Disclaimer: Digimon no me pertenece.


Evermore

Exclusivos


Me estaba sofocando.

Nunca he sufrido de claustrofobia, pero vaya que estar en un espacio tan reducido —como lo es un ascensor— con Yamato Ishida, era otra cosa. No quería ni respirar, pues seguramente su aroma iba a causar que me desmayara. No quería siquiera voltear a verlo. Tenía mis ojos clavados en mis zapatos, mirándolos como si fueran lo más maravilloso que hubiera visto jamás. El aire estaba tenso y él no decía nada. Yo sólo quería salir corriendo. No me sentía del todo lista para enfrentarlo, no después de esa tan maravillosa como fatídica noche, pero a la vez, sabía que no tenía porqué cohibirme. Le iba a dar la cara para que viera que no había salido afectada, aunque fuera mentira.

Obviamente nadie más entró en el ascensor. Éste incluso hizo varias paradas, pero las personas, al ver a Mister Evermore dentro, preferían no entrar. Suertudos. Cuando, después de lo que me pareció una eternidad, llegamos al piso cincuenta y las puertas de la cabina se abrieron, sus orbes azules se posaron en mí. Yo no lo estaba viendo, pero podía sentir su mirada.

—Vamos, Mimi.

Detuvo las puertas para mí con su brazo y yo lo pasé de largo, aún sin mirarlo. En recepción nos esperaba su secretaria Megumi, quien lucía inmaculada y eficiente, como la otra vez que la vi.

—Señor Ishida, llamó la señorita Lewis, dijo que venía para acá.

—¿Y no le dijiste que hoy no tengo tiempo para sus cosas?

La voz de Ishida sonaba fría.

—Lo hice, pero ya sabe cómo es ella.

—Lo sé —concedió —. Como sea, cuando llegue dile que estoy ocupado, Megumi.

—Eso haré.

Yo estaba callada, escuchando la conversación sabiendo perfectamente que no tenía nada que decir al respecto. Pero si hubiera podido participar, estoy segura de que habría preguntado por la señorita Lewis. Parecía que Megumi la conocía bien, y qué decir de Yamato. ¿Sería alguna socia?

—Estaré con la señorita Tachikawa en mi oficina.

Dicho esto, comenzó a caminar hacia allá, y yo lo seguí por inercia. Dios. Quería que esto acabara ya. Pero si no tenía idea de qué me iba a decir, ¿cómo planear con antelación mis respuestas? Con él frente a mí no se me ocurrían demasiadas contestaciones inteligentes. Y es que en serio, ¿qué demonios quería decirme?

—Estás muy callada.

Su voz me sacó de mis pensamientos, y me di cuenta de que ya estábamos dentro de su oficina, con las puertas cerradas tras de mí. Tragué saliva.

—No tengo nada que decir —respondí.

Él suspiró, parecía aturdido.

—¿Quieres tomar asiento?

—No. No pienso estar aquí durante más de cinco minutos.

—Mimi, escucha…

Pero su oración murió ahí. Me crucé de brazos, preparándome. Él se pasó las manos por el cabello. Estaba de pie frente a mí, con tan sólo un metro de distancia separándonos, y nunca había sentido más tenso el aire entre nosotros (y eso ya era demasiado). Todo en la situación era incómodo, desde nuestras miradas, hasta la posición en la que estábamos parados.

—¿Qué querías decirme, Yamato? —pregunté, al ver que no decía nada más.

—¿Por qué te fuiste?

Su pregunta me tomó desprevenida, tanto, que hasta sentí que perdía el equilibrio. ¿Este hombre hablaba en serio?

—No vine a contestar tus preguntas, vine porque tú dijiste que tenías que hablar conmigo —respondí, cortante —. No tengo todo el día, habla.

—Es que es eso de lo que tengo que hablar contigo, Mimi. No entiendo por qué te fuiste del hotel, y mucho menos sin avisar —exclamó, había un toque de desesperación en su voz —. En la mañana, cuando me levanté y no te vi, yo…

Pero de nuevo se quedó así. Esto era nuevo para mí. ¿Mister Evermore sin palabras?

—¿Tú qué…?

Él me dedicó una mirada que no supe descifrar, pero lucía molesto, confundido y... dolido.

—Pudo haberte pasado algo, ¿te saliste en plena madrugada?

—Creo que la hora a la que me fui no importa —señalé.

—Mimi, no lo entiendes…

No. No lo entendía.

—No entiendo muchas cosas, pero ya no quiero ni intentar comprenderlas —dije, tratando de controlar mi tono de voz —. ¿Qué quieres de mí, Yamato? Dímelo y acabemos con esto de una buena vez por todas.

Sus ojos azules se mantuvieron en los míos durante unos segundos, y después desvió la mirada. ¿Por qué lucía tan contrariado? Se giró sobre sus talones y me dio la espalda, quitándose su saco en el acto, dejando a la vista su cuerpo envuelto en su camisa blanca y chaleco gris. Dios, ¿lo estaba haciendo apropósito? ¿Por qué tenía que verse tan perfecto siempre?

Dejó su saco en su silla ejecutiva y después caminó hacia una de las alas del lugar, sentándose en uno de los sillones negros de piel, con sus codos apoyados en las rodillas y su barbilla recargada en sus manos, mirándome.

—Cada vez que cierro los ojos, te veo a ti en tu vestido color vino. Escucho los sonidos que dejas escapar cuando te toco. Siento tus manos sobre mi espalda. Siento tu boca sobre…

—Basta —dije de pronto —. No hagas eso.

¿Cómo se le ocurría decirme esas cosas? Ahora me sentía mareada.

—¿Qué cosa?

—¡Eso! —alcé las manos, exasperada —. ¿Por qué me dices todo eso, Yamato? ¡Teníamos un trato! Yo perdí la apuesta y cumplí con mi parte, ahora déjame en paz.

—¿De verdad quieres que te deje en paz?

Su pregunta me descolocó por completo.

—¿Qué si de verdad quiero que me dejes en paz? —no pude evitar repetirlo, y comencé a caminar hacia donde él estaba, sin darme cuenta de mis pasos —. ¿Es acaso una pregunta retórica? ¿Qué se supone que debería contestar? ¡Yamato! Déjate de juegos. Lo que hubo entre nosotros, que, citando tus propias palabras, fue un acostón de una noche, ya pasó —dije, y ahora estaba de pie frente a él, mirándolo desde arriba, pues él seguía sentado, en la misma posición.

—No fue una pregunta retórica. Quiero que me respondas con la verdad.

Cerré los ojos con fuerza. ¿De todo lo que le había dicho sólo había captado la primera parte? Este hombre me estresaba, y de pronto todos esos horribles sentimientos de la noche en el hotel volvieron. Y quería golpearlo. Pero en vez de eso, suspiré y decidí dejarle claras las cosas. No me importaba si me arrepentía después, sabía que sería lo mejor para mí.

—Sí. De verdad te agradecería que me dejaras en paz.

—No puedes estar hablando en serio.

Bien. De verdad quería golpearlo.

—¿Entonces qué quieres que te diga? ¿Que la verdad es que quiero que no me dejes en paz nunca? —exclamé, sarcástica —. ¡No te entiendo! Pasamos una gran noche y no lo voy a negar. Sé que para ti fue una noche como cualquiera, y no pienso exigirte nada, ¡pero tú tampoco tienes derecho a traerme aquí en contra de mi voluntad, ni mucho menos a decirme esas cosas!

Había alzado la voz y parecía que estaba gritándole. Él me miraba atónito, y segundos después se levantó del sillón. Ahora él era quien me veía desde arriba, debido a su altura, pero no por eso iba a dejar que me intimidara.

—Sí, en todo lo que has dicho tienes razón —contestó —. Pero tienes que saber una cosa, Mimi. Para mí, esa noche que pasamos juntos no fue como cualquier otra.

Esa confesión hizo que algo en mi interior se removiera, pero no me iba a dejar engatusar.

—¿Ah, no lo fue? ¿Y entonces por qué me llevaste al cuarto de hotel al cuál llevas a todas tus conquistas? Supongo que no soy digna de ir a tu apartamento —exclamé, sin contenerme, y continué —. Y si no fue como cualquier otra noche, ¿por qué me dejaste sola en la cama? ¡Eso fue bajo hasta para ti! ¿Tan poco respeto me tienes? ¡No pudiste soportar la idea de dormir conmigo! ¡Ni siquiera te dignaste a darme la cara y…!

En ese instante me cubrí la boca con mis manos. ¡No podía creer que le había gritado todo eso! Y a juzgar por su expresión, él tampoco. Oh, Dios, Meems, ¿por qué tienes que ser tan boca suelta? Ya. No podía estar ni un minuto más ahí, si no, terminaría soltando más estupideces. Lo más sensato era irme. Irme ahora.

—L-lo siento, no tenías porqué escuchar eso —dije, tratando de calmarme —. Me iré ahora mismo.

Dicho esto, me di la vuelta sin darle la oportunidad de responder. Pero debí haber adivinado su reacción, pues apenas di un paso, y ya me había tomado con algo de brusquedad del brazo, girándome de nuevo hacia él. Esto se está haciendo costumbre.

Se me fue el aliento al ver el modo en que me estaba mirando. Sus ojos azules eran fuego puro.

—Primero que nada, Mimi, yo no tengo conquistas. Segundo, nunca he llevado a una mujer a mi apartamento. Nunca —remarcó —. No es que no seas digna, como tú dices. Es sólo que es el único lugar que es mío y mío nada más —suspiró, sin soltarme —. Y siento si te herí al no dormir contigo, pero eso es algo que tampoco hago. No comparto la cama con nadie. Duermo solo y no pretendo que eso cambie. Yo te lo aclaré, te dije cómo eran las cosas conmigo. No entiendo, ¿por qué estás tan dolida?

Tuve que cerrar los ojos, pues comenzaron a arderme. Él tenía razón, él me había aclarado que esto sería algo casual. Era yo la que había dicho cosas que no debía.

—Estoy bien, en serio —mentí —. No sé por qué dije todo eso.

Mi tono de voz pareció tranquilizarlo, y al fin me soltó del brazo, pero no rompió el contacto visual.

—No, tienes derecho a decir cómo te sientes —contestó —. Y sí hay una cosa por la que quiero disculparme. No por el hotel, y tampoco por no dormir contigo. Me refiero al hecho de que no te di la cara al terminar. Yo no soy así, nunca me había pasado. No sé qué me ocurrió, pero… —pareció meditar sus palabras —. Pero nada justifica mi comportamiento.

—Si sólo me llamaste para disculparte, lo hubieras dicho desde el inicio —y nos habríamos ahorrado todo esto —. No tenías que hacerlo, pero acepto tus disculpas. No pasa nada, tú eres el que tiene razón, me advertiste muy bien que sería algo casual y lo entiendo, no hay problema.

—Mimi —su voz sonó contundente —. No te llamé sólo para disculparme. De verdad necesito que hablemos. Lo que dije hace unos minutos es verdad, no puedo dejar de pensar en cómo te sientes, en como dices mi nombre cuando…

—Yamato —lo callé, con la misma contundencia —. Y vuelvo a lo mismo, ¿qué quieres de mí? No tengo idea de a dónde quieres que lleguemos con esta conversación.

—La noche que pasamos juntos fue diferente a cualquier otra. ¿No lo sentiste? Tenemos una química sexual impresionante —contestó, hablando con seguridad —. Pensaba que con un acostón de una noche bastaría para quedar satisfecho, pues siempre es así, pero contigo no lo fue.

Claro, ¡si todo se trata de sexo para él!

—Uff, por supuesto, el sexo fue lo más remarcable de la noche —dije con algo de sarcasmo, aunque parte de mí lo decía en serio —. Yamato, para mí también fue una noche diferente a cualquier otra, pero no sólo por eso. ¿No la pasaste bien cuando subimos al mirador? ¿Cuándo cenamos bajo el puente arco iris? ¿Cuándo caminamos por la playa?

Él se quedó callado, y yo aproveché para seguir hablando.

—No sé si tu punto era impresionarme con todo tu dinero, pero déjame decirte que no te pedí el beso por eso. Me importa un comino tu dinero y lo que puedas ofrecerme —confesé —. Te pedí el beso porque me hiciste pasar una noche mágica y me hiciste sentir especial. Cuando me llevaste a Odaiba casi se me sale el corazón del pecho, y me hizo ilusión que se te hubiera ocurrido, porque sabías que con eso me ibas a hacer feliz.

—Mimi, tú…

Alcé la mano.

—No, déjame terminar —lo interrumpí —. Después, cuando estuvimos caminando por la playa, pude ver en ti al Yamato que yo conocía. Nunca esperé que Mister Evermore se fuera a quitar los zapatos y arruinar su ropa de diseñador en la arena, ¡pero lo hiciste! Y la pasé muy bien. Me sacaste sonrisas y me hiciste reír, y eso fue lo que me hizo cambiar de opinión —hice una pausa, sintiéndome cansada de pronto —. Pero creo que tus intenciones nunca fueron esas, tú sólo estabas pensando en llevarme a la cama, y está bien, me lo habías dejado claro. Pero yo quiero dejarte claro algo a ti.

De pronto ya me encontraba a escasos centímetros de él, y mi dedo índice estaba tocado su pecho, apuntándolo de manera acusadora.

—No soy igual a las tipas con las que te acuestas, y si piensas que me acosté contigo sólo porque me deslumbraste con tu dinero, estás muy equivocado —espeté —. ¿Eso creíste? Dime, ¿esa es tu manera de convencer a todas las mujeres? ¿Te las llevas a la cama sorprendiéndolas con todo lo que puedes ofrecerles?

—¡No, Mimi! —su reacción brusca me sorprendió, y di un paso hacia atrás —. No sé de dónde sacas esas ideas, pero mi intención no era escandalizarte con mi dinero. Todo eso lo hice porque quería que la pasaras bien y sabía que esas cosas te gustarían. Sí, mi finalidad era llevarte a la cama, pero sé bien que no eres como las demás.

—Pues no lo parece, pues me trataste como a cualquier otra.

—Ahí es donde te equivocas. Mimi, nunca había puesto tanto de mi parte para acostarme con una mujer. Todas aceptan mis ofertas de sexo sin protestar, sin dudarlo siquiera un segundo. Algunas lo hacen por mi apariencia, otras por mi dinero, pero siempre me dicen que sí —confesó —. Tú has sido la única que se ha negado. Desde ahí supe que eras diferente.

Sus palabras me dejaron sin alguna contestación inteligente posible, y ahora él fue quien aprovechó mi momento de torpeza para continuar hablando.

—Y respondiendo a tus dudas, no. No, Mimi, nunca había tenido que convencer ni sorprender a ninguna mujer para que se acostara conmigo. Nunca había tenido una cita previa, jamás me había esforzado —exclamó, y sabía que decía la verdad —. Contigo todo fue distinto, me salté mis propias reglas y no me arrepiento, pues fue una de las mejores noches que he tenido en mucho tiempo.

Wow. Ahora sí estaba confundida y sin habla. De verdad, no tenía idea de qué decir o qué pensar. ¿Qué significaba esto que me estaba diciendo?

—N-no entiendo…

Fue lo único que salió de mis labios.

—Mimi, voy a besarte.

Y antes de que pudiera reaccionar, me tomó del brazo y me atrajo hacia él, atrapando mis labios con los suyos. Hice un ruido de sorpresa, y él aprovechó para introducir su lengua en mi boca. Cualquier posible resistencia que hubiera querido poner, quedó en el olvido. Oh Dios, había deseado este beso desde el último que nos habíamos dado, y quería golpearme a mí misma por ello, pero no podía evitarlo. Sus labios me hacían volar, y su cuerpo pegado al mío causaba un hormigueo insistente en mi vientre.

Sus manos habían subido a mis mejillas y me estaba devorando con tal intensidad, que yo ya no sentía las piernas, por lo que tuve que posar mis manos en sus hombros, en busca de apoyo. Los besos de este hombre eran mi perdición, y ahora estaba en las nubes. ¿Por qué siempre flaqueaba ante él? ¿Y por qué no parecía importarme justo en estos momentos?

Sus labios se separaron de los míos con lentitud y pude ver que estaba respirando con dificultad, al igual que yo. ¿Qué significaba todo esto?

—Lo que quiero decir es… —comenzó a hablar —. Que tal vez me atraes un poco más de lo que había planeado.

Y lo único que dije ante eso fue…

—¿Ah?

—Mimi, sé que dije que lo nuestro sería un acostón casual de una noche, pero desde que te fuiste no he dejado de pensar en ti, y llegué a la conclusión de que no quiero que paremos —continuó —. Quiero que sigamos teniendo sexo, y me refiero a cuando sea que se nos antoje, cuando sea que queramos, sin compromiso de por medio.

¿Entonces a eso se resumía todo lo que me había dicho?

—A ver si entendí —dije, una vez que recuperé la compostura, soltando sus hombros y alejándome un poco de él —. ¿Quieres que nuestro acostón casual sin compromisos no sea sólo de una noche?

—Eso es lo que quiero —respondió sin más.

—¿Encuentros sexuales de manera recurrente? ¿Algo así como… amigos con derecho? ¿Sex Buddies? —pregunté con incredulidad.

Él soltó un bufido incrédulo.

—De nuevo estás usando términos de adolescentes, Mimi. Somos adultos, lo nuestro no tiene por qué tener un nombre, solamente nos vamos a estar acostando cuando queramos, sin ninguna clase de expectativa por parte del otro.

Al final era evidente que todo concluía en lo mismo: sexo sin compromisos ni ataduras. No pude evitar sentir un deje de decepción. Todo lo que me había dicho hace unos minutos me había hecho pensar que… tal vez… no sé. No esperaba que me dijera que se había enamorado de mí, pero vamos, tampoco me esperaba esto.

—Sí bueno, pues no lo creo, Ishida. Ya te dije que yo no soy así —respondí lo más calmada que pude —. No te voy a negar que me gustó el sexo tanto como a ti, pero lo que me pides es imposible.

Mi respuesta no pareció gustarle. Me miró con cara de pocos amigos y se pasó ambas manos por el cabello.

—Mimi, no puedes decirme que no. De verdad necesito volver a sentirte —respondió, sorprendiéndome un poco ante tal confesión —. Antes te deseaba, pero ahora esa palabra no basta para expresar lo que me pasa cuando te veo. No sabría definirlo, es algo más que sólo deseo. No puedes decirme que no —repitió.

Lo peor de todo el asunto es que todo lo decía con una sinceridad aplastante, y el saber que yo le hacía sentir eso, me elevaba hasta el infinito. ¡Pero es que no era justo! Yo no podía estar acostándome con él sin esperar nada. No cuando sabía que me iba a entregar por completo, como había sucedido esa noche.

—Yamato, no creo que debamos… —hice una pausa —. Es decir, yo no me voy a sentir cómoda en una relación de sexo sin compromiso.

—¿Por qué?

¿Y todavía lo preguntaba?

—Llámalo capricho si quieres, pero para mí el sexo es algo muy importante, íntimo y especial. No me gusta que me usen. No me gusta sentirme como una cualquiera.

—¿Así te hice sentir?

Sí.

—¡No! —exlcamé —. Pero a la larga creo que así me podría sentir.

—Creo que ambos tenemos la suficiente capacidad para controlar nuestras emociones —respondió, volviendo a su tono de seguridad —. Dime la verdad, ¿no te gustaría volver a tener sexo conmigo?

—¡Yamato! Es que escúchate a ti mismo —respondí, algo indignada —. ¡Esta conversación ya la habíamos tenido!

—Claro que no, esta conversación es muy diferente a las anteriores —se defendió —. El acuerdo era sexo de una sola noche. Lo que te ofrezco ahora es distinto.

—¡Sigue siendo sexo!

—¿Y no te gusta?

Esto era el colmo.

—¡Claro que me gusta!

—Entonces no lo pienses tanto y dime que sí.

Ya. Quería matarlo.

—Me gusta, pero no a tu manera.

—Bien, entonces habrá que llegar a un acuerdo —respondió con simpleza —. Dime tus condiciones.

De verdad, esta conversación se estaba pareciendo cada vez más a las anteriores, ¿de nuevo hablando de condiciones? Uff. Tuve que contar hasta cuarenta y cinco para no darle una patada en dónde más le duele. ¿Este hombre no entendía con palabras? Para él podría ser muy fácil separar los sentimientos del sexo, pero para mí no lo era, y eso había quedado más que demostrado en la noche en el hotel.

Cansada de todo esto, di unos cuantos pasos hasta el sillón más cercano y me dejé caer. Él me imitó, sentándose en otro, quedando frente a mí.

—Yamato, ¿para ti qué es salir con alguien? —le pregunté de pronto.

Frunció el ceño.

—Pasar tiempo con una mujer durante el cual no estamos teniendo sexo.

—Ahora bien, ¿te gusta la compañía femenina?

—Me gusta, sí. Siempre y cuando no haya expectativas, ni exijan demasiado tiempo —contestó, sin ponerle "peros" a mis preguntas.

Y de nuevo mencionaba sus temidas y abominables expectativas. Como si no me hubiera quedado claro.

—Entonces, ¿tienes amigas?

—Por supuesto, pero no tengo sexo con mis amigas —dijo en seguida —. ¿A dónde quieres llegar con esto?

—Estoy sacando mis conclusiones —repliqué —. Aíslas el sexo del resto de tu vida. Lo separas de la amistad, del trabajo, de tus sentimientos...

—Tengo mis razones para hacerlo.

Y supongo que no me las pensaba decir. Lo entendía.

—Bien, y lo respeto —contesté —. Pero entonces tú tienes que respetar mi manera de pensar. Te dije que no quería una relación con nadie, y no la quiero. Ahora mismo el trabajo es mi prioridad, y no quiero que nada se interponga en eso, mucho menos todo lo que conlleva mantener una relación estable con alguien.

—En eso coincidimos, y no sé qué te hizo pensar que te estaba pidiendo una relación.

Este hombre...

—No, no es eso. Me queda claro que no quieres nada que involucre compromiso, y a eso voy —continué —. Yo tampoco quiero una relación, pero tampoco estoy dispuesta a acostarme con alguien sólo porque sí.

—No te entiendo, Mimi, ¿qué tiene de malo? —exclamó, tratando de no exasperarse —. Es evidente que los dos disfrutamos mucho aquella noche. Haría lo que fuera porque me dijeras que sí.

Oh Dios, de nuevo haciéndome perder la cabeza. ¿Por qué era que siempre sabía que decir para hacerme caer? El poder que ejercía sobre mí era increíble, y no podía creer que de verdad me estuviera haciendo pensar en su oferta. Claro que había disfrutado esa noche, claro que quería volver a sentir todo lo que me hizo sentir. Pero aun así…

—No es tan sencillo, Yamato. Yo necesito que haya algo que me una a los hombres con los que me acuesto. Para mí, el sexo debe ser algo más que una transacción. Debe haber por lo menos cariño y respeto de por medio, debe ser especial.

—Está bien, lo haremos a tu modo —dijo sin más.

Eso me tomó desprevenida.

—¿E-en serio? Lo has dicho demasiado pronto, teniendo en cuenta que yo quiero combinar cosas que, al parecer, tú te esfuerzas muchísimo en evitar que se junten.

Amistad y sentimientos no iban de la mano con sexo, por lo menos no para Yamato Ishida, y me lo había dejado muy claro.

—Dije que haría lo que fuera —exclamó, apoyando sus brazos en sus rodillas, juntando sus manos —. No me siento a gusto con lo que quieres y en definitiva no te entiendo, pero estoy dispuesto a escucharte. Para mí todo esto supone un problema, y habrá que encontrar un equilibrio entre lo que ambos queremos. ¿Qué propones tú, Mimi?

Me quedé sin aliento por unos segundos. No me esperaba nada de lo que acababa de decir. Yamato era un hombre que no quería complicaciones con el sexo, y para mí, el sexo en sí ya era complicado. Pero él no se rendía, y estaba ocasionando que yo sintiera ganas de hacerlo. De rendirme ante él. ¡Y es que era demasiado persistente! Tenía la impresión de que no me iba a dejar en paz. A menos...

A menos que mi propuesta fuera una completamente inaceptable para él.

—Uhm… pues… por lo menos tendríamos que ser amigos —comencé a hablar —. Podemos descartar una relación de noviazgo, pero sí necesitaríamos pasar tiempo juntos, y me refiero a hacer otras cosas además de sexo —lo miré, expectante —. No sé si esto te parezca bien.

Él pareció meditarlo durante unos segundos.

—Amigos, bien. Podemos ser amigos y supongo que también podríamos pasar tiempo juntos sin necesidad de tener sexo —respondió, pensativo —. Después de todo, desde un inicio me salté todas mis reglas contigo.

Oh Dios, eso no era lo que esperaba oír. ¡Estaba accediendo!

—Espera, ¿estás diciendo que sí?

Él sonrió de medio lado y a mí casi me da un infarto.

—¿Sorprendida?

—No es eso, pero no sé si estés consiente de lo que estoy diciendo.

—Lo estoy, y mientras no me pidas nada más que una amistad, por mi parte todo estará bien.

Desvié la mirada. Tenía que ingeniármelas para que se me ocurriera otra cosa. Necesitaba que él fuera quien se echara para atrás en esto, pues era la única manera en la que me dejaría en paz. Debía pensar en algo que me asegurara un rotundo "no" de su parte. Veamos, Yamato era un Dios del sexo, un playboy, un hombre que va de mujer en mujer para satisfacer sus instintos. Entonces...

Oh... ahora tenía la coartada perfecta.

—De hecho, sí hay algo más… —dije entonces, sonriendo solamente para mis adentros. Ante él me seguí mostrando digna.

Pude ver de reojo que alzó una ceja y dejó de sonreír.

—¿Y se puede saber qué es?

Tomé aire y volví a verlo a los ojos, transmitiéndole con la mirada que lo que iba a decirle iba en serio.

—Quiero que seamos exclusivos.

—¿Perdón?

—Me refiero a que, si quieres que nos estemos acostando de manera recurrente, necesito que me prometas que no estarás teniendo sexo con nadie más —expliqué —. Por lo menos mientras lo nuestro esté vigente.

Vaya, ahora yo sonaba como si estuviera hablando de negocios. Estaba aprendiendo rápido.

Claro que había olvidado que Yamato Ishida era completamente impredecible.

—Entonces tú vas a tener que prometerme lo mismo.

—¿Q-qué? ¡Por supuesto que sí! ¿Por quién me tomas? —fue lo único que atiné a decir, algo ofendida.

Suspiró con pesadez y después se irguió, tal vez para añadirle seriedad al asunto.

—De acuerdo, Mimi. No tendré sexo con nadie más —me concedió —. Ni tú tampoco.

Oh, Dios. Oh, Dios. ¿Esto de verdad estaba pasando?

—¿Entonces…? —comencé a decir.

—¿Entonces... qué?

—¿Realmente vas dejar el sexo con las demás mujeres?

—Sí, Mimi. Mientras lo nuestro dure, yo no necesito a nadie más. Sé que nuestros encuentros serán memorables.

Y de nuevo hablaba de ese modo en el que me erizaba cada vello de la piel. ¿Qué no se daba cuenta de sus palabras? ¿Mientras lo nuestro dure? ¿Que no necesitaría a nadie más? Él se refería exclusivamente a sexo y yo lo sabía muy bien, pero no pude evitar sentir punzadas en el pecho al escucharlo. Lo peor de todo es que sabía que Yamato no lo hacía apropósito. En el campo de los sentimientos, él era completamente denso.

—¿Estás escuchando lo que digo?

Su voz me sacó de mis pensamientos.

—¿Eh...? —exclamé, parpadeando varias veces.

—Te decía que, como ya expusiste tus condiciones y las he aceptado, ya está decidido.

—Uhm, sí, las aceptaste... —en contra de todo pronóstico.

—Bien. Hemos llegado a un acuerdo, no muy equilibrado, pero aceptable.

—¿Disculpa? ¿No muy equilibrado?

No pude evitar alzar un poco la voz. ¿Ahora quería hacerme pensar que le estaba exigiendo mucho? ¡Pero si yo era la que salía perdiendo en todo este embrollo! ¡No se suponía que él accedería!

—Me estás pidiendo que seamos exclusivos y que pasemos tiempo juntos sin tener sexo, eso es algo que no acostumbro a hacer —respondió a mi duda implícita —. Yo no te estoy pidiendo nada.

¿Qué no me estaba pidiendo nada? ¡Por favor…!

—¿Ah, no? ¿Estás seguro de eso? —me crucé de brazos.

—Es verdad, Mimi. No te estoy pidiendo nada que tú no quieras hacer.

Por supuesto. Ahora estaba usando mi debilidad en contra mía. Pero yo no iba a dar mi brazo a torcer, si él quería tener sexo conmigo, íbamos a tener que convivir. ¡No, stop! ¿En qué estaba pensando? Hace unos minutos estaba decidida a voltearle la jugada, ¡pero ahora hasta mi subconsciente me traicionaba! Dios, ¿por qué soy tan rematadamente idiota? Bien podía simplemente decirle que mejor no, y huir, pero eso me dejaría como una mujer de poca palabra, y yo siempre he sido muy, muy digna. Uff. Lo peor es que esa era una excusa para camuflajear lo que ya sabía...

Muy en el fondo, yo también deseaba volver a sentir a Yamato.

Volver a sentir su manera de tocarme, de acariciarme, de besarme, de poseerme. ¡En definitiva toda una masoquista! Ya había sufrido lo suficiente la noche del hotel y ni siquiera habían pasado tres días y ya me estaba apuntando a una nueva dosis de horrendos sentimientos de coraje, impotencia y decepción. ¡Bravo, Meems! ¿Lo peor de todo? ¡Yo también lo deseaba! Ni modo, iba a tener que tragarme cualquier posible sentimiento que pudiese llegar a brotar. El sexo con Ishida me había gustado, y ya no tenía ganas de negarme los pocos placeres que la vida me ofrecía. ¿Qué no es eso lo que había dicho mi psiquiatra?

Tomé una gran bocanada de aire antes de hablar.

—No te va a pasar nada si sales conmigo de vez en cuando, Yamato —contesté —. Y para que no creas que tengo expectativas exageradas, cuando tú y yo pasemos tiempo juntos sin tener sexo, no pensaré que estamos teniendo una cita, ¿eso está bien para ti?

Una extraña sonrisa se posó en sus labios, y asintió levemente.

—Bien, lo tendré en cuenta —respondió, levantándose del sillón.

Antes de que yo pudiera decir algo, se acercó a mí, me tomó de las manos y me hizo levantarme, para después rodearme por la cintura con ambos brazos. La mirada que me dedicó en ese momento me hizo saber que ya no había vuelta atrás, y yo aún no terminaba de entender cómo es que me había metido en esto. Todas mis alertas me gritaban que me alejara, pero sus manos sobre mi cuerpo no me permitían razonar.

—Te deseo, Mimi Tachikawa, y te deseo ahora mismo…

De pronto ya me encontraba contra la pared, con él aprisionándome. Sus labios comenzaron a bajar por mi cuello y yo me estremecí ante el acto. Sus manos se posaron en mi espalda baja y comenzaron a descender con una lentitud desquiciante, acariciando mi trasero y llegando hasta mis muslos. Oh, demonios, ahora me estaba muriendo de calor y, aunque no quisiera admitirlo, lo deseaba tanto que hasta estaba experimentando verdadero dolor físico. Sin poder evitarlo, lo rodeé por la cintura con ambas piernas, arrancándole un gemido que me encendió aún más. Dejó mi cuello y entonces posó su boca sobre la mía de manera brusca y hasta desesperada, y yo le seguí el ritmo.

Sentí como una de sus manos se introducía por debajo de mi falda y comenzaba a toquetear mi ropa interior. Eso me hizo parar en seco.

—Espera —dije, tomando aire —. No quiero que arruines mi ropa interior, ¿entendido? La otra noche me tomaste desprevenida, pero ahora te estoy avisando. Si quieres yo misma me la quito, pero no la rompas.

Él me dedicó una mirada que decía algo como: "¿Es en serio que interrumpiste para decirme eso?". Pero después su semblante cambió, y en sus labios se formó una sonrisa digna de un ángel caído. Madre mía. Me estaba sonriendo hasta con algo de malicia, y eso lo hacía mil veces más sexy.

Al diablo con todo, ¡que rompa lo que quiera!

Pero antes de que Yamato pudiera decir cualquier cosa (o yo le arrancara la camisa), el altavoz en su escritorio sonó.

Señor Ishida, la señorita Lewis está aquí.

Yamato gruñó por lo bajo y dejó de sonreír, pero no me soltó.

—Te dije que le aclararas que estoy ocupado.

Eso hice, pero lleva rato aquí y…

En ese momento se escuchó un sonido extraño, que no pude distinguir con claridad.

Yamato, llevo más de diez minutos aquí, no seas cretino y sal de ahí, que quiero hablar contigo.

Esa voz no era la de Megumi, sino la de otra mujer. La señorita Lewis, me supongo.

Pude sentir la exasperación de Yamato y lo oí maldecir por lo bajo antes de soltarme. Me quedé parada en mi lugar mientras él caminaba hacia su escritorio de mala gana.

—Nicole, ¿qué te he dicho sobre venir a mi oficina? Aquí sólo trato asuntos de trabajo, ¿no podías haberme llamado al celular? Podemos vernos en cualquier otro lado.

¿Nicole Lewis? Nunca me he considerado paranoica, pero el recuerdo llegó a mi mente como un relámpago. Esa nota que había encontrado en la habitación del hotel al que Yamato me había llevado.

"Me la pasé excelente. El sexo fue perfecto, tú sí sabes complacer a una mujer.
Espero volver a verte pronto, tú pon el día y la hora, ya sé el lugar.

XOXO, N".

¿Sería la "N" de Nicole? Un sentimiento extraño me invadió el cuerpo. No eran celos, pero en definitiva no me gustaría pensar que esa tal "N" fuera tan cercana a Yamato como para dirigirse a él de la manera en la que Nicole lo estaba haciendo.

No contestas el celular. Y no vine a hablar contigo a tu oficina, vine a arrastrarte a otro lado —contestó la mujer del altavoz —. Llévame a comer, ¿sí? Me estoy muriendo de hambre.

¿Quién demonios era esa mujer? ¿Sería una de las amigas del Yamato?

—Espérame unos minutos, ¿está bien? Ahora salgo.

Bien, pero apresúrate porque…

Pero no pude escuchar más, pues Yamato presionó un botón, supongo que el interruptor, y cortó la llamada. Yo seguía parada donde mismo, y él me miró desde su escritorio durante unos instantes, sin moverse.

—Bueno, ¿en dónde estábamos? —dijo, y ahora sí comenzó a acercarse.

—¿Quién es Nicole Lewis?

No podía creer que esa pregunta hubiera salido de mi boca, pero cuando me di cuenta, ya estaba dicho. Él se paró en seco y se quedó callado durante unos segundos, después suspiró sonoramente.

—Una amiga.

¿Amiga de esas con las que no tenía sexo? Suponía que sí, pues al parecer la iba a llevar a comer. Si ahora éramos exclusivos, ¿podía llevar a otra mujer a comer? Bueno, ir a comer no suponía tener sexo, entonces no debería haber problema, ¿o sí? AGH. ¡Pero qué dudas más idiotas! Yamato no era de mi propiedad, claro que podía salir con sus… amigas.

—Ehm… necesito usar el tocador.

Necesito aclarar un poco mis ideas.

—Puedes usar el de mi oficina —respondió con simpleza, sin dejar de acercarse.

—No, preferiría usar el tocador de damas…

Preferiría salir de aquí.

Él se encogió de hombros.

—Saliendo a la derecha hay uno, pregúntale a Megumi.

—Claro, sí. Ahora vuelvo.

Me di la vuelta, temiendo que me tomara del brazo, como estaba acostumbrado a hacerlo, pero no lo hizo. ¿Lo habría incomodado mi pregunta? Si fue así, no me debía importar, pues él solía incomodarme con cada minuto que pasaba cerca de mí. Para mi sorpresa, las puertas de su oficina no estaban cerradas bajo llave, por lo que pude salir de ahí sin problema alguno.

Uff. Tomé una bocanada de aire y me acerqué al escritorio de Megumi, quien se encontraba revisando algo en la computadora. Sin necesidad de que le dijera nada, se dio cuenta de mi presencia e hizo contacto visual conmigo.

—Señorita Tachikawa, ¿ya terminó de hablar con el señor Ishida?

No tengo idea.

—Salí porque quiero usar el tocador, ¿podría…?

—Oh, está justo ahí— dijo, señalando una puerta alejada de las demás.

—Gracias.

Me di la vuelta y caminé hacia allá. Una vez dentro, me recargué en la puerta, cerrando los ojos para tratar de relajarme un poco. ¿Qué acababa de hacer? De verdad no tenía idea de cómo es que Yamato me había envuelto —de nuevo— en sus redes. En mi defensa, yo no tenía idea de que iba a hacerme esa propuesta, si no, habría planeado de antemano mil y un maneras de decirle que no. Y sí, claro que yo también lo deseaba y una parte de mí estaba emocionada por lo que acababa de ocurrir. Con él frente a mí, mi razonamiento se nublaba y me volvía débil, pero tan pronto lo perdía de vista, otra vez comenzaba a dudar.

Si bien después de nuestra noche en el hotel me había prometido a mí misma no volver a tener sexo con él, tampoco pensé que él mismo me lo volvería a pedir. Y había pensado que poniéndole condiciones desagradables para él, se retractaría, pero no había sido así, ¡había accedido a salir conmigo y a que fuéramos exclusivos! Bueno, sexualmente hablando. Pero…

¿Por qué había dicho que sí a pesar de mis exigencias?

Antes de que pudiera seguir atando cabos mentales, escuché el sonido del agua del sanitario y posteriormente una de las puertas de las cabinas se abrió, revelando a una alta y voluptuosa mujer, quien se dirigió directamente a los lavabos.

Yo no pude evitar mirarla de pies a cabeza. Era de tez blanca, llevaba el cabello largo y liso en una estilizada cola de caballo, tenía los labios pintados de rojo y sus ojos eran de un tono entre azul y gris, pero parecían color lila con la luz dándole directo en el rostro. Era muy hermosa y… sexy. Definitivamente no trabajaba aquí, su ropa la delataba. Llevaba puestos unos jeans ajustados y una blusa negra pegada al cuerpo, sin mangas. Su conjunto acentuaba su figura y sus grandes… pechos. Definitivamente esta mujer era partidaria de la moda, pues sus accesorios, un cinto de piel, un collar dorado con picos que llegaba hasta sus clavículas y unas botas largas de tacón hacían que, a pesar de la simpleza del conjunto, luciera moderna y chic.

—¿Se te ofrece algo?

Entonces me di cuenta de que la mujer me miraba. Oh Dios, que vergüenza. Seguro se había dado cuenta de que la viboreé por completo. ¡Qué idiota, Meems! Maldecía mi sentido de la moda, pues si no lo tuviera, estaba segura de que no habría analizado tanto su ropa. Ni a ella, claro.

—No, no, perdón, me perdí en mis pensamientos —dije enseguida.

Ella me sonrió. Tenía una sonrisa de esas que parecen saber algo que tú no sabes.

—¿Tú eres Mimi Tachikawa? —preguntó, acercándose a mí.

Yo no pude evitar sentir un escalofrío al sonido de mi nombre saliendo de su boca.

—Uhm, ¿nos conocemos?

—Oh, no, claro que no —respondió, sin dejar de sonreír —. Pero eso cambiará ahora mismo. Soy Nicole Lewis, mucho gusto.

Y sin dejarme reaccionar, posó sus manos en mis hombros y besó mis dos mejillas en forma de saludo. Pero yo me quedé hecha piedra. ¿Esta mujer era la señorita Lewis? ¿La amiga de Yamato? No sabía ni qué pensar, pero ella no parecía una persona con la que sólo sales a comer.

¡Y era rubia!

¿Por qué todas eran rubias?

—Claro, un placer… —respondí al fin.

Ella se separó de mí y ahora fue su turno de mirarme de pies a cabeza.

—Hmm, no eres su tipo… —susurró, lo suficientemente alto para que la escuchara —. Pero eres muy bonita, entiendo que le gustes.

¿Qué cosa?

—¿Disculpa? —pregunté, tratando de que mi voz no flaqueara.

Ella negó con la cabeza, sin dejar de sonreír.

—¿Tú eras con quién Yamato estaba ocupado en su oficina? —me preguntó.

Yo asentí, mirándola con cautela.

—¿Y no deberías estar trabajando o algo así?

Ya no me estaba gustando su interrogatorio.

—Es la hora de la comida —respondí.

—Pero no estaban comiendo. Yamato no come con nadie en su oficina —aseguró, haciéndose la muy conocedora.

Tenía ganas de decirle que conmigo sí había comido en su oficina, para quitarle su sonrisa de modelo de la cara, pero sinceramente, no tenía por qué darle explicaciones.

—Señorita Lewis, si me disculpa, tengo que volver con el señor Ishida, pues me está esperando.

—Llámame Nicole, Mimi.

Yo preferiría que no me llamaras Mimi, gracias.

—Sí, bueno, Nicole, con permiso.

—Nos vemos pronto, querida —contestó —. Y dile a Yamato que no tarde, me muero de hambre y me urge tratar unos asuntos personales con él.

¿Era mi imaginación o había hecho énfasis en la palabra "personales"? Ugh.

Yo ya no le contesté y me giré sobre mis talones, saliendo de inmediato de ahí. Esa tipa no me daba buena espina. Además, parecía saber más de mí de lo que una desconocida debería saber, lo cual me inquietaba. La puerta se cerró tras de mí y yo caminé a paso veloz hacia la oficina de Yamato. Entré sin tocar y él se encontraba de espaldas, contemplando la ciudad —o lo que sea— desde su enorme ventanal. Al escuchar mis pasos, se giró lentamente.

—Volviste —dijo, sonando tan aliviado que casi me roba el aliento.

Pero no iba a dejar que su perfección me abrumara en estos momentos.

—Me encontré con tu amiga en el tocador —dije sin más.

—¿Con Nicole?

Mi mirada de pocos amigos respondió a su pregunta.

—Joder…

—Y me pidió que te dijera que te apresuraras, pues tiene hambre y le urge hablar contigo —omití lo de sus asuntos personales.

—Ella puede esperar, Mimi —contestó, comenzando a caminar hacia mí —. No sé lo que te haya dicho, pero es mejor que no le hagas caso y que no te acerques a ella.

—Yo no me le acerqué. Sólo nos encontramos.

—Sí, pero ahora estás enojada.

—¡No estoy enojada!

Aunque mi tono de voz me delataba. La verdad es que esa mujer me había crispado los nervios. En definitiva sabía más de mí de lo que yo sabía de ella, y eso no me agradaba nada. No me sentía con el derecho de llenar de preguntas a Yamato. Pero oh, vamos, acabábamos de acordar tener una especie de relación, y yo no pensaba quedarme con esa espinita en el pecho.

—Yo hablaré con ella para que no te moleste más. Ignora cualquier cosa que te haya dicho —dijo él, ya de pie frente a mí.

—Es difícil ignorar lo que me dijo cuando parecía saber más de mí de lo que debería saber.

Él se encogió de hombros.

—Nicole es una vieja amiga, suelo contarle cosas.

No pude evitar sentir un deje de celos. Pero no celos amorosos. Era más que nada cosa de amistad. Yo también era una vieja amiga de Yamato, pero evidentemente no era acreedora de su confianza, no como Nicole Lewis.

—¿Y por qué le contaste sobre mí? —exclamé, cruzándome de brazos.

Mi pregunta pareció incomodarlo, pues me dedicó una mirada tan glacial que casi hace que me congele.

—Ya te lo dije, suelo contarle cosas.

Claro, ahora daba respuestas vagas. Quería aclararle que, sí quería que "lo nuestro" —si es que así podía llamarse— funcionara, tenía que haber confianza entre nosotros. ¿Pero eso no sería presionarlo demasiado? Claramente Yamato huía de las relaciones, el compromiso, y cualquier exigencia de ese tipo.

Y entonces, el altavoz volvió a sonar. Era Megumi.

Señor, tiene otra visita.

Ahora era Yamato quien lucía molesto.

—Ahora no, dile que vuelva otro día, sea quien sea.

Lo haría, pero es la señorita…

—No lo voy a repetir, Megumi —sentenció él, interrumpiéndola —. Ahora-no.

Y colgó.

Pero ya era demasiado tarde, pues había escuchado claramente que era otra señorita. Además dijo que era una visita, entonces no estaba aquí por algún compromiso de trabajo. ¿Pues cuántas amiguitas tenía Yamato? No quería molestarme, ¡pero era el colmo! Y si su recién llegada amiga era parecida a Nicole Lewis, me iba a dar un tiro.

—¿Sabes qué, Yamato? —exclamé —. Lo mejor será vernos mañana u otro día, ¿está bien?

Por hoy, ya no tenía humor de nada.

—No, Mimi, nosotros aún estábamos…

—Nuestro trato sigue en pie, si eso es lo que te preocupa —le interrumpí, girándome sobre mis talones.

Me dirigí a las puertas de la oficina y salí a paso veloz de ahí. Podía sentir a Yamato detrás de mí, como una sombra. Y cuando alcé la vista, vi que alguien ya nos esperaba, recargada en la pared. Me paré en seco.

—¡Vaya! Hasta que al fin —exclamó Nicole, acercándose hasta nosotros —. ¿Se estaban divirtiendo?

—Cállate, Nicole —siseó Yamato.

—Veo que no se divirtieron, entonces —respondió, con evidente desinterés —. ¿Y no me piensas saludar, baby? Sé que nos vimos ayer, pero esa no es razón para que no lo hagas.

¿Baby? ¿En serio lo había llamado así? Dios, quería vomitar. No sé ni porqué me había frenado. Me sentía completamente fuera de lugar. Pero daba igual, pues ya me iba. Así que sin decir nada más, comencé a caminar con prisa hacia el ascensor. Realmente tenía que despejarme. Eso, y llamar a Yolei. Necesitaba una girl talk ahora mismo.

Antes de que el —inoportunamente lento— ascensor llegara, pude sentir que Yamato me tomaba del brazo. Yo fingí que ni siquiera lo sentí, aunque su cercanía me ponía la piel de gallina. Uff. Pero iba a ignorarlo, no iba a dejar que me retuviera ahí.

—Mimi, demonios, ¿podrías no ser tan obstinada?

¿Obstinada yo?

En ese momento me iba a girar a contestarle, pero las puertas del ascensor se abrieron, revelando la figura de una mujer.

—Eres un maleducado, Ishida —exclamó la chica. Su voz hizo que una campanita resonara en mi interior —. ¿Qué significa eso de que no piensas recibirme? Sabes que nunca te he quitado más de cinco minutos.

La mujer salió del ascensor y yo no pude evitar mirarla. Mirarla bien. Era alta, con muy buen cuerpo y un gusto para vestir exquisito. Muy a la moda, pero no del tipo de Nicole Lewis. El estilo de la recién llegada era más refinado. Pero eso no era lo que no me dejaba quitarle la vista de encima. Eran sus ojos color rubí. Era su piel aperlada. Era su cabellera pelirroja. Era…

—¿Y no pensaste que tal vez estaría ocupado? Hay un concepto llamado "agendar una cita". Si no lo conoces, y me es evidente que no, Megumi puede ayudarte, Sora.

Era Sora Takenouchi.

—Oh, andas de ese humor hoy… de haber sabido.

¡Era Sora Takenouchi!

—Lo siento, Sora, pero Yamato no tiene tiempo de atenderte hoy. Va a salir a comer conmigo —exclamó Nicole, apareciendo de pronto.

Sora le dedicó una mirada de auténtico fastidio.

—Veo que tienes compañía —dijo mirando a Yamato, situando ambas manos en sus caderas —. Nicole no es novedad —le dedicó una breve mirada a la rubia, y después posó sus ojos en mí —. Pero a ella no la había visto, podrías intentar ser educado y presentarn...

Pero sus palabras se quedaron en el aire y sus ojos se abrieron como platos al verme bien.

—¿Mimi?

Oh, Dios mío.

—¡Sora! ¡En verdad eres tú!

Y sin más, me lancé de lleno a abrazarla.


::

Notas de la autora:

Hello there. ¿Querían a Sora? ¡Pues allí tienen a Sora! Hahaha. Sé que también me piden a Taichi, pero vamos, si ya salió Sora, es cuestión de nada para que salga nuestro moreno favorito. En el próximo capítulo sabrán de él. Y bueno, disculpen la demora, aunque prometí dos semanas y dos semanas fueron las que me tomé. A ver si el próximo lo puedo tener también en ese tiempo, mayo se viene muy pesado para mí (como ya les conté), pero para principios de junio ya estaré libre (según esto). ¡Y woa, antier comencé con mi proceso de titulación! Que ansias, nervios y demás. ¡Ya me quiero graduar! Y eso sólo porque odio la tarea XD, pero me rehúso a crecer. Por cierto, de ahora en adelante mi tesis pasa a ser "La Innombrable , así como Voldemort. Así que nadie me la mencione porque ya hasta la alucino xD.

En fin, espero que les haya gustado el capítulo, en un principio temí que se tornara repetitivo, pero al escribirlo me di cuenta de que la plática que Mimi y Yama tuvieron era muy necesaria para todo lo que viene. ¿Sexo sin compromisos? Ya lo verán ;9. Sé que pude haber hecho que Mimi se hiciera más del rogar, pero nah, eso no haría sufrir al rubio, sólo lo frustraría. Él sufrirá cuando se encuentre irrevocablemente enamorado, juas. En fin, la cabeza de Mimi es todo un lío, ¡hasta para escribirla! Por una parte no quiere, pero por otro lado lo desea con toda su alma, luego trata de hacer que él sea quien se niegue y al final le salió el tiro por la culata. Y la pobre decide arriesgarse y disfrutar, pero a la vez sabe que probablemente saldrá lastimada. En fin, la cabeza de las mujeres siempre es un caos, lo digo por experiencia XD. Pero no se crean, la mente de Yamato tampoco le da tregua, y les aseguro que está aún más confundido que nuestra castaña, sólo que para él es fácil atribuirle todo al deseo.

También introduje a un personaje que será un ligero dolor de cabeza: Nicole Lewis (imagínenla un poco como Misa Amane, pero con ojos moradosos). En un principio quería usar puros personajes de Digimon, de sagas combinadas, pero luego pensé que era imposible que los digielegidos no hubieran conocido gente nueva después de tantos años XD, y por eso metí a Nicole, ya luego explicaré bien su relación con Yamato (aka: baby, hahaha). Y no me he olvidado de Catherine Belcourt, ella también hará aparición pronto. Y uff, sé que se la estoy poniendo difícil a Mimi, pero si Yamato ha tenido una vida llena de sexo y mujeres, es obvio que más de una arpía ande suelta por ahí. Igual lo repito, ¡también Yamato va a sufrir (o tal vez ya está sufriendo y no se los he dicho ;D)! Y por si se lo preguntan, sí, también habrá hombres que quieran acercarse a Mimi, y les aviso que Mister Evermore es muy, muy celoso.

Y bueno, ¿que opinan de todo esto? ¿Qué creen que pasará ahora? ¡Ya no tengo más capítulos escritos! Así que todo ocurrirá sobre la marcha. Deséenme suerte, que tengo mil ideas y suelo batallar para organizarlas XD. ¡OH! Y muchas gracias por todos sus reviews, ya saben que es un gusto poder platicar con ustedes conforme la historia va avanzando, ¡y uff! Ahora les quiero traer otro POV de Yamato. El del capítulo 1 y el del capítulo 6 (la noche del hotel), ¡créanme que les encantará! Claro, cuando sea que lo publique XD, soy algo troll.

¿En qué estaba? AH SÍ. Sus reviews, ¡gracias, en serio! No saben lo feliz que me hacen con sus palabras y lo mucho que aprecio que se tomen el tiempo de escribirme. Leerlos a ustedes es mi mejor recompensa, y esta historia va para todos :'). Sé la flojera que puede dar escribir un review, pues también soy lectora, pero créanme, para nosotros, recibirlos es bien, bien bonito. Y bueno, de paso agradezco a los lectores invisibles, a los desaparecidos, a los que han puesto la historia en favoritos y en alerta. Wuwuwu, los amo a todos.

Y por ahora me retiro, mandándoles un abrazote.
Love, Rolling Girl.
aka: Gravi ~


RR's sin cuenta:

Guest 3: UY, me llegó tu review cuando ya estaba a punto de actualizar. Perdona la demora, pero más vale tarde que nunca ;9. Gracias por estar al pendiente del fic.

Erika D: ¡Gracias! Y perdona por la tardanza en actualizar. Espero te haya gustado el capítulo :).

Tity: Hola hermosa. Hahaha, ¿capítulo ardiente? Pues ese era el punto XD. Y UY, sí, Yolei es toda una investigadora. La verdad, de yo ser Mimi, ya habría buscado información sobre Matt en toda la red XD. Sobre el sufrimiento de Yamato. No, aún es muy pronto para que sufra, créeme. ¡Y hahaha! ¿Siempre le haces caso a tu lado comprensivo? Debo seguir tu enseñanza, yo siempre le hago caso a mi lado perezoso y malvado XD (?). Y puff, mujer, tú nunca me quitas tiempo. En parte te comprendo, yo no me considero una persona demasiado sociable, y sé lo que se siente. ¡Pero wah! No dejes que la distancia apague la amistad que tienes con la gente que más quieres, has lo posible por seguirlos acosando (?), el internet es muy bueno para eso :). No importa que no se vean, las amistades a distancia pueden prevalecer y eso está comprobado. Una de mis mejores amigas vive en España, e independientemente de eso, hablo mucho más con ella que con otros amigos que tengo aquí a la vuelta de la esquina :). No me considero buena dando consejos, pero siempre te voy a poder escuchar ^^. Te mando un abrazo.

Mel: ¡Hola bella! A ver, a ver, creo que las dos nos malinterpretamos XD, acá también se usa "me matas" para lo mismo que allá XD. El lenguaje coloquial es genial, síguelo usando sin problema ;9, que como quiera nos entendemos XD. ¡Y JA! Concuerdo, la universidad no debería de existir XD, yo sólo quiero prenderle fuego. Y WAH. Es un halago para mí que mis fics te vuelvan adicta :'). Y don't worry, que leer es una adicción sana XD. Sobre tu pregunta, ¿cómo que Mr. Grey es un sufrido? HAHAHA, bueno, sí lo es, pero no, no, Yama no tendrá un pasado tan traumático XD. Gracias por escribirme, te devuelvo ese abrazo *la abraza fuerte*.

Tefyjohita: Tefy, siempre es un placer tenerte por acá. Y sí, tenía que dejarlo ahí XD. Me gusta mucho cortar todo en lo más interesante para dejarlas intrigadas. Y no soy pervertida XD, bien que todas querían leer. Yo sólo les di lo que pedían a gritos (?). ¡Qué bueno que te haya gustado el capi! Y ya sabes que tardo en actualizar, pero nunca abandono :). Un beso.

Guest 2: Aish, gracias por tus comentarios :). Sí, ahora estaré trayendo capítulos cada dos semanas, si nada se complica. Espero que lo que se viene te siga gustando tanto como hasta ahora. ¡Saludos!

Rach: Yeah yeah, hahaha, te dejó sin palabras el capítulo, ¿o fue el lemon? XD. ¡Lo sé! Lo del Bugatti estuvo intenso, por eso en el hotel ya no describí tanto, haha, pero obvio que le siguieron durante casi toda la noche XD. Y sí, Yama está casi tan perdido como Mimi, sólo un loco acosa a alguien con tantas llamadas telefónicas. Yo también quiero toparme con un Yamato en mi vida XD. Y bleh, ya ni quiero hablar de la tesis o tendré pesadillas, mejor omitámosla de ahora en adelante XD. ¡Gracias por el review, hermosa! Te mando un besho.

Ley: YAY, qué bueno que te gustó :D. Hahaha, y perdona por dejarte sin aire al acabar el capítulo XD. Siempre lo corto en los momentos menos adecuados, pero no temas, que es totalmente apropósito ;9. Y JA, ¿mueres por ver a Yama celoso? UYUYUY, lo estará, lo estará. Tengo planeada en mi cabeza una escenota de celos que le hará a Mimi, esperemos que pronto XD. Y sí, lo hicieron el el auto porque estaban urgidos de saciar sus necesidades (?). Pero ya ves, ahora quién sabe qué esté pasando por esa cabecita rubia de Matt XD. En fin, gracias por escribirme, ¡también te mando un beso y un abrazo!

Guest 1: ¡Perdona por tardar de nuevo dos semanas en actualizar! Es que uff, me es imposible con tantas cosas que hacer, pero ya pronto espero estar más libre :). ¡No abandonaré nunca el fic! Bueno, no mientras no tenga que finalizar XD, haha, pero te aseguro, no soy de la que deja sus cosas sin final :). ¡Gracias por escribirme!

Mimato4ever: HAHA, ayyy, perdón, perdón por no estar actualizando tan seguido XD. Pero es que me ocupo y ya sabes. USH, lo bueno es que te gustó el capítulo XDDD. Y hahaha, supongo que cuando estuvieron en el auto te ganó la risita nerviosa, digo, yo cuando lo estaba escribiendo era de: UFF, DIOS. Igual, al final Yama se comportó como un cretino y pues ya ves, luego la acosó por teléfono XD. Igual tus teorías sobre él no están tan alejadas de la realidad :D. Sobre Catherine, no creas que será nuestro único dolor de cabeza, habrán más rubias arpías por delante XDD. Y no me importa que seas fangirl, digo, yo también lo soy de muchas cosas y así la vida es más divertida :D. Muchos besos, bonita.

Gaby1919: Hahaha, tú no me odias, tú me amas y no puedes negarlo XD. Igual ya sabes que me tardo porque tengo cosas que hacer, no es como que lo hago apropósito :C. Y hahaha, qué bueno que te pusiste roja, me río al imaginarte XD. No dudo que tengas una parte inocente, y sí, yo te había dicho ya que no iba a estar tan fuerte, pero hahaha, ya vendrán más escenas así. Y AY NO, ahora te imaginé asustada con los cajones de Matt, me imagino que si hubieras sido tú, salías corriendo, hahahaha. PERO BUENO, hablando del cretino de Matt, sí, la dejó sola en la habitación a la que lleva a todas las arpías con las que se acuesta XD. Igual no hay que juzgar al pobre Mattie, tiene sus razones y está casi tan confundido como Mimi (o más), pero eso no lo sabrás hasta que suba los POV's que te comenté, huhuhu. Te quiero, mujer. Y sí, ayúdame a golpear a mi profesora XD, lo necesito para sentir alivio.

Kokoro Kokuo: ¡Gracias por tus lindas palabras! Qué bueno que te gustó el capítulo. ¡Y SÍ! Me encanta que puedas percibir que Yamato ya está sufriendo. Muchas lectoras piensan que sólo Mimi sufre, pero es que no saben lo que pasa por la mente del rubio. Pero como dije, todo a su tiempo, él aún ni siquiera se entiende. Sobre meter a otros personajes, sí, los iré metiendo poco a poco, pero es que uff, los capítulos se me acaban bien rápido XD. Sobre Kouji y Zoe, sí, quisiera que fueran pareja, pero ya veré :D, a veces las cosas no se dan XD. EN FIN, ¡gracias por tu review! Te mando un abrazo grande.