Jk, a Belle la mueve la venganza, por supuesto. La venganza y la perversidad innata para el oscuro.

Aquí tienes tu continuación, Kykyo.

Itsa, con tiempo tendrás todas tus respuestas. En lo personal, creo que hay que probar un poco de todo. Belle tenía más sentido para el oscuro que otros en esta trama.

MyM, tengo intención de meter muchos flashbacks, no temas.

Polo. La Emma de este fic es fría y analítica la mayor parte del tiempo. Si bien es a la vez muy pasional, no va a cometer un sólo riesgo no calculado para con Regina. Todo está medido, por mucho que le duela... al menos de momento.

Dark, Regina ya planeó lanzar la maldición, y Emma se basó en su idea para Storybrooke. Tiene algunos cambios, pero en esencia es la misma ciudad.

Regina, hay que aceptar a nuestra Belle como es, perversa y descorazonada. Es más sencillo así.

Red, el problema (Tal como nos enseñó la serie), es que si no han despertado los sentimientos que Regina siente por Emma, el beso no funciona. El amor tiene que ser por ambas partes.

Yuri, creo que lo narré en el episodio pasado. Se marcharon e hicieron cositas.

Bueno Sam, de momento nuestra Regina no ve a Emma de ese modo, no recuerda lo mucho que la desea. Pero todo llegará.

Barca, siento la espera, pero aquí tienes el episodio. Llevo muchos activos a la vez.

Guest, no te preocupes. Ya le cogerás rabia a Blanca.

dcromeor... sabes que siento bastante debilidad por Cora. Y si bien no ahora, sé que le encontraré salida.

Waji, no se abandona ninguna historia. Ahora tengo menos que escribir, las actus llegaran antes.

Mika... deseo concedido.


Emma Swan

Cuando Cora abrió los ojos, viva una vez más, no pudo evitar observar cuanto había a su alrededor. Sus ojos se clavaron en los míos. Había muerto debido a la edad, y sin embargo ahora parecía joven. Me miró a los ojos.

_ Te he traído de vuelta porque necesito que ayudes a tu hija._ le dije, mirándola.

_ ¿Ayudar a Regina?_ Preguntó.

Sus ojos se humedecieron. Tener el corazón dentro del pecho no debía ser fácil después de haber estado toda su vida sin él.

_ Tu hija no recuerda quién es._ Dije, mientras me acercaba a ella._ Necesito que lo haga. Cuanto antes mejor. Por eso te he traído. Regina es mi prometida.

_ ¿Tu prometida?_ Preguntó, mirándome.

_ Soy una princesa… si es eso lo que temes.

Sabía bien qué hacer para caldear a esa mujer. Ella buscaba que Regina fuese grande, que tuviese un trono en el que sentarse. Era predecible.

_ Tú eres la nieta de Leopold…_ Dijo, mirándome._ ¿Acaso traicionas a tu madre?

_ Blancanieves no es mi madre._ Dije, muy serena._ Ella me separó de Regina, y nada me complacería más que hacerla sufrir con mi felicidad.

Cora puso su mano sobre mi mejilla, y extendió una larga sonrisa.

_ Finalmente… tengo ante mí a la nuera perfecta. Ten por seguro que haré todo lo que pueda para que tengas una vida larga y feliz junto a mi hija.

Sí, así empezaban las cosas. Cora necesitaba un nuevo vestuario y un par de lecciones sobre cómo funcionaba el mundo. Pero en cuanto estuviese lista, iba a ser el golpe que Regina necesitaba para recordar quién era.

Bella Gold

El tintineo de las cadenas era adictivo. Hacía tanto que no tenía un prisionero. No había castigado a nadie desde que había matado a Zelena poco antes de la maldición de Emma. Y ahora tenía a Ely ante mí, retorciéndose.

_ ¿Qué vas a hacerme?_ Preguntó, observándome._ Estás enferma.

_ Sólo quiero que entiendas lo que estás estropeando, querida._ Suspiré._ Estás en el camino del amor verdadero.

Eliza me miró como se mira a una loca. Pero yo no tenía problemas. Coloqué la bola de cristal ante Ely, y ajusté la cadena de su cuello para que no tuviese más remedio que observar. Iba a hacerle ver lo que estaba arrebatando a Regina con su lujuria y su desidia. La imagen de la bola de cristal empezó a enfocarse, mostrando uno de los muchos momentos de la vida de ellas dos.

Regina Mills (Flashback)

Abrí los ojos notando el resplandor de la mañana. Era el día más feliz de mi vida. Emma me rodeaba con sus brazos, haciéndome sentir protegida. Me sentía segura por primera vez desde hacía años. Bostecé un poco, incorporándome. Me puse algo de ropa ligera y me dirigí una vez más a la ventana. No podía dejar de sonreír. Noté los brazos de Emma rodeándome. Ella no se había vestido. Lo cierto es que no hacía frío. Yo lo hice por pudor.

_ Estás muy guapa, mi amor._ Me dijo, acariciando mi anillo de pedida desde atrás.

_ Me ves con buenos ojos._ Le dije, besando su mejilla, con ternura.

Emma me tomó de la cintura, insatisfecha, y me dio un beso profundo e intenso. Yo me sentía incapaz de negarme a sus atenciones. Desde que había perdido a Daniel había soñado con sentir una vez más que alguien me hiciera sentir como ella lo hacía en aquel momento.

_ Sólo soy sincera, cariño._ Me dijo, estrechándome entre sus fuertes brazos._ Y ahora, dime… mi amor. ¿Quieres que recuperemos tu reino?

_ No._ Contesté._ En el fondo nunca quise ser reina.

Emma me miró a los ojos y posó sus manos sobre mis mejillas. A decir verdad, juraría que podía ver a través de mí, y alcanzar mi alma con la mirada.

_ ¿Entonces? ¿Qué es lo que quieres, Regina? ¿Cuál es tu sueño?

Unos años antes mi respuesta habría sido claro "quiero el corazón de Blancanieves en un cofre" Pero había llovido mucho desde entonces, yo había cambiado, y ahora, irónicamente, no pude evitar pensar en el sueño que en su día tuvimos Daniel y yo.

_ Quiero criar caballos, mi amor._ Dije, mirándola._ Y ser amazona…

_ Me encantará cumplir ese sueño que tantos años has pospuesto.

Emma sabía de dónde venía ese sueño. Por un segundo pensé que tendría celos, pero no daba esa impresión. Daniel había compartido muchos de mis intereses conmigo, pero no lo hacía sólo por él. Era mi sueño, después de todo. Hacía tanto que no disfrutaba de montar.

1 mes después

Emma Blanchard

La magia siempre aceleraba las cosas. Apenas tardamos unos días en construir la cabaña y el establo. Lo hicimos bien lejos del que en su día fuese mi futuro reino. Teníamos una pequeña habitación, una pequeña cocina. Me sorprendía lo poco que me había costado aprender a vivir como una campesina. Regina cocinaba como los ángeles. Y era una excelente criadora de caballos.

Yo me ocupaba de los tratos comerciales. Se me daban bien las cuentas. Aquella noche llegaba a casa después de un buen negocio. Había comprado dos sementales que nos darían buenas camadas y que además podríamos usar nosotras cuando saliésemos al campo.

Estaba tan ensimismada que no vi el carruaje que había aparcado junto a los establos. Pero no pude evitar ver a los guardias frente a la cabaña. Me miraron, pero no presentaron batalla, se hicieron a un lado. Reconocería a los guardas blancos en cualquier lugar.

Cuando entré en la cabaña, me encontré a dos guardias sujetando a mi prometida, y a mi madre frente a ellos, tenía la mano derecha cerrada con fuerza en un puño. Uno que, por lo que podía ver, había impactado sobre la mejilla de Regina.

_ ¡Suéltala!_ Grité a pleno pulmón._ Te ordeno que sueltes a mi prometida.

Blancanieves suspiró largamente. Sus ojos me miraron, con lágrimas en ellos. No pensaba volver a su lado, y el pegar a la mujer que amaba no iba a ayudarla.

_ Me he cansado de que esta mujer haga daño a nuestra familia._ Dijo Blancanieves._ Ya es hora de que desaparezca.

_ ¿Vas a matarme, Blancanieves?_ La voz de Regina sonó cansada y agotada._ ¿Tanto te duele que sea feliz?

_ Has arrastrado a mi hija a una vida que no le corresponde._ La voz de mi madre sonaba cruel._ Y ahora, vas a irte muy lejos. ¡Donde no puedas volver a envenenarla!

_ ¿Acaso no te das cuenta de que la amo?_ Le pregunté.

Alcé la mano, tratando de apartar a Blanca de Regina, pero el colgante que llevaba reaccionó y bloqueó mi magia. Ignoraba que se hubiese preparado tanto. Pero su odio hacia Regina era tan grande como para hacer cosas como aquella.

_ Crees que la amas. Y vamos a solucionar eso._ La reina blanca suspiró y lanzó lo que llevaba en la mano al suelo.

Fue entonces cuando noté las fuertes manos de los soldados rodear mis brazos. Lo que mi madre acababa de lanzar contra el suelo, era una judía mágica. Pude ver cómo se abría el vórtice. Regina y yo nos miramos. Ella estaba derrotada, pero al mismo tiempo, si mirada aún tenía esperanza.

_ ¡Te encontraré!_ Grité con todas mis fuerzas._ Yo siempre te encontraré.

_ Lo sé, Emma. ¡Te quiero!

_ ¡Y yo a ti!

Grité con todas mis fuerzas, pero nada pude hacer antes de que Regina cayese por aquel agujero, que se cerró, separándome de mi amor. Me dejé caer en el suelo, sintiéndome derrotada.

_ Hemos acabado con esta tontería._ Dijo Blanca, bajando la mirada. Me puso su mano en el hombro._ Nos vamos a casa, Emma.

_ Aparta tus sucias manos de mí._ Dije, dándole un mordisco a sus dedos.

Ella dio un salto hacia atrás y chilló con todas sus fuerzas. No dejaba de ser una mujer débil y patética. Me quité a los soldados de encima y miré a Blanca con la mayor rabia que había sentido en toda mi vida. Me había quitado la razón por la cual vivía, y tenía la decencia de pedirme que me fuera con ella.

_ No voy a ir contigo._ Dije, saliendo por la puerta.

Ella me siguió mientras me dirigía hacia los sementales que había comprado aquella mañana. Pasé de largo junto a uno de los animales, negro como la noche, y me acerqué al que había decidido que sería para mí. Iba a montarme en su grupa, cuando Blancanieves me abordó.

_ ¿A dónde vas a ir si no es conmigo?_ Me preguntó, cogiéndome del brazo._ ¡Soy tu madre!

_ ¡Yo no tengo madre!_ Dije, abofetéandola en la cara.

Ella me miró, presa del pánico. Parecía que acababa de darse cuenta de que lo que Regina me había hecho no era ningún hechizo del que pudiese deshacerse. El amor no era una magia que pudiese romper sólo porque a ella le venía bien que desapareciera.

_ ¡Bravo!_ Exclamó una voz.

Yo me giré, y mis ojos se cruzaron con la que en su día, había sido la mujer del ser oscuro. Sin embargo, a mis ojos quedaba claro que, tras su muerte, ahora ella se había transformado en el susodicho. Mostraba una amplia sonrisa en su rostro plagado de escamas.

_ El ser oscuro…_ Murmuró Blanca, dando un paso atrás.

_ Y un magnífico tutor para la magia, si se me permite._ Se volvió hacia mí._ Para mí sería un honor enseñaros cómo recuperar a vuestra prometida.

_ ¿Haríais eso?_ Pregunté, mirándola.

_ Sería todo un placer, princesa._ Dijo, haciendo una reverencia._ Nadie mejor que yo entiende lo que es que Blancanieves te arrebate a tu ser amado.

_ No puedes ir con ella._ Mi madre estaba horrorizada.

_ En eso… estás equivocada._ Dije, mientras me dirigía hacia Bella._ Intenta detenerme.

Cora Mills

Una princesa… una enemiga de Blancanieves. No podía pedir nada mejor para mi hija. Para conseguirle su trono una vez más. Y haría lo que estuviese en mi mano para que ese final feliz sucediese. Ya le había arrebatado uno a mi hija una vez, y no pensaba quitarle otro. Mientras me acercaba a aquella casa, sentía algo de miedo. Miedo de su rechazo.

Y no pude hacerlo. No me atreví. Y así se lo hice ver a Emma. Estaba demasiado asustada y confusa, y por ello, regresé al coche. Volvía a ser joven, pero eso no me daba confianza. No como para hablar con mi hija. No como para hacerla entender.

Regina Mills

Me pareció ver el coche de Emma aparcado en la entrada cuando llegué. Pero como nadie salió de él, supuse que simplemente había aparcado lejos de casa. Negué con la cabeza y me acerqué al porche. Abrí la puerta con calma y al hacerlo me encontré con la voz de Ely canturreando. Venía del comedor.

Cuando llegué me la encontré con un vestido muy corto, rematado con un escote de pico que no dejaba nada a la imaginación… especialmente porque no llevaba nada debajo. Se acercó a mí, y pude comprobar que su rímel estaba corrido… debía haber estado llorando.

_ ¿Qué te pasa, mi amor?_ Le pregunté, asustada.

_ No quiero perderte._ Me dijo, poniendo las manos sobre mi rostro._ Te amo.

_ Y yo a ti, cariño._ Le dije, algo confundida._ En serio… ¿Qué te ocurre?

_ Me han enseñado que tienes que estar con Emma…_ Me miró y lloró con fuerza._ Pero no quiero que me dejes.

_ Eliza… no digas tonterías._ Le dije, seria._ Tienes que dejar toda esta historia de Emma… soy tu mujer. Llevas mi apellido.

_ Pero eso es porque no te acuerdas._ Sollozó._ Tú y Emma… tenéis unas historia… Y ella es… la otra madre biológica de Gina.

Suspiré. Lo que decía no tenía ningún sentido. Dos mujeres no puede tener un hijo, para empezar. Ely me rodeó el cuello con los brazos y me besó con intensidad.

_ No me importaría ser tu querida… cuando te cases con Emma._ Murmuró, durmiéndose entre mis brazos.

Regina Mills (Flashback)

Cuando abrí los ojos, me encontré en aquella cómoda cama. Al abrir los ojos me encontré en una habitación blanca. Escuchaba un pitido constante. No podía dejar de pensar en Emma. Me incorporé sobre aquella cama y me quité un pequeño objeto que llevaba ceñido al dedo. Mi vestido estaba sobre una silla… una silla que no se parecía en nada a las sillas que yo conocía. Me vestí, aún extrañada de todo lo que había a mi alrededor.

_ Disculpe señora. Pero no está usted lista para darle el alta.

Alcé la vista y mis ojos se tropezaron con los de una mujer vestida de blanco.

_ ¿Dónde me encuentro?

_ Está usted en el hospital general de Boston, señora.