¡Listo! Amo este capítulo, espero lo disfruten y haya valido la pena la espera.

Capítulo 7

Camino por las calles mientras trato de alejar el recuerdo de Edward pidiéndome que me quede, tratándome de convencerme el continuar, su voz rogándome que lo entendiera. Él había dado su palabra y sus principios de caballero no le permitían dejar botada a Tanya a poco tiempo antes de la boda. Su explicación diciéndome que entre ellos jamás sucedería nada, que todo sería una farsa de matrimonio, sería yo la mujer a la que siempre amaría y a la que regresaría cada día. Limpio las lágrimas que caen por mis mejillas. No debo llorar por esto, no lo haré; me repito una y otra vez. Él ha dado sus explicaciones, todo con base a la educación que le dieron, siempre caballero, siempre responsable y fiel a su palabra.

Al final decido no ir a la tienda y le aviso a Ángela que se haga cargo, además le pido que mantenga a mi madre lejos. No tengo ánimo para enfrentarme a ella y sus ocurrencias. Me siento demasiado agotada, expuesta y dolida.

Pude haber aceptado la propuesta de Edward y estar en estos momentos con él, entre sus brazos, pero no, no quiero conformarme con ser la amante, aquella que tenga que resignarse con el poco tiempo que le quede libre para verlo, no quiero ser esa mujer que sólo espera una llamada para ver si puede verlo, quien tiene que esconderse y cuidarse de no ser vista con él; y, sobre todo, no quiero ser la segunda opción. Si Edward es incapaz de abandonar sus planes para estar conmigo es prueba suficiente que no es a quien estoy buscando, y que el amor que dice sentir por mí no es más que el encanto del momento, la atracción hacia la aventura, porque aunque no lo haya dicho, sus acciones dicen que para él soy una mujer con la que no puede mantener una relación seria y estable.

Mientras salgo de la ducha escucho mi teléfono y corro a mi cuarto por él, por un momento mi corazón se acelera al pensar que es Edward, pero sé que si es él corro el riesgo de caer y ceder, así que ignoro la llamada.

Comienzo a ponerme crema y sacar mi ropa de mi armario cuando mi teléfono vuelve a sonar, me fijo que es el mismo número de la ocasión anterior y dudo, no es el mismo número de donde Edward me mandó su mensaje, pero eso no me garantiza que no sea él. Lo pienso por unas milésimas de segundo y respondo.

— ¿Sí, diga? —respondo.

—Oh, Bella. ¡Qué bueno que has respondido! —la voz es alegre—. Soy Jacob, tu cita de esta noche.

¡Diablos! Había olvidado por completo la cita que tenía, tengo, con Jacob ¿Qué se supone que debo decirle? No estoy tan segura de querer ir. No, más bien estoy segura de que no quiero ir, no estoy de ánimo para enfrentarme a esa situación, no después de lo que pasó con Edward, necesito tiempo, estar sola.

—Le he pedido tu número a Kate, espero eso no te moleste… ¿Bella, sigues ahí?

— ¿Qué? Disculpa, estoy un poco distraída.

—No me vas a decir que se te había olvidado o que no irás ¿cierto?

Mordisqueo mi labio, porque justamente son esas dos cosas. Me siento mal por él, había quedado en salir con él esta noche y estoy segura de que si Edward no hubiera llegado o no hubiera pasado lo sucedido estaría dispuesta a ir. Como dijo Ángela, merecía mis momentos de diversión y Jacob es un chico realmente agradable con quien podría pasarla más que bien, así que es momento de tomar lo que la vida me trae, Jacob es una puerta segura, o por lo menos más segura de lo que cierta persona de ojos verdes puede serlo.

—Si tienes otra cosa que hacer podemos dejar la salida para otro día —en su voz se escucha un poco de decepción.

—Jake, deja termino de arreglar unas cosas y te regreso la llamada ¿te parece?

—Claro.

-Vale, te hablo en unos minutos.

Corto la llamada y me dejo caer en mi cama con únicamente la ropa interior puesta. Doy miles de vueltas al asunto, pienso en lo que ha pasado con Edward, en su decisión, en sus palabras, me ha dicho que me ama, pero al mismo tiempo lo único que desea tener conmigo es una clase de relación clandestina, encuentros casuales, mantenerme oculta y en resumen, ser su segunda mejor opción; y no, eso en definitiva no es lo que quiero para mí.

Estoy cien por ciento segura que he hecho lo mejor en alejarme, tomar mis cosas y terminarlo todo, así que ¿debo deprimirme por ello? ¿debo dejar a un lado la opción que me brinda Jacob de divertirme e incluso de algo más? Bien, quizá para ese algo más sea demasiado pronto, pero sentada en casa sumiéndome en el hoyo del tormento que significa Edward no lograré dar un paso más cerca a ese "algo más", Así que la decisión está tomada, saldré con Jacob y ese será el punto inicial para dejar todo lo relacionado a Edward Cullen en el pasado, será un evento emocionante y lindo en mi vida, pero nada más.

Coloco el último pasador en mi cabello, he recogido la mitad en un moño delicado que combina con la sutileza de mi maquillaje, ahora falta elegir el atuendo. Sé exactamente quién estaría encantada de ayudarme en ello: Alice Cullen. Sacudo mi cabeza, eso también debo dejarlo atrás, al menos por el momento.

Dejo los dos atuendos encima de mi cama y me paro frente a ellos para tratar de decidir. Por un lado, tenemos un vestido azul marino con mangas de encaje cortas y hombros descubiertos, entallado y que me llega por encima de la rodilla, junto con unos tacones negros. Por el otro, tengo una falda color vino y un top de color negro; la falda me llega a mitad del muslo y el top se cruza justo debajo de mis pechos dejando piel expuesta. No está mal, pero no creo sea el atuendo para una cita en la que realmente no sé cuáles son los términos, así que me decido por el vestido azul marino, pero cambio los tacones por unos zapatos de piso.

Gruño frustrada al ver la marca que Edward me ha dejado la noche anterior, así que debo agregarle a mi atuendo una pañoleta que tape el chupetón que me hizo. Espero Jacob no se dé cuenta y la pañoleta pueda hacer bien su labor. Tomo la gabardina y espero a que Jacob llegue. No tarda mucho, a los pocos minutos ya estoy bajando para encontrarme con él.

—Luces radiante —me dice con una enorme sonrisa.

—Tú también, luces bastante bien —le devuelvo la sonrisa.

Y realmente lo hace. Jacob lleva puesto unos jeans oscuros con botas, una camisa azul que se encuentra parcialmente oculta por una cazadora de piel color negro. Su atuendo le hacía lucir tremendamente sexy y salvaje, es bastante guapo e incluso mejor, es bastante simpático. Puede sonar ruin, pero es la persona ideal para poder dejar atrás a Edward.

—Entonces cuál es el plan —le dije.

— ¿Qué te parece ir a cenar? Es un poco cliché, pero creo que es un buen inicio para conocernos —me guiña un ojo y una sonrisa instantánea se dibuja en mi rostro—. Después algún paseo estará perfecto. Creo que es importante sentar las bases en la primera cita para lo que pueda venir después.

—Sí, estoy de acuerdo con eso.

Pasa un brazo por mi espalda y me dirige hacia su auto que se encuentra a escasos metros de la entrada de mi edificio.

Pronto llegamos a Royal Thai Taste, hay un par de parejas frente a nosotros esperando a que se les asigne una mesa. Está haciendo un poco de viento, así que espero nos toque dentro. Miro hacia el otro lado de la calle y me quedo petrificada al ver un Mercedes negro igual al que me subí ayer junto con Edward después del incidente en el parque. No puede ser, agito mi cabeza, soy una tonta, no es el único hombre en Crawley con un Mercedes Negro rentado.

—Descuida, la reservación la he hecho para las mesas de adentro —sonrío al ver que correré con suerte y no me congelaré—. Por cierto, es lindo el detalle de la pañoleta. Luce bien.

Me ruborizo, no por su comentario, sino por la razón por la cual me la colocado. Me la acomodo para evitar que muestre algún rastro de la marca de Edward. Extiende una mano, toma un extremo del moño y lo acomoda.

—Listo, ahora está todo bien —me sonríe.

Justo en ese momento llega nuestro turno, Jacob da su nombre y nos conducen al interior cálido del restaurante. Mientras caminamos hacia el interior, Jacob rodea mi cintura para evitar que me empujen los camareros que se acercan a las mesas a dejar sus pedidos. Uno de los meseros gira inesperadamente con la bandeja en la mano y empuja mis caderas, logrando que pierda el equilibrio y esté a punto de perder el equilibrio y aunque Jacob tiene su brazo a mi alrededor, le es imposible agarrarme para evitar que caiga. Justo cuando creo que terminaré cayendo de bruces, hay un par de brazos que me sostienen y me mantienen firme, debería sentirme aliviada, pero hay una escalofriante y placentera reacción en mí al sentir esas manos tocándome, y yo sé de quién se trata antes de levantar la vista.

—Gracias —le dice Jacob—. Bella ¿estás bien?

Mi mandíbula comienza a temblar. ¿Qué está haciendo él aquí?

— ¿Bella? —repite Jacob.

Me digo que tengo que ser valiente y encararlo. Así que recompongo mi gesto antes de verlo a los ojos y entonces lo hago. Su gesto es duro y frío, sus ojos se encuentran entrecerrados y sus pestañas le dan un aire oscuro, hay un estremecimiento que quiere recorrer mi cuerpo, pero me controlo. Sus manos se cierran más firmes alrededor de mis brazos. Puedo ver que se encuentra molesto, sumamente molesto.

—Gracias, si no hubiera sido por… usted, habría terminado todo en un desastre —digo en tono neutro. Él me mira sorprendido ¿y dolido? Debe de estar desconcertado por desconocerle, por actuar como si no lo hubiera visto antes.

—Bellas ¿te encuentras bien?

Jacob rodea mi cintura y me pega a su cuerpo, es ruin lo que haré, pero debo alejar a Edward, debo mantenerme a salvo de él y en este preciso momento Jake es mi salvación. Sin pensarlo más pego mi cuerpo a Jacob, le dedico mi sonrisa más coqueta y lo rodeo con mis brazos.

—Sólo fue el susto, descuida —y acto final, le doy un beso en la mejilla.

Me giro hacia Edward y me doy cuenta de la rigidez de su postura, se está controlando, la única evidencia de su furia son sus puños, cerrados con fuerza y temblando.

—Gracias, de nuevo —le sonrío, tomo la mano de Jacob y avanzo hacia donde nuestro mesero nos espera.

No estoy segura, pero siento su mirada en mi nuca, no sé en qué lugar del establecimiento se encuentre y no me atrevo a buscarlo. Toda la valentía de hace un momento se ha esfumado y ahora dudo de haber hecho bien. Mi conciencia me remuerde, el enfado en su mirada e incluso aquel destello de dolor, su posición fría y tensa. No debí haberlo hecho, quizá ahora crea que me estoy burlando de él.

— ¿En serio te encuentras bien? —me pregunta Jacob—. Podemos retirarnos si lo deseas.

—No, no fue nada, fue sólo un pequeño percance —sonrío—. Si no hubiera sido por E… el joven que alcanzo a tomarme hubiera terminado haciendo un espectáculo –pongo una enorme sonrisa en mi rostro, falsa por supuesto.

—Sí, fue una suerte, aunque parecía bastante tenso, por un momento creí que estaba apretando tus brazos con más fuerza de la necesaria.

Sin querer suelto una risita nerviosa.

—No, para nada, fue bastante amable.

El camarero entrega nuestras cartas y dice que regresará en un momento para tomar nuestra orden. No me encuentro muy interesada en el menú, así que sólo pediré la especialidad, sea lo sea. Tengo que recomponerme o Jacob se dará cuenta de que algo sucede. Así que comienzo a preguntarle sobre su último proyecto, para el cual tendrá que salir de la ciudad en los próximos meses hacia Estados Unidos, al parecer será un gran proyecto. Soy completamente honesta con él al decirle lo feliz que me pone su triunfo.

—Quizá en alguna ocasión puedas acompañarme en mis viajes, podríamos hacer un poco de turismo —se muestra muy optimista.

—Estaría increíble, pero no sé qué tan saturada esté con el trabajo en la tienda.

—Todos los días aparece una novia nueva —bromea.

—No es tan así, sólo que hay algunas que son bastante especiales —pienso en Tanya inmediatamente—. Traen complicaciones con ellas —muevo mi boca en un mohín.

— ¿Alguna reciente? —sigue en plan de broma.

—Oh, sí, bastante reciente.

— ¿Es ella quien ha provocado que olvidaras la cita de hoy? —me siento culpable de inmediato porque no está tan alejado de la realidad.

—No, ella no, es la complicación que vino con ella, pero ya, dentro de un par de semanas todo estará finiquitado, sólo espero no encontrarme otro caso como éste.

—Eso quiere decir que te acordarás de nuestra próxima cita.

¡Diablos! Mordisqueo mis labios debido a la culpabilidad. Pobre Jacob, si no fuera porque decidió pedirle mi número a Kate y llamarme, seguramente me hubiera encontrada en casa con un pijama y un bote de helado a mi lado.

—Hey, descuida, sólo estoy bromeando —el camarero trae nuestros platillos y las copas de vino que hemos pedido—. Brindemos por las novias histéricas y sus complicaciones.

Sin poder evitarlo me río con él, sabe cómo dejar los malos momentos atrás. Sí, Jacob realmente me agrada.

—A veces son quienes le agregan la sal y la pimienta a mi día.

— ¿Acaso diseñar y dibujar no te gusta?

—Oh, no, no me malentiendas, amo, adoro, es mi vida el diseñar y dibujar vestidos de novia, escuchar sus historias, imaginar al novio perdidamente enamorado y es entonces que entro yo, es como la cereza del pastel. Quiero que cada novia que salga de mi tienda se vaya con una sonrisa en su rostro, que el día de su boda se sienta la novia más hermosa y su futuro esposo se pierda en la imagen de ella caminando hacia el altar con su vestido de novia —sonrío como boba.

—Vaya, deberías de hablar con mis colegas y compartirles un poco de tu pasión —sonríe—. Pocas personas pueden hablar con esa intensidad de cuánto disfrutan sus trabajos.

—Soy afortunada —me encojo de hombros.

Continuamos comiendo, pero sigo encontrándome incómoda, puedo sentir su mirada aún clavada en mí, no tengo idea de qué tan cerca se encuentra, esperaba que a lo largo de la cena se diera cuenta que no habría contacto alguno y terminara por marcharse, pero no es así.

—Si me disculpas, debo ir al sanitario.

—Por supuesto, mientras pediré la cuenta —me sonríe.

Se ha portado bastante comprensivo, se ha dado cuenta que me siento incomoda y aunque no entiende el porqué, ha procurado mantenerme entretenida para disminuir mi malestar. Le sonrío, tomo mi bolso y me dirijo hacia los baños, procuro no mirar a otro lado, únicamente hacia donde se encuentran los sanitarios, temo encontrarme con su mirada.

Le dedico una última sonrisa a Jacob antes de irme hacia al baño. Camino con paso decidido, no estoy dispuesta a que vea algún rastro de duda o debilidad. En cuanto entro al baño doy un gran respiro de alivio, por lo menos el primer paso lo he dado bien y me siento más relajada alejada de donde está Edward, no hay nadie, sólo yo. Esa tranquilidad termina pronto; justo en el momento en que Edward entra y cierra la puerta con seguro. Lo miro por el espejo y me giro de inmediato hacia él. ¡Diablos, diablos! Sigue estando furioso. Ya no me siento tan valiente sin la presencia de Jacob, y mucho menos con la capacidad de resistirme a él si intenta convencerme.

En cuanto se asegura de tener la puerta trancada da dos enormes zancadas cargadas de furia, me toma de los brazos y me arrincona contra la pared. No sé quién de los dos tiene la respiración más agitada, pero creo que él me gana en esta ocasión. Miro directo a sus ojos y a diferencia de lo que había en ellos cuando entró, ahora veo algo más, más profundo y tengo una extraña sensación de desgarre al verlo.

— ¿Quién… es… él? —gruñe.

—Edward —intento tranquilizarlo.

— ¡No, responde! ¿Qué haces con él? ¿Qué significa él para ti? —su voz, aunque es apenas un susurro, se logra ver que hay enojo, es un cuerpo de lleno de dolor, celos y enfado—. Dijiste que no había nadie en tu vida —eso último suena a reclamo.

Suelto una risa que contiene todo mi coraje. Coraje por su último comentario, acusándome de hacer lo mismo que él; coraje por el descaro de ofrecerme ser la amante y exponerme a esa situación, insultándome con esa proposición. En este momento soy capaz de mirarle con coraje.

—El león cree que todos somos de su condición, ¿no es así señor Cullen? Puede que tú puedas y quieras rebajarme a la posición de la amante, del segundo plato, pero yo no le haría eso a nadie, mucho menos a Jacob.

Su rostro se crispa, sé que estoy provocando más dolor en su alma, pero él necesita saber que no voy a someterme a sus decisiones, que no cederé ante sus caprichos por muy enamorada que esté.

—Si necesitas una explicación bien, te la daré —sacudo mis hombros y me suelto de su agarre—. Jacob es un chico que acabo de conocer, y sí, es bastante agradable, guapo, simpático, puedo pasar horas hablando con él, y sí, me gusta, me gusta mucho. ¿Sabes qué es lo mejor? Que con el poco tiempo que llevamos de conocernos sé que soy su opción número uno, que me respeta y sería incapaz de colocarme en una posición tan nefasta como la amante, como la mujer con la que sólo quiere revolcarse…

—Bella —dice dolido.

—No, pediste una explicación y es ésta. Jacob es ahora mi primera opción, veo en él a esa persona con quien quiero llegar a usar mi vestido.

— ¡Es mentira! —me grita, toma mis brazos y me pega a él. Su rostro se encuentra descompuesto—. Tú me amas. No podrías estar con alguien más, no eres así.

—Oh, pero qué sucede, hasta hace poco creías que te había mentido al decirte que no había alguien en mi vida.

—Estás mintiendo, ese muchacho no es nada para ti.

— ¿Por qué dejaría ir a alguien que me ve como su primera opción, alguien que puede tomarme en serio y me respeta? Tienes razón, te amo y no lo negaré, pero también me veo amando a Jacob en un futuro, así que me daré esa oportunidad, quiero sentirme amada y él puede hacerlo —vuelvo a separarme de él.

—Yo te amo, Bella —susurra derrotado.

—No, amas la alternativa de diversión, de adrenalina y clandestinidad.

—No es así, no hables por mí en cuanto a mis sentimientos. No dejaré que nadie, ni siquiera tú ensucien mis sentimientos hacia ti. Es lo más puro que tengo.

—Lamento decirte que tú solo te has encargado de eso.

—Bella, por favor.

Se acerca a mí, me rodea con sus brazos, convirtiéndolos en una prisión placentera. Besa mi mejilla, baja por el hueso de mi mandíbula, la comisura de mi labio; quita la pañoleta y besa delicadamente en donde ha dejado el moretón y recorre con su nariz toda la extensión de mi cuello, deteniéndose en mi clavícula. Suelto un suspiro, mi cuerpo responde por sí mismo, sin entender razones sólo responde a él.

—Mi Bella —susurra e inhala profundamente—. ¿Él ha mirado esto? ¿Por qué lo has cubierto?

—Es la evidencia de un error que quiero dejar atrás.

— ¿Acaso no ves el dolor que me provocas?

—Tú no fuiste capaz de mirar el dolor que provocó en mí el haberme ofrecido ser tu amante. No soy esa clase de mujer y lamento mucho que me hayas confundido con una.

Me aparto lo más que puedo de él, mientras deja caer sus brazos. Lo miro una última vez, es una tortura, pero quiero grabar cada centímetro de su rostro en mí memoria, ésta sería la última vez que nos encontraremos.

—Suerte en tu matrimonio con Tanya —aliso mi vestido—. Sé feliz con ella, yo haré lo mismo.

Suelta una risa amarga.

— ¿Con Jacob?

—Quizá no sea Jacob, pero será alguien que me ame y a quien ame en la misma medida, alguien quien me respete y, sobre todo, sea su primera opción. Alguien quien pueda ofrecerme lo que yo le daré en la misma medida.

—Bella, yo te amo, por favor.

—No entiendes, no estoy dispuesta a ser la otra. Y tú eres incapaz de tomarme en serio. Es como si no fuera lo suficientemente buena para ti para tomarme en serio.

—Para, jamás he dicho…

—No es necesario continuar con esta discusión, las decisiones están tomadas. Desde ayer tú por tu camino y yo por el mío.

Tomo mi bolso que he dejado en el lavabo, abro la puerta y aparece una chica frente a mí que me mira curiosa y después mira hacia donde está Edward.

—Bella —Edward vuelve a llamarme, pero no me vuelvo, no creo ser capaz de avanzar si me dejo mirarlo por última vez—. ¡Bella! —me grita, pero sigo caminando, incluso me acerco corriendo a Jacob.

— ¿Bella, estás bien? —me pregunta asustado cuando me ve. Mis labios comienzan a temblar y mis ojos a llenarse de lágrimas.

—Quiero irme a casa —le pido.

—Por supuesto.

Jacob toma mi chaqueta y me envuelve con ella y sus brazos. Un escalofrío recorre mi cuerpo y sé el motivo. Edward me está observando.

Caminamos hacia la salida y lo siguiente que siento son los destellos de montones de cámaras, están prácticamente en mi cara.

— ¿Es cierto que usted es la diseñadora del vestido de novia de la modelo Tanya Denali?

— ¿Qué tan cierto es que se acuesta con el señor Edward Cullen? ¿Es usted la señorita con quien se ha encontrado el señor Cullen en el parque Buchan Country?

— ¿Es su amante? ¿Ambos engañan a la modelo Tanya Denali?

— ¿Cómo se siente al diseñar el vestido de novia de la prometida de Edward Cullen, su amante?

— ¿Qué opina Tanya Denali sobre el engaño de Edward Cullen? ¿Continuará siendo su amante después de la boda?

Me quedo paralizada, mi cerebro no termina de procesar todo lo que está sucediendo, me llegan preguntas por todos lados, los destellos de las cámaras me ciegan y puedo sentir a todos estos reporteros lanzándose sobre mí como si se tratara de una manada de felinos hambrientos ante un buen trozo de carne.

—Jacob —gimo.

—Te sacaré de aquí.

Jacob me estrecha más hacia su cuerpo y gracias a su tamaño quedo casi cubierta en mi totalidad; al ver que los reporteros se ponen frente a mí para tratar de tomar una foto, él prácticamente me carga sobre su costado y comienza a abrirse camino ante la bola enardecida de los periodistas.

—Señorita Isabella —escucho una voz a mi lado y me resulta conocida—. La llevaré a casa.

Siento otro par de brazos rodearme. Alzo la vista hacia el cuerpo que tengo a mi otro lado y me encuentro con Tyler, el guardaespaldas y asistente de Edward. Jacob no está muy seguro de lo que sucede así que no se aparta de mi lado.

—Tyler.

—El señor Cullen me ha pedido que no me aparte de usted hasta que se encuentre a salvo en casa.

—Pero Jacob —me giro hacia donde se encuentra Jake.

—Descuida, los seguiré en mi auto hasta tu departamento.

Dibujo una sonrisa de amabilidad y agradecimiento. En definitiva, es un buen tipo y deseo tanto poder enamorarme de él, aunque claro, no sé si él continúe con sus planes de conquista después de esta noche. Ahora me siento realmente apenada con él, además de abrumada por todo lo que está sucediendo. Tyler rodea mi cintura y me carga, da grandes zancadas hasta llegar al Mercedes negro que vi antes de entrar, abre la puerta y me coloca con cuidado dentro del auto, afuera siguen insistiendo los benditos periodistas con sus preguntas y sus benditas cámaras.

— ¿Y Edward? —me atrevo a preguntarle—. Se lo comerán vivo si lo dejamos ahí.

—Descuide señorita, Jackson se hará cargo de él. Es el segundo a cargo —me informa.

Me hundo en el sillón del carro y me concentro en cada farol de la calle, los voy contando… uno… dos… tres… cuatro… quince… treinta… y pierdo la cuenta. Giro hacia atrás y veo varios carros detrás de nosotros, pero me relajo al ver que al parecer en ninguno de ellos va algún reportero. Reconozco el carro de Jacob, que es el que va justo detrás de nosotros. Cinco minutos después Tyler estaciona frente al pórtico de mi edificio.

—Permítame, le abriré la puerta.

Tyler sale y de manera elegante y con cierta autoridad camina sobre la acera y me abre la puerta.

—Gracias Tyler, ¿podría agradecerle al señor Cullen por esto? —él sólo asiente en un movimiento.

—Si me permite sugerirle, señorita Swan, no salga en un par de días. Los reporteros seguirán buscando carne fresca y el señor Cullen no quiere que la lastimen.

—Haré lo que pueda —me encojo de hombros—. Muchas gracias, Tyler.

—Bella —escucho a Jacob llamarme y veo que se acerca con paso presuroso hasta donde estamos—. ¿Te encuentras bien?

—Sí, claro que sí —tomo una gran bocanada de aire—. Creo que te debo una explicación, en verdad entiendo si quieres marcharte a tu casa y no escuchar más de mí.

—Bella, no. No tienes que explicarme nada. Todo está bien.

—Déjame invitarte una taza de chocolate caliente y responderé todo lo que me preguntes —le digo.

—De acuerdo —me sonríe.

Me giro de nuevo hacia Tyler.

—Adiós, Tyler. Linda noche —le sonrío—. Y de nuevo muchas gracias.

—No tiene nada que agradecer.

Jacob me toma del brazo y subimos los escalones del pórtico. Abro la puerta y lo dejo pasar, al girarme para cerrar la puerta veo a Tyler arrancando y más atrás en la misma acera otro auto de color plateado arranca, al pasar delante de mí mi corazón se detiene. Edward va en la parte trasera y me mira, pero pronto dirige su mirada hacia el frente. En cuanto se terminan de marchar cierro la puerta.

Adiós, Edward.

Me despido de él para siempre.

Jacob me escucha de manera atenta y aprecio que no me juzgue y no pregunte, se conforma con la información que decido darle. Quedamos en llamarnos más adelante, al parecer el saber un poco de mi historia con Edward no le quita las ganas de seguirme conociendo y es algo que también agradezco, al final no perdería la nueva oportunidad que me brindaba la vida.

Despierto y escucho un alboroto fuera del edificio, me asomo por la ventana y encuentro al mismo tumulto de reporteros de la noche anterior, me pregunto si no tienen otra cosa que hacer en su vida, familias con quienes compartir, lugares en donde pasar el tiempo. Tendré que llamar a Ángela y decirle que el día de hoy también tendrá que hacerse cargo de la tienda. Aprovecharía para revisar un par de diseños que tenía pendientes y correos de mis clientas, quizá tuviera tiempo y la cabeza un poco despejada para dibujar algo nuevo.

A medio día escucho unos golpes en la puerta. Quizá fuera Ángela para traerme algo de la tienda o hacerme alguna consulta, pero al abrir la puerta me encuentro a quien menos necesito en estos momentos: mi madre. Lleva un periódico en la mano y en la otra se encuentra su bolso.

—Vaya, vaya, Isabella te he subestimado —tiene una enorme sonrisa en su rostro mientras atraviesa la puerta y pone el periódico en mis manos.

—Mamá, me da gusto de verte también —le saludo.

—Vamos, Isabella. Después de lo que he descubierto no es momento para saludos convencionales —se deja caer en el sofá que se encuentra a un costado de la ventana.

Afuera comienzan a caer grandes gotas de lluvia, espero que eso termine de correr a las personas que se encuentran al pie del poche esperando para cazarme. Miro cómo se estrellan las gotas en el cristal de la ventana, una tras otra. El cielo es gris, es el día perfecto para mi ánimo de hoy y mamá no piensa ayudar mucho. Me quedo parada, espero que de esa manera la visita sea corta.

—Te he subestimado, querida hija mía. Tú sí vas a lo grande —ríe—. Con razón ignorabas mis recomendaciones con respecto a Tanya. Yo sólo pensaba que podía ser tu gran oportunidad de éxito y ganar mucho más dinero, cuando tú ya estabas pensando en las ligas mayores.

— ¿De qué hablas? —cruzo los dedos para que no sea lo que estoy pensando.

—No me dirás que no has leído los periódicos del día de hoy o no has escuchado el escándalo de periodistas ahí afuera.

Y sí, es justo lo que me imaginaba.

— ¿Qué es lo que quieres mamá? —digo con cansancio, en verdad que es el momento menos oportuno para lidiar con sus cosas.

—Bella, yo sólo he venido a felicitarte. Tirarte al prometido de tu mejor clienta quien es nada más y nada menos que uno de los principales herederos de Italia, un auténtico multimillonario. Haces bien en convertirte en su amante. Él nos mantendrá, ya no será necesario que continúes con esa tienducha y podrás pagarme.

Cada palabra dicha por mi madre me provoca asco y repulsión. No puedo creer que la persona sentada frente a mí sea mi madre, la mujer que me dio la vida. La peor parte es saber que parte de sus palabras son verdad; al final si terminé acostándome con Edward y por unos instantes fui su amante, pero mi madre ha logrado ensuciar mis sentimientos por Edward, los momentos tiernos que vivimos y que compartimos ella se ha encargo de teñirlos de ambición y egoísmo. Para ella todo esto no es más que un producto con una alta rentabilidad; todo esto me llena de impotencia, coraje y tristeza.

—Estás equivocada, entre Edward y yo no habrá nada.

— ¿Estás negando que te has acostado con él? Espero que no seas tan imbécil de haber aceptado una relación sin recibir recompensa alguna.

— ¿Te estás escuchando? Me estás diciendo que debo venderme, que debo ofrecerme como un producto. No soy una mujerzuela.

—No vengas con posiciones puritana porque ante las circunstancias no te queda.

—Cometí un error, pero eso no quiere decir que me venderé al mejor postor. Deberías de saber que a diferencia de ti el dinero no es lo que me mueve.

Renée resopla y se ve fastidiada, pero realmente no me importa, en este preciso momento no hay otra cosa que pueda sentir por ella que repulsión. Si fuese por ella, estaría vendida a Edward a cambio de una buena posición en la sociedad, es todo lo que ha querido y ahora comprendo que todo este tiempo no he sido más que su pieza en el juego para encontrar un camino y llegar a ésta.

—Cuando leí el periódico en la mañana creí que no había desperdiciado mi vida criando a una santurrona incrédula. Eres una estúpida, no irás a ningún lado con esa actitud.

—Lo que te duele es que no te llevaré a ningún lado. Lo siento, madre, pero tu pieza no te servirá más en este juego.

Renée bufa y se levanta furiosa del sofá.

—Ya lo veremos, recuerda que sigues endeudada conmigo y puedo hacer con tu tienda lo que quiera.

—Haz lo que quieras, pero ambas sabemos que no harás nada, porque si se acaba la tienda, se acaban tus ingresos y el dinero es lo que mueve a personas como tú.

Mi madre me fulmina con su mirada, me resisto al estremecimiento que amenaza mi cuerpo.

—Yo no estaría tan confiada, querida Isabella.

Pasa a mi lado y me empuja con su hombro, no me giro a mirarla, sólo escucho el portazo que da al salir.

Vuelvo a mirar hacia la entrada del edificio y me sorprendo al ver a Tyler y otra persona alejando a los periodistas y haciendo guardia en la entrada. Edward los ha enviado. Si al final quedaba alguna duda de nuestra relación con esto queda demostrado que efectivamente soy yo la chica con la que lo atraparon en el parque besándose. Me dejo caer al sofá, mi vida se volverá un infierno a partir de ahora.


¿Qué les ha parecido? Edward ha comenzado a sufrir y sufrirá un poco más en el siguiente, es el pago por no apurarse y ser tan burro. Se acerca el final, mis queridas lectoras. Habrá actualización la próxima semana y será la última del año, todavía quedan otros tres capítulos mínimo.

Ahora sí, lo importante MIL GRACIAS tanto por la paciencia como por el apoyo: rjnavajas, Alexandra Nash, Tata XOXO, cavendano13, Sanveronica,Tecupi, LicetSalvatore, tulgarita, kaja0507, BereB, Lizdayana, Melany, Maryluna, Liz Vidal, torrespera172, Adriu, Yoliki, krisr0405, Pili, Jade HSos, Nadiia16, Bells, Mar91, Lidia, patymdn, saraipineda, nydiac10, cary, Smedina, Twilight all my love 4 ever, Adriana Molina, alejandra1987

¡Nos leemos en el siguiente!