Capitulo 7
"Doumyouji Tsukasa"
Desde que Makino llegó a su departamento, no tuvo tiempo de reflexionar la avalancha de sucesos y sentimientos que vivió esa noche, primero su discusión/pelea con Doumyouji, la sospechosa intromisión del F2 y por último la agradable velada que pasó con Rui en lugar de Kazuya .
En ese instante tenía muchos problemas como para permitirse pensar en algo ajeno a lo que realmente le preocupaba, las deudas de juego de su padre; y aunque Yuki prometió ayudarle en conseguir un trabajo en el Campus desde ya debía de organizarse, para su suerte las clases regulares habían comenzado hace poco así que podría cambiar de horarios si el caso lo ameritaba.
No iba a ser fácil pero para ella no significaba más que otro desafío que superar; esa noche la paso en vela tratando de ajustar aún más su reducido presupuesto, debía hacer todo lo posible para precautelar el futuro de su hermano menor.
No quería que él tuviera su misma suerte, estudiar y trabajar.
Justo en ese momento sintió algo de envidia de sus amigos y del famosillo F4, sobretodo de este último ya que tenían de todo sin el menor esfuerzo.
Horas Atrás en la Recepción de los Dormitorios Shimoda
-No deberías preocuparte tanto por mi hermanita, yo puedo conseguir un trabajo de medio tiempo- dijo Suzumu del otro lado del auricular.
-De ninguna manera, debes dedicarte a estudiar y sobretodo de vigilar a mi papá para que no haga más tonterías-
-Pero….-
-Te dije que no debes preocuparte… ¿Alguna vez tu hermana ha faltado a una promesa?
Hubo un repentino silencio…
- Mientras yo pueda ayudarte lo seguiré haciendo- dijo con firmeza.
-Gracias- dijo el joven casi como un suspiro haciendo a un lado el periódico que tenía en sus manos.
-Nada de agradecimientos y anda a estudiar- lo dijo como una orden- Dile a mamá y a papá que el viernes de noche pasaré por la casa-
-Vamos Tsukushi, no es la primera vez…- Se decía así misma una y otra vez tratando de animarse.
Esa misma noche en los Dormitorios Tsunashima
Había pasado algún buen tiempo desde que Rui no podía dormir, cosa muy rara en él, este suceso lo relacionaba con lo acontecido hace pocas horas.
Mentiría si dijese que no había pasado una velada interesante con Makino pero algo le molestaba, la manera descarada en que el F2 se había entrometido entre ellos. Obviamente se había dado cuenta de las intenciones de sus nada discretos amigos pero decidió por esa noche dejarlos ser…
-De playboys pasaron a ser Celestinos-
Por un momento le pareció graciosa la idea hasta que tuvieron la audacia de involucrar a su madre en ese asunto. Con lo poco que la conocía sabia que ella, ya se estaba haciendo ilusiones o planes.
Makino le parecía una chica agradable y hasta cierto punto linda pero esos no eran suficientes motivos para él como para entablar algún tipo de relación que no sea amistad.
-Sería injusto para ella y también para mí- pensaba mientras daba vueltas por la cama.
En ese momento empezó a recordar todos y cada uno de sus actos tachados por él mismo como impulsivos.
-Me precipité… Aunque no puedo negar que se veía adorable-
-Debo hablar con ese par antes de que las cosas se empiecen a malinterpretar- Diciendo esto se levanto precipitadamente de su cama.
Observo el pequeño reloj de su escritorio para darse cuenta de que faltaba poco para que amanezca.
Cuando Rui no podía dormir o tenía algún asunto que le preocupaba optaba por hacer ejercicios, esa costumbre la aprendió de un viejo amigo en Navarra.
Y sin querer esa noche empezó a recordar su viaje a España, el primer lugar en el que se estableció por más tiempo desde que estuvo de mochilero; fue osado de su parte establecerse allá ya que tenía poco conocimiento del idioma, creía que iba a ser igual que el italiano pero se equivocó, pero de una u otra manera debía mantener ocupada su mente; y aprender español era la opción indicada.
*Imaginémonos que el idioma nativo de este escrito es japonés y el pobre Rui recién estaba aprendiendo español.
**************************************Retrospectiva**************************************
Rui caminaba por las calles de Pamplona (Navarra) específicamente por la parte colonial/medieval, desde niño había querido venir acá para ver la famosa corrida de San Fermín pero sus padres nunca se lo permitieron por considerarlo una costumbre por demás peligrosa, pero ahora era libre de hacerlo. Sonrió con algo de tristeza de una u otra manera extrañaba a sus padres, tal vez debió haber dejado más que una nota.
Sacudió su cabeza para alejar esos pensamientos, debía dejar de ser un niño consentido.
Con un pequeño libro en sus manos trataba de descifrar los letreros que estaban a su paso.
-Hey, tu niño perdido. Estás buscando un lugar donde quedarte? Porque aquí tenemos habitaciones económicas- Se trataba de un señor de edad avanzada de aspecto por demás amistoso.
Rui fue a donde se encontraba y haciendo una leve reverencia se atrevió a entablar una conversación con él.
-Buenos días- -Scusate ma non ho capito (Disculpe pero no le entendi)-
-Italiano?- le dijo el viejo señalandolo con el dedo.
-No, io sono giapponese (No, soy japonés)-
El señor sonrió, cuando en su vida espero encontrarse a un japonés hablando perfecto italiano.
Desde su peculiar encuentro, ellos entablaron una extraña amistad y no solo porque sus nombres tenían algo de parecido sino porque se habían convertido en rivales en el ajedrez y demás juegos que hallaban a su paso.
Después de la Corrida de San Fermín, justo cuando Rui se había decidido a seguir con su viaje, Don Rodrigo le ofreció trabajar en una modesta hostería de la que era administrador en las afueras de Pamplona.
Aunque Rui era algo huraño debía admitir que tenía carisma además no podía dejarlo ir hasta que lo pueda vencer en ese extraño juego llamado GO.
En una de esas noches, en las que Rui se encontraba nostálgico decidió caminar por las afueras de las cabañas y justo en ese instante se topó con su viejo amigo.
Luque-san – el viejo alzó la mirada mientras seguía con su ejercicio de calentamiento.
-Te dije que me llamaras por mi nombre- le dijo en tono recriminatorio.
-Scusate… Demo (pero) en mi país questo e (es) una grosería ser… Larga pausa
-Descortés, desatento, irrespetuoso…- Don Rodrigo rió bulliciosamente, se le hacía bastante gracioso ver como su joven amigo trataba de encontrar las palabras exactas para expresarse en español había ocasiones en donde combinaba en una misma oración hasta tres idiomas con tal de hacerse entender.
-No estamos en tu país, estamos en el mío. IL mio paese, le mie regole (mi pais, mis reglas)- se levanto y empezo a correr -Perso bambino (niño perdido), acompañame-.
Rui lo miro con curiosidad, no tenía más que hacer así que empezó a trotar también.
-Por qué corre? Es muy de noche- pregunto con curiosidad a la vez que le seguía el ritmo.
-Si tengo un problema y no puedo dormir, prefiero hacer esto… Antes que estar en cama pensando tonterías-
L'ozio è la madre di tutti i vizi (La ociosidad es la madre de todos los vicios)
Y diciendo esto empezó a correr, dejando botado a Rui en medio del camino pensando en esa extraña frase llamada "refrán".
Justo ahora entendía sus palabras.
Cuando llego el momento de sus primeras clases salió de su departamento; Rui siempre había sido perezoso y dormilón pero cuando tenía sus obligaciones definitivamente las cumplía sin importar nada, aunque últimamente sentía que cada día que pasaba tenía más y más.
Como todos los días se sentó en un rincón a esperar el inicio de clases bueno a decir verdad se recostó en una banca a hacer tiempo a que el profesor llegara, esa era la mejor manera de pasar desapercibido.
Adoraba la paz que se respiraba en el ambiente, sin gritos de "admiración", intentos de conversaciones frívolas de chicas interesadas en su status económico o en iniciar amistades de negocios.
Desde que empezó a estudiar en Chiba, había entablado pequeñas conversaciones con compañeros de clases pero nada del otro mundo.
Aun a pesar de los años, se le hacía complicado empezar una conversación de manera natural o responder a algo sin sonar arrogante; así que para evitar malos entendidos prefería estar solo. La única que parecía capaz de entenderlo en algo era Makino.
Al terminar las clases de Inglés se percató que ella nunca llego así que sin más ni más salió del Dpto. de Idiomas y se dirigió a su facultad a recibir el resto de sus clases.
Rui supuso que por cuestiones del entrenamiento, ella no había podido asistir y que probablemente al día siguiente llegaría con una gran sonrisa ante el pidiéndole prestados sus apuntes.
En la mansión Doumyouji
Después ser humillado dos veces por la misma persona, Tsukasa no dejaba de pensar en la manera de desquitarse de aquella chica a la que solo conocía como Makino, la "amiga de Rui".
A pesar de haber pasado cuatro años en New York aprendiendo sobre el manejo de la compañía de sus padres y demás, no había madurado casi nada.
El seguía siendo un niño caprichoso (ahora joven) y rencoroso, tal vez ya no actuaba de forma tan infantil ante los demás pero seguía siendo impulsivo.
El encuentro con esa muchacha en la Universidad en donde estudiaba Rui y luego en el baile de la Eitoku definitivamente lo habían malhumorado pero lo que más le indignaba era saber que se había atrevido a golpearlo y sin recibir su merecido como respuesta ante tal ofensa.
El Todo poderosos Doumyouji Tsukasa golpeado por una plebeya…
Ese pensamiento le recorría la mente una y otra vez y no lo dejaba en paz.
-Si tan solo, pudiera sacarle una tarjeta roja como en antaño-
-Otra vez con tus juegos infantiles, ya no eres un niño para pensar tonterías-
-Deberías concentrarte en asuntos más importantes-
Se trataba de Tsubaki, su hermana mayor, la cual había venido con Tsukasa desde New York por pedido de sus padres hasta que el logre establecerse correctamente en Japón.
Tsukasa que se encontraba cómodamente sentado en frente de la gran chimenea de la biblioteca volteó súbitamente.
-No te metas en mis asuntos-dijo irritado.
En respuesta a ello Tsubaki le dio un golpe en la cabeza y sentó cerca de él.
-No creas que estar aquí como tu niñera es de mi agrado pero como sabrás aun no gozas de la total confianza de nuestros padres, así que será mejor que te pongas al día con tus obligaciones- Diciendo esto se acomodó en el asiento doblando sus largas piernas.
Tsukasa sabía que, aunque su regreso fue pactado hace cuatro años, este fue algo repentino, sospechaba que todo esto tenía un trasfondo que aun no conocía pero por el momento ese asunto no le preocupaba ya que tenía un plan por si acaso a su madre se le olvidara su promesa.
-Deberías haber regresado a Los Ángeles con tu marido… No me extrañaría si él te botara a la calle uno de estos días-
-Si lo hace, seria por tu culpa- diciendo esto empezó a golpearlo de nuevo.
-¿Por qué diablos aun te has presentado a la Compañía? Y peor aun ¿Cuándo empiezas a estudiar?-
-No creas que has venido a Japón a perder el tiempo-
Tsubaki no podía evitar sentir indignación al ver a su hermano comportarse de forma tan irresponsable.
Para ella golpearlo era una manera de librar su creciente frustración.
El joven heredero tratando de evadir los golpes que le propinaba su hermana se escabulló por el suelo.
-Espera un momento,…-dijo jadeando mientras se levantaba.
-No hacía falta de que vinieras conmigo, la vieja bruja y yo tenemos un trato-
- Así que dile que pase lo que pase haré que lo cumpla- diciendo esto salió y se dirigió a su habitación.
El había pasado los cuatro últimos años de su vida en New York haciendo todo lo que le dijo su madre sin poner reparos después de ese tiempo regresaría a Japón y podría hacer lo que quisiera con dos únicas condiciones: que terminara sus estudios universitarios y que pusiera en práctica lo que aprendió en New York en las sucursales de Japón.
Para Tsukasa la segunda condición era algo peligrosa ya que si se descuidaba acabaría como esclavo de sus padres, un esclavo al trabajo.
Y sin importarle las advertencias de su hermana decidió que era hora vengarse de Makino Tsukushi, la mala hierba.
Y así su mente empezó a maquinar un plan de acción.
-Y por último hare que me pida perdón de rodillas por la vergüenza que me hizo pasar en la Eitoku-
Es un plan perfecto…. Reía para sus adentros Tsukasa.
Makino se encontraba tranquilamente trotando como parte de su entrenamiento sabatino cuando de repente unos hombres vestidos con traje negro la interceptaron.
-Señorita, por favor acompáñenos- -El joven amo la espera en la limosina-
Ella se detuvo de golpe algo sorprendida.
-Creo que cometen una equivocación, no creo ser la señorita que están buscando-
-Usted es Makino Tsukushi?-
Ella asintió con temor y mirando a los lados no logró divisar a nadie conocido.
-Lo lamento… Peeroo.. Tsukushi comenzó a caminar hacia atrás pero ya se encontraba rodeada; y aunque se defendió y trató de huir no pudo hacer nada contra ellos ni contra el cloroformo.
En sueño idílico se encontraba la joven en donde todo era perfecto… Un momento mi vida no es así…
-Donde estoy- dijo despertándose de su letargo… Sin recordar muy bien lo acontecido pensó lo peor, trata de blancas. Se levantó bruscamente de su asiento y se empezó a acercar a rápidamente al escritorio donde se encontraba de espaldas su captor.
-Por favor, déjeme ir… Tengo padres y hermano… Ellos me están buscando en este momento… No soy bonita además…-
Doumyouji giro su asiento y se puso frente a ella, con una sonrisa burlona.
-Pero que pretendes, maldito bastar..- Y antes de que pudiera acercarse a él un par de hombres la sujetaron y cubrieron la boca.
-Creo que esa no es la manera correcta de hablar ante alguien como yo-
-Si hubieses aceptado venir por las buenas, no tendríamos que haber llegado a estos extremos- Mientras decía esto se iba acercando a ella poco a poco.
La actual apariencia salvaje de la muchacha lo habían cautivado sobre todo esos ojos llenos de vida que aparentaban que lo iban a absorber en la profundidad de su oscuridad.
Y ahí estaba ella frente a su captor llena de ira contenida. Su ira era tal que gruesas lágrimas empezaron a correr por sus mejillas.
-Hey, tu… No llores- Dijo el joven entre nervioso y asustado.
Justo cuando llegó a ella, Tsukasa le sacó la mordaza de la boca solo para escuchar un grito estruendoso.
-Qué te pasa? Estás loco… Crees que aun vivimos en las cavernas…
Miro hacia un lado y haciendo una señal con la mano hizo que sus guardaespaldas se alejaran.
-Psstt... Deja de ser llorona, solo quería hablar contigo sin interrupciones-
Ella respiro hondo… Y aunque sabía que se iba a arrepentir de lo que iba a hacer decidió quedarse.
-Solo te daré 5 minutos- suspiro pesadamente –Así que dime que es eso "tan importante" que tienes que decir-
-Quiero que te disculpes-
-Pero que diab… Se cruzó de brazos –Quieres decir que me trajiste todo el trayecto para acá solo para tremenda estupidez- Se levantó de su asiento y se dirigió a la puerta.
-Entonces no piensas hacerlo?- le pregunto algo molesto.
-No- se volteó para mirarlo directamente de frente.
-No?-
-Pues claro que no, si quieres te lo deletreo-
Eso a él le encantaba… Un desafío.
-Así que no lo harás?- Tsukasa hizo una seña con la mano para que se la llevaran.
El quedó tranquilamente sentado frente a la puerta del estudio mientras veía salir a su "invitada"; los gritos provenientes de la parte exterior hicieron que esbozara una tonta sonrisa de satisfacción.
Su madre en todos estos años le había enseñado que no había nada que no se pudiera comprar con dinero incluso hasta la voluntad de las personas se podía manipular con la cantidad necesaria.
-Tsukasa todos tienen su precio- Esa era la frase que ella le repetía cada vez que alguna persona se negaba en un inicio a negociar por las buenas.
Una joven sirvienta dirigió a Makino a una de las habitaciones de la mansión Doumyouji justo en el instante en donde iba a utilizar su celular para buscar ayuda, un grupo de personas entraron y de manera atropellada la acomodaron en uno los sillones de la habitación.
Su cara no podría ser otra más que de sorpresa, se esperaba cualquier cosa menos esto realmente no podía entender que estaba pensando el cabeza de garabato.
-Tranquila señorita, no vamos a demorar- Le respondió la joven que tenía frente a ella sonriendo divertida.
-Demorar con qué?-miro con sorpresa a la joven que en este instante le estaba quitando los zapatos y se dirigía a darle un masaje en los pies.
-Con el tratamiento que ordenaron-
-Yo no ordene nada y si me disculpan…- Trato de levantarse de golpe pero ya otra joven se dirigía a masajearle los hombros y nuca.
-Por favor, no sea impaciente dentro de un momento terminaremos… El joven amo, nos pidió que la tratáramos con delicadeza, si no lo hacemos nos despedirán.
Makino las miro con pesar ya que conocía de primera mano el quedarse sin empleo de un momento a otro, así que decidió dejarse llevar por lo relajante del masaje pero aun así no se hallaba nada conforme con la situación.
Después del tratamiento de belleza que recibió inmediatamente la llevaron donde el estilista.
-Tiene un hermoso cabello aunque un buen corte y algunos reflejos no le vendría nada mal-
-Eso nunca- diciendo esto agarro su cabello y lo abrazo. –Déjelo tal y como esta-
Su orden fue automáticamente aceptada, lo que menos querían era una mala referencia de alguien proveniente de la familia Doumyouji.
-El día de hoy será una velada especial, el joven amo nos pidió que la vistiéramos para la ocasión-
¿Qué ocasión¿ Pregunto preocupada a los asesores de moda los cuales no le dieron respuesta alguna solo le repetían una y otra vez que tenía que verse bien para la ocasión.
Para este punto Makino ya se encontraba fastidiada, no podía negar que el cambio de imagen la había emocionado pero sabía que todo tiene su precio y lo menos quería era deberle algo al maniático de Doumyouji Tsukasa.
Y así apareció de nuevo en frente a él con un mini vestido negro, encima del mismo una chaqueta también negra, unos leggins negros y botas largas que hacían juego con el vestuario mientras que su largo cabello estaba recogido con una larga trenza hacia un lado.
Esta demás decir que su cara no era precisamente de felicidad, no había salido corriendo de ahí por dos motivos primero no conocía el lugar y segundo por los ruegos de las personas que habían dedicado su tiempo en arreglarla.
-Nada mal con ese aspecto ahora si puedes acompañarme- Diciendo esto le agarro la mano.
Ella inmediatamente se soltó de manera brusca.
-No iré contigo a ningún lado, quiero me expliques todo esto y me devuelvas mi ropa inmediatamente-.
-Esa ropa asquerosa que tenias, ordene de que la botaran y quemaran-
-¿Qué hiciste que…? Ese era mi uniforme del equipo de…-
-Basta de estupideces y ven- acoto impaciente tratando de persuadirla.
-Vamos a decirle a Rui que ahora estas saliendo conmigo, que no hay nada que no se pueda obtener con el dinero necesario- Intento fallidamente agarrarla de la mano nuevamente.
-¿Que el golpe que te di, te provoco daño cerebral?-
-¿Qué no estás contenta con todo lo que he hecho hoy por ti?-dijo un tanto extrañado –Eres un tonta chica extraña-sonrió de lado.
-Pues aquí el tonto eres tú, de ninguna manera voy a decir estoy saliendo contigo?-
-Acaso no sabes que yo soy el primogénito del Imperio Financiero Doumyouji. No hay mujer que se resista a mis encantos y nada que no pueda comprar con dinero-
-¡Yo no estoy en venta!- En ese instante le tiro encima el bolso de mano que llevaba.
-Por tu culpa hoy falte a mi entrenamiento y a mi trabajo-
-Si aceptas salir conmigo ya no tendrás que preocuparte más por el dinero, vivirás una vida de lujo y riquezas- -No seas testadura-
Lo miro por un instante y se volteo.
-Me voy, envíame la cuenta para pagarte por todo lo de hoy- Se detuvo – Y ni se te ocurra seguirme porque te daré una paliza que ni te reconocerán tus padres- Diciendo esto salió azotando la puerta.
Él se quedó mudo observándola.
-Estúpido Doumyouji- Makino iba echando chispas mientras caminaba hacia la salida ya cambiada de ropa.
-Menos mal, no llegaron a quemar a mi uniforme-
Se detuvo miro hacia los lados pero no había nadie que la pudiera ayudar a encontrar la salida.
-Veo que mi tonto hermano, te causo problemas el día de hoy-
Ella volteo inmediatamente y asintió algo sorprendida por la intromisión de la joven dama.
-¿Estas perdida verdad?- Vamos no me mires de esa manera, te llevare a la salida-
Makino se dejó guiar por la joven dama en silencio hasta finalmente llegaron a la puerta de entrada.
-Gracias…- Makino hizo una profunda reverencia a lo que ella respondió con una sonrisa.
-Mi nombre es Doumyouji Tsubaki y disculpa por el mal rato que te hizo pasar mi hermano el día de hoy, el no sabe cómo tratar a las personas- Diciendo esto hizo una reverencia.
Ahora entiendo porque no había ningún sirviente, Tsukasa tonto.
Tsukushi respondió de la misma manera algo avergonzada y haciendo un ademan con la mano se despidió.
Tsubaki sonrió pero al perderla de vista su cara se transformo, no iba a tolerar ese tipo de comportamiento por parte de su hermano.
Mientras tanto en el club de siempre se habían dado cita el F4 pero pasaba el tiempo y no llegaba Tsukasa.
A Soujiro y Akira les había sorprendido que Tsukasa siendo tan rencoroso de buenas a primeras haya "perdonado" tan fácilmente a Rui por su "ofensa"; y que incluso lo haya invitado a pasar el rato con ellos con la excusa de que les tenía una sorpresa.
-Se ha de tratar de alguna tontería como a la que ya nos tiene acostumbrados- dijo Soujiro descansando su brazo en la mesa.
-Y yo que tenía una cita- respondió lamentándose Akira.
De repente la atención de ambos se centro en Rui.
-Por cierto ¿Cómo van las cosas con Tsukushi-chan?- pregunto Soujiro codeando a su amigo.
-Pues…-
-No seas tímido, hombre si tienes alguna duda nos tiene a Soujiro y a mí para ayudarte-
Ambos asintieron.
-Creo que no deberían entrometerse en ese asunto- respondió cortante- Ella y yo solo somos compañeros de clases- termino la frase fríamente y de manera desinteresada aunque por dentro se sentía agobiado por no verla en estos últimos días.
Akira y Soujiro sabían que si presionaban a su amigo las cosas iban a salir mal así que por ahora era mejor no insistir, ya habían hecho suficiente comentandole de ella a la madre de Rui.
-Entonces no habría problema si la invitamos a salir con nosotros, ella me pareció una chica muy simpática. ¿Verdad Akira?-
- Si, además ella es amiga de Kazuya, no habría problema si algún día invitamos a Makino y a…-
-Basta de pronunciar ese nombre en mi presencia-
Era Tsukasa que para variar llegaba de muy mal humor.
