Disclaimer: todo lo que podáis reconocer pertenece a J.K.Rowling. Lo demás no, es mío.

Capítulo 7: cuando las cosas cambian.

Lily y Vittoria se levantaron tarde, aún bastante cansadas por todo lo sucedido el día anterior. Lo peor de todo fue que una de ellas no amaneció de la misma forma en que se fue a dormir.

Vittoria tenía la parte derecha de la cara totalmente hinchada, fruto del golpe de quaffle que le pegó Sirius en el entrenamiento anterior. Gran parte de la mejilla estaba enrojecida y además, hacia el medio de lo que era todo el golpe, había una marca más morada que era dónde había dado la pelota directamente.

Fue Lily la que se percató del pequeño detalle de que a su amiga le pasaba algo. Que no digo que sea algo muy difícil darse cuenta de algo así pero al recién despertarse, a la pelirroja le costaba siempre ubicarse… Son cosas que pasan, unos se levantan de mala leche y otras no saben ni en qué mundo viven… ¿A quién lo le ha pasado eso alguna vez?

La cuestión es que, al ver la hinchazón que adornaba la cara de su amiga, pegó un grito y empezó a balbucear incoherencias. La italiana, que era de las que se levantaba con mala leche, la fusiló con su mirada verde y le preguntó, sin palabra alguna, que qué le pasaba.

.- ¡Vittoria!-seguía exclamando la otra loca.- ¡Tu cara! Dios mío, pareces un, un, un… ¡Ay, no sé lo que pareces pero, sea lo que sea, es horrible!-concluyó histérica.

Y es que Lily es una de esas personas a las que cuesta muy poco poner histérica. De ahí todos los gritos (que otra persona más calmada hubiera deducido perfectamente que se trataba del balonazo del día anterior) por la cara de su amiga.

.- ¡Pero quieres parar de gritar ya!-le ordenó la italiana con su dulce carácter mañanero y con una mueca de dolor pues al abrir tanto la boca para gritar, se acababa de dar cuenta de lo que preocupaba a su amiga.

Lily obedeció, casi asustada por la cara de veela cabreada que tenía su amiga, y se limitó a conducir a la chica, con las manos en los hombros, hacia el baño para que viera ella misma el gran tamaño del problema.

.- ¡Argh! ¡Yo me cargo a Black, te juro que me lo cargo!-bramó al ver que el espejo le devolvía la imagen de alguien bastante diferente a la que tenía ayer.

.- Vale, vale, tranquila, vamos a la enfermería y que Pomfrey te lo arregle, no es tan grave.-razonó Lily sensatamente (un poco tarde te llega la sensatez, maja) intentando tranquilizar a su amiga.

.- Ni tranquila ni nada, ¡Lils!-replicó ella, en un estado de histerismo avanzado.- ¡Mira como tengo la cara! Esto no puede ser normal, ¡pero si me puse hielo!

.- Bueno, no te preocupes, no es nada que Pomfrey no pueda curar…-decía ella incansablemente, tratando inútilmente, de que su amiga se calmase.

Y así pasaron unos diez minutos en los que una de ellas se quejaba tercamente, acordándose de toda la familia de cierto merodeador y la otra, trataba de convencerla de que fuesen a la enfermería.

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Mientras eso pasaba, los merodeadores dormían a pierna suelta tras una cansada noche de juerga con un hombre lobo. James y Sirius, sin embargo, ya empezaban a despertar y se ducharon (por turnos, chicas que os desmadráis) y dejaron a Peter durmiendo porque era inútil intentar despertarle. Fue ese instante el que escogieron las chicas para salir, medio a hurtadillas de su habitación e ir a la enfermería para que le bajara la hinchazón a Vittoria y en ese estado se las encontraron James y Sirius. El segundo, que tiene la sensibilidad de un zapato, se echó a reír al ver la cara de la italiana, sin acordarse de que él mismo había sido el causante de eso y que, seguramente tendría que pagar las consecuencias.

.- ¿Pero tú eres imbécil, Black?-espetó Lily, viendo cómo su amiga, de tan furiosa como estaba, no era capaz de decir otra cosa que insultos en italiano que ninguno de los presentes entendía.

.- ¿Por qué?-preguntó el aludido, secándose algunas lágrimas que se le habían escapado de tanto reír.

.- No lo sé.-espetó la pelirroja sarcásticamente.- ¿Igual deberías callarte porque tú eres el culpable de esto?- preguntó con cara de inocente aunque no logró hacer desaparecer el tono sarcástico del todo.

.- ¿Yo?- dijo él, señalándose a sí mismo y con cara de sorpresa.- ¿Qué pasa, siempre que a ella le pase algo tengo que ser yo el culpable?-preguntó visiblemente divertido aunque un poco picado.

.- Es que ERES el culpable, pedazo de engendro.-espetó Vittoria gritando de pura rabia.- Ayer, en el entrenamiento… ¿recuerdas? ¿O es que tu mente es corta hasta para eso…?- murmuró asesinándole con la mirada.

.- Ah, vale, es eso.- se acordó, poniéndose serio. Pero no le duró mucho la cosa porque enseguida se volvió a reír como un loco.

.- ¿Y sigues riéndote?-preguntó, casi sin poder creérselo.

.- Venga, no es para tanto.-contestó él, riendo.

.- ¿Pero cómo te atreves?-volvió a preguntar enfadada.

.- Ya basta Sirius, te la vas a ganar.-dijo James, harto de la situación.

.- Vámonos, Vittoria.-medió Lily, cogiendo suavemente del brazo a la chica para llevársela de la sala común.- No merece la pena…

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En la enfermería, Audrey, a pesar de haber despertado de madrugada, logró conciliar el sueño de nuevo. Bueno, si es que se le puede llamar conciliar el sueño a echar cabezaditas de tanto en cuanto pero nunca más de un cuarto de hora seguido. Al final, desistió de descansar y se dedicó a observar la enfermería casi vacía (sólo estaban Remus y ella en esos instantes) pero pronto se aburrió e intentó levantarse.

Además, tenía frío. En la enfermería, por mucho que Pomfrey lo intentara, siempre hacía frío. Las sábanas finas y sin mantas apenas tapaban nada puesto que, estando aún en septiembre, todavía no había cambiado la ropa de cama de verano. La cuestión era que ella, con su camisón de seda y las sábanas finas se estaba congelando.

Ahogó el quejido que pugnaba por salir de sus labios apretándolos con fuerza y se incorporó lentamente. Apoyando una mano en la cama, hizo presión para levantarse pero tenía el cuerpo demasiado dolido cómo para que no saliera de su boca un gemido quejumbroso. Sin embargo, siguió en su tarea, sintiéndose cómo una octogenaria cansada y enferma que no era capaz de levantarse de la cama sola. Pero necesitaba levantarse, estaba harta de dar vueltas y vueltas en la cama sin poder dormir ni descansar ni nada.

En eso estaba cuando, de entre las cortinas que ocultaban la cama de Remus, salió su despeinada cabeza con toda la pinta de acabar de despertarse. La miró un instante antes de comprender lo que iba a hacer y enseguida se levantó de su propia cama para acercarse a la de la chica. Una mirada de Audrey le bastó para quedarse donde estaba, a un paso de distancia de ella, preparado para cualquier cosa.

.- No creo que a Pomfrey le guste que te levantes.-comentó, intentando parecer casual.

.- Estoy harta de estar tumbada. Necesito levantarme.-confesó ella, con cierto tono de hastío.

.- ¿Necesitas ayuda?-preguntó. Tras la cara sorprendida de la chica, añadió- Quiero decir, si quieres, llamo a Poppy.

.- No, no déjalo, es igual.-murmuró cansada, dejándose caer hacia atrás, totalmente desfallecida.

.- Deja, que te ayudo.-se compadeció el chico al ver que ella se rendía.

.- No, no hace falta…-dijo ella.- Tú debes de estar cansado también.-añadió.

.- Qué dices, mujer, venga, apóyate en mí.- le animó él, alargándole un brazo.

.- Gracias.-dijo ella, posando su fría mano encima del brazo que Remus le tendía.

.- Uf, estás helada.-observó el chico al notar la mano de la chica que parecía un cubito.

.- Ya, es que esto no abriga nada.-justificó ella, señalando con la cabeza hacia la cama.

Acabó por bajar con mucho cuidado. Remus fue un gran apoyo y, al final hasta tuvo que cogerla del otro brazo porque la chica, con cierto miedo a hacer saltar los puntos, no se atrevía a hacer movimientos demasiado bruscos. Suficiente había hecho ya la noche anterior, cuando tuvo que saltar de la cama para correr a vomitar al lavabo.

Cuando sus pies tocaron el frío suelo de piedra, un escalofrío recorrió su espina dorsal. Remus se apartó para que ella cogiera las zapatillas y la bata y observó como la chica tenía toda la piel de gallina.

.- Deberías ponerte algún jersey.-dijo, viendo la escasa ropa que llevaba ella encima.

.- ¿En serio?-soltó ella sarcásticamente. Remus alzó las cejas.- No tengo ninguno aquí.-dijo, tres segundos más tarde, al darse cuenta de lo injustamente borde que estaba siendo con el chico; que, al fin y al cabo, la ayudaba porque quería.

.- Pues pídeselo a tus amigas. Que te lo traigan.-contestó él un poco brusco, seguramente por lo borde que había estado Audrey antes.

.- Sí, supongo que eso haré.-contestó ella, forzándose a ser bastante amable en compensación a lo de antes.

El silencio reinó entre ellos. El odiado silencio que, durante las noches en las que esperaban a que llegaran las doce, ellos llenaban con libros. El silencio que ahora les estaba llevando a una situación lo bastante incómoda como para que ambos quisieran empezar una conversación, por absurda que fuese.

.- ¿Y tú qué haces aquí?-preguntó Audrey, curiosa.

.- Bueno, estábamos dando vueltas por el castillo y, como Filch nos iba a pillar, me caí. Y se ve que me ha pasado algo.-dijo, tocándose la frente donde tenía un emplaste de algo verde y viscoso cubriendo una herida.

.- Ya veo.-murmuró ella, intentando no parecer muy asqueada por ese especie de moco verde que tenía el chico en la cabeza.

.- ¿Y tú? ¿Cómo te encuentras?-preguntó él.

.- Bueno, mejor, aunque ya ves que no puedo ni bajar de la cama.-dijo ella, empezando a andar, con pasos vacilantes.

.- Eso será sólo los primeros días…-justificó él, andando a su lado.- Seguro que por la tarde ya te sientes mejor.-la animó.

.- Eso espero.-dijo ella.- No creo que pueda aguantar demasiado aquí.-confesó, observando la excesiva blancura de las paredes de la enfermería.

Un ruido provinente del pasillo exterior los detuvo en su "paseo" e hizo que ambos se giraran a mirar quién llegaba. Tuvieron que contener una exclamación al ver la cara hinchada de Vittoria, que parecía bastante enfadada y venía siendo arrastrada por Lily.

.- Buenos días.-dijo la pelirroja de forma jovial.- ¿Cómo te encuentras?- le preguntó a Audrey. Sin embargo, antes de que ésta contestara, ella misma volvió a hablar.- Uy, ¿y tú qué haces aquí?-preguntó, refiriéndose a Remus.

.- Nada, problemas en una salida nocturna.-contestó el chico, restándole importancia al asunto.-¿Qué le pasa a ella?-preguntó, mirando a la enfurruñada Vittoria.

.- La quaffle que Black le lanzó ayer parece que ha hecho su efecto.-resumió Lily, para no tener que contar toda la historia.

.- ¿Sirius te ha hecho esto?-preguntó Audrey, hablando por primera vez des de que ellas habían llegado.- Tu tranquila, yo le pongo en su sitio.-le dijo, con voz suave e intentando aproximarse a su amiga que aún esperaba en la puerta.

Aunque le costó un montón porque, parecía una viejecita sin su bastón que caminaba encorvada con una mano en el costado y la otra hacia delante para parar el golpe por si se caía. Vittoria comprendió la situación de su amiga y, en lugar de esperar a que llegase (a paso de caracol, por cierto) se acercó ella misma y la cogió del brazo para que se apoyase.

.- Tú no te preocupes por ese proyecto de ser humano.-la tranquilizó la italiana.- Ya lo pagará, pero ésta vez no estarás tú para salvarle.-dijo.

.- Por mí, hazle lo que quieras, ésta vez se lo merece.-dijo ella que, no estaba en condiciones de defender a nadie.

.- ¿Qué hacen ustedes dos aquí?-preguntó una voz un poco malhumorada.- ¡¿Y qué hace levantada, jovencita!-exclamó seguidamente, al ver a Audrey en pie.

Madame Pomfrey acababa de llegar y se había encontrado con que sus pacientes ya empezaban a liarla.

.- Váyase ahora mismo a la cama, señorita Cassaday.-ordenó, con un ápice de furia en su voz. La aludida se apresuró a obedecer ya que muchos decían que hacer enfadar a Poppy era peor que molestar a Peeves y Remus hizo lo mismo para que las broncas no recayeran sobre él.- ¡Madre de Merlín!-exclamó al ver la cara hinchada de Vittoria.

.- Gracias, me siento mucho mejor.-comentó la chica sarcásticamente.

.- Pero chiquilla, ¿qué te ha pasado?-preguntó Pomfrey una vez repuesta del susto.

.- Un accidente en Quidditch, madame Pomfrey, nada grave.-la tranquilizó Lily.

.- ¡Quidditch!-exclamó la enfermera.- Siempre lo mismo.-se quejó.- ¿Qué fue, una bludger?-preguntó, examinando la mejilla de la chica.

.- Una quaffle.-informó ella.- ¡Au!-se quejó cuando Poppy le tocó la parte hinchada.

.- ¿Una quaffle?-preguntó extrañada.

.- Sí, y eso que me puse hielo.-añadió la chica, con cierto resentimiento.

.- Pues no lo entiendo entonces.- reconoció, a la vez que se alejaba a buscar algo en alguno de sus libros que pudiera explicarle la reacción del cuerpo de la chica.- ¿Has estado tomando alguna poción últimamente?-preguntó des de su despacho.

.- No.-contestó ella, subiendo la voz para que la enfermera la oyera

.- Madre mía, lo tienes hinchadísimo.-murmuró Audrey, ya en su cama rodeada por Vittoria, Remus y Lily.

.- Gracias.-repitió ella, sarcásticamente.- Aunque, al menos no te has reído.-murmuró con cierto rencor en su voz.

Audrey miró interrogante a Lily pero ella le indicó que mejor era no preguntar así que pasaron un rato hablando de trivialidades mientras Poppy curaba la mejilla de la italiana y ésta volvía a la normalidad.

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James, Sirius y Peter desayunaban en el gran comedor, rodeados de personas que querían saber quién era el escogido o escogida para el puesto de cazador en el equipo de quidditch. A pesar de que James había dicho que la decisión del equipo sería colgada en el tablón de anuncios por la tarde, la gente no dejaba de preguntárselo. Y lo cierto era que no tenía ni idea de quién sería el nuevo cazador o cazadora del equipo.

Había buenos candidatos pero jamás ninguno llegaría a la altura del cazador anterior, Frank Longbottom. Ése sí que era bueno… Su técnica y sus pases eran de lo mejorcito que se podía encontrar en Hogwarts y James había aprendido mucho de él. Y, bueno, no es que esperara encontrar a alguien de su talento pero sí a alguien bueno.

.- Ya estoy harto.-exclamó Sirius, diciendo lo que los tres estaban pensando.- Si no os vais ahora mismo de aquí todos.-dijo señalando a aquellos que pretendían saber quién era el escogido.- ninguno entrará.-amenazó.

Y fue convincente pues toda la multitud que se había congregado alrededor de los tres, se dispersó rápidamente.

.- Ya era hora, tío.-murmuró James, aliviado.

.- Ajá.-dijo él, con la boca llena de comida y sin levantar la mirada del plato.

Sirius era así. Para él, el desayuno era sagrado y, ni siquiera James podía perturbar ese momento en la vida del moreno. Si antes os hablaba de las formas de despertar, ahora del desayuno. Porque Sirius era una de esas personas que no son ellas mismas sin haber llenado el estómago con tortitas, cereales, zumos, bollos y mermelada nada más despertar.

Al poco rato, llegaron Lily y Vittoria, a las que Poppy había echado alegando que no era momento de hacer visitas, para desayunar también. Se sentaron lo bastante lejos de los merodeadores cómo para no tener que verles las caras y empezaron a comer, hablando entre susurros del estado de su amiga.

.- Yo la veo muy débil, Lily.-murmuró Vittoria, cogiendo un par de tostadas para sacarles los bordes.

.- Ya.-reconoció la pelirroja tras sorber su zumo de manzana.- Pero debe de ser lo normal. Por lo que nos contó, imagino que su cuerpo debería de estar bastante castigado por todo eso…-dijo, sin atreverse a nombrarlo directamente.

.- Menudo cabrón.-refunfuñó la italiana, negando con la cabeza.- ¿Cómo se le puede hacer algo así a tus hijos?-se preguntó.

Lily se encogió de hombros, derrotada. No alcanzaba a comprender, al igual que Vittoria, cómo podía ser que Frederic le propinara a su hija tal paliza que la hiciera llegar hasta el punto de postrarla en la cama de un hospital. Un escalofrío la recorrió al recordar los frágiles movimientos de su amiga, que parecía a punto de romperse en cualquier momento.

Terminaron de desayunar sin prisas y volvieron a tomar el camino hacia la enfermería con la idea de ver un rato más a Audrey.

.- Mierda.-dijo la italiana de pronto, pegándose en la frente con la mano.- Los deberes.-dijo, como explicación para Lily que la miraba extrañada.

Lo que más extrañó a la pelirroja fue que Vittoria se preocupase por los deberes. Ella, la más irresponsable de las tres, jamás se acordaría de algo así y mucho menos en un momento como ese. Sin embargo, todo tiene su explicación.

.- ¿Des de cuando tú te preocupas por los deberes?-preguntó Lily sorprendida.

.- Des de que el profesor de Runas me amenaza con expulsarme de su clase si no se los traigo como él quiere.- respondió ella con tono de hastío.

El profesor de Runas Antiguas jamás había aceptado que Vittoria era su mejor alumna y siempre la había tratado mal en sus clases. Pero, si la chica hacía lo que se le decía y, además presentaba trabajos y ensayos inmejorables en lo que a contenido se refiere; habría que atacarla por otro lado…

Y ese otro lado era la mala presentación que solía tener la chica. Vittoria era una adolescente muy movida, casi hiperactiva, y no podía pasarse demasiado tiempo haciendo una misma cosa. Hasta el quidditch, que era lo único que le relajaba, acababa cansándole en algún momento si la cosa duraba demasiado. De modo que era algo casi imposible que ella estuviera haciendo durante dos horas lo que podía hacer en sólo media, nada más que para hacer buena letra y presentar un pergamino sin manchas de tinta.

Pero esa vez tendría que hacerlo. Oh, sí, tendría que hacerlo porque Runas Antiguas tenían mucha importancia para su futuro profesional (si es que tenía a ese paso) y no podía arriesgarse a que la expulsaran de clase. Porque, si el profesor Mikonnos lograba tener un pretexto para hacerlo, lo haría permanentemente.

.- Tienes razón, igualmente. No hemos hecho nada en todo el fin de semana y mañana ya es lunes.-recordó la pelirroja, un poco agobiada por toda la faena que se le venía encima.

.- Tengo que ir a la biblioteca, necesito consultar un libro… el otro día lo estuve buscando y alguien lo había cogido.-explicó.- ¿Te vienes?-le ofreció.

.- No, tengo que hacer alquimia y lo tengo todo en la habitación… ¿Nos vemos luego?-propuso la pelirroja.

.- Bien.- aceptó ella.

Se separaron en una bifurcación y, mientras que Vittoria se fue hacia la biblioteca, Lily entró en el baño. Había un grupito de chicas, todas ellas Hufflepuff, a las que saludó con un movimiento de cabeza. Ellas le contestaron del mismo modo pero las pudo oír susurrar algo, divertidas, mientras ella entraba en el váter más próximo.

Mientras tanto, ellas seguían comentando algo y, de pronto se echaron a reír. Sus risas despectivas le penetraron los oídos y enseguida supo a qué se debían. La broma de Potter, seguro. La broma que le había hecho el día anterior y que ella había medio olvidado por todo lo que había pasado en las últimas horas… volvía a revivirla. Apenas había tenido contacto con la gente y eso fue lo que hizo que se le borrara de la memoria ese momento en el que había dejado de ser Lily para convertirse en una bola rellena de aire.

Las risas cacareantes de las chicas aumentaron en número y volumen cuando ella hubo salido del baño pegando un portazo. La pelirroja bufó, quitándose un mechón de pelo de la cara y fingiendo no oír las risas de gallinas bobas de esas chicas.

Tenía que inventar algo. Algo para hacerle pagar a Potter lo que se merecía y para recuperar su perdida dignidad. La gente dejaría de reírse al verla y el burlado sería otro. Potter pagaría, vamos que si pagaría. Pero la verdad es que no lo tenía fácil.

En su cabecita había miles de cosas que la inquietaban y sus dos mejores amigas eran parte de ellas. Audrey con sus problemas familiares, estando en la enfermería y con todo lo que ello conllevaba. Y Vittoria, con su "enamoramiento" de Zabini, que cada vez que cruzaba una mirada con él, sus piernas empezaban a temblar.

La italiana creía que nadie lo había notado pero, al menos para Lily, la cosa era bastante evidente. Al principio creía que sería algo pasajero, quizás sólo atracción física pero había pasado el verano entero y no parecía que la muchacha fuese a olvidar al Slytherin.

Otra de sus preocupaciones era la dichosa broma de Potter. ¿Qué podía hacerle? No se le ocurría nada de nada y tampoco quería tardar mucho, para que la gente se diera cuenta de que no se jugaba con Lily Evans.

De pronto, una idea cruzó por su mente. Sería simple pero molestaría lo suficiente a Potter cómo para hacérselo. Echó a correr hacia la sala común, directa a su objetivo, sin parar ni un segundo a descansar. Subió hacia los dormitorios de las chicas y, al llegar a la suya, se acercó corriendo hasta su baúl. Buscó entre el desorden de éste y al fin encontró lo que buscaba. Dos botecitos pequeños, rellenos de dos pociones distintas: la poción pimentónica y la poción del desconcierto. Las que había ganado en la primera clase de Slughorn; esas dos pociones le ayudarían a hacerle pagar a Potter lo que se merecía.

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Mientras tanto, Audrey esperaba a sus amigas que no iban a venir. Había estado hablando con Remus un buen rato, de tonterías varias, pero, al fin y al cabo, habían hablado civilizadamente. Él todavía no había recibido visitas pero algo le decía que Sirius y James no tardarían en llegar.

Y, efectivamente, no se equivocaba. Pronto le llegaron los ecos de sus voces rebotando en las paredes del corredor que llevaba a la enfermería. Iban riendo, seguramente de algún comentario que acababan de hacer, y llevaban un buen ritmo porque no tardaron en asomarse por la puerta de la enfermería.

Ambos compusieron en sus rostros sendas caras de sorpresa al ver a Audrey y a Remus hablando amigablemente. Los imaginaban cada uno tumbado en su cama y sin hablarse y, precisamente de eso venían riéndose. De lo críos que podían llegar a ser, todos en general, a sus ya dieciséis años. Sin darse cuenta, claro, de que ellos dos eran iguales o peores. Sin embargo, ahora Audrey y Remus les estaban dando una lección de madurez… o bien estaban demasiado hechos polvo cómo para ponerse a pelear.

Se acercaron a sus camas, que habían acercado mediante un hechizo, y se sentaron a charlar un rato apaciblemente, hasta que Sirius dijo algo que a Audrey le recordó a Vittoria.

.- ¿Qué le hiciste, por cierto?-preguntó la chica con un matiz peligroso en su voz que el moreno no supo captar.

.- ¿A quién?-preguntó inocentemente.

.- A Vittoria, lo sabes perfectamente.-contestó ella, al ver que Sirius intentaba escaquearse.

.- No fue nada.-se quejó él.- Un golpecito de Quaffle, nada más.-explicó.

.- Ya, pues deberías haberle visto la cara esta mañana…-comentó la chica. Sirius se echó a reír.- ¿Qué?-preguntó ella sin entender.

.- Es que sí que la hemos visto.-explicó James al ver que su amigo no era capaz de responder.

.- Ya, entiendo.-murmuró Audrey para sí.

.- Pues lo tienes claro, Padfoot.-replicó Remus, que había estado observando divertido como Sirius se retorcía de la risa encima de la cama de la chica.- Creo que no vas a salir vivo de esta.-predijo con cara de circunstancias.

.- Venga ya, de peores he salido.-dijo él, con pose chulesco.

Los demás se miraron de forma escéptica. Si conocían a alguien rencoroso de verdad, esa persona era Vittoria Fabrizzi. Además de que la chica era aún un completo misterio para muchos. El hecho de que hubiera viajado tantísimo durante toda su vida, debido a los intentos de atentados contra la vida de su padre, le había dado conocimientos, disciplinas y técnicas de lucha que muchos no conocían o jamás habían oído hablar de ellas.

Tuvo que arreglárselas para aprender a defenderse de todo tipo de gentes que la insultaban en Tokio por ser occidental, o los que la marginaban en la India por no tener una casta diferenciada. Incluso tuvo algunos problemas en el Reino Unido por ser italiana… La chica, que no era de las que se esconden detrás de otros para defenderse, se obligó a aprender todo lo que estaba en sus manos para protegerse de la gente y para atacar si era preciso. Su manera de luchar era una extraña mezcla entre judo, taekwondo, y thai boxing que había aprendido en, al menos cinco países distintos pero que le servía perfectamente para defenderse.

No es que fuera violenta ni nada pero, si la situación lo requería, podía hacerte una llave de judo y dejarte K.O. en pocos segundos. Y si lo que quería era vengarse, lo más probable es que así lo hiciese.

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Mientras tanto, la italiana ojeaba libros compulsivamente en la biblioteca. Quería que en su trabajo no hubiera el mínimo fallo y además, se estaba esforzando muchísimo en mantenerlo limpio, ordenado y sin que ninguna letra pudiera ser malinterpretada. Estaba invirtiendo más tiempo en hacer ese trabajo que en hacer los deberes de una semana.

Al fin dio con lo que buscaba. Ahora, en la asignatura de Runas, estaban estudiando Egipto. Y, aunque ella supiera más que nadie de todo Hogwarts sobre eso, quería ampliar conocimientos. No por nada había estado viviendo en Egipto durante dos años… algo bueno tenía que salir de eso, ¿no?

El libro era uno de esos miles de libros antiguos que albergaba la biblioteca de Hogwarts que, cuando los abrías, parecía que se iban a caer a trozos. Las páginas eran tan finas que la mayoría de ellas eran inteligibles ya que las letras de la otra cara transparentaban, convirtiendo cada página en un montón de manchas negras que, si tenías suerte, podías llegar a descifrar.

La suerte hizo que la chica se encontrara con uno de esos libros y estuvo intentando descifrar cada una de las palabras que pudieran serle útiles sin obtener ningún resultado útil. Intentó hacer que Madame Pince realizara algún tipo de hechizo para que las letras resultaran más visibles pero la mujer se cerró en banda, alegando que, para ella los libros eran sagrados y estaba prohibido hechizarlos.

Al final desistió de ampliar su trabajo y se concentró en terminar los dos rollos de pergamino que el profesor les había mandado y de los que ella llevaba sólo la mitad escrita. Pero quería hacerlo bien, sin ningún fallo, para que el estúpido de Mikonnos no se atreviera a bajarle nota y le pusiera la que se merecía. Y para no darle motivos para criticarla.

Llevaba más de dos horas escribiendo lenta pero ordenadamente y el largo trozo de pergamino parecía haber estado delineado mágicamente. Sin embargo, todo era fruto del tiempo que estaba invirtiendo en ello y, a pesar de que su mano derecha empezaba a temblar por el esfuerzo, el trazo de tinta no vaciló ni un solo segundo. No había ni una sola gota de tinta que manchara el pergamino ni una pequeña arruga que pudiera tachar al trabajo de mal hecho.

Le quedaban las conclusiones nada más cuando Madame Pince le anunció que debía marcharse porque ya estaba a punto de cerrar la biblioteca.

.- ¿Ya?-preguntó ella extrañada, levantando la cabeza del pergamino por primera vez des que se puso a escribir.

.- Son más de las nueve, señorita, yo creo que ya es un poco tarde.-dijo la mujer señalando su reloj, algo quemada ya de todo el día trabajando.

.- ¿Tan tarde?-preguntó de nuevo la muchacha mirando su propio reloj.- Perdone, enseguida me marcho.-dijo, al ver que, efectivamente, la bibliotecaria tenía razón.

Se dirigió a la sala común para terminar lo poco que le quedaba ya de trabajo esperando encontrársela prácticamente vacía ya que era, más o menos, la hora del "toque de queda" y la gran mayoría de gente aprovechaba al máximo ése intervalo de tiempo en el que podían rondar por los terrenos del castillo sin temor a ser castigados, disfrutando un poco de la noche fresca junto al lago.

Pero ese día, a pesar de estar casi vacía, había tres de los especimenes más ruidosos de todo Gryffindor, por no decir de todo Hogwarts. James y Sirius ya habían vuelto de la enfermería y Peter se había unido a ellos en una especie de comilona montada de improvisto en medio de la sala común. Estaban sentados en tres sillones distintos, rodeando a una mesa repleta de comida, dulces y bebidas que parecían traídas para satisfacer el hambre de un regimiento.

.- Hey, Fabrizzi!-la llamó Sirius, levantando una mano para llamarla.- ¿Te apetece comer algo con nosotros?-le preguntó, abarcando con un brazo toda la comida que tenían.

Vittoria le miró sorprendida, levantando una ceja. Después de lo de ésa mañana, ¿se comportaba tan normal? Y, bueno, no del todo normal porqué, que ella recordase, jamás había cenado con los merodeadores.

.- Venga, ven.-añadió James, haciéndole un gesto con la mano.- No vamos a poder con todo.-le hizo ver.

Y tenía razón. Los tres estaban medio tumbados en sus respectivos sillones con el pantalón del uniforme desabrochado y con pinta de estar a punto de explotar.

.- No, gracias.-contestó ella.- No tengo hambre.

Entonces, su estómago la traicionó vilmente, rugiendo de forma grutural y haciendo que las mejillas de la italiana se tiñeran de rojo intenso.

.- Venga, no vas a perder tu reputación de chica dura por cenar un día con nosotros.-la animó Sirius, pasando por alto el abochornante momento en el que estaba la chica. Casi parecía que se estuviera disculpando.

.- Está bien.-accedió ella tras pensarlo un poco. Lo cierto era que tenía un hambre feroz y no podía esperar hasta el desayuno del día siguiente.- Pero luego tengo que acabar un trabajo o sea que cenamos y punto, ¿vale?-les advirtió a la vez que se sentaba.

.- Como la señorita mande.-dijo James, sonriendo con las manos en alto.

Después de cenar con ellos, Vittoria no había quedado rendida a sus pies pero lo cierto era que su concepto hacia los merodeadores había cambiado notablemente. Bueno, excepto hacia Peter que, cada vez que intentaba hacer un comentario, la fastidiaba quedando como un retrasado mental.

La charla fue distendida y, hasta, a veces, divertida, por lo que la chica se olvidó pronto de la insufrible tarde que había pasado enclaustrada en la biblioteca y se dejó llevar por la compañía de James y Sirius. Hasta empezó a ver el encanto que tantas chicas adoraban en ellos. Lo que no significaba que los adorase, no nos pasemos, pero sí los toleraba. Cosa que habría sido difícilmente predecible por alguien a primera hora de la mañana.

Además de que, un par o tres de vasos de whisky de fuego solían hacerla mucho más sociable y desinhibida.

.- ¿Sabías que nuestra pequeña Vittoria tiene pretendientes, Prongs?- soltó Sirius en tono paternalista, mirando con ojitos tiernos, que no podían ser más fingidos, a Vittoria.

.- ¿Cómo?-preguntó James, que no había oído nada por culpa de los ronquidos de Peter.

.- Nada, nada.-murmuró Vittoria, con una mano encima de la frente, tratando de disuadir a James de seguir escuchando.

.- Que digo,-volvió a empezar Sirius, hablando más alto.- que nuestra pequeña Vittoria tiene pretendientes.

.- ¿Ah, si?-preguntó James con tono de maruja interesada, mirando fijamente hacia la susodicha.

.- Eso no os importa a ninguno de los dos.-dijo ella.

.- Pues sí.-siguió Sirius, ignorando el comentario de la italiana.

.- ¿Y quién va detrás de nuestra pequeña, Padfoot?-preguntó James, aún con un tono cantarín.

.- No te lo vas a creer.-contestó él en plan Boris Izaguirre.

.- ¿Quién?-preguntó James, cada vez más interesado.

Vittoria no pudo evitar sonreír. Eran graciosos, eso no podía negarlo. Hablaban de su vida privada con tanta gracia que no podía evitar reírse, todo ese teatro… Querían aparentar ser muy mayores para algunas cosas pero para otras seguían teniendo la frescura típica de los niños de diez años con un puntito de niños malos muy gracioso.

.- Carlo Zabini.-dijo Sirius tras un redoble de tambores cortesía de James.

.- ¿Carlo Zabini?-repitió él, pensando que había oído mal.- ¿Él te gusta?-preguntó, abandonando cualquier tipo de juego y poniéndose serio.

.- Ya he dicho antes que eso no os incumbe.-dijo ella, al ver el rumbo que había tomado la conversación.

.- ¡Vittoria!- exclamó la voz de Lily nada más entrar en la sala común.- ¿Dónde estabas?-preguntó aún sin reparar en su "compañía".

.- En la biblioteca.-contestó ella.

.- ¿No has ido a cenar?-preguntó la pelirroja, sentándose a su lado. En ningún momento había levantado la vista de su amiga y, por lo tanto, no veía cómo James y Sirius la observaban.

.- No,-respondió ella.- he cenado aquí.-dijo señalando la mesa repleta de platos ahora ya vacíos.

Fue entonces cuando Lily se percató de la presencia de James y Sirius y de Peter que dormía encima de un sofá. Su cara de sorpresa fue impagable.

.- ¿Con ellos?-preguntó totalmente incrédula. Su amiga asintió con la cabeza.- ¿Por qué?-volvió a preguntar, sin entenderlo.

.- Me han invitado y ya está. Lily no te enfades.-dijo, con una mano en la frente y poniendo morritos.

.- ¿Has bebido?-preguntó sin obtener respuesta.- ¿Ha bebido?-preguntó a los otros dos con el mismo resultado. Miró entonces la mesa, repleta de platos y de botellas y allí encontró la respuesta a su pregunta.- ¡¿Pero estáis locos o qué!-espetó totalmente fuera de sí.

.- ¡Ah!-gimió Peter.- No grites tanto, loca.-se quejó, revolviéndose en el sofá.

.- Lily, tranquilízate, sólo es un vaso de whisky de fuego.-trató de calmarla Vittoria.

.- ¡Ni más ni menos!-volvió a exclamar iracunda.-¿A quién se le ocurre? Mañana hay clase, ¿lo sabes?-inquirió mirando fijamente a Vittoria que ahora bajaba la mirada.

.- Pero si estoy perfectamente, ¡Lils!-dijo ella. Entonces se levantó para demostrárselo.- ¿Lo ves? Me aguanto perfectamente.

Siguió caminando alrededor de la mesa con la mirada al frente, rodeándola lenta pero segura y sin vacilar en sus pasos. Sin embargo, una arruga en la alfombra debajo de sus pies la hizo trastabillar y cayó en los brazos de Sirius.

.- Uy, sí, lo veo perfectamente.-espetó la pelirroja irónicamente. Se acercó a su amiga y le tendió la mano para que se incorporase.- Venga, levanta, Vittoria.

.- Ay, Lils no te enfades…-pidió de nuevo, levantándose.

.- No me enfado, pero va, será mejor que subamos a la habitación.-dijo pasando un brazo por detrás de su amiga para que ésta no cayera.

.- Oye, Evans, yo tampoco me siento muy bien, ¿me ayudas a subir a mi habitación?-preguntó James fingiendo estar fatal.

.- Que te jodan, Potter. Esta vez te has pasado.-espetó ella, sin girarse a mirar atrás.

Tampoco había sido para tanto, la verdad. Sin embargo, Lily empezaba a estar harta de todo. De las bromas de Potter, de los comentarios de Black, de los problemas de Audrey y de lo rara que estaba Vittoria últimamente. Harta de todo.

Ayudó a Vittoria a meterse en la cama y abrió rápidamente su baúl sacando de él una caja de piel con broches dorados. Se arrodilló en el suelo frente a la caja y la abrió dejando al descubierto un montón de botecitos y frascos de cristal llenos de substancias e ingredientes para pociones. Escogió unos cuantos y, tras coger un pequeño caldero de debajo de su cama, se dispuso a mezclarlos uno por uno, removiendo y juntándolos todos sin darse cuenta de que dos ojos azules la espiaban entre los doseles.

Minutos después acercaba una copa humeante al cabezal de la cama de Vittoria, sorteando a "Marcia" la última adquisición de su amiga, una planta caníbal que se alimentaba de sus semejantes. La italiana se removió inquieta al notar una cachetada cortesía de la pelirroja, y se incorporó sobre sus codos.

.- Lils…-se quejó, frotándose un ojo con pereza.

.- Bebe esto.- le ordenó la otra, acercando la copa humeante a su boca.

.- Ah, no, ¡huele fatal!- negó ella, arrugando su naricilla con desdén.

.- Bébetelo, venga, no me hagas repetirlo.- ordenó ella de nuevo, forzando el vaso contra la boca de su amiga.

.- No ñmhf, argh, Lily, ¿no podrías darle mejor sabor?-se quejó, limpiándose los labios con una mueca de asco.

.- No, te lo mereces.-espetó ella.- Por beber con esos dos.-la riñó.

.- Lo sé, lo sé…-aceptó ella.- Pero, ¿Qué querías? Me han ofrecido cena y, tenía tanta hambre que no he podido resistirme…

.- Bueno, va, mejor vamos a dormir ya…-dijo ella, olvidando la bronca.- Mañana será otro día.-suspiró.

.- Buenas noches, Lily.-dijo Vittoria tapándose de nuevo.

.- Buenas noches, Vittoria.-contestó ella, mientras empezaba a desvestirse.

.- Mmmm, oye, Lils…-la llamó de nuevo.

.- Dime.- dijo ella, poniéndose el pijama.

.- Lo siento.-murmuró sincera, para volver a hundirse bajo las sábanas.

Lily miró tiernamente el bulto que se ocultaba bajo las mantas. A veces, Vittoria las sorprendía con alguna locura o estupidez pero luego se comportaba de tal forma que era imposible seguir enfadada con ella por mucho tiempo. Con un hábil movimiento de varita, recogió su maletín de pociones y guardó el caldero debajo de su cama. Se metió entre las sábanas y, en el preciso momento en que su cabeza rozó su almohada, cayó en un profundo sueño.

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Al día siguiente, Vittoria despertó con un presentimiento extraño. Recordaba absolutamente todo lo que había pasado la noche anterior pero sentía que había algo que se le olvidaba. Se duchó aún con ese presentimiento y empezó a dar vueltas por la habitación, intentando recordar qué era lo que se le escapaba hasta que al final dio con ello.

No había terminado el trabajo de Runas Antiguas. Si de otro profesor se tratase, Vittoria apelaría a la compasión, alegando que había estado muy preocupada por su amiga Audrey que estaba en la enfermería. De hecho, era lo que tenía pensado de hacer con los demás profesores de los que tenía deberes.

Sin embargo, se trataba de Mikonnos, y él, para Vittoria, era un hueso duro de roer. Ni siquiera le permitía ir al baño en "esos días del mes" así que era prácticamente imposible que le perdonara el hecho de no haber terminado el trabajo. Se despojó de la toalla mojada que cubría su cuerpo y se puso la túnica rápidamente, cogiendo lo que le hacía falta para las clases.

.- ¡Lily!-la llamó, por encima del ruido de la ducha.- Tengo que acabar una cosa, te veo abajo, ¿vale?

.- Vale- en el preciso momento en el que oyó su contestación, echó a correr escaleras abajo hasta llegar a la sala común.

Expandió los dos rollos de pergamino sobre la mesa, volviendo a leer todo el trabajo para sintetizarlo todo en la conclusión. Le costó más de diez minutos de situarse pero, al final, terminó con todo poco antes de que Lily llegara. Sin embargo, aún había algo que le fallaba y no sabía el qué.

.- ¿Ya estás?-preguntó la pelirroja, tras llegar a la sala común.

.- Sí, todo controlado.-contestó ella, con una sonrisa.

.- Pues venga, a desayunar.

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Audrey, mientras tanto, daba vueltas en su cama. Había estado hablando hasta tarde con Lupin, de tonterías y otras cosas pero ahora ya había dormido suficiente y se aburría. Se levantó, notando todo el cuerpo entumecido de los casi dos días enteros que llevaba tumbada. Estaba aburrida. Su única distracción era Remus Lupin que, por su "accidente", estaba también en la enfermería. Pero, en ese momento, su única distracción estaba profundamente dormida.

Acercándose a la ventana de la enfermería se frotó los brazos con las manos tratando de darse calor. Había olvidado la bata encima de la cama pero ya le costaba suficiente ponerse a andar como para encima ir haciendo paseítos estúpidos por la enfermería, por mucho frío que tuviese.

Al fin llegó a su objetivo y se apoyó con delicadeza al frío cristal de la ventana. La enfermería estaba en la torre que daba al lago por lo que pudo observarlo nítidamente aprovechando que ese día no había ni una nube que tapara el sol. Incluso pudo ver como un tentáculo del calamar gigante salía de la oscura superficie, formando ondas, para luego volver a sumergirse en ella. Parecía que le estuviese saludando. Sonrió ante la estupidez que acababa de pasar por su cabeza y ese fue el momento que eligió Remus para despertar.

Y, igual os parece estúpido, pero el verla iluminada por la tenue luz del sol, con esa sonrisa casi infantil en su rostro y el camisón blanco rozando su suave piel, hizo que Remus creyera estar viendo un ángel.

Audrey seguía mirando por la ventana, con un brillo de niña en la mirada. Lo observaba todo con una inmensa curiosidad, cómo si lo viera por primera vez. El chico se incorporó pesadamente sobre sus codos sin dejar de mirar a Audrey que, en ese momento, volvió a frotarse los brazos para infundirse calor.

.- Buenos días.-dijo con voz ronca.

.- Buenos días.-contestó ella, tras el sobresalto de oír la voz del chico.- ¿Qué tal?-preguntó, más que nada, para empezar una conversación.

.- Bien.-sonrió el chico.- ¿Y tú? Veo que te has levantado sola.-observó.

.- Sí.-dijo ella, contenta.- Ya empiezo a cansarme de estar aquí.

.- Normal-dijo él.

.- ¡Remus!-se oyó, provinente del pasillo.

Stacy Smith irrumpió en la enfermería, sin preocuparse de no hacer ruido y sin respetar las normas de ésta que indicaban claramente que no había visitas hasta después de las doce del mediodía. Se acercó corriendo a la cama de Remus, sin fijarse en que Audrey y él estaban hablando antes de que ella interrumpiese.

.- ¡Remus! Tengo una información que, como prefecto puede interesarte.-dijo de un tirón con voz de pito.

.- Smith-la cortó él.- Por si no te has dado cuenta, aunque no esperaba más de ti, estoy en la cama aún.-le hizo ver irónicamente.

.- Bueno, no me importa, tranquilo.-desestimó ella sin ver como las cejas de Audrey y de Remus se alzaban de la sorpresa.

.- Ya, pero a mi sí.-contestó él.- Además, no puedes estar aquí.

.- ¡Da igual!-protestó ella, con voz de niña mimada.- ¿No quieres saberlo?

Remus meditó su respuesta. Su primer pensamiento fue decirle que no quería saberlo y que se fuese porque quería dormir. Sin embargo, se dio cuenta de que volvería a tenerla allí en el primero de los descansos entre clases por lo que prefirió quitársela de encima cuanto antes.

.- Venga, dímelo.-aceptó él.

.- ¡Sabía que no podrías resistirte!-exclamó con voz aguda, para el disgusto de los oídos de los presentes.- Ayer por la noche, en mi habitación- allí fue cuando Audrey, que fingía mirar por la ventana, empezó a prestar más atención a lo que la rubia contaba.- Evans preparó una poción. ¿Qué opinas sobre eso?-preguntó, esperando que Remus se levantara y fuese a denunciarlo a McGonnagall.

.- Pues opino que no es asunto tuyo.-espetó él con una mirada fría.

.- Pero la normativa lo prohíbe.-se quejó, con voz llorosa.

.- Pero es algo que no te incumbe. Además, no está bien que andes chivándote de este tipo de cosas. ¿Te molestaron acaso?-no esperó su respuesta.- Pues ya está.-concluyó.

Empezaba a estar realmente harto de tener siempre a Stacy detrás suyo para contarle chismes de los demás habitantes de su residencia. Se pasaba el día espiando a la gente para luego ir a contárselo a él si se trataba de algo prohibido.

.- Pero, Remus!-se quejó de nuevo.

.- No hay peros, Smith, será mejor que te vayas.-espetó él, señalando la puerta con un dedo. La chica obedeció rápidamente y se marchó de la enfermería.- Esto es el colmo ya.-dijo Remus.

.- ¿Siempre es así?-preguntó Audrey, a la que no se le había borrado la expresión de sorpresa de la cara.

.- No.-negó él.- A veces es peor.

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Tras el desayuno, Vittoria fue a su clase de Runas. Zabini la pilló por banda y no tuvo más remedio que sentarse con él e iniciar una conversación.

.- ¿Te lo has pensado ya?-preguntó a bocajarro.

.- ¿No podríamos dejar ya este tema?-espetó hastiada.- Ya lo hablaremos, ¿vale?-suavizó.

.- Vale.-aceptó él.-¿Has hecho el trabajo de Runas?-preguntó.

.- Si.-dijo ella.

.-¿Y qué has puesto en el apartado de leyendas?-preguntó el chico abriendo uno de sus rollos.

El apartado de leyendas. ¡Mierda! ¡Era eso lo que se le olvidaba! Zabini pareció ver el problema en la cara de la chica porque sonrió maliciosamente.

.- Toma, míralo del mío.-le ofreció acercándole el pergamino.

.- Gracias.-aceptó ella, demasiado estresada como para pararse a pensar las intenciones que tenía Zabini al ofrecerle eso.

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Fin!

Bueno, fin del chapi, claro.

¿Os ha gustado? Supongo que estaréis algo enfadadillos por haberos hecho esperar tanto, ¿no?

Lo siento! Aixx parece que últimamente sólo hago que escribir eso! He estado haciendo un trabajo bastante… pesado pero ahora ya está. Sólo queda que me evalúen pero eso ya no está en mis manos así que, cuando termine con la exposición, ya estará todo…

En fin, que ya lo he colgado…

Bye!

PD: Hoy no tengo tiempo pero prometo que en el próximo chapi voy a contestar los reviews!