regina Mills es mi novia.–dijo rodando los ojos.
–¡Genial! Dame esos cinco.–exclamó levantando la mano. Emma no pudo evitar las risas que se escaparon cuando chocó su mano con la de su hermano.
–Ya veo que el parecido es extremo.–dijo Regina moviendo la cabeza.
–Lo sé nena, es más que atractivo y sexy, ¿cierto?
Regina alzó una ceja, miró a su novia.–Súper sexy.
–Lo sabía.–dijo satisfecha.
–No sólo vine por la actualización, también vine para decirte que la reserva especial esta lista leoncito.
–¿Reserva especial?–preguntó Regina extrañada.
Emma le dio un beso en los labios.–Ven conmigo, mi reina.–dijo haciendo una pequeña reverencia.
Ella guió a la joven gerente a una de las habitaciones de la mansión la cual estaba ambientada para una cena romántica con velas alrededor. La mesa, decorada con elegancia y la melodía de la orquesta de la gala acompañaba suavemente como fondo.
–Permíteme.–pidió Emma mientras jalaba la silla para la aquella mujer de ojos intensos.
–Sí que estas llena de sorpresas.
–Pues tengo quien me motive.
La cena la pasaron entre sonrisas cómplices, miradas prolongadas, gestos provocadores, sonrisas que delataban el deseo. Deseo que ambas sentían llenar todo su ser. Sin duda Emma y Regina esperaban que la noche no tuviese final
Al finalizar la cena la morena tomó la mano de la joven para colocarla en su cintura, seguidamente rodeó con sus brazos en su cuello y la besó perdiéndose en ella.
La cita había llegado a su fin, pero algo que simplemente Regina Mills se rehusaba a creer. No estaba dispuesta a aceptarlo. No permitiría que otra cita terminase en el pórtico de casa. Esta vez no.
–¿Pasas? –la morena estaba en una misión, utilizaría todo sus herramientas para lograr su objetivo. Morderse los labios, bajar un poco el tono de su voz que sabía que enloquecía a Emma de seguro le daría los resultados que deseaba.
–R-regina.
–No puedo esperar más.
–Pero...
–Emma, te amo... te deseo.
–Mierda.
–Toma tú decisión Em-ma–.dijo besando su boca para luego morder su labio inferior.
La rubia sintió como el escuchar su nombre de esa manera mandó un rayo directamente a su parte más íntima. Estaba jodida. La morena estaba jugando con fuego, pero mentiría si dijese que no quería quemarse.
–Ya lo hice.–dijo para luego tomarla de la cintura besándola con pasión.
Por un momento su cerebro hizo corto circuito, aún no podía creer que esto estuviera sucediendo. Sintió su cuerpo temblar ante la idea se unirse con la mujer de sus sueños.
Ninguna de las dos podrá decir cómo, pero entre besos y caricias llegaron a la habitación principal.
–Emma.–susurró la morena hipnotizando a la rubia, haciéndola presa del deseo.
–¿Estas segura?, si quieres podemos esp-
–Estoy segura, no me hagas esperar más.
Sus ojos se encontraron, ambas reflejando lo que sus cuerpos a gritos pedía y sin más, cual imanes, sus cuerpos se juntaron besándose frenéticamente. Era rápido, pero cargado, por momentos lento mientras sus lenguas exploraban. Trataban desesperadamente acercarse más, tocarse el alma.
De un momento a otro la ropa estorbaba y Emma no desperdició el momento en sentir la piel de la morena, suave y delicada, quería sentirlo todo. Su estómago se tensaba ante el deseo, sus manos voltearon a la morena, su boca besaba su cuello mientras sus dedos trataban de liberarla de aquel vestido que si bien la había hecho lucir hermosa ahora era sólo una inconveniencia.
Regina gimió ante las sensaciones que asaltaban su cuerpo, su piel, sus sentidos, podía sentir a Emma, pero quería aún más.
El vestido cayó el suelo y ahí estaba Regina expuesta ante su amante. Emma no dudo en posar sus manos en su cintura. Subió acariciando su espalda hasta llegar al brassier, lo desabrochó y con rapidez lo apartó de su cuerpo.
Emma respiró profundo, la morena volteó y ella pudo verla en su gloria. Por un momento en aliento le faltó, su corazón de aceleró y casi cae rendida a sus pies. Todo en ella era perfecto. Guardó cada detalle en su memoria, cada detalle de sus pechos redondos que se moría por besar, de su cintura, de su piel y de la trusa que aún cubría su centro delatando lo lista que estaba Regina para ella. Emma no podía mentir sabía que se encontraba en el mismo estado, porque estaba más que segura que su ropa interior esta arruinada.
–Eres realmente hermosa.–dijo con adoración.
Regina pasó su mano por sus cabellos dorados y luego moldeó sus labios sobre los de ella.
–Emma quiero sentirte.–dijo con su voz entrecortada llena de ansias y escuchó a la rubia dejar escapar un gemido ante tal declaración.
Con sus labios marcó el camino hasta su cuello, besando, lamiendo, mientras sus manos encontraban el cierre del vestido.
La morena se deshizo del vestido de la rubia y su mirada tomó la obra de arte que era su novia.
Sus pechos cremosos con sus pezones erectos, hicieron que Regina recordase lo mojada que estaba y lo mucho que necesitaba que Emma estuviera dentro de ella.
–Te amo.–dijo mientras iba de nuevo movida por el amor y el deseo a la mujer que pronto sería suya.
Entre besos y caricias Emma la llevó a la cama, ahí ella no dudó en recorrer el cuerpo de la morena con su boca, desde sus piernas hasta sus muslos, desde sus caderas hasta su cintura. Se perdió por un momento en esos hermosos y exquisitos senos.
Con un dedo trazo la aureola, luego el pezón que pedía su atención. Sin más sus manos tomaron sus pechos, perfectos para ellas, mientras besaba su cuello.
Su boca gradualmente bajos hasta uno de sus senos. Mariposas se podían sentir en el estómago de Regina, la exitación se veía por toda su piel, electricidad pasaba por donde besaba, tocaba.
Arqueó su cuerpo atrayendo a la rubia aún más mientras ella chupaba, succionada su seno y con la otra mano la trataba de exprimir más sensaciones dentro de ella.
Sintió el temblor en su centro, movió su cuerpo haciendo que Emma estuviese entre sus piernas, sentirla aún más cerca.
Emma levantó la mirada por un segundo.–Te amo Regina, para siempre.-dijo en voz baja, era una promesa, un juramento.
La morena pudo sentirlo en su alma, pudo sentirlo en su piel, puedo sentirlo en su corazón con la manera en que la rubia la devoraba con sus ojos verdes dilatados por el deseo, por la necesidad, lo sintió con la manera reverente que había tomado su voz, lo sintió con la sinceridad en su rostro.
La morena la besó con desesperación, la llevó a su espalda y ahí tomo la dirección de este baile. Besó sus senos los cuales la habían vuelto loca cuando al fin pudo verlos, sus pezones rosados se habían quedado en su mente y ahora deseaba tenerlos en su boca. La respiración de Emma era entrecortada y sus gemidos alimentaban las acciones de Regina.
La moreno levantó la mirada y conectó sus ojos con los de la rubia, su lengua trazaba su pezón a la perfección y Emma no pudo resistir el gemido que escapo de sus labios. Regina le dio el mismo trato al otro pecho que esperaba por ella.
Regina supo que se había vuelto adicta al cuerpo de la rubia. A su suavidad, a la respuesta ante su toque, ante su aroma, su sonidos, todo.
Emma la atrajo a su boca donde sus dientes y lengua tomaron residencia, sus cuerpos moviéndose a la perfección buscando alivio, buscando satisfacción. Era un juego intoxicante, el provocar, tocar, lamer, chupar, acariciar, el perder el control.
Y perder el control fue una afirmación porque Emma no pudo más, rodó a Regina en la cama hasta quedar encima de la morena. Con sus ojos en ella, bajo con su boca y sus dedos hasta llegar a donde sabía que ella la necesitaba con ansias.
–Emma.
Regina sentía que en cualquier momento iba a explotar ante la estimulación.
La rubia tomó la última pieza de ropa, podía sentir el calor que irradiaba Regina de su centro, la morena alzó sus caderas y Emma la deslizó por sus piernas.
–Joder.-Fue lo único que pudo decir.
Jamás había visto algo tan hermoso, tan perfecto. Ahí estaba Regina, desnuda, temblando, esperando por ella.
Sentía los latidos de su corazón resonar en todo su ser, Dios, que mierda hizo para merecer semejante mujer.
Pasó los dedos por su centro, de arriba hacia abajo, una y otra vez, estaba mojada, sus dedos pedían perderse dentro. La voz de Regina llegaba a su oídos, sus gemidos de placer iban a volverla loca. Sin más deslizó su dedo medio penetrándola. Un gemido gutural y profundo retumbó desde el pecho de Regina y se deslizó por sus labios mientras sus caderas buscaban aún más de la mano de Emma, desesperada por más presión, desesperada por sentir a la rubia dentro de ella, porque se fundiera en ella. Aquel sonido condujo Emma sobre el borde del climax, con la cara roja por el calor que irradia de su cuerpo, impulsada por esa sensación retiró su mano para llevarla a su boca, necesitaba saber del sabor de su amada.
Regina se quejó ante la perdida y justo cuando iba a demandar que la rubia volviera al lugar donde la quería se dio con la escena de Emma lamiendo su esencia de sus dedos. Sintió como todo su cuerpo se estremeció ante tal acción.
Sabiendo que tenía la mirada de Regina en ella, bajó lentamente hasta que sus labios quedaron sobre centro, la morena arqueó las caderas, mordió su labio inferior sin poder evitar mojarse aún más pensando en lo que venía.
Emma se hundió en ella, bebió de ella, lamió, mordió, chupó, todo lo Regina tenía para darle. Jugaba con ciltoris, la penetraba con su lengua y luego sus dedos la llevaron al éxtasis.
–No pares Emma, n-no… n-no pares.
La rubia no tenía pensado parar, siguió alimentada por los sonidos de su amante. Podía sentir lo apretada que estaba, lo mojada que se sentía. Cuando encontró el punto exacto Regina arqueó su cuerpo perdiéndose en el placer.
La rubia la tomó en sus brazos basándola, susurrando palabras de amor en su oído mientras que la morena trataba de regresar al mundo real. Definitivamente nada la había preparado para tal orgasmo. Regina la besó, sintió el néctar que había producido para Emma, y una vez más gimió de placer, al sentir su cuerpo contra el suyo.
–Te amo.–escuchó a la rubia decir.
–Yo igual, pero me parece que necesitas un prueba contundente en el momento.-dijo con la voz ronca que hizo que Emma apretara la piernas ante la pulsación que sintió.
–Estoy más que lista.–dijo ella sonriendo.
Sin rodeos se deshizo de la ropa interior, perdió la cordura el segundo que vio a Emma en toda su gloria. En su ser se tatuó que Emma Swan era suya, que era su mujer y ahora iba a probárselo, iba a probarle que su cuerpo le pertenecía, su corazón, su placer, todo.
Regina se posicionó sobre Emma y llevó su mano derecha al sexo de la rubia y deslizó dos dedos del medio hacia arriba y abajo de la hendidura de la rubia, mojo la punta de sus dedos con el deseo de Emma para luego hundirse en ella, entrando lentamente, Emma apretaba sus dedos de manera perfecta, se detuvo un momento hasta que ella se acostumbrara a su presencia y luego ella comenzó a aumentar el ritmo.
El pulgar de su mano hacia presión en el clítoris de la rubia, haciendo que grandes descargas de placer recorrieran por su cuerpo mientras que su boca tomaba uno de sus pechos besándolos suavemente haciendo que Emma se retorciera de placer, podía escuchar, los jadeos, gemidos, podía sentir como su cuerpo se moldeaba con el suyo.
–E-stoy cerca Regina.
La morena mordió su pezón e hizo presión en su clítoris mientras sus dedos se perdían aún más dentro de ella.
La acción hizo que Emma llegara a la tierra prometida con el nombre de Regina en sus labios.
En la oscuridad de la noche dos cuerpos se hicieron uno y era más que obvio que no había amor más grande que el que ellas sentían en ese momento.
Era más que obvio que cuando Emma recuperó el aliento decidió que cinco rondas más eran necesarias.
Era más que obvio que aunque Regina fingiera estar en desacuerdo haría todo lo posible para superar cinco rondas.
