Capítulo 6.

Motherwar: La era de las bestias.

El rugido de un cañón abre de golpe los ojos de Gerard, solo para que éste pueda cubrirse la cabeza con ambas manos mientras rocas y arena se desprenden por el impacto del misil a la construcción. Un nuevo silbido cruza el aire y se impacta fuera del Hospital improvisado de la zona 17, haciendo tambalear las paredes y crujir el concreto que les cubre.

-Mierda. –Gerard tiene tiempo para volver a cubrirse con sus manos y una vez hubo pasado el nuevo impacto se levanta del lugar donde ha dormido la noche anterior, con la intención de salir.

Si bien las alcantarillas no eran el mejor refugio del podrido mundo contra los bombardeos, sí eran mucho mejores que los viejos edificios con complejo de enfermería.

El corazón de Gerard se acelera mientras intenta pararse aún con el dolor de sus propios huesos hundiéndose en su carne, desgarrando el músculo ya lastimado que empezaba apenas a curar. Gira la cabeza intentado encontrar una salida, pero lo que encuentra allí no es más que un ovillo agazapado contra la pared, temblando y cubriendo su rostro con las manos. Traga saliva sintiendo las piedritas rebotando en el asfalto a sus pies.

-¡Tenemos que salir de aquí! –Le grita. Coloca una de sus manos apretujando su costado derecho tratando de amortiguar el dolor que éste le está provocando; no obtiene respuesta. Vuelve la vista de nuevo a las paredes rogando por encontrar algún lugar por donde salir, el viento golpea a las paredes y el agua comienza a filtrarse de algún lugar en el techo, mientras el silbido que provocan las bombas al atravesar el aire zumba en sus oídos. Otro impacto y las rocas de la esquina opuesta caen de golpe contra el asfalto provocando un orificio donde al agua y la luz de luna entran a rempujones, y al fin ahí está ese hueco que alguna vez tuvo una puerta por donde debieron entrar la noche anterior. Olvidándose del dolor corre hacía la salida que lo lleva a otro pasillo con más agua y más destrozos, la luz al final de éste hace corto y pronto quedarían a ciegas bajo los escombros del hospital.

Las habitaciones siguientes están desquebrajadas o completamente demolidas, con la tierra haciéndose lodo y los escombros estorbando de más el torpe camino que debería seguir para llegar ahí donde las luces prenden y apagan. Las bombas no cesan, se escuchan cerca aunque ya no haya habido impactos directos al edificio, tampoco parece haber rastro de otras personas en el lugar.

Un nuevo impacto seguido del temblor en las paredes y el hundimiento total de éstas le hace detenerse mientras un escalofrío le recorre la columna vertebral hasta tocar la última vertebra. Escucha el sonido mecanizado de mandíbulas, como dientes castañeando, en la cercanía.

No sabe en qué momento da media vuelta en sus propios pasos y corre de regreso a la habitación donde ha despertado, encontrándose con la luz de la luna golpeando el suelo con la misma fuerza que lo hacen las piedras y los escombros, y en cuanto su vista se posa en Frank corre hasta él agachándose sobre el pequeño cuerpo en el momento exacto evitando que algunas piedrecillas caigan sobre el más chico. No pide ni espera respuesta en cuanto pasa uno de sus brazos por debajo de las piernas de éste y con ayuda del otro lo acuna pegándolo a su cuerpo. Sin perder más tiempo (he ignorado las fuertes punzadas instaladas en su carne) lo coge fuerte y firme, y sale de allí, topándose de frente con el largo pasillo que ahora la única luz que filtra es la que los rayos desembocan a través de las ventanas y las pequeñas grietas.

El agua le toca poco más debajo del tobillo y cada que pisa, el agua chapotea en conjunto con las gotas que caen de las filtraciones en el techo. Siente a Frank aferrarse con los puños cerrados a su cuerpo y también nota las gotas calientes y los temblores que surgen de él. Un gorgoteo surge de alguna habitación destruida que los separa de la salida al final de pasillo, y lo aferra aún con más fuerza a su cuerpo, porque no va a permitir que alguna de esas criaturas le arrebaten a otra persona. No de nuevo.

Avanza con la rapidez que le permiten sus piernas acalambradas y sus zapatos llenos de agua, y avanza manteniendo a Frank entre sus brazos mientras agudiza su visión. Una cola metálica con imitación de escamas cubriéndola se asoma moviéndose en un vaivén por el lugar de la puerta dos habitaciones adelante. Gerard se detiene y escucha el ronroneo que le congela la sangre.

Es un sonido bajo pero que se distingue a la perfección a través del agua fluyendo y las bombas demoliéndolo todo un poco más lejos. Las ebrillas de metal que generan el sonido son afiladas y se encuentran en el centro de la tráquea de la bestia que puede apreciar mientras en silencio trata de sacarlos a ambos de allí.

El animal tiene la cara sumergida entre las vísceras de alguna persona que debía dormir en esa habitación y que ahora no es más que un saco de sangre y órganos rojos votados por el suelo. La criatura no supera el metro de estatura y anda en cuatro patas, con todo el cuerpo escamado como si de una armadura se tratase. Luce como un lagarto y el gorgoteo que surge de su hocico cuando gira la mandíbula ensangrentada obliga a Gerard a detenerse.

Eso que tienen en frente es una bestia de Greinwietch Atos1 categoría 2. Gerard lo sabe pues cuando apenas la guerra iniciaba y apenas comenzaba a acostumbrarse a llamar a las cloacas como su hogar, había escuchado varias veces a un anciano describir a todas las creaciones de Lewis S. Greinwietch, en sus relatos. El hombre de cabello cano y rostro cansado entretenía a los más chicos con sus historias; decía ser un ex general de Kirtzingker en los años de Desolación, la segunda guerra, y platicaba haber sido buen amigo de Lewis, pero que un poco antes de que Desolación terminara dejaron de tener contacto. El hombre platicaba haber visto funcionar la primera máquina, el Felinus13 con zarpas y cola de pantera, diseñado a base de metales y órganos de animales vivos. También hablaba sobre el diseño Z14, o el Fenix, una bestia legendaria con la cual Gerard había soñado varias veces; Se trataba de una bestia Linus con partes de los otros 4, y con la característica especial de compartir el cerebro humano dentro. Era una idea bastante descabellada y aterradora, una bestia dentro de otra. El anciano aseguraba saber que Motherwar traería consigo a los peores terrores que la mente de Lewis hubiese creado.

El corazón de Gerard se detuvo en cuanto las cuencas vacías del animal se posaron por el tramo de pasillo que daba de frente a la habitación donde se encontraba devorando a su presa. Ahí, frente a sus ojos, las manos de Gerard sostienen a Frank contra su pecho, mientras Frank se aferra con fuerza a la camisa del mayor.

Los segundos pasan y se escurren igual de lento que los minutos, hasta que un sonidillo burbujeante le revuelve las entrañas a Gerard cuando ve al lagarto regurgitar los miembros (incluida la cabeza a medio digerir) de la persona, y vuelve a masticar el cuerpo ya despedazado.

Sin esperar a que la cosa vuelva a distraerse en busca de algo más que comer, obliga a sus pies a moverse aún más aprisa hasta llegar a la salida, donde una vez abierta la puerta se encuentra con el mundo de Motherwar que le da la bienvenida.