Disculpen la tardanza, eh estado obsesionada jugando Dead Space 2 y en cosas de la vida.

Agradecimientos a: alguienquemira, Gwen1Stacy, kaixkasu, Onoe-chan, jesyangel98 y DaTrish.

Sus comentarios siempre son bien recibidos.


Estereotipos

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Capítulo VII

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Porque uke que se respeta nunca se enoja de verdad con su seme…

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Siguiendo la línea de sus pensamientos, Hinata llegó a la conclusión de que necesitaba ayuda psicológica. Una urgente, de hecho ayuda de quien fuera porque si veía a una sola persona parecida si quiera con Oikawa, o con Tobio, mataría a alguien. Y él era demasiado joven para ir a parar a la cárcel.

Llevaba dos días en modo "no (recalco), estoy enojado" aunque su cara gritaba que más que enojado estaba furioso. ¡Y ese cobarde de Kageyama que no se dignaba en intentar arreglar la situación! Si le daba ganas de saltarle encima y darle uno que otro puñetazo para hacerlo entender que todo era su maldita culpa.

Joder con estos insensibles hombres llenos de testosterona y cero sentimentalismos.

¡Ah! Pero que ni creyera que iba a perdonarlo fácilmente. Juraba por el Pequeño Gigante que no. ¡Sobre su putrefacto cadáver!

Y las cosas simplemente no podían empeorar; por su constante distracción pensando sobre las mil y una formas de torturar a Kageyama, el profesor de Inglés le dejó tarea extra. Llevaba los dos días olvidando su almuerzo en casa, y para colmo sin dinero. Más balonazos en el rostro que en toda su vida junta. Y sin poder rematar ni un solo pase, ni de Kageyama (también porque está aplicando la famosa Ley de Hielo) ni de Suwagara. Otro poco y se volvería parte de la red.

De verdad, de verdad que la estaba pasando mal ¿Por qué las deidades celestiales todopoderosas se ensañaban con él? Tan sólo era un adolescente de preparatoria (confundido con estudiante de secundaria pero ni al caso), pequeño, de peso ligero ¿Era por ser negro? Ah, no… Esperen, eso no era.

¡Ay, pero donde Kageyama no le pidiera perdón como Dios manda! Que lo tiraba por un puente, justo cuando un tráiler a alta velocidad pasara justo debajo, con el semáforo en verde y sin transeúntes que pudieran delatarlo y… y, bueno ya no debía juntarse con Yachi porque eso de ser dramática y tener una imaginación sobre excitada no era lo suyo. Cansaba pensar todo eso. Quizás y eso hacía que Hitoka fuera tan pequeñita, y si él se llegaba a encoger ¡ni imaginarlo! Ah, sí pero la culpa seguiría siendo del Kageyama. Y el calentamiento global, la extinción de los unicornios y la aparición en YouTube de fantasmas fidedignos.

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Kageyama sabía, intuía como animal salvaje que su triste y desgarbado pellejo peligraba. Podía ser por la escalofriante sonrisa que Oikawa le dedicó el día en que fue a recogerlo al instituto. No había imaginado que Hinata se comportaría de esa forma, aunque tampoco llegó a pensar que Tooru dijera tales cosas como que ellos tendrían una cita. Porque aquello no había sido eso… aunque tampoco estaba seguro de que lo era. A lo mejor helados, ir de la mano, decir cursilerías y terminar con un beso. Oikawa sí lo llevó por helado, sí le tomó de la mano aunque sólo fuese para molestarlo y hacerlo correr, de paso tirando su helado. No le dijo nada dulce, salvo que estuviera agradecido porque su genialísimo sempai le mostraría maravillosos secretos sobre cómo ser el mejor armador (obviamente no tanto como el mismo Tooru, pero lo más cercano, el segundo. Todo hay que dejarlo claro). Y que seguía siendo un total inútil pese a continuar con esos gestos adorables. Tobio dudaba seriamente que Oikawa conociera la definición de esa palabra, porque él de adorable no tenía ni un solo cabello.

Y vergonzosamente también culminó en un beso de Oikawa… ¡Pero a la jodida puerta cuando la cerró frente a él! Todo eso sin animos de agredir a Tooru, porque a pesar de todo Kageyama lo respetaba, admiraba y medio que estimaba. Había sido más un reflejo para salvaguardar su hombría. Que él era el seme.

Pero aclaraba, eso no fue una cita, ni tendría alguna con el armador más agresivo de la prefectura. Aquello había sido meramente profesional. Sí, y si Hinata se enojaba por querer hacerlo un mejor cuervo y despejarle el cielo de nubes, lluvia, aviones, aves y contaminación (joder, que sonaba muy difícil y complicado) pues estaba muy mal de la azotea. Sus cabras se habían ido al monte y no regresaron jamás o se cayeron por un barranco.

Por eso y por su orgullo no le pediría perdón. Si se hubiera portado mal, o algo lo haría, reconocería su fallo pero no era el caso así que no.

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—Hinata… ¿Estás enojado?

El pelirrojo enarcó una ceja, incapaz de vocalizar por el puro coraje ¡Pero qué cínico!

—Oikawa-san sólo bromeaba. Le gusta molestarme, ya sabes…

Hinata se cruzó los brazos sobre el pecho y volteó el rostro, en claro signo de que "no lo estaba escuchando".

— ¡Sólo me iba a enseñar unas cosas…!

— ¿Qué? ¿Qué cosas? ¡Eh! Pero deja que vea a Oikawa… ¡Le enseñaré que eres mío!

En ese momento ambos se quedaron congelados, rojos (Shouyo inclusive parecía echar humo imaginario). ¿Suyo? Wow, vaya declaración.

Pero… ¿Cómo se contestaba a eso? Kageyama sentía que si decía algo incorrecto Hinata lo golpearía a él. Sinceramente esperaba que Oikawa fuera pronto, él también merecía un poco de la furia de su pequeño novio.


Y espero que les haya gustado... ¿Ya les dije que no soy buena en la comedia, el humor ni nada que se le parezca?

Cuídense y nos seguimos leyendo.