7. Cambios
Las hojas se rompían a su paso, causando mas desesperación por el ruido al crujir, se levantaban echas polvo tras él; podía visualizar a lo lejos la escuela, como una mancha obscura y casi borrosa, debido al cansancio que le embotaba los sentidos. Descendía por el bosquecillo saltando los troncos viejos, rocas enormes, sintiendo en sus espinillas el golpear de las ramas. El dolor corporal y la humillación eran demasiado grandes para posibilitar correr. Si se movía, era por el simple instinto de sobre vivencia.
Boris terminó dejándose caer del árbol, sosteniéndose de la rama mas baja que encontró. Sus piernas temblaron ante el impacto con el suelo, se había permitido caer de muy alto, tras recuperar la respiración siguió persiguiendo a Yuriy corriendo, en vez de saltar de rama en rama. Aún así no lo alcanzaría, lo supo desde el primer instante al ver la velocidad de esas piernas bien torneadas que tanto le gustaban, pero se idolatro de tan solo causarle ese temor inhumano al pelirrojo, sonrió, intentando recuperar aire paró completamente, posando las manos en las rodillas para recuperarlo a bocanadas. Miró que a sus pies había varias manzanas, pasivamente tomó algunas, metiéndolas dentro de su camiseta, acaricio el pequeño bulto que habían formado los frutos, miro nuevamente hacia donde Yuriy se alejaba, su sonrisa perversa no tardo en formarse, continuando su paso hacia el colegio.
Sus sentidos bajaron la señal de alarma, descendió la velocidad, no dejo de correr hasta que las palmas de sus manos se posaron en los enormes tabiques sin pintura de la barda de la escuela, recupero aire inhalando profundamente, el dolor que le había provocado en la espalda baja estar con Kai era casi insoportable, cerró los ojos, apretó las mandíbulas, sintió ganas de gritar, Kai se había ido dejándolo después de que casi de forma inocente, pero con todas las ganas que le había exigido su cuerpo, se había entregado.
Para colmo, su humillación de haber sido abandonado luego de ser usado, se intensifico al saber que había sido observado por Boris, en realidad, no había corrido por temor a recibir una golpiza, sino a esos ojos burlones, las palabras hirientes, seguramente ridiculizaría su entrega…el que hubiera estado con otro hombre, porque en cuanto Kai se fue, comprendió que no había sido algo mutuo, lo que fue tan terriblemente placentero, se había convertido en la mas profunda decepción. Estaba harto de sentir dolor de la burla y el abandono.
-¿Cansado de ser estúpido, o por correr sin sentido?
Sus músculos se tensaron, muy lentamente, con el gesto fiero, miró hacia arriba, donde Sergei, Iván, Ralf y Max estaban recargados viendo hacia abajo. El rubio más alto por un instante se lamento de haberle dicho eso. Un salto, la punta de los pies y los dedos que se metieron diestramente en las rendijas de los enormes tabiques, la velocidad había sido demasiada, y la sorpresa mayor, Sergei apenas si pudo notar en que momento Yuriy había subido la barda, y de paso, le había impactado la cabeza contra su barbilla.
El golpe duro en el suelo le hizo reaccionar, retorciéndose del dolor en la espalda, se tomó la barbilla. Al instante que sucedió Ralf, Max e Iván se soltaron de la barda, cayendo trastabillando por el impacto en las plantas de sus pies, que no pudieron soportar su peso desde esa altura, cayendo de nalgas. Yuriy terminó de saltar la barda, sintió el dolor en las piernas, pero se irguió derecho, imponente, sus pupilas se empequeñecieron, su semblante sombrío erizó la piel de los muchachos que tenían abiertos los ojos.
-No se metan en mi camino.
No era una amenaza, sino una advertencia. Y Sergei era la prueba. Se levantó acomodándose la quijada, abrió y cerró las manos, sintió como si un hilillo le recorriese desde la comisura del labio hacia la garganta, las yemas de sus dedos le indicaron que era sangre. El calor se elevó como una marejada en todo su cuerpo, su respiración se agitó.
-Voy a matarte… Estas muerto Ivanov.
Iván sonrió con malicia, Sergei solía ser tranquilo, pero si había alguien más, tan bueno como Boris en pelea cuerpo a cuerpo, era su compañero. Lo que más preocupo a Max es que el pelirrojo lucía demasiado tranquilo para estar a punto de pelear con un muchacho que le sacaba tres cabezas. El primer golpe, fue lanzado por el rubio, Yuriy solo se movió hacia un costado, para jalar el brazo que había sido enviado a golpearle, usando la fuerza de su contrincante para halarlo, asestó un rodillazo en la boca del estómago, Sergei se dobló, Yuriy elevó el brazo cuando se lo permitió la elasticidad de sus músculos. El primer golpe con el codo fue en la base del cuello, el segundo a media columna. Cuando Sergei estuvo en el piso, sin compasión alguna le pateó las costillas, Max cubriéndose los ojos suplicó que parase. Iván y Ralf simplemente, seguían con la boca abierta sentados en el suelo.
El pelirrojo dio varios pasos atrás, elevó la barbilla, sonriendo de forma sardónica, haciéndolo audible. Recuperando aire, Sergei sintió la tierra derraparse entre sus manos que colocó en el suelo, para darse soporte y poder levantarse, el dolor en la columna le recorrió cada nervio, erizándole la piel, tosió, sus costillas eran como cuchillas que parecían perforar sus órganos internos. Él mismo estaba sorprendido de que Yuriy le hubiera vencido tan rápido, pero en vez de levantarse, miró a Max e Iván, el rubio pecoso sumió la cabeza en los hombros, Iván tragó saliva, asintiendo una vez con la cabeza, Yuriy simplemente giró sobre sus talones para irse, pero tuvo que parar a arquearse, sin remedio, cuando un proyectil de piedra había impactado en su espalda. Con el seño fruncido, la mirada ensombrecida, hizo temblar a Max, quien incluso dejó caer la resortera al suelo.
-No seas imbécil, Max-gritó con desesperación Ralf.
Yuriy se acercó a pasos agrandados al rubio de menor estatura, quien se había arrojado al piso, segundos antes de que llegara Yuriy hasta si, y cuya mano ya estaba lista para golpear el rostro Max, quien torpemente tomo la resortera con la mano temblorosa. Como de costumbre, con un impecable tino, golpeo la frente de Yuriy con la roca. Aturdido, el pelirrojo cerró los ojos llevándose una mano a la parte adolorida, la otra, no paró su trayectoria. Max cayó con un golpe seco al suelo, retorciéndose de dolor, al borde de las lágrimas, sosteniéndose la mejilla.
El hilo de sangre que recorrió la frente del pelirrojo, se anidó alrededor del orbe derecho, la cuenca blanquecina donde reposaba la azul pupila se tiñó de una delgada capa carmesí, el ardor hacía que cerrara el ojo, la mezcla de emociones, el dolor físico, le nublaba el juicio, comenzó a marearse. Iván aprovechó el instante, lanzándose contra sus piernas, Yuriy cayó insalvablemente, su cabeza golpeó con el piso, Iván desenredó los brazos de las piernas, para ponerse sentarse sobre su vientre, para asestar puñetazos a la cara. Simplemente no podía creer lo que sucedía, Yuriy le había alcanzado a tomar las manos, se giró sobre él dejándolo abajo, las manos fueron atrapadas por las rodillas del pelirrojo, y era Iván quien estaba recibiendo los duros y consecutivos puñetazos en las zonas del cuerpo al alcance de Yuriy.
Y no hubiera parado, de no ser porque a lo lejos, como hipnotizado sin ver algo más alrededor, Kai caminaba hacia la zona que estaba prohibida para los alumnos. La ira se incrementó, tomó los cabellos de Iván, al escuchar que Ralf corría hacia el para atacar, elevó el cuerpo Iván, arrojándolo a los pies del de cabellos morados de mayor estatura. Yuriy iba directamente tras Kai, pero no alcanzó a dar mas de tres pasos cuando Sergei con el peso de su cuerpo entero, lo había estrellado contra el piso.
-Ahora si estas…- el codazo en su rostro, el cuerpo delgado que con agilidad se deslizo para girarse y asestar un rodillazo en la entrepierna, le hizo callar.
-Hablas mucho, haces poco- Yuriy lo empujó para quitárselo de encima, se levantó para escupirlo con desdén, esquivó el golpe de Ralf, tomándolo del cabello lo hizo hacia atrás aprovechando la trayectoria contraria, consiguiendo que su espalda se doblara lastimosamente, para después golpear un costado del cuello con el puño cerrado, pateo con la suela del zapato el muslo, y así lo tenía de nueva cuenta en el piso, sin aire luego de las consecutivas patadas que le dio en el vientre y costillas - son patéticos…
El sonido de aplausos le hizo girar la cabeza, estaba demasiado nervioso, pero pudo controlar su turbación.
-Bravo Yuriy… ¿sabes que así es como logré hacerme el líder del grupo?... los vencí a todos a la vez- los ojos de Boris centellaron con recelo- Levántate idiota… y mírame que te mostrare como se hace-ordenó a Sergei. El rubio apretó los dientes, él estuvo a punto de tener el liderato, de no ser porque Boris lo depuso en ridículo luego de dejarlo en condiciones deplorables.
-No te metas Boris… destrozare a esta pelirroja estúpida- hablaba con cierta dificultad, intentando olvidar como latía entrepierna dolorida, y su boca acalorada hinchándose
-Ivanov es mío- Espetó casi gritando Boris, y él mismo no supo porque arrojar esa exclamación, le hizo sentir la extraña sensación de estar asustado con decir esa frase frente a otros, cuando por lo regular simplemente significaba que era su presa.
-Vengan los dos si quieren…- Yuriy sonrió con burla- son poca cosa para mí… esto es hasta sencillo.
-¿Qué tal los cinco?-Ralf, tras Yuriy, golpeo detrás de las rodillas, se le doblaron, intentó ponerse en pie, Sergei, recargó la rodilla y las manos en el piso, estirando la otra pierna para golpear el vientre del pelirrojo, sin aire, Yuriy terminó en el piso. Sergei apretó el puño, y con todo el coraje reprimido de no haber podido hacer nada antes, echó su peso hacia enfrente para asestarlo en Yuriy. Iván sonrió, ese golpe seguramente lo noquearía. Yuriy cerró los ojos… el golpe nunca llegó.
-Te dije que era mío… no lo toques- dijo Boris, mirando a Sergei casi como si le tuviera asco, mientras el rubio se retorcía en el piso por la patada en las costillas- y tú, no desafíes mis órdenes…- miró a Max, que se empequeñeció, Ralf e Iván le esquivaron la mirada. Hubo un largo e incómodo silencio, solo roto por la respiración esforzada, pero controlada, de Yuriy al ponerse en pie, quedando frente a Boris, ambos erguidos, retadores. Boris abrió los ojos de más al darse cuenta de algo, sus compañeros realmente le temían a Yuriy, por eso no se movían de donde estaban y si habían peleado con él, era por el simple código que se habían inventado entre ellos de castigar, incluso al líder, si se pasaba de listo con alguno integrante. Con el tiempo, Yuriy se había convertido en parte del grupo, a su muy exótica manera los seis eran ya amigos, compartían las historias de su vida o de terror bajo la cama, el temor a entrar al baño a solas en la noche, los juegos eróticos descubriendo su sexualidad…el hecho de haber detenido a Sergei, quien se supone por norma muda en el grupo, estaba aplicando el castigo por haber atacado a alguien dentro del equipo, significaba que Boris estaba aceptando que Yuriy era intocable, protegido por él… y por tanto tenía algún tipo de autoridad mayor que la suya.
Por otro lado, a Yuriy se le ocurrían ideas entretenidas para destrozarles el día a los maestros, director y otros alumnos, sin ser inculpados, porque utilizaba más la cabeza que la violencia como Boris. Y Boris mismo había, sin querer, aceptado esa especie de liderato del pelirrojo en el grupo, cuando estaba Yuriy, lo que sugería, se hacía como si lo hubiera ordenado. Solo hasta este momento se dio cuenta, si los demás no le llamaban "jefe" a Yuriy… era porque parecía que él mismo tuviera una especie de lucha interna que lo obligaba a estar solo, sin estar todo el tiempo con ellos, Boris… se había convertido en una especie de suplente al que se obedecía cuando Yuriy no estaba presente. Ivanov sin saberlo si quiera, había ganado desde mucho antes, el respeto de todos, sin necesidad de hacer la dichosa prueba de valor y coraje que en este momento, de todas formas, había pasado con honores al vencer la mayor parte del equipo en el terreno de golpes.
-¿Pero entonces?... –preguntó Iván- ¿Ahora quien es el líder?
-Yo- dijeron al mismo tiempo, Boris frunció el seño, Yuriy sonrió de medio lado.
-¿Podemos jugarlo a la suerte?- preguntó con cierta timidez Max, sobándose la mejilla.
-Una pelea, el que gane…- la mirada de los cuatro sobre Iván le hicieron cerrar la boca, la verdad es que ninguno deseaba pelear, y Yuriy aceptó para sí, aunque nunca lo hiciera ante ellos, que los usó para desquitar su frustración.
-No necesito a un grupito ridículo- espetó Yuriy al final.
Y por la forma con cierto toque condescendiente en que Boris le miró por un momento, supo que le adivinó el pensamiento al haberlo visto todo. No era que Yuriy no deseara tener el liderato de sus amigos… implícitamente ya lo tenía. Pero era el que algo en su interior lo incomodaba, y sabía que no hallaría en ellos la respuesta.
-Yo no sé porque te empeñas en hacerlo todo tan solito- sonrió Boris de medio lado- porque hasta para revolcarte sobre la mesa del parque, desnudo, con tanto frío, nosotros te hubiera hecho buena compañía en grupo para darte calor…
Yuriy se puso pálido, sus puños dejaron de estar apretados. Boris se había atrevido a decirlo frente a todos, con esa mirada burlona, la sonrisa mordaz que tanto odiaba, las risas a coro que siguieron a la de Boris, los comentarios hirientes que no se hicieron esperar… y esa sensación de desolación que nuevamente lo invadió. Su rostro se suavizó, eliminando el gesto duro y retador. Los irises azulados por un instante parecieron apagarse de repente. Boris paró la risa, provocando que al instante los demás cesaran. Yuriy giró en su eje, y el de ojos verdes no supo que decirle para dejar de ver la espalda que se alejaba de ellos.
-Jefe… creo que ahora si te volaste la barda de torpe- Iván se preocupó porque el golpe en la cabeza, que Boris le daba para callarlo, nunca llegó.
Las peleas físicas entre ellos ni siquiera eran anormales, era la forma en que Boris los controlaba a ellos, y básicamente a la escuela. Aunque con Yuriy ninguno de los otros se hubiera peleado jamás, bajo cierto temor de no saber de que era capaz el "raro" muchacho solitario. Aún así sabía que una pelea no podía alejarlo, pero esta era la segunda vez que Boris lo ridiculizaba en público, eso sin duda, si era un excelente repelente. Lo peor era que con los meses en que Yuriy había estado con ellos, a todos terminó agradándoles su exótica forma de ser.
-¿Yura?
Echó la cabeza hacia atrás, deseando que fuera mentira, no deseaba que esa voz, ese día, en ese instante, estuviera tan cerca.
-¿Qué haces aquí?
-Pero… por todos los dioses… ¿Qué te ha pasado?
-¿Qué haces aquí?-repitió fastidiado, no le daba gusto ver a Brooklyn, quizás en otras circunstancias. Cualquier otro hermano, hubiera ofrecido ir a pelear para saldar la cuenta de quien hubiera lastimado a su familia, hubiera quizás intentado revisarle las heridas… Brooklyn se carcajeó.
-¿Cómo es posible que hayas quedado así?... No se quien fue, pero tengo que conocerlo, en todos tus años de peleonero desde la escuela primaria, nadie habían podido ni tocarte.
Yuriy gruñó, aún tenía el ojo cerrado, los golpes comenzaban a enfriarse y doler. Con su sonrisa falsamente dulce, Brooklyn lo alcanzó.
-No te enojes Yura… mira que he venido para estar contigo.
Yuriy se detuvo, abriendo el ojo que ardía por la sangre que tenía dentro, lastimando más la frente al arrugarla por sorpresa. No deseaba que Brooklyn pasara por lo mismo que le estaba sucediendo a el… dormir en una cama vieja, casi sin colchón, entre un millar de niños, con la ropa interior con moho, los baños públicos, los chicos mal educados. Yuriy pensaba que tenía quizás lo que merecía. Brooklyn… no sabía si lo merecía o no, pero simplemente en su mente la idea de Volcov tocándolo, o alguien lastimándolo…
Los días en donde el infierno comienza cuando los actos simples se hacen pesados…
-Solo unos días, tranquilo, lo que pasa es que las vacaciones están cerca, yo exenté exámenes así que papá pensó que como tengo el año casi exento, podía faltar. Papá consideró que necesitabas compañía y me envió… y veo que si me necesitas urgentemente… -Yuriy suspiro más tranquilo, para seguir caminando, Brooklyn como de costumbre continuó su monólogo-mamá habló hace un rato, ¿sabes? Te vocearon y no fuiste, el director esta muy enfadado porque descubrió que tú robaste unas listas de asistencia y se escaparon de clases muchos alumnos-
Yuriy crujió las quijadas, recibiría el castigo por culpa de Kai, y para colmo tendría que controlarse con Brooklyn cerca.
-Calma… hice un trato con el señor Vladimir, como sabrás soy un genio en matemáticas- sonrió sin pudor alguno- así que, a cambio de que no regañara por esta, a mi hermanito lindo- intentó tocarle el hombro, Yuriy le manoteó- en el examen Nacional le pondré el nombre de algún alumno de la escuela, y él pondrá el mío, así seguramente ganara tu escuela su primer premio, que no lograrían sin mi ayuda,
¡Como odiaba que fuera tan seguro de sí mismo!... no comprendía como alguien podía ser tan amado y halagado por ser presumido. Quería a su hermano, ¡pero a veces era tan fastidioso!
-¿Qué hora es?- susurró Yuriy, más para sí mismo. Brooklyn miró su reloj
- Seis veinte… creo que ya sonó la llamada de la cena. Tengo que irme, papa y yo estamos quedándonos en una posada cerca, vendré a verte un rato diario, porque a papá no se lo permitieron.
Yuriy no estaba escuchando, su mente se enfocaba en un solo nombre, tenía que encontrar a Kai, aclarar el panorama, porque no podría volver a su familia, luego de lo que había hecho con tanto deseo y descaro… realmente ansiaba que fuera simple sexo, pero algo se había removido realmente en Yuriy, no por ese día, la realidad es que se lo había estado negando, pero en todos esos meses, a pesar de ser parte del grupo de Boris, nunca perteneció a él. Cuando estaba con ellos Kai constantemente aparecía en su mente, no comprendía las negativas rotundas de su amigo a tan solo acercarse a ellos.
Y otra verdad que tenía que aceptar, es que con nadie se sentía más tranquilo que a su lado. Compartían los gustos en música, de ver la sociedad de forma crítica a pesar de su joven edad, el carácter hosco, orgulloso, la soledad, y descubrió que Kai era un verdadero amigo con quien se podía disfrutar del silencio, y podían comprender lo que quería decir el otro con un simple cambio en la mirada, el movimiento de las cejas, los labios… la boca que adoraba desde antes de haberla besado.
-No se me permitió matricularme porque soy mayor que tú- dijo amargamente Brooklyn, Yuriy observó que el talante triste de su medio hermano era real- yo… quería estar contigo.
Se preguntó si ese particular sentimiento de calidez en su pecho, podía ser lo suficiente grande para abrazarlo. No estaba acostumbrado a las muestras sinceras de afecto, y se inquirió seriamente si de verdad Brooklyn le quería. No se movió de su sitio, Brooklyn sonrió, pero tenía los ojos tristes, los cerró, ladeando la cabeza con la más dulce y sincera de sus sonrisas. Si Brooklyn tampoco se movió es porque temía ser rechazado. La falta de comunicación era demasiado evidente, ni siquiera sus gestos sabían leerlos. Sin duda. La incertidumbre de no saber si realmente eran apreciados dolía.
Despidió a su medio hermano con un asentimiento de cabeza; después de asearse y curarse lo mejor que pudo, cuando Yuriy entró al comedor, La mayor parte de los estudiantes estaban sentados, terminando la cena. Buscó a Kai con la mirada, Boris disimuladamente también buscó lo que fuera que Yuriy tuviera tanto empeño en hallar. Yuriy lo vio deslizarse cual sombra rápida, como de costumbre, siendo el último en sentarse en la mesa más alejada del rincón, solo. Infló los pulmones, el aire excesivo lo había hecho marearse ligeramente. Tragó saliva, pero decidido, se puso en pie.
-Siéntese, joven Ivanov-Replicó Volcov irritado, desde la mesa principal. Yuriy no obedeció, pero se quedó parado en su sitio.
-¿Para que vas a comer solo, Yuriy?- se atrevió a decirle Boris, en tono muy bajo, como petición de que se quedara, estaba sentado al lado de Iván, quien regularmente se sentaba frente a Yuiriy.
-Voy allá
Boris frunció el entrecejo viéndose amenazante, dirigió la vista hacia la mesita, levantando la cabeza para intentar esquivar las innumerables cabezas de alumnos, que quitaban visibilidad hasta la primera mesa al lado de la puerta, con el fin de ver con quien iba Yuriy.
-Deje la bandeja- dijo tranquilamente Volcov- a dónde usted irá, es a su dormitorio sin cena-Por un instante Yuriy no se movió, los sonidos de los trastos, las cucharas golpeando el plato o bocas y los murmullos, cesaron, esperando a ver si el pelirrojo desafiaría a Volcov.
-Casi y hasta se escucha el parpadeo- sonrió tontamente Iván, Boris le dio el golpe en la cabeza para que se callara, el mundo volvió a tener movimiento. Yuriy dejó la bandeja, para sorpresa de sus amigos en la mesa.
-Lo siento señor- Kai desde lejos, le reprochó con la mirada el que se hubiera disculpado, pero fue peor aún… Yuriy ni siquiera le dirigió la vista cuando pasó frente a él rumbo a la salida del comedor. Kai, con el gesto serio, escarbó con el tenedor en la masa amarillenta que era alguna especie de guiso. Boris se puso en pie, aunque no lo suficiente para ser detectado por el director, Kai frunció más el seño, cerrando los ojos, no deseaba ver como la mirada verde seguía buscando en su mesa, qué es lo que causaba tanto interés en el pelirrojo…
Tenía hambre. Estaba golpeado. Castigado. Solo.
Ya habían pasado quizás diez minutos desde que lo habían mandado a su habitación sin cenar. El día se le había antojado demasiado extenso. No desayunó, porque escapó con Kai, y los huevos que habían robado de los gansos, fueron utilizados para cuestiones no gastronómicas. Tampoco comió, se había pasado el resto de la tarde paseando con Kai, después huyendo de Boris y peleando.
Mientras caminaba por la larga fila de camas de en medio, de las tres que estaban en la habitación, paró en la cama de Boris, había algo distinto al acostumbrado desorden en su pequeño espacio. Un bulto bajo la almohada. Importándole poco, la levantó, una sonrisa surcó sus labios. Lo suficiente grandes, jugosas, sintió casi como aterciopelada la cáscara de las manzanas que tenía en manos.
-Gracias- dijo sonriendo con burla, dando el mordisco a una de las tres. Raramente podían comer fruta, el delicioso sabor dulce del fruto le hizo añorar el campo nuevamente, lo dejó degradarse con la lengua, mordiendo el primer bocado lo menos posible. Yuriy estaba recostado en la cama de Boris, se sentía mal, se había desnudado en pleno bosque, con un frío que helaría los huesos, de no ser porque deseaba mucho a Kai, con nadie mas se hubiera permitido eso. Sumándose la falta de comida, había enfermado, sentía las manos hinchadas, mas por el flujo rápido de la sangre caliente que por haber peleado, sus sienes palpitaban, tenía escalofrío, y ese malestar que da en la nariz húmeda aunada a una garganta dolorida y seca. Se sentía débil. Seguramente si alguien deseara golpearlo, Yuriy ni siquiera tendría la fuerza necesaria, o más bien la voluntad, de evitarlo.
-¿Sabe bien?
Sin mirar a la persona que le había hablado, dio otro mordisco a la manzana, Kai se sentó a su lado, colocó una mano del otro lado de donde se encontraba, para inclinarse y entrar al campo visual de Yuriy.
-Tampoco comí…- los ojos rojizos, a pesar de la oscuridad, parecían brillar. Yuriy deseaba permanecer ajeno a ello, y aunque su semblante lucía frío, el golpeteo de su corazón le hizo saber que su calor corporal subiría más. Kai se acercó lentamente a la mano que sostenía la manzana, abrió la boca ladeando la cara, para dar una mordida pequeña a la manzana, el jugo recorrió la mano de Yuriy, perdiéndose la gota en la camiseta de manga larga, cuando Kai dio la primera masticación, la salivación de Yuriy se activó, como si el mismo estuviera comiendo en ese instante.
Una gota de jugo mezclada con saliva, se le derramó a Kai por la comisura de la boca, el cosquilleo en el bajo vientre de Yuriy le viajó hasta los muslos, dirigió la vista a otro lado, sin percatarse apenas, Kai limpió la manzana con el dorso de la mano. Simplemente no comprendía el enfado de Yuriy hacia él.
-"¿Cumpliste tu cometido y ya no tengo algo interesante que ofrecer?", pensó en preguntar Kai, pero cuando rudamente tomó con una sola mano, las mejillas de Yuriy, soltó otra cosa-Estas ardiendo en fiebre… y te golpearon… no pude evitar irme- se disculpó, frunció el entrecejo, sintiendo el golpe de la culpa por haberlo dejado solo… pero es que no había podido impedirlo realmente. A las seis de la tarde tuvo que partir de su lado.
Yuriy le manoteó la mano para que dejase de tocarlo.
"Eres un maldito falso asqueroso"- apretó los labios para no soltar el reclamo, cerró los ojos para evitar que el mareo se convirtiera en vértigo.
-Voy a cuidar de ti.
Yuriy frunció el entrecejo, eso había sonado como obvia orden, no era una sugerencia. Pero a pesar del tono de indiferencia con que fue dicho, lo sintió como lo más calido… sólo su padrastro, que era la persona que más le había brindado afecto, lo había dicho con tanta sinceridad en la mirada.
-"¿Qué sientes por mi, Kai?"- deseó preguntarle, a pesar de que lo veía en sus ojos, temía que fuera solo una idea suya, y no la realidad- "En que estoy pensando…los hombres no preguntan ese tipo de cosas, menos a otros hombres" Vete ya… me fastidias- soltó en vez de la pregunta, dándole la espalda.
Se exaltó cuando no sintió la ausencia, sino por el contrario, la mano pesada de Kai se posó sobre su cintura, recorriendo su cuerpo hasta el hombro.
-Kai… no soy homosexual… vete ya-Tragó saliva para no turbarse con sus palabras.
-Tampoco yo- la voz de Kai era demasiado segura para ser mentira. Yuriy cerró fuerte los ojos. Kai se recostó, acoplando su cuerpo por detrás, al del pelirrojo, apretando la cintura en el abrazo que le daba para unir más sus cuerpos- Pero de todas formas… hoy me quedo contigo- susurró Kai, Yuriy no lo apartó.
Fue la forma en que como acuerdo mudo, estaban aceptándose formalmente… si tenían que llamarlo de alguna manera. No habría momentos melosos donde se declaraban los sentimientos mutuos, todo sería tal como eran ellos, conciso, complejo y a la vez directo, en silencio. El instante era agradable… de no ser por las manos de Kai que empezaban a moverse más de la cuenta.
-Estoy enfermo…- dijo como indicación de que no deseaba hacer nada, al menos por ese día, no pudo evitar una ligera sonrisa cuando, a pesar de su advertencia, Kai hundió la boca en el cuello de Yuriy, provocándole un agradable cosquilleo. A pesar de la negativa, Kai también sonrió triunfal, cuando Yuriy ladeó la cabeza para darle más espacio.
-Es… que…pienso… quitarte…la… fiebre…-entre cada palabra, anteponía la lengua en la piel, para dejar un beso húmedo hasta que llegó a la comisura de la boca, los labios calientes del pelirrojo giraron hacia él. Kai abrió mucho la boca, para atraparle los labios, y succionarlos lo suficiente fuerte para crear un vacío.
La boca estaba abierta, el muchacho de cabello en dos tonos se removió para lograr que Yuriy quedara debajo de sí, mientras ladeaba el rostro, para que el ángulo le permitiera introducir la lengua más profundamente. Sintió el jugoso músculo de Yuriy masajear el suyo, el pelirrojo absorbió la lengua de Kai dentro de su boca, apretando los labios para retenerla, cautiva, la masajeo con fuerza con su propia lengua, el de orbes rojizas gimió, restregando su cadera sobre la de Yuriy.
-No… espera…- empujándole los hombros, Yuriy apartó a Kai- Yo no quiero que…- tragó saliva, no sabía como explicar que no deseaba de nuevo sentir ese dolor tan terrible entre las piernas, aunque no negaba que fue enloquecedoramente placentero. Kai elevó la ceja, esperando a que continuara sus palabras, odiaba profundamente que lo interrumpieran cuando el estaba haciendo algo que le gustaba. Solo por que lo detenía la "cosa" que le gustaba, Kai no hizo algo violento o se iba ofendido.
Yuriy movió la pierna, para que las de Kai se abrieran, elevó la rodilla, el muchacho de arriba cerró los ojos, el masaje suave que le daba la dura rodilla de Yuriy en una parte tan sensible, era demasiado agradable, elevó más una pierna, recargó los codos, quedando casi a gatas sobre el pelirrojo. Yuriy desfajó la camiseta de Kai, metiendo las manos para acariciar la piel fría, cuando iba a llegar al pecho, Kai le retiró las manos, tomándole las muñecas con una sola, las llevó sobre la cabeza pelirroja. Yuriy frunció el seño, con una sonrisa divertida, preguntándole con la mirada la actitud extraña. Kai estaba muy ocupado desatándose el cinturón con la otra mano, sorbiendo la saliva de la boca de Yuriy, y recibiendo el masaje con la rodilla, como para percatarse de la interrogación de su amante. Algo que particularmente, dejaba más divertido a Yuriy. ¡Cuánto le gustaba esa despreocupación por el mundo en general que Kai tenía!, adoraba la capacidad que tenía para perderse exclusivamente en lo que a él le interesaba… y lo que más le agradaba, era saberse en ese instante, lo que ocupaba la atención de Kai, ser su exclusivo interés.
De un solo jalón retiró el cinturón, Yuriy abrió mucho los ojos… no, simplemente no quería que se lo hiciera de nuevo… o si quería, pero no deseaba que alguien entrara y los viera en la cama de Boris, y otra vez ser objeto de burla cuando Kai desapareciera yendo quien sabe dónde.
-¿Joven Ivanov?
Yuriy safo sus manos, tomó los hombros de Kai, usando la rodilla que tenía entre las piernas de su ahora pareja, con ayuda de todas sus extremidades, lo arrojó por el aire para alejarlo de sí, Kai se quejó cuando calló al piso, Yuriy se incorporó para sentarse en la cama.
El abad elevó la ceja, apenas iba entrando y se encontraba con el pelirrojo recostado en una cama que no era suya, recargado sobre sus codos, las mejillas enrojecidas, la respiración rápida, el cabello desarreglado. Vladimir, parado en la puerta, negó con la cabeza, mirándolo con reproche, más aún al ver su cinturón desabrochado. Yuriy le siguió la vista, ni siquiera se había dado cuenta cuando Kai lo hizo, sintió su cara arder más de vergüenza que de fiebre, aunque no lo hubieran visto con Kai, de todas formas se pensaría que su mano era la que había hecho el trabajo de ponerle en ese estado, Kai seguía en el suelo, se había recostado tranquilamente mirando hacia el techo, esperando a que Yuriy se tranquilizara.
-Tiene una llamada- Volcov miró que Yuriy estaba tan pasmado, que no se movía- en mi oficina… no existen los teléfonos portátiles, ¿Sabe?, y soy un hombre ocupado.
-Entonces por que vienes en persona por él- susurró Kai, Yuriy se exaltó poniéndose en pie, carraspeando, recuperando su gesto frío, para disimular, por fortuna parecía que Volcov no había escuchado a Kai, porque les dio la espalda caminando hacia fuera como indicación de que Yuriy le siguiera.
Yuriy tomó el teléfono, observando como Boris estaba en una esquina de la oficina de Volcov. Si bien le habían dicho que no tomaría llamadas a solas, no tenía razón de ser que además del dueño de la oficina, estuviera otro compañero… en particular ese.
-¿Yuriy?- dijo la mujer nerviosa, del otro lado del teléfono, al escuchar la respiración de quien había tomado la bocina. Sara no podía soportar más no solo la ausencia de su hijo, sino el que no supiera comprender que todo lo había hecho por él… a excepción, por supuesto, del motivo por el que había sido enviado lejos- Contéstame… sé que estas ahí, o al menos escúchame…
Lo siguiente que Sara escuchó fue el sonido del teléfono colgarse, siempre era lo mismo, la negativa de Volcov, o la respiración que le decía que Yuriy aún estaba vivo y no quería hablarle.
Apretó los ojos para cortar el recuerdo, regresando a la realidad, se vió arrinconado de forma insospechada por Volcov.
-Será mejor que no se me acer…- su voz fue ahogada ante el agarre en su mandíbula
-Modere su lenguaje, señor Ivanov. No se equivoque conmigo, no es mi intención que el joven Kusnetzov presencie exceso de violencia, por supuesto usted tampoco, pero me temo que no hay otra posibilidad de educación mas que la mano férrea, que sus padres no aplicaron.
-Usted no es nuestro padre-la voz de Boris sonó lejana, incluso movió tan poco los labios que Yuriy dudó que hubiese hablado. Soltó el rostro de Yuriy, tomándolo del brazo lo giró, levantándolo, para empujarle el torso y azotar la parte frontal, en el escritorio, Yuriy cerró los ojos, su cabeza no había caído de la mejor manera, ya eran demasiados golpes en un solo día.
-Pero me los han dejado para corregir algo que ellos echaron a perder. Entiéndalo, joven Kustetzov… los abandonaron aquí, soy lo único que realmente tienen seguro…mi educación, por tanto mi castigo.
Ambos tragaron saliva, los músculos tensos de Boris se relajaron, Yuriy dejó de forcejear, elevó la vista… abrió a sobremanera los ojos cuando miró que Kai también estaba en la habitación, en la esquina contraria frente a él. Debió de haber entrado cuando le dio la espalda a la puerta y tomó el teléfono.
-"Es tan fácil lidiar con ellos… manejar su diminuta mente y derrotar su resistencia dominando su autoestima"-pensó el abad- Déme aquel bastón que adorna la pared-Boris titubeó el primer paso, los siguientes los dio con seguridad. El bastón estaba colgado horizontalmente sobre Kai, en una repisa, junto con una pequeña urna que parecía ser oriental; el de cabello en dos tonos no se movió ni medio centímetro para impedirlo, solo veía tristemente al pelirrojo, Boris se paró al lado de Kai sin siquiera dirigirle una mirada, bajó el bastón entregándolo a Volcov.
Yuriy cerró los puños, jamás le había golpeado un adulto ajeno a su madre-Ese fue la advertencia-Había sido en la cadera. Kai giró la vista para no ver lo que seguía. Volcov terminó de quitar el cinturón de Yuriy, bajando el pantalón, observó el delgado pero bien formado trasero del muchacho-los siguientes le dolerán en serio.
Yuriy no opuso resistencia, su mente estaba perdida en el hecho real, de que a sus casi dieciséis, sus padres lo habían abandonado a la voluntad de otro sujeto, porque no desearon educarlo ellos mismos, porque deseaban de alguna forma que desapareciera de sus vidas dejándolo en manos de otro. Y él ya no podía hacer nada al respecto, más que respetar las supuestas reglas, dejarse inmerso en ellas, sin importar las consecuencias, porque la persona que ahora sabía, amaba, no le correspondía, pues miraba sin moverse como le maltrataban, y su supuesto amigo, se dedicaba a ayudar al abad a castigarlo para no ser castigado
Decidió que arriesgarse a romper las reglas significaba tener nuevamente tanto dolor como el que estaba sufriendo en ese momento, ante los golpes constantes del bastón, que enrojecían, amorataban… rompían la sensible piel, y sus uñas que le hacían daño al clavarse en las palmas para soportar la decadencia de su ser, el dolor. Lo soltó, Yuriy con los ojos acuosos, pero sin emitir una sola lágrima de dolor o gemido, se dejó caer de costado en el suelo, deseando retorcerse, se limitó a ponerse en una posición fetal mientras subía sus pantalones, temblando de ansiedad para controlar su respiración y no le vieran tan debilitado. Volcov acomodó el bastó, a su lado, Kai cerró los ojos con el seño fruncido, sus puños apretados era lo único que demostraba su frustración bien reprimida.
-Señor Ivanov, ha salvado al joven Kusnetzov al acaparar mi fuerza y atención en usted… es un buen amigo-el semblante frío del hombre fue sustituido por una ligera sonrisa-espero que halla aprendido lo importante que es la disciplina… y no pelear como perros en mi escuela, retírense a sus camas.
Yuriy se recargó en las palmas de sus manos, levantándose con dificultad. Boris notó como se filtraba la sangre a través del pantalón blanco, salió de la habitación, esperándolo afuera, Yuriy agitó el brazo que intentó sostener Boris para ayudarle a caminar
-Déjame ayudarte
-¿Aún más?...aléjate de mi
-Yuriy… ¿No comprendes que tuve que hacerlo para protegerte? No sabes de lo que es capaz ¿Qué no sabes que se dice que ahogo al estudiante de la piscina por desobedecerlo?
-Claro… sabías de antemano que el bastardo nos llamaría, por eso no peleaste conmigo… para que me castigara a mí
-Imbécil… Yo ni siquiera sé desde donde vio
Boris no tenía idea de por qué tenía la necesidad de disculparse por algo que realmente no había hecho, otro estudiante que había visto todo fue con la historia a Volcov, Boris fue llamado como deponente del castigo.
-Tienes razón… no eres tan inteligente para planear algo así
-Oh… pero seguramente tú lo eres como para ofrecer tu trasero para que lo penetre en vez de que lo golpee… ¿o no, pequeña ramera?
Caminaban lento, Yuriy inútilmente simulaba normalidad al caminar, pero le era sumamente difícil, y su mirada pendenciera había desaparecido, ni siquiera contestó la agresión verbal de Boris como acostumbraba.
-"¿Dónde quedó el ímpetu de ese tipo?"-pensó Boris-"sus hermosos ojos azules, de alguna manera, han dejado de centellear con las simples palabras de Volcov… ¿o será algo mas?- recordando sus propias palabras, se golpeo la frente, efectivamente había pensado que los ojos de ese muchacho eran hermosos… algo no andaba bien, comenzaba a sentirse enfermo, porque no hallaba otro nombre a la sensación que Yuriy le provocaba-"Por mi que se vaya al demonio…que me importa lo que le pase, es su culo, es su vida, si los quiere destrozados no me interesa".
Se recostó boca abajo, debió de haber pasado mucho tiempo inconciente, inclusive la sangre en su cabeza había parado, formando una leve costra que palpó en el nacimiento de su mata de cabellos rojizos.
-Les odio -apretó la cara en contra de la almohada, sintiendo el claro nudo en su garganta. Soportaría el dolor, el sentimiento de decepción, la humillación, tanto actuales como futuras, sin una sola lágrima, porque los muchachos no lloran- les odio tanto-Su pantalón fue levemente bajado, giró la cabeza con pereza, no tenía deseos de luchar como lo había hecho días anteriores. Bajo el lema "que me pase lo que tenga que suceder" no opuso resistencia.
-Kai…-el nombrado rozó los labios de Yuriy con las yemas de los dedos, para que callara, si lo reconoció fue por la clara silueta en la oscuridad, apenas alumbrada por la luz del baño eternamente encendido, y los ojos de pupilas rojizas que perpetuamente parecían abrazados por llamas. Dejó un recipiente con agua al lado de Yuriy, y colocó un pedazo de tela en su mano, retiró levemente la ropa interior, colocando otro paño humedecido sobre la piel herida. Yuriy se retorció, gimiendo levemente de dolor. El otro paño lo puso en la frente que ardía en fiebre.
-Sé que molesta, pero ayudara después a desinflamar y quizás baje la fiebre-dijo Kai, con su voz queda y profunda
Hablaba, juzgó Yuriy, como si lo hubiera pasado por experiencia propia, las comisuras de los labios del pelirrojo bajaron levemente, en un gesto de tristeza, de corazón deseaba equivocarse y Kai no hubiese tenido una vida como la suya. Cerró los ojos, estirando la mano para tocar la de Kai, fue inútil, cuando abrió los ojos, Kai se había ido, y todos los demás chicos del dormitorio entraban.
-Ese infeliz me abandona también…los odio a todos…a todos…-susurró innumerables veces, cerró los ojos, cambiando con dificultad el paño, sintió mareo, quizás por el golpe no atendido en la cabeza. Tenía frío.
Alcanzó a removerse, para taparse con la delgada sábana, si él mismo había aceptado dejarse humillar por Vladimir Volcov para que este episodio no se repitiera, jamás mostraría esa debilidad a alguien más. Inevitablemente sólo alguien que en fuera de sus posibilidades juveniles, era superior a él, sería capaz de abusar de su condición.
Hay momentos en la vida, en que un solo episodio de nuestra existencia, puede romper el delgado saco de huesos y sangre que somos. La aguja había rasgado la tela, y Yuriy se desmoronaba, sin percatarse que en ese instante, algo en su interior había revolucionado por completo.
