Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a chels926, yo solo la traduzco.
El capitulo va dedicado a Alice, Lanchiitaahh Swam, Srt' Y, rosabella25 y Diana Prenze, por adivinar o suponer de quién era el POV de este capitulo y también para Chels, porque evidentemente ella sabía de quien era el POV y porque es una escritora genial (los que sepais inglés deberíais pasaros por sus otras historias, ya que son buenisimas) y también porque hoy es su cumpleaños (Happy Birthday again!).
Disfrutad el capítulo y... lo siento, pero el POV no es de Charlie...
BACK ACROSS THE POND
Capitulo siete – Hipotéticamente
Edward's POV
Mis ojos se abrieron de golpe mientras mi cabeza estaba apoyada en la almohada y bostecé, estirando mis brazos por encima de mí. Miré a mi alrededor en la oscuridad. ¿Dónde estaba? Oh, cierto. Estaba en la casa de Bella en América. Me senté, buscando un reloj y vi la luz roja en una mesilla al lado de la cama. 4:36 AM.
Gemí. Maldito jet lag. Ni siquiera estaba cansado ya.
Hacía solo cinco horas, me había despertado en la otra habitación, completamente desorientado. Era algo bueno que Bella hubiera dejado una lámpara encendida cuando se fue al piso de arriba porque, de otra manera, no habría tenido ni idea de donde estaba. Volví a pensar en ello y lo último que recordaba era ver una película con Bella en mis brazos. Todavía llevaba los vaqueros y el jersey de antes y la espalda empezaba a dolerme por dormir medio sentado en el sofá en la sala de televisión. Él reloj sobre la puerta decía que ni siquiera era medianoche aún. Debí haberme quedado dormido con Bella y ella ya se había ido al piso de arriba.
Medio grogui, entré en la habitación en que estaría durmiendo las próximas dos semanas y me desnudé, encontrando en mi maleta un par de pantalones de franela, calcetines y una camiseta para llevar a la cama. Todavía exhausto, eché atrás el gran edredón y me arrastré entre las sábanas, quedándome dormido casi inmediatamente.
Ahora, mientras encendía la lámpara de la mesilla de noche y miraba a mi alrededor, me preguntaba qué demonios iba a hacer las próximas horas hasta que alguien más en la casa estuviera despierto. Sentía como si estuviera helando en el sótano y, tan pronto como me quité de encima las mantas, sentí incluso más frío. Me dirigí al baño, decidiendo que necesitaba una ducha. No me había duchado desde que dejé Londres, hacía lo que parecían dos días, y todavía podía sentir la suciedad de los aviones.
El agua caliente corrió por mi cuerpo, calmando el frío que tenía. Cerrando los ojos e inclinándome contra la pared de la ducha, sonreí. Finalmente estaba aquí con Bella y, aunque llevábamos bastante tiempo de relación, sabía que este viaje sería un gran paso. Conocí a sus padres ayer y finalmente estaba viendo dónde había crecido. Como las piezas de un puzzle, completó algo de mi conocimiento de la mujer a la que más amaba en el mundo.
Varios minutos después, cerré el grifo y salí de la ducha, volviéndome a poner rápidamente el cálido pijama que llevaba antes. Después de lavarme los dientes, volví a la habitación y vi que todavía no eran ni las cinco de la mañana. Nadie estaba despierto tan pronto... al menos, nadie en esta parte de los Estados Unidos.
Saqué mi teléfono móvil de mi bolsa de mano y lo encendí por primera vez. Imaginé que probablemente debería dejarle saber a uno de mis padres que había llegado bien aquí y, de cualquier manera, necesitaba algo que hacer. Los dos estarían en el trabajo y, honestamente, Carlisle tenía mejores cosas que hacer en el hospital que hablar conmigo, así que marqué el número de mi madre y me llevé el teléfono al oído, escuchándolo sonar.
"¡Edward!" escuché la voz de Alice exclamar animada después de solo un par de tonos. "Asumo que no has muerto en un ataque terrorista. ¡Está bien escuchar algo de ti!"
"No, no he muerto," le aseguré. "De todas formas, ¿por qué estás al teléfono de mamá?" Había una razón por la que no había llamado a Alice. No era que no disfrutara hablar con mi hermana, pero ella podía hablar hasta que se te cayera la oreja si la dejabas.
"Nos hemos reunido para comer y ahora estamos de tiendas," contestó Alice. "Y, ¿estás con Bella ahora?"
"Bueno, ahora mismo no," dije, sentándome en la cama. "Está durmiendo. Aquí todavía es muy pronto."
"Oh, sí. Y, ¿has conocido a sus padres? ¿Cómo son? ¿Te gustan? ¿Les gustas?" soltó las preguntas una tras otra.
"Umm... sí y no lo sé," contesté inseguro.
"¿No sabes si te gustan o si tú les gustas?" preguntó Alice.
"Si yo les gusto," le dije. "Creo que a su madre sí, ella es realmente agradable, pero no puedo estar seguro con su padre."
"Estoy seguro de que vas a encantarles, Edward," contestó Alice. "A todo el mundo le gustas. Solo asegúrate de no intentarlo demasiado. Sé tú mismo, ya sabes. Oh, aquí está mamá."
Escuché como le daba el teléfono hasta que oí la voz de mi madre. "¿Edward? ¿Qué tal fue tu vuelo ayer?"
"Estuvo bien," le aseguré. "Largo y no pude dormirme, pero mereció la pena para llegar aquí."
"Y, ¿cómo está Bella?" preguntó Esme. Sonreí satisfecho. Por supuesto, mi madre tenía que preguntar como estaba Bella antes de preguntar como estaba yo. Juro que a veces le gusta más Bella que yo, su propio hijo, pero eso es algo con lo que en realidad no tengo problemas. Bella lo merecía.
"Está bien," le dije, una sonrisa se formó en mi cara. "Sé que está feliz de que esté aquí y yo estoy encantado de estar aquí con ella."
"Eso es genial, Edward," contestó mi madre. "¿Sabes si tenéis planes para las próximas semanas?"
"No," le dije. "Bella no ha dicho nada de lo que haremos. Pero está bien. Solo me dejo llevar."
"Estoy segura de que lo pasarás de forma excelente. Bueno, Edward, voy a tener que dejarte," dijo a regañadientes. "Como probablemente no hablaremos contigo hasta que estés de vuelta, que tengas una feliz Navidad y un feliz año nuevo. Dile a Bella que hemos dicho hola y mándala nuestro amor."
"Gracias, y lo haré," respondí. "Feliz Navidad y dile hola a papá por mí."
Terminé la llamada y volví a apagar el teléfono. No iba a usarlo de nuevo así que, ¿por qué malgastar la batería? Volví a mirar al reloj. ¿Por qué el tiempo pasaba tan despacio?
Entré en la sala de televisión y encontré el mando, encendiendo el set de TV como Bella me había enseñado. Me senté en el sofá y miré la guía, terminando finalmente en una película en blanco y negro de Humphrey Bogart en TCM. Tras verla durante poco más de una hora, sin embargo, mi atención terminó y me encontré a mí mismo moviéndome nervioso.
Así que decidí hacer lo único que me pareció interesante en ese momento – fisgonear. Normalmente no era fisgón por naturaleza, pero si iba a estar viviendo aquí abajo durante las próximas dos semanas, imaginé que tenía derecho a mirar. Me puse de pie y caminé a la puerta al azar más cercana y la abrí.
Era un armario de almacenaje. La caldera era el objeto principal, pero había estanterías que tenían cajas y otros objetos en el espacio bien grande. Vi un trineo apoyado en la pared del fondo. También vi algunos sacos de dormir que estaban apilados encima de una cuna de madera. Había elementos decorativos y un deshumidificador. Apagué la luz y cerré la puerta, dirigiéndome después a un set de puertas plegables al otro lado de la habitación.
Al abrirlas, encontré un armario poco profundo con estanterías. Había varios envases Rubbermaid que tenía todos los artículos de manualidades que se pueden imaginar – purpurina, pintura, pinceles, plumas, limpiapipas, pegatinas de ojos saltones, de todo. A alguien de la familia le había gustado el arte y las manualidades en un momento u otro. También había filas de ropa doblada y zapatos y bolsos, y al final había un calentador.
Saqué el calentador y lo enchufé en un enchufe cercano, disfrutándolo cuando el aire seco y caliente salió al lugar, calentándome. Volví al armario y vi un archivador de dos cajones en la esquina. Sintiendo curiosidad, abrí el cajón de arriba, mirando las etiquetas de los archivos. Parecían ser los datos financieros del hogar de la familia de Bella. Hipotecas, impuestos, facturas, tarjetas de crédito, testamentos. Lo cerré. No solo no era interesante, sino que estaba seguro de que no era asunto mío. Abrí el segundo cajón, preguntándome si contendría lo mismo, pero no era así. Mis ojos revisaron los archivos y pararon en uno bien gordo. Bingo.
Saqué el archivo que tenía escrito el nombre de Bella y volví a la habitación, sentándome en la cama antes de abrir el archivo. El primer documento era de un hospital de Phoenix, Arizona de hacía veintiún años, y había dos pequeñas huellas de pies y un dedo pulgar imprimidos en tinta negra en la página. Fui hojeando, viendo otros papeles de la infancia de Bella. Más adelante, había dibujos, pinturas hechas con los dedos, y cartas a Santa Claus, el Conejito de Pascua y el Hada de los Dientes, algunas escritas en lo que asumí que era la caligrafía de Renee y otras escritas en las grandes letras de una niña.
Cogí un rudimentario libro grapado hecho de papel reciclado morado, el título, "El Delfín de la Perla" estaba escrito con rotuladores de colores con un delfín en la portada. Lo hojeé y leí la historia de Bella que debía de haber escrito cuando solo tenía seis o siete años. Después de la historia, había un montón de reportes de notas y más dibujos y páginas de libros de colorear. Pasé por los años de pre-adolescencia y adolescencia de Bella. Había fotos de ceremonias de premios en la escuela, retratos extraescolares, entradas de un par de musicales en los que Bella había participado durante la escuela media, programas de conciertos corales y competiciones de bandas, invitaciones al baile de fin de curso y anuncios de graduación. Estaba impresionado porque los padres de Bella guardaran todas estas cosas, y ya no hablemos de tenerlo organizado en una carpeta. Sé que mi familia no tiene tal colección de mis recuerdos infantiles.
"¿Qué tienes ahí?" Una suave voz me asustó. Miré hacia el lugar y vi a Bella moviéndose por la alfombra en pijama, con una mirada cansada en la cara. Volví a mirar al reloj y vi que ya eran las siete de la mañana. Supongo que el tiempo había pasado más rápido de lo que había imaginado.
"¿Qué haces levantada?" pregunté, cerrando el archivo y poniéndolo en la mesilla de noche. Me puse contra el cabecero, palmeando el lugar a mi lado para que Bella se metiera en la cama conmigo.
"Me he despertado y, en lugar de darme la vuelta y volver a dormir una horas más, recordé que tú estabas aquí abajo, probablemente despierto," contestó. "Veo que has encontrado mi vida en documentos. ¿Hemos estado fisgoneando un poco?"
Bella se acurrucó a mi lado antes de que yo pusiera el edredón sobre nuestros cuerpos. "Solo estaba mirando en el armario por el aburrimiento," le dije. "¿Te molesta que haya mirado?"
Sacudió suavemente la cabeza. "Para nada. Yo misma no he mirado en años. ¿Has encontrado algo interesante?"
"He leído tu historia sobre el delfín," contesté. "Era linda. Y nunca me dijiste que participabas en musicales cuando eras pequeña."
"Solo estuve en el coro," le quitó importancia. "Sin embargo, tuve un pequeño solo en Cenicienta, en octavo grado. Pero nunca estudié teatro en el instituto ni nada. No soy buena actuando."
"Estoy seguro de que serías buenísima si lo intentaras," contesté, mis dedos encontraron un mechón de su largo y oscuro pelo.
Nos quedamos en silencio y escuché la calmada respiración de Bella, intentando igualar la mía a la suya. Cerré los ojos, enfocando toda mi atención en la sensación de su cuerpo acurrucado contra el mío. Era mi lugar del mundo favorito.
"Veo que has encontrado el calentador," susurró Bella de repente, rompiendo el silencio. "Iba a enseñártelo anoche antes de que te fueras a la cama, pero luego te quedaste dormido. Decidí no despertarte. Lo siento si estabas preocupado cuando te despertaste más tarde y yo no estaba ahí."
"Lo entendí," la tranquilicé. "Tú también necesitabas descansar. Sin embargo, siento que te hayas despertado pronto por mí."
Bella se movió, sentándose para estar frente a mí. "No estoy cansada," dijo con una sonrisa. Pasó una de sus piernas sobre las mías de manera que estuvo a horcajadas sobre mis muslos y me miró a la cara. "¿Te he dicho últimamente que te amo?"
Sonreí. "¿No es eso una canción?"
Pude ver las ruedas girando a través de los ojos de Bella antes de que sonriera. "Sí, y hay una razón para que sea una canción popular. Pero lo digo en serio. ¿Lo he hecho?"
"No, recientemente no," contesté.
"Entonces voy a tener que compensártelo," dijo, su cara acercándose a la mía. Podía oler su dulce esencia a través de mis fosas nasales. "Porque te amo. Montones."
Sus labios chocaron con los míos y los abrí ligeramente. Llevé mis manos a sus caderas, acercando más su cuerpo al mío. Sentí su lengua en mis labios y estuve más que dispuesto a darle acceso, saboreando el inconfundible sabor de Bella mezclado con un débil toque de menta, seguramente de su pasta de dientes. Suspiró, echando sus brazos alrededor de mi cuello, sus dedos tirando del pelo de la nuca. Las yemas de mis dedos trazaron círculos que la piel que quedaba al descubierto donde su camisa se había subido ligeramente. Esto pareció encender algo en Bella, porque las manos que estaban en mi pelo se hicieron un puño y me acercó más a ella, profundizando el ángulo del beso. Su cuerpo se presionó contra el mío mientras su lengua atormentaba mi boca y un pequeño gemido se formaba en mi garganta. Era exquisita. ¿Sabía ella lo que me hacía? Podía pasar el resto de mi vida besándola así. Bella era lo único por lo que vivía.
"Yo también te amo," jadeé cuando nos separamos, sin aliento. "Montones."
Sophie's POV
"¿Están Bella y Edward en el piso de abajo?" le pregunté a mi madre mientras entraba en la cocina, donde estaba abriendo el correo de hoy.
"Sí," contestó, abriendo otra tarjeta de Navidad. "Llevan horas ahí abajo. Subieron hace unas horas para tomar un bol de cereal para desayunar. Desde entonces, no he visto a ninguno de los dos."
"Y, ¿tú solo los dejas desaparecer durante horas?"
"Bueno, confío en ellos... y tu padre está en el trabajo, así que nunca lo sabrá," contestó, dándome esa mirada que decía 'no le digas esto a tu padre por el bien de todos'. "¿Verdad?"
"Verdad," acordé mientras abría las puertas de la nevera, buscando algo que comer. Tras un minuto de indecisión, saqué un poco de carne de sándwich, queso y pan y decidí prepararme un sándwich. "Y, ¿qué piensas?" le pregunté a mamá mientras colocaba los ingredientes en la encimera.
"¿De Edward?" preguntó. "Está muy bien. Creo que Bella a encontrado a alguien a quien no dejar ir."
Reí. "Sé que tienes razón pero, ¿estás segura de no estar simplemente influenciada por el acento y que es ridículamente guapo?"
Me sonrió. "Ya sabes, si tuviera un acento americano normal, no sé si le aprobaría tanto," bromeó. De repente se volvió a mí con una mirada de epifanía en la cara. "Soph, ¿y si consigo tener nietos con acento británico? Pueden llamarme grandmummy*."
"Yo no descartaría eso," contesté con una risa. "Pero, ¿es grandmummy una palabra siquiera? Creo que eso te lo estás inventando, mamá."
"Tal vez," dijo encogiéndose de hombros, volviendo al montón de correo. "¿Tienes planes para hoy?"
"Todavía tengo que comprar el regalo de Navidad de Bella," contesté mientras me sentaba a la mesa y empezaba a comer el sándwich de carne asada y provolone. "Creo que voy a pedirle a Edward que se una a mí. Quiero conocerle un poco más, ya sabes."
"¿Vas a intentar alejarle de Bella?" preguntó con un buen punto. "Te deseo la mejor de las suertes con eso."
Terminé mi comida y luego fui a la puerta del sótano, que estaba entreabierta. La abrí, la crucé y la cerré detrás de mí. "¡Estoy bajando!" grité. "¡Si no estáis decentes, cubríos por el bien de todo lo que es bueno y sagrado en el mundo! ¡No quiero que mis ojos se salgan de las cuencas!" Luego bajé las escaleras y encontré a los dos tortolitos sentados en el sofá con las piernas cruzadas, uno frente al otro.
"Estamos completamente decentes, como puedes ver," contestó Bella, señalando su ropa. "No había necesidad de gritar.
"Así que, ¿vais a encerraros aquí abajo durante dos semanas enteras?" pregunté, colocando una de mis manos en mi cadera. Pasaron toda la tarde anterior aquí abajo y toda esta mañana. No estaba bien. "Ya sabéis, estoy segura de que así es como se desarrollan esos niños mutantes faltos de sol. Lo siguiente que sé es que vais a recurrir al canibalismo para sobrevivir." Bella no se veía muy divertida, pero vi una gran sonrisa en la cara de Edward. Finalmente alguien en esta familia que puede apreciar completamente mi sentido del humor. Punto uno para Edward.
"Para tu información, no vamos a encerrarnos aquí abajo todo el tiempo," respondió Bella bastante exasperada. "Tenemos planes, solo que no ahora mismo. Se llama tiempo de calidad. De cualquier manera, ¿qué te trae aquí abajo?"
"Bueno, solo quería saber si Edward quería unirse a mí para un recado," contesté. "Si no te importa, por supuesto," le dije. "Solo siento que aún no te conozco muy bien e imagino que como hermana de Bella, y por lo tanto mejor amiga para siempre, debería."
"¿Dónde vas?" preguntó Bella con curiosidad.
"Preferiría guardarme eso para mí, pero no estaremos fuera mucho tiempo, tal vez una hora o dos como mucho. No voy a monopolizarle," la tranquilicé con una risa. "Solo quiero conocerle. Se llama tiempo de calidad," repetí sus palabras de antes.
"Iré," dijo Edward. "¿Vamos ahora o más tarde?"
"Ahora si puedes," le dije encogiéndome de hombros. "Puede esperar, pero preferiría hacer lo que necesito antes que luego." La multitud de personas que iba de compras de Navidad solo empeoraría según pasaban los días.
"Vale," contestó Edward. "Déjame, uh, cambiarme de ropa y me reuniré contigo en el piso de arriba en un minuto."
"Vale. Te veré en un minuto," confirmé antes de darme la vuelta y volver a subir las escaleras hasta la cocina. Me quedé en la mesa mientras esperaba, hojeando algunas de las tarjetas que habíamos recibido y que ahora estaban apiladas limpiamente en la encimera.
"Así que, ¿no vas a decirme a dónde vais a ir?" preguntó Bella, acercándose por detrás.
Me giré. "Nop," dije. "Sin embargo, no voy a decírtelo solo porque todavía tengo que comprar tu regalo de Navidad. Ahora no tienes que preocuparte sobre porqué le he pedido a Edward que venga conmigo. Como he dicho, quiero conocerle."
"Oh, vale," respondió Bella, sonando un poco aliviada al oír exactamente qué íbamos a hacer. "Bueno, creo que es una buena idea. Deberías conocerle."
"Exacto," contesté. "Oh y creo que estás bloqueando mi coche en el camino de entrada."
"Cogeré mis llaves y lo quitaré antes de que os vayáis," dijo Bella, yendo al piso de arriba para coger las llaves de su coche de su habitación.
Solo unos minutos más tarde, Edward volvió al piso de arriba, llevando vaqueros, un jersey azul y un chaquetón gris. Tenía que decir que el look le iba bien. Me dirigí hacia la puerta del garaje y cogí mi abrigo de uno de los ganchos para ponérmelo. Mientras caminaba a través del garaje hasta mi coche que estaba fuera, Bella y Edward fueron detrás de mí, susurrándose Dios sabe qué el uno al otro.
Mi espantoso y primitivo Toyota beige estaba aparcado en el camino de entrada cubierto de escarcha. Saqué una tarjeta de crédito de mi cartera y quité la parte frente al lado del conductor antes de quitarle el seguro a las puertas. Miré atrás para ver a Bella despidiéndose de Edward con un beso. "Bella, vas a verle de nuevo," le dije, rodando los ojos. Incluso yo amaba a mi novio, pero esto parecía ser un poco demasiado para mí. Sin embargo, tal vez si Scott y yo viviéramos al otro lado del mundo el uno del otro, me sentiría de otra forma.
Edward fue a la puerta del lado de pasajero y la abrió mientras Bella iba hasta su coche detrás de nosotros para que pudiéramos irnos. "Sophie," me dijo antes de que pudiera subirme al coche. "No conduzcas como una maníaca, por favor."
"Yo nunca conduzco como una maníaca," me defendí. "Tú simplemente crees que lo hago."
"Fui contigo la semana pasada. Tuve que sujetarme por mi vida cuando doblamos una esquina," apuntó Bella.
"Oh, por favor. A veces yo también tengo que hacerlo cuando voy contigo," protesté.
"Solo ten cuidado," insistió.
"Vale, vale," concedí. "Lo pillo. Llevo una preciada mercancía que necesita ser tratada con cuidado." Me metí en el coche y cerré la puerta antes de que Bella pudiera decir nada más y, un segundo más tarde, Edward se subió al coche y cerró su puerta. "¡Cielos! Al menos yo soy constante con mi forma de conducir. Un día Bella conduce como un abuelito y al siguiente casi nos mata." Bufé mientras ponía la llave en el contacto y arrancaba el coche, asegurándome de que la calefacción estaba puesta.
"¿Siempre peleáis así?" preguntó Edward mientras yo esperaba hasta que Bella se movió y luego salí del camino de entrada.
"Yo no lo llamaría pelear," comenté mientras me dirigía hacia el mall. " Simplemente sabemos como pulsar los botones de la otra. Creo que es un talento innato que viene con tener un hermano."
"Cierto," dijo Edward. "Mi hermana, Alice y yo hacemos eso todo el tiempo. Y, ¿dónde nos dirigimos?"
"Tengo que comprar el regalo de Navidad de Bella, así que vamos al mall," contesté. "¿Vosotros tenéis malls en Inglaterra?"
"Nosotros tenemos shopping centers*," dijo. "Sin embargo, no sé en qué se diferencian de los americanos."
"Yo tampoco," me di cuenta. "Así que, Edward, ¿cuáles son tus intenciones con mi hermana?"
Le miré y vi sus cejas levantarse mientras miraba por el parabrisas. "Uh, bueno, yo la amo y ella me ama. Si ella sigue queriéndome, me gustaría estar con ella para, bueno, siempre." Punto dos para Edward.
"Bien," contesté con decisión. "Me gustas y Bella obviamente piensa que eres lo mejor que jamás se ha creado. Por si necesitas saberlo, te apruebo. Y también lo hacen mis padres."
"¿Lo hacen?" preguntó Edward sorprendido. "No estaba muy seguro."
"¿Por qué?" pregunté. "No hay nada de ti que no pueda gustar. Bueno, en realidad no me gusta como dices la palabra 'schedule' (horario), pero no puedo culparte por eso."
Edward se encogió de hombros. "No lo sé. Tal vez es porque vivo al otro lado del mundo y Bella va a mudarse allí para estar conmigo. He hablado con ella sobre mudarme yo a América para que ella no tenga que mudarse tan lejos, pero no apoya esa idea. No quiero que tus padres piensen que me la estoy robando o algo así," explicó. Sonreí. Punto tres para Edward por estar dispuesto a mudarse por ella.
"Eso no es sorprendente," contesté. "Bella siempre ha querido mudarse lejos del Pacífico Noroeste, y siempre a querido mudarse a Europa. Pero nosotros siempre lo hemos sabido. Mamá y papá saben que planea mudarse allí por ti en solo unos meses. Incluso si no estuviera saliendo contigo, probablemente se mudaría lejos igualmente. Tal vez si Bella fuera hija única, les costaría más dejarla ir, pero mis padres todavía me tienen a mí. Ya sabes, ella debería agradecer mi existencia."
"O agradecer a tus padres por tu existencia," respondió Edward con una risita. "No creo que tú tuvieras mucha elección en el tema."
Reí. "Tienes mucha razón, Edward." Punto cuatro para Edward por hacer una broma.
Llegamos al centro comercial y aparqué frente a la entrada de Macy's. Probablemente terminaría cogiéndole a Bella algo de joyería y realmente no tenía ganas de caminar por todo el centro comercial solo cuatro días antes de Navidad. Ya era bastante bueno para tener tan poco tiempo.
"Esto no debería llevar mucho tiempo," le dije a Edward mientras entrábamos en el cálido edificio. "Ya tengo una idea básica de lo que estoy buscando."
"Y, ¿qué es?"
"Joyas. Ya sea unos pendientes o una pulsera. Normalmente Bella no lleva anillos y es inútil regalarle un collar cuando lleva el tuyo casi todo el tiempo," comenté mientras caminábamos por la tienda. Miré a mi alrededor y me di cuenta de que muchos pares de ojos femeninos estaban puestos en nosotros. Miré a Edward, que se veía completamente ajeno a ello. Me pregunté si Bella se había dado cuenta de esto cuando iba a alguna parte con Edward. Probablemente no, decidí. Probablemente estaba demasiado ensimismada con Edward como para darse cuenta de su efecto en otras.
Pasamos por el departamento de calzado y luego por el de accesorios antes de llegar al de joyería. Me quedé mirando los diferentes tipos de pendientes que había en numerosos expositores circulares. Siempre había muchas opciones en lo que se refería a pendientes y Bella ya tenía montones. Fui a otra sección, mirando las pulseras.
"Hey, um, voy a dar una vuelta," escuché a Edward decir y miré sobre mi hombro, dándole una mirada comprensiva. Pobre chico. Aquí estaba yo, arrastrándole de compras durante la temporada de fiestas mientras numerosos niños estaban gritando o llorando y sonaba detestable música navideña. No podía culparle por querer estar en otra parte.
"Vale," le dije. "Te buscaré cuando haya terminado. Si vas a dejar Macy's y entrar en el centro comercial, quédate en alguna tienda cercana a la entrada para que pueda encontrarte y no estemos una eternidad separados."
Pasé cerca de otros diez minutos en el mostrados, incapaz de decidirme entre una pulsera de plata con un diseño floral o el par de pendientes de madera oscura. Al final, decidí llevar los dos. Esta es la época de dar, después de todo. Pagué las compras, decidiendo envolverlo yo misma más tarde en lugar de dejar que ellos lo hicieran por mí ahora con el feo papel genérico. Cogiendo la pequeña bolsa, miré a mi alrededor en busca de Edward. Di dos vueltas con la mirada a la tienda, inclinando la cabeza para ver si estaba en alguna de las secciones. Me sentí por un momento como si fuera una madre en busca de mi hijo pequeño que había salido corriendo. Gracias a Dios, Edward no iba a estar escondido entre los expositores de ropa como yo solía hacer. Mi pobre madre.
Dejé Macy's y miré en las tiendas que estaban más cerca de la entrada antes de verle.
En una joyería de las buenas.
Mirando anillos.
Y no los anillos baratos y de moda que encontrarías dentro del departamento de cualquier tienda, sino reales anillos de diamantes.
"¿Qué estás haciendo aquí?" pregunté con sospecha, acercándome por detrás.
Edward llevó inmediatamente su atención a una muestra de pendientes que estaban encima del mostrador. "Solo miro," contestó, mirando demasiado intensamente a los pendientes en los que no había tenido ningún interés hacía unos segundos.
No pude evitar la sonrisa que apareció en mi cara. "Así que, ¿no estabas mirando esos anillos de ahí abajo?" pregunté bromeando, apuntando a la muestra.
Él me miró y sacudió la cabeza. "No," contestó nada convencido. "Para nada."
"Mmhmm," murmuré, mis cejas se levantaron y la sonrisa todavía era algo permanente en mi cara. En serio, no podía creer que hubiera pillado al novio de mi hermana mirando anillos de compromiso. Tampoco era que ellos fueran a comprometerse todavía mientras todavía tenían una relación a distancia, pero todavía me entusiasmó pensar en el evento futuro. "Ya sabes, hipotéticamente hablando, por supuesto, si alguien fuera a proponer matrimonio en el futuro, la hermana probablemente sabría exactamente qué tipo de anillo querría la dama en cuestión."
"¿Hipotéticamente?" preguntó.
"Hipotéticamente," confirmé. "Pero, como no estabas mirando los anillos, no hay punto. Así que, finalmente he decidido el regalo de Navidad de Bella. ¿Estás listo para irnos?"
"Sí," dijo con un movimiento de su cabeza y otra mirada robada a los anillos, cosa que él creyó que yo no podía ver. Tsk tsk. Un punto menos para Edward por pensar que no me enteraba de nada.
Volvimos a cruzar Macy's y salimos por la puerta al frío aire de Diciembre yendo hacia el coche. Arranqué el motor y encendí la calefacción antes de salir del aparcamiento. No inicié una conversación al principio y conduje solo escuchando la radio durante unos cinco minutos hasta que Edward decidió hablar.
"Así que, hipotéticamente, ¿qué tipo de anillo querría Bella?" preguntó. "Esto, por cierto, se queda entre tú y yo durante los próximos meses."
Solté una respiración profunda. "Bien, así que no vas a hacerlo pronto," contesté aliviada. "Creo que vais a tener que estar realmente juntos en una relación a corta distancia durante algún tiempo antes de que debas soltar la pregunta."
Edward sacudió la cabeza. "Definitivamente no ahora."
"Entonces, para responder a tu pregunta," empecé, pensando en lo que Bella me había dicho hacía un par de años. Las dos habíamos decidido que si alguna vez queríamos el mejor anillo de compromiso sin tener que decírselo al chico y no ser sorprendidas, tendríamos que decírnoslo la una a la otra para que alguien lo supiera. "Oro blanco o platino. Corte cuadrado. No demasiado grande pero, obviamente no demasiado pequeño. Más simple y clásico. Ya sabes, del estilo de Bella. Así que, ¿planeas soltar la pregunta en algún momento?"
"En algún momento," contestó Edward, mirando por la ventana a los árboles. No pude detener la sonrisa feliz que apareció en mi cara. Añade un billón de puntos, dejando a Edward con la puntuación final de un billón tres. Definitivamente, era un ganador.
Hola de nuevo!
¿Qué os ha parecido? Yo, personalmente, adoro a Sophie, es igual que mi hermana, jeje.
Y, ¿cuantos de los que leisteis el adelanto en mi blog pensasteis que venía una proposición? Lo siento, pero eso no va a pasar... todavía.
Siento que la actualización llegue tarde, pero ayer estuve todo el día sin internet, así que no pude actualizar. Tampoco voy a actualizar God Love Her esta semana, lo siento, sé que es un capítulo que estáis deseando leer, pero no he podido terminarlo y mañana empiezo las clases de nuevo, así que no voy a poder tenerlo antes del sabado o el domingo, aunque pondré otro adelanto en mi blog el miércoles, junto al adelanto del proximo capitulo de esta historia.
Creo que no se me olvida deciros nada, así que muchas gracias por vuestros reviews (que tampoco he podido contestar), alertas y favoritos y también a los que solo leeis.
-Bells, :)
