N. A.: Antes que otra cosa suceda quiero agradecer a Daia Black y a Helen Black Potter por sus reviews. De verdad que me alegra mucho recibir sus comentarios. Me animan a continuar transcribiendo mis locas ideas. Por supuesto, también doy las gracias a todas aquellas personas que tienen mi historia entre sus favoritas, y a aquellos que la tienen marcada en sus alertas. Para mí es un gusto enorme que este pequeño intento de fic sea de su agrado. Les comento también que he escrito un one-shot llamado Yo quiero a mi Moony, los invito a echarle un vistazo y a que me dejen sus comentarios.

Bien, después de esta perorata y publicidad los dejaré tranquilos para que lean un poco. ¡Disfrútenlo, amigos!

Siempre Puro.

Capítulo 7.

La sala común de Gryffindor estaba casi vacía. Solo algunos estudiantes quedaban regados aquí y allá terminando deberes o jugando alguna partida de ajedrez. James y Peter esperaban a que Lily bajara de su habitación con algunos libros que necesitaban para terminar su redacción de Historia de la Magia. Estaban cómodamente instalados en una mesa frente a la chimenea cuando vieron que Sirius atravesaba el retrato.

-A juzgar por la cara que trae diría que no consiguió ver a Remus –susurró James a Peter al ver la extraña expresión del rostro de Sirius.

-¿No me digas que nuestros intentos por entretener a la Señora Pomfrey fueron infructuosos? Mira que no fue sencillo mantenerla lejos de la enferm… ¡Hey, Padfoot, te estoy hablando! –gritó James cuando vio que su amigo subía las escaleras de caracol hacia la habitación como si fuera un vendaval.

Dirigiéndose entonces a Peter, dijo:

-Tú espera a que vuelva Lily. Yo iré a ver qué le ocurre a Sirius.

Sin decir más James se fue tras su amigo. Cuando entró al dormitorio vio que Sirius abría su baúl con un golpe de varita.

-Oye, Padfoot, no me molesta que husmees entre mis cosas pero…

Sin hacer caso, Sirius se inclinó sobre el baúl de James. Dejando la capa de invisibilidad dentro del mismo empezó a revolverlo en busca del mapa del merodeador. Cuando lo encontró, se levantó y se dirigió a su cama. Murmuró el hechizo para que el mapa se revelara y comenzó a recorrerlo con una mirada frenética.

Los pasos apresurados de Peter y Lily sonaban con fuerza por la escalera y al girarse James los vio aparecer en el umbral del dormitorio.

-¿Se encuentra bien? -quiso saber Lily al fijarse en Sirius- No parece estar en sus cabales…

Sirius arrugaba el mapa entre sus manos y en su mirada había un destello inquietante. Parecía muy concentrado en sus propias cavilaciones.

-Stella está en su sala común pero sé que ella tiene algo que ver… ¡Lo sé!

-¿De qué hablas, Sirius?... Lograste colarte en la enfermería, ¿verdad? -preguntó James quitándole el pergamino antes de que lo hiciera pedazos- ¿Cómo está Moony?

-No lo sé…, algo extraño le ocurre. Me ha rechazado, Prongs -respondió Sirius con amargura- Me trató con bastante indiferencia. Ni siquiera me dejó tocarlo.

-Pero eso no es posible, Padfoot -dijo James sin creérselo- Esta misma mañana tú estuviste tratando de meterte en su cama y él parecía muy divertido. Hasta lo besaste y te correspondió.

-Eso es verdad -corroboró Peter- Y cuando tú le dijiste que regresarías a verlo dijo que te estaría esperando.

-Sí, sí -asintió Sirius con un deje de desesperación en la voz-, pero esta vez me ha tratado con mucha frialdad. No ha querido que me acerque a él... Es por Stella, sé que ella debe tener algo que ver en todo esto. Estoy seguro. Moony no se comportaría así conmigo, no después de haber aceptado que volvieramos a estar juntos a pesar de ella -aseguro Sirius, muy convencido de sus propias palabras.

Lily había permanecido en silencio escuchando las conclusiones de Sirius. Tras reflexionar en ellas, dijo:

-La única explicación que encuentro para esa forma de actuar tan extraña de Remus es que, de alguna forma, Stella debe haberse enterado de lo que hay entre ustedes... Y tal vez encontró la manera de convencer a Remus para que se aleje de ti definitivamente, Sirius.

Sirius se quedó pensativo ante las palabras de la chica.

-Mañana mismo pienso aclarar este asunto con Remus, y tendrá que explicarme con qué lo esta chantajeando esa arpía. Si descubro que ella es la culpable de todo esto les juro que la voy a hacer pagar muy caro… Evans, ¿podrías hacer algo por mí? -pidió el animago.

-Por supuesto -respondió la joven sin dudarlo.

Sirius se sorprendió al escuchar la rápida y segura respuesta de la muchacha, y también sonrió ante la sonrisa complice que la joven le dirigía. Y es que ambos sabían que ella apreciaba muchísimo a Remus y que éste confiaba en ella, así que iban a sacarle provecho a eso.

-Bien. Esto es lo que quiero que hagas - Sirius le explicó en pocas palabras que era lo que necesitaba de ella y al final Lily se despidió de ellos y se marchó a su dormitorio después de asegurarle que no tendría ningún problema en ayudarlo.

-Prongs, asegúrate de llevar contigo el mapa del merodeador de ahora en adelante -le pidió Sirius a su amigo- Tenemos que estar al tanto de los movimientos de Stella, tenemos que saber si se acerca a Remus para presionarlo, chantajearlo o intimidarlo.

-Claro, Padfoot. Lo haré.


Al día siguiente, durante el desayuno y durante las clases de la mañana, Remus se portó igual que siempre con James y Peter; pero a Sirius no le habló, no lo tocó y no lo miró ni por accidente. Antes del medio día tenían una hora de descanso entre la clase de Runas Antiguas y la de Historia de la Magia, así que Remus se decidió a trabajar en pulir un poco más su redacción para esta última clase. Caminaba solo hacia la biblioteca cuando Lily lo interceptó.

-Hola, Remus, ¿cómo estás? –preguntó amablemente la pelirroja.

-Muy bien, Lily, ¿y tú qué tal?

-Muy contenta de verte. Me enteré que estuviste en la enfermería. Siento mucho no haberte visitado, pero apenas lo supe ayer...

-No te preocupes. No ha sido nada serio –respondió el castaño con una sonrisa- Ya estoy mejor.

-Me alegra escuchar eso, Remus. ¿Sabes?, aprovechando que tenemos un respiro entre clase y clase me gustaría mostrarte un nuevo libro que me llegó por correo ayer por la tarde, ¿me acompañas?

Remus pensó en la redacción que tenía pendiente, pero la idea de un libro nuevo lo atraía demasiado y al final aceptó ir con la chica.

Se dirigían a la sala común y Lily se debatía entre hablarle de Sirius o no hacerlo. Se inclinó por la segunda opción pues, teniendo en cuenta su actual comportamiento hacia él, temía que, de mencionarlo, Remus desistiría de acompañarla. Decidió hablar de cualquier cosa, y mientras caminaban notó que el chico lucía pálido y demacrado. Su expresión tenía un deje de ausencia y sus ojos parecían un poco apagados. Lo más extraño para Lily era que seguía mostrándose tan atento y amable como de costumbre.

Entraron a la bulliciosa sala común de Gryffindor y Remus se acomodó en una de las butacas forradas de terciopelo rojo colocadas frente a la enorme chimenea a la espera de que Lily le mostrara su nueva adquisición literaria.

-Yo preferiría que me acompañaras al dormitorio, Remus –propuso Lily con un tono inocente y despreocupado.

-¿A…tu dormitorio? –preguntó Remus con algo de duda.

-Sí, ¿no te parece que aquí hay mucho ruido? Arriba podré mostrarte el libro tranquilamente, ¿qué dices?

Remus miró a su alrededor. Había un par de chicos jugando una partida de snap explosivo en la mesa de junto, y un grupo nutrido de escandálosas chicas un poco más allá parloteando sobre un ejemplar de Corazón de Bruja.

-De acuerdo, vamos -accedió, poniéndose en pie.

Juntos se encaminaron a la habitación de las chicas. Al entrar detrás de Remus, Lily echó a la puerta un encantamiento cerrojo.

-Pero, ¡¿qué haces, Lily? –preguntó el chico mirándola con asombro.

-Lo siento, Remus..., pero es la única forma en la que ustedes pueden hablar –dijo ella sin apartarse de la puerta.

-Gracias, Evans –dijo Sirius.

Al escuchar esa voz, Remus se giró y pudo ver a James, Peter y Sirius de pie en un rincón de la habitación. Sin pensarlo dos veces se volvió hacia la puerta, pero Sirius ya se había adelantado y lo sujetaba del brazo para evitar que pudiera escapar.

-¡Suéltame! –gritó Remus tratando de zafarse de él- No me toques.

Sirius no lo soltó. Por el contrario, lo aferró con más fuerza y dijo:

-¿Qué es lo que te ha dicho Stella para que te comportes así conmigo?... ¿Acaso te amenazó, te chantajeó? ¡Dímelo, Remus! –exigió Sirius.

-Suéltame, Black.

Esta vez no había gritado. Estaba de pie frente a Sirius, con la cara vuelta hacia la puerta, sin mirarlo ni siquiera por error. Cuando Sirius le tomó el rostro con una mano y trató de hacer que lo mirara, Remus siseó un No me toques llenó de ira y molestia, y forcejeó con impetu hasta soltarse de él.

-Apártate de la puerta, Lily, por favor –pidió el castaño a la pelirroja. El pelo revuelto por el agitado forcejeo y la mirada evadiendo a Sirius a toda costa.

-¡Tú no te vas de aquí hasta que hablemos! –volvió a jalarlo Sirius, molesto y desesperado. Asiéndolo fuertemente lo aprisionó contra la pared buscando su mirada con insistencia- Deja de pasar de mí y mírame de una maldita vez, Remus

-¡¿Qué no lo entiendes?! No quiero -soltó Remus, la voz alterada de nueva cuenta ante el posesivo agarre de Sirius. Agitándose furiosamente trataba de escapar de él sin éxito alguno- No quiero hablar contigo. No quiero que me toques. No quiero mirarte ni que me mires. Déjame tran…

El joven prefecto no logró completar la frase porque los labios de Sirius no se lo permitieron. En un segundo, Remus se halló atrapado entre la fría pared y el cuerpo caliente de Sirius que trataba de someterlo intensificando el beso. Con una mano, Sirius lo sujetaba firmemente para evitar cualquier intento de fuga, pero con la otra comenzó a recorrer su cuerpo con suavidad. Sus dedos rozaban la piel bajo la túnica muy sutilmente mientras su boca no cesaba de transmitir dulzura. Aunque el chico de cabellos castaños forcejeaba sin corresponder a las caricias de Sirius, no pudo evitar que un imperceptible gemido se le escapara, y, por una fracción de segundo, Sirius pensó que lo había recuperado. Sin embargo, Remus reaccionó apartándose bruscamente de él y asestándole un recio golpe en el rostro.

Lily, James y Peter los observaban sin dar crédito a lo que veían.

-¡He dicho que me dejes tranquilo, Black! –exclamó Remus respirando entrecortadamente, mirándolo con la rabia reflejada en el semblante- Y más vale que no te atrevas a intentar besarme de nuevo.

Sirius, tentandose el pómulo maltratado a causa del golpe, lo miró fijamente.

-Es por Stella, ¿verdad? ¡Dime que ella te ha obligado a separarte de mí! Tiene que ser eso Remus porque yo sé que tu me amas… ¡Lo sé!

-¡Vaya que eres necio! -rió Remus mientras meneaba la cabeza- Muy bien, si estas tan ansioso por saberlo, te lo diré. Stella no tiene nada que ver en esto. De hecho, no recuerdo ni cuándo fue la última vez que la vi. Es solo que he comprendido que tú y yo no lo llevamos bien. Tú y yo no servimos como pareja, o más bien…, tú no me sirves a mí. No te quiero, ¿entiendes? Así que no vuelvas a tocarme y mucho menos a besarme –terminó diciendo el castaño con un tono seco.

Un pesado silencio cayó sobre la habitación. Sirius se había quedado petrificado ante las palabras de Remus, quien después de observarlo un instante, solo apuntó:

-Espero que te haya quedado bien claro, Black. Ahora, si me disculpan -dijo el chico dirigiéndose hacia la puerta-, debo irme. Hay asuntos importantes que reclaman mi atención.

-Déjalo que se vaya, Evans –murmuró Sirius con la voz a punto de quebrársele- Todo ha quedado bastante claro entre nosotros y…, no te preocupes Lupin que yo no te molestare más.

-Excelente -dijo Remus con una sonrisa maliciosa dibujada en su rostro.

Al pasar junto a Lily simplemente añadió con sarcasmo:

-Ese libro tuyo resulto muy interesante, Evans.


-Solo porque estuve ahí, y lo ví con mis propios ojos, lo creo -decía James mientras miraba como se consumía el fuego de la chimenea en la sala común- Pero nunca imaginé que Remus pudiera tratar a Sirius de esa manera. Yo hubiera apostado mi Nimbus a que estaba perdido por Sirius, y ahora…

-Hay algo aquí que no termina de convencerme –murmuró Lily- Siento que Remus no es el mismo desde que salio de la enfermería. Es decir, lo es, pero… ¿no han notado que luce decaído y apagado? Su rostro tiene una expresión sombría, y además esa actitud hacia Sirius no tiene una razón de ser. Yo lo observé detenidamente durante su conversación con él y estoy segura de que faltó muy poco para que cediera cuando Sirius lo besó.

-¡Tienes mucha razón, Lily! –dijo James animándose un poco- Yo también pude percibir eso.

-Pero, ¿qué me dicen del golpe que le soltó y de todas esas cosas que le dijo? -intervino Peter- Para mí que Remus hablaba muy en serio cuando dijo que Stella no tiene nada que ver.

-Y, ¿creen de verdad que ella no haya hecho algo para provocar esta situación entre ellos? –preguntó Lily en un tono irónico.

-Pues yo ya no sé qué pensar –respondió James- Si hizo algo o no eso ya no tiene importancia. Ahora lo único que me preocupa es esa actitud tan extraña en Remus..., y Sirius, no me dejó acompañarlo después de que hablaron. Se ve tan mal que ya no sé cómo va a terminar todo esto.

Los tres amigos se quedaron en silencio, cada uno perdido en sus propios pensamientos; y hasta que el fuego en la chimenea se hubo consumido por completo subieron a sus respectivas habitaciones. Cuando James y Peter entraron a su dormitorio vieron que los doseles de la cama de Remus estaban echados, solo Sirius faltaba. Ellos sabían que no volvería en toda la noche.


'He comprendido que tú y yo no lo llevamos bien. Tú y yo no servimos como pareja, o más bien…, tú no me sirves a mí. No te quiero, ¿entiendes?'

Esas palabras no dejaban de rondar la mente de Sirius. No podía comprender cómo era posible que ese chico, que antaño parecía derretirse cada vez que él lo tocaba, hubiera dicho algo así…, pero lo había dicho. Y lo había dicho tan en serio que todas sus ideas acerca de alguna supuesta presión por parte de Stella sobre Remus desaparecieron en el instante en que él lo miró a los ojos y pudo ver el desprecio plasmado en ellos. Eso lo devastó aún más que las palabras del chico. El rechazo y el desprecio que siempre había recibido de su familia ahora lo recibía también de él, de la única persona a la que él amaba con todo su ser.

Y pensar que fue por él que decidió abandonarlo todo; dejar su casa, olvidarse de su posición y de su fortuna todo por intentar alcanzar su amor. Todo por él…, todo por nada. Al comprender eso, algo se rompió dentro de Sirius dando paso a ese orgullo irracional que caracterizaba a su linaje. Tal vez su madre tenía razón. Esos muggles estupidos no saben apreciar lo que vale un Black, Sirius. No tienen ni la más remota idea de lo que significa unirse a un Black. La sangre que corre por nuestras venas es inmaculada y nos llama a dominar por sobre todos esos ingratos tal y como las mismas estrellas dominan el firmamento. Nos llama a ser inalcanzablemente altos y únicos. Por eso debes mantener esa sangre pura, debes mantenerte puro Sirius…, siempre puro.

Le escocían los ojos y el pómulo del ojo izquierdo ardía cuando el frió de la noche le rozaba mientras otro tanto se colaba por entre los pliegues de su túnica. Pero allí arriba, en lo alto de la torre de Astronomía, Sirius Black comprendió que no podía seguir huyendo de su destino. Entendió que ya no tenía una razón para hacerlo porque el chico que se había convertido en el eje de su mundo le estaba negando lo único que lo mantenía firme para seguir intentándolo.

Sí, Remus Lupin le estaba negando su amor.

Continuará...