La historia pertenece a Abbi Glines, yo solo la adapte al Sasosaku por mi amor a la historia.

La trama y personajes pertenecen a sus respectivos dueños.

Adaptacion de fans para fans.

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[Existence]

[Adaptación "Existence" por Abbi Glines]


Capitulo 7

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Existence

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—¡No se parece para nada a nuestro gimnasio! ¡GAH! ¿Qué tan fantastico luce este lugar? —Hinata se giró para vernos, sonriéndonos, extremadamente contenta por la decoración del gimnasio.

Tenía razón. Habían hecho un excelente trabajo convirtiendo el gimnasio en una estrellada noche oceánica.

—Es impresionante. —Estuve de acuerdo, mientras el brazo de Sasuke me acercaba más a él.

—¿Tienes ganas de bailar? —Me preguntó, mientras la música cambió a una canción lenta de Lady Gaga, Just Dance.

Negué con la cabeza y miré en dirección a las mesas.

—¿Podemos sentarnos en una? No estoy segura de que mi costilla esté lista para este tipo de movimientos. —Me dirigió hacia las mesas, mientras Hinata agarraba a Naruto y lo arrastraba a la pista de baile.

Me reí de la expresión de dolor de Naruto y me volví para decirle algo a Sasuke, cuando me di cuenta de que su atención se concentraba en la entrada. Había una mueca en su rostro. Sasori acababa de entrar. Se veía impresionante en un par de pantalones vaqueros, una camiseta negra y botas militares. Me tomó un momento apartar mis ojos de él y notar que Karin se pegaba a su lado.

Estaba fundida y vertida en el vestido rojo que llevaba puesto. En realidad, no era un vestido en absoluto, sino algo que tenía pintado sobre su cuerpo. Los celos se encendieron en mi pecho a la vista del brazo de Sasori alrededor de su cintura. Miré hacia arriba, a Sasuke, quien seguía mirando a la pareja con disgusto.

—¿Estás bien? —Le pregunté y él apartó su mirada de Karin y Sasori.

Asintió con la cabeza, se detuvo y me estudió un momento.

—Tienes algunas clases con Sasori y has estado hablando con él unas cuantas veces, ¿No es así? —Asentí, sin saber de qué se trataba, así que esperé por más—. Algo en él me inquieta. Karin tiene algunos problemas que la hacen inestable y estoy empezando a preocuparme de que Sasori no sea el tipo de persona que ella necesita. Parece oscuro y siniestro.

Mis celos fueron olvidados y se remplazaron por la ira ¿Sasuke pensaba que Sasori no era suficientemente bueno para Karin, la perra del pueblo?

Me las arreglé para mantener una furiosa ráfaga de risa y miré hacia la pista de baile deseando de alguna manera poder escaparme. Tenía que calmarme.

—¿Qué? Te ves molesta. No me malinterpretes, Karin no me gusta, Sakura. No se trata de eso. —Tomó mi otro brazo y me atrajo hacia él para mirarlo.

Su anterior expresión de hostilidad hacia Sasori había desaparecido.

Ahora parecía preocupado y por primera vez no me importaba calmar su preocupación.

—Mírame. No la quiero. Tú eres todo lo que quiero. Te amo, Sakura. No es así con Karin. Simplemente no quiero que le hagan daño. Tiene…

—Problemas, sí, te he oído. —dije, interrumpiéndolo antes de que lo olvidara e hiciera una escena.

Tomé una respiración profunda, recordándome a mí misma que me lo tomaba como algo personal debido a mis sentimientos por Sasori—. Mira, si Sasori Akasuna tiene algún interés en Karin, entonces ella debe tener suerte. Por lo que sabemos, él es: inteligente, honesto, talentoso y compasivo.

Fulminé con mi mirada a Sasuke quien parecía estar asimilando mis palabras. Quería decir algo más y seguir defendiendo a Sasori pero sabía que había dicho suficiente.

—Necesito algo de beber. Enseguida regreso. —dije antes de girarme y alejarme.

Era grosero, pero necesitaba poner un poco de espacio entre mi ira y Sasuke, no era sano.

Hinata me saludó cuando pasé por donde bailaban ella y Naruto.

Forcé una sonrisa, pero seguí caminando. El vestido ceñido de Karin llamó mi atención y me volví para verla envuelta alrededor de Sasori, riendo y bailando de la manera que lo hacen las parejas.

Los celos anudaron mi estómago debido a la forma en que Sasori la sujetaba y la tocaba de maneras en que nunca me había tocado a mí. No me dirigí hacia la mesa de los refrescos. En su lugar, me dirigí a las puertas traseras. Necesitaba alejarme de Sasuke y Sasori. Hice una pausa en la puerta. Estar a solas en la oscuridad no podía ser una buena idea.

La risa de Karin resonó en mis oídos y me decidí en ese momento, prefería hacer frente a la delicadamente escalofriante alma rubia que ver a Sasori sosteniendo a Karin, de aquella manera.

La brisa de la noche se había enfriado en las últimas semanas. Envolví mis brazos alrededor de mi cintura y caminé hacia el campo de fútbol abandonado. Las emociones agitándose dentro de mí me dieron una sensación de valentía. Seguí andando, lejos de la música y las risas. Volví a pensar en el verano pasado, en el rancho de mi tía y lo fácil que las cosas habían sido.

Había pasado mi tiempo montando caballos y ayudando a mi tía con la muerte de mi tío. Mamá me había sugerido que la fuera a visitar para que no estuviera sola. Había estado de acuerdo en ir, pensando que podría ayudar estar lejos de este pueblo y de los recuerdos de Itachi. Lo había hecho, en un sentido. Después de unas pocas semanas, me había dado cuenta de que Itachi y yo nunca estuvimos destinados a estar juntos.

Otra ventaja de estar en el rancho había sido las almas errantes que parecían ser escasas. Había sido un breve respiro de mi vida. Sin embargo, las últimas semanas del verano, esperaba con interés volver a casa. Miré hacia atrás en el gimnasio y pensé en todas las cosas locas que habían sucedido desde mi regreso.

—¿Por qué no estás adentro bailando con tu cita? —La voz de Sasori rompió el silencio, me giré y lo vi recostado contra la pared de cemento del estadio.

Me encogí de hombros y agaché la cabeza, mientras estudiaba mis pies. No quería que viera el dolor o la envidia en mis ojos.

Ya era bastante malo que probablemente ya lo supiera—. Se ve muy triste sentado en una mesa solo, —dijo Sasori, en la noche silenciosa.

Un parpadeo de culpa profunda en mi estómago, no era suficiente para enviarme adentro. Me encogí de hombros otra vez y no me encontré con su mirada penetrante.

Se rió, el bajo y sexy sonido envió un escalofrío a través de mí—. Así que, ¿Te has decidido a intentar la cosa de ignorarme de nuevo, para ver si me voy? —Preguntó con un toque de humor en su voz.

Me mordí el labio para sonreír y negué con la cabeza.

—Sé que no funciona contigo.

—¿Por qué estás aquí, Sakura? ¿Qué pasa? —Preguntó en voz baja.

De mala gana lo miré. Se veía tan increíblemente hermoso de pie con los brazos cruzados delante de su pecho. El pelo rojo oscuro, que se curvaba en los extremos, parecía bailar en la brisa.

—Nada que te concierna. —Mentí.

Él inclinó la cabeza hacia un lado y me dedicó una sonrisa maliciosa.

—¿En serio?

Asentí con la cabeza.

—En serio.

Sus manos cayeron a los costados mientras se alejaba de la pared dando un paso hacia mí.

—¿Verme bailar con Karin no te molesta? — Preguntó en un ronco susurro.

Sacudí la cabeza y miré hacia otro lado, negándome a retroceder ante su cercanía. Sus ojos me devoraron tan intensamente como si estuviera realmente tocándome. Mi corazón empezó a golpear con fuerza contra mis costillas y lo miré.

Sus ojos se movieron de mi vestido, a mi cara.

—Sabía que el rosa pálido te sentaría. La mayoría de las chicas no pueden llevarlo, pero en ti, es perfecto.

Tragué saliva, atemorizada de que mi corazón estuviera a punto de explotar, justo en mi pecho. No quería pensar sobre la manera en que su mirada hacía que cada célula de mi cuerpo cobrara vida.

—Crees que no te quiero tocar de la misma manera en que toco a Karin. Tienes razón. —Sus palabras cayeron como agua helada sobre mí y di un paso atrás, lejos de él, como si acabara de abofetearme.

El latido de mi corazón disminuyó y tomé una rápida bocanada de aire, asustada, por un momento, de no ser capaz de respirar.

Su mano se acercó, agarró la mía y me levantó contra él.

—Cuando toco a Karin, mentalmente, me atemoriza tener que seguir fingiendo estar interesado en ella.

Dejé de tratar de retirar mi mano de la suya y me quedé mirándolo.

Esto sonaba como algo que yo quería oír.

—Cuando no puedo controlar mi necesidad de ti y me permito tocarte, se enciende un monstruo en mi interior sobre el que tengo miedo de perder el control. Tú me haces sentir cosas que nunca he sentido antes. Algo pasa —hizo una pausa y bajó la mirada de mis ojos a mis labios—, cuando estoy cerca de ti de esta manera, —tocó mis labios con la yema de su dedo y temblé. Cerró los ojos como si le doliera—, y cuando reaccionas de la manera en la que lo haces, siento el zarpazo dentro de mí, por tener lo que quiero.

Abrió los ojos y me miró con una intensidad que me hubiera asustado si no confiara en él completamente.

—Tú eres lo único que más quiero en el mundo, sin embargo lo único que no puedo tener. Porque tenerte completamente sería imposible. No puedes ir donde yo voy. —Se detuvo y acunó mi rostro entre sus manos—. El propósito de mi existencia es no tener una pareja. Es ser solitario y frío. Hasta ahora, ha sido todo lo que he conocido. Luego te convertiste en el designio y todo cambió. —Dejó caer las manos de mí y se alejó, mientras una dolorosa desesperación nublaba sus ojos—. Vete, Sakura. Corre, por favor, corre. No soy lo que crees que soy. No soy "inteligente, honesto, talentoso y compasivo" y oírte decir esas palabras en mi defensa, sentí como un líquido caliente a través de mis venas frías. Quieres saber lo que soy y no puedo decírtelo. Si lo supieras, no tendría que pedirte que corras.

Él gruñó y se alejó de mí, huyendo hacia la oscuridad. No podía dejarlo ir. Corrí tras él y se volvió bruscamente. Su mirada enojada me sorprendió y me congeló. La ira pareció irse inmediatamente y una expresión de tortura se apoderó de sus rasgos perfectamente cincelados. Jadeé al ver la transformación.

—No me importa lo que eres, —le dije, dando un paso hacia él—, no me puedes asustar y no voy a salir corriendo. ¿Qué es lo que dice la canción que me cantas?

"Sin embargo te quedas. Aferrándote a mí, pero te quedas, extendiendo la mano que yo alejo. El frío no es para que permanezcas, sin embargo tú, tú te quedas. Cuando sé que no es adecuado para ti". —Le repetí sus palabras en la oscuridad. Su rostro se encogió por el dolor.

—Vete, Sakura. Ahora. No me puedo controlar más. —Susurró en la oscuridad.

Di otro paso hacia él. Un gruñido surgió de su pecho y se apoderó de mí en un movimiento rápido. Su boca encontró la mía al instante. Sus dientes mordieron mi labio inferior y luego golpeó suavemente su lengua sobre la mordedura. Mi primer sabor de él hizo girar mi mundo. De alguna manera sabía que sería así. Agarré en mis puños la camiseta de Sasori.

Necesitaba mantenerlo aquí contra mí, finalmente, permitiendo lo que había estado anhelando. Sus brazos se apretaron a mí alrededor y oí un jadeo en la oscuridad, pero no estoy segura de si era de él o mío. Mi propósito estuvo completo. No había nada que quisiera o deseara más que esto. Había una oscuridad tirando de nosotros, no podía comprender qué era exactamente pero, incluso a través de la bruma de placer, supe que se encontraba allí.

Sasori arrastró varios besos por mi cuello y murmuró palabras que no entendí. Solté su camiseta para poder apoderarme de su rostro, atrayendo con deseo su boca de nuevo a la mía. Sus manos lentamente corrieron por mi espalda y se deslizaron por mis costillas.

Mi respiración se atascó, mientras sus pulgares rozaron la parte inferior de mi sujetador. Sasori alejó su boca de la mía, jadeando ruidosamente. Me estremecí al verlo tan necesitado como yo por esto.

—No puedo Sakura. Quiero esto tan malditamente fuerte. Pero no puedo. —En un abrir y cerrar de ojos estuve sola, sentada en el pasto frío en el centro del campo de fútbol.

Mi respiración era entrecortada y la cabeza me daba vueltas. ¿Dónde estaba Sasori? Mis ojos lo buscaron desesperadamente en la oscuridad. ¿Por qué tenía que dejarme? La sensación de euforia desapareció con él y mi cuerpo dolía por su pérdida.

—¿Sakura? —Una preocupada voz llamó desde detrás de mí. No me giré, porque reconocí la voz de Sasuke.

Había venido a buscarme y aquí estaba yo sentada en mi vestido rosa pálido, comprado para otro chico, en medio de un campo de fútbol abandonado. Tal vez comenzaba a volverme loca. Se arrodilló delante de mí con temor y preocupación en su hermoso rostro.

—Dios, me has asustado. Vine afuera, te busqué y te vi cayéndote o desmallándote… ¿Estás bien? lo siento, Sakura, no quería molestarte. Por favor, por favor, perdóname. —Sostuvo mis manos entre las suyas, sin embargo, el calor de su cuerpo no podía penetrar en el frío que se filtraba a través de mí.

Lo miré fijamente, sabiendo que tenía que decir algo. Pero ¿Qué podía decir?

—Está bien. Simplemente no me encuentro bien. Mi cabeza. —Me toqué la cabeza para el efecto—. Lo siento, pero sólo quiero ir a casa. —Se levantó y me ayudó a levantarme, envolviendo su brazo alrededor de mi cintura como un medio de apoyo.

Caminamos en silencio a través del campo y del oscuro estacionamiento. No estoy segura de si se sentía enojado o herido, pero ahora sólo necesitaba estar sola. Mi mente no era capaz de envolverse alrededor de lo que había sucedido y yo sabía que en el fondo tenía la esperanza de que Sasori estaría en mi habitación esperando por mí.

No volvimos a hablar durante todo el viaje de vuelta. Odiaba el silencio, pero no había manera de explicar lo que había sucedido. Cuando se detuvo en mi entrada, apagó el auto y luego me miró.

—Espero que puedas perdonarme por haberte hecho sentir mal. — Dejó salir un suspiro de disgusto—. Aquí estoy, todo preocupado por la vida personal de Karin y termino perjudicando a la única mujer que he amado por mi estupidez. —Se detuvo y sacudió la cabeza—. Aún no estás curada de algo que te causé. Nunca te quejas sobre ello, pero sé que aún estás superando todavía los efectos de tu caída. No sé si voy a ser capaz de perdonarme por dejar que mi estúpida boca te molestara tanto que… —hizo una seña con la mano como si fuera hacia el campo de fútbol que se encontraba a millas de distancia—…te vas sola y triste a causa de la tensión que te infligí.

No podía dejarlo culparse a sí mismo por lo que pasó más. Me obligué a eliminar mi estado de bruma y tomé su mano.

—Sasuke, escúchame. Lo que ha pasado esta noche no es tu culpa. Todavía no estoy segura de lo que me pasó, pero nadie tiene la culpa, excepto yo. No tienes nada, y lo digo enserio, nada que ver con eso.

La pequeña llama de alivio en sus ojos no era lo suficientemente fuerte para compensar su expresión torturada. Puso mi mano en su boca y la besó.

—Te amo, Sakura Haruno. —Había estado diciendo esas tres palabras mucho esta noche.

Sabía que no podía decir las palabras que él quería oír. Sasuke era especial para mí, pero no lo quería, al menos no de la forma en que él me quería a mí. Hice lo único que podía pensar, me incliné y lo besé suavemente en los labios, y luego giré y me bajé del auto.

Me dirigí a la puerta sin mirar atrás.

Mi habitación se sentía vacía, pero, de alguna manera, sabía que sería así. Algo había ocurrido esta noche. No sabía lo que era, pero sabía que era importante. Me acerqué a la silla donde Sasori pasaba sus noches y me acurruqué en ella. No vendría esta noche. Necesitaba estar cerca de él y esta parecía ser la única manera. El silencio parecía cortar a través de mí como un cuchillo y lágrimas tibias corrieron por mi cara. Extrañaba su voz llenando mi habitación con calor.

No quería que me dejara. El temor que se hubiera ido dolía mucho, obstaculizando mis vías respiratorias. El alma rubia que me había asustado ya no me parecía importante. La ausencia de Sasori hacía doler mi pecho. No pude aguantar el silencio más, así que comencé a cantar suavemente en la oscuridad.


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Él no volvió. Pasé todo el fin de semana encerrada en mi habitación esperándolo, pero nunca vino. Me levanté, el lunes en la mañana, muy temprano y me vestí con tal desesperación que casi corrí fuera de la casa hasta llegar a la escuela.

Cuando mi madre preguntó:

—¿Sasuke no te llevará hoy? —Me detuve con mi mano en la perilla, insegura de cómo responder.

Dejé que sus llamadas fueran a mi correo de voz el fin de semana.

Después de escuchar sus suplicantes mensajes, finalmente lo llamé y le aseguré que me encontraba en la cama, enferma. Él esperaba llevarme a la escuela esta mañana. Me obligué a mi misma a sentarme y comer mi desayuno mientras esperé diez minutos más, a que Sasuke llegara.

De alguna manera, me las arreglé para aparentar paciencia, hasta que entré por la puerta principal de la escuela. No pude sentirlo. Él no estaba aquí. El puchero en los labios rojizos de Karin me aseguró que no se escondía de mí.

Simplemente, no estaba aquí. Cada clase que pasaba sin él, se sentía como un agujero negro expandiéndose cada vez más en mi mundo. Sasuke me miraba con una mezcla de preocupación y frustración que sabía que trataba de ocultar. Una vez que la última campana sonó, salí de la biblioteca y me dirigía a casa. Necesitaba que él estuviera allí.

Pero no estaba. Estuvo ausente por dos días más.

Para cuando entré a la clase de Literatura Inglesa el jueves, lo sentí. El cálido hormigueo creció más de lo acostumbrado después de cuatro días de ausencia. Miré hacia el final de la habitación y allí se encontraba él, dándole a Karin su sonrisa torcida mientras trazaba su mandíbula con la punta de su dedo. Río, y él se acercó más y le susurró algo al oído que causo que echará su cabeza hacia atrás y se carcajeara.

Ella miró en mi dirección y sonrió triunfalmente. Mi mirada viajó de ella a Sasori, quien parecía no prestarme atención en absoluto. Él la observaba con una sonrisa seductora.

Me besó y me dejó sola, confundida, y luego desapareció por cuatro días.

Actuaba como si nada hubiera pasado.

Lo miré fijamente, deseando que me notara, que reconociera mi presencia. No lo hizo. Incapaz de observar más la situación, me di la vuelta y salí de la habitación. Sasuke se encontraba afuera de la puerta, dónde lo dejé.

Hablaba con Kiba y me miró con una sonrisa de sorpresa.

—Hola, ¿Olvidaste algo? —Preguntó, alargando su mano.

Negué con mi cabeza, con miedo de que el enorme agujero que Sasori hizo en mi corazón fuera visible para todo el mundo. Me acerqué a Sasuke y envolví mis brazos alrededor de su cintura. Sus brazos me rodearon al instante.

—Hablaremos después, hombre. —Le escuché decirle a Kiba sobre mi cabeza.

—¿Qué pasa? —Susurró a mi oído, mientras continuaba abrazándome.

Quería llorar porque no lo amaba. Sasuke me amaba y sería fácil enamorarme. Nunca me lastimaría de la manera en que Sasori acababa de hacerlo. Él era tan bueno y honesto. ¿Por qué no lo amaba a él? Me apreté fuertemente contra su cuerpo, con miedo de que pudiera escuchar mis pensamientos y me alejara en cualquier momento. Sin embargo, Sasuke no podía escuchar mis temores.

Me acercó más y comenzó a frotar pequeños círculos en mi espalda con su mano. Las lágrimas brotaron de mis ojos y odié llorar en sus brazos por otro chico. Sasuke se merecía alguien que pudiera amarlo. En una ocasión lo odié, porque pensé que él creía ser demasiado bueno para mí. Ahora, me odiaba a mi misma porque sé que él era demasiado bueno para mí.

No lo merezcía, me aferré a él de todos modos. Quizás no lo amaba, pero lo necesitaba. Él no tenía idea de que mis entrañas se sentían como si hubieran sido arrancadas de mi cuerpo, debido a que alguien o algo me rechazó.

—Sr. Yamato, Sakura no se siente bien. Necesita ir a enfermería. Me aseguraré de llevarla y traerle un justificante. —Le explicó Sasuke a mi maestro mientras me abrazaba.

—Bien, ¿Tú la llevarás entonces? —La voz del Sr. Yamato sonó preocupada.

—Sí, señor. —La puerta se cerró y el pasillo se convirtió en silencio.

No quería ir a enfermería, pero sabía que no podía quedarme en el pasillo todo el día, dejando que Sasuke me abrazara. A pesar de que sabía que si yo le pedía eso, él lo haría. Di un paso atrás para levantar mi mirada a su rostro. Su cara era una máscara de preocupación mientras secó una lágrima de mi mejilla.

—¿Qué pasa, Sakura? —preguntó en voz baja.

Me las arreglé para sonreír un poco.

—Creo que el malestar se acaba de ir. Me siento bien otra vez. Esta semana fue miserable. —Admití, necesitaba agregar algo de verdad en lo que decía.

Él asintió y me jaló de regreso a sus brazos.

—Lo siento. No puedo soportar verte llorar. Me mata. —dijo en voz baja y me apretó contra él.

Sasuke era mi vínculo con el mundo real y mi fuente de consuelo, especialmente ahora que mi corazón se sentía roto sin posibilidad de repararse. Lo que me asustó más fue el hecho de que mi corazón había sido roto por alguien que ni siquiera conocía.

Fui a enfermería, pero sólo me quedé allí el tiempo suficiente para que Literatura Inglesa terminara. Una vez que mi clase de Algebra II estuviera a punto de comenzar, le aseguré a la enfermera Shizune que me sentía mucho mejor y quería ir a clase. Algebra II pasó a ser la única clase que no compartía con Sasori o Karin.

Podía sobrellevarlo. Sasuke estaría conmigo en Historia Universal, así la presencia de Sasori sería más fácil de ignorar.

Puse un pie en el pasillo y la inquietante advertencia en mi cabeza de que alguien me observaba hizo que los vellos de mi brazo se erizaran. Miré a los lados del pasillo vacío, pero no había nadie. El miedo parecía atorarse en mi garganta y me obligué a tomar una calmada respiración antes de dirigirme hacia Algebra II con mi pase de la enfermera Shizune.

Caminé más rápido de lo normal, esperando ver a más personas. Estar sola en el pasillo me traía recuerdos aterradores.

Especialmente ahora, ya que no estoy segura de si Sasori vendría a mi rescate.

Él ni siquiera me miraba, así que ¿Por qué vendría hasta aquí si un alma me persiguiera? La sensación de ser observada se intensifico mientras más cerca llegaba al final del pasillo.

¿Por qué Algebra II tenía que estar al final del pasillo? Miré por encima de mi hombro y el pasillo seguía vacío. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal y me eché a correr. No podía verla, pero sabía que se encontraba allí.

Mi corazón latía con fuerza en mi pecho. Mantuve mis ojos en la puerta del salón de clase. Todavía parecía estar muy lejos, sin embargo, sabía que si gritaba podían escucharme. El frío se hizo más fuerte y el aire se volvió más pesado, haciendo que fuera difícil respirar. Necesitaba dejar de correr para forzar el oxigeno a entrar en mis pulmones, pero no me dejaría en paz por mucho tiempo.

Una puerta se abrió justo cuando mi visión comenzó a ser borrosa por mi falta de oxigeno y aire, mis pulmones ardían. El frío desapareció. Bajé mis libros y puse mis manos en mis rodillas, jadeando por más aire, relajándome y tratando de calmar mi corazón. Los pasos acercándose me sorprendieron y levanté la mirada, lista para correr nuevamente cuando vi a Sasori alejarse.

Lo que sea que me siguió huyó por su culpa. Afortunadamente para mí, no notó que a Sasori no le importaba mantenerme a salvo. Mi corazón ya no se aceleraba por miedo, pero dolía por el rechazo. Tomé mis libros del piso y observé la silueta de él, alejándose, una vez más, antes de dirigirme a mi clase.


—Si no estás lista para comenzar con mi discurso, no tengo prisa. — Sasuke se inclinó y susurró en mi oído.

Ordenamos pizza y estábamos abrazados en el sofá viendo televisión.

La verdad era esa, no me sentía de humor para trabajar en discurso. Todo lo que realmente quería hacer era disfrutar de la calidez estar en sus brazos. Estar sentados en el sofá, sintiendo los brazos de mi novio, me ayudaba a mantener el miedo en control.

Cuando Sasuke se marchara, tendría que ir a mi dormitorio sola. Me tentaba la idea de pedirele dormir conmigo.

La idea de enfrentarme a mi habitación después de mi experiencia de hoy, en el pasillo, me aterrorizaba. Ver a Sasori alejarse de mí, como si él fuera un chico sin ninguna preocupación en el mundo, mientras yo jadeaba en busca de aire, me dejó con un sentimiento de desesperación. Alargué mi brazo y tomé la mano de Sasuke en la mía. Él estaba aquí.

Claro que no me protegería contra las almas psicóticas. Sólo Sasori podría detener eso… aquello… la cosa que fuera ella. Pero Sasori no se encontraba aquí. Sasuke era todo lo que tenía y quería absorber su presencia todo el tiempo que pudiera. Sasuke sostuvo mi mano con la suya y permanecimos en silencio. No estoy segura de qué veíamos. Él reía en voz alta algunas veces y el sonido me hacía sonreír. Disfruto verlo feliz.

Algunas veces olvido lo que es ser feliz.

El timbre de su teléfono interrumpió mis pensamientos y salté. Estaba en el borde esta noche.

Sonrió.

—Es mi teléfono, no la alama de incendio. Jesús, estás nerviosa esta noche. —Busco el móvil en su bolsillo y lo sacó.

—¿Hola? —Hizo una pausa—. Estoy con Sakura justo ahora… lo sé, pero estoy ocupado… No hemos terminado todavía. —Sasuke me miró disculpándose—. De acuerdo, estoy en camino. —frunció el ceño, mientras cerraba su teléfono.

—Era mi papá. Necesita que vaya con él a dejar el coche de mamá con el mecánico. Van a arreglarlo mañana a primera hora. No puede irse a la cama hasta dejar el auto y después tiene que trabajar un doble turno en la estación.

Me senté recta y forcé una sonrisa. Mi madre no llegaba en casa aún y el pensamiento de estar sola me hizo querer acurrucarme como una bola y llorar.

—Oh, bueno, umm, entonces ve. Trabajaremos en el discurso mañana.

Él frunció el ceño y deslizó una mano en mi cabello, frotando su pulgar contra mi oído.

—Pareces tensa. No me gusta dejarte inquieta.

Sonreí y me encogí de hombros.

—Probablemente necesite dormir un poco.

Mentí, esperaba que lo creyera. Se inclinó y me besó suavemente. Deslicé mis manos detrás de su cuello y profundicé el beso. Sasuke tomó mi rostro en sus manos y ladeó su cara para acomodarse perfectamente. Me sumergí en la comodidad de su cercanía y calidez. Sabía que necesitaba dejarlo ir para ayudar a su papá, pero me aferré. Dejarlo ir significaba que estaría sola.

Me apreté contra él, sin pensar en cómo mi necesitad de compañía podía ser malinterpretada con pasión. Un gruñido salió del pecho de Sasuke y me presionó suavemente contra el sofá y me cubrió con su cuerpo.

Nunca habíamos dejado que las cosas fueran tan lejos antes. Sasori estaba allí, en algún lugar en el centro: una fuerza invisible que me hacía distanciarme de Sasuke inevitablemente. Sería un error permitir que las cosas vayan aún más lejos. Que Sasuke creyera que podemos dar un paso más allá en nuestra relación no sería justo para ninguno. Sasori siempre estaría en mi mente.

Sasuke merecía algo más que ser el segundo. Incluso ahora, mientras se presiona contra mí y su respiración suena agitada, no siento nada salvo seguridad. Su mano se desliza por debajo de mi camisa y sé que es hora de detenernos.

Justo cuando roza la parte inferior de mi sujetador rompo el beso.

—No. —Susurré y su mano se retira lentamente.

Su respiración sonaba entrecortada y pude sentir su corazón latiendo contra el mío. Lentamente se sentó y extendió su mano para levantarme también. Pasó una mano a través de su cabello azabache y se rió temblorosamente.

—Wau. —dice, sonriendo. No estoy segura de qué decir, porque "Wau" no era lo que yo sentía—Lo siento, me dejé llevar. —Se disculpó, bajando la mirada hacia mi camisa, la cual estaba levantada, justo encima de mi ombligo.

La tiré hacia abajo y le sonreí tranquilizadoramente. No era como si acabara de tratar de violarme.

—No te disculpes. Necesitábamos parar. Tu papá está esperando.

Sasuke asintió, su expresión seguía siendo un poco vidriosa, y se puso de pie. Tomó su chaqueta, agarró sus libros y llaves.

—¿Estarás bien hasta que tu mamá llegue a casa? —Preguntó.

Quise reír por la respuesta a esa pregunta. En su lugar, asentí y sonreí. No era como si pudiera decirle que un alma perturbada quería matarme por razones que yo no entendía.

La puerta cerrándose detrás de Sasuke dejó un fuerte peso sobre mi pecho. Pensé en salir afuera y quedarme en el jardín, para así ver las otras casas iluminarse y las personas dentro de ellas. De alguna manera, ver a las otras personas sonaba seguro. Caminé y me detuve en frente de la puerta.

Podría quedarme aquí hasta que mamá llegara a casa. Si cualquier cosa se presentaba, podía correr hasta la calle y gritar. Por supuesto, todo el mundo pensaría que estoy loca, pero llamaría la atención.

—No creo que esas medidas drásticas sean necesarias. Ve a la cama, Sakura, estaré aquí. —Me giré hacia el sonido de la voz de Sasori.

El alivio y la ira se apoderaron de mí al mismo tiempo. Quería lanzar mis brazos alrededor de él, pero también quería darle un puñetazo en su perfecta nariz.

—Preferiría que no lo hicieras. Sólo ve a la cama. —Su tono frío me hirió más que el miedo.

No me miraba, en su lugar veía una revista de deportes que Sasuke olvidó. Sus botas se apoyaban sobre la mesa mientras reclinaba su silla. Las lágrimas ardieron en mis ojos, pero no lloraría frente a él. Esa era una humillación que me rehusaba a darle. En su lugar, subí las escaleras corriendo.

El agua caliente apartó mis lágrimas mientras estuve en la ducha más tiempo del necesario. Allí mis sollozos fueron camuflados. Una vez que las lágrimas dejaron de caer y todo lo que quedó fue un gran hueco, cerré el agua, salí a la alfombra blanca y envolví una toalla a mí alrededor. Estudié a la chica frente al espejo. Sus ojos rojizos e hinchados con el cabello rosa humedo y enmarañado.

Ninguna cantidad de agua podía lavar la tristeza que reflejaba. Él estaba aquí y yo me encontraba a salvo. Era algo que agradecer. No tenía el coraje para preguntarle por qué había venido. No quería que me viera llorar.

No quería que supiera que pasé media hora llorándole. ¿Quizás robó mi corazón o tomó mi alma? No podía estar segura, pero me rehusé a que tomará mi orgullo, también.

Apreté la toalla más fuertemente y me dirigí a mi habitación. Entré, sabiendo que estaría vacía. Sasori no quería estar cerca de mí. Una pequeña parte tenía la esperanza de encontrarlo sentado en la silla de la esquina con la guitarra en sus manos. Lágrimas nuevas brotaron de mis ojos. Necesito controlar esta agonía o lo que sea que es.

Alargué mi brazo buscando mi suéter, pero no me atreví a usar cualquier cosa que me recordara a Sasori y las noches que pasó cantándome para dormir. En cambio, saqué mi camisa de dormir y la deslicé sobre mi cabeza. Era rosa pálido. Sonreí tristemente, notando que nunca había pensado en eso antes. De inmediato me la quité y la deje caer en el suelo. No podía usarla, tampoco. Abrí mi armario y saqué una camisa de Sasuke que tenía y me la puse. Todavía podía sentir a Sasuke y eso me dio el poder para ser capaz de ignorar a Sasori y abrazar a Sasuke con mis acciones, incluso si mi corazón pensaba de manera diferente.

Caminé hacia mi cama y me recosté, pensando en la música que no podría escuchar.

El silencio hacía eco a través de la casa, pero sabía que no seguía sola. Él observaba. No quería cerrar mis ojos, esperanzada de que él viniera a sentarse en su silla y tocara música para mí. El único sonido que pude escuchar fue el lento goteo del grifo en el baño y el asentamiento de la casa.

Si Sasori no estuviera en la planta baja, cualquier pequeño sonido me hubiera hecho saltar y correr hacia la puerta. Sin embargo, con él vigilándome, era capaz de cerrar mis ojos y ser arrullada por el silencio.

La música vino en mis sueños. La inquietante y dulce música llenó el agujero de dolor en mi corazón. Sonreí, buscando la fuente del sonido, pero no encontré nada. Habia sólo un sueño hermoso.