Capítulo 7. La promesa de una rosa azul…
"Todo esto significa que en diez días cuando mi mirada busque este lugar, tú no estarás. Y yo no sé qué es lo que haré entonces. Solo sabré que tú estarás en otro sitio, otro lugar que no tendrá en él memorias de los dos…"*
Dejo el libro que he estado leyendo por varios días de lado y suspiro un poco dramáticamente al pensar en cómo esas palabras me recuerdan de pronto ese adiós que tendré que decirle a Yuri en unos meses más. Meses que se convertirán en semanas, semanas que después serán días hasta convertirse en horas, minutos, nuestros últimos segundos juntos. El final, estoy pensando demasiado en el inevitable final que alcanza a todas las cosas que en este mundo han empezado.
Cierro mis ojos azules sintiendo en mi piel la caricia de los rayos dorados del tibio sol de finales de invierno y trato de tranquilizarme. No tiene caso que me siga torturando con eso, con algo que es inevitable y que yo no podré detener, ningún humano le ha ganado jamás a la marcha del tiempo. No tiene caso que a todas mis preocupaciones actuales tenga que añadirles también esta extraña tristeza que me ataca de vez en cuando, sobre todo cuando la tarde es hermosa y yo estoy solo; sobre todo cuando sé que estoy a punto de ver a Yuri una vez más después de un largo día de escuela sin él y sin su sonrisa que después de los primeros días oscuros que le siguieron a la llegada de la señorita perra a la universidad, había estado un poco apagada, casi ausente, al menos cuando yo no estaba con él.
Sonrío con un poco más de ánimo y abrazo mis rodillas, sintiendo en mi boca el sabor dulce del té verde que la madre de Yuri me ofreció para beber cuando llegué aquí. Estoy sentado ahora en una de las banquitas de madera del jardín de la casa de Yuri, él me dijo que esta tarde tendría que verlo aquí en lugar de en el auditorio para nuestro ensayo y de algún modo me alegra no tener que estar en la escuela más tiempo del necesario.
No, no es que el ambiente sea insoportable pero sí es un poco molesto. Yuri me había advertido que sería de este modo puesto que el mejor talento de la señorita perra es esparcir rumores aquí y allá y vaya que la desgraciada ha hecho alarde de ese talento suyo para inventar chismes a diestra y siniestra. Durante los últimos dos meses, he tenido que soportar que la gente me señale a donde quiera que voy, he tenido que aguantar escuchar risas en el patio y en los pasillos que vienen de los estúpidos de mis compañeros que son lo suficientemente idiotas para creer todo lo que la mujer demente aquella inventa.
Porque eso es lo que ella hace, inventa historias que después se repiten en todos lados como si con ello pudiera destruir lo que Yuri y yo tenemos, lo que Yuri y yo hemos construido, lo que con el paso de los días se ha vuelto más fuerte y profundo a pesar de las palabras y las mentiras que ella y todos los demás que no saben nada que sea verdadero acerca de Yuri y de mí, han intentado destruirlo.
Pero no son las palabras las que pueden hacer un cambio real en las cosas por si solas, las palabras son solo ecos que son nada si alguien no está ahí para darles sentido. Si tú no dejas que esas palabras te hagan daño, no lo harán y por eso he podido protegerme de todas las cosas que la gente dice a mí alrededor, cosas que en realidad son estúpidas y que me hacen dudar de la imaginación de la señorita perra. Es decir, lo más inteligente que se ha comentado esta semana acerca de mí, es que he engañado a Yuri con seis chicos diferentes. La semana pasada fueron siete y el profesor de deportes.
Mi sonrisa se hace burlona en mis labios al pensar en esos patéticos rumores. Si la mitad de esos cotilleos fuera cierto, creo que yo ya sería el más grande gigoló que esta ciudad haya visto alguna vez, pero sé que nada de eso tiene sentido. Esas cosas estúpidas que la gente dice no son mi problema, Chris les ha dicho cosas de verdad horribles a todos los que se han atrevido a decirle algo malo de mí y eso me reconforta un poco. Porque toda esa gente imbécil sabe que no estoy solo y que Yuri tampoco lo está.
Sé que el plan de la señorita perra es hablar mal de mí porque no puede hacer lo mismo que hizo con Yuri en Italia, la gente aquí ama demasiado a Yuri como para creer en cosas estúpidas acerca de él, Yuri es protegido además por su estatus de mejor estudiante, estoy seguro que si el director de la facultad se enterara de un solo rumor que lleve su nombre, éste sería silenciado casi al instante. Es por eso que soy yo el que es el blanco del veneno de Chihoko y aunque a veces de verdad me dan ganas de borrar su estúpida sonrisa de satisfacción cuando por desgracia me la cruzo en alguno de los pasillos de la escuela, he tolerado todo de forma estoica simplemente porque sé que al final del día Yuri estará a mí lado y con sus manos y con sus labios se llevará de mí todo el malestar que he acumulado a lo largo del día.
Además, de algún modo estoy agradecido de que Yuri no sea el blanco de toda esta locura. Yo puedo soportarlo por él, de verdad puedo hacerlo. Aunque es cierto que a veces he terminado llamándole a Mila cuando la rabia dentro de mí es demasiado grande, y que a veces solo quiero llorar cuando alguien me hace caer de bruces en el pasillo porque la nueva moda de mis compañeros es jugar al "pongámosle el pie a Victor Nikiforov para que se caiga ridículamente frente a todos" (como si necesitara ayuda para hacer eso, ja, ja) sé que esto pasará, debe pasar. Tiene que terminarse.
Suspiro una vez más sintiendo tristeza en mi corazón. A veces es difícil. No pensé que Yuri y yo tendríamos que soportar todo esto pero no me atrevo a quejarme. Porque la maravilla de ser quien besa a Yuri a diario es demasiado grande todavía. Porque a pesar de todo, mi caballero de brillante armadura me ha defendido tantas veces de aquellos imbéciles que intentan dañarme cuando debería ser yo quien los aparte a todos de él. Supongo que ninguna historia de amor puede ser perfecta y siempre dulce y tranquila como las de los poemas que mi madre solía leerme antes de dormir. Supongo que la vida real no es perfecta, pero es real y eso es lo único que debe importarme, que lo que Yuri y yo tenemos es real, completamente real y nuestro.
Sonrío una vez más, esta vez sin sentirme triste del todo y cuando mi rostro se levanta al sol, me doy cuenta de que alguien está parado frente a mí mientras sostiene una rosa azul entre sus dedos cuyo perfume entra a mi nariz con fuerza y hace que mi sonrisa se ensanche al menos diez centímetros más cuando empiezo a entender que aquella persona es Yuri y que esa rosa debe ser un regalo para mí.
Estoy a punto de saltar a los brazos del chico que amo cuando me doy cuenta de que aquella imagen que se dibuja ante mis ojos sería perfecta de no ser porque la persona que sostiene la flor aquella sostiene además con su otra mano una bolsa llena de hielo que trata de bajar la hinchazón de su ojo izquierdo que a estas alturas está de verdad morado y que debe estar así por el impacto de un puño sobre aquella piel.
-¡Yuri!- digo yo con una voz preocupada y estridente que sale de mi boca dos octavas más alta que lo normal- ¿Qué te pasó? ¿Quién te hizo esto? ¡Yuri! ¡Oh, Yuri! ¿A quién demonios tengo que salir a golpear en este instante? ¡Mi abuelo me enseñó algunos buenos golpes antes de morir! ¿Tengo que llamarle a Chris y a Phichit? ¡Los dos dijeron que ellos podrían ayudarme a golpear gente también! Además, el novio de Phichit, Seung Gil Lee es un experto en artes marciales y estoy seguro de que podremos machacarlos a todos y…
-Victor…- dice Yuri riendo alegremente, algo que no combina para nada con su ojo morado-. Siéntate un momento conmigo ¿quieres? Los culpables de este pequeño contratiempo no podrán levantar sus traseros de la cama en dos semanas, te lo juro, ellos quedaron peor que yo. Por cierto, disculpa la tardanza. Antes de venir a casa pasé por la florería y me encontré esto para ti, me hizo pensar en ti desde que la vi…
-Pero Yuri…- digo yo tomando la rosa azul que él está ofreciéndome- ¿Fuiste a la florería antes o después de que te hicieran esto?
-Antes…- dice Yuri sin dejar de sonreír-. Después tuve que regresar a la universidad para recoger un par de libros que necesito para concluir mi tesis y bueno… digamos que me topé de frente con dos idiotas que no dejaban de decir cosas horribles de ti…
-¡Debiste dejarlos decir lo que quisieran!- digo yo, sentándome al lado de Yuri a pesar de que de verdad quiero salir a la calle a mostrarles a todos porqué soy el legítimo heredero de los genes mafiosos de mi abuelo-. Yuri, lo que esa gente diga de mí no me importa ¿entiendes?
-Pero me importa a mí…- dice él acomodando un mechón de pelo plateado que acaba de escapar de mi peinado debido a mi exaltación-. No puedo permitir que la gente estúpida diga cosas como esa acerca de la persona que yo amo…
Mis mejillas se sonrojan de forma inevitable cuando lo escucho decir esas palabras, esas dos palabras que él ha dicho antes, muchas veces, esas palabras que él me dice con el corazón y sin miedo desde la primera vez que las pronunció sobre mis labios después de un beso cálido y profundo al amparo del auditorio donde nuestros ensayos musicales siempre parecen terminar en un beso o en caricias alocadas que me han hecho sentir miles de sensaciones agradables que no sabía que podía sentir hasta que las manos de Yuri tocaron mi piel y sus labios, acompañaron a sus dedos en aquel viaje.
Él me ama, claro que lo hace. Sus ojos me lo dicen con esa luz que brilla en ellos. Sus labios siempre encuentran la forma de hacérmelo saber sin tantas palabras y además de todo eso, él todavía encuentra mil formas distintas de sorprenderme, hoy ha sido una rosa azul y un ojo morado, pero el amor de Yuri está en mil detalles más que ese. Y yo lo amo también. Y también se lo he dicho, me gusta poder decirlo en voz alta.
Te amo, Yuri. Esa es la verdad. Creo que desde la primera vez que te vi, yo sabía que terminaría diciéndote que te amo.
-Y yo no puedo permitir que la persona a la que yo amo termine con su hermoso rostro de esta forma y que los culpables queden libres como si nada…- digo yo haciendo que él sonría con más luz al escucharme.
-No te gusta verme así porque ya no soy guapo ¿verdad?- dice él con un falso tono de voz triste-. Victor, pensé que me amabas por algo más fuerte que mi bella cara…
-Te amo como sea que seas, mi Yuri- digo yo tomando la bolsa de hielo con mi mano libre-. Pero no me gusta que la gente te haga daño ¿entiendes? No lo soporto, alguien tiene que pagar por lo que te hizo. Si tú no quieres decirme, estoy seguro de que mañana todo el mundo hablará de esto y encontraré a los culpables y cuando lo haga…
-Ellos se enfrentarán al terror de la furia vengadora de Victor Nikiforov- dice Yuri alegremente y aunque sé que él lo dice en broma, me alegra saber que él siempre me dejará defenderlo-. Phichit está esparciendo el rumor de que tu abuelo era miembro de la mafia rusa, dice que nadie volverá a meterse contigo después de eso, aunque tenemos que ver si se atreven a decir algo de ti cuando los ataques con todo tu poder vengador…
-¿Dudas del mortífero poder de mi furia?- digo yo riéndome de mi mismo.
-Para nada, mi príncipe vengador- dice él tranquilamente-. Pero preferiría que a partir de mañana hiciéramos oídos sordos a todo lo que dicen. Admito que me dejé llevar por la rabia pero es que estaba cansado ¿sabes? Odio haberte metido en esto, Victor, odio que las personas se sientan con derecho a hablar de ti cuando nadie de ellos te conoce, nadie sabe lo hermoso que eres en realidad…
-Shhh…- digo yo antes de besar sus labios con suavidad, sin querer lastimarlo más-. Ya te lo he dicho mil veces antes, no me importa y no debería importarte a ti tampoco. Ellos pueden decir lo que les dé la gana de mí, ellos no me conocen. Tú sí me conoces, Yuri, tú no crees nada de lo que ellos dicen ¿o sí?
-¡Claro que no!
-Entonces no me importa nada más- digo con convicción-. No te preocupes por eso, es de tu ojo del que debemos preocuparnos ahora ¿crees que necesitemos ir al médico?
-Mamá dice que la hinchazón se bajará sola con el hielo- dice Yuri con una sonrisa cálida que borra la preocupación de mí.
-Tú mamá debe odiarme ¿verdad?- digo yo un poco avergonzado-. He convertido al mejor estudiante de la Facultad de Música de la Universidad de Hasetsu en un chico malo…
-Mamá no te odia, creo que ella misma estaría encantada de ayudarte a golpear unos cuantos traseros ¿sabes? Además, no le digas a nadie pero me gusta sentirme como un chico malo- dice Yuri riendo divertido-. Un chico malo puede defenderte ¿sabes? Un chico malo jamás dejará que alguien te haga daño…
Sonrío sin decir nada más y vuelvo a besarlo, lo beso con suavidad y él responde a mi beso con alegría y me pregunto cómo es posible que los dos sigamos siendo tan felices en nuestro mundo particular y por qué no podemos quedarnos aquí para siempre. Porque los besos de Yuri son los que alejan el daño de mí, es el recuerdo de estos besos el que me protege del impacto de las palabras odiosas, aunque quizá sea mejor decir que es el amor de Yuri el que me hace fuerte.
Rompo el beso minutos después y él abraza mi espalda con su brazo libre y yo me pego un poco más a él, esta tarde tengo una inexplicable urgencia de sentirme muy cerca de él, como si quisiera fundirme con su cuerpo. Así que cuando creo que la cercanía es suficiente, los dos nos quedamos en silencio disfrutando de la cercanía del otro y a pesar de que me siento uno de los seres humanos más felices del planeta entero no puedo evitar preguntarme qué haré cuando el verano llegue y Yuri tenga que irse de Japón rumbo a aquella enorme gira de conciertos que esperan por él al final de su educación musical.
Suspiro sun poder evitarlo y él me abraza con más fuerza como si él pudiera entender sin palabras qué es lo que estoy sintiendo y de dónde viene uno de mis temores más grandes y yo me reprendo mentalmente por estar extrañándolo en ese momento en el que nuestros corazones laten uno muy cerca del otro, pero ahora entiendo perfectamente bien por qué un gran escritor dijo un día que no hay peor forma de extrañar a alguien que aquella en la que se extraña a la persona que está justamente al lado de ti.
Sí, lo sé, soy un tonto, de verdad soy un imbécil. No debería pensar en el adiós aun, no quiero contar los días que faltan para que eso pase, simplemente quiero disfrutarlo todo pero las frases del libro que leía antes de que Yuri llegara a mí siguen repitiéndose en mi mente: ¿Qué voy a hacer cuando él no esté a mi lado cada tarde? ¿Qué haré cuando el auditorio no se llene más con la melodía de nuestro dueto? ¿Qué haré cuando tenga que extrañarlo de verdad y solo pueda escuchar su voz por medio de un teléfono? ¿Podré hacerlo? ¿Mi amor es tan fuerte? ¿Podré sobrevivir a la ausencia de sus brazos, de su cuerpo, de su risa, de su perfume, de sus palabras?
Claro que podrás hacerlo, grita mi corazón dentro de mi pecho, claro que mi amor sobrevivirá a cualquier distancia y aunque todas las preguntas que me he hecho hasta el momento no tienen una respuesta y probablemente jamás la tengan, sé que este no es el momento de enfrentarme a ellas todavía, ese instante llegara a mí lo quiera o no. Así que simplemente me aferro a Yuri como quien se aferra a lo más valioso de su vida y me quedo ahí, llenándome de su amor en silencio, dejando que el sonido de su respiración se lleve mis miedos y me repito en silencio que nuestro amor perdurará, que nuestro amor no será solamente un recuerdo en el tiempo que los dos tendremos que olvidar. Ese es mi deseo más grande, no quiero perderlo, no quiero decirle adiós por siempre, no quiero, no creo que sea posible para mí en realidad.
-Sigues pensando cosas tristes- dice él después de un rato y yo me pregunto cómo es posible que él pueda leer de forma tan perfecta incluso mi silencio.
-No es cierto…- digo yo con poca convicción y él me sonríe con algo de disculpa, él sabe que estoy mintiéndole.
-Tu amiga Mila me llamó ayer- dice él y yo me siento realmente sorprendido de saber aquella información-. Me dijo que no la estás pasando bien y creo que ella dice la verdad…
-Mila no tenía por qué contarte nada- digo yo sintiéndome un poco traicionado por mi amiga, sin duda alguna la llamaré más tarde y le pediré que me explique su comportamiento-. Sí, le he estado llamando a ella algunos días, especialmente cuando la estupidez de nuestros compañeros me sobrepasa pero… no le hagas caso, mi Yuri, estoy bien, de verdad, sé que Mila solo está exagerando…
-Mila me dijo que no estás bien por algo más que los rumores-dice él mirándome directamente a los ojos, bajando la bolsa de hielo para que yo pueda ver en su mirada que los dos necesitamos hablar de aquel tema-. Mila dice que te preocupa qué pasará con los dos cuando yo tenga que irme… ¿es verdad, Victor?
Me quedo callado, me siento expuesto. Quisiera apresurarme a negar lo que dijo Mila pero es tan dolorosamente cierto que no puedo hacerlo. Sí, estoy preocupado por eso, he estado preocupado por eso desde siempre y ahora no puedo simplemente negarlo y hacer de cuenta que nada pasa porque sí está pasando y sé que Yuri puede verlo, Yuri mira a través de mí. Hemos pasado tanto tiempo juntos ahora que él me conoce por completo, él me conoce porque él me ha dejado verlo de forma profunda y a su vez, yo lo he dejado entrar a mí en todos los sentidos y ahora mismo no puedo esconderme de sus ojos. Él siempre me encuentra aunque me gusta esconderme y lo mismo hago yo con él. Siempre terminamos encontrándonos el uno al otro y sé que Yuri ha descubierto ahora el último de mis escondites donde intentaba esconder mi termo más grande.
-Sí…- admito con un poco de vergüenza y él asiente en silencio antes de decir algo.
-¿Sabes por qué decidí regalarte una rosa azul?- dice él haciéndome mirar la perfecta forma de la flor que está en mis dedos llenándonos a los dos con el perfume de una primavera que parece estar muy lejos todavía.
-No…
-La gente dice que una rosa así simboliza un amor eterno- dice Yuri y algo en mi corazón se estremece al escuchar sus palabras-. Un color así no es posible para una rosa en un ambiente natural ¿sabes? Ha sido el ingenio humano quien ha podido lograrlo, una flor así es un desafío a lo imposible ¿no crees? Además, esta rosa es del color de tus ojos, Victor, azul, el color de la libertad y de lo que siempre es cierto…
-Yuri…- digo yo sintiendo un nudo en la garganta.
-Lo que quiero decir es que me atreví a comprar una rosa así para ti porque no temo prometerte que a pesar de la distancia, serás tú quien siga en mi corazón durante todo mi viaje- dice Yuri con firmeza, como si quisiera estar seguro de que yo comprendo cada palabra-. No sé si tú quieras prometerme que vas a esperarme, sé que somos jóvenes y que mil cosas distintas pueden pasar en un año pero yo estoy seguro de lo que siento por ti. Sé que este es un amor que no se irá de mí en mucho tiempo y quiero que lo sepas sin que te sientas obligado a prometerme nada. Pero si tú sientes lo mismo, entonces puedo asegurarte que solo estaremos separados por kilómetros de cielo y tierra Victor, pero que nadie podrá separar a nuestros corazones si mantenemos nuestra promesa. Yo volveré por ti, ya he hablado con el profesor Celestino y con la maestra Minako, ellos me ayudarán a que el rector permita que mi agenda tenga algunos periodos libres para poder descansar de los conciertos y regresar a casa y así poder verte y estar contigo y no permitir que sientas que te dejo a la deriva porque no lo haré…
-No quiero que hagas del viaje algo complicado solo por mí, solo porque yo no puedo ser fuerte para ti - digo yo sin poder evitar que mi voz se rompa por la emoción.
-Haría cualquier cosa por ti, Victor- dice él con una sonrisa apacible-. No quiero perderte y tú no vas a perderme a mí ¿me oyes? No quiero que pienses que después de nuestro dueto el día de mi graduación no habrá nada más para los dos porque no es así. Yo te amo y quiero amarte por mucho tiempo si tú quieres eso también, aunque si pido mucho y es muy difícil, lo entiendo, de verdad lo entiendo…
-¿Volver a mí te hará feliz?- digo yo tratando de no llorar y preguntándome por milésima vez en la vida por qué soy tan valioso para alguien como Yuri Katsuki quien podría tener el mundo a sus pies pero me quiere a mí, solo a mí-. Si prometo que voy a esperarte ¿de verdad volverás por mí?
-Volver a ti hará que irme tenga sentido, tú eres la razón por la que volvería a casa, tú eres mi casa…- dice él besando mi frente-. Así que no permitas que esa hermosa mente tuya se llene de dudas y de miedo, tú y yo no tenemos una fecha de caducidad, tú y yo seremos algo un poco más permanente si tú también lo deseas así y…
Lo beso. Lo beso porque él lo ha dicho todo y yo soy un desastre con las palabras. Lo beso olvidándome del miedo y de su ojo herido, y del mundo que seguirá diciendo cosas estúpidas acerca de los dos; lo beso pensando solamente en la promesa que me ha hecho, esa promesa que cabe en los pétalos perfumados de una rosa azul. Lo beso porque me parece que un beso es la mejor forma de sellar una promesa que se extenderá más allá del tiempo ¿no es eso lo que hacen las personas después de que han dicho sus votos en una boda? Lo beso porque su rosa azul es un voto sagrado para mí, una promesa que calla hasta a la más profunda de mis dudas y todo lo que suena en mi interior ahora es una canción de amor, una canción de amor donde Yuri y yo somos los protagonistas, los protagonistas de una historia a los que el autor de la misma no tendrá ganas de separar jamás…
*Fragmento del libro "Call me by your name" de André Aciman. La traducción al español es mía.
