Adaptación de la novela "El hijo secreto de Slade" de Elizabeth August.
Los personajes de Bleach pertenecen a Tite Kubo.
Gracias: shyta: gracias por leer, normalmente actualizo los viernes en la noche o los sábados en la mañana, key-18: gracias por comentar, espero que este capítulo también te guste, Haibara20: gracias por leer y comentar.
EL SECRETO
Capítulo 7.- Peligro
Eran poco más de las doce del día cuando llegaron a Inuzuri. En el garaje, Soi Fong hizo un esfuerzo por fijarse en las personas que cargaban y descargaban los coches. Había soñado con Byakuya esa noche y tuvo que reconocer que la atracción física que había sentido por él en el pasado seguía igual de intensa. Al llegar al coche de su madre, Byakuya le ordenó que se agachara para que no la viera nadie mientras él abría la puerta. Obedeció de mala gana y entonces le llamaron la atención los zapatos de Byakuya; seguidamente continuó mirando hacia arriba, las fuertes columnas que formaban sus piernas embutidas en los jeans. El fuego de la pasión despertó a la vida. Furiosa consigo misma, apartó la vista de Byakuya y la fijó en el suelo de cemento del estacionamiento.
Una vez sentados en el coche, Soi Fong sintió algo que la inquietaba… algo que había visto en el suelo justo debajo de su puerta. En ese momento Byakuya estaba sentándose en el asiento del conductor.
—¡Espera! —Soi Fong le agarró de la muñeca antes de que pusiera la llave. —He visto un cable fino debajo de la puerta. —Hizo una pausa y añadió. —Es el tipo de cable utilizado en la bomba del coche que estábamos tan seguros de que Aizen había ordenado colocar.
—Si no te equivocas, no podremos saber lo que la haría estallar. Quédate quieta y llamaré a la policía. —le ordenó Byakuya.
Soi Fong vaciló.
—Si me he equivocado, quedaremos en ridículo.
—Mejor prevenir que curar. —contestó.
Soi Fong sacó el móvil del bolso y marcó el número de la policía.
Los artificieros llegaron inmediatamente y enseguida encontraron el explosivo. Estaba debajo del capó, conectado para explotar cuando arrancaran el coche.
—Casero pero efectivo. —les dijo el capitán de los artificieros.—Hoy en día puede hasta encontrarse cómo fabricar una bomba casera en Internet.
El detective Ukitake llegó en ese momento.
—Parece como si alguien estuviera detrás de usted. —dijo mientras colocaban la bomba en un contenedor especial y se la llevaban.
—Yo diría que es evidente. —contestó Soi Fong en tono seco.
Ukitake la miró con indulgencia.
—Sigo pensando que Ulquiorra Cifer era el verdadero objetivo cuando la dispararon. Quienquiera que lo hiciera fue un profesional. Esta bomba es obra de un amateur, al igual que cuando intentaron atropellarla. Con un poco de suerte, podremos averiguar los componentes de esta bomba y conseguir una descripción del comprador. —Hizo una pausa. — Creo que es hora de que me deje ver esos expedientes. —dijo en tono autoritario.
—Todavía no. —dijo Soi fong quien decidió seguir investigando por su cuenta.
Ukitake la miró con cara de pocos amigos.
—No me gusta esto. Esa bomba no ha sido ninguna broma. —se volvió hacia Byakuya.— Podría haberlos matado a los dos.
Byakuya miró a Soi Fong. Quienquiera que fuera el asesino, cada vez hacía cosas más peligrosas. No quería que Soi Fong se arriesgara más.
—Tiene razón. ¿Quieres que Kaoru se quede huérfano de padre y madre?
A Soi Fong se le empañaron los ojos.
—No puedo acercarme a mi hijo hasta que no pillen a este lunático. —se volvió a mirar al detective Ukitake.— Si le paso los expedientes que nos quedan, ¿cuándo se ocupará de ellos?
—Mañana tengo que estar en el juzgado todo el día y tal vez también a principios de la semana que viene, pero empezaré a ocuparme de su caso en cuanto termine de testificar. —le prometió.
—¿Y no podría mirarlo otro detective antes? —le preguntó Byakuya.
—Todo el mundo está doblando la jornada de trabajo. Llévese a la señorita Soi Fong a algún lugar seguro. Yo le prometo que me dedicaré de lleno a su caso en cuanto esté libre.
Soi Fong apretó los dientes.
—Llámeme cuando tenga tiempo de empezar. Si para entonces no he averiguado quién está detrás de mí, me pensaré el entregarle los expedientes.
—Usted ocúpese de averiguar la composición del artefacto. —Dijo Byakuya.— Yo me quedaré aquí con ella.
Uno de los artificieros se les acercó.
—Ahora ya puede conducir el coche sin peligro. —le informó a Byakuya.
Ukitake los miró a los dos.
—No quiero que les ocurra nada a ninguno. Si no fueran policías, consideraría el encerrarlos por ocultar información. Pero eso no serviría de nada. —les dijo resignado.
Byakuya y Soi Fong se alejaron de allí, Byakuya con la vista fija en la carretera.
—Vamos a seguir las instrucciones de Ukitake. Voy a llevarte a algún sitio seguro y vas a quedarte allí hasta que averigüe quién está detrás de ti.
Sólo de pensar que Byakuya pudiera morir por culpa suya, Soi Fong se estremeció.
—Tú te vas a casa a cuidar de nuestro hijo. Yo voy a terminar esto sola. —le respondió ella con aspereza.
—¿No creerás de verdad que haría eso?
—Pues es lo que yo quiero. Como dijiste, no sería justo que Kaoru perdiera a sus dos padres. Si te quedas conmigo, podría pasar precisamente eso.
—Mira, es mejor que lo hagamos los dos juntos. Al menos así podremos protegernos el uno al otro.
Soi Fong reconoció que tenía algo de razón, pero aun así no estaba convencida. También sabía que no serviría de nada seguir discutiendo con él y finalmente cedió de mala gana.
—Nuestra primera parada será en la oficina de la policía de Inuzuri.—dijo Byakuya.— Llamé a un amigo que tengo allí mientras los artificieros desactivaban la bomba. Nos van a prestar un detector de micrófonos ocultos. Tal vez la persona que te persigue haya colocado micrófonos en tu casa y en todos los coches. Eso explicaría cómo han localizado este coche. Y si lo han hecho, lo han escondido bien. Miré por todas partes después de que quitaran la bomba y no encontré nada.
Poco tiempo después, entraron en un garaje donde los recibió el agente Urahara. Después de examinar el vehículo, no encontraron ningún micrófono.
—Los micrófonos son muy caros. No creo que quisiera que explotara también con el coche. —miró el dispositivo que Byakuya tenía en la mano—. Comprueben el coche cada vez que lo pierdan de vista. —les dijo Urahara.
Le dieron las gracias y se marcharon.
Byakuya se aseguró de que no los seguían y encontró un motel a las afueras de la ciudad. Pidieron comida a un restaurante de comida rápida y se la tomaron en su habitación.
Mientras comían, Soi Fong ojeó los dos expedientes que quedaban; descartó uno de ellos y abrió el segundo.
—Madarame Ikkaku debió de averiguar que fui yo la que descubrió la cuenta bancaria oculta y esas escrituras de la propiedad inmobiliaria. Tuvo que darle a su esposa un cuarto de millón más en el acuerdo de divorcio.
Byakuya ojeó la otra carpeta. En su rostro se dibujó una expresión de incredulidad.
—¿Este Uryu Ishida te contrató para averiguar si su esposa estaba maltratando a su perro para poder quedarse con la custodia del animal?
—Algunas personas están tan apegadas a sus animales de compañía como otras a sus hijos. —Se encogió de hombros.— Pero no sé por qué he sacado ese expediente, porque después de enterarse de que su mujer se portaba bien con el animal, se quedó tranquilo. —La lista de sospechosos se está haciendo cada vez más pequeña.—dijo Soi Fong.
Descolgó el teléfono marcó el número de Mizuho Asano. No contestó y Soi Fong no quiso dejar ningún mensaje en el contestador que pudiera conducir al asesino hasta ella.
—La contactaremos mañana. Estoy demasiado cansada para hacer nada más esta noche.
Soi Fong se terminó la cena y se tumbó en la cama.
—Dúchate tú primero. —le dijo a Byakuya.
Soi Fong se quedó mirando el techo de la habitación y el ruido del agua de la ducha despertó en ella viejos recuerdos… recuerdos de un tiempo en el que se habría metido en la ducha con él. Aspiró temblorosamente y dejó volar su pensamiento hasta el primer beso. Una sonrisa agridulce asomó a sus labios. Había sido una sorpresa para ambos. Después del breve abrazo que habían compartido mientras perseguían a Aizen, Byakuya se había mostrado con ella más frío que de costumbre. Y ella se había dicho que era lo mejor. Lo último que había deseado era liarse con un hombre que adoraba a su esposa muerta.
Entonces recordó la noche en la que habían ido a arrestar a Aizen. Se había producido un tiroteo y había conseguido escapar. Soi Fong se había expuesto demasiado. Después, Byakuya la había llevado aparte y le había leído la cartilla por ponerse en la línea de fuego.
—Tal vez sea un machista. —le había dicho él.
A Soi Fong le habían sorprendido sus palabras; pero aún más la emoción que percibió en su voz.
—Pero no quiero que te hagan daño. — añadió Byakuya.
Ella lo había mirado con orgullo y desafío. De repente el orgullo se había desvaneció y le habían empezado a temblar las piernas. Él la miró con sus ojos oscuros y aterciopelados y Soi Fong notó que se hundía en una oscura profundidad que creía inexistente en él. El calor se había vuelto más intenso, hasta que Soi Fong apenas había podido respirar. Byakuya había dado un paso hacia ella y al momento Soi Fong estaba entre sus brazos y sus labios se unieron.
Incluso en ese momento, años después, la pasión aún despertó a la vida animada por el recuerdo.
La sonrisa en sus labios se hizo más pronunciada. Ambos se habían quedado anonadados. Durante un rato tan sólo se habían mirado el uno al otro y entonces Byakuya se había marchado sin decir ni palabra. Qué pena que ella no lo había dejado allí. Al momento siguiente pensó en Kaoru. Él merecía la pena el precio que había pagado.
Como Aizen había continuado suelto, se habían visto obligados a seguir trabajando juntos. Pero Byakuya había mantenido las distancias con ella y se había mostrado incluso más frío.
Durante una semana se había debatido entre el deseo y la razón. Jamás había sentido algo tan intenso con un beso. Y además estaba el fuego que había visto en sus ojos. Había sido tan ardiente, que sólo de pensar en ello se había sentido desfallecer.
Por una parte, había pensado que su frialdad se debía a que verdaderamente se arrepentía de aquel lapso momentáneo y que no sentía nada por ella; aunque por otra parte, creía que había conseguido romper la barrera que protegía su corazón y que Byakuya tenía miedo de que esa barrera cayera si seguía viéndola. Al final, la esperanza de que fuera lo último había prevalecido.
Había empezado a coquetear con él, muy sutilmente, pero coqueteo al fin. Él lo había ignorado. Ella había intentado convencerse a sí misma que no funcionaría, que mejor sería olvidarse de él. Pero cuando lo veía sentía algo especial. Finalmente llegó al punto de que cuando él entraba en un sitio, Soi Fong se estremecía de deseo sólo con mirarlo.
Incapaz de soportarlo más, había decidido terminar con aquella locura de una vez por todas. Había estado segura de que un segundo beso sería la solución. El primero había sido inesperado, emocionante, una sorpresa… El segundo sería planeado, mundano… y terminaría con aquel estúpido enamoramiento.
Fue un jueves por la noche. Optó por no llamarlo y se presentó por sorpresa en su casa.
Byakuya no se había alegrado de verla.
—¿Te importaría invitarme a pasar? —le había dicho al ver que él no se movía.
Él se retiró lo suficiente para que no lo rozara al entrar.
—¿A qué has venido?
—Es un experimento. No, en realidad no. Es más un exorcismo.
Él había arqueado una ceja.
Soi Fong había sentido vergüenza y había estado a punto de echarse atrás, pero ya había ido demasiado lejos como para darse la vuelta.
—Es por el beso. —le dijo ella.
Byakuya no había dicho nada; había seguido mirándola con expresión hermética.
—Sé que parece una chiquillada, pero no soy capaz de dejar de pensar en ello. Quiero besarte una segunda vez.
Su actitud distante debería haber sido suficiente para detenerla, pero no había sido así. Su necesidad de saborear de nuevo sus labios había sido demasiado fuerte.
—Sé que no te interesa hacer esto, pero no es por ti, es solo por mí. Sólo quiero olvidarme de ti.—le dijo ella.
—No quiero ningún tipo de relación sentimental. —había dicho Byakuya retrocediendo.
—Yo tampoco. Al menos, no contigo. Sé cómo adoras a tu primera esposa. ¿Crees que me gusta soñar contigo? ¿Estar distraída por culpa tuya en el trabajo? No te pareces en nada al tipo de hombre con el que querría casarme. Quiero a una persona sensible, dulce, cariñosa. Tú no eres más que un bruto. Oh, tienes buenos modales y eres educado. Pero eres duro y frío. Sólo quiero acabar con esto y seguir con mi vida.
Byakuya había continuado sin moverse.
Ella se había acercado a él y le había colocado una mano en cada hombro. Se había puesto de puntillas para llegar hasta sus labios. Esperaba que estos estuvieran fríos, pero cuando los besó estaban tibios. Y había pensado en darle un beso breve. Pero en lugar de eso, cuando sus labios habían rozado los de él, había querido seguir besándolos y disfrutar de su sabor.
Entonces Byakuya la había rodeado con sus brazos y había añadido su fuerza al beso.
El resto había sido una sucesión de instantes cargados de erotismo. Ninguno de los dos había vacilado; fue como si sus cuerpos pertenecieran el uno al otro y el razonamiento los hubiera abandonado totalmente.
Después, Byakuya se había sentido mal. Demasiado tarde se había dado cuenta de que ella era virgen y Byakuya se había disculpado por arrebatarle eso.
Soi Fong le había contestado que ella lo había deseado a él tanto como él a ella y que lo que había pasado era más culpa de ella que de él. Después de todo, ella había sido la que había ido a su casa. En el fondo, hubiera deseado estar enfadada consigo misma por ceder a la pasión y no esperar hasta la noche de bodas, pero le había parecido tan maravilloso, tan bueno.
Byakuya le había dejado muy claro que no tenían ningún futuro juntos. Su corazón, le había dicho, pertenecía a Hisana y a nadie más.
Sin embargo, ella había continuado como si nada hubiera ocurrido y Byakuya se había mostrado claramente aliviado de que así fuera. Entonces él había contraído la gripe, una muy mala que le tuvo dos semanas en casa. Ella no había sido capaz de mantenerse alejada y había insistido en quedarse con él hasta que se hubiera curado. Él había sido brusco con ella y la había tratado como a una intrusa. Pero Soi Fong no había sido capaz de marcharse. Sabía que lo preocupaba que ella quisiera una relación sentimental con él.
Después de eso ella se había puesto enferma. Su madre se había mudado a Inuzuri y Soi Fong vivía sola. Para sorpresa suya, Byakuya se había presentado a su puerta y había insistido en cuidarla. Y se había mostrado muy amable.
Soi Fong cerró los ojos y gimió. Había sido esa ternura la que la había animado a pensar que podría llegar a quererla. Ella había querido tener un romance con él y después de decirle que entendía los límites, él se había mostrado dispuesto.
—El problema fue que yo no fui sincera con él. Estaba segura de que podría rebasar esos límites. —se dijo en tono molesto mientras cerraba el grifo.
Entonces se secó y se fue a la cama. Había aprendido una lección muy importante que no olvidaría.
Continuará..
Espero que les haya gustado el capitulo, si pueden dejen un review.
