Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, bla, bla, blá, la historia es mía, bla, bla, blá, no la tomes para traducirla o tomarla porque sí sin mi consentimiento, bla, bla, blá… o te acuso con Aro Vulturi.
Disfruten, queridos querubines :D
Playlist de hoy:
Your Guardian Angel – Red jumpsuit Apparatus
Anything but ordinary – Avril Lavinge
Asleep – The smiths
Dedicado a mi mamita, por el día de la madre en Chile, que será este Domingo :3
Capítulo 7: No soy un psicópata
Miré de reojo al psicópata del callejón. Había empalidecido hasta niveles insufribles: él también me había reconocido. Su semblante lucía solemne y deprimido. Sin embargo, no pude descifrar en qué se basaba su estado de ánimo.
–¡Bella! –me saludó Carlisle cordialmente, interrumpiendo mi pequeño análisis. – ¿Qué tal todo, querida? Eh, Charlie, gusto en verte de nuevo. –Luego se giró al muchacho de ojos dorados que tenía a su lado. Calma... ¿no que estos eran negros? Nota mental: usa lentes de contacto. –¿Te veo luego, de acuerdo? –él asintió con amargura, y sin decir una palabra se marchó. Me sentí aún más desconcertada.
Mi padre y yo entramos al despacho de Carlisle, listos para iniciar con la sesión.
–Cuéntame, Bella –inició Carlisle una vez que nos habíamos ubicado en nuestros sitios. La primera parte de cada terapia era hablar de los progresos semanales y si había cumplido con mis deberes. Mi principal tarea es fortalecer mis brazos, porque al tener que mover la silla, son como mis nuevos pies. Ahora sólo espero que éstos sean menos torpes.
–He estado bien; Charlie y yo compramos las mancuernas después de la sesión anterior. –Respondí con naturalidad.
–¿Ha sido muy complicado?
–Me canso un poco, pero hago lo que puedo. Mis brazos siempre han sido una gelatina –me encogí de hombros. Charlie y Carlisle intercambiaron unas palabras, pero yo seguía sin poner demasiada atención. Todavía sentía una sensación extraña en la boca del estómago por el anterior reencuentro.
–Bella –Carlisle parecía haberme estado hablando. Me hice la loca.
–¿Diga? –arqueé una ceja a la espera.
–Te pregunté si estás intentando moverte de la silla. ¿Has intentado pasarte a alguna otra superficie? –Aparte del baño… Ugh.
–Lo he hecho usted–ya–sabe–dónde. Y lo logré el otro día en una silla de esquina. Además de mi cama, pero eso lo hice un par de veces. Hoy volveré a intentarlo.
–Debes recordar ponerle el freno a la silla para no salir volando –me guiñó un ojo y yo me reí, pero fue una risotada sin color, fría.
–Charlie y yo estábamos en eso hace dos noches, olvidé poner el freno, casi me caí de trasero.
–¿Has tomado los calmantes y relajantes musculares?
–Sip. –Respondí.
–Entonces, vayamos enseguida a la sala de ejercicios. –Hizo un ademán para que nos pusiéramos de pie, pero me quedé mirando a Charlie. Carlisle estaba a punto de pararse pero mis palabras le incitaron a pausarse.
–Charlie, ¿quieres traerme un capuccino, por favor? –puse mi mejor cara de perrito.
–Seguro, cielo. –Le dirigió una miradita cordial a Carlisle, y nos quedamos solos. Él iba a hacer una observación, pero le detuve en seco, sin siquiera inmutarme al respecto, ignorando toda la lógica y lo estúpida que podría verme.
–El chico que iba saliendo con usted ahora, ¿es su hijo? –inquirí.
–Sí, replicó confundido. –Su nombre es Edward.
Hice internamente el baile de la victoria, definitivamente era él.
–Bueno, pues, ¿le importaría decirme por qué su hijo hace un mes me siguió a un callejón y me miró el cuello como si yo fuese un sándwich de pollo?
Carlisle se descolocó. Primero iba a decirme algo, luego se calló; frunció el ceño, y finalmente abrió la boca para volver a cerrarla de golpe.
–¿Disculpa?
–No se haga el que no sabe. Edward hizo lo que hizo hace un mes atrás, o… bueno, casi hace algo. ¿Me va a decir que no le contó? –la adrenalina estaba haciendo su trabajo magníficamente, pero me sentí estúpida replicando sobre ello; ésta vez yo fruncí el ceño, debatiéndome conmigo misma.
–Eso es algo que él y tú deberían conversar… Es todo un trasfondo demasiado amplio. E involucra a mi familia. –Aclaró con naturalidad y una profunda calma que me sacó de quicio.
Touché.
La vergüenza se hizo presente en el ambiente de una forma incómoda. Enrojecí.
–Lo siento, pero es que no le entiendo.
–¿Qué es lo que no entiendes, Bella?
–Esa vez corrí asustada como un cachorro, ¡pensé que iba a asaltarme o qué se yo! Y de repente llega la otra chica…
–Alice –me interrumpió. Hizo un ademán con la mano para que yo continuara.
–Sí, ella; agh, como sea, pero necesito aclarar ciertos puntos. –Mis palabras y argumentos sonaban incoherentes. ¿Qué me estaba sucediendo?
–Acláralos con él –me incitó.
–No puedo hablar con él, ni siquiera lo conozco.
–Técnicamente, sí.
Hice una pausa, y en ese momento supe que ninguno de los dos iba a ceder.
–¿Qué estudiarás en la universidad, Bella? –murmuró desviando la vista hacia uno de sus innumerables diplomas y reconocimientos colgados en la pared.
–Literatura inglesa. –Respondí confundida, se suponía que él ya lo sabía.
Carlisle me sonrió, juntó sus manos, complacido ante mi contestación, y comenzó a jugar con sus dedos.
–Exacto.
–Disculpe, pero de verdad no le sigo –mi voz era la más pura irritación.
–Edward estudiará lo mismo que tú, en tu misma clase. Tendrán bastante tiempo para conversar.
Un silencio solemne e incómodo se instauró entre nosotros. Medité sus palabras, ¿él sería mi compañero de curso? No sabía si emocionarme por la idea de tener la oportunidad de aclarar las cosas, o sentirme intimidada al respecto. O quizás ambas.
–No sé si estoy dispuesta a esperar un mes para eso.
–Ya verán la ocasión de comentarlo… Pero repito, no es algo que le incumba solo a él. También a mí y a mi familia. Con el tiempo, quizás lo sabrás. Lo importante aquí es que Edward cometió un error. Él lo sabe y no se volverá a repetir: ¿entendido?
–Tengo una pregunta más –me mordí levemente el labio.
–Dispara.
–¿Él me encontró agonizando en el bosque, verdad? Edward… me salvó.
–Así es, Bella. Él te salvó.
Y con ese tono de voz, concluyente, supe que no íbamos a comentar más el asunto; pero ya volvería a insistirle en otro momento… A estas alturas, y con tantos secretos rondando a mi alrededor, yo no era precisamente Teresa de Calcuta rondando por allí. Bondad y paciencia era lo que menos tenía rondando por mi mente.
Me sentía cansada, aburrida, amargada… Todo lo que nunca he sido. Todo lo que no soy.
Charlie entró con el capuccino que yo claramente no quería o necesitaba. Le agradecí con la mirada y le di un sorbito. Me lo fui tomando con cuidado mientras meditaba la situación. Carlisle y Charlie iban conversando sobre los ejercicios de hoy, mientras el segundo empujaba mi silla.
Tuvimos que atravesar toda la planta superior del hospital, hasta bajar por un ascensor. Cuando llegamos al subsuelo, las puertas se abrieron y me hallé nuevamente en la sala de rehabilitación: amplios ventanales, buena iluminación, máquinas de ejercicios por doquier… balones, juegos y múltiples colores, tanto en los estantes con los objetos, como en las paredes o las camillas. Era otro mundo distinto al hospital, al otro lado de la puerta. Había más adultos y niños, e incluso jóvenes como yo, quienes hacían pesas y manipulaban objetos de fuerza.
La clave en la paraplejia es tener fuerza, cosa que yo no tengo. Así que, estoy literalmente jodida.
–Muy bien, Bella –el tono de Carlisle se mantuvo igual de sereno, incluso a pesar de nuestra anterior conversación tensa. –Trata de traspasarte a esa superficie. –Junto a nosotros había una camilla de color verde, la cual era baja, a mi altura. Me situé frente a ella, moví mis piernas inertes, hasta posarlas a ambas sobre el suelo, en una posición derecha, y al parecer correcta. Carlisle y Charlie observaron con aprobación mis movimientos, y acto seguido puse el freno de mano en la silla de ruedas. Impulsé toda mi fuerza en los codos, sujetando con firmeza el mango de la silla con la palma de mis manos. Al impulsarme hacia arriba, logré formar un ángulo de cuarenta y cinco grados con mis piernas, pero caí sentada nuevamente sobre la silla al no tener fuerza suficiente. Lo volví a intentar.
Repetí la misma acción, hasta formar la misma inclinación con mis piernas. Moví mi trasero hasta situarlo en el borde de la camilla, pero fue demasiado al borde y me caí sentada, esta vez en el suelo. Me quejé mentalmente. Claramente, no era la primera vez que me pasaba. De hecho, Charlie tuvo que contratar a una enfermera hasta que aprendí a entrar a la ducha –tuvimos que comprar una silla ortopédica para ducharme sentada-, o a ir al baño, en la cual igual necesité ayuda. Aprendí ambas tareas en dos semanas. Aparentemente, mi daño en la columna no ha de ser tan severo, la fractura medular ha de ser una fisura, o pequeños cortes en mi espalda, quizás por eso me es más sencillo. Cuando el daño no provoca un corte total, o una fractura completa, hace tener más posibilidades de volver a caminar, además de los implantes con células madre que podrían regenerar algunos filamentos… Aunque es demasiado caro. Todo es demasiado caro.
A pesar de que intento adaptar con todas mis fuerzas, eso no implica que no duela.
O que no cueste en absoluto.
Caerme no me dolió, en primer lugar porque apenas siento mi trasero, y en segundo; porque el piso tiene alfombras de goma eva.
–Necesitas concentrarte, cariño –Charlie me situó de nuevo en la silla y con las piernas en el suelo, lista para la acción. Con lágrimas en mis ojos, que iban desde la impotencia hasta la tristeza, giré en un movimiento ágil, hasta caer sentada sobre la camilla. Charlie me besó en la frente, y Carlisle acarició mi cabeza. Tomé una pierna hasta dejarla estirada sobre la camilla, y la segunda la puse paralela a ella. Estirada.
Me eché hacia atrás, recostándome por completo, y me sequé las lágrimas con un pañuelo. Así es como debo hacer para irme a dormir, todas las noches.
–Bien, Bella –aprobó Carlisle. –Ahora debes volver a la silla.
Entonces me senté nuevamente, tomé mis piernas, las deposité en el suelo. Me impulsé con las manos e inclinando mis piernas, me levanté y giré lo suficiente como para volver a quedar sentada en mi antiguo puesto.
–Estoy muy complacido por esto, Bella –Carlisle me felicitó, no pude hacer más que sonreír sin ganas, seguía algo perturbada, y aún la caída me había hecho sentirme humillada. Una lágrima cayó por mi mejilla, y ambos se pusieron en cuclillas frente a mí.
–¿Pasa algo? –me preguntó Charlie. –Sabes que puedes tener confianza tanto en mí, como en Carlisle.
Puse ambas manos en rostro, ocultándome. Apoyé mis codos en las rodillas y mantuve el ritmo torturador de mis sollozos. De todos los seres humanos existentes, ¿por qué era yo la que tenía que terminar lisiada?
…
–No tengo hambre –repetí por enésima vez cuando Charlie y yo llegamos a casa, él me miró con desagrado -¿qué?
–Deja de torturarte, Bells –Charlie tomó asiento en el sofá, me arrastré a su lado y nos miramos por unos segundos.
–No puedo evitarlo –gemí. –¿Tú crees que soportarías mi situación?
–Encontraremos la forma… lo haremos –murmuró una y otra vez, ensimismado en sus propios pensamientos.
–En estos momentos, lo único que me apetece es usar la laptop luego de tres siglos, y jugar solitario –bufé.
–Estaré en mi habitación –respondió, dejándome sola. Me dirigí a mi habitación, y rebusqué en mi buró.
Hacía tiempo que no usaba mi computadora, porque no me gustaba conectarme con el mundo real, y jamás me sentí cómoda compartiendo mis cosas o mi vida privada. Sin embargo, tenía correo electrónico, y naturalmente, cuentas de usuaria en una que otra red social.
Cuando abrí mi mail, –cosa que no hacía hace tres semanas, después del accidente –noté que tenía tres mensajes en mi bandeja de entrada.
Naturalmente, un milagro.
El primero era sobre seguros de vida. La rabia se removió en mi pecho y poco menos azoté las teclas del computador. Lo eliminé.
El segundo, era sobre mi suscripción reciente a una revista literaria. Lo ignoré.
Y con el tercero, mi corazón dio un vuelco. ¡Robin!
De: Robin Hindley
Para: Bella Swan
Fecha de envío: Martes, 15 de agosto, 2005, 5:57 pm.
Asunto: ¡Aparecí, hip, hip, hurra!
Querida Bella:
He oído bastante poco de ti en este tiempo. ¿Tan ingrata eres?
Bueno, antes de irme a temas pesados, te contaré qué tal voy: bien.
No he tomado ningún empleo aún, pero en casa está todo en orden. Digamos que eso es todo lo que puedo decirte porque no escribo para hablar de mí sino para que me hables de ti.
Reneé me contó todo, me escribió apenas sucedieron las cosas, pero, me pregunto, ¿acaso no podrías haberme escrito tú? Esperé para eso y ahora no pude contenerme más, necesitaba escribirte. Te he echado de menos.
¿Cómo es eso de que te caíste por un barranco? Cariño, lo lamento mucho. Ya verás que saldrás adelante, estoy segura de que todo esto es una prueba para ti, y por algo pasan las cosas.
Sé que es el peor consuelo del universo, pero no se me ocurre qué más, decirte, aparte de que te cuides y protejas tus manitos, no vayas a torcértelas… *sonrisa*
Sabes que te quiero un montón, pequeña oveja. ¡Deja de hacer locuras! Veo que estar alejada de mí te acercó más la mala suerte, LOL. ;)
Espero que haya logrado hacerte reír un momento, no sabes cuánto me gustaría acompañarte ahora, pero debo ir a hacer la cena o moriré de inanición, ya me conoces. Un día podemos coordinarnos por Skype, o quizás podamos juntarnos. Debo ir a hacer unas cosillas a Seattle, así que quieras o no voy a verte toda una semana. ¿No es maravilloso?
Te quiero mucho, y no te pierdas tanto. Sabes que me gustaría saber de ti más seguido, no quiero que perdamos el contacto.
La enana, Robin.
PD: cuando bajes la tapa de la laptop, procura no aplastarte los dedos *sonrisa*
Tecleé rápidamente una respuesta:
De: Bella Swan
Para: Robin Hindley
Fecha de envío: Viernes, 18 de agosto, 2005, 7:44 pm.
Asunto: (RE):¡Aparecí, hip, hip, hurra!
Querida Robin:
Enana del mal, ¡pensé que ya no te acordarías de mí! *risas*
Me sorprende tu nivel comunicativo como para resumir todo con un humilde "bien". ¡Expláyate un poco más, mujer!
Agh, caray, esa Reneé es toda un metiche. Aunque, me alegra en cierto modo que te haya llamado. Es bueno saber que no perderemos la comunicación… del todo. ¡Tú ya sabes cuánto detesto esta cosa con tapa!
Bueno, sí. La verdad es que me saqué la madre en ese "barranco". Reneé le pone demasiado color al tema, digamos que la altura era de dos metros y fracción, ¿creo?
Ahora estoy con terapias para recuperar la movilidad en cuanto pueda, aunque tomará años… Por lo menos estoy intentando moverme sin chocar con las paredes y traspasarme de una superficie a otra, ya sabes, como para dormir o ducharme. Creo que voy bien, pero estoy cansada. A veces siento que estoy falta de cariño *risas*, incluso cuando Charlie se despide por las noches o algo por el estilo, no sé, esto me tiene sensible y hecha un asco.
Me gustaría que vinieras, puede ser cuando Charlie se vaya, antes de iniciar las clases, mientras hagas tus trámites yo puedo asistir a mis terapias, así quedamos bien :D
No te pierdas tú, tampoco, ñoña. Recuerda que tengo un celular.
Espero saber más de ti a la brevedad…
Con amor, Bella.
PD: ¿Cuál es tu número de móvil? Lo perdí…
Me dio gusto saber que Robin sigue viva, por fin esta máquina del mal cumple una función útil…
En eso sonó mi teléfono.
–¿Diga? –consulté. Oí un suave jadeo al otro lado de la línea, y en eso, me cortaron. ¿La señal quizás era un asco?
Dejé el teléfono en la mesita, y en eso apagué la otra máquina infernal y me limité a guardarla con cuidado en el maletín. Volvió a sonar el teléfono.
–¿Hola? –respondí. Silencio, nuevamente. –¿Sabes? Si está jugando a eso de las bromas telefónicas déjeme decirle que es un…
–¿Isabella? –la voz de Reneé me refrenó. –¡Cariño! Ugh, sabes que no me gusta cuando se te escapan las palabrotas. –Me reí ante su tono de regaño, siempre la hacía sonar infantil.
–¡Me aparecía que me estaba llamando un número desconocido! ¿Qué esperas que piense al respecto? ¿Y tu teléfono? –refunfuñé.
–Esto, eh –tartamudeó, esperé con paciencia, conteniendo una risita –te juro que el cargador no lo perdí, ¡huyó de mí! Debería comprarme una cajita para guardarlo… Pero se me da mal eso de la organización, creo que debo comprar un repuesto –se excusó.
–Más te vale –sonreí. –¿Cómo va todo?
–Phil está bien, sabes cómo es esto de las ligas… Espero que su equipo quede para la segunda división en el partido de no sé qué –de Reneé supongo que saqué lo anti–deportista, ella soltó una carcajada. –¿Y tú como vas con la terapia, cielo?
–Hoy hice algunos ejercicios de fuerza, y en la próxima sesión me pondrán en una bicicleta de manos para ejercitarlas, y esa máquina movería simultáneamente mis piernas, espero que funcione.
–Ya verás cómo saldrá todo de bien –pude sentir su sonrisa detrás del teléfono. –Te dejo, cariño, Phil estaba usando el microondas cuando salí, espero no quemar la casa.
–¡Huye por tu vida! Adiós mamá, te quiero.
–Adiós, cielo. Te amo. –Y entonces cortó.
Un pequeño vacío quedó en mí, y como supe que no había nada más que hacer, decidí asearme, despedirme de Charlie, e irme a leer acostada.
Sería una larga noche.
…
Carlisle, Esme y yo estábamos sentados en el comedor de nuestra nueva casa. La mudanza había sido bastante sencilla, habíamos alquilado un camión de mudanza, pero sin los servicios de los dueños de la pequeña compañía. Podíamos hacer entrar todos los muebles más rápido de lo que ellos conseguían ir al baño. Todavía tenía un gusto amargo por lo que había pasado con la chica por la tarde, creo que ambos nos habíamos espantado al vernos, creo que fue mala idea en ir en ese horario a visitar a Carlisle.
–¿Qué piensas? –me preguntó mi papá.
–Estoy preocupado por ella –negué con la cabeza, sonriendo. ¡Estoy preocupado por una completa extraña! Alguien a quién he visto tres veces en mi vida. ¿Cómo podría ser eso justificable?
–Estará bien, Bella es muy fuerte, ¿sabes? Creo que es la mujercita más tenaz que he conocido. Me alegra mucho tenerla como paciente, sé que saldrá adelante –su voz se desvaneció con suavidad, dejando de fondo "Welcome to the jungle", los chicos debían de estar jugando Guitar hero, de nuevo.
-Emmett es un idiota, ni siquiera la toca bien –Esos pensamientos eran de Alice, sin duda. -¿Acaso no sabe perder?
–Creo que es normal que te preocupes por ella –susurró Esme –no creo tener un hijo sin corazón…
–Supongo –murmuré dejando la conversación hasta allí. Necesitaba saber si ella estaba bien, sólo eso…
Esme y Carlisle se despidieron mentalmente y subieron al segundo piso de la fachada. En cuanto se pusieron de pie, les seguí, pero esta vez entré al despacho de Carlisle, sigilosamente. Busqué el archivo de Isabella, o bueno, a ella le gustaba que le dijeran Bella. Busqué su dirección, y apenas la encontré guardé con cuidado los papeles.
Bajé las escaleras y salí de la casa, al amplio patio que ahora nos rodeaba.
–Alice, ¿qué te pasa? ¿Qué ves? –la voz de Jasper reflejaba la más pura preocupación.
–No les diré nada, idiota. Ve a verla, nada malo ocurrirá –Su voz interna destilaba suficiencia. Solté una risita, y decidido en un mil por ciento, corrí, dejando que el aire penetrara en cada uno de mis poros.
Cuando llegué a su casa, comprobando el sector dónde me la había encontrado la otra vez, me asomé por la ventana que ella había dejado abierta. No tuve necesidad de subir, su casa era de un solo piso, bastante conveniente para su condición. Traté de convencerme de que no soy un psicópata, pero mientras antes me acostumbre a su aroma, mejor. No puedo permitirme una idiotez en la universidad, pues ella sería mi compañera.
Bella estaba dormida, con su cabello enmarañado y sus mejillas sonrojadas. La ternura logró hinchar mi corazón. ¿Qué estaría soñando?
Me distraje. Un murmullo mental provenía de la habitación contigua. ¿Serían los sueños de su padre?
En su sueño, estaba con Bella en terapia, afuera llovía, y estaba solo en el cuarto con ella, además de mi padre. Él soñaba que Bella estaba sentada en su silla, con las manos crispadas sobre las posaderas a cada lado de ella. Al frente se encontraba Charlie, para contenerla por si caía. Ella se puso de pie, y al mover un pie detrás del otro, se dio cuenta de que podía caminar de nuevo… Ése parece ser el único anhelo de su padre…
Eso me entristeció.
Pero, de pronto recordé que no vine a observarlo a él. Bloqueé toda distracción posible y me quedé observando a aquella frágil humana de corazón cálido y fuerza inacabable, que de un momento a otro, le dio un vuelco a mi oscura existencia.
¡Se pone interesante la cosa! Muahaha. Sigan leyendo para ver qué ocurre en el siguiente, querrán darme un abrazo, les aseguro :')
¿Les gustó? ¿Críticas, dudas, comentarios? Juju.
Un abrazo a todas por sus alertas, reviews, favoritos, ¡me alegran el día y cuando los leo me da un súper taldo! :')
Eso es todo, cambio y fuera…
¡Mordiscos!
-Vale.
¿Adelanto? si lo quieren vayan al grupo de fb, link en mi perfil :D
