Perdida

Mejores amigos

Freddie

Estaba exhausto, moría por acostarme en mi cama, cerrar los ojos hasta el día siguiente, donde comenzaba mi rutinaria vida. Aunque debía admitir que ya no me parecía tan molesto trabajar, aun me costaba acostumbrarme a mi nuevo puesto. Mi madre hubiera estado orgullosa de mí, ella era la que más confiaba en mis habilidades. Ella había muerto tan repentinamente, su corazón falló sin razón aparente, ella solo se quedo dormida y al día siguiente no despertó.

Nadie puede imaginarse el dolor que siento todos los días al no tenerla a mi lado… al no tener a esas dos mujeres que me hacían sentir vivos. Me costó mucho sobrellevar la muerte de Sam, pero la muerte de mi madre fue la gota, todo en mí cambio.

De pronto, sentí el suave tacto de una mano, intentaba borrar los rastros de lágrimas. Ni siquiera lo había notado. Me giré solo para encontrarme con los ojos más hermosos que había visto en años, ese azul me cautivaba y me tranquilizaba. Isabel tenía un efecto en mi muy familiar, era como si ya la conociera.

-¿Puedo saber qué te sucede? –Me preguntó con una sonrisa dulce en sus labios. Su tacto cálido me llenaba de paz y una tranquilidad que no pensaba conseguir.

-Solo estaba recordando a mi madre y a la mujer que marco mi pasado, y que nunca olvidaré –susurré mirando fijamente el suelo. –Su nombre era Samantha, ella era mi novia hasta que murió… -mi voz se quebró, no podía evitarlo, aun me dolía su perdida. –Y mi madre, Marissa…murió hace dos años.

La vi morderse el labio y fruncir el ceño, sabía que no era fácil dar consejos y menos cuando el tema resultaba ser tan doloroso para una persona, la entendía perfectamente bien, no necesitaba palabras de aliento porque no la conseguiría nunca. Sin embargo, ella se acercó a mí y esbozó una pequeña sonrisa antes de hablar.

-¿Sabes? Algo que me anima mucho cuando estoy triste es viajar al cielo y caer en picada… sé que necesitas –cuando dijo eso no pude evitar sorprenderme, conocía bien sus palabras. "Viajar al cielo y caer en picada"… eso significaba… -No aceptaré un no por respuesta.

Entrelazo sus dedos entre los míos y comenzó a llevarme hacia elevador, no puse resistencia en ese acto, tampoco me importó que alguien nos observará puesto que la oficina estaba desolada. Esperamos varios minutos hasta llegar al sótano, donde Isabel guardaba su auto. Jamás podré explicarme como puedo sentir tanta confianza en esta mujer; sí, es hermosa y más, pero apartando eso, me sentía muy bien con ella y sabía que me escucharía. A solo semanas sabía que era especial, en tan poco tiempo se convirtió en una gran amiga.

Isabel tenía una sonrisa en el rostro mientras manejaba hasta la feria, en cambio, yo me sentía cada vez más afligido. Sin embargo, tenía que dejarlo atrás y avanzar. La vida me la había quitado y de eso nada podía cambiar, murió y era hora de seguir adelante. Cuando llegamos a la feria, sentí la presión familiar en mi pecho. En este lugar le dije a Sam que estaba enamorado de ella, que ya no era una simple atracción y ella me regalo la sonrisa más hermosa que recuerdo.

-Hey, Freddie, mira esto… -su voz me sacó de mi letargo. –Buenas noches, ¿Cuánto por subir…?

-Dos tickets… -respondió un señor sin mirarla.

-Toda la noche –dijo ella animada.

El señor levantó la mirada y arqueó una ceja.

-Yo diría que 500 dólares y al menos que seas millonaria, dudo que puedas pagarlo –Isabel comenzó a reír, debo admitir que me extrañaba su actitud.

-Bueno, ¿Qué le parece cinco mil dólares? –El anciano casi se infarta, como yo. Esta mujer estaba loca.

-Diría que puede dormir en el si quiere…

-Perfecto… -respondió Isabel complacida. –Ahora vamos –susurró con una sonrisa en sus labios.

Subir de nuevo a la rueda de la fortuna me trajo recuerdos, todos y cada uno de ellos. Mis ojos se llenaron de lágrimas más no permití derramarlas, solo quería superarlo.

-¿Sabes? No recuerdo la última vez que me subí a la rueda de la fortuna –susurró Isabel con la mirada perdida en el horizonte. –Solo sé que aun era adolescente…

-¿A qué te refieres? –Tenía que preguntar, ella era una incógnita para mí.

-Ya sabes que soy adoptada y todo eso… -susurraba sin apartar los ojos de sus manos, yo solo pude asentir aun sabiendo que ella no me veía. –Antes de eso… no recuerdo nada. De mi pasado solo recuerdo retazos, algo roídos debo admitir… lo primero que tengo en mi cabeza es ese pedazo de papel, señalándome como una paciente más de un hospital psiquiátrico.

Mis ojos estaban centrados en ella, no habían lágrimas, pero si una profunda tristeza.

-Pero no me importa, no estoy interesada en mi pasado. Siento que fue malo, muy malo y le hice daño a muchas personas –está vez me miró a los ojos. –Tengo miedo de recordar a una persona en especifico, sé que le hice daño y me da temor saber quién es…

-Quisiera decirte que te entiendo, pero eso sería una gran mentira –susurré sin apartar los ojos de los suyos. -¿Sabes que ayuda? –Ella me observó interesada-. Solo acuéstate y mira el cielo.

Me dejé caer en el pequeño cajón, solo faltaba… Perdí el hilo de mis pensamientos, ¿Cuál es la probabilidad que existan dos personas tan iguales? Ella se había dejado caer sobre mí, estaba de espaldas, tal como le gustaba a Sam. Su cabello rubio me hacía cosquillas en el mentón y por varios segundos me costó concentrarme en mi verdadero propósito, observar el cielo estrellado. No sé cuánto tiempo estuvimos así, acurrucados sin mediar palabra alguna, solo disfrutando del momento.

-¿Cómo se llamaba? –Preguntó con voz adormilada.

-Samantha… bueno, le gustaba más Sam –susurré de igual forma.

-Esa chica fue afortunada al conocerte, debiste hacerla feliz –dijo con una sonrisa, lo sabía por su tono de voz.

-No creo… le fallé, desconfié de ella –susurré con dolor en mi voz. –Ella está muerta por mi culpa… porque debía estar a mi lado y no atrás… debí ser yo…

-Shh, no te preocupes más… no fue tu culpa –me detuvo con preocupación. –Todos nos equivocamos alguna vez… todos…

El viaje de regreso a la ciudad fue silencioso, solo se escuchaba el suave ronroneo del auto y uno que otro suspiro por parte de ella. Cuando se detuvo frente a mi edificio, ella me observó con cautela y luego sonrió.

-Fue bueno conocerte más, Fredward Karl Benson –susurró abrazándome. –Eres algo así, como mi mejor amigo.

-Para mí también. Descansa y no llegues tarde –ella comenzó a reír.

-Jamás… Buenas noches –cuando cerré la puerta del coche, me despedí de ella.

Me giré lentamente y saludé al portero, pero antes de entrar, me detuve y mis ojos se abrieron de sorpresa. ¿Cómo rayos sabía mi nombre completo? Jamás lo había dicho… Negué con la cabeza y me dije a mí mismo "paranoico". Seguro lo había visto en mi expediente, ¡Qué tonto!