*Capítulo 7 – Cosas del corazón*

-Ya se pueden ir chicos.

El oficial se separo de la puerta para dejar pasar al fornido alemán y su acompañante.

-¿Quieren explicarme que rayos paso?

-Ve~ -Observando a Gilbert y Romano ambos mirando en opuestas direcciones y con ceño fruncido.

Todo quedo en silencio durante unos segundos. Habían discutido lo suficiente cómo para llegar a un acuerdo, pero… eran Prusia e Italia del Sur, no habían llegado a ningún acuerdo. Solo estaban cansados de decirse sus verdades en todo el camino de Domino's pizza hasta la comisaría. Semejante escándalo, resulto que sí habían llamado a seguridad.

-El niño tomate hizo un alboroto en su restaurante italiano. –Gilbert rompió el silencio, cómo casi siempre.

-¡Ahora resulta que yo hice el alboroto!

-Creo que una serenata es demasiado para el…

Lovino iba a repelar pero fue Ludwig quien hablo primero.

-¿Serenata? ¿De qué…? –El recuerdo vino a su mente- ¿Estas teniendo una cita con Romano? –Incrédulo.

-Ve~ ¿Se gustan?

-¡Odio a ese bastardo patatas! ¡Incluso lo estoy llegando a odiar más que al idiota macho patatas! –Léase Ludwig.

-¿Por qué estaban juntos entonces? –Pregunto Feliciano inocentemente.

-¡Porque…! –El albino iba a comenzar a dar su explicación pero…

-¡Ni siquiera yo lo sé! ¿Podríamos cambiar el estúpido tema e irnos?

Y compartiendo expresiones entre duda, sorpresa y molestia salieron de allí directo al auto del alemán menor.

Y muy a pesar de que 'Tomate Vargas' no quisiera, el carro de Ludwig se detuvo en la casa de los hermanos Beilschmidt, ya que allí prácticamente vivían tres de los cuatro que estaban allí.

-Ahorita mismo quiero que vayan a la cocina y me den una buena explicación.

-¡Tu no me mandas bastardo con esteroides!

Dicho eso Lovino paso directamente de la cocina para encerrarse en el baño, en el cual inmediatamente echo el seguro para que nadie lo molestara.

-Ve~ ¿Fue un día pesado para fratello?

-Eso parece… Gilbert Beilschmidt, ¿Qué rayos le hiciste?

-¿Yo? ¡Nada! ¡Le compré un helado y una pizza! ¡Y hasta le dedique una canción!

-Quiero detalles ¿Tiene que ver con tu absurda competencia verdad? ¿De que era ahora? ¿Quién arruina la vida de alguien más en un día?

-¡Claro que no! –El comentario hizo enfadar al peliplata.

-¿Entonces que?

-¡No tengo ganas de hablar de eso! –Y Gilbo fue a encerrarse a su cuarto.

-Ve~ -Mirada desconcertada.

¿Qué estaba pasando? ¿Era esto tan importante? En algún otro día pudo haberle dado un puñetazo e ir a ocultarse al baño si, pero simplemente para quejarse y esperar a que su tonto hermano menos decidiera salirse de la casa de los germanos, no para llorar.

-Bastardos….

Lovino Vargas, sentado en la tina de los Beilschmidt sollozaba ocultando su rostro entre sus piernas y brazos.

Había recibido la verdad sobre Antonio; que tal vez nunca pudiera tener una relación más que amistad con el y que ni siquiera podía hacer nada al respecto.

Pero también había estado más cerca del prusiano que nunca, tenía que admitir que si no hubiera estado con el y sus estupideces ya habría estado en otro sitio pensando solo en su corazón roto.

Sus pensamientos cambiaron de dirección para enfocarse en sucesos más recientes: Gilbert Beilschmidt.

Lo había conocido incluso antes que a Ludwig gracias a las reuniones del trío de idiotas en su casa de España, y había seguido frecuentándolo por que a su tonto hermanito se le había ocurrido encapricharse con el alemán, ahora el iba a su casa.

No tardo mucho tiempo en darle un titulo cómo 'Imbécil creído', era tan fastidioso, tan desesperante, todo el bendito día hablando de el mismo y lo awesome que no es, encariñándose con Feliciano, rompiendo el record de pendejadas con sus amigos bobalicones y bebiendo hasta perder todas las neuronas con el macho patatas. ¿Necesitaba conocer más de ese bastardo?

-…Y sin querer lo conocí…. Un poco más…. –Suspiró.

Gilbert se preocupaba por el. Algo que creía que solo el tonto ibérico hacía, pero… el español había decidido ignorar sus sentimientos. ¿Entonces Gilbert se preocupaba más por el?

Era imposible, ni siquiera su hermano menor ni el abuelo Roma habían mostrado mucho interés en sus asuntos ¿Porqué el prusiano lo haría?

-Tal vez…. -Unos tonos rojizos aparecieron en sus mejillas.

Esperen, no, absolutamente no, eso era imposible. Era imposible que un sujeto cómo el ojirubí se enamorara de el, es decir, si quería algo con el sería por conveniencia propia, no por amor, así era Gilbert.

Otra lágrima silenciosa escurrió por su rostro.

Pero eso no tenía por que importarte ¿O sí? No se había enamorado del prusiano ¿O sí? ¿Era posible haber dejado de amar a Antonio en un día y ese mismo día comenzar a amar a alguien más?

-Hay cosas del corazón…. Que el cerebro no entiende.

Esa frase le quedaba perfecta en esos momentos.